Tahrir hoy (y por qué la falta de consenso está hundiendo la transición egipcia)

Es la imagen de la plaza Tahrir esta noche en la movilización masiva contra el Gobierno de Morsi y los Hermanos Musulmanes. El presidente ha asumido todo el poder y lo ha hecho sin intentar llegar a un acuerdo con otras fuerzas políticas para convencerles de que no se trata de poner la primera piedra de un régimen autoritario certificado por las urnas. No parece extraño que la gente se haya lanzado a la calle.

Como en muchas transiciones democráticas, los juegos de equilibrios entre poderes están funcionando de pena en Egipto. El resultado electoral dio todo el poder a los conservadores, que decidieron –en principio con buen criterio– deshacerse de dos fuentes de poder que procedían de la dictadura anterior: la cúpula militar y los tribunales de justicia. Nadie derramó una lágrima por el primero, pero el segundo era el único contrapeso que quedaba frente al poder ejecutivo. Y una transición a la democracia, como todos sabemos, consiste en algo más que en votar una vez cada cuatro años. Exige montar un escenario político en el que el Gobierno se encuentra limitado por el respeto a la ley y el temor a que los tribunales rescindan sus órdenes. Eso ha desaparecido en Egipto por un periodo de tiempo que no sabemos cuándo terminará.

La mentalidad autoritaria de los islamistas está detrás de este conflicto, según este artículo. Los Hermanos no respetan a las fuerzas de la oposición, bien porque proceden de los restos de la dictadura (véase la entrevista a Ahmed Safiq) o porque cuestionan la legitimidad religiosa, es decir, conservadora, de los islamistas. A los primeros, no los considera auténticos demócratas. A los segundos, no los considera auténticos egipcios.

Por otro lado, la oposición no carece de soluciones maximalistas. Por definición, si apuesta por la confrontación total, sus posibilidades de éxito son reducidas. La movilización contra Morsi no se ha limitado a la plaza Tahrir. Ha ocurrido en las mayores ciudades del país. Pero es muy difícil que pueda alcanzar el nivel conseguido en la rebelión contra Mubarak. No se está oponiendo a un régimen militar sostenido por el poder del Ejército y el clientelismo, sino a un movimiento político que cuenta con millones de seguidores.

Al final, como en la mayoría de las transiciones a la democracia, el peor resultado posible es el que termina con la imposición de la voluntad del grupo político mayoritario sobre todos los demás. Ese consenso –tan vilipendiado ahora en España al analizar la Cultura de la Transición– es el único instrumento posible para alcanzar un estatus político aceptado (o mejor dicho, tolerado) por la mayoría de la sociedad.

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4 respuestas a Tahrir hoy (y por qué la falta de consenso está hundiendo la transición egipcia)

  1. David Peñasco Maldonado dijo:

    Que hagan lo mismo que hicimos en España: amnistía para todos los fachas y torturadores del antiguo régimen, repartimos unos cuantos ministerios para mantener a la oposición contenta y con el pico cerrado, y listo. Vamos, el café para todos de toda la vida…

  2. Pingback: Tahrir vuelve a hervir en un Egipto polarizado « Recortes de Oriente Medio

  3. DiTomasso dijo:

    Lo que ha dicho David

    +1

  4. mikel dijo:

    Precisamente, porque los tribunales no hicieron ninguna transición, así fue la vaina.

    De todos modos, el imperio no parece estar muy preocupado (Satisfechos, dicen los que conocen), ya que les conviene más un dictador con poso social, que los twiteros hablando en ingles.

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