Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Stanley Kubrick season from kolominsky on Vimeo.

Una promo de Channel 4 en 2009 se imagina el rodaje de ‘El resplandor’.

–Las cosas se van a poner violentas en ‘House of Cards’.
–James Bond bebía demasiado.
–Tarantino y sus amigos.
–El descenso del crimen en Nueva York desde 1990 es espectacular.
–Un piano mágico en la estación de tren de Chicago.
–En Kiev hacen las barricadas a lo grande.
–¿Hay demasiada gente en el planeta?
–La ‘pata de elefante’ en Chernobil.
–China prohíbe la sopa de aleta de tiburón en los banquetes oficiales.
No es bueno quedarse dormido cerca de una anaconda. [No, no se comió a nadie dormido. Gracias jn.]
–A los romanos les gustaba mucho el sexo, pero en realidad eso tenía que ver mucho con la esclavitud.

Publicado en Cosas del sábado | Etiquetado | 3 comentarios

Los gobiernos europeos abandonan a su suerte a los refugiados sirios

Por muchas diferencias que haya a la hora de analizar lo que ocurre en Siria, hay una idea que no se puede negar. Los países europeos se han desentendido por completo de la suerte de los refugiados sirios. Todas las declaraciones de los gobernantes de la UE sobre el drama de la guerra y la necesidad de poner fin al conflicto se convierten en una cháchara hipócrita al examinar la suerte de las personas desplazadas por el conflicto bélico.

No es una novedad. Países como Irán y Pakistán han podido tener un comportamiento discutible o rechazable en relación a las guerras de Afganistán, pero es indudable que desde los años 80 han albergado a millones de refugiados que han huido del país vecino. Los países occidentales no pierden la oportunidad de dejar claro qué es lo que se debe hacer para poner fin a esas guerras, pero pocas veces asumen la responsabilidad sobre las consecuencias de esas decisiones.

La situación de los refugiados sirios es ahora aún más dramática por el frío y el temporal de nieve que afecta a varios países de Oriente Medio en los últimos días. La foto de arriba es de una cola de refugiados para registrarse en localidad libanesa de Arsal, en el norte del país. Esta otra foto de otro pueblo de Líbano (al sur de Beirut) indica cómo están cayendo las temperaturas.

En Arsal, unos 200 hombres, mujeres y niños llegaron el miércoles después de atravesar en condiciones terribles las montañas que separan ambos países. De momento, el Gobierno libanés se niega a permitir campos permanentes de refugiados, como ya los hay en Jordania y Turquía.

Amnistía Internacional denuncia la conducta de los gobiernos europeos por haber acogido a sólo 12.000 sirios, sólo el 0,5% de los 2,3 millones de personas que han huido del país.

Sólo 10 Estados miembros de la UE han ofrecido plazas de reasentamiento o admisión por razones humanitarias a personas refugiadas procedentes de Siria. Estos son los datos de AI:

Alemania ha sido, con diferencia, el Estado más generoso al comprometerse a acoger 10.000 refugiados, es decir, el 80 por ciento del número total de refugiados que la UE se ha comprometido a acoger.

Excluyendo Alemania, los 27 Estados miembros de la UE restantes se han ofrecido a acoger solamente 2.340 refugiados de Siria.

Francia sólo ha ofrecido 500 plazas, es decir, el 0,02 por ciento del número total de personas que han huido de Siria.

España ha aceptado acoger sólo 30, el 0,001 por ciento de los refugiados de Siria.

Dieciocho Estados miembros de la UE –entre ellos Reino Unido e Italia– no han ofrecido una sola plaza.

Aquí falta una referencia a Suecia, donde el Gobierno ha adoptado una actitud diferente, aunque está por ver cuántos sirios tendrán asilo allí. Es difícil que los refugiados lleguen directamente a Suecia, y si han pasado por otros países de la UE, las normas de la Unión podrían ser suficientes para impedirles permanecer en el país.

En términos de dinero, los países europeos prefieren gastarlo en reforzar sus fronteras. Cuestión de prioridades.

Publicado en Europa, Siria | Etiquetado , , | 13 comentarios

La escoria humana Jang y otros pecados desviacionistas

La noticia de la ejecución de Jang Song Thaek (en adelante, el traidor Jang), tío de Kim Jong Un, nos permite examinar de cerca la forma en que un régimen como el norcoreano justifica la eliminación de una de las figuras más importantes del Gobierno. Aquí la puerta giratoria lleva directamente al patíbulo. Por lo que se ve en la prolija descripción de las actividades ilegales del  el traidor Jang, parece mentira que tardaran tanto tiempo en pillarle. Evidentemente, no faltan las referencias a la conducta depravada. Es algo típico en las purgas que se sugieran conductas inmorales de cintura para abajo.

Con razón había tanto interés en Pyongyang a esta noticia.

Esta es la traducción oficial al español de la nota difundida por la agencia norcoreana de noticias:

Pyongyang, 13 de diciembre (ACNC) — Cuando estremecen todo el país los gritos de indignación del ejército y el pueblo de la República Popular Democrática de Corea quienes reclaman la severa sentencia de la revolución a los fraccionalistas antipartidistas y contrarrevolucionarios desde que supieron la información sobre la reunión ampliada del Buró Político del Comité Central del Partido del Trabajo de Corea, tuvo lugar el 12 de diciembre el juicio militar especial del Ministerio de Seguridad Estatal (MINSEE) de la RPDC sobre el traidor Jang Song Thaek.

El juicio realizó la pesquisa sobre los crímenes del acusado que siendo caudillo de la fracción de versión moderna, formó su secta agrupando a las fuerzas malsanas durante largo tiempo y cometió el complot de derrocamiento del Estado con intrigas y métodos sucios con la ambición de usurpar el máximo poder de nuestro partido y Estado.  Sigue leyendo

Publicado en General | 53 comentarios

Israel y la Suráfrica del apartheid: la historia de una larga amistad

Netanyahu no fue al funeral de Nelson Mandela porque hubiera necesitado «centenares» de personas dedicadas de forma exclusiva a su seguridad. Este cálculo del viceministro de Defensa resulta un tanto exagerado, pero no hay que olvidar otro hecho: ¿cómo iba a ser recibido el jefe de Gobierno de un país que fue durante años uno de los mejores socios internacionales del odiado régimen del apartheid?

A lo largo de los años 60, ya con Mandela en prisión, la situación de Suráfrica no estuvo en primera línea de la atención internacional. Fue a partir de los 70 cuando la presión comenzó a aumentar, a lo que contribuyó la decisión de crear los bantustanes, pequeños estados dependientes económicamente de Pretoria y en los que supuestamente los negros disfrutarían de sus derechos. La burla resultó demasiado obvia, y por otro lado contribuyó a dejar patente la política racista del Gobierno.

Fue entonces cuando la ayuda israelí comenzó a ser especialmente valiosa para los africáners. El ministro de Información, Connie Mulder, viajó a Israel para explicar a sus anfitriones las ventajas propagandísticas de la creación de bantustanes. «Si nuestra política se lleva hasta sus últimas consecuencias, no quedará ningún negro con la ciudadanía de Suráfrica. Nuestro Parlamento no tendrá ya ninguna obligación moral de incluir políticamente a esta gente».

En los años 50 y 60, Israel se mostró crítico con el apartheid, pero a partir de la guerra de 1973 la mayoría de los gobiernos africanos rompieron relaciones. Suráfrica parecía ser una alternativa muy atractiva por razones económicas, políticas y militares. Esas ideas sobre los bantustantes incluso podían resultar provechosas en relación al problema palestino. De hecho, Ariel Sharon se mostró años después en conversaciones con periodistas o políticos muy interesado en ponerla en práctica. Así se lo confió al exprimer ministro italiano Massimo D’Alema.

En un folleto publicado por el Ministerio israelí de Turismo, cuando estaba dirigido por un dirigente del partido ultra Moledet, que decía inspirarse en las ideas de Sharon, se plasmaron estas intenciones. «El mapa de Sharon es sorprendentemente similar al plan de los protectorados de Suráfrica en los años 60. Incluso el número de cantones es el mismo, 10 en Cisjordania (y uno más en Gaza)», escribió Akiva Eldar en Haaretz hace diez años.

Empresarios de Israel y Taiwan fueron los únicos que entablaron relaciones comerciales con los bantustanes. El mayor de ellos, Bophutatswana, recibió permiso para abrir una oficina de representación en Tel Aviv.

En los años 70, fue Shimon Peres el artífice de los contactos con Suráfrica. Tratándose de Peres, el interés sólo podía ser militar. En noviembre de 1974, Peres viajó en secreto a Pretoria. En público, expresaba críticas al racismo institucionalizado de ese país. En privado, convirtió en estratégica la relación entre los ministerios de Defensa de ambos estados. A su regreso del viaje, escribió a las autoridades surafricanas: «Esta cooperación no se basa sólo en los intereses comunes o en la determinación de resistir ante nuestros enemigos, sino también en la base inmutable del odio que sentimos por la injusticia y nuestra negativa a aceptarla», como aparece reflejado en el libro ‘The Unspoken Alliance: Israel’s Secret Relationship with Apartheid South Africa’, de Sasha Polakow-Suransky.

En qué estaría pensando Peres cuando citó «el odio» a la injusticia de un Gobierno que se basaba en la idea de que los negros eran seres inferiores.

No era sólo una relación forzada por las circunstancias o por factores coyunturales. Peres les decía a sus nuevos amigos que esperaba que ambos obtuvieran frutos a largo plazo, y eso fue lo que ocurrió.

Al año siguiente, el viaje secreto fue a Suiza, donde se reunió con el ministro de Defensa P.W. Botha (que luego sería primer ministro) para sentar las bases de la cooperación militar. A partir de entonces, los altos cargos de Defensa y de la industria militar de los dos países se reunirían dos veces al año, y los jefes de los servicios de inteligencia, una vez.

Suráfrica informaba en esos contactos a Israel sobre «organizaciones terroristas palestinas y su relación con organizaciones terroristas del sur de África». Los gobiernos israelíes estaban sobre todo interesados en vender armas a Pretoria, relación que además siempre sería muy discreta.

En marzo de 1975, Israel ofreció a Suráfrica la venta de misiles Jericó, capaces de llevar cabezas nucleares. El jefe de la Fuerzas Armadas apoyó la compra de los misiles a pesar de su alto precio. Si al final pudieran llevar esas cabezas, supondrían un elemento clave de disuasión frente a rusos y chinos por si estos quisieran intervenir con más decisión en los asuntos africanos, según un informe del alto cargo militar.

Unos días después, Peres y Botha firmaron un acuerdo de defensa y seguridad que establecía que su existencia debería mantenerse en secreto. Era un pacto sin fecha de caducidad que impedía que alguno de sus firmantes pudiera renunciar a él de forma unilateral.

En junio, los mismos protagonistas volvieron a reunirse y el tema era la carga explosiva de los Jericó. Estaba claro que si los surafricanos estaban interesados en comprarlos era porque daban por hecho que estarían dotados con cabezas nucleares. Botha mostró su interés si llevaban «la carga adecuada». En el acta de la reunión, Peres aparece diciendo que «la carga adecuada está disponible en tres tamaños diferentes».

Finalmente, la venta no se produjo. El precio era demasiado elevado. Por otro lado, la planificación para el posible uso por Suráfrica de armas nucleares no estaba muy avanzada entonces. Pero eso no impidió otros acuerdos de cooperación en el tema nuclear. Diez años después, ambos países trabajaron en la puesta en práctica de una zona de pruebas nucleares en el Índico.

El regreso de los laboristas al poder en 1975 en Londres redujo el círculo de amistades para Pretoria, que dependía cada vez más de Israel en sus compras militares en el exterior.

Esa relación secreta se hizo más pública con la visita del primer ministro surafricano John Vorster a Israel en abril de 1976. Por rentables que fueran esos contactos, parecía difícil creer que alguien como Vorster fuera invitado a viajar a Israel. En 1939, este político, uno de los más importantes en la historia del régimen, se opuso públicamente a la participación en la guerra del lado de los aliados y formó parte de una organización pronazi y antibritánica de la que llegó a ser general de su brazo paramilitar. Por esa razón pasó dos años en prisión durante la guerra.

El recibimiento oficial fue caluroso, también en los medios de comunicación, y las protestas, escasas. «Las relaciones entre Israel y Suráfrica nunca han sido mejores», dijo el antiguo nazi. En su país, la prensa definió el viaje como uno de los mayores éxitos diplomáticos de Vorster en sus diez años en el poder.

El primer ministro Rabin elogió en la visita los objetivos comunes de ambos gobiernos: «Justicia y coexistencia pacífica». Se podría haber descrito de otra manera: Israel recibe cuantiosos fondos surafricanos y contratos para su industria militar. Suráfrica, material militar de primera calidad y asesoramiento. Y materia prima relevante para la propaganda del régimen: los herederos del pueblo perseguido por los nazis daban su aprobación moral a un régimen racista al que muchos comparaban con los nazis.

Adelantándose a la retórica que ya conocemos en esta última década, Vorster dijo que Israel y Suráfrica se enfrentaban a los enemigos de la civilización occidental. Claro que para Vorster civilización occidental significaba civilización blanca, y eso suponía en Suráfrica negar derechos políticos y sociales a la mayoría negra del país.

En público, los objetivos de la visita se centraron en aspectos comerciales, no militares. Sin embargo, ya el año anterior el acuerdo firmado incluía la compra de material por valor de 100 millones de dólares. Según el almirante Binyamin Telem, jefe de la Armada israelí durante la guerra del Yom Kippur, la visita de Vorster permitió ampliar esa cantidad hasta 700 millones.

«Nosotros creamos la industria de armamento surafricana», dijo después el embajador israelí en Pretoria Alon Liel. «Nos ayudaron a desarrollar todo tipo de tecnología porque tenían mucho dinero. Cuando desarrollábamos proyectos conjuntos, nosotros aportábamos la tecnología y ellos, el dinero. Después de 1976, hubo una historia de amor entre los servicios de seguridad y ejércitos de ambos países». 

Todos estos acuerdos militares debían mantenerse en secreto. Muchos miembros de la comunidad judía surafricana no sentían ninguna simpatía por el racismo institucionalizado. Ocurría algo parecido en EEUU. Por eso, era necesario disimular, y otros se ocuparon de la venta en los mercados más complicados. En un artículo en el NYT, Moshe Decter, de la organización American Jewish Congress, se apresuró a reaccionar: «la pequeña venta de armas» no era nada comparado con lo que Suráfrica compraba a Francia, Gran Bretaña y otros países. Negarlo era un ejemplo de «claro cinismo, evidente hipocresía y prejuicios antisemitas».

El Ministerio israelí de Defensa no tenía tales prejuicios. Envió en 1976 al coronel Amos Baram a Pretoria para que asesorara directamente al alto mando militar surafricano. No sólo sobre amenazas exteriores. «Si sabes defenderte contra el enemigo fuera de tus fronteras, sabrás cómo ocuparte de él dentro de tus fronteras», dijo después Baram. La amenaza que sufría el régimen del apartheid tenía un obvio componente interno (la mayoría negra), y el coronel israelí tenía ideas que compartir al respecto.

A diferencia de Telem, al que le indignó que los empleados negros de la embajada israelí cobraran diez veces menos que los locales que trabajaban para la legación alemana y que consiguió que el Ministerio acabara con esta discriminación, a Baram el apartheid no le causaba conflictos morales. Nunca hizo un comentario en público contra el sistema: «¿Por qué debería haberlo hecho? Yo les estaba aconsejando precisamente para que pudieran defenderlo».

Los surafricanos también tenían la oportunidad de aprender de otras maneras. El jefe del Ejército, Constand Viljoen, visitó los territorios ocupados palestinos en 1977 y se quedó maravillado por los controles militares israelíes. Le dejó boquiabierto lo concienzudos que eran: «A los árabes les cuesta atravesarlos como poco hora y media. Cuando el tráfico es muy alto, necesitan entre cuatro y cinco horas».

Observar cómo los israelíes controlaban a los palestinos resultaba muy instructivo para los surafricanos, que aplicaban estas enseñanzas en su propio país.

En noviembre de 1977, la ONU aprobó un embargo (de obligado cumplimiento a diferencia del embargo anterior de carácter voluntario) en la venta de armas al régimen racista. De más está decir que no afectó en absoluto a la exportación de armamento israelí. Ya con Begin al frente del Gobierno en Jerusalén, ese apoyo incluso se acentuó.

Sólo a mediados de los 80, cuando el aislamiento de Suráfrica era generalizado, los gobernantes israelíes aceptaron tener que abandonar su relación especial con el régimen de Pretoria. Los altos cargos militares y de inteligencia lo consideraron un gran error.

Ronnie Kasrils fue uno de los judíos surafricanos que se opuso con decisión al apartheid, cuando los miembros más destacados de su comunidad homenajeaban por ejemplo a otro judío, Percy Yutar, el fiscal del juicio que condenó a Mandela a cadena perpetua. Yutar terminó siendo presidente de la sinagoga ortodoxa de Johanesburgo.

Kasrils visitó los territorios palestinos en 2004. No se puede decir que lo que vio le recordara lo que había ocurrido en su país. Había importantes diferencias: «Esto es mucho peor que el apartheid. Las medidas israelíes, la brutalidad, hacían que el apartheid pareciera un picnic. Nunca atacamos con aviones de guerra las ciudades. Nunca tuvimos poblaciones sitiadas durante meses y meses. Nunca hicimos que los tanques destruyeran casas. Teníamos vehículos blindados y a la policía que usaba armas ligeras para disparar a la gente, pero no a esta escala».

Foto: Vorster visita el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén en 1976.

Brothers in arms. Israel’s secret pact with Pretoria. The Guardian.

Mandela, el revolucionario que no renunció a la violencia. Guerra Eterna.

¿Qué fue de la reconciliación económica en la Suráfrica de Mandela? Guerra Eterna.

Publicado en Africa, Historia, Israel | Etiquetado , , , | 10 comentarios

Pedimos la paz y la palabra

Un escrito firmado por 38 periodistas en apoyo a Ricardo García Vilanova, Javier Espinosa y Marc Marginedas

Siria es el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo. Desde el inicio de la guerra, más de 55 informadores han sido asesinados y cerca de 40 secuestrados o detenidos. Desde que el ISIL (Estado Islámico de Irak y Levante) –grupo vinculado a Al Qaeda– apareció en escena en el último medio año, informar sobre el terreno es prácticamente imposible. Los periodistas no somos bienvenidos, como ellos mismos han manifestado a través de diferentes redes sociales y medios de comunicación.

Ricardo García Vilanova, Javier Espinosa y Marc Marginedas eran conocedores de todos estos peligros y asumían el riesgo que corrían. No por ello dejaron de viajar al país árabe para seguir informando. Cuando el mundo desconocía lo que ocurría dentro de Siria, ellos decidieron adentrarse donde ningún occidental había llegado, aún a sabiendas de que estaban poniendo en riesgo su propia vida. En ese momento, el régimen de Bachar Al Assad perseguía a todo aquel que informase sobre lo que acontecía. Lo siguieron haciendo cuando las amenazas provenían del bando rebelde hoy fragmentado en numerosas facciones, algunas de ellas pertenecientes a Al Qaeda. No son militantes, son periodistas que creen en algo tan necesario como cada vez menos común en este oficio de contar historias: estar en primera línea, en el lugar donde suceden las peores cosas de una guerra. Los tres representan el compromiso, la honestidad y el rigor. Unos valores en decadencia en nuestra profesión.

Hoy, su actitud y ejemplo, se han vuelto del revés. Hoy toca convertirles en protagonistas para que alguien entienda que con ellos se han equivocado, que no son espías. Que son sólo periodistas. O para explicarle a quienes los tienen, que los secuestros no sirven más que para correr un velo negro sobre lo que sucede en el terreno. Que tras su secuestro, nadie querrá ir allí a entender lo que sucede.

Todos ellos tenían instinto de reporteros. Periodismo en vena más allá de trabajar para la plantilla de un medio –caso de Marc para El Periódico o Javier para El Mundo- o ejercer como freelance. Ricardo, a pesar de no contar con ningún aval y de tener que lidiar a diario con la tendencia hiperprotectora con la que los medios gestionan sus encargos, siguió haciendo coberturas sin esperar a que se las solicitasen. Sólo entendía la noticia donde suceden las cosas y la vivía de cerca, desde dentro, siempre pegado a su gran angular. Al margen de intereses corporativos o políticos.

En uno de sus primeros viajes a Siria, Ricardo recibió una misión por parte de una anciana de Sermen. Su nieto de 15 años acababa de morir por el disparo de un tanque del régimen. Mientras lo enterraba, entre lágrimas, tomó las manos del fotoperiodista. Se las besó y le pidió: «Cuenta al mundo cómo nos están matando». Desde ese día, cada vez que pulsa el botón, lo hace para devolver un trocito de vida a quienes viven rodeados de muerte.

Los que conocemos a Ricardo, sabemos que no va a gustarle nada todo este revuelo. Es un tipo discreto hasta la extenuación. No protesta; no critica; no dice nunca una palabra de más. Sólo actúa. Y lo hace con una fotografía tan subjetiva y extrema, que ante ella no se puede pasar página. Te obliga a detenerte. A observar y pensar. Dicen que los artistas se alimentan del aplauso. Ricardo es un artesano. Un pintor de historias. En sus fotografías, cinceladas con una sensibilidad fuera de lo común, se escuchan los llantos, se oyen las bombas, se huele la sangre y se encoge el alma. Hombre de pocas palabras, poco dado al espectáculo del valor y el reconocimiento, puede decirse que es la antítesis de la modernidad.

Plácid García Planas, compañero que ha tomado muchos cafés en las terrazas de Barcelona con Ricardo, nos lo dijo al principio de todo esto: «Ricardo es tan buena persona que no parece periodista». Quizá por eso acabó haciendo tan buenas migas con Javier Espinosa y comenzaron a viajar juntos. Javier Espinosa, otro ejemplo de esos que, con su discreción y sencillez, dan lecciones de periodismo y vida al tiempo que con una sonrisa nos hacen chiquitos y aprendices a todos los demás.

Ninguno de los dos es un kamikaze ni un suicida. No buscan el riesgo por el riesgo ni la adrenalina, no asumen ni un peligro más de los ya abundantes y estrictamente necesarios para contar lo que en un momento determinado hay que contar desde donde hay que contarlo. Los dos sabían perfectamente dónde se metían y eran conscientes de lo que estaban haciendo, cómo lo estaban haciendo y lo que les podía suceder. Porque lo sabían, porque ambos ya han vivido situaciones similares en el pasado y nunca tiraron la toalla, toca respetarlos aún más.

Marc Marginedas entiende el periodismo como un acto de libertad absoluto. Como un ejercicio de determinación destinado a cruzar los convencionalismos y contar historias de personas, historias asidas a la calle que demandan una alta dosis de polvo en los zapatos. Es terco. Nada jamás le ha detenido. Ni las fronteras que los hombres dibujan para encadenar aquello que en realidad les hace humanos; ni los remilgos de aquellos que cultivan la censura ni la mediocridad de quienes gestionan los medios y consideran que la información internacional es un producto caro y de bajo rendimiento e el que o merece la pena gastar. Contra todo lucha desde hace años, comprometido y convencido de que hay miles de historias que contar, pero que si no hay nadie que las narre, es como si en realidad no existieran.

El secuestro de Ricardo y de Javier, como el de Marc o el de James Foley, Austin Tice, Didier Françoise, Edouard Elias, Pierre Torres, Nicolas Henin, Bashar Kadumi, Samir Kassab, Ishak Mokhtar, Magnus Falkehed o Niclas Hammarström y el de los demás periodistas que cubrían la guerra siria hasta que alguien decidió taparles la boca no sólo va contra ellos, va contra la posibilidad de que los ciudadanos del mundo sepan lo que está pasando. Se llama libertad de prensa y en última instancia, democracia.

Es importante que sigan existiendo unas reglas que le permitan al mundo saber lo que sucede en las guerras. Por eso, pero sobre todo porque les esperan sus familias y sus amigos.

Los abajo firmantes (periodistas españoles e internacionales):

Alberto Arce, Gervasio Sánchez, Rafael Sánchez Fabrés, JM López, Diego Ibarra Sánchez, Ethel Bonet, Cesare Quinto, Omar Havana, Fabio Bucciarelli, Antonio Pampliega, José Miguel Calatayud, Álvaro Ybarra Zabala, Laura Jiménez Varo, Philip Poupin, Sergi Cabeza, Walter Astrada, Diego Represa, Gabriel Pecot, Andoni Lubaki, Maysun, André Liohn, Sylvain Cherkaoui, Javier Martin, Andrea Bernardi, Alberto Pradilla, Alfonso Bauluz, Samuel Rodríguez, Marc Javierre, Salvador Campillo, Plácid García Planas, Félix Flores, Manu Brabo, Mónica Bernabé, Rodrigo Abd, Javier Manzano, Iván M. García, Narciso Contreras, Mikel Ayestarán, Mayte Carrasco.

Publicado en Periodismo, Siria | Etiquetado , | 4 comentarios

Merkel ya ha votado en las próximas elecciones de Ucrania

Merkel y la CDU ya han tomado partido en la crisis ucraniana. No ya apoyar a la oposición, sino en concreto al líder de uno de sus partidos: el excampeón de boxeo Vitali Klitschko. Los democristianos y el Partido Popular Europeo lo consideran su gran baza para el futuro del país. No se cortan mucho. «Klitschko es nuestro hombre», dice una fuente del PPE a Der Spiegel:

«Muchos de estos contactos ocurren fuera de las cámaras. El partido de Klitschko, la Alianza Democrática Ucraniana por la Reforma (ADUR), fundado en 2010, se convirtió en miembro observador del Partido Popular Europeo (PPE). Las oficinas del PPE en Bruselas y Budapest están preparando al personal de ADUR para el trabajo parlamentario y facilitando apoyo para la implantación del partido en todo el país. La Fundación Konrad Adenauer, vinculada directamente a la CDU, también juega un papel importante. Klitschko ha solicitado a los asesores de Merkel recibir ayuda de la fundación. Cuatro diputados de ADUR visitaron Berlín la semana pasada y se reunieron con parlamentarios de la CDU y altos cargos de los ministerios de Trabajo y Justicia. Durante algún tiempo, la Fundación Konrad Adenauer ha preparado a políticos de la oposición ucraniana para que asuman responsabilidades en el contexto de un «programa de diálogo».»

Publicado en Alemania, Europa | Etiquetado , | 8 comentarios

No hay purga que no requiera retocar las imágenes

«Afectado por una forma capitalista de vivir, Jang cometió irregularidades y actos de corrupción, y llevo una vida disoluta y depravada». En la sesión presidida por Kim Jong Un, dos policías se acercaron al lugar privilegiado en el que se encontraba Jang Song Thaek, de 67 años, y se lo llevaron detenido. Jang era tío del máximo líder del país y el dirigente veterano más cercano a Kim.

Faltaba un elemento fundamental en una purga: el retocado de imágenes. En este caso, lo que se hizo fue volver a montar las imágenes de una noticia emitida antes. En diciembre Jang había desaparecido del nuevo montaje.

Publicado en Corea, Propaganda | Etiquetado , | 12 comentarios

Grecia va como un tiro… hacia el fondo

Grecia ha hecho muchos progresos y va por el camino correcto, dice el ministro alemán de Hacienda, Schäuble. Sólo hay que ver la evolución de los precios, inmersos en una caída hacia la deflación.

La evolución general de la economía revela que la caída del PIB no ha tocado a su fin, aunque el descenso es inferior al de hace un año. La renta disponible para los hogares se ha derrumbado un 22% en los últimos tres años.

Con casi una cuarta parte de la población en riesgo de caer bajo el umbral de pobreza, ahora la troika quiere que el Gobierno no renueve a fin de año la prohibición de los desahucios, vigente desde 2008 para las familias con viviendas tasadas por un valor inferior a 200.000 euros.

Todo bien, según Schäuble.

Publicado en Crisis, Grecia | Etiquetado , | 5 comentarios

¿Para qué sirven los sindicatos?

Otra gran viñeta de Barry Deutsch. Porque como dice uno de los personajes: «Además de fines de semana, el descanso para almorzar, cobrar las horas extras, baja de maternidad, planes de pensiones, salarios más altos y bajas por enfermedad, ¿qué han hecho por nosotros los sindicatos?».

 

Publicado en EEUU, Humor | Etiquetado , , | 22 comentarios

¿Qué fue de la reconciliación económica en la Suráfrica de Mandela?

No hay artículo sobre Mandela que no incluya la palabra reconciliación. Y es justo que así sea, pero se olvida con frecuencia, en especial si se habla del legado que dejó su etapa como presidente, lo que ocurre con lo que podríamos llamar la reconciliación económica, las aspiraciones materiales de millones de surafricanos negros que confiaban en que la dignidad de ser considerados como ciudadanos con plenos derechos políticos estuviera acompañada de una mayor prosperidad.

Este gráfico de The Economist describe el aumento de la desigualdad producido desde que el Congreso Nacional Africano llegó al poder. La brecha se abrió aún más, y si hay un grupo que se vio beneficiado de forma espectacular fue la comunidad de origen asiático. Y desde la salida de Mandela del poder el avance para la población negra ha sido casi inexistente.

El novelista surafricano Zakes Mda escribió hace unos días que para entender esas aspiraciones frustradas hay que conocer antes las contradicciones del propio Mandela, un revolucionario inspirado por el marxismo y al mismo tiempo un líder tribal de tendencias un tanto aristocráticas.

La reconciliación política suponía garantizar a la élite económica (blanca) del país que sus títulos de propiedad sobre empresas y viviendas serían respetados, pero también se prometió que el apartheid económico tocaría a su fin. Si ocurrió algo así fue en la cúpula económica, no en su base. Muchas empresas aceptaron que debían incluir a negros en puestos de dirección y hacer negocios con empresarios negros, una nueva clase privilegiada integrada en buena parte por dirigentes del CNA.

La figura más destacada en ese campo es Cyril Ramaphosa. Pudo haber sido el sucesor de Mandela en la presidencia, pero perdió en la votación interna ante Thabo Mbeki. Dejó la política y se convirtió en empresario. Ahora es multimillonario (fortuna estimada: 700 millones de dólares) y desde 2012 vicepresidente del CNA. Parece el mejor colocado para suceder en el poder a Jacob Zuma, aunque está por ver cómo le afectará formar parte del consejo de Lonmin, empresa minera de la que es accionista. Fue durante las protestas sindicales en una de las minas de Lonmin cuando se produjo la matanza de Marikana en agosto de 2012, la más cruenta represión policial ocurrida en Suráfrica desde 1960.

Como dice Mda, la corrupción extendida en la clase dirigente, de la que no se libra el actual presidente, y el hecho de que pocas cosas hayan cambiado para la mayoría negra ha provocado que la euforia de entonces haya sido sustituida por la decepción.

«Mandela articuló la aspiración a una democracia no racial en Suráfrica. Pero la realidad es que mientras se identifique a los blancos con la riqueza y a los negros con la pobreza, la auténtica reconciliación nunca será posible», dice Robert Schire, de la Universidad de Ciudad del Cabo.

Todo eso comenzó con Mandela en el poder en una decisión plenamente asumida por él. Abandonó por impracticable cualquier política de nacionalizaciones y abrió el país a los capitales extranjeros. Era muy consciente de que la mayoría negra no contaba con el nivel de educación necesario, tras décadas de marginación, para asumir las riendas de la economía o prescindir de los profesionales blancos. Como le explicó a John Pilger en esa época, la privatización iba a ser la norma, y no importaba lo que hubiera prometido antes porque «todo proceso supone cambios» sobre la realidad anterior.

Atraer a los capitales extranjeros que se habían mantenido alejados del país durante la última década de apartheid no era una tarea imposible en un país con cuantiosos recursos naturales. Aumentar el nivel educativo de la población negra resultó mucho más difícil. El fracaso más evidente fue la incapacidad de dotar de viviendas asequibles a las clases populares. El país tiene un déficit de no menos de un millón y medio de viviendas de ese tipo. Múltiples indicadores sociales revelan una situación dramática para la mayoría de los surafricanos.

Es cierto que la clase media negra se ha doblado desde los años 90, pero la tasa oficial de desempleo (25%) se eleva al 35% si se cuenta a aquellos que han desistido de buscar trabajo ante la imposibilidad de obtenerlo. Se espera que este año el PIB crezca un 1,9%, tres veces menos que el nivel necesario para crear empleo neto.

La gran paradoja es que son los blancos los que han visto mejorada su situación económica, a pesar de que obviamente ya no monopolizan los puestos de la Administración. Entre 1994 y 2012 su tasa de desempleo ha pasado del 3% al 5,7%, un porcentaje aún muy bajo. Su nivel educativo ha aumentado.

Si se establecen unos ingresos de 5.000 rands (352 euros) como umbral para marcar la tasa de pobreza, veremos que el porcentaje de población blanca por debajo de ese nivel ha pasado desde 1994 del 2% al 1%. En el caso de los negros, del 50% al 45%. Al menos, el gasto social ha permitido que la pobreza extrema (ingresos de dos dólares diarios) pasara del 17% al 5% en la población negra entre 2002 y 2010.

Suráfrica es en definitiva uno de los países más desiguales del planeta. Según el índice Gini, está en el puesto 157, el segundo peor país africano después de Namibia. El 40% más pobre del país sólo dispone de menos del 7% de la riqueza nacional.

El Gobierno de Mandela implantó un programa al que llamó GEAR (Growth, Employment and Redistribution). Crecimiento, empleo y redistribución. Si el fin del apartheid económico dependía de este último factor, no se puede decir que el balance esté a la altura del legado político de Mandela.

Foto: concentración en agosto de 2013 en recuerdo de los mineros muertos en la matanza de Marikana.

Ayer: Mandela, el revolucionario que no renunció a la violencia.

Publicado en Africa | Etiquetado , | 17 comentarios