La última semana de campaña es cuando El Mundo dispara

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Cambian los directores en El Mundo pero no cambia el uso del periódico como ariete en defensa de ciertos intereses políticos. Si fuera en defensa de ideas, nadie podría objetarlo. Cualquier medio tiene derecho a hacerlo, algunos dirían que hasta la obligación. Es muy diferente cuando se utiliza al periódico como correa de transmisión de un Gobierno o partido. Si es con informaciones falsas o manipuladas, aún peor.

El Mundo –aún dirigido por Casimiro García Abadillo– concedió en su portada del martes el argumento de autoridad a presos de ETA. Según su información –con el titular «Los presos de ETA quieren a Podemos en el Gobierno»–, los internos hasta llegan a decir que sería bueno que Bildu no se presente a las elecciones generales para que el partido de Pablo Iglesias se lleve los votos de la izquierda abertzale.

Cualquiera que conozca a Sortu y Bildu sabe que eso no va a ocurrir. Es un puro delirio. Los dirigentes y seguidores de Podemos en Euskadi pertenecen a un mundo político y sociológico muy diferente al de la izquierda abertzale. Además hay declaraciones específicas, tanto de Iglesias como del secretario general de Podemos Euskadi, que hacen improbable o imposible un pacto entre ambas fuerzas a día de hoy, mucho menos para que alguno se retire de las elecciones.

El propio periódico las reseña, pero no les da mucha importancia. Son esos presos anónimos los que se llevan la posición más destacada de portada. Así un partido político se convierte en culpable por asociación, por las ideas de personas sobre las que no tiene ningún control.

Una vez más a pocos días de la celebración de unas elecciones, el periódico ha hecho de correa de transmisión de informaciones que proceden del Ministerio de Interior y con las que se intenta perjudicar a los rivales políticos del Partido Popular, como sucedió con el director anterior. En el caso de Cataluña, si bien muchos de esos artículos se referían a los muy reales negocios sucios de la familia Pujol, eso llevó a que Pedro J. Ramírez se autoproclamara vencedor de las últimas elecciones catalanas (y eso que no presentaba lista propia).

Una unidad secreta de la Policía, bajo el control del ministro de Interior, se ha dedicado a buscar información que pudiera perjudicar a los independentistas catalanes. El resultado de ese trabajo ha podido encontrarse en algunos medios, en especial El Mundo. Es lo que ocurrió el 27 de octubre de 2014, a unas semanas de la consulta soberanista del 9N, cuando el periódico informó que el alcalde de Barcelona escondía en Andorra 13 millones de euros de origen ilegal y que en unos días ese caso sería «judicializado». Fernández Díaz anunció luego en el Congreso que el caso ya se estaba investigando. A finales de noviembre la Fiscalía Anticorrupción archivó la denuncia porque no había indicios suficientes de la existencia de la cuenta.

El turno le toca ahora a Podemos, aunque esta vez sin investigaciones judiciales, policiales o seudopoliciales. Las conversaciones entre presos filtradas por el Ministerio han sido la materia prima empleada. El comodín ETA es la carta empleada, y no es una coincidencia que Esperanza Aguirre se aferrara a ella en el debate con Manuela Carmena en Telemadrid en la noche del martes.

El Mundo eligió con cuidado la fecha de publicación de la noticia de los presos. No es necesario suponer que hubiera un pacto previo con Aguirre. Todo el mundo tiene un calendario en el móvil y el ordenador.

Hay algo de ironía añadida a todo esto. Tanto Pablo Iglesias como Íñigo Errejón han concedido entrevistas recientes a El Mundo. Parece que se repite lo que podríamos llamar la ‘paradoja Zapatero’. Cuanto más directa es tu relación con ese periódico, más fácil es que te sacudan en toda la cabeza.

Mucha gente se apresuró en Twitter a culpar al nuevo director, David Jiménez, de ser el responsable de esta y otras portadas. En realidad, no tomará posesión de su cargo hasta el día de las elecciones o el día después. El ‘autor intelectual’ (esa expresión que tanto jugo le dio al periódico durante la teoría de la conspiración del 11M) fue el director saliente, Casimiro García Abadillo, en uno de sus últimos servicios a lo que sea que tuviera en mente.

Por eso, Jiménez se queja en un breve texto de ese error. Como lo hace en la segunda frase («lo más relevante es la cantidad de periodistas que me acusan de falta de rigor» sin razón) y en la tercera dice que la prensa española «necesita una regeneración» tanto o más que la política, me quedo con la duda sobre a qué se refiere. ¿Lo grave es la portada del martes o que haya periodistas que le hayan señalado a él sin fundamento?

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