Erdoğan ya no es invencible en las urnas

Las elecciones locales de Turquía han quebrado la imagen invencible de Recep Tayyip Erdoğan en las urnas. Su partido ha perdido el control de las principales ciudades del país. Su derrota está asegurada en Ankara y es muy probable en Estambul, donde la diferencia entre los dos candidatos más votados es ínfima. En este caso, el AKP confía en que los recursos en los tribunales le devuelvan la alcaldía. Ekrem İmamoğlu, del partido centrista CHP, cuenta con una ventaja de sólo tres décimas en los resultados conocidos (48,79%-48,51%) con el 100% de los colegios escrutados.

En el voto nacional, el AKP de Erdoğan es el partido más votado con gran diferencia. Ha recibido el 44,3% de los votos. Si le añadimos los votos de su aliado –el ultranacionalista MHP– en las últimas elecciones legislativas, ese bloque llegaría al 51,6%.

Erdoğan lanzó su carrera política en las elecciones locales de 1994, cuando se hizo con la alcaldía de Estambul, entonces en las filas del anterior partido islamista, el Partido del Bienestar, que fue ilegalizado años después por el Tribunal Constitucional.

Gönül Tol, del Middle East Institute, escribe sobre los efectos de la derrota en la reputación política y económica del presidente turco:

“Ankara y Estambul son las grandes potencias económicas del país y junto a Adana, Antalya y Esmirna, las otras tres grandes ciudades conseguidas por la oposición el domingo, representan casi el 40% de la población de Turquía. Perder estas ciudades asesta un duro golpe a la red clientelista que Erdoğan ha levantado en los últimos 25 años. A través de esta red, se aseguró la lealtad de la élite empresarial y puso los recursos públicos a trabajar en favor de la consolidación de su poder. En un tiempo de crisis económica, mantener el apoyo de esas élites será cada vez más difícil”.

La retórica antikurda de Erdoğan le ha pasado factura en Estambul. “Los kurdos del HDP han votado en masa al CHP” en esa ciudad, ha dicho a Al-Monitor Behlul Ozkan, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Marmara. Se calcula que los kurdos son hasta un 11% de la población de Estambul.

Erdoğan preparó las elecciones de 2018 con un fuerte incremento del gasto público el año anterior que llevó la cifra de crecimiento al 7,4%. La jugada surtió el efecto deseado al convencer al electorado de que el AKP continuaba siendo la mejor carta para conservar la prosperidad económica. Desde entonces, la situación ha cambiado por completo. En septiembre, el Gobierno anunció un programa económico para revertir el estancamiento comenzando con medidas que afrontaran la mala salud financiera del país. La cotización de la lira y el marcado descenso de las reservas extendieron los análisis pesimistas en el exterior sobre el déficit y la deuda turcas. La proximidad de las elecciones locales hizo que las medidas más impopulares no se aplicaran en un momento de crecimiento del desempleo, que ya ha llegado al 14%.

Algunos datos económicos sí han mejorado en los últimos meses. La inflación ha caído por debajo del 20%. Pero el Gobierno no pudo impedir lo que parecía inevitable unos meses antes y la economía entró en recesión en el último trimestre de 2018. Ahora hará todo lo posible para no tener que pedir un préstamo al FMI, lo que supondría una mancha en las credenciales nacionalistas de Erdoğan.

El dato más positivo con el que cuenta el presidente turco es que las siguientes elecciones no se celebran hasta 2023.

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