La bandera del asesino

roof bandera

Los símbolos de identidad son siempre explosivos. Significan tantas cosas para tanta gente diferente que es difícil delimitar dónde termina un sentimiento legítimo y dónde comienza el llamamiento al odio al que es distinto. Pocos ejemplos tan claros de eso como la bandera de la Confederación de EEUU (el emblema de los sudistas en la guerra civil de EEUU).

El debate es ahora allí más fuerte que nunca. Dylann Roof, el presunto asesino de nueve personas en una iglesia de Charleston (Carolina del Sur), posó en fotos junto a la bandera, lo que ha llevado a que se extienda un movimiento de protesta que reclama que desaparezca del Capitolio del Estado.

En cierto modo, el título de este artículo, con ser cierto, es también injusto con todas aquellas personas en el Sur de EEUU que respetan ese símbolo por considerarlo una parte de su herencia histórica, y por tanto de su identidad, y que nunca pensarían en matar a alguien. Puede que incluso no alberguen ideas racistas. Pero hay algo que no pueden negar: todos los racistas de EEUU profesan devoción por ese símbolo. Los de ahora y los de antes, y también los que combatieron contra los Estados Unidos de América en el siglo XIX.

 

 

En los 90 hubo una polémica similar a cuenta de la bandera del Capitolio, sin mediar crimen previo. Creo que fue durante la campaña presidencia del 92 en la que los demócratas presentaban una candidatura con dos sureños: Clinton y Gore. Lo cierto es que incluso se puede encontrar ‘merchandising’ electoral de ellos con esa bandera.

Estuvo ondeando en lo más alto del legislativo hasta que en el año 2000 se colocó a la altura de la calle dentro del recinto oficial como parte de un Memorial de la Guerra Civil. Ese traslado se hizo gracias a un pacto que obliga a una mayoría de dos tercios si el Senado estatal vota la retirada de la bandera.

Lo que se plantea ahora no es ilegalizar la bandera, lo que iría contra la libertad de expresión, sino que el Capitolio de Carolina del Sur no la ondee como forma de homenaje oficial. No puedes borrar esa bandera de la historia ni de su uso actual, pero sí dejar de considerarla el símbolo de todo un Estado.

La actitud de la gobernadora de Carolina del Sur, Nikki Haley, resume la de muchos políticos republicanos (no así Mitt Romney, candidato en 2012). Todo es más sencillo cuando puedes decir que «no sabemos» los auténticos motivos de Dylann Roof para llevar a cabo esa matanza. Y si los desconocemos, quizá sea porque se trate de un perturbado mental. Así dejas fuera de cualquier discusión sus símbolos de identidad y también el hecho de que pudiera conseguir armas en un país en el que sabemos que eso no resulta muy complicado.

Si se hubiera tratado de un musulmán, se hablaría de una ideología política de odio contra la que hay que luchar invadiendo países o de alguien que cumple órdenes de un grupo terrorista o se siente inspirado por él. Podemos estar seguros de que en ese supuesto sí que se ‘politizaría’ el crimen y se reclamaría al Gobierno medidas inmediatas.

Como es blanco y racista, hay que desterrar del debate cualquier motivación política o simbólica. Ni siquiera cuando en el caso de Roof dice que pretendía una «guerra civil» con la que acabar con los negros y elogia la segregación del pasado.

Volvamos a las palabras de Nikki Haley: «We do know that we’ll never understand what motivates anyone to enter one of our places of worship and take the life of another». No es que no sepamos ahora qué le hizo cometer ese delito múltiple porque la investigación judicial acaba de comenzar. Es que no los sabremos nunca. Punto.

La bandera confederada aparece en la bandera de Mississippi, pero las de los demás estados del Sur cuentan con colores y formas inspirados en el viejo emblema.

El origen de la bandera está íntimamente ligado no ya a la causa del Sur, sino a la supremacía de la raza blanca. En los años 50, volvió a recuperar un marcado sentido político cuando las instituciones del Sur se rebelaron contra la decisión de Washington de poner fin a la segregación racial en todos los ámbitos de la vida pública. Ya no era sólo un símbolo histórico, sino un estandarte político contemporáneo, enarbolado por todos los grupos ultraconservadores (también el Ku Klux Klan, que nunca la había abandonado) para oponerse a la concesión de derechos políticos plenos a la comunidad negra.

[Una vez más, se demuestra lo inútil que es cerrar los debates sobre la memoria histórica con la excusa de «cerrar las heridas». Las heridas de las guerras civiles nunca se cierran por completo. De una manera u otra, siempre vuelven a abrirse. Es más honesto y práctico afrontar sus consecuencias. O dicho de otra manera: las guerras civiles no pueden quedar encerradas en los libros de historia.]

Según un sondeo de 2014, el 61% de los habitantes de Carolina de Sur está a favor de conservar la bandera donde está (frente a un 33% que dice lo contrario). Tal apoyo se explica por muchas razones. Una de ellas es que siempre elegimos recordar del pasado aquello que no nos deja en mal lugar, lo que no se contradice con nuestras ideas o la realidad contemporánea. El lado siniestro es ignorado o limitado a grupos marginales que no son representativos de la mayoría.

Pero lo que no se puede obviar es que esa bandera era un símbolo racista en el pasado (el lejano y el más reciente) y continúa siéndolo para criminales como Dylann Roof. Es lo que les da fuerza porque les hace creer que forman parte de una lucha que aún no ha terminado.

Lunes

La gobernadora de Carolina del Sur ha anunciado el lunes que «ha llegado la hora de sacar» la bandera de la Confederación de la zona del Capitolio. Nikki Haley ha dicho que «es un símbolo de orgullo y tradición» para muchos habitantes del Estado, pero para otros «es un símbolo profundamente opresivo de un pasado de brutalidad». Algo que pertenece al pasado, pero no al futuro. El asunto debe ser votado en las dos cámaras del Estado por mayoría de dos tercios, pero la gobernadora puede obligar a que se vote antes de que inicien su receso veraniego. Un congresista republicano ha comentado que miembros de ambos partidos llevan un tiempo hablando del tema y que cree que la iniciativa saldrá adelante muy pronto.

 

Jon Stewart sobre la matanza de Charleston.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Esas frases del cine.

–Mad Max, en un mundo sin gasolina…, vale, sin gasolina.
–Si David Lynch hubiera dirigido ‘El resplandor’.
–La escena del ‘Walk of Shame’ en ‘Juego de tronos’ (spoilers).
–Bill Murray en Afganistán.
–Una adaptación anime de ‘Los siete samurais’.
–Los problemas de tener a un dinosaurio como mascota.
–No te fíes de las figuras de dinosaurios para niños.
–Village People, una banda peligrosa en la URSS.
Una tormenta sobre Dakota.
–Un lanzamiento de baloncesto de larga distancia.
–La NBA y el reinado del tiro de tres puntos.
–Lo que hay que saber de Waterloo.

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La troika aprieta el cuello de Grecia

Se acabó el teatro, el ‘chicken game’ y el dilema del prisionero. La troika ha lanzado este jueves una ofensiva general contra el Gobierno griego, y no precisamente a puerta cerrada. Esta vez no se trataba de endurecer el trato a Varufakis ni de quejarse de su arrogancia. Han ido directamente contra el Gobierno y lo han anunciado en público para que los inversores internacionales y los ciudadanos griegos con cuentas en sus bancos tomen nota.

Han apretado el botón del pánico no una, sino tres veces. En la reunión de ministros de la eurozona en Luxemburgo, su jefe, el holandés Dijseelbloem, ha preguntado al representante del BCE, Benoit Coeure, si creía que los bancos griegos podrían operar el lunes, teniendo en cuenta la pérdida de depósitos producida en la última semana. «Mañana, sí. El lunes, no lo sé», ha respondido el miembro del Consejo Ejecutivo del BCE.

Lo ha contado Reuters a primera hora de la tarde del jueves, que también ha recordado, citando fuentes bancarias, que los griegos han retirado 2.000 millones de euros entre el lunes y el miércoles. Reuters ha dado a lo largo de toda esta crisis algunas informaciones cuando menos inexactas. Quizá no ahora. Peter Spiegel, corresponsal del Financial Times, afirma que dos fuentes diferentes le han confirmado las palabras de Coeure.

Más madera en la hoguera. La reunión de ministros de la eurozona ha acabado sin acuerdo, como tantas otras. Las ruedas de prensa posteriores han sido cualquier cosa menos rutinarias. Dijsselbloem ha continuado jugando a la ruleta rusa colocando el arma en la sien de Tsipras y Varufakis: «Si los griegos sacan su dinero de los bancos es que están muy preocupados por el futuro de su país». ¿Quién podría reprochárselo aunque eso dejara al Gobierno de Syriza ante la tesitura de abandonar a pedradas el euro? Si te lo dice el jefe de la eurogrupo, por algo será.

Otro clavo en el ataúd. La directora del FMI también tenía preparado el lanzallamas. Si Grecia no paga los 1.500 millones que le debe para el 30 de junio, será considerado un «default», dijo Lagarde. No habrá prórrogas ni requiebros técnicos con los que evitar la palabra maldita. Y eso desencadenaría una serie de acontecimientos imprevisibles. Nadie puede negar que un final para nada inaudito sería la suspensión de pagos de Grecia, el hundimiento completo de los bancos del país tras una fuga de depósitos generalizada, el control  de capitales y la salida del euro de un Gobierno abandonado a su suerte.

«Para avanzar, necesitamos adultos en la sala», ha dicho Lagarde, refiriéndose sin duda a los griegos. Era su particular forma de vengarse después de que el Gobierno griego calificara de «criminal» hace unos días la estrategia de las «instituciones» (antes llamada troika).

A Grecia se le ha acabado el dinero. Necesita los 7.200 millones del último tramo del rescate financiero para seguir pagando los intereses de una deuda insostenible. El rescate se hizo precisamente no para sacar a Grecia de la recesión, sino para que pudiera seguir pagando sus deudas. Pero las reglas se cambian sobre la marcha porque hay que aprovechar los sucesivos plazos para seguir apretando el cuello. La caída del PIB en un 25%, una depresión similar a la que sufre un país en guerra, la reducción del número de funcionarios en un 28% o el 45% de los jubilados viviendo por debajo del umbral de la pobreza no son suficientes.

La troika quiere más, y parece centrar sus aspiraciones en las pensiones griegas. Olivier Blanchard, del FMI, quiso justificarlo con números el domingo.  «Las pensiones y salarios suponen el 75% del gasto primario (sin contar el pago de intereses de la deuda). El otro 25% se ha recortado ya hasta el límite asumible. El gasto en pensiones supone más del 16% del PIB, y las transferencias desde el presupuesto al sistema de pensiones se acercan al 10% del PIB. Creemos que una reducción del gasto en pensiones del 1% del PIB es necesaria, y que puede hacerse protegiendo a los jubilados más pobres».

Y además quieren que se suba el IVA. La realidad es que ya casi no queda dónde recortar en la economía griega.

El Gobierno griego contraataca con el argumento de que ya no puede exigir más sacrificios a sus jubilados, muchos de los cuales sostienen los ingresos de sus hijos en paro, padres y madres de familia que llevan años sin encontrar empleo. La caída en la pensión media es del 61%. Alexas Tsipras sostiene que el incremento del valor porcentual del gasto en pensiones se debe al hundimiento del PIB. La edad media de jubilación, «en contra de lo que se afirma», está en 64,4 años en los hombres y 64,5 en mujeres.

Es cierto que existe la jubilación anticipada por debajo de los 60 años y que muchas personas la están eligiendo como forma de conseguir algún ingreso, aunque sea con una pensión más reducida, porque saben que no encontrarán un trabajo. El desempleo entre los mayores de 55 años es del 20%, cuando era del 6% hace cinco años.

La pensión media es de 713 euros al mes. Para los que cuentan con sistemas de pensiones añadidos en el sector industrial, hay una aportación extra media de 169 euros. El límite de la pobreza para una familia está marcada en 665.

El ministro de Hacienda, Yanis Varufakis, ha publicado en su blog el contenido de su discurso en la reunión del jueves. Responde directamente a Blanchard: «El gasto en pensiones se ha reducido en un 40% y el número de pensionistas es estable. Por tanto, el gasto en pensiones ha caído, no se ha incrementado. Ese 16% del PIB no se debe a un mayor gasto en pensiones, sino a la caída dramática del PIB, que ha traído una reducción igualmente dramática de las contribuciones a causa de la caída del empleo y del aumento del empleo no declarado».

Varufakis da otro dato: «Un millón de familias (en un país de 11 millones de habitantes) sobreviven hoy con una escasa pensión de un abuelo o abuela mientras el resto de la familia está sin trabajo en un país en el que sólo el 9% de los parados recibe algún subsidio de desempleo. Recortar esas solitarias pensiones es el equivalente a echar a esa familia a la calle».

De las palabras de los demás ministros tras la reunión, se deduce fácilmente que no se han sentido muy conmovidos por esas cifras. Sólo plantean que si Atenas no quiere recortar más las pensiones, debe ofrecer otras alternativas por la misma cantidad. Cuando escuchan lo que dice Varufakis, dicen que esas propuestas son irreales o no se las creen.

El flanco débil más inmediato para los griegos son sus bancos. La primera torre que caería. La amenaza velada de una fuga masiva de depósitos (y la posterior negativa del BCE a seguir sosteniendo los bancos) ha estado siempre flotando en el ambiente. Por lo que se entiende de las filtraciones y de las palabras de Dijsselbloem, ya no es suficiente con eso. Hay que ponerlo en todos los titulares para que la presión sea insoportable.

Quizá termine ocurriendo y entonces lo llamarán un accidente.

Las posiciones están tan separadas que es difícil llamar a esto una negociación. El plan griego inicial de poner sobre la mesa la reestructuración de la deuda que de forma inevitable debería aparejar algún tipo de quita ha fracasado. Grecia se ha quedado sin aliados, eso en el caso de que haya tenido alguno en la UE desde la llegada al poder de Syriza. Angela Merkel ha dicho muchas veces que las instituciones internacionales han ofrecido a Grecia una «solidaridad sin parangón». Los griegos se preguntan si esa solidaridad no ha sido en realidad con todos aquellos que habían comprado deuda del país antes de que sus finanzas cayeran en la bancarrota. Ahora que los mayores acreedores son el BCE, el FMI y los gobiernos europeos, la «solidaridad» se ha acabado. O el sistema de te presto para que me pagues los intereses sólo continuará si aprietas más las tuercas a tus jubilados.

En pocas palabras, la troika sólo propone al Gobierno griego el suicidio financiero (la suspensión de pagos) o el suicidio político (violando las promesas que llevaron a Syriza al poder).

Susto o muerte. La UE y el FMI sólo ofrecen la segunda opción.

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Las tetas como amenaza a la civilización occidental

La Fiscalía de Madrid quiere meter en prisión a la concejal de Ahora Madrid Rita Maestre por participar en una protesta en la capilla de la Universidad Complutense en 2011 que interrumpió un oficio religioso con gritos y tetas. Parece que tamaña ofensa justifica la imputación de un delito «contra la libertad de conciencia, los sentimientos religiosos y el respeto a los difuntos».

Vamos a dejar a un lado lo del respeto a los muertos, aunque daría lugar a algunos buenos ejemplos de humor negro o a recordar la famosa canción de Siniestro Total, porque en los tiempos que corren esa es una variante humorística muy cuestionada por los medios de comunicación. Tampoco vamos a mostrar perplejidad por que la Fiscalía haya tardado casi cuatro años en tomar una decisión sobre hechos tan aparentemente sencillos y haya visto alumbrada su imaginación jurídica por la divina providencia en fechas tan señaladas como las actuales.

Sabemos que una condena de un año, la que pide el fiscal, no supone automáticamente el ingreso en prisión si el afectado no cuenta con antecedentes penales. Pero el hecho de partida, que nunca hay que tomarse a broma, es que el fiscal cree que Maestre merece pasar ese tiempo entre rejas al haber cometido un grave delito (todos los son si comportan ingreso en centro penitenciario).

Después de tanto tiempo de preguntarnos cómo era posible que el procedimiento judicial contra Javier Krahe continuara tanto tiempo en este país por su demostración de gastronomía religiosa, ahora resulta que es una situación que puede repetirse una vez más en 2015. Nos encontramos ante un caso cuyo precedente más obvio por conocido hay que buscarlo en un Estado muy diferente al nuestro, la Rusia de Putin. Allí un grupo de mujeres, conocido como las Pussy Riot, entró en una catedral en una protesta política contra el Gobierno de Putin y la complicidad de la jerarquía cristiana ortodoxa. Maria Alyokhina, Nadezhda Tolokonnikova y Yekaterina Samutsevich fueron condenadas en agosto de 2012 a dos años de prisión.

El escándalo internacional que se armó fue notable. Por una vez, organizaciones de derechos humanos y gobiernos occidentales coincidieron en la denuncia de la sentencia por ser un intento de silenciar y castigar la disidencia política. Con perdón por el autoplagio, recuerdo aquí lo que escribí sobre las razones de esa ‘performance’ y la elección del centro de culto:

«Putin ha convertido la fe ortodoxa es una de las fuerzas legitimadoras de su control de la política rusa desde hace una década. El enaltecimiento del orgullo ruso obliga a aumentar los privilegios de la jerarquía ortodoxa y su influencia social. La Iglesia es propietaria de empresas y bancos que reciben un trato oficial de favor. A cambio de ello, el apoyo al poder es completo, excepto entre algunos sacerdotes que defienden el derecho de la oposición a manifestarse».

Cambiando la primera palabra y quitando la palabra ‘rusa’, nos encontramos con que las diferencias con España empiezan a ser de matices gracias a la Fiscalía de Madrid. Aquí también se sostiene desde los presuntos defensores de la ley (siempre hay que utilizar la palabra ‘presunto’ en las noticias de tribunales) que las personas que protagonizaron esa ofensa a las creencias religiosas son un peligro para la convivencia social, de ahí que merezcan tal castigo.

La irrupción en la capilla de la Complutense fue un acto de disidencia política para denunciar en este caso la existencia de centros de culto en una universidad pública. No era un ataque al hecho de que haya iglesias, pero sí a que se utilicen fondos públicos para sostener su existencia en un Estado que dice ser aconfesional. Si los estudiantes católicos de esa universidad quieren asistir a una misa pueden hacerlo en las muchísimas iglesias que existen en Madrid, pero no tienen derecho a exigir que haya una capilla en su centro de estudios. Si fuera así, todo el personal de empresas con alto número de trabajadores podría exigir lo mismo. Dudo de que la legislación laboral reconozca ese ‘derecho’.

En relación a los gritos y las tetas (destacaría el «menos rosarios y más bolas chinas» por ser muy dadaísta), es seguro que eso supuso un fuerte malestar a los ocupantes de la capilla, pero eso no justifica que se emplee el poder de los tribunales para encarcelar a los responsables. Como hay que repetir siempre en estos casos, que algo pueda ser censurable moral o políticamente en función de las ideas de cada uno, no quiere decir que tenga que ser censurable penalmente. Al menos en una democracia liberal, más o menos desde que se aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos y los países occidentales decidieron aplicarla en sus legislaciones. Repitan conmigo: los actos de disidencia política no se castigan con prisión, excepto en la Rusia de Putin y otros lugares aún menos recomendables.

Esto es difícil de entender para algunos nuevos cruzados de la «civilización occidental», más en la línea del Concilio de Trento (véase el ministro de Interior) que de la Declaración adoptada por la ONU en 1948. Lo mismo vale para la presidenta del PP de Madrid, dispuesta a reescribir la Constitución en cada una de sus últimas intervenciones. En su discurso del martes ante el Comité Ejecutivo Regional del partido, Aguirre ha recordado «los principios fundamentales y fundadores de nuestro Partido para organizar nuestra sociedad».

Y entre ellos, «la consideración de los valores del cristianismo como una de las bases morales de nuestra civilización occidental».

Si bien es posible que el concejal socialista Antonio Miguel Carmona coincida en esta última apreciación, me da que la mayoría de los madrileños y españoles no está de acuerdo con que la moral cristiana sea uno de los principios rectores del ordenamiento jurídico español y del sistema de justicia. En ese caso y sin querer extenderme demasiado, no sería posible que el divorcio y el aborto fueran admitidos por la ley en España. Aguirre y Carmona tienen todo el derecho del mundo a practicar la religión que quieran y la Constitución les protege en ese derecho, pero no a criminalizar los actos de protesta política que, por tener lugar en una iglesia, ofenden sus sentimientos.

No quiero dar ideas, pero en la lectura de la sentencia de las Pussy Riot Tolokonnikova llevaba una camiseta con la inscripción en español «No pasarán».

No ocurre todos los días que nos den lecciones desde Rusia con unos pocos años de antelación.

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Cien ejecutados en Arabia Saudí en 2015

Arabia Saudí ha ejecutado a dos condenados a muerte en los últimos días. Con ellos, son ya 100 los ajusticiados este año, cuando la cifra total de 2014 fue de 87. Casi la mitad se dictaron para castigar el narcotráfico. Los últimos han sido una persona de nacionalidad siria que se dedicaba al tráfico de anfetaminas y un saudí condenado por el asesinato de un hombre a puñaladas. Ambos fueron decapitados.

Si bien este centenar de muertos no es un récord aún (hubo 192 ejecuciones en 1995), sí supone un incremento claro con respecto a los últimos años.

Ahora queda más claro por qué un Ministerio saudí hizo pública en mayo una oferta de contratación pública con ocho puestos de verdugo. Contra lo que se pueda imaginar, el anuncio no incluía requisitos concretos, tampoco en el manejo de la espada. Sí se establecía que los elegidos serían clasificados como «funcionarios religiosos» y que estarían en la escala salarial baja del personal de la Administración.

Según informaciones que citaban fuentes diplomáticas, este incremento podría deberse a nuevos nombramientos judiciales que habrían permitido resolver una larga lista de recursos, algunos de ellos relacionados con la aplicación de la pena de muerte.

Hay una interpretación más extendida, porque además ha ocurrido antes. La llegada al trono del nuevo rey es un momento excelente para comunicar a la nomenclatura religiosa que la mano dura y la continuación de las tradiciones más rigoristas del Islam wahabí están garantizadas.

El nuevo rey Salmán ha cambiado el funcionamiento de la Administración en algunos aspectos estructurales muy importantes, como por ejemplo la autoridad sobre los asuntos relacionados con el petróleo, con un nuevo consejo dirigido por su hijo, el ministro de Defensa, por encima del titular de la cartera de Petróleo.

Lo que no cambia es la extraordinaria arbitrariedad con la que los tribunales pueden imponer la pena de muerte, ya que no existe un Código Penal. Los sectores más conservadores continúan controlando los nombramientos de jueces. Hay una serie de delitos que conllevan la pena de capital, según la tradición wahabí, pero en otros el tribunal puede castigar el delito con la ejecución o no hacerlo, en función de las circunstancias que quiera considerar. Es el caso del tráfico de drogas.

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Sobre el Holocausto, el humor y la política madrileña

Érase una vez un cineasta brillante que tuvo una buena idea en una noche de 2011 y que la ejecutó de forma nada brillante. Érase una vez un escritor que decidió solidarizarse con ese cineasta –atacado e insultado desde todos los frentes– de forma poco inteligente con ejemplos sobre los límites del humor, así a lo bruto. Érase una vez una ciudad que inició una nueva era política y alguien descubrió ese y otros tuits del escritor, ahora concejal, y los denunció como un escándalo. Seis años después.

Ya a las doce de la noche de este sábado Esperanza Aguirre se lanzó en Twitter a exigir la dimisión de ese concejal, Guillermo Zapata. No era suficiente y 15 minutos después llamó a la nueva alcaldesa, Manuela Carmena, «cómplice de esas barbaridades» a menos que forzara el cese de su edil. Aguirre no iba a soltar la presa fácilmente.

Ayudó bastante a esas reacciones que en algunos artículos (como en este de El País) no hubiera en la noche del sábado ninguna referencia a la polémica inicial protagonizada por el director de cine, Nacho Vigalondo.

Vigalondo lo explicó todo de forma extensa en su momento, curiosamente en la página web de El País que ese periodista no había sabido descubrir. Al llegar a 50.000 seguidores, decidió crear un gag de Twitter.

«Imaginemos que yo fuese un villano de opereta con un plan maléfico, consistente en acaparar followers con excusas falsas (una carrera como cineasta) y, cuando acumulase un número lo suficientemente alto, sembrar el caos con mensajes devastadores. La idea era twittear un puñado de esas revelaciones, pero sólo me quedé en dos… “El holocausto fue un montaje” y “La bala mágica que mató a Kennedy todavía no ha aterrizado”.»

El gag no funcionó. Recibió una lluvia de insultos, él se encendió, abandonó el papel del villano de opereta, y respondió a los ataques esa noche con más tuits que podríamos definir como bastante salvajes («El niño del pijama de rayas se va de marcha»).

Los medios se le echaron encima días después y las repercusiones laborales empezaron a ser muy reales. Es cierto que Vigalondo se había equivocado, no había sabido medir el impacto del gag truncado y luego no se explicó ni pidió disculpas al día siguiente, sino unos días más tarde. El factor tiempo es imprescindible en Twitter si se quiere apagar un fuego, y a veces es imposible.

La respuesta fue brutal. El error existía, pero llegó un momento en que el responsable podía ver su vida destrozada, simplemente por un ejercicio de humor negro mal medido. La palabra linchamiento suele venir a la cabeza en estos casos.

Vamos a decirlo de forma brutal. Si alguien hubiera agredido a Vigalondo como venganza, es seguro que los medios se habrían solidarizado con él (como hemos visto recientemente en el caso de Charlie Hebdo). Como afortunadamente nadie le mató, había barra libre con él.

Dos años después, en una muy interesante entrevista lo recordaba: «Durante una temporada estuve horrorizado porque no veía los límites de la onda expansiva que se había levantado. En los momentos más bajos, llegué a plantearme la posibilidad de irme de España».

El autor de la entrevista, por cierto, era Guillermo Zapata.

El recién elegido concejal de Ahora Madrid había mostrado su apoyo a Vigalondo de forma indirecta, sin red de seguridad. El 31 de enero de 2011, dos días después del gag del cineasta, escribió en Twitter: «¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero».

Así sin más, es un chiste imposible de poner en ningún contexto favorable. Para mucha gente, será ofensivo o despreciable. Aun así, siempre importa quién hace un chiste así y con qué razones. No es lo mismo que lo haga alguien que quiere poner a prueba los límites del humor negro o un neonazi que niega la existencia del Holocausto. Eso es algo más que un par de matices, pero es imposible reflejarlos en un tuit.

Zapata pidió disculpas rápidamente en varios mensajes en la tarde del sábado. Los copio porque ha borrado su cuenta de Twitter. «Algunos chistes que he hecho en mi Timeline están produciendo enfado. Siento si es asi. El Holocausto me parece deplorable y terrible». «No soy en absoluto antisemita, al contrario, siempre me ha interesado la cultura judia y no me ha gustado su criminalización jamás». «Siempre me ha gustado el humor negro y cruel. Lo considero una expresion sana para reirnos de los horrores que hacemos los seres humanos». «Entiendo que no es lo mismo un tuit realizado por una persona anónima que la expresión de un representante público. Disculpas en ese sentido».

También había algún chiste sobre Irene Villa, pero de la reacción de la víctima de ETA se deduce que nadie debe escandalizarse.

Zapata también explicó que se trataba de tuits entrecomillados porque «el contexto era citar chistes en una conversación sobre límites del humor».

Vigalondo entonces y ahora Zapata son víctimas, además de sus errores, de la intolerancia hacia los artistas y creadores cuando se atreven a cuestionar con el humor u otras armas las verdades asumidas por la mayoría. Sabemos que en otros muchos países del mundo acabarían en una celda o algo peor. En los nuestros, más civilizados, el castigo más habitual es el destierro social.

Lo que no hay que olvidar es que no es necesario apoyar esos mensajes ni considerarlos apropiados para rechazar los ajustes de cuentas en los que alguien quiere sacar un rédito político que las urnas le han negado.

En la actual política madrileña, Aguirre ha marcado el camino que seguirán su partido y varios medios. La intención será restar legitimidad al resultado de las elecciones (no olvidemos que Aguirre dijo que Ahora Madrid iba a poner en peligro la «civilización occidental») o causar la primera víctima en las huestes del enemigo a la espera de buscar la siguiente. Porque es una guerra que tendrá muchas batallas.

No olvidemos el tema del humor. Veamos lo que cuenta Sarah Silverman sobre el Holocausto (subtitulado).

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Bienvenidos al misterioso mundo de los pactos

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Llegó el fin del bipartidismo y con él se nos presenta el confuso mundo de los pactos en el que se sabe cómo empieza una negociación pero no siempre cómo termina. Lo primero que hay que saber es que no se puede desear el fin del baile a dos sin reconocer que hay que aceptar lo segundo con todos sus inconvenientes. Los pactos siempre tienen un precio. Lo que importa es identificarlo, estar dispuesto a pagarlo y comunicarlo a los ciudadanos con honestidad. Todo lo demás es fantasía.

Cuando bajamos a la letra pequeña, encontramos algunas inconsistencias, pero para nada dramáticas. Con tantas alcaldías y presidencias autonómicas en juego, es lógico que ese deporte de contacto físico que es el juego postelectoral dé lugar a algunos tropiezos.

La actitud

Una crisis económica y de sistema político como esta produce declaraciones tajantes sobre lo que hay que cambiar de forma urgente. Eso casa mal a veces con conceptos como moderación, pragmatismo o empatía con el interlocutor que pueden ser útiles en las negociaciones. Presentarse en ellas con una actitud en plan lo tomas o lo dejas sólo suele conducir al fracaso. ¿Y en ese caso para qué negociar?

Las líneas rojas

En el plano retórico, la expresión favorita de estas semanas ha sido «líneas rojas». Algunos políticos lo repetían como si fuera una plegaria. De entrada, suena bastante bélico, como las líneas que marca un general en el mapa para indicar a las tropas el punto del que no se puede retroceder bajo ningún concepto.

Es cierto que algo tiene que presentar como irrenunciable el partido con menor número de votos, no sea que el que tiene más piense que le van a conceder el apoyo a cambio de nada.

Nadie regala nada en política, y es lógico que sea así. Pero cuanto más habla un partido de líneas rojas, más claro deja que no está muy interesado en negociar porque piensa que podrá convertir el fracaso de las conversaciones (reales o simuladas) en una victoria. Claro que en ese caso no puede denunciar el desenlace como una tragedia.

La cólera de Dios

El PP ha reaccionado con un ataque de cólera ante la noticia de que va a perder decenas de alcaldías importantes. «Comportamiento sectario y excluyente». «Desprecio a la voluntad popular». Actitud «mezquina y cortoplacista». Cualquiera diría que Rafael Hernando se ha tomado cuatro copas de Soberano antes de escribir el comunicado. En ayunas.

También acusa al PSOE de colaborar en dejar a Javier Maroto sin la alcaldía de Vitoria y entregarla al PNV, también con los votos de Bildu. «Ha preferido pactar con Bildu», dice el PP. Si es así, sólo se puede decir que han seguido la línea marcada por el Partido Popular. ¿Dónde? En Vitoria.

El partido que más poder institucional ha tenido desde 2011 en esta democracia y que lo ha ejercido despreciando cualquier aportación de otros grupos se queja ahora de que todos quieran pactar contra ellos. ¿Qué esperaban?

Y es un poco tarde ya para hacerse antisistema y bolivariano.

Pactos en despachos

Los nuevos partidos han presentado como ejemplo de la vieja política esos pactos «en los despachos» o «en los reservados de los restaurantes». La escenografía es muy importante en el teatro, pero no más que el libreto o los actores.

En inglés, se utilizaba antes la expresión «smoke-filled rooms» por la época en que las convenciones de los partidos en EEUU se dilucidaban no en el plenario ni en el apoyo conseguido por los candidatos en las primarias, sino en los encuentros secretos de los altos cargos en los que se decidía el nombre del candidato. Lo de «smoke» viene por los puros que fumaban.

Ahora se fuma menos, pero eso no quiere decir que los aparatos de los partidos no decidan ciertas cosas muy importantes sin que los demás nos enteremos (en el caso del PP, con el dedazo del líder es suficiente para elegir al número uno de la candidatura).

¿Entonces la alternativa es celebrar la negociación en mitad de un parque con altavoces o megáfonos? La transparencia es básica, pero sobre todo en relación al resultado de la negociación. La gente tiene derecho a saber qué es lo que se ha pactado y por qué, no a que le retransmitan las conversaciones en plan Carrusel Deportivo. Lo segundo puede hacer que todo se reduzca a un intercambio de discursos y golpes en el pecho, y al fracaso.

La confianza

La gente vota a un partido político para que le represente, no pensando en que le va a engañar incluso antes de que tomen posesión los elegidos. Si no te fías de esos políticos para que defiendan su programa en los contactos con otro partido, ¿vas a confiar en ellos el resto de su mandato, que es como decir cuatro años enteros? La nueva política nunca consistió en pensar: voy a elegir a gente nueva, pero sé que me van a engañar en la primera oportunidad que tengan.

La gente

Preguntaron a Susana Díaz en la campaña electoral de las andaluzas sobre posibles pactos. «Yo quiero pactar con la gente», respondió. What? Supongo que se refería a que reclamaba una mayoría absoluta que nunca le iban a entregar. Es decir, respondió con una fantasía irreal. Después, vienen los pactos de verdad, los que no haces con «la gente», sino con los rivales. Los que tienes que acordar con LOS OTROS (que en este caso no están muertos).

«Nosotros traemos el cambio, no el pacto», dijo Pablo Iglesias en el último mitin de la pasada campaña. Estupendo para que el público se rompa las manos aplaudiendo, pero si no se consigues la mitad más uno, tendrás que propiciar el pacto o sentarte en tus escaños y que gobierne la lista más votada, que en muchas ciudades ha sido el PP.

La vieja y la nueva política coinciden con frecuencia en presentar los pactos poco menos que como sinónimo de rendición, de algo impuro. Pero la primera que es impura es la gente, que no parece por la labor de volver a ningún bipartidismo que convierta los pactos en una excepción.

Nunca se empieza de cero

Lo que ha ocurrido en Gijón y Oviedo permite apuntar dos factores importantes. 1/ El pasado importa. 2/ El que la hace, la paga.

No importa que el acuerdo parezca factible, en el caso de Gijón, un pacto entre el PSOE y Xixón Sí Puede que dejaría sin alcaldía a la fuerza más votada, el Foro liderado por Álvarez Cascos. Las negociaciones nunca empiezan de cero. Lo ocurrido tiempo atrás deja huella, a veces una desconfianza imposible de superar. En Gijón había muchas cuentas pendientes de épocas anteriores en las que los socialistas tenían el poder local.

Quizá habría sido más honesto presentar duras y concretas condiciones que al PSOE le hubiera costado aceptar. O decir de entrada que el acuerdo era imposible. En vez de eso, Xixón Sí Puede convocó una consulta abierta. Mucha gente afirma que el Foro movilizó a sus seguidores para que votaran contra el pacto. No es extraño. De repente, alguien había ordenado una segunda vuelta con entrada libre y derecho a primera copa gratis.

Resultado: Xixón Sí Puede obtuvo 29.750 votos en las elecciones. Unas 200 personas celebraron la asamblea que convocó la consulta, y en esta hubo 3.566 votos (salió el ‘no’ al pacto con el PSOE por amplia mayoría). Los números no dejan en buen lugar a todo este proceso.

Horas después, el PSOE decidió pagar a las candidaturas populares con la misma moneda y castigó a Oviedo negando el apoyo ya comprometido a Somos Oviedo. En este caso, el sorprendido beneficiario pasó a ser el PP. Las ideas ya no importaban. Sólo quedaba la vendetta. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir.

Misión no tan imposible

Barcelona en Comú consiguió once concejales en las elecciones locales, uno más que CiU. Era un resultado magnífico que casi le aseguraba la alcaldía a Ada Colau. Pero se quedaba lejísimos de la mayoría absoluta en un pleno de 41 concejales. Los intereses de los demás partidos formaban una red de intenciones difícil de analizar, no ya para el arranque del mandato, sino para los próximos cuatro años.

Algo hicieron bien unos y otros para que al final Colau vaya a recibir los votos de 21 concejales, es decir, la mayoría absoluta.

Moraleja: sí se puede.

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El FMI devuelve a Grecia a la casilla de salida

El equipo negociador del FMI ha abandonado Bruselas dando por terminadas (de momento) las negociaciones con Grecia. Frente a los anuncios optimistas de los últimos días procedentes de Atenas, la conclusión que se puede extraer de los comentarios del portavoz del FMI en Washington no puede ser más pesimista.

El tema de las pensiones es especialmente delicado después de que el Tribunal Supremo griego haya declarado anticonstitucionales los recortes aplicados en 2012 por imposición de la troika (no así los aprobados entre 2010 y 2012). El fallo no tiene efectos retroactivos, pero obliga al Gobierno a destinar unos 1.000 millones más de euros a las pensiones, según los primeros cálculos.

El FMI destaca que el gasto en pensiones de Grecia es muy superior a la media europea en relación al PIB. Es otra de las consecuencias del hundimiento de su economía desde 2010. Pero además el sistema griego permite la jubilación anticipada antes de los 60 años (obviamente, no con la pensión completa). Es otro efecto de la crisis, porque muchas personas se acogen a ella para tener algún ingreso cuando saben que les resultará imposible encontrar un trabajo.

Tsipras ha dicho que en los últimos cinco años, las pensiones han caído un 48% (no el gasto en pensiones), y que el 45% de los pensionistas vive bajo el umbral de la pobreza.

«Como nuestra directora ha dicho en muchas ocasiones, el FMI nunca abandona las negociaciones», ha dicho el portavoz. Claro, sólo deja que el interlocutor se ablande el tiempo suficiente como para que tenga que rendirse más tarde.

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El punk se hace capitalista

virgin punk card

En un nuevo intento por demostrar que el capitalismo lo digiere todo más tarde o más temprano y como mucho expulsa las pepitas, van a comenzar a circular por el Reino Unido tarjetas de crédito con la imagen del primer ‘single’ de Sex Pistols: ‘Anarchy in the U.K.’ (y otras portadas del grupo), por cortesía de la división financiera de Virgin.

«Soy un anticristo, soy un anarquista, no sé lo que quiero, pero sé cómo conseguirlo», decía la letra de una canción definida de inmediato como un símbolo de la ira, confusión y frustración de los jóvenes británicos de los 70. Una forma de escupir sobre el sistema y sus valores, que fue aún más lejos con la canción ‘God Save the Queen’ y su caracterización del país como un «régimen fascista». El punk, tío, todo es una mierda y nada nos importa una mierda.

El dueño de Virgin, Richard Branson, es casi tan listo como Malcolm McLaren y ha pagado una cantidad no desvelada por los derechos. Dice que la banda no ha perdido su capacidad de provocación. Virgin afirma que es una forma de «poner un poco de rebelión en los bolsillos» de sus clientes. Seguro que sí, sobre todo si no tienen fondos en la cuenta corriente.

Que los supervivientes de los Sex Pistols están dispuestos a pillar dinero de donde sea es conocido. Que Branson, a la manera de Ryanair, es capaz de todo con tal de salir en los titulares, lo mismo. Pero ambos continúan una tradición muy consolidada. Como el estómago de una vaca, no hay material por correoso que parezca que el capitalismo no pueda aprovechar en su beneficio. A veces cuesta más tiempo del que esperaba, hace que salten algunos dientes y provoca algún mareo por el esfuerzo, quizá una ligera gastroenteritis, pero siempre termina por extraerle proteínas.

Lo mismo vimos aquí cuando Telefónica utilizó en un anuncio de 2011 una especie de asamblea vecinal algo inspirada en el 15M (convenientemente tuneado después). O más recientemente cuando el Banco Santander dio la vuelta a la denuncia de la «generación perdida» para vender la idea de la «generación encontrada».

No es marketing. Es una forma de vida.

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El director de la CIA sufre un ataque de sinceridad

No ocurre todos los días que el director de la CIA emplea un argumento que en líneas generales podría encontrarse en un texto de, pongamos, Edward Said. Le preguntaban si Obama no estaba realmente implicado en la actual «guerra contra el terrorismo» (hay que suponer que se refieren sobre todo a ISIS) y John Brennan respondió:

«No creo que haya nada de eso. He participado con esta Administración en diferentes funciones en los últimos seis años y medio y sé que ha habido un esfuerzo general para mantener seguro a este país. Los problemas en Oriente Medio, sean en Irak, Irán, Siria, Yemen, Libia y otros han sido los más complejos y complicados que he visto en mis 35 años trabajando en asuntos de seguridad nacional. Por tanto, no hay soluciones fáciles.

Creo que el presidente ha intentado que no vayamos demasiado lejos a la hora de proteger este país. Pero tenemos que reconocer que a veces nuestra implicación directa (en esas crisis) provocará nuevas amenazas a nuestros intereses de seguridad nacional».

La última frase es la que cuenta. No suena espectacular, pero dice mucho sobre una realidad que aparece en raras ocasiones en el discurso político norteamericano y tampoco en las coberturas que hacen los medios de comunicación. Alguien pensará que sólo Fox News se ocupa de tocar los tambores patrióticos cuando un presidente de EEUU decide que la mejor forma de solucionar una crisis o un problema estructural consiste en enviar a los marines para disparar a todo lo que se mueva.

No es cierto. Todos los demás medios –me refiero a los más importantes, incluidos los críticos a la política exterior de ese presidente– se lanzarán a elogiar las ventajas de esa intervención, destacarán los sustanciosos avances que se están produciendo sobre el terreno y criticarán al Gobierno si no muestra el debido entusiasmo en apoyar a «nuestros chicos». Siempre bajo la idea de que EEUU es la nación indispensable para promover la causa de la libertad a corto y largo plazo en cualquier punto del planeta. Que no es otra cosa que la posición por defecto de un imperio. La extensión de su influencia en todo el mundo sólo puede traer como efecto la propagación de valores civilizados frente a los bárbaros.

Y la lista de errores estratégicos provocados por esa mentalidad es interminable, y aparece bastante bien reflejada en esos mismos medios cuando se analizan acontecimientos del pasado, de años o décadas atrás (Vietnam en los 60 y 70, Afganistán en los 80, Irak a partir de 2003). Pero da igual. En cuanto al presente, nunca hay la más mínima duda. Y si la hay, se sepulta en la página 14 del periódico o en algún artículo de opinión con el que aparentar un mínimo equilibrio frente a 28 artículos que defienden lo opuesto.

Micah Zenko relaciona estas palabras con la amenaza, ahora omnipresente en los medios, de los «lobos solitarios». Comenta que los expertos en antiterrorismo en círculos del Gobierno se refieren al relato propagandístico que hacen grupos como ISIS como la causa de que esas personas piensen que deben intervenir personalmente cometiendo un acto de violencia. Y dice que en Washington nadie se plantea lo que subyace a esa interpretación: que las acciones políticas y militares de EEUU en el exterior pueden contribuir a confirmar ese relato y hacer más factible que esos ataques se produzcan.

Frente a la idea, que se puede encontrar en múltiples artículos de expertos (debería haber puesto comillas) de que esos «lobos solitarios» reciben órdenes del exterior a través de las redes sociales (me pregunto qué explicación daban cuando no había redes sociales) y reaccionan como robots, cogen un arma y empiezan a matar gente o conspirar para montar un atentado terrorista, está la realidad de que lo que puede empujarles a actuar está en lo que se ve con frecuencia en las televisiones. Ni EEUU ni Europa puede decir que es completamente ajena a esos conflictos porque cuando no interviene directamente (y ha habido múltiples casos de eso en los últimos 15 años) lo hace indirectamente apoyando a los gobiernos que protagonizan conflictos bélicos. El último caso es el de Yemen.

Pero no, la culpa nunca es nuestra. Siempre es de los bárbaros.

A veces esa responsabilidad política resulta más letal sobre el terreno en términos mucho más concretos. Gracias a su conquista de Mosul y Ramadi, ISIS se ha hecho con el control de un arma que ha resultado ser devastadora. ¿Misiles? ¿Armas antitanque? ¿Piezas de artillería? No en este caso. Vehículos de cuatro ruedas. ISIS se apoderó de un elevado número de Humvees, que se han convertido ahora en el coche bomba perfecto. Pueden transportar un peso elevado sin que sus suspensiones se dañen, pueden por tanto cargarse de grandes cantidades de explosivos, y tienen un poderoso blindaje que les protege del fuego de armas ligeras, la oposición más habitual que encuentran cuando se lanzan contra una posición. De lo que no carece ISIS es de explosivos y de voluntarios para subirse a esos coches. Con el Humvee tienen la mezcla perfecta.

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