La farsa del Brexit con la foto de uno de sus protagonistas más ridículos

El debate del martes en la Cámara de los Comunes ha ofrecido una de esas imágenes con un valor simbólico más allá del momento que reflejan. En relación al Brexit, desde luego. Jacob Rees-Mogg, diputado tory y líder de los Comunes, lo que le convierte en miembro del Gabinete de Boris Johnson, se tumbó durante el debate en el ‘front bench’, el banco en primera fila donde se sientan los integrantes del Gobierno.

La foto la sacó y tuiteó la diputada laborista Anna Turley con esta frase: «La personificación de la arrogancia, los privilegios, la falta de respeto y el desprecio por nuestro Parlamento».

Mientras Rees-Mogg estaba recostado, tenía la palabra la diputada Caroline Lucas, del Partido Verde, que le reprochó su desprecio por el Parlamento. En el vídeo se ve la cara que pone el tory cuando Lucas se refiere a él.

Momentos antes, Rees-Mogg había reprochado a los tories rebeldes que estaban dispuestos a votar la moción con la que la oposición y un grupo reducido de conservadores pretendían bloquear el No Deal Brexit. De ellos dijo que eran unos «illuminati». Él, que como otros tories vendieron en la campaña del referéndum la fantasía de que el Brexit no iba a suponer ninguna conmoción social y económica y que la salida de la UE sería un proceso sencillo y sin sobresaltos, desde luego nada parecido a una huida sin acuerdo con la Comisión Europea.

Algunos periodistas comentaron que su tono altanero y pedante de costumbre podía ser contraproducente si algunos rebeldes tories se estaban pensando aún el sentido de su voto.

En la votación, 328 diputados votaron a favor de la proposición para bloquear el No Deal y 301 en contra. Como ya se había anunciado, o amenazado, los 21 conservadores que votaron contra el Gobierno serán expulsados del grupo parlamentario y no podrán presentarse a la reelección en las próximas elecciones. Entre ellos, Nicholas Soames, nieto de Churchill y 36 años en el escaño, o Kenneth Clarke, ministro en los gobiernos de Major, Cameron y May, y diputado desde hace 49 años.

El miércoles, el Gobierno de Johnson presentará una proposición para la convocatoria de elecciones anticipadas que necesita el apoyo de dos tercios de la Cámara.

El catálogo de las metáforas del Brexit tiene ya demasiadas fotografías. Muchas de ellas desvelan a políticos conservadores de clase alta que dicen representar los intereses del pueblo británico frente a las élites económicas y políticas. Pero no hay nadie más de élite que ellos, como el propio primer ministro, Boris Johnson, o el personaje excéntrico de la foto, el diputado Rees-Mogg, hijo de un exdirector de The Times, educado en Eton y Oxford y dueño de una buena fortuna (en torno a unos 55 millones de libras) por su trabajo en fondos de inversiones. El fondo del que era hasta julio copropietario abrió en 2018 una sede en Dublín, precisamente para poder operar en la Unión Europea una vez que se produzca el Brexit. Una cosa es ser euroescéptico y otra, perder dinero.

Sobre el respeto a las instituciones británicas a las que se decía defender frente al poder de Bruselas como símbolo de la UE, la imagen no deja lugar dudas.

Es la farsa del Brexit de la que Rees-Mogg es uno de sus representantes más distinguidos. Para esto ha quedado el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

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