El inevitable fracaso de Obama en las elecciones

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Pobre Barack Obama. Pobre Partido Demócrata. Pobre Tea Party. Las elecciones legislativas de mitad de mandato son acontecimientos políticos que tienen mucho de anticlímax en la política norteamericana. Reciben una gran cobertura de los medios, preocupan obviamente a los políticos y dejan bastante indiferentes a muchos norteamericanos que sólo se motivan cuando toca elegir al presidente. El índice de participación baja a mínimos, y eso beneficia al partido que hace la mejor campaña negativa, aquella en la que se protesta más por la situación política y económica.

Además, los comicios están trucados. La práctica del ‘gerrymandering’ (el diseño interesado de los distritos electorales para que beneficien al partido que casi siempre gana allí) hace que la inmensa mayoría de los miembros de la Cámara de Representantes tenga garantizada la reelección, a menos que les pillen en la cama con una chica muerta o con un chico vivo (por utilizar la célebre y tantas veces repetida frase de Edwin Edwards, gobernador de Luisiana en cuatro mandatos diferentes).

Si esas elecciones se celebran en la mitad del mandato del presidente que ya no se puede presentar a la reelección, el anticlímax es aún mayor. Las incógnitas son menores. Después de seis años en la Casa Blanca, el presidente tiene que hacer auténticos esfuerzos para relacionarse con el resto de los mortales. Y puede ocurrir, como ahora, que no sea muy popular, por lo que cualquier candidato con problemas pensará que estar cerca del presidente en un acto electoral es lo más parecido a pillar una enfermedad venérea.

El descenso en participación hace que las elecciones de mitad de mandato tiendan a favorecer a los republicanos. Los miembros de las minorías (es decir, todos los que no son blancos, anglosajones y protestantes) sienten que tienen poco que agradecer a su congresista y senador, mientras que la elección presidencial les abre una ventana al futuro: es el momento en que quizá su voto sea clave para que la sociedad sea más inclusiva, más abierta a tener en cuenta sus necesidades, menos predispuesta a mantener el statu quo sólo porque las cosas se han hecho siempre así.

Y si quieren votar en las legislativas y viven en Texas, lo van a tener difícil. Y, como mínimo, tendrán que echarle mucha paciencia.

EEUU cuenta con un régimen presidencialista en el que el presidente tiene mucho menos poder del que nos imaginamos. Los votantes que creen que las cosas deberían cambiar sólo se fijan en la primera parte de la frase.

¿Importa mucho que los demócratas pierdan el control del Senado? Puedo equivocarme, pero tengo la sensación de que no es el caso. Habría que verlo desde el punto de vista de lo que ocurriría si se produjera el caso contrario. ¿Serían muy diferentes los dos últimos años de Obama si su partido mantuviera la mayoría del Senado? No demasiado. Obama ni siquiera ha conseguido que el actual Senado confirmara su nombramiento del doctor Vivek Murthy como ‘surgeon general’, un importante alto cargo del sistema sanitario que es un cargo de confianza política, pero que al mismo tiempo suele ser una persona de credenciales médicas sólidas. Lo nombró hace casi un año y aún está esperando la preceptiva confirmación.

Ocurre que el doctor Murthy cree que la abundancia de armas en la sociedad norteamericana es un factor que tiene claras consecuencias sanitarias por el nimio detalle de que mucha gente muere o resulta herida a causa de ellas. Fue suficiente para que la NRA se movilizara en su contra, los republicanos lo consideraran una afrenta y unos cuantos senadores demócratas moderados se cagaran de miedo ante la posibilidad de tener que votar en su favor. Y ahí sigue esperando el nombramiento.

Roger Senserrich comenta que es inaudito que el escenario político no sea favorable a Obama y los demócratas por la situación económica moderadamente satisfactoria de los últimos años. La recuperación económica ha sido un hecho, aunque no espectacular (desde luego sí lo es comparada con la UE). Obama ha conseguido que se apruebe una reforma sanitaria que tendrá más repercusiones sociales favorables para sus votantes que cualquier otra medida de su presidencia. EEUU se ha mantenido alejado de aventuras militares imperiales y ha cerrado sus intervenciones en Irak y Afganistán. En falso, porque no había ninguna posibilidad de victoria, tal y como la entiende un granjero de Iowa, pero esa es otra cuestión.

Se da la paradoja de que los norteamericanos no muestran ningún apetito por volver a enviar a los marines para imponer a golpe de invasión un tipo de sistema político a sociedades de Oriente Medio que no pueden ser cambiadas desde fuera y por la fuerza. Pero al mismo tiempo quieren que si surge una nueva amenaza global a la que los medios de comunicación y los expertos académicos ‘oficiales’ describen como el nuevo Hitler o incluso como un Hitler islámico con el carisma de Bin Laden y el potencial destructivo de Stalin (porque ese es el nivel del discurso político sobre ISIS en EEUU, con algunas excepciones), en ese caso el presidente de EEUU debe erigirse en salvador de la humanidad. Siempre, claro está, que eso no suponga un alto precio en vidas y dinero, porque para ellos la guerra consiste en matar a muchos enemigos y muy rápido para volver cuanto antes a casa y poder celebrar en familia el Día de Acción de Gracias.

He olvidado comentar antes que Roger tiene razón en lo que he resumido de su artículo. O al menos creo que tiene razón. Aparentemente, eso no es lo que importa en estas elecciones. En el NYT, Lynn Vavreck explica que mientras en las elecciones presidenciales el factor fundamental es la situación económica, en las legislativas de mitad de mandato el resultado depende del presidente, de su nivel de apoyo y credibilidad. Por eso, en los últimos 80 años el partido del presidente ha perdido de media 27 escaños en la Cámara de Representantes y cuatro en el Senado en estos comicios. “El nivel medio de aprobación de la forma en que el presidente está realizando su trabajo explica más la pérdida de escaños que los indicadores económicos”, escribe Vavreck.

obama coolEs decir, si la clase media pierde a chorros poder adquisitivo, si la recuperación económica es anémica, si los nuevos puestos de trabajo que se crean no conllevan los mismos salarios que ofrecían los empleos perdidos en la recesión… la culpa es del presidente.

No importa que si los republicanos hubieran estado en la Casa Blanca, las medidas de estímulo de la economía hubieran sido menores (o quizá no lo habrían sido, pero sus críticas a las decisiones de Obama hacen pensar eso) y por tanto EEUU se hubiera parecido mucho más a los países de la UE.

Los norteamericanos creen disfrutar de una presidencia imperial en la que el jefe de Estado está en condiciones de cambiar sus vidas, y la de muchos habitantes de países extranjeros, lo quieran o no. Desprecian al Congreso como institución, pero reeligen a sus congresistas como si estos no fueran responsables del lamentable funcionamiento de esa institución. Quieren que sus presidentes sean tipos con convicciones firmes y que no se guíen por el aroma de las encuestas, pero también pretenden que lleguen a acuerdos con los congresistas del otro partido, aunque estos prefieran una sesión con un dentista sádico antes que reunirse con el presidente, negociar y por tanto ceder en algo.

Obama no es esa clase de chica. Si lo fuera, tampoco tendría éxito en el baile. Es un político cerebral, y por tanto dubitativo, que ganó unas elecciones vendiendo un producto que era él mismo, no una idea. Y la idea que vendió –acabar con la paralisis institucional en el sistema político norteamericano– o era un ardid para venderse como algo nuevo o se trataba de una hazaña que estaba fuera de sus posibilidades o de su talento.

Con la reforma sanitaria, consiguió una proeza que será el gran legado de su mandato. Ya no le queda mucho por conseguir dentro de sus fronteras.

Para colmo, en política exterior cree que la otra pata de su legado puede ser impedir la proliferación nuclear en Oriente Medio con un acuerdo con Irán que impida que ese país se haga con armas nucleares. A través de un pacto que no será perfecto ni infalible, pero que será sin duda mucho mejor que otra guerra en la zona que garantizaría otra década de sangre y violencia como la pasada. Pero los republicanos sufrirán un infarto cerebral al gritar que esos tipos con barba y turbante sólo entienden el ruido que hace un cazabombardero lanzando su carga.

No es lo que los norteamericanos que voten este martes esperan de un presidente imperial, y por eso Obama y su siempre acobardado partido sufrirán un fuerte revés en las elecciones.

La foto es de Pete Souza, de la Casa Blanca.


Por este orden, gráficos con previsiones del NYT, WSJ y New Yorker.

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