El juez de la horca

moreno

Cuando parecía que nada de lo relacionado con el encarcelamiento de los titiriteros podía superar lo vivido antes, nos enteramos de que el Ministerio de Interior los incluyó en los cinco días que pasaron en prisión en el Fichero de Internos de Especial Seguimiento (grado 3), según la Cadena SER. Es decir, se les asignó el mismo tratamiento que reciben los presos acusados de pertenencia a organización terrorista.

Por hacer una maldita obra de teatro, esas dos personas no sólo han pasado cinco días en prisión, sino que han sido declarados enemigos del Estado. Y todo eso por la incompetencia profesional y los prejuicios reaccionarios de los policías que redactaron el atestado, el fiscal que pidió el ingreso en prisión y el juez que certificó todas sus acciones con argumentos que causarían vergüenza ajena en una tertulia nocturna televisiva.

En el auto con el que el juez Ismael Moreno ha puesto en libertad a los dos artistas, no se ha bajado de la burra y se ha limitado a constatar algo que estaba bastante claro desde el primer momento o que podía haberse confirmado al día siguiente. Los acusados viven en una ciudad española, tienen familiares y «formación académica». No hay ninguna prueba que los relacione con una «banda armada» (para decepción del Ministerio de Interior que aun así les asignó esa condición en la cárcel). No hay, porque no lo hubo nunca, riesgo de fuga. Tampoco existe peligro de que destruyan pruebas, porque no hay más pruebas que la representación teatral que se celebró en Madrid, y no consta que puedan viajar al pasado para eliminarla.

No es argumento incriminatorio un panfleto sobre los males de la democracia que les encontraron, y que el Ministerio de Interior procedió a filtrar al diario El Mundo para que ese periódico lo publicara como forma de describirlos como enemigos de la sociedad. La difamación, y esto lo sabemos desde hace tiempo, es una herramienta que ha utilizado antes el Ministerio para atacar a los enemigos políticos del Gobierno cuando no había pruebas para iniciar una investigación judicial.

En los argumentos utilizados en el auto, el juez ignora las pruebas existentes y continúa manipulando un trozo de tela utilizado en la representación (la famosa inscripción «Viva Alka-ETA») que sigue interpretando como una adhesión a las ideas y crímenes de dos organizaciones terroristas sin relación entre ellas. La pancarta representaba, no diría yo que de una forma teatral muy brillante, un intento de denunciar un montaje policial contra un enemigo del Estado. La sátira se convierte ahora en la mente disfuncional del magistrado en una representación literal de la realidad. Donde había molinos, el juez cree ver gigantes peligrosos para la sociedad, y arremete contra ellos, no con una lanza y en manifiesta inferioridad, sino con todo el poder del Estado.

El fiscal había introducido antes otro elemento de ópera bufa con el argumento de que sin los instrumentos del delito, los títeres incautados en una arriesgada operación policial, los acusados no podían reincidir en el delito. Como si unos títeres hechos de madera y tela fueran tan difíciles de conseguir como un fusil de asalto y unos explosivos.

Como el juez Roy Bean, el magistrado de la Audiencia Nacional no necesita textos legales ni pruebas. Su voluntad, su extraña forma de interpretar la realidad, es la ley. Para él, «cualquier persona» que vea ese cartel debe interpretar que «se está alabando o justificando bien a los autores de hechos terroristas o los propios hechos». Le da igual el contexto del argumento de la obra. Le da igual el testimonio de los acusados. Él ha decidido que eso es enaltecimiento del terrorismo, y son los detenidos los que tienen que demostrar que son inocentes.

Por la estupidez de los programadores del acto organizado por el Ayuntamiento de Madrid, hubo personas que se sintieron ofendidas por la representación y algunos de sus elementos. Están en su derecho. No hay ninguna ley que prohíba a la gente ofenderse por un mensaje político, en especial si se trata de un acto dirigido a todos los públicos, incluidos niños, según el programa oficial. Tampoco hay ninguna ley que permita encarcelar a aquellos que disienten del sistema político, y usar títeres no es aún un agravante.

El juez sostiene que «la libertad de expresión no puede ofrecer cobertura al llamado «discurso del odio», esto es, a aquél desarrollado en términos que supongan una incitación directa a la violencia contra los ciudadanos en general o contra determinadas razas o creencias». Al juez hay que responderle que no hay mayor incitación al odio que encarcelar a personas por sus ideas políticas en una democracia. Lo que sabemos que ocurre con los disidentes en otros muchos países del mundo no puede suceder en España.

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Con Johnny Depp como Donald Trump

En la parodia (casi) definitiva sobre Donald Trump, la banda de Funny or Die se marca no un corto, como es habitual, sino una superproducción de 50 minutos dedicada al millonario y candidato republicano en las primarias. ¿Quién hace de Trump? Johnny Depp.

The Art of the Deal es una parodia de un libro que sacó Trump hace ya muchos años, un libro escrito a mayor gloria de sí mismo. Evidentemente, no hay detalle embarazoso para él que no aparezca en la actuación de Depp, sobreactuación, mejor dicho. Sus delirios de grandeza (quiere hacer un casino tan impresionante como el Taj Mahal «en un lugar mucho más bello que India, New Jersey»), sus peores manejos como cuando sacaba de sus viviendas a los negros pobres que obstaculizaban sus planes inmobiliarios o su misoginia («I only drink women, sexually»).

Y todo con el estilo (color degradado incluido) de las pelis de televisión de los 70.

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Primarias republicanas: el loco Trump frente al robot Rubio

Donald Trump no tiene límites. Tampoco en el campo del lenguaje. A fin de cuentas, no es un político profesional, esa condición de la que huyen despavoridos todos los candidatos republicanos a la presidencia de EEUU, aunque lleven toda su vida, corta o larga, dedicados a la política. En un mitin en New Hampshire, utilizó uno de esos insultos que no pueden aparecer en las cadenas de televisión si no quieren que les caiga una buena multa. Y tampoco suelen aparecer en los periódicos, donde utilizan los típicos asteriscos para sustituir algunas letras.

Trump estaba contando que en el debate anterior, después de que él apoyara sin dudar el uso de la tortura con los detenidos, en concreto el ‘waterboarding’, Ted Cruz no se atrevió a llegar tan lejos y dudó. Una mujer en el público dijo que el senador de Texas era un «pussy» (un término de ‘slang’ para referirse a la vagina pero que como insulto significa cobarde pero en tono extremadamente vulgar). Trump se rió y en tono teatral dijo que alguien había dicho algo «terrible». El micrófono del escenario obviamente no recogió bien la voz de ella, así que Trump no tuvo inconveniente en pronunciarla en voz alta. Risas. Gran ovación.

Ni los políticos ni los periodistas utilizan en público ese lenguaje en EEUU. Bueno, ni nadie que no sea un macarra o un actor en una película por estricta exigencia del guión. Trump no necesita andarse con convencionalismos. Su papel consiste en decir que todo es una mierda, que los demás no tienen lo que hay que tener para solucionar los problemas del país, y que los periodistas son una banda de mentirosos y vendidos. Alguien dijo en Twitter que Trump era como si la sección de comentarios de una página web pudiera presentarse a las elecciones. Es una descripción bastante correcta. Su labor consiste en decir lo que sus votantes potenciales piensan y sólo dicen en la barra de un bar después de la cuarta copa. O lo que escriben sobrios en los comentarios de una web.

Hace unos meses, el NYT publicó un artículo para contar que en estas primarias los candidatos, no todos, están empleando un lenguaje más vulgar de lo habitual. No al nivel de Trump, claro. A nosotros nos puede parecer que no es para tanto si alguno de ellos dice «bullshit» o «damned», pero los políticos en EEUU no dicen esas cosas en público, a menos que les pille un micro abierto. Trump ha convertido las primarias en un gran espectáculo televisivo y no le ha ido del todo mal en su versión norteamericana de Berlusconi, alguien que quiere ser vulgar y divertido al mismo tiempo. Cuando le preguntan si no está yendo demasiado lejos, suele responder que no se rige por lo «políticamente correcto», la expresión frecuente entre muchos políticos de derechas tras la que ocultan el machismo o la intolerancia.

Todo ese espectáculo vulgar no le ha perjudicado en la primera cita que tenía un carácter decisivo para él, las primarias de New Hampshire. Los resultados, aún no definitivos, le conceden la victoria rotunda que aventuraban los sondeos. A esta hora, con el 89% del escrutinio, Trump cuenta con el 35,1% de los votos. Por detrás, un grupo de candidatos separados por un margen más estrecho: John Kasich, 15,9%; Ted Cruz, 11,6%; Jeb Bush, 11,1%; Marco Rubio, 10,6%.

Kasich es la alternativa más moderada dentro de los republicanos, tanto es así que recibió el apoyo de The New York Times en un editorial reciente. Su buen resultado en New Hampshire puede ser un destello que se apagará pronto o el inicio de una remontada. Es un candidato de derechas al que los medios han prestado poca atención al quedar sepultado por todo el ruido generado por Trump y Cruz. Ted Cruz, vencedor en Iowa, se queda donde se esperaba en un Estado con menor número de votantes ultraconservadores de fe evangélica. Jeb Bush, la gran decepción para el aparato del partido por su mediocre arranque de campaña, hace valer el poder de su nombre y de sus cuantiosos fondos. Tiene dinero para seguir intentándolo y llegar hasta el supermartes del 1 de marzo.

Quien da un paso atrás es Marco Rubio, que se había convertido en la aparente gran esperanza del establishment para detener al loco Trump después de su buen resultado en los caucus de Iowa. En los últimos días, Rubio había sumado titulares por las razones equivocadas. Fue en el último debate donde quedó patente que quizá no dé la talla para el cargo que ambiciona.

rubio robot

Cuando el moderador le recordó las críticas que recibe por su falta de experiencia (tiene 44 años y está en su primer mandato en el Senado), Rubio en seguida recurrió a una frase que ha utilizado antes, no sobre él, sino sobre el presidente: no es cierto que Obama no sepa lo que hace, como afirman muchos de sus compañeros de partido, sino que lo sabe perfectamente, su intención es «cambiar este país y hacerlo más parecido al resto del mundo». Y él no va a permitirlo porque «América es el mejor país que haya existido nunca en el mundo».

Ahí te estaba esperando, debió de pensar el gobernador de New Jersey, Chris Christie, uno de los candidatos que esperaban estar exactamente donde está ahora Rubio y que está a punto de cerrar la persiana tras los resultados de New Hampshire. Christie martilleó a Rubio con esa misma falta de experiencia en términos más duros que el moderador. ¿La respuesta de Rubio? Volver a repetir la frase sobre Obama. Por segunda vez. Y no fue la última. Lo hizo luego. Por tercera vez (vídeo). ¿Sólo tres? No, hubo una cuarta. Como un robot programado para soltar las mismas frases una y otra vez mientras tenga cargada la batería.

Pocas veces se ve a un político confirmando en prime time la veracidad de los ataques que recibe. Bromas y memes llovieron por todos los sitios. Algunos se referían al tema más en serio en tono ‘no me puedo creer lo que he visto’. Otros recordaban que cualquier programa u ordenador puede tener un ‘bug’ que sólo se soluciona reseteando la máquina.

Es muy corriente que los políticos se atengan a los ‘talking points’ preparados con los asesores antes de su debate. No es extraño que se utilicen más de una vez a lo largo del enfrentamiento. A veces, la situación se torna ridícula si esas frases se emplean en el momento equivocado. Creo recordar que algo de eso le pasó a Rajoy en su debate con Rubalcaba en 2011 cuando sacaba el tema de las diputaciones cuando no venía a cuento. Lo que no ocurre mucho es que un político repita la misma frase casi literalmente varias veces en un margen de muy pocos minutos.

Cabe la posibilidad de que tengan que programar otra vez a Rubio. Resulta difícil pensar en la estrategia que se marcó para ese debate cuando tenía que responder a una acusación que tenía que esperar, porque no es la primera vez que la utilizan contra él. La explicación más lógica es que entró en pánico y no supo por dónde salir. Mal asunto si quieres convencer a tus compatriotas de que estás preparado para afrontar las responsabilidades del cargo, también en los momentos más difíciles. Y lo peor es que hace tiempo, en 2011, un periodista ya escribió que Rubio le recordaba a un robot y que confiaba, para asegurarse, en verle pasar por un detector de metales.

Al menos, en esta competición tan trepidante entre adversarios con no demasiadas diferencias ideológicas entre ellos, es posible que salgan nuevas historias ridículas de otros candidatos nerviosos por los malos resultados, y la gente termine olvidando esa mala noche de Rubio. Lo ocurrido en las primarias de New Hampshire indica que el robot Rubio necesita pasar por el taller. Aún no es tarde para que le instalen la última versión del sistema operativo necesario para ganar unas primarias, siempre que no sea de Windows.

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Tres titiriteros

En un país tan dado a la fiesta y el cachondeo, resulta cómico que algunos de los mayores problemas para Manuela Carmena hayan venido del mundo de los festejos populares, antes la Cabalgata de Reyes y los toros, ahora el Carnaval. Queda claro que el Partido Popular y sus medios de cabecera no aceptaron quedarse sin mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Madrid y por tanto sin alcaldía, y que han utilizado todos los recursos posibles para intentar desgastar a Carmena y presentarla como lo que no es. Es la misma táctica que le estalló en la cara a Esperanza Aguirre en el famoso debate de campaña en Telemadrid, pero que puede tener otros efectos cuando funciona como la gota malaya y si en algunas ocasiones se origina a partir de errores propios que son convenientemente presentados como una hecatombe sociocultural.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Fantástico y delirante remix de ‘El resplandor’, es decir, ‘The Chickening’.

–El método de Scorsese.
Iñárritu explica la génesis de ‘The Revenant’.
–El clásico montaje de todas las películas ganadoras del Oscar.
–Los primeros planos de todo en el cine de David Fincher.
–Cien bromas o gags en los que se basan todas las comedias.
–Cómo George Lucas se hizo con el control de las secuelas de ‘Star Wars’.
–Hollywood, el paraíso del cine de los blancos.
Dos actores por el precio de uno.
–‘Salvar al soldado Ryan’ en plan Tarantino.
–El primer asesinato entre orangutanes.
Un elefante mata a un búfalo.
Extinciones masivas en el planeta.
‘Las meninas’ como mejor cuadro de la historia.
«El enfermo de Europa» es un apelativo muy utilizado en la historia.
–El fin del imperio romano.

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Damasco está a punto de infligir la derrota definitiva a los insurgentes

La imagen de decenas de miles de personas que se dirigen a la frontera con Turquía es la mejor muestra de que la última ofensiva del Ejército sirio contra los grupos insurgentes en Alepo nunca ha estado tan cerca de tener éxito como ahora. El apoyo aéreo ruso está siendo decisivo, como lo ha sido en otros puntos, para que los militares, ayudados por milicianos de Hizbolá, obtengan una ventaja estratégica decisiva.

Fue el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, el que dio la cifra de 70.000 nuevos refugiados en los últimos días con la intención de pasar a Turquía, una cifra probablemente exagerada. En la tarde del viernes, fuentes de la ONU calcularon que entre 15.000 y 20.000 personas estaban en la zona fronteriza. pero la cifra no dejará de aumentar mientras haya posibilidades de escapar.

Todos ellos temen que si no tomaban ahora la decisión de escapar, no podrían hacerlo en el futuro. El Ejército está a punto de cortar por completo la conexión entre Alepo y la frontera turca (ese parece ser el caso del camino que lleva hacia el norte, no así para los que aún pueden huir hacia el oeste, donde persiste un corredor que muy pronto desaparecerá), lo que dejará a los insurgentes sin posibilidad de recibir suministros desde el país vecino.

Los habitantes de Alepo (unos 300.000 viven en las zonas de la ciudad controladas por los insurgentes) que han emprendido la huida saben de qué están huyendo. Temen que cuando Alepo quede rodeada será sometida a continuos bombardeos y a un cerco por hambre, como los que se han sufrido en otras zonas de Siria. Es en ese momento cuando la decisión de juntar todo el dinero que tengan y la ropa que puedan llevar encima se convierte en una opción tan desesperada como lógica.

frontera siria

Una refugiada siria se dirige el viernes a la frontera de Oncupinar en Kilis, Turquía.

Algunos analistas consideran que esto es el principio del fin para los insurgentes sirios, que dejarían de ser una fuerza capaz no ya de derrotar a Damasco, sino de representar una amenaza real. Alepo es importante por razones simbólicas (antes de la guerra era la ciudad más poblada del país) como por su cercanía a la frontera turca. El norte del país fue escenario desde finales de 2014 de importantes avances de los insurgentes gracias a una coalición de grupos en la que el Frente Al Nusra, vinculado a Al Qaeda, era la fuerza predominante. Fue precisamente esa ofensiva, centrada en la provincia de Idlib, la que provocó la decisión de Moscú de aumentar su ayuda militar a Asad y enviar decenas de aviones.

Al Nusra parece consciente de que la intervención rusa y lo ocurrido sobre el terreno en los últimos meses ha cambiado por completo el balance estratégico. Por eso, en enero propuso a otro grupo, Ahrar al-Sham, la fusión de ambos en una sola organización. Estaba dispuesta a abandonar su nombre, pero no su relación con Al Qaeda. Ahrar al-Sham, que ya colaboró con Al Nusra en la ofensiva de Idlib, rechazó la idea. En una nueva confirmación de que un frente unido insurgente es imposible –y eso sin contar a ISIS–, Ahrar al-Sham dejó claro que la suya es una lucha circunscrita a Siria y que no es una yihad global, una idea a la que Al Nusra nunca renunciará por su conexión con Al Qaeda.

Para confirmar esa división, días después del fracaso de esas conversaciones hubo enfrentamientos armados entre estos dos grupos insurgentes en dos ciudades. Otros grupos mediaron para acordar una tregua que no es probable que dure mucho tiempo.

Si los enemigos de Asad pierden la posibilidad de recibir suministros desde Turquía, la capacidad de influir del Gobierno de Ankara en la guerra siria quedará reducida al mínimo. Moscú se ha adelantado a una posible reacción turca a la desesperada con el anuncio de que Turquía podría enviar soldados a territorio sirio, supuestamente con la excusa de gestionar la situación humanitaria de estos nuevos refugiados. No se aprecian indicios sobre el terreno de que esto sea así, pero quizá los rusos estén enviando un mensaje a Ankara para que descarte esa posibilidad.

Algunos titulares indican que con esta ofensiva sobre Alepo los insurgentes están a punto de perder la guerra. Quizá sea exagerado, pero lo que es seguro es que los enemigos del Gobierno han perdido ya la capacidad de provocar una situación en la que el régimen se venga abajo. Lo que parecía que podía ocurrir cuando tomaron Idlib y empezaron a amenazar la provincia costera de Latakia, ya es imposible.

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Homs, hoy

2016 Drone Aerial from Homs, Syria from Mohamad Hafez on Vimeo.

Son imágenes recientes de la ciudad siria de Homs, de lo que queda de amplias zonas después de cinco años de guerra. Han sido rodadas por el equipo de una productora rusa que trabaja habitualmente con los canales públicos rusos de televisión y que utiliza drones para ofrecer el estado de los lugares del país más castigados por la destrucción. Algunos de sus vídeos se pueden ver en la página de YouTube de su responsable, Alexander Pushin.

El hecho de que sea un equipo ruso ha dado lugar a algunos comentarios que aprecian una intención propagandística. Podrían servir para justificar la intervención rusa en favor del Gobierno de Asad. Pero las imágenes son las que son y corresponden a una realidad que no se puede obviar. Además, la mayor parte de esos edificios fueron destruidos por los ataques aéreos y de artillería del Ejército.

También se han presentado como ejemplo de aquello de lo que huyen los refugiados sirios que están en Europa o intentan llegar a territorio europeo. Hay que apuntar que estas zonas destruidas de Homs están abandonadas desde hace mucho tiempo.

Homs –la tercera ciudad del país con más de un millón de habitantes, contando los suburbios, antes de la guerra– fue el lugar de una de las primeras movilizaciones masivas contra Asad en 2011. Al año siguiente, al no haber podido sofocar la revuelta, Asad lanzó una ofensiva general sobre la ciudad, algunas de cuyas zonas controladas por los insurgentes fueron bombardeadas durante semanas. Es posible que las imágenes que vemos ahora correspondan al distrito de Baba Amr, que quedó completamente arrasado.

El régimen fue recuperando año a año más territorio hasta que a principios de 2014 sólo quedaba la Ciudad Vieja fuera de su alcance. La posición de los insurgentes era insostenible hasta que aceptaron la retirada gracias a la mediación de la ONU. Primero, fueron evacuados 1.400 civiles que vivían en esas zonas sufriendo todo tipo de privaciones. En mayo de 2014 se retiraron los últimos insurgentes que resistían en un punto de la Ciudad Vieja, y en diciembre de 2015, otros que estaban en un suburbio occidental de la ciudad.

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Cameron sólo se tiene que preocupar por las portadas

sun cameronDavid Cameron tenía muchas ganas de llegar a un acuerdo con la Comisión Europea con vistas al referéndum sobre la permanencia o salida del Reino Unido de la UE. Cualquier acuerdo. Dirige un partido que no tiene un sector euroescéptico potente, como en la época de Thatcher. En realidad, todo el partido es euroescéptico, con alguna excepción. Pero Cameron siempre ha dado la impresión de que nunca lideraría una campaña por el no a Europa, y como es el primer ministro no puede ponerse de perfil ante un tema tan importante.

La City londinense juega un papel básico en la financiación de las campañas electorales tories, así como algunos de los grandes empresarios del país. Todos ellos están en contra de romper con Bruselas para siempre. No se creen la versión de los partidarios de la salida, entre los que hay miembros del Gobierno, según la cual las normas de la Organización Mundial del Comercio impiden que el país pierda el acceso a los mercados europeos. Eso es un sueño no basado en hechos reales que el mundo de la empresa no se traga.

El acuerdo al que llegaron Cameron y Donald Tusk está muy por debajo de lo que pretendían los sectores antiUE, pero entra dentro de lo que el primer ministro creía que podía conseguir. Para estar a la altura de la obsesión contra la inmigración que su partido y los medios de comunicación conservadores han inculcado durante años, debía obtener algo en relación a los derechos de los trabajadores comunitarios en Gran Bretaña. No podía dejarles sin acceso a prestaciones sociales, pero necesitaba algo que sirviera para armar un titular.

Ya lo tiene, aunque se queda muy lejos de lo que reclamaban los euroescépticos tories y también de lo que ha comentado en los últimos meses. Pretendía que los ciudadanos de la UE que van a trabajar al Reino Unido no puedan tener la posibilidad de solicitar los mismas prestaciones que los británicos, por ejemplo el subsidio de desempleo y las ayudas por hijo o para pagar la vivienda. Eso siempre que hubieran trabajado el tiempo suficiente en el país. La idea de los euroescépticos es que si alguien se quedaba en el paro se viera obligado más tarde o más temprano a regresar a su país.

spectator ueAlemania, Polonia y otros países no lo aceptan porque en la práctica supone poner fin al derecho a la libre circulación de los trabajadores europeos dentro de la UE. El problema de los tories es que están muy a favor de la libre circulación de capitales, pero no son tan liberales cuando piensan en los trabajadores.

De ahí que Cameron presionará a la Comisión para que su Gobierno pudiera imponer lo que se llamó «un freno de emergencia», es decir, interrumpir el derecho a recibir esas ayudas durante al menos cuatro años a partir de la llegada de esas personas al país. Nadie vive cuatro años seguidos si no obtiene ningún ingreso. Es una forma indirecta de expulsarlos.

La concesión que se le ha dado es permitir a Londres que esa posibilidad exista, pero no será automática. En primer lugar, tiene que ganar el ‘sí’ en el referéndum, y después Londres tiene que promover un proceso que, teniendo en cuenta cómo funciona todo en la UE, se podría prologar durante muchos meses, quizá hasta 18. No exigirá un cambio en los tratados, lo que aseguraría un proceso interminable y condenado al fracaso, sino una reforma legislativa convencional. Aun así, no será automático ni rápido como pretende hacer creer Cameron, y no es seguro que lo pueda conseguir.

La recepción del acuerdo por la prensa conservadora deja claro que Cameron no tendrá el apoyo de aquellos que ya han apostado por el Brexit, lo que no es nada sorprendente. Lo que le importa para poder culminar esta legislatura que acaba de comenzar, y que será para él la última, es que los pesos pesados del partido le apoyen ante el referéndum. Si gana el ‘no’, todos están pringados y nadie podrá reclamar su dimisión, al menos nadie que esté en condiciones de derrotarlo en una votación en el grupo parlamentario.

Parece que eso es lo que ha conseguido de momento porque la ministra de Interior, Theresa May, y el alcalde de Londres, Boris Johnson, no se van a rebelar. Lo mismo obviamente se puede decir del número dos del Gobierno, el ministro de Hacienda, George Osborne. Ellos son los que se disputarán el liderazgo de los tories para la próxima legislatura.

Eso sí, la prensa tory le va a machacar hasta que se celebre el referéndum, probablemente el 23 de junio. Pero ya contaba con eso. Ahora pedirá el sí en la consulta a la UE, y si pierde en las urnas, se quedará en Downing Street.

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Trump tiene una forma divertida de no saber perder

trump avion

Estaba claro que Donald Trump no nos iba a decepcionar. Tras la decepción de Iowa, vuelve al modo dinamitero para atacar a Ted Cruz, y no por cualquier cosa. Como todo mal perdedor que se precie, el millonario denuncia que el senador de Texas consiguió una victoria fraudulenta en el caucus.

Primero, escribió que Cruz había «robado ilegalmente» la victoria. Como no hay formas legales de robo, excepto quizá en el mercado inmobiliario en el que Trump ha enfocado sus negocios, borró el tuit y escribió el que está arriba. Pero aún hay más.

No todo lo que dice Trump forma parte de su imaginación, pero pertenece al tradicional juego sucio que siempre hará acto de presencia en algunas primarias. Con la batería de tuits, el millonario vuelve a ponerse en los titulares de los medios, que es el campo de batalla que conoce mejor. Y vuelve a infundir temor entre los republicanos porque el tipo que denuncia un fraude en la primera cita en las urnas es muy capaz de presentarse como candidato independiente si no alcanza la nominación republicana.

New Hampshire es la próxima cita en las primarias. La primera encuesta conocida tras Iowa, aunque realizada en tres días –antes, durante y después del caucus–, mantiene a Bernie Sanders con una clara ventaja sobre Hillary Clinton entre los demócratas: 61%-32%.

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Ted Cruz, el talibán republicano, vence en Iowa

cruz mitin

El nivel de la decepción sufrida por Donald Trump en el caucus de Iowa se mide en un dato. A la hora en que escribo esto, el millonario lleva 12 horas sin tuitear. Su cuenta de Twitter que utiliza siempre a través del móvil ha sido un elemento básico de su estrategia de campaña y fuente además de noticias para los medios de comunicación.

En estas primarias que han desmentido muchas tendencias habituales en los procesos electorales de EEUU, al final se ha vuelto a lo clásico en Iowa: ha ganado un candidato del ala más derechista del Partido Republicano con un mensaje volcado en los valores religiosos y que contaba con una buena organización territorial con mucho dinero para gastar y voluntarios disponibles para mover el voto hasta en el lugar más recóndito. Además, Cruz no ahorró en combustible. Visitó cada uno de los 99 condados del Estado. Esos factores te dan la victoria en un Estado como Iowa –también la disfrutaron antes Mike Huckabee y Rick Santorum sin que eso les convirtiera en el gran rival a batir–, pero no te convierten necesariamente en favorito.

(Hay pronósticos periodísticos que no se cumplieron. No fue cierto que un aumento de la participación perjudicaría a Cruz y Clinton. Los caucus de 2016 tuvieron la segunda mayor participación de la historia, por detrás de 2008.)

Pero sería un error creer que todo volverá a la norma no escrita en las primarias. No con Donald Trump de por medio. Los analistas siempre han dicho que él no resistirá durante mucho tiempo el impacto de una derrota o un segundo puesto allí donde lo dio todo para ganar. Su aura de ganador, su retórica habitual contra los rivales, los medios que le critican o cualquier persona que le caiga mal, a los que tilda con frecuencia de «perdedores», hace dudar de su capacidad para encajar el golpe y seguir adelante. Son los mismos analistas que dijeron hace tiempo que Trump estaba acabado o en proceso de autodestrucción después de haber vulnerado alguna regla sagrada de las campañas republicanas (la última, despreciar a Fox News). Estaban equivocados antes, puede que lo estén ahora.

El mayor problema para Trump es que lo ocurrido en Iowa se convierta en tendencia. En sondeos donde lo que se expresa es el apoyo a las críticas y denuncias de un candidato, Trump puede cotizar alto por apelar al cabreo más intenso sentido por los votantes republicanos contra el sistema político. Pero cuando toque en cada Estado votar en primarias muchos recordarán que él no es en realidad un conservador pata negra.

Lo cierto es que una vez que comienzan las primarias es un error creer que son las encuestas nacionales las que marcan la tendencia. Los candidatos que han ganado las últimas primarias en cada Estado son los que acaparan la atención de los medios y los que ven aumentada su capacidad de recaudar dinero. Ganar es el camino más adecuado para seguir ganando.

Gloria a Dios en los cielos

«To God be the glory», dijo Ted Cruz en el estrado en el arranque del discurso de la victoria. Quizá muy apropiado para la audiencia evangélica que le ha llevado a la victoria. También no deja de ser una apelación similar al «Allahu Abkar» (Dios es grande) de los musulmanes, que a fin de cuentas no tiene por qué ser una invocación integrista, sino un reconocimiento de la gratitud a Dios.

No son sólo las expresiones religiosas las que convierten a Cruz en un fundamentalista, y en más de un campo. Es uno de los líderes naturales del Tea Party en el Congreso, pero a diferencia de muchos de sus colegas de ese campo, no es el conservadurismo fiscal lo único que le motiva. Su rechazo de la reforma sanitaria de Obama es tan radical que le llevó a provocar el cierre temporal de la Administración federal. Se opone al aborto de forma que no le importa recibir el apoyo de personas o grupo que aceptan el uso de la violencia contra clínicas donde se practican abortos o se dan consejos sobre planificación familiar. Y algunos de esos ultras han sido nombradas para trabajar en la campaña de Cruz en estados del sur.

Cruz es también un radical en su forma de trabajar. Su reputación entre otros senadores republicanos es horrible. Para muchos, es incapaz de trabajar en equipo, de escuchar puntos de vista ligeramente diferentes al suyo; para otros es simplemente idiota.

Rubio y los neocon

El resultado de Iowa da un impulso a Marco Rubio, cuyo tercer puesto con el 23% le coloca en primera posición de la otra carrera, el ranking de los candidatos que no se llaman Trump ni Cruz, la preferida por el establishment republicano. Las encuestas del día de votaciones indican que muchos de sus votantes se decidieron por él en el último momento. Su porcentaje superó con holgura el 15% que le daba el sondeo más citado en los últimos días, el publicado por el diario Des Moines Register.

Rubio ha sido presentado en muchos artículos como la alternativa moderada (o no demente en algunos casos) a Trump o Cruz, cuando en realidad no lo es.

Lo era antes de las primarias al estar dispuesto a aprobar una reforma del sistema de inmigración que hiciera posible la regularización de la situación de muchos sin papeles que residen en EEUU desde hace años y que pueden demostrar arraigo. Obviamente, cuando se presentó en las primarias había ya pocos indicios de que estuviera dispuesto a llegar tan lejos, ya que entre los republicanos todo lo que no sea mano dura contra los inmigrantes se considera un suicidio político.

Donde Rubio sí que es el favorito es en la carrera por elegir al candidato más cercano a los neocon. En los casos de Irán y Cuba, pretende revertir los acuerdos promovidos por Obama y volver a la política de confrontación total con estos países. Ahora que muchos republicanos muestran su escaso interés por iniciativas imperiales tras el fiasco de Bush, Rubio mantiene ideas belicistas que harían más probable las intervenciones militares de EEUU en el exterior. Resulta aún más revelador que Rubio haya cortejado el apoyo del multimillonario Sheldon Adelson, el más influyente embajador de Netanyahu en EEUU, para el que la clave de su cuenta corriente pasa por un apoyo completo y ciego al primer ministro israelí. De entrada, el senador de Florida ya cuenta con el dinero de Paul Singer, otro millonario de ideas similares a las de Adelson.

Clinton, tan favorita como vulnerable

Los demócratas han anunciado esta tarde el resultado definitivo del caucus de Iowa con una victoria de Hillary Clinton de 0,2 puntos, lo que viene a ser un empate. Cómo habrá sido la cosa que en seis distritos, el recuento de partidarios de Clinton acabó en un empate y la decisión de asignar cada delegado a Clinton o Sander se dilucidó por el viejo sistema de lanzar una moneda al aire. Para los amantes del azar: en esos seis casos, el cara o cruz favoreció a Clinton.

La primera impresión de muchos, que ya veían venir otro cataclismo de la ex secretaria de Estado como en 2008, ha sido declarar que la antes favorita y luego no tanto ahora vuelve a ser favorita. En un Estado propicio para Bernie Sanders (con un 91% de blancos y en el que cuatro de cada diez votantes demócratas se identifican como socialistas), alcanzar sólo un empate es un resultado que se le queda corto.

Pero un proceso electoral tan largo como el norteamericano es precisamente eso, un proceso en que importa de dónde vienes, en qué punto estás ahora y hasta dónde puedes llegar. Y si tenemos en cuenta que hace casi un año Clinton tenía una ventaja de cerca de 60 puntos sobre Sanders, se puede decir que el senador de Vermont no podría haber empezado mejor las primarias. Otra cosa es que Clinton sigue siendo más fuerte en ciertos sectores sociales y que goza del apoyo generalizado del establishment del partido. Esos factores peligran si el entusiasmo está más en el lado del rival.

Un 84% de los asistentes demócratas a los caucus de menos de 30 años votaron a Sanders. Y el 62% de los que tienen entre 30 y 39 años. No son sólo los más jóvenes los que tienen esperanzas en este hombre de 74 años.

Ahora miremos al otro lado. Un 69% de los que tienen más de 65 años votaron a Clinton. Y el 58% cuya edad va de 50 a 64 años. Como en otros países occidentales, hay en las primarias demócratas una inmensa brecha generacional que condiciona el apoyo a los candidatos. No es muy diferente a lo que ha pasado en las elecciones de 2015 en España y Gran Bretaña, si en vez de candidatos nos fijamos en los partidos. La edad se ha convertido en un factor diferencial en las preferencias de los votantes en los países occidentales.

Como la gente mayor vota más que los jóvenes, digamos que ahí Clinton tiene ventaja. Pero no olvidemos un dato esencial: Hillary es una mala candidata que sólo en contadas ocasiones o con algunos temas es capaz de transmitir con pasión aquello en lo que cree. Y los votantes demócratas tienen una idea clara: su experiencia política es innegable, pero con ella resulta ingenuo creer que habrá algún cambio en política económica o prácticamente en cualquier tipo de política.

Una eternidad de tiempo después, Donald Trump despertó en Twitter para confirmar que aún sangra por la herida. Un poco como en la fábula del zorro y las uvas, ahora Trump dice que Iowa estaba muy verde para él.

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