El imperio alemán (y sus pies de barro)

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Alemania 1, Francia 0, decían en un blog del FT al poco de concluir la cumbre Merkel-Sarkozy. Hay opiniones divergentes sobre si Alemania consiguió todo lo que pretendía o si al menos Francia pudo incluir algunas de sus peticiones. Larry Elliott, jefe de economía de The Guardian, no tiene dudas:

It’s taken Germany two decades but finally the euro is being constructed along lines that pass muster in the ministries of Berlin, the corridors of the Bundesbank and, crucially, among the German people.

The summit between Angela Merkel and Nicolas Sarkozy was billed as a clash of the titans but proved no such thing: Merkel spelt out her terms and Sarkozy agreed to most of them.

Es un final previsible y no tiene que ver con la presión amorfa y fulgurante de los mercados, sino con un plan deliberado de Alemania y el BCE. No hay ninguna conspiración ni plan secreto. Desde el inicio de la crisis, se ha visto que este era el desenlace más previsible. Disciplina, equilibrio presupuestario, sanciones a los países díscolos, independencia absoluta del BCE (que está en la misma línea que Berlín), reducción del poder de la Comisión Europea, implicación ‘a la alemana’ de los tribunales constitucionales en la imposición de estas normas, los eurobonos quedan descartados.

Muchos decían que era la única solución posible a una década de prosperidad basada en el crédito fácil y las burbujas financiera e inmobiliaria. Alemania y su brazo armado financiero han impuesto las condiciones y los demás, incluida Francia, no están en condiciones de elegir.

La UE será alemana o no será. Y sin que su reputación esté a la altura de esos poderes.

La recepción en los mercados ha sido inicialmente buena, quizá porque se veía como el capítulo final de un proceso que se había vendido en la última semana como el paso definitivo. Las primas de riesgo de Italia y España bajaron de forma muy significativa. Sin embargo, otras cumbres y reuniones al más alto nivel han provocado al principio resultados similares para luego volverse a la cruda realidad.

El problema de base continúa siendo el mismo, ahora aparentemente algo atemperado. Nadie presta dinero a una empresa o país que no crece y que por tanto no está en condiciones de devolver el préstamo. Las medidas de austeridad de Monti se reciben con indisimulada alegría, pero si el PIB de Italia cae cuatro o cinco décimas en 2012 ¿cómo va a equilibrar sus cuentas públicas tras la consiguiente caída de los ingresos fiscales?

Por la noche, Standard & Poor’s ha dado una patada a la mesa con el anuncio de que ha colocado a 15 países de la eurozona en situación de «CreditWatch negative». Es decir, todos menos Chipre (ya estaba en esa situación) y Grecia (que ya juega en otra liga). 15 incluye a Alemania y Francia, nada menos. Todos ellos tienen un 50% de probabilidades de perder puntos en su rating, dos niveles en el caso de Francia, en los próximos tres meses.

La noticia se conoció antes de que cerraran los mercados norteamericanos a causa de una filtración al Financial Times.

Resulta pintoresco que Alemania pueda perder la calificación AAA cuando emitir deuda le sale prácticamente gratis. S&P pone en relación su situación a la crisis sistémica de toda la eurozona. Y eso no carece de lógica. Si la eurozona salta por los aires, si casi toda Europa cae en recesión, los alemanes no van a salir ilesos. Es estupendo que tu economía tenga una capacidad exportadora tan espectacular como la alemana, pero si no hay nadie a quién exportar, ¿de qué sirve? Los mercados de China y los demás países emergentes no podrán absorber todo ese comercio que la moribunda UE ya no está en condiciones de absorber.

Quizá la explicación de todo esto es que S&P, con razón o sin ella, estima que ya no hay inversiones seguras en el mercado europeo de deuda soberana. La nota AAA es una reliquia del pasado para los países de la eurozona.

Las repercusiones serán muy graves. Como el BCE se niega a llevar a cabo el papel que ejercen en sus estados la Reserva Federal norteamericana y el Banco de Inglaterra, la rebaja repercutiría a su vez en el estatus financiero del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, destinado a rescatar, si puede, a los países en situación de insolvencia. Por si ya no estaba claro, su capacidad de rescatar a una economía como la italiana sería inexistente.

Los periódicos y los gobiernos se lanzarán el martes como lobos contra las agencias de calificación, algunos con argumentos de peso. Pero ese no es el tema. La locura no está en unas empresas privadas que operan en las condiciones del mercado y las que les imponen los reguladores. La locura está en una Unión Europea que se encamina a una segunda recesión y cuyos gobiernos insisten en aplicar medidas de austeridad que sólo van a conducir a agravar la situación económica. Algunos no tienen opción, pero en el caso de todos es un camino que lleva al desastre.
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12.00
Leo algunas cosas que me permiten matizar lo que escribí anoche. Un periodista del FT comenta que las amenazas de S&P llegan en un momento perfecto para Alemania porque refuerza su posición negociadora de cara a la cumbre de la UE. El factor miedo ha jugado casi siempre en esta crisis a favor de Berlín. ¿Suena descabellado cuando te estás jugando perder la máxima calificación? El caso es que el ministro alemán de Hacienda, Wolfgang Schäeuble, ha dicho hoy que el aviso de S&P es «el mejor incentivo posible» de cara a la cumbre del viernes.

Otros artículos hacen pensar que Schäuble está hablando de cara a la galería. En realidad, S&P podría haber hecho pública su nueva valoración hace varias semanas. Esperar a unos pocos días antes de la celebración de la cumbre es un golpe bajo contra los gobiernos europeos. Pero nadie, tampoco en Francia, lo va a reconocer públicamente para no dar imagen de vulnerabilidad.

El presidente del eurogrupo y primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker, sí ha atacado a S&P.

Varios medios destacan que Alemania ha rectificado en su intento de que los bancos, como compradores de deuda soberana, asuman parte de los riesgos. La quita ‘voluntaria’, es decir forzada pero presentada como voluntaria, impuesta a los acreedores de Grecia no se repetirá. «Hoy ha quedado claro que Grecia es la excepción y que la deuda soberana de los demás países del euro se pagará siempre en su integridad», escribe Andreu Missé.

Lo malo es que desde el comienzo de la crisis los mercados no se han creído la palabra ‘siempre’, y de ahí la huida de la deuda soberana de los países periféricos de la eurozona. El hecho de que la quita griega se haya presentado como voluntaria hace que no se puedan activar los seguros de impago de deuda (CDS), y por tanto no hay posibilidades de asegurar las pérdidas que se produzcan al comprar deuda soberana. Conclusión: todos a comprar deuda alemana (o norteamericana o británica) como refugio.

Felix Salmon, de Reuters, no piensa igual y cita el caso de Irlanda:

To understand just how stupid this is, all you need to do is go back and read Michael Lewis’s Ireland article. The fateful decision in Ireland was to take the insolvent banks and give them a blanket bailout, with the banks’ creditors all getting 100 cents on the euro. That only served to put a positively evil debt burden onto the Irish people, forcing a massive austerity program and causing untold billions of euros in foregone growth, while bailing out lenders who deserved no such thing.

De momento las primas de riesgo de Italia (375) y España (290) se mantienen estables tras los grandes descensos de ayer.

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