Trump se hunde más y más

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Pongamos que Donald Trump es un millonario egoísta, xenófobo e ignorante que pretende ser presidente del país más poderoso del planeta. Sólo eso ya da bastante miedo, pero si pensamos que está loco, el miedo se convierte en terror. ¿Loco? Eso sería ya demasiado. Y sin embargo…

En una entrevista con Michael Hayden, exdirector de la CIA y la NSA, el presentador Joe Scarborough sacó una conversación que tuvo hace unos meses con un experto en temas de política exterior con el que se reunió Trump. No dijo quién era ni cuándo fue esa reunión. El objetivo era asesorar al candidato sobre esos asuntos. Si lo eligió la campaña y él aceptó, se supone que era alguien de ideas conservadoras y posiblemente que había tenido algún cargo en los dos mandatos de George Bush. Scarborough cuenta que en tres ocasiones le preguntó por el uso de las armas nucleares: «En tres ocasiones, le preguntó: si las tenemos, ¿por qué no podemos usarlas?».

Scarborough dio a Trump todos los minutos que quiso en su programa televisivo durante las primarias republicanas. Ahora empieza a estar preocupado. Demasiado tarde.

Aceptemos la idea de que Trump no sabe nada de política exterior. Otros candidatos republicanos o demócratas en el pasado tenían un conocimiento entre escaso y nulo sobre asuntos internacionales. Algunos no habrían podido identificar en un mapa países fundamentales para los intereses de EEUU en el mundo. Pero hay ciertos temas para los que no es necesario ser catedrático, y las armas nucleares son uno de ellos. Se supone que se tienen para no tener que usarlas.

El vídeo ha hecho que un tal John Noonan exprese en Twitter que esos comentarios le ponen los pelos de punta. Noonan fue asesor de Mitt Romney y Jeb Bush –es por tanto un republicano–, pero para el tema que nos ocupa lo más importante es que cuando estaba en la Fuerza Aérea, donde era capitán, sirvió en un silo de misiles nucleares como oficial responsable del lanzamiento de misiles Minuteman III. Estos son algunos de sus comentarios en Twitter al saber que Trump necesitaba saber qué es lo que hace impensable utilizar esas armas para resolver una crisis internacional por grave que sea:

A estas alturas nada nos puede sorprender si un político nos dice que hay soluciones simples, de sentido común, para resolver problemas complejos. Trump lo ha hecho con cuestiones relacionadas con el comercio, los impuestos, la sanidad o la deuda. También ha alardeado de que acabaría con ISIS con facilidad (no es el único político occidental que presume de eso). Pero cuando se trata de armas nucleares la ignorancia o la más completa falta de responsabilidad hacen que los votantes se pregunten si no es una locura apostar por alguien como Trump.

Durante décadas, los republicanos han presumido de que ellos son los grandes defensores de la seguridad de EEUU, frente a sus dubitativos y «blandos» adversarios demócratas. Ahora ese partido está preso de alguien que se ha pasado de frenada hasta un punto en que resulta muy difícil pensar que pueda ganar unas elecciones.

Pero dentro del Partido Republicano hay valores que incluso son más importantes que poner el gatillo nuclear en manos de un aficionado con delirios de grandeza. Los republicanos idolatran a las Fuerzas Armadas y la ofensiva de Trump contra el padre de un capitán muerto en Irak en 2004 ha superado todo lo que podían permitir. Su idea de que podían domesticar a la bestia ya está olvidada. La esperanza de que iba a hacer una campaña más convencional al estilo republicano, una vez que venciera en las primarias, ha quedado hecha pedazos.

Las encuestas nacionales tras las dos convenciones de julio ofrecen un panorama horrendo para Trump. La última, de Fox News, tiene a Clinton diez puntos por delante (49%-39%). Pero son peores y más significativos sus malos resultados en los estados que cuentan, en aquellos sin los cuales no puede ganar. En un plano más anecdótico está el hecho de que Clinton le supera por un punto en Utah, gracias al fuerte apoyo que tienen el libertario Gary Johnson. Quién iba a decirlo, en Utah, paraíso de los muy conservadores mormones.

En Virginia, un Estado con muchos militares retirados y una importante base militar, Trump va muy por detrás. En Pennsylvania, donde quizá su mensaje podía tener eco en la clase trabajadora de raza blanca, lo mismo. En Florida, están empatados, pero su apoyo ínfimo entre votantes latinos, muy por debajo del que obtuvieron Bush y Romney, no hace pensar en nada bueno para sus posibilidades. A día de hoy, Clinton mantiene buena parte de los números que dieron dos victorias a Obama: no pierde en los estados donde suelen ganar los demócratas y tiene muchas posibilidades de vencer en varios estados en los que los republicanos arrancaban con ventaja siempre, al menos hasta 2008. No va por delante porque los votantes la consideren una candidata atractiva y honesta (no es el caso), sino sólo porque no es tan horrible como su rival.

Todavía es pronto para sacar conclusiones definitivas. Sí está claro que en el inicio de la campaña real el republicano parte con una clara desventaja. Agosto suele ser un mes de baja actividad en las campañas presidenciales norteamericanas. Después de la convención, los candidatos dedican tiempo a tomar algún descanso –luego comenzará una locura de mítines y viajes–, celebrar algunos actos para recaudar dinero y mantener reuniones con sus asesores para preparar la estrategia final. Cuando empiece septiembre, ya no pararán hasta noviembre.

En cambio, Trump enlaza una polémica tras otra, alarma a los republicanos y no hay medio de comunicación al que no se haya enfrentado. Sigue conduciendo el coche a una velocidad superior en mucho a la autorizada, da bandazos en las curvas y ya ha atropellado a varios de los que iban a ser sus aliados.

Este asesor de campañas republicanas en Texas lo dice de forma más cruda. Es de los que piensan que tienen que convencer a Trump para que se retire y poder así presentar un nuevo candidato. Puede seguir soñando porque están condenados a continuar con esta pesadilla.

Por qué Donald Trump ha tomado al asalto el Partido Republicano. Guerra Eterna, 13 marzo.


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