–Fotografiando insectos.
–Necesitamos los paraguas chinos.
–El perfil de Obama escrito por Michael Lewis.
—MacArthur y el emperador Hirohito.
–La agencia iraní de noticias es como The Onion, pero con más ayatolás.
–Nada mejor que una errata en portada y en la primera noticia.
–Sorprendentemente, el iPhone 5 no sirve para jugar al baloncesto.
–El cabezazo de Zidane, inmortalizado.
—Raymond Chandler en 1948 sobre Hollywood y los Oscar.
En eldiario.es publicamos hoy las primeras páginas del libro «En deuda. Una historia alternativa de la economía», del antropólogo norteamericano David Graeber. Es un libro sobre la historia de la deuda muy recomendable y alejado de los puntos de vista habituales entre economistas. Aquí hago una reseña del contenido del libro.
Netanyahu puede estar tranquilo. Si se celebraran elecciones hoy en Israel, no tendría problemas para continuar encabezando un Gobierno de coalición con partidos derechistas y ultraortodoxos, según una encuesta publicada por Haaretz. Aunque el 53% dice estar insatisfecho con su gestión, la fragmentación del mapa político, el hundimiento de Kadima y la debilidad de la izquierda juegan en su favor. Si no hubiera ataque a Irán en otoño, es muy probable que las elecciones se adelanten. En cualquier caso, Netanyahu lleva ventaja. Puede dejar que concluya la legislatura o convocar nuevos comicios si algún socio de gobierno eleva sus exigencias en la negociación del presupuesto.
Hay pocas cosas más aburridas en este mundo que un discurso de un jefe de Estado o de Gobierno en la Asamblea General de la ONU. Sólo despiertan atención cuando algún político monta un número cómico-teatral. Chávez, oliendo a azufre en la tribuna. Gadafi, con una de sus indumentarias primavera-verano.
En la categoría stand-up comedy, Netanyahu ha puesto el listón realmente alto al aparecer con el dibujo de una bomba con mecha y todo, de las que terminan estallándole en la cara al coyote en su caza siempre frustrada del correcaminos. Marca ACME, desde luego.
Las parodias se han sucedido con rapidez, a cada cual mejor. Pero hay que hacer un esfuerzo para tomarse en serio el gag. No tenía nada que ver con el público en la sala. A Netanyahu no le puede preocupar menos lo que opinen los dirigentes del planeta cuando ni siquiera oculta lo mucho que le molesta que el presidente de EEUU no haya decidido ponerse a sus órdenes.
El auditorio no estaba en realidad en el plenario de la Asamblea General, sino en los medios de comunicación norteamericanos y en su público. Con este gesto teatral y arriesgado, pretende poner en primera línea del debate una crisis a la que los norteamericanos –preocupados por su crisis económica y las elecciones– no parecen prestar la atención necesaria.
A primera vista, el primer ministro israelí ha hecho el ridículo (nuclear for dummies), pero quién sabe. Se ha esforzado tanto para que Obama sea derrotado que tiene que apurar sus últimas cartas hasta el final, aunque lo más probable es que la bomba termine explotando en su cara.
El rey ha viajado a Nueva York sin que tuviéramos muy claro el motivo de la visita. Es así porque la Casa Real no informó de su programa completa con el argumento, utilizado en múltiples y embarazosas ocasiones, de que parte de sus contactos pertenecen a la «agenda privada».
Luego se ha sabido que el concepto de privado de la Casa Real es bastante peculiar. Incluía una visita a la redacción de The New York Times para explicar «la realidad española». ¿Hablaba el rey, acompañado del ministro de Exteriores, de España en su calidad de jefe de Estado o de amigo de alguno de los miembros del Consejo de Redacción del periódico? ¿Cuál es la parte de la palabra ‘privada’ que no termino de entender?
Pero lo más llamativo es la imagen de arriba. El rey asistió a la reunión de la Iniciativa Global Clinton y a los organizadores no se les ocurrió otra cosa que sentarle al lado de Hashim Thaçi, primer ministro de Kosovo, país al que España no reconoce desde que declaró su independencia de forma unilateral. Otros 91 países sí lo han hecho.
Detrás de ambos, está el ministro de Exteriores. No sé si algún periodista podrá preguntar a García Margallo si hubo algún tipo de conversación con Thaçi o si se saludaron. Es posible que nos digan que se trató de una conversación «privada» y no hay más que hablar.
Lo que me recuerda que en julio estuve unos días en Kosovo, que entrevisté –junto a otras personas– a Thaçi y a representantes de la oposición y que tengo pendiente de publicar en eldiario.es un largo reportaje sobre ese país. Siento el retraso. En serio, he tenido mucho trabajo últimamente.
El Senado de EEUU ya sabe de qué lado está en el enfrentamiento entre Obama y Netanyahu a causa del programa nuclear iraní. La duda ofende. Los senadores prefieren apoyar al líder de un país extranjero que a su propio presidente. Ya suponemos que los republicanos no van a sentir una cercanía especial con su adversario en plena campaña. Pero no se trata de una disputa ideológica. El resultado de la votación fue 90 a 1. Un margen que llenaría de orgullo a Kim Jong-un.
La resolución aprobada establece como prioridad impedir que Irán obtenga «la capacidad» de producir un arma nuclear. Y rechaza por completo la idea de la contención de un Irán con esa capacidad. Es decir, si Irán hubiera alcanzado esa posición, o estuviera a punto de hacerlo, aunque no hubiera completado la fabricación de una sola cabeza nuclear, la guerra sería la única respuesta. Obviamente, los senadores están mucho más cerca de la posición de Netanyahu que de la de Obama.
Por eso, grupos conservadores norteamericanos difunden anuncios contra Obama como el de arriba. No se necesita más carga de la prueba que las declaraciones del primer ministro israelí. Con eso es suficiente para ordenar que despeguen los aviones.
Netanyahu viaja en unos días a Nueva York para asistir a la Asamblea General de la ONU. Allí se entrevistará con Hillary Clinton, no con Obama, algo que se daba por hecho hace unos pocos meses. Estaba marcada como una de las citas clave para intuir lo que ocurrirá en otoño, si habrá o no ataque a Irán. Hasta que al final Obama se cansó de tanta interferencia de Netanyahu en la campaña electoral. Todo el mundo da por hecho que al israelí le encantaría una victoria de Romney. Está en su derecho, pero se supone que debería disimular un poco.
No ya la Casa Blanca, sino el propio mando militar norteamericano ha descartado apostar de momento por la carta de la guerra. Esa vía parece cerrada, por lo que Netanyahu ha activado el plan B de costumbre en las relaciones entre EEUU e Israel. Si la Casa Blanca no atiende a razones, AIPAC se ocupa de movilizar al Congreso contra su presidente.
Evidentemente, cualquiera que crea que eso demuestra el poder del lobby judío en EEUU es un antisemita desinformado de oscuras intenciones.
Una sátira de la crisis de la eurozona rodada por un británico. El marido es griego, la esposa es alemana, y hay dos vecinos implicados en la disputa familiar, una española y un británico. Aquí hay un resumen de la trama. Me temo que la realidad no va a acabar tan bien como esta historia.
Sarah Silverman, con su verbo refinado de costumbre, contra las leyes que los republicanos intentan aprobar en algunos estados norteamericanos para (supuestamente) luchar contra el fraude en las urnas. Estudiantes, jubilados y veteranos de guerra no pueden presentar sus carnés como prueba de identidad para votar, pero –qué sorpresa– el permiso de armas vale.
Destrozados por las encuestas casi desde el momento en que formaron la coalición de gobierno con los conservadores, los liberales demócratas no han levantado cabeza desde que ocuparon sus carteras ministeriales. Para intentar tapar esa hemorragia de votos, su líder, Nick Clegg, ha grabado una declaración en la que pide perdón por haber prometido en campaña que no permitiría el aumento de las matrículas universitarias.
Lo que ocurrió después fue justo lo contrario. El Gobierno permitió a las universidades subir las tasas hasta un máximo de 9.000 libras.
«Hicimos la promesa antes de las elecciones de que no votaríamos a favor de la subida de matrículas bajo ninguna circunstancia. Pero eso fue un error. Fue una promesa hecha con la mejor de las intenciones, pero no deberíamos haber hecho una promesa si no estábamos absolutamente seguros de que podíamos cumplirla».
Dice después que lo lamenta «porque cuando cometes un error, debes disculparte», pero no hay que olvidar que hablamos de políticos, expertos en presentar disculpas que no lo parecen. El viceprimer ministro no pide perdón por haber subido el precio de las matrículas, sino por hacer antes una promesa irrealizable.
«No debería haberme comprometido con una medida tan cara cuando ya no quedaba dinero. Aún menos cuando la forma más probable de entrar en el Gobierno era a través de una coalición con laboristas o conservadores, y ambos se habían comprometido a subir las matrículas».
Los culpables son los otros. El problema es que no había dinero. Es poco probable que el vídeo sea la salvación a la que aspira Clegg.
Lo cierto es que los políticos británicos son conscientes de que pedir disculpas –no siempre con la necesaria rapidez– puede ser la respuesta más apropiada cuando estás metido en un agujero. Para entendernos, lo contrario a seguir cavando. En el caso de Clegg, es también un agujero personal, no sólo colectivo. En las últimas semanas, la prensa informa que si no es ahora, será dentro de un año cuando algún dirigente ‘libdem’ se decida a disputar a Clegg el liderazgo del partido.
Clegg no es una excepción, por mucho que cada ejemplo sea diferente. Ed Balls, número dos de los laboristas, presentó sus disculpas en el Parlamento por el fracaso del Gobierno de Gordon Brown en tomar las medidas necesarias para impedir la crisis financiera. Ed Miliband ha hecho declaraciones similares.
En esta legislatura, David Cameron pidió perdón en nombre del Estado británico por los gravísimos errores cometidos por gobiernos anteriores en los casos de la matanza del Domingo Sangriento y de la catástrofe del estadio de fútbol de Hillsborough.
Esas cosas no pasan en España, donde hemos oído recientemente al presidente del Gobierno decir que es «la realidad» la que le ha supuestamente obligado a cercenar todas las promesas hechas en campaña. Hablamos no de augurios irrealizables sobre el lecho de rosas en el que los votantes podrían tumbarse si él ganaba las elecciones, sino de compromisos muy concretos hechos antes y hasta después de haber llegado al Gobierno.
«Quien me ha impedido cumplir mi programa electoral es la realidad», dijo Rajoy. Es una variante aún más cínica de la disculpa de Clegg. La culpa no es mía. Es de la realidad que me miró mal, que me rodea y está en todos los sitios.
Lo mismo se podría decir de Rubalcaba, que no ha encontrado el tiempo suficiente para asumir las culpas que le tocan a él y a su partido por los errores del Gobierno del que era vicepresidente. De Elena Salgado, ya ni hablamos, convencida de que todo lo hizo bien. A Zapatero se le ha escuchado decir algo sobre no haber sido capaz de apreciar la gravedad de la crisis o por llamarla «desaceleración». No exactamente una disculpa.
Y cuando Salgado comparecio en una subcomisión del Congreso para hablar de Bankia, el portavoz socialista insistió en que la crisis vino de fuera tras el estallido en EEUU de la crisis de las ‘subprime’. Nosotros sólo somos los damnificados.
La realidad exterior, en este caso.
‘El infierno son los otros’ es el lema de los políticos españoles. Ellos llevan puestas de serie las alas de los ángeles.
«The Battle for Syria», un reportaje de la PBS (televisión pública norteamericana), centrado en los grupos insurgentes.
«Among the Alawites» es un reportaje de Nir Rosen sobre la comunidad alauita en Siria.
Alawite identity turns on a minority complex and fear of Sunni domination. Alawites like to rehearse the story of their oppression. ‘The lot of the Alawis was never enviable,’ the Palestinian historian Hanna Batatu wrote. ‘Under the Ottomans they were abused, reviled and ground down by exactions and, on occasion, their women and children led into captivity and disposed of by sale.’ They were practically serfs to the Sunni feudal lords put in place by the Ottomans. It was only when the French mandate began in 1920 that the traditional Sunni elite was eroded and minorities, Alawites among them, began to enjoy a measure of social mobility. The Alawites pleaded in vain with the French to grant them a separate state that would protect them from a Sunni ascendancy.