El misterio de las urnas funerarias de la ciudad china de Wuhan

Las estadísticas económicas chinas siempre han sido recibidas con un cierto escepticismo en los medios occidentales. El asunto es más serio en relación a la crisis del coronavirus cuyas primeras noticias se originaron en China, y eso incluye la cifra de muertos. La semana pasada, las autoridades de Wuhan comenzaron a entregar a los familiares las cenizas de los cuerpos incinerados desde enero. Algunos datos e imágenes han llevado a pensar que el número de fallecidos fue mucho mayor que el comunicado por el Gobierno (3.304 hasta este lunes, 2.535 en Wuhan).

Siete funerarias prestan servicio en Wuhan y su área metropolitana, que tiene más de once millones de habitantes. Las imágenes mostraban largas colas en algunas de ellas, porque los que no habían recibido la confirmación por cita previa debían esperar varias horas. En otra imagen del interior de una funeraria del jueves, se puede ver unas 2.000 cajas que contienen urnas, que habían sido descargadas momentos antes de un camión. Las fotos aparecen en la web china Caixin, que explica que ese camión transportaba 2.500 urnas y que su conductor había llevado otras tantas el día anterior.

Un usuario de la red social Weibo, citado por Bloomberg, explicó que las autoridades locales le comunicaron que «debía esperar a que se le llamara para recoger las cenizas de mi padre». Una vez levantadas parcialmente las restricciones de movimiento dentro de la ciudad, los familiares intentan recuperar los restos cuanto antes para llevar a cabo los ritos tradicionales del entierro.

Otra usuaria que perdió a su marido contó que policías locales se habían puesto en contacto con ella para que se controlara en sus reacciones en redes sociales sobre la muerte del familiar.

«Había policías de paisano por todos los sitios», dice otro usuario que visitó una funeraria. «Algunos se acercaban cuando ibas a sacar una foto para impedirlo. Había mucha gente, todos en silencio. Nadie lloraba. La gente se iba en silencio después de recoger la urna».

El secretismo de las autoridades locales y regionales, que incluso escondieron las primeras infecciones al Gobierno central, ha hecho que mucha gente en China desconfíe de las cifras oficiales de fallecidos. Es difícil valorar hasta qué punto está extendida esa opinión, porque los comentarios en ese sentido son borrados rápidamente en la red Weibo por orden de las autoridades.

Una información de la web de Radio Free Asia ha hecho un cálculo a partir del número de hornos, 84, de esas siete funerarias, y de su funcionamiento durante 24 horas desde el lunes de la semana pasada, cuando comenzaron a entregarse los restos. La estimación especulativa ofrece una cifra de más de 40.000 fallecimientos desde el inicio de la pandemia.

«Cada funeraria informa de las cremaciones directamente a las autoridades dos veces al día», ha explicado a esa web una fuente cercana al Gobierno local. «Eso significa que cada funeraria sólo conoce los datos de sus cremaciones, pero no la situación de las otras». Según un habitante de la ciudad, las autoridades entregan 3.000 yuanes (unos 380 euros, algo menos de la mitad del salario medio mensual en China) a cada familia de una persona muerta.

La fuente de esta última información arroja algunas dudas que es conveniente señalar. Radio Free Asia está financiada por el Gobierno de EEUU desde su fundación en 1994. Su predecesora con el mismo nombre operó durante los años 50 para emitir propaganda anticomunista en China y otros países asiáticos cuando era sostenida por la CIA. Las emisiones de Radio Free Asia son interferidas frecuentemente por el Gobierno de Pekín.

China implantó un sistema de alerta temprana de enfermedades infecciosas después de la crisis del SARS en 2002 y 2003 que en teoría iba a permitir que Pekín informara con rapidez a la OMS de cualquier brote, a diferencia de lo que había ocurrido entonces. Nada de esto funcionó en Wuhan, porque las autoridades locales prefirieron hacer algo habitual en el país: retrasar todo lo posible el envío de información negativa a Pekín, e incluso restarle importancia al principio, con la esperanza de que el problema pasara desapercibido y se resolviera antes.

Existe constancia de que un paciente con fiebre muy alta se presentó el 16 de diciembre en las urgencias del Hospital Central de Wuhan, con el que luego no funcionaron los medicamentos y que mostraba graves daños en los pulmones, según The New York Times. Ese nuevo tipo de neumonía con algunas similitudes con el SARS, debería haber sido comunicado a Pekín, como establece el sistema de alerta, pero no se hizo. A finales de diciembre, en Wuhan ya se tenía conocimiento de varios casos como este en distintos centros sanitarios.

Esos hospitales no informaron directamente al Ministerio de Sanidad, sino a las autoridades de Wuhan, que optaron por ocultar la gravedad de esos primeros casos registrados y no comunicarlos al sistema de alerta. Sólo cuando algunos informes y rumores surgieron en enero a través de internet el centro chino de enfermedades infecciosas tuvo las primeras noticias. En enero los contagios se sucedieron entre el personal sanitario de Wuhan y el Gobierno terminó trasladando allí a 40.000 médicos y enfermeras desde otros puntos del país. Para entonces, la epidemia estaba fuera de control.

El día 19 de enero, una comisión de expertos enviada desde Pekín hizo un pronóstico muy pesimista sobre lo que había descubierto. Pocos días después, se decretó el cierre de Wuhan, pero el tiempo perdido ya no se podía recuperar.

El Gobierno chino, consciente de la pésima imagen que ha supuesto la pandemia para el país en todo el mundo, publicita ahora la enérgica respuesta posterior como un ejemplo de eficacia de su sistema sanitario y de valentía y sacrificio de sus médicos. La cifra de muertos en Italia y España ha superado ya a la de China y cualquier revisión del número serviría para aumentar la desconfianza en la información facilitada por Pekín y empañar la imagen con la que el Gobierno de Xi Jinping quiere cerrar esta crisis.

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