No dejes que la realidad de Grecia te arruine tu próximo estereotipo

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Jorgo Chatzimarkakis dimitió como europarlamentario liberal en abril de 2013 y decidió dejar la política. Nacido en la cuenca del Ruhr y con la doble nacionalidad alemana y griega, se rindió ante la persistencia de los peores estereotipos sobre los griegos entre los políticos alemanes. El rescate de Chipre y las opiniones que escuchó entonces fueron lo que le hizo tomar la decisión.

Dentro de su propio partido (en ese año aún formaba parte del Gobierno de Angela Merkel) abundaban las opiniones despectivas sobre Grecia y circulaban ideas como «vender las islas y la Acrópolis» para pagar la deuda. «Eran tan extremistas que decidí no ir al Congreso del partido».

«Es muy difícil intentar responder con mensajes que no encajan en los estereotipos», como que los griegos trabajan muy duro, incluso más que los alemanes. Eso no entra en el pensamiento de los alemanes», explicó Chatzimarkakis. «Quieren mantener el estereotipo del griego perezoso, de los chipriotas como gángsters y de esta gente como alguien que debe ser castigada».

En 2012 un grupo llamado Omikron Project intentó luchar contra esa imagen con dos vídeos.

Este es el segundo.

El vídeo cita estadísticas de Eurostat que desmienten el prejuicio de los griegos como gente perezosa, en relación al número medio de horas trabajadas. Hace unos meses, BBC desmontó esa idea y otras similares con una serie de gráficos, entre ellos uno sobre horas de trabajo con datos de la OCDE.

horas trabajo

El ranking de productividad sería muy diferente y habría que relacionarlo con la estructura económica del país, pero en ese caso la acusación de vagancia no tendría sentido, ¿no?

El tema de las pensiones es otro de los que se citan en estos casos. Ya he contado antes que el gran porcentaje de gasto en pensiones en relación con el PIB se debe al hundimiento del PIB. Existe el caso de las jubilaciones anticipadas (un modelo muy poco sostenible pero que se debe a las escasas posibilidades de encontrar un empleo para las personas de más de 55 años), pero incluso los datos oficiales no indican grandes diferencias con otros países europeos. Y después de los sucesivos recortes, el gasto per cápita en Grecia (en el caso de mayores de 65 años) está por debajo de la media de la eurozona, y al nivel de España.

Así que por un lado tenemos al Wall Street Journal escribiendo que el sistema de pensiones no es tan generoso como parece (lo que no quiere decir que no vaya a ser un problema grave en el futuro, como lo es en otros países europeos por el envejecimiento de la población), y por otro escuchamos a varios líderes europeos, por ejemplo Renzi, quejándose de que es una locura que sus votantes tengan que subvencionar las pensiones de los griegos. Cuando sus votantes jubilados gozan de pensiones que están muy por encima del umbral de pobreza relativa, a diferencia del 45% de los pensionistas griegos.

Al final, lo llamativo no es que haya estereotipos nacionales en Europa. Siempre han existido. Ni que en Grecia también se hayan empleado esos lugares comunes o resentimientos históricos para todo tipo de denuncias en los últimos años (algunas especialmente sangrantes). Todo tiene que ver con la política.

Los problemas económicos de Grecia son profundos y muy reales, y no sólo en relación a la deuda: el clientelismo político creado por el bipartidismo tras la dictadura de los coroneles, una Administración inflada por el nepotismo, medios de comunicación públicos al servicio del poder, medios privados controlados por grandes corporaciones beneficiadas por el Gobierno que luego devolvían los favores, el alto nivel de fraude fiscal no ya en las grandes fortunas, sino también entre profesiones liberales y autónomos, un gasto militar inmenso a causa de la rivalidad histórica con Turquía… Como decía, el compositor Stamatis Kraounakis, «a partir de 1981, los políticos sólo se dedicaron a robar».

Nada de eso es nuevo, ocurrió mucho antes de la llegada al poder de Syriza y nunca impidió la absurda entrada de Grecia en el euro ni las excelentes relaciones de conservadores y socialdemócratas europeos con sus colegas griegos.

El estereotipo griego de los últimos años es más político que sociológico. Tiene que ver con la crisis de la eurozona y la forma en que políticos europeos se han evadido de sus responsabilidades. Era más fácil culpar a los mediterráneos del sur de los inmensos desequilibrios financieros creados tras la llegada del euro que reconocer la responsabilidad propia en el diseño de ese sistema (una moneda única sin una política fiscal o bancaria únicas, gran idea). Como en una empresa mal gestionada, siempre es más sencillo culpar de los males a los trabajadores que son unos vagos. A eso se ha dedicado la prensa alemana todo este tiempo con excepciones esporádicas y algunos ejemplos muy penosos, como el reciente artículo en Die Welt en el que el autor, un historiador, sostenía que los griegos no eran auténticos europeos, como mucho descendientes de los turcos. Cualquier diría que el mercado de las ideas sobre pureza étnica había quedado muy reducido en Alemania desde 1945, y en cualquier caso alejado de las páginas de los principales periódicos del país).

En ese sentido, los griegos se han convertido en cabezas de turco de la eurozona. También lo fueron antes españoles e italianos. ¿Alguien se acuerda de lo mucho que molestaba en España ese estereotipo hace tan sólo dos o tres años?

Sobre este asunto, y en concreto sobre la responsabilidad de la imagen que presentan los medios de comunicación, dos artículos interesantes:

–What’s wrong with how the Greek crisis is reported by international media.
–Pride and Prejudice in reporting the Greek story.

14.00

Seguro que muchos han leído, sobre griegos o españoles, eso de ‘vivir por encima de sus posibilidades’. Esto es lo que escribe la economista británica Vicky Price en relación a Grecia:

«Contra lo que piensa mucha gente, los griegos no estaban viviendo por encima de sus posibilidades. En el comienzo de la crisis, la deuda de los hogares como porcentaje de la renta disponible estaba entre las más bajas de Europa, al igual que en el caso de la deuda empresarial como porcentaje del PIB. Los bancos se metieron en problemas no por prestar dinero en exceso al sector privado, como en Irlanda y España, sino por sus compras de deuda pública griega, cuyo valor estaba cayendo cuando los mercados descubrieron que, a pesar de la moneda única, no todos los países de la eurozona presentaban el mismo riesgo».

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