Érase una vez una tierna y pura presidenta de Madrid que vivía en una casa hecha de dulce y mazapán

Érase una vez una presidenta de la Comunidad de Madrid que confiaba tanto, tanto, tanto en la izquierda que hasta se olvidó de que formaba parte del ala más conservadora del PP. Después de años de trabajar duro cerca de Esperanza Aguirre y de intentar copiar su estilo abrasivo, un día sufrió un acceso de locura y pasó a ser abducida por la pérfida izquierda y sus acreditados métodos de control mental. Tan poderosos que debieron de ser diseñados por el KGB en algún laboratorio secreto. Sólo así podían haber doblegado la voluntad de Isabel Díaz Ayuso.

Allá por febrero la presidenta iba feliz por la vida sin saber que ya no era libre. En televisión, llegó a decir el día 26 que no había de qué preocuparse. Sólo era una gripe y el sistema sanitario de Madrid estaba perfectamente preparado para cualquier contingencia. No era ella quien hablaba, sino algún comisario prosoviético que era el que elegía sus palabras. Es raro que la presentadora del programa no se diera cuenta y no le avisara. ¿Eres tú realmente, Isabel? ¿No es el Maligno el que habla por tu boca?

El experimento de manipulación de la voluntad no se limitaba a Ayuso. Su directora general de Salud Pública envió el 5 de marzo una carta con las principales medidas sanitarias recomendadas. Una frase destacaba en el texto: «La población general puede continuar con su actividad con toda normalidad». ¿Acaso era como en la película ‘La invasión de ladrones de cuerpos’ y la izquierda había colocado vainas en los domicilios de los dirigentes del PP madrileño para que los sustitutos ejecutaran sus planes?

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