Déjà vu en Egipto

Las imágenes son de hoy en El Cairo, no de los tiempos de Mubarak. Los policías vuelven a arrastrar a los manifestantes y a golpearles y patearles de forma salvaje. Al otro lado, vuelan las piedras y los cócteles molotov.

El presidente Morsi ha asumido por decreto todos los poderes y al liberarse de cualquier obligación de acatar las decisiones judiciales se ha colocado de hecho por encima de la ley. Ha confirmado demasiado pronto los temores de los que anunciaban que los Hermanos Musulmanes terminarían imponiendo un régimen autoritario gracias a su victoria en las urnas.

Sin Constitución, sin Cámara legislativa (disuelta por los tribunales), con los tribunales anulados y con la cúpula militar destituida por el Gobierno, resulta complicado encontrar un contrapeso al poder del Gobierno. Y lo es porque ahora mismo no existe. En realidad, sólo se puede encontrar en la calle, y de ahí la violencia de los enfrentamientos que continúan desde hace varios días.

Hay que recordar que el fiscal general relevado era un legado de la dictadura de Mubarak y, junto a muchos jueces, estaba bloqueando cualquier posibilidad de que se investigaran los crímenes del pasado. Imaginemos a Arias Navarro como garante de la legalidad en la transición española y nos haremos una idea aproximada.

Pero este paso que concentra todo el poder en las manos de Morsi sólo podía hacerse con el mayor apoyo posible de las fuerzas de la oposición, y el presidente ha fracasado evidentemente en ello, en el caso de que lo haya intentado. Alentado por su papel en el fin de la guerra de Gaza, ha dado un golpe preventivo contra los tribunales, que parecían estar a punto de disolver la Asamblea Constitucional, al igual que hicieron con la Cámara Baja del Parlamento.

Incluso así, nadie puede aceptar que un presidente que se ganó con el cargo con el 51,7% de los votos en la segunda vuelta de las elecciones (y un 24,7% en la primera vuelta) se haya convertido en el monarca absoluto de Egipto. Eso ya lo tenía antes los egipcios sin necesidad de pasar por las urnas.

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