Cuidado con reírte del presidente en Turquía

El presidente del Parlamento Europeo está encantado con «el pluralismo, la vitalidad y la estabilidad de la democracia turca». Lo mismo se trata del intento de algunos gobiernos europeos para que Turquía mantenga a los refugiados sirios dentro del país por la fuerza y les impida dirigirse hacia Europa.

Ahora imaginemos que una revista alemana se burlara de forma descarnada de Angela Merkel en su portada con un fotomontaje. ¿Creeríamos posible que la unidad antiterrorista de la policía detuviera al director de la publicación y que la Fiscalía le acusara de insultar a la canciller y de difundir propaganda de una organización terrorista? No es muy probable, ¿no?

Eso fue lo que ocurrió en Turquía hace unas semanas.

La portada de la revista Nokta –muy crítica con Erdogan y otros gobiernos anteriores– mostraba al presidente haciéndose un ‘selfie’. Por detrás, la imagen del ataúd de un soldado muerto en la guerra contra el PKK kurdo. Es una parodia de otra parodia, una imagen similar que tiene a Tony Blair como protagonista.

La policía detuvo al director de Nokta, puesto en libertad al final del día. El fiscal presentó contra él las dos acusaciones reseñadas, pero el juez sólo aceptó el cargo de insultos al presidente. La imputación de un delito de complicidad con el terrorismo sirvió al menos para impedir la distribución de la mayor parte de la tirada de la revista.

La idea de la portada procedía de unas palabras de Erdogan en el funeral de un soldado: «Qué feliz es la familia y todos sus parientes al saber que Ahmed ha alcanzado un lugar sagrado».

La revista respondió a la redada con un editorial, en el que admitía que la portada podía ser dura o cruel, pero el responsable último no era otro que Erdogan: «El presidente Erdogan dijo que el martirio es un motivo de felicidad. La gente se hace ‘selfies’ cuando está feliz. Nuestra portada era irónica e incluía una alta dosis de crítica».

Con independencia del final del caso judicial contra el director de Nokta, la intención es clara: continuar amedrentando a los periodistas independientes para que sepan las consecuencias de atacar al Gobierno. El partido de Erdogan se lo juega todo en las elecciones de noviembre. En las anteriores, perdió la mayoría absoluta y ahora necesita recuperarla porque ya ha demostrado que es incapaz de llegar a un acuerdo con alguna de las fuerzas de la oposición. Por eso, un grupo de incontrolados, es decir, controlados por el partido de Erdogan, atacaron dos veces en 48 horas la sede del periódico Hurriyet por informaciones críticas con el presidente.

La intimidación de los medios de comunicación debe de ser uno de los rasgos que definen la vitalidad de la democracia turca que destacaba el presidente del Parlamento Europeo.

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