Ráfagas – 2 septiembre

–Los militares norteamericanos suspenden el entrenamiento de una fuerza policial afgana. No pueden asegurarse de que los afganos no les disparen mientras se duchan.
–Pesimismo y resignación entre los iraníes.
–Holanda: en el norte de Europa también desconfían del euro. Por razones diferentes a las nuestras.
–Obama no cambió la política de Washington. No es que tuviera la menor posibilidad de hacerlo.
No parece que Romney haya conseguido un impulso en los sondeos gracias a la convención republicana.
–Ex jefe del Mossad: atacar a Irán asegura una guerra durante generaciones.
–Soldados israelíes golpean a periodistas extranjeros.

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Talibanes en Pakistán

Un equipo de la revista Vice regresa a Pakistán. Como era de esperar, encuentra que las cosas han empeorado en los últimos seis años en las zonas fronterizas con Afganistán.

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Clint Eastwood: el cachondeo

Con razón, nadie en la campaña de Mitt Romney quiso hacerse responsable de la aparición de Clint Eastwood en la convención republicana (fotos). De todas las sorpresas de última hora inventadas para animar un acto político previsible, esta ha sido una de las peores. No es extraño que Jon Stewart haya clavado el cuchillo hasta el fondo: «Nunca me había divertido tanto con un anciano desde que Dick Cheney disparó a uno en la cara».

Eastwood ni siquiera acertó con la cifra de norteamericanos en paro. No fue el único de las falsedades o errores que contenía su mensaje de 12 minutos, siete más de los que le habían pedido.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Películas de cinco segundos.

–Los títulos de crédito de las películas de David Fincher. Entrevista.
–La pasión del cine por el fin del mundo.
‘Deadwood’, una serie imprescindible.
–150 películas de Troma.
Michael Cimino y lo que te puede hacer la cirugía estética.
–El cruel ocaso de Bernardo Bonezzi.
–Martin Amis escribe sobre ‘La naranja mecánica’, de Anthony Burgess.
–Los hijos legítimos de la violación.
–Los lujos de Vladimir Putin.
–Fotografías de guerra increíbles, pero reales.
–Lo que hace un marine para no dormirse.
–En los años 40 había que enseñar a los hombres a dar órdenes a mujeres en el trabajo.
–La explosión controlada de una bomba de la IIGM en Munich.
–Una persecución… con cerveza.
Rio de Janeiro.
–Gasto en fichajes en el fútbol europeo. Inglaterra: 490 millones de libras. Italia: 310 millones. Alemania: 210 millones. España: 110 millones.

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Un Clint Eastwood de serie B

¿Clint Eastwood? Más parecía un Donald Trump envejecido con problemas para hacerse entender. El gran cineasta apareció anoche en la convención republicana (texto íntegro) con más aspecto que nunca de tener 82 años y, como decía alguien en Twitter, convertido en el típico anciano de raza blanca que le echa la bronca a alguien que no está en la habitación.

¿Yosemite Sam? Quizá el abuelo de los Simpson.

Ya sabíamos que Clint Eastwood siempre ha tenido ideas conservadoras, aunque por ser exactos es más un libertario de derechas que un republicano de carné. En su caso, eso quiere decir que está en contra de que el Estado meta la mano con frecuencia en el bolsillo del contribuyente, pero que también se opone a que husmee en el dormitorio de los ciudadanos por razones morales. Por eso, no hace mucho habló con desdén de los que quieren que se prohíba el matrimonio gay.

Pero no iba a apretar el cuello de los paleoconservadores en plena convención. Tocaba agitar la bandera y prestar todo el apoyo posible a Mitt Romney.

Falló el guión, porque hablar a una silla vacía en la que supuestamente estaba un Obama invisible sólo podía dar lugar a momentos de incredulidad y parodias posteriores (y la propia respuesta de Obama en su cuenta de Twitter).

Desde luego, los asistentes a la convención estaban maravillados. Tener a Eastwood allí en carne y hueso ya era un subidón. En la tele, quizá parecía otra cosa.

Eastwood sí estuvo a la altura de sus ideas libertarias con una pequeña diatriba contra los políticos:

And — so — they are just going to come around and beg for votes every few years. It is the same old deal. But I just think it is important that you realize , that you’re the best in the world. Whether you are a Democrat or Republican or whether you’re libertarian or whatever, you are the best. And we should not ever forget that. And when somebody does not do the job, we got to let them go.

Lo de meterse con los abogados quedaba en chiste de ‘talk show’ de Russ Limbaugh. Y un tanto ignorante. 25 presidentes de EEUU han sido abogados.

Por mucho que murmurara como si estuviera desdentado, seguía siendo Clint Eastwood, aunque el guión o la improvisación estaban un poco al nivel de Arnold Schwarzenegger en un día chistoso.

En cualquier caso, un respeto.

Durante varios de los años 70 fue el actor más taquillero del cine norteamericano. Sus películas de la serie Harry el sucio, injustamente descalificadas en Europa como cine reaccionario, tuvieron un éxito increíble, tanto porque era buen cine de acción (como es habitual en estos casos, más la peli original que las secuelas) como porque respondía a un problema social y político profundo.

No, no se trataba de promover la ley de fugas o la tortura. Era algo más complicado.

En los años 70, coincidieron en las grandes ciudades dos fenómenos explosivos: un aumento de la delincuencia e inseguridad ciudadana, y una población negra que ya se negaba a aceptar los excesos racistas habituales en los cuerpos policiales. A finales de los 60, los jueces habían impuesto los derechos incluidos en la declaración Miranda, y fue en los 70 cuando el enfrentamiento entre esas dos tendencias (la necesidad de reducir la inseguridad ciudadana y la de limitar los desmanes policiales) iban a entrar en conflicto.

Eastwood y el director Don Siegel captaron bastante bien en ‘Dirty Harry’ ese explosivo ambiente social a través de tramas policiales, en algunos casos tan estereotipadas y simplistas (por ejemplo, en el retrato despectivo de políticos y periodistas) como ocurre en muchas otras obras de cine negro. A ver si alguien cree que todos los detectives privados eran como Philip Marlowe.

A partir de los 90, Eastwood hizo otro tipo de cine, y también nada complaciente otra vez con ciertos aspectos de la cultura política de su país. Por ejemplo, en ‘Million Dollar Baby’ (contra esa idea de la santidad de la vida) y ‘Banderas de nuestros padres’ (lo que oculta el patriotismo en guerra). Supongo que quizá por eso hubo gente que se sintió sorprendida  y hasta decepcionada porque el actor haya ‘actuado’ en la convención del partido republicano más derechista que se recuerda.

La pregunta que hay que hacerse es: ¿no terminó Clint Eastwood tapando la intervención de Mitt Romney? No sabría decirlo, porque no he podido leer o escuchar la intervención del candidato republicano. Sí he leído que fue un discurso normal, el que se podía esperar de alguien como Romney, jugando a seguro, sin transmitir una pasión especial e intentando no cometer errores.

La atonía de Romney de costumbre. Nada que hacer ante Eastwood, ni siquiera en su versión del ‘angry white man’ que habla solo.

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El loco mundo de los republicanos

–Mitt, olvídate de tu mujer y de Paul Ryan. También de los panegíricos sobre la convención republicana y de las ovaciones y el confeti. Si quieres que los norteamericanos te voten, tienes que gustarles. Dentro de unas horas, el candidato republicano pronuncia su discurso en la convención. Será el primer paso en un camino cuesta arriba: convencer a los votantes de que no es un robot programado para pronunciar las frases correctas.

Su nivel de apoyo en los sondeos no está en un nivel tan penoso como en la época de las primarias. No es suficiente. A los norteamericanos les cuesta mucho decirle a un presidente en ejercicio que se vaya a su casa después de sólo un mandato. Para llegar a eso, tienen que darse dos situaciones: el presidente debe ser un símbolo del fracaso y el aspirante debe ser alguien en quien se pueda confiar.

Dos ejemplos característicos: Reagan y Clinton. El primero parecía un loco exaltado dispuesto a comenzar una guerra nuclear si los soviéticos movían una ceja. El segundo era un político de muy poca experiencia al que le crecían las amantes como setas. Ambos llegaron en el momento adecuado a las elecciones y derrocharon carisma, empatía o como queramos llamarlo.

Es muy raro que los norteamericanos den la victoria a un político del que no se sepa muy bien cuáles son sus convicciones más profundas. Eligen a una mezcla de presidente, rey y emperador. Es lógico que la personalidad cuente tanto como las ideas. No para todos los votantes desde luego, pero sí para aquellos que están dudando y que podrían desequilibrar el resultado.

Dicen que en las distancias cortas Romney es una persona agradable y con ideas consistentes. Esto suele ser un poco sospechoso, porque se dice de demasiados políticos. Pero puede que sea cierto en su caso. Luego sale la veterana columnista del WSJ Peggy Noonan y escribe lo que todo el mundo está pensando:

I have just spent the past two and a half days talking to people who’ve known Mitt Romney well for ten, twenty and thirty years, even more. They love him, and in all their conversations they say either literally or between the lines, “If only you knew him like I do.” It is their mantra. They mean it, and they are so frustrated. They believe he is a person of unique and natural integrity, a kind man who will give you not only his money but his time, his energy. They see him as a leader. They know the public doesn’t see this. They don’t understand why. And, actually, I don’t blame them, because it really is a bit of a mystery. If he’s so good why can’t his goodness be communicated?

Pues eso, si es tan bueno como dicen, ¿por qué después de dos campañas presidenciales no se nota por ningún lado?

–No sé si es masoquismo o preferir morir con las botas puestas. La campaña de Romney crea varios anuncios para destacar lo buena que era su antigua empresa, Bain Capital. Idolatrar a un fondo de inversiones que finiquitaba las empresas que consideraba no viables (con el consiguiente despido de trabajadores) debe de ser una forma de enseñar las duras lecciones del capitalismo.

–Cuando hasta un columnista de Fox News dice que tu relación con la realidad es cuando menos discutible, ¿qué puedes esperar de un político como Paul Ryan? Eso mismo, que mentirá tantas veces como sea necesario para conseguir su objetivo. Hay que olvidarse de todas esas tonterías sobre el chute de pasión que ha supuesto la elección de Ryan como candidato a la vicepresidencia. No será por ahí por donde Romney obtenga la victoria, y al final ya se ocupará el propio Ryan de convertirse en una carga. ¿Carisma? Claro, con menos espectadores que Sarah Palin hace cuatro años.

–La campaña de Romney celebró un acto con donantes en un yate con la bandera de Bermuda (no de las islas Cayman, como dice ABC). Brillante gesto. Los paraísos fiscales están con Romney no es un mensaje que dé muchos votos.

Aquí hay un gráfico muy interesante sobre el impacto positivo que tienen las convenciones de cada partido en las encuestas (el rojo es el color de los republicanos y el azul, el de los demócratas). Lo que cuenta es la diferencia neta. No sirve de nada que tu convención te conceda un extra de puntos si ocurre lo mismo en la del rival.

En la mayoría de los casos, las diferencias son escasas. La media de bonificación es de cinco puntos, aunque ni siquiera eso es un dato definitivo. En 1992, ese impulso fue decisivo para Clinton. A Al Gore en el año 2000, no le sirvió de mucho. Según The Economist, Romney sólo necesita una diferencia neta en su favor de dos o tres puntos para llegar a los debates en muy buen estado.

–El partido aprueba su programa y luego el candidato hará con él lo que le parezca. Aun así, el programa de los republicanos incluye algunas ideas singulares: reforzar las leyes contra la pornografía (cómo no), acabar con la dependencia de la importación de fertilizante extranjero y estudiar la vuelta al patrón oro. No hay idea anacrónica que los republicanos no estén dispuestos a considerar.

–De las profundidades del Tea Party: ¿qué hay que hacer para estimular el crecimiento en la economía y crear puestos de trabajo? Efectivamente, construir más portaaviones con todos sus buques de apoyo. Fuck Yeah!

 

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La violación auténtica, según los republicanos

Una forma visual, y obviamente irónica, de explicar las posiciones de los republicanos sobre violaciones y embarazos.

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Stephen Hawking

Stephen Hawking, en la ceremonia de apertura de los Juegos Paralímpicos de Londres. «Mirad arriba a las estrellas, no a vuestros pies».

La prensa británica da el jueves a esta ceremonia en sus portadas un despliegue similar al de los Juegos Olímpicos.

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Corea del Norte

La imagen forma parte de las celebraciones del 15 de agosto en Corea del Norte cuando se celebra la victoria sobre Japón. Es uno de los numerosos ejemplos de vida cotidiana que ha encontrado Jordi Pérez Colomé en su viaje (con visado de turista) al país asiático.

Jordi ha escrito un balance general de la visita en dos partes. También cuenta con una serie de imágenes de la propaganda oficial.

Hace unos días, leí una fascinante historia sobre el regreso al país de un cocinero japonés que trabajó durante una década para la familia de Kim Jong-il (su especialidad era el sushi) hasta que huyó de Corea del Norte por miedo a ser detenido. No es que hubiera hecho nada malo. Sencillamente estaban arrestando a mucha gente a la que conocía y pensó que podía ser el siguiente.

Ya en Japón escribió un libro sobre su experiencia en Pyongyang. A partir de entonces, Kenji Fujimoto podía dar por eliminado Corea del Norte como destino turístico habitual. Pero fue sorprendido en junio por una invitación del nuevo máximo dirigente, Kim Jong-un, para que regresara durante unos días.

¿Mala idea? Al final, el nuevo Kim le recibió con los brazos abiertos y la «traición» fue perdonada. Gran alivio cuando se lo dijo con una sonrisa.

Lo que vio el cocinero fue una ciudad (no salió de la capital) que parece haber superado los peores momentos del pasado:

Mr. Fujimoto said his visit, which began on July 21, showed him that North Korea had made some progress since the days of Kim Jong-il’s dour rule. He said he was surprised to see food stores in Pyongyang, often virtually empty during the famine-racked 1990s, now filled with vegetables and meats. One noodle restaurant that he used to frequent, and that was usually quiet, now regularly fills with customers, he said. He said that he thought most of the food came from China, and that Chinese businessmen had become a much more visible presence.

Another surprise, he said, was the proliferation of cellphones, which had become a must-have item, particularly among the city’s younger residents. (…)

“When I lived there before, there was a dark atmosphere, and people always walked with their heads hung down,” Mr. Fujimoto said. “The people have become lively and bright, and not afraid to show more cheerful faces.”

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Zona Crítica: Mario Draghi tiene un mensaje para los alemanes.

Publicada el por Iñigo Sáenz de Ugarte | Deja un comentario