Irlanda se apunta a la vía española en las urnas

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Ya hay un sondeo realizado a la salida de las urnas. El escrutinio no comienza hasta el sábado. En la línea de la media de sondeos de la campaña, deja a los partidos de la coalición de Gobierno muy lejos de la mayoría absoluta. El partido más beneficiado por estos datos es el Fianna Fáil, que se queda a tres puntos del Fine Gael. Por la complejidad del sistema electoral irlandés, los responsables de la encuesta no pueden hacer aún una estimación del reparto de escaños.

Fine Gael: 26,1%. Fianna Fáil: 22,9%. Independientes: 16,1%. Sinn Féin: 14,9%. Laboristas: 7,8%.

Entre los partidos pequeños destaca la candidatura AAA-PBP (Anti-Austerity Alliance-People Before Profit) con un 3,6%, y los verdes, con un 3,5%. Los verdes volverán probablemente al Parlamento después de haber perdido sus seis escaños en las elecciones de 2011. Pagaron entonces el precio de haber apoyado en la legislatura anterior al Gobierno conservador del Fianna Fáil.

Es en Dublín donde estos dos partidos han obtenido sus mejores resultados, 7,8% y 4,8%, según el sondeo. En la capital, como es habitual, el Fine Gael ha sacado mucha distancia al Fianna Fáil, y es en el resto del país donde las diferencias de voto entre ambos son mucho menores.

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Irlanda tiene la oportunidad de encontrarse desde hoy en una situación parecida a la española: unas elecciones en la que el partido o partidos del Gobierno se quedan lejos de la mayoría absoluta y no tienen muchos socios potenciales para alcanzarla (la votación se celebra el viernes, pero el escrutinio no comienza hasta el sábado). El Fine Gael y los laboristas han gobernado en estos cuatro años sin que se cumplieran las peores predicciones tras las elecciones de 2011. El país ha recuperado tasas altas de crecimiento, superiores (con un 4,5%) a las de España en 2015, pero no precisamente por la devaluación interna recetada por Bruselas, sino por la potencia exportadora del país a los países de fuera de la eurozona.

Esos resultados económicos no han concedido una prima de votos al primer partido del país, el Fine Gael del primer ministro Enda Kelly. Más bien al contrario. La media de sondeos da a su partido un 28,5%, muy por debajo del 36% de 2011. Sus aliados en el Gobierno lo pasan aún peor. Los laboristas están en un minúsculo 6,5% (19,4% en 2011). Han cumplido el adagio que dice que el socio menor en una coalición termina pagando un precio mayor, pero en su caso hay que decir que desde muy pronto en la legislatura empezaron a perder el apoyo obtenido en las urnas.

El PIB no da votos. Pero tampoco parece haber beneficiado al Gobierno una tasa de paro del 8,6% (con el paro juvenil en el 19,1%), la menor desde finales de 2008, pero alta para lo que es habitual en la economía irlandesa. Llegó hasta el 14% en 2013. Hubiera sido peor si muchos jóvenes irlandeses no hubieran optado por emigrar al extranjero, una tendencia habitual en la historia del país en épocas de crisis.

La tendencia al voto es a la fragmentación. Los partidos pequeños y los independientes pueden llegar en conjunto al 25%. Los escaños que obtengan son la única esperanza con la que cuenta Kenny para tener mayoría suficiente para gobernar.

En la izquierda, el Sinn Féin se ha convertido en el gran referente entre los sectores sociales que rechazan los años de austeridad. Hace un año, estaba en torno al 20% y subiendo tras haber engullido la mayor parte del voto laborista. Ahora la media de sondeos le deja en el 16,5% (tuvo el 9,9% en 2011). El Sinn Féin es ya algo más que el partido de los republicanos católicos del Ulster, pero el hecho de que continúe estando liderado por Gerry Adams condiciona su nueva identidad. El que muchos votantes compartan la esperanza de que algún día se produzca la reunificación de la isla no quiere decir que confíen en alguien relacionado directamente con el IRA y las décadas de violencia en el Ulster.

Hace cinco años, el Fianna Fáil sufrió la peor derrota desde la fundación del Estado en 1922. Ahora, con una media del 21% en los sondeos recupera una parte del electorado perdido y la segunda posición. Al igual que en España, se ha hablado mucho en Irlanda de la posibilidad de un Gobierno de gran coalición. Como la ideología de ambos partidos no es muy diferente, la opción no es descartable. Su único problema es la historia del país.

Irlanda, un país en general conservador, ha tenido desde el siglo pasado un sistema político basado en la rivalidad entre esos dos partidos. Hace unos días, un artículo del Financial Times definía al Fianna Fáil como partido de centroizquierda, lo que no puede ser más falso. Su corresponsal en Bruselas, Peter Spiegel, lo explica mucho mejor: “A diferencia de la mayoría de democracias de Europa Occidental, el sistema moderno de partidos en Irlanda no se desarrolló sobre el plano tradicional izquierda-derecha. Se basa más en lo que en ciencias políticas se llama modelo ‘centro-periferia’. Durante la guerra civil irlandesa, los que apoyaron el Tratado Anglo-Irlandés de 1921, que concedió a Dublín la independencia, terminaron formando el Fine Gael. Los que creían que el tratado se quedaba corto (sobre todo, porque el Estado Libre de Irlanda no incluía a Irlanda del Norte) terminaron siendo el Fianna Fáil”.

El Fine Gael tiene especial predicamento entre las clases medias urbanas, lo que le convierte en más liberal que conservador. El Fianna Fáil pasó a ser el gran partido nacionalista y conservador, muy relacionado con la Iglesia pero con gran capacidad para conectar con las clases trabajadoras. Pero en las últimas décadas el partido tuvo una relación incestuosa con las grandes corporaciones, con escándalos de corrupción que raramente le perjudicaban en las urnas hasta que el estallido de la burbuja inmobiliaria y su repercusión financiera abocaron al país al rescate para salvar a los bancos y desembocaron en su hundimiento electoral.

En este vídeo del Irish Times, explican las diferencias entre ambos. Lo que es muy probable es que una vez más la suma de los dos partidos que dominaron la política irlandesa durante décadas vuelva a caer al punto más bajo. Y al igual que en España, la alternativa de unas nuevas elecciones dentro de unos meses no se puede descartar.

Foto: un agente de la Garda (policía irlandesa) y un votante llevan una urna en la isla de Innisfree. EFE.

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