Las victorias que perseguirán a Israel durante años

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Amira Hass escribe sobre la diferencia entre las victorias militares que busca el Gobierno israelí, y que reclama su opinión pública, y las derrotas morales que tendrán consecuencias durante años. Para entonces, será imposible revertir las consecuencias, aunque quizá sea eso lo que busquen los dirigentes de Israel.

Si la victoria se mide en el número de familias eliminadas en dos semanas –padres e hijos, un padre y unos hijos, una abuela, sus nueras, nietos e hijo, hermanos y sus hijos, y todas las variantes que puedas escoger–, entonces llevamos toda la ventaja. Aquí están los nombres para el recuerdo: Al-Najjar, Karaw’a, Abu-Jam’e, Ghannem, Qannan, Hamad, A-Salim, Al Astal, Al Hallaq, Sheikh Khalil, Al Kilani. En estas familias, los pocos que han sobrevivido a los bombardeos de Israel de las dos últimas semanas sienten celos de sus muertos.

Y no olvidemos a nuestros laureados expertos legales, aquellos sin los cuales el Ejército no da un paso. A causa de ellos, volar una vivienda entera, esté vacía o llena de personas, se justifica fácilmente si Israel define a uno de sus ocupantes como un objetivo legítimo, sea un miembro destacado o menor de Hamás, político o militar, hermano o invitado.

«Si esto es legal según el derecho internacional», me dijo un diplomático occidental, perplejo por el apoyo de su propio Estado a Israel, «es una señal de que algo huele muy mal en el derecho internacional». (…)

«Entre todo este sufrimiento y muerte», me escribió un amigo de Gaza, «hay muchas expresiones de cariño y amabilidad. La gente se apoya mutuamente, se reconforta mutuamente. Especialmente, los niños que buscan la manera de apoyar a sus padres. He visto a muchos niños de no más de 10 años que abrazan y tranquilizan a sus hermanos menores, intentando distraerlos del horror. Tan jóvenes y ya tienen que ocuparse de otros. No me he encontrado a un solo niño que no haya perdido a alguien, un padre, una abuela, un amigo, una tía o un vecino. Y pensé: si Hamás surgió de la generación de la primera intifada, cuando se disparaba con fuego real a los jóvenes que tiraban piedras, ¿qué crecerá de la generación que ha experimentado las masacres continuas de los últimos siete años?».

Hay victorias militares que se pagan con sangre años después.

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