El PP corre el riesgo de convertir en sus enemigos a la mitad más uno del electorado

Nada más fácil para posicionarte políticamente que dejar claro quiénes son tus enemigos. Luego también hay que explicar cuáles son tus ideas, pero lo primero es perfecto si quieres captar la atención de tus partidarios. Es un remedio genial con el que sobrellevar los malos momentos o apuntalar los buenos. No permites a tus votantes que olviden que hay alguien ahí fuera contra el que hay que ir blandiendo la espada. El resentimiento es un mecanismo útil para reforzar la lealtad. Aun así, es conveniente marcar unos límites. No es muy inteligente aumentar tu lista de enemigos hasta el punto de que sean tantos que llenarán las urnas con votos. Mira lo que les pasó a Aznar y al PP en el año 2004.

El Partido Popular no cree que eso sea un riesgo. No pasa una semana sin que Pablo Casado se lance contra alguien por considerarlo enemigo del Estado, la democracia o la humanidad. Habitualmente, se refiere a personas que apoyan al Gobierno, lo que entra dentro de la lógica de la oposición. Pero ha aumentado con tanta intensidad la frecuencia y alcance de sus disparos que ha terminado poniendo en la diana a todos esta semana. Empezando por la economía española en su conjunto. Ya ha dado por «quebrada» a España y ha dado por cierto el augurio tenebroso de que necesitará un rescate a la griega.

Con la prima de riesgo por los suelos, hay motivos para dudar de sus conocimientos económicos. Los datos del Banco de España tampoco avalan su alarmismo. Sin embargo, tampoco conviene desdeñarlo con unas risas. Si el líder de la oposición se atreve a decir eso en público, los actores de los mercados financieros tomarán nota. En el norte de Europa, no faltarán los políticos que piensen que no conviene gastar fondos públicos en una economía desahuciada. Quienes saldrán perdiendo serán la mayoría de los ciudadanos españoles. Muchos podrán acusar al líder del PP de intentar boicotear la economía del país. Los demás partidos lo harán seguro en la próxima campaña electoral.

En la sesión de control de esta semana, Casado enfiló a los jóvenes y al mundo de la cultura. «Prometió empleo para los jóvenes, pero se limita a comprar su voto con bonos peronistas para comprar videojuegos y cómics», dijo sobre el bono cultural de 400 euros que Pedro Sánchez ha prometido para los jóvenes que cumplan 18 años en 2022. Esa cantidad es fundamentalmente una ayuda a la industria cultural, diezmada por la pandemia, como se ha hecho en Francia. También la ha anunciado el Gobierno de Galicia presidido por ese peligroso montonero que es Núñez Feijóo.

Lo malo de la acusación de Casado es dar por hecho que se puede «comprar el voto» de los jóvenes. No es que se vote mucho a los 18 años, pero no es muy inteligente sostener que a esa edad te compran con un bono regalo y una palmada en la espalda. La gente te vota menos si le faltas al respeto.

Ahora que el Tribunal Constitucional parece decidido a dar su veredicto sobre el recurso contra la ley del aborto que lleva once años en la carpeta de asuntos pendientes, el PP ha hecho saber que planea cambiar la actual ley si llega al poder. Casado le ha puesto algo de propaganda lacrimógena con el argumento de que la legislación será en defensa de la vida –una idea habitual entre los grupos antiabortistas– y su portavoz, José Luis Martínez-Almeida, ha concretado sus deseos: volver a la ley de 1985 que limitaba el derecho a sólo tres supuestos.

Casado quiere complacer al ala más conservadora del partido, que quedó decepcionada cuando Rajoy guardó en un cajón la reforma que había preparado Ruiz Gallardón. Eso deja fuera a la mayoría de la sociedad española. Un 78% de los encuestados estaba a favor del derecho a la interrupción del embarazo a finales de 2019, según Metroscopia. Otro sondeo internacional más reciente aprecia un descenso en el apoyo en varios países europeos, pero en España continúa siendo alto. Un 58% apoya una ley como la actual, al que se podría sumar un 24% que acepta el aborto en caso de violación.

El PP también está en contra de la ley de eutanasia recientemente aprobada y prevé anularla o sustituirla por otra que sólo acepte mejorar los cuidados paliativos. Es otro asunto en que las encuestas de los últimos años muestran a ese partido en el lado opuesto al defendido por la inmensa mayoría de ciudadanos con porcentajes superiores al 70% o 80%.

El partido de Casado se sabe en minoría y su respuesta consiste en caricaturizar a los que opinan distinto. Ahí Isabel Díaz Ayuso marca el camino ridiculizando la postura favorable al aborto. «¿Molesta? Eutanasia ¿Molesta el bebé? Aborto», dijo en la Asamblea de Madrid. También lo ha llamado «el recurso fácil», como si fuera un gesto frívolo para deshacerse un problema. En una entrevista de esta semana dijo que existen mujeres que toman esa decisión «cada cuatro veces»: «Muchas veces, como no ven alternativas, pues venga, me lo quito de encima».

Fue en una entrevista con Ana Rosa Quintana en Telecinco en la que esa respuesta sobre mujeres que abortan por capricho dejó perpleja a la presentadora. Cuando superas a Ana Rosa por la derecha es que ya te has ido muy lejos. Pero si se lanzó contra el Papa, qué no hará con los demás.

Como no era suficiente con eso, Ayuso también la emprendió con los inquilinos. «Yo tengo una vivienda vacía y no se me ocurre ponerla en alquiler, porque cuando no me la ocupan, tengo a un moroso que no me paga y nadie me ayuda cuando me destroza la casa», respondió a una pregunta sobre los pisos vacíos. Así que la mayoría de los inquilinos, que son más de tres millones de hogares, forma una banda de piojosos que no pagan lo que deben y la emprenden a patadas con paredes y muebles. Van a estar encantados de que la presidenta de Madrid tenga esa opinión de ellos.

El PP camina al ritmo febril e irascible que marcan Casado y otros de sus líderes, cabreados con todo y con todos y empeñados en ir sumando gente a su ya larga lista de enemigos. No pierde la oportunidad de promoverse como el partido que limpiará España de indeseables y puede encontrarse con que los presuntos indeseables terminen siendo la mayoría, se lo tomen como algo personal y actúen en consecuencia cuando toque votar.

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