El inevitable fracaso de Obama en las elecciones

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Pobre Barack Obama. Pobre Partido Demócrata. Pobre Tea Party. Las elecciones legislativas de mitad de mandato son acontecimientos políticos que tienen mucho de anticlímax en la política norteamericana. Reciben una gran cobertura de los medios, preocupan obviamente a los políticos y dejan bastante indiferentes a muchos norteamericanos que sólo se motivan cuando toca elegir al presidente. El índice de participación baja a mínimos, y eso beneficia al partido que hace la mejor campaña negativa, aquella en la que se protesta más por la situación política y económica.

Además, los comicios están trucados. La práctica del ‘gerrymandering’ (el diseño interesado de los distritos electorales para que beneficien al partido que casi siempre gana allí) hace que la inmensa mayoría de los miembros de la Cámara de Representantes tenga garantizada la reelección, a menos que les pillen en la cama con una chica muerta o con un chico vivo (por utilizar la célebre y tantas veces repetida frase de Edwin Edwards, gobernador de Luisiana en cuatro mandatos diferentes).

Si esas elecciones se celebran en la mitad del mandato del presidente que ya no se puede presentar a la reelección, el anticlímax es aún mayor. Las incógnitas son menores. Después de seis años en la Casa Blanca, el presidente tiene que hacer auténticos esfuerzos para relacionarse con el resto de los mortales. Y puede ocurrir, como ahora, que no sea muy popular, por lo que cualquier candidato con problemas pensará que estar cerca del presidente en un acto electoral es lo más parecido a pillar una enfermedad venérea.

El descenso en participación hace que las elecciones de mitad de mandato tiendan a favorecer a los republicanos. Los miembros de las minorías (es decir, todos los que no son blancos, anglosajones y protestantes) sienten que tienen poco que agradecer a su congresista y senador, mientras que la elección presidencial les abre una ventana al futuro: es el momento en que quizá su voto sea clave para que la sociedad sea más inclusiva, más abierta a tener en cuenta sus necesidades, menos predispuesta a mantener el statu quo sólo porque las cosas se han hecho siempre así.

Y si quieren votar en las legislativas y viven en Texas, lo van a tener difícil. Y, como mínimo, tendrán que echarle mucha paciencia.

EEUU cuenta con un régimen presidencialista en el que el presidente tiene mucho menos poder del que nos imaginamos. Los votantes que creen que las cosas deberían cambiar sólo se fijan en la primera parte de la frase.

¿Importa mucho que los demócratas pierdan el control del Senado? Puedo equivocarme, pero tengo la sensación de que no es el caso. Habría que verlo desde el punto de vista de lo que ocurriría si se produjera el caso contrario. ¿Serían muy diferentes los dos últimos años de Obama si su partido mantuviera la mayoría del Senado? No demasiado. Obama ni siquiera ha conseguido que el actual Senado confirmara su nombramiento del doctor Vivek Murthy como ‘surgeon general’, un importante alto cargo del sistema sanitario que es un cargo de confianza política, pero que al mismo tiempo suele ser una persona de credenciales médicas sólidas. Lo nombró hace casi un año y aún está esperando la preceptiva confirmación.

Ocurre que el doctor Murthy cree que la abundancia de armas en la sociedad norteamericana es un factor que tiene claras consecuencias sanitarias por el nimio detalle de que mucha gente muere o resulta herida a causa de ellas. Fue suficiente para que la NRA se movilizara en su contra, los republicanos lo consideraran una afrenta y unos cuantos senadores demócratas moderados se cagaran de miedo ante la posibilidad de tener que votar en su favor. Y ahí sigue esperando el nombramiento.

Roger Senserrich comenta que es inaudito que el escenario político no sea favorable a Obama y los demócratas por la situación económica moderadamente satisfactoria de los últimos años. La recuperación económica ha sido un hecho, aunque no espectacular (desde luego sí lo es comparada con la UE). Obama ha conseguido que se apruebe una reforma sanitaria que tendrá más repercusiones sociales favorables para sus votantes que cualquier otra medida de su presidencia. EEUU se ha mantenido alejado de aventuras militares imperiales y ha cerrado sus intervenciones en Irak y Afganistán. En falso, porque no había ninguna posibilidad de victoria, tal y como la entiende un granjero de Iowa, pero esa es otra cuestión.

Se da la paradoja de que los norteamericanos no muestran ningún apetito por volver a enviar a los marines para imponer a golpe de invasión un tipo de sistema político a sociedades de Oriente Medio que no pueden ser cambiadas desde fuera y por la fuerza. Pero al mismo tiempo quieren que si surge una nueva amenaza global a la que los medios de comunicación y los expertos académicos ‘oficiales’ describen como el nuevo Hitler o incluso como un Hitler islámico con el carisma de Bin Laden y el potencial destructivo de Stalin (porque ese es el nivel del discurso político sobre ISIS en EEUU, con algunas excepciones), en ese caso el presidente de EEUU debe erigirse en salvador de la humanidad. Siempre, claro está, que eso no suponga un alto precio en vidas y dinero, porque para ellos la guerra consiste en matar a muchos enemigos y muy rápido para volver cuanto antes a casa y poder celebrar en familia el Día de Acción de Gracias.

He olvidado comentar antes que Roger tiene razón en lo que he resumido de su artículo. O al menos creo que tiene razón. Aparentemente, eso no es lo que importa en estas elecciones. En el NYT, Lynn Vavreck explica que mientras en las elecciones presidenciales el factor fundamental es la situación económica, en las legislativas de mitad de mandato el resultado depende del presidente, de su nivel de apoyo y credibilidad. Por eso, en los últimos 80 años el partido del presidente ha perdido de media 27 escaños en la Cámara de Representantes y cuatro en el Senado en estos comicios. «El nivel medio de aprobación de la forma en que el presidente está realizando su trabajo explica más la pérdida de escaños que los indicadores económicos», escribe Vavreck.

obama coolEs decir, si la clase media pierde a chorros poder adquisitivo, si la recuperación económica es anémica, si los nuevos puestos de trabajo que se crean no conllevan los mismos salarios que ofrecían los empleos perdidos en la recesión… la culpa es del presidente.

No importa que si los republicanos hubieran estado en la Casa Blanca, las medidas de estímulo de la economía hubieran sido menores (o quizá no lo habrían sido, pero sus críticas a las decisiones de Obama hacen pensar eso) y por tanto EEUU se hubiera parecido mucho más a los países de la UE.

Los norteamericanos creen disfrutar de una presidencia imperial en la que el jefe de Estado está en condiciones de cambiar sus vidas, y la de muchos habitantes de países extranjeros, lo quieran o no. Desprecian al Congreso como institución, pero reeligen a sus congresistas como si estos no fueran responsables del lamentable funcionamiento de esa institución. Quieren que sus presidentes sean tipos con convicciones firmes y que no se guíen por el aroma de las encuestas, pero también pretenden que lleguen a acuerdos con los congresistas del otro partido, aunque estos prefieran una sesión con un dentista sádico antes que reunirse con el presidente, negociar y por tanto ceder en algo.

Obama no es esa clase de chica. Si lo fuera, tampoco tendría éxito en el baile. Es un político cerebral, y por tanto dubitativo, que ganó unas elecciones vendiendo un producto que era él mismo, no una idea. Y la idea que vendió –acabar con la paralisis institucional en el sistema político norteamericano– o era un ardid para venderse como algo nuevo o se trataba de una hazaña que estaba fuera de sus posibilidades o de su talento.

Con la reforma sanitaria, consiguió una proeza que será el gran legado de su mandato. Ya no le queda mucho por conseguir dentro de sus fronteras.

Para colmo, en política exterior cree que la otra pata de su legado puede ser impedir la proliferación nuclear en Oriente Medio con un acuerdo con Irán que impida que ese país se haga con armas nucleares. A través de un pacto que no será perfecto ni infalible, pero que será sin duda mucho mejor que otra guerra en la zona que garantizaría otra década de sangre y violencia como la pasada. Pero los republicanos sufrirán un infarto cerebral al gritar que esos tipos con barba y turbante sólo entienden el ruido que hace un cazabombardero lanzando su carga.

No es lo que los norteamericanos que voten este martes esperan de un presidente imperial, y por eso Obama y su siempre acobardado partido sufrirán un fuerte revés en las elecciones.

La foto es de Pete Souza, de la Casa Blanca.


Por este orden, gráficos con previsiones del NYT, WSJ y New Yorker.

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Una matanza en Irak y el recuerdo de una guerra civil

Human Rights Watch ha reunido los datos conocidos sobre una matanza ocurrida en Irak en agosto. Un grupo de hombres armados entró en una mezquita en la provincia de Diyala y acribilló a las personas que asistían al rezo de los viernes. Murieron 34 personas, todas ellas suníes.

Heridos y testigos reconocieron a algunos de los agresores porque viven en la zona. Llevaban inscripciones que los identifican como integrantes de una milicia chií.

Las autoridades creen que el ataque fue una represalia por una explosión anterior a 20 kilómetros del pueblo en un atentado en el que murieron cinco miembros de esa milicia.

«Las autoridades iraquíes y los aliados de Irak han ignorado este horrible ataque. Luego se preguntan por qué el grupo radical Estado Islámico tiene tantos partidarios en la comunidad suní», dice Joe Stork, director adjunto de HRW en Oriente Medio.

Es otro de los escenarios más preocupantes que se ciernen sobre Irak. Cabe la posibilidad de que la ofensiva del ISIS en las zonas suníes y kurdas acabe en una repetición de la guerra civil de 2006 y 2007. Milicias chiíes y escuadrones de la muerte promovidos por el Ministerio de Interior se ocuparon de eliminar a miles de personas, civiles iraquíes cuyo único crimen era ser suní, por ejemplo en algunos casos, acabar en un control de carretera en el que todos los que se llamaban Omar (nombre habitual entre suníes) eran asesinados de un tiro.

[En una primera edición, había escrito en la segunda parte de la frase final que los chiíes mataban a chiíes por llamarse Alí. Obviamente se trataba de chiíes matando a suníes y por tener otro nombre. Siento el error.]

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

A cámara lenta.

Alan Moore ha escrito una novela más larga que la Biblia.
–Por qué unas películas ganan el Oscar y otras no.
La música es muy importante en el cine de terror.
–Woodward y Bernstein escriben sobre Ben Bradlee.
Jackson Pollock, trabajando.
–Por qué Australia odia Halloween.
Muhamad Ali en 25 fotos.
–Cómo es la vida de una actriz porno.
–No estamos solos en el universo, pero sí en la Vía Láctea.
–Los grandes cambios de los últimos 1.000 años.
–La guerra contra el lobo en Alaska.
¡Pelea de osos!
Frank Serpico recuerda el día en que otro policía le disparó en la cara y por qué ha cambiado muy poco en relación a la policía en EEUU.

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Lo que la Casa Blanca piensa de Netanyahu

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Fuera caretas. Nada de sutilezas diplomáticas. Se acabaron las buenas maneras. Un artículo de Jeffrey Goldberg en The Atlantic ha desvelado el lenguaje seco y brutal que los altos cargos de la Administración de Obama utilizan cuando hablan del primer ministro israelí.

Uno de ellos cuenta a Goldberg que Netanyahu es un cobarde (chickenshit). Por si hay alguna duda, lo explica: «Lo bueno de Netanyahu es que le da miedo iniciar una guerra. Lo malo es que no hará nada para buscar un acuerdo con los palestinos o con los estados árabes suníes. Lo único que le interesa es no sufrir una derrota política (en Israel). No es Rabin, no es Sharon, sin duda no es Begin. No tiene valor».

No sólo habla en términos generales, que también. La Casa Blanca ya no cree que Israel esté dispuesta a lanzar un ataque contra el programa nuclear iraní, como sí temían en 2010 y 2012. En realidad, ahora está más preocupada por la capacidad de Netanyahu de boicotear cualquier posibilidad de negociaciones con el Gobierno palestino de Abás a través de la expansión de los asentamientos. Eso no puede sorprender a nadie, y menos en Washington. Un avance de las conversaciones pondría en peligro al Gobierno israelí de coalición. Casi seguro provocaría su final.

[Según algunos medios israelíes, esa fuente anónima podría ser Ben Rhodes, un asesor de Obama clave en política exterior. Quizá sea sólo una especulación o una forma de demostrar que los asesores más cercanos a Obama están señalados.]

El incremento de la tensión entre EEUU e Israel tiene algo que ver con las inminentes elecciones de noviembre. No por los comicios en sí, sino por los dos años que restarán del mandato de Obama. Sin más citas con las urnas hasta su salida de la Casa Blanca, Obama tendrá muchas menos presiones internas en relación a la política exterior. Para horror del Partido Demócrata, no tendrá que aceptar ninguna imposición israelí, y eso Netanyahu lo sabe.

No es que eso vaya a cambiar por completo la política norteamericana sobre Israel. Pero sí le permitirá buscar en lo que quede de noviembre un acuerdo con Irán por el que Teherán mantendrá su programa nuclear con los controles necesarios para que no se convierta en una programa de fabricación de armas nucleares. En teoría, y por lo que respecta al posterior levantamiento de las sanciones a Irán, eso exigiría el visto bueno del Congreso, pero la Casa Blanca ha dejado entrever que tiene recursos legales para obviar ese requisito.

Eso haría las veces de cortocircuito del último recurso de Netanyahu, citado en el artículo de Goldberg: «Netanyahu ha dicho a varias personas con las que he hablado en los últimos días que ya ha dado por imposible a la Administración de Obama, y planea dirigirse directamente al Congreso y al pueblo norteamericano si se alcanza un acuerdo nuclear con Irán».

En sus últimos dos años, Obama será un ‘lame duck’ con muy escaso margen de maniobra en política interior. Fuera de sus fronteras, seguirá siendo el presidente de EEUU.

¿Hasta qué punto puede presionar EEUU a Israel? Resulta difícil de creer, como apunta Goldberg, periodista con buenas fuentes en Washington y Jerusalén y que ha entrevistado a Obama y Netanyahu, que EEUU vaya a dejar de ser el mejor guardaespaldas de Israel en la ONU y otras instituciones internacionales. Pero nunca se debe subestimar la capacidad de presión de un imperio.

A corto plazo, esa guerra fría entre los dos gobernantes beneficia al israelí en su país. En un contexto político en el que no hay declaración nacionalista que no pueda multiplicarse por cien, Netanyahu puede presentarse como el líder al que sólo le preocupan los intereses de su país y que no se achanta ante las presiones de fuera. Pero si la tensión se hace estructural, muy pronto sectores del poder político y económico en Israel recordarán a su primer ministro que la relación con EEUU es el mayor activo estratégico del país.

El ministro de Hacienda, Yair Lapid, líder del partido centrista Yesh Atid, ha tenido una pelea con Netanyahu sobre el aumento de la inversión de infraestructuras en los asentamientos: «De ningún modo voy a autorizar este tipo de transferencias de fondos a menos que alguien me diga que se ha tomado una decisión para acabar con la relación especial con EEUU y que se va a dar prioridad a los asentamientos sobre el resto de la periferia israelí». En resumidas cuentas, alejarse de EEUU y del centro político abre huecos que otros partidos buscarán aprovechar.

El veterano periodista israelí Ben Caspit pone en relación el último asalto con lo que ya ocurrió en la campaña electoral de las elecciones norteamericanas de 2008. Netanyahu y el millonario Sheldon Adelson hicieron las maniobras necesarias, más discretas en el primer caso, para que Mitt Romney derrotara a Obama. Un presidente de EEUU no olvida estas cosas.

Adelson vuelve ahora a la carga en las elecciones legislativas del próximo martes con su apoyo multimillonario a varios candidatos republicanos. El magnate de los casinos es dueño del periódico de mayor difusión de Israel, medio al que todos definen como proNetanyahu, antes que proLikud. Es un poco exagerado pensar que donde va Adelson, le sigue el primer ministro. Sólo un poco.

Hace diez años, todas estas discordias hubieran dejado a Obama en una posición indefendible en EEUU. La evolución de la opinión pública y los medios, no tanto en el caso de la clase política, le permiten otras opciones. Hay más voces críticas en los medios al tipo de relación de los dos países, por la que Washington no puede osar desafiar al Gobierno israelí, así como a los bombardeos recientes sobre Gaza, y más transparencia en la información sobre el poder del lobby judío en la política norteamericana.

El largo reportaje publicado por The New Yorker este verano es una muestra de esto último. También se puede reseñar como ejemplo lo que ha contado Noam Chomsky. Durante décadas, necesitó protección policial cada vez que daba una conferencia sobre Israel y Palestina en una universidad norteamericana. Ya no.

En cualquier caso, el duelo entre Obama y Netanyahu dará lugar a muchos más capítulos. Tienen algo más de dos años para sacudirse duro.

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Todos contra Merkel

¿Hay algo que los principales medios económicos estén intentando contar a Angela Merkel y la banda armada de la austeridad?

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«Sólo está descansando», dice la portada de The Economist que dice Merkel (el chiste viene a cuenta del famoso sketch de Monty Python).

Tras un par de años de sostener que eso no podía ocurrir, el estancamiento no va a durar tanto, la deflación no era una amenaza real, la recuperación llegará gracias a las reformas, etc, etc, etc, la eurozona está «al borde de la tercera recesión en tres años», dice The Economist.

El consejo de la revista: «Si Europa quiere impedir que su economía empeore, debe poner fin a a su comportamiento autodestructivo. El BCE necesita comenzar a comprar deuda soberana. La canciller alemana, Angela Merkel, debería permitir a Francia e Italia que reduzcan el ritmo de sus recortes fiscales; a cambio, ambos países deberían acelerar sus reformas estructurales. Alemania, que ahora pide prestado dinero con tasas de interés reales negativas, podría invertir más en infraestructuras».

El resultado en números de estas y otras medidas sería un programa de inversiones en toda la eurozona de unos 300.000 millones de euros. ¿El Economist pretende ese fenomenal esfuerzo de inversión pública? Sí que tiene estar jodida la cosa.

¿Entonces, es cierto que hay medios que ya no saben qué hacer para que Merkel escuche?

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Bloomberg Businessweek le echa valor, sin duda. Un artículo de 3.000 palabras para decir que «Keynes es el economista que el mundo necesita ahora». En Berlín ya han cortado la suscripción.

Podríamos deducir que esta es una campaña del capitalismo para conseguir que Merkel no hunda el capitalismo, y que además cuenta con la colaboración de Mario Draghi, convencido de que es necesario contemplar (quizá incluso adoptar) las mismas medidas que provocan escenas histéricas en el Bundesbank y en la cancillería alemana.

¿Tiene algunas posibilidades de éxito esta iniciativa? Veamos lo que contaba Reuters hace una semana. Benoit Coeure, miembro del Consejo del BCE y muy cercano a Draghi, viajó a Berlín hace unas semanas para convencer a Merkel de que es necesario reducir la intensidad de las críticas alemanas al banco central.

Ja.

«Esta tensión (entre los alemanes y Draghi) es más evidente en la relación entre Draghi y el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, que, según numerosas fuentes oficiales que hablaron con Reuters a condición de que no se revelara su identidad, prácticamente está rota. Pero el problema es aún mayor.

Según fuentes alemanas, Merkel se siente traicionada por el discurso que dio Draghi en la conferencia financiera de Jackson Hole, en Wyoming en agosto, en la que presionó a Berlín para que abriera la mano en la política fiscal con el fin de estimular la economía».

Berlín teme que si los últimos planes del BCE no funcionan, Draghi se decida a incurrir en la ignominia de que el banco central compre deuda soberana. Eso es tabú en Alemania, según la interpretación de las fuentes citadas por Reuters, porque las autoridades creen que sería un regalo caído del cielo para el nuevo partido euroescéptico AfD.

Podríamos añadir que todo esto no es sólo por AfD. Esta es una guerra de religión (económica) en la que Berlín no está dispuesta a transigir con los infieles.

El artículo de Reuters se titula «El problema alemán de Draghi». En realidad, todos tenemos un problema alemán.

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Pornografía de guerra en Israel

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Dos avispados emprendedores (por llamarlos de alguna manera) lanzan un calendario con fotos de chicas israelíes que están realizando el servicio militar con la intención de obtener dinero para lanzar una línea de ropa. No es una mala decisión empresarial. Responde a la imagen que la sociedad israelí ha ido desarrollando a lo largo de años en relación a su Ejército, las misiones que le encomiendan y el orgullo nacional porque ese poder le permite ignorar la realidad actual y el futuro.

Las armas y los cuerpos se confunden. Ambos son máquinas de matar.

La guerra es sexy en Israel. Levanta el ánimo a la gente en los buenos momentos y en los malos. Ayuda a olvidar que hay decisiones políticas complejas y difíciles que esa sociedad debe afrontar. En última instancia, queda el recurso de empezar a disparar. Quizá haya que pagar un alto precio en bajas propias, pero los otros lo pasarán mucho peor. Si en el otro bando son numerosos los civiles muertos, la culpa es de ellos por haber provocado a la bestia.

Lo que ha ocurrido en los últimos años, los ataques sobre el sur de Líbano y Gaza, han dejado un sabor amargo, porque la victoria no ha sido total. Raramente las guerras asimétricas dan lugar a resultados claros. El enemigo sólo tiene que resistir, encajar el golpe y estar en condiciones de seguir luchando un día más. Pero eso no se entiende en Israel, donde aspiran a que el Ejército solucione los problemas que la política se niega a asumir. Eso obligaría a negociar, a ceder en algunos aspectos, a pagar un precio político.

Los resultados inconclusos de esas guerras dejan confundidos a políticos y medios de comunicación. Por eso, es habitual encontrar artículos en los que el autor se pregunta cuándo empezará la siguiente. Sin victoria total, sin una ofensiva que destruya para siempre a Hizbolá o a Hamás, el orgasmo es incompleto. Es un mal polvo.

La única manera de superar la frustración es echar un vistazo al calendario. A falta de sexo satisfactorio, siempre está la opción de la masturbación.

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Presunción de culpabilidad

Esperanza Aguirre dice que está «alucinando en colores». Rita Barberá afirma que se encuentra «ojiplática». Acostumbrado a dirigir un partido de imputados, Alberto Fabra ve la nota positiva desde Valencia: ha insistido que «especialmente todo está en la Comunidad de Madrid». Pero no hay respuesta más espectacularmente desvergonzada en el PP al escándalo de corrupción que ha alcanzado a varios alcaldes de Madrid y al presidente de la Diputación de León entre otros, que la de Esteban González Pons. No por las palabras empleadas, sino por el cóctel magistralmente irónico que forman el qué y el dónde.

Decir que el PP «rechaza cualquier tipo de corrupción» y hacerlo en la misma sede cuya reforma se pagó con dinero negro, según la investigación dirigida por el juez Ruz, eleva la definición de descaro a una dimensión inaudita. Habría que recordar la palabra yiddish chutzpah, o mejor dicho la escena con la que se suele definir por aproximación: dos hermanos asesinan a sus padres y luego piden clemencia ante el tribunal alegando ser dos pobres huérfanos.

Continúa en Zona Crítica.

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Los rehenes españoles de ISIS

The New York Times publica este domingo un largo artículo sobre el penoso cautiverio de los rehenes secuestrados por ISIS. Es una lectura difícil porque te permite conocer las terribles penalidades, torturas incluidas, por las que tuvieron que pasar.

El artículo hace una referencia a los periodistas españoles que al final fueron liberados:

«Los prisioneros descubrieron pronto que los secuestradores habían identificado a los países que probablemente pagarían un rescate, dice un antiguo rehén, uno de los cinco que han hablado sobre su tiempo pasado en la red de cárceles de Estado Islámico con la condición de que no aparezcan sus nombres.

«Los secuestradores sabían qué países estarían más abiertos a sus exigencias, y ordenaron (a los rehenes) en función de las negociaciones que fueran más fáciles», dice. «Comenzaron con los españoles».

Un día, los guardianes entraron y señalaron a los tres rehenes españoles. Dijeron que sabían que el Gobierno español había pagado seis millones de euros por un grupo de trabajadores de una ONG secuestrados por un grupo de Al Qaeda en Mauritania (supongo que se refiere a estos), una cifra disponible en artículos aparecidos en Internet.

Mientras las negociaciones sobre los rehenes españoles progresaban rápidamente –el primero fue liberado en marzo, seis meses después de su captura–, los radicales pasaron después a ocuparse de los cuatro periodistas franceses».

Cuando Javier Espinosa, Marc Marginedas y Ricardo García Vilanova recobraron su libertad, todos nos alegramos infinito. Bueno, alegrarse es decir poco. Por otro lado, no debemos olvidarnos de las circunstancias de su liberación y del dilema político y también moral al que nos enfrentamos ante un secuestro. Es muy fácil, como hacen los gobiernos, afirmar que nunca se debe negociar con terroristas. Es mucho más complicado saber que si no lo haces, algunas personas morirán.

El artículo cita como fuentes (anónimas) cinco rehenes que fueron liberados, sirios que fueron testigos de su paso por las cárceles de ISIS, parientes y compañeros de los rehenes, y un exmiembro de ISIS que pasó un tiempo encarcelado.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Hitchcock, plano a plano.

Indiana Jones y la última cruzada en 60 segundos.
–Olvida la película: fíjate en los títulos de crédito.
–New Zealand Air vuelve a recurrir a los hobbits.
Grandes fracasos de series de televisión.
–Ikea + El resplandor.
–Grandes directores y su trabajo en publicidad.
Isaac Asimov y la creatividad.
–El arte occidental y las mujeres a las que no les dejan dormir.
15 trucos para parecer inteligente por email.
–Lo que se ve en Homeland sobre Islamabad no tiene nada que ver con la realidad.

contactos

Los contactos (así se les llamaba antes) de los rodajes de varias películas.

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Damasco

Charles Glass ha vuelto de Siria y ha comprobado que el Gobierno mantiene sin mayores problemas el control en aquellas zonas del país que considera prioritarias para su supervivencia, en especial Damasco. Hay zonas en los suburbios del sur en los que los insurgentes resisten y los ataques con morteros o bombardeos son frecuentes, pero sin muchas posibilidades de avanzar.

Esta es una descripción de la vida cotidiana en Damasco, según Glass:

«Mientras mejoran las opciones de Bashar (Asad) con cada ataque norteamericano contra sus enemigos en el Este del país, Damasco y las ciudades más pobladas del norte están disfrutando de un cierto descanso. El Ministerio sirio de Educación ha informado que de las 22.000 escuelas del país, más de 17.000 han vuelto a funcionar a mediados de septiembre. No es necesario decir que casi todas están en zonas controladas por el Gobierno.

Los zocos de la Ciudad Vieja de Damasco están abiertos, a diferencia de los ya destruidos en Alepo. A las tiendas que venden carne, verduras, especias y otros productos básicos a la población local les va bien, aunque las tiendas para turistas en el famoso zoco de Hamadieh no tienen más clientes que funcionarios de la ONU y unos pocos diplomáticos. De noche, los restaurantes en la mayoría de los barrios están si no llenos, casi. Hay en abundancia de todos los productos, desde vino a pollo, pero más caros que antes de la guerra. El tráfico continúa siendo intenso, aunque con menos atascos desde que en junio el Gobierno se sintió lo bastante seguro como para quitar muchos de los controles. La electricidad es intermitente, y aquellos que se lo pueden permitir tienen generadores para las horas en que no hay luz.»

Los habitantes de la ciudad, partidarios del Gobierno o resignados ante su poder, también sufren el precio de la guerra. La caída en manos del ISIS de varias bases militares provocó la eliminación inmediata y pública de muchos de los soldados que las habían defendido. De ahí que hayan surgido críticas al Gobierno en redes sociales por gente que hasta ahora siempre había defendido a Asad. No dan crédito a lo que consideran un ejemplo de incompetencia militar.

Ese malestar puede crecer en algunos momentos. No parece que de forma suficiente como para poner en peligro al Gobierno. Cualquier guerra que se prolonga durante mucho tiempo provoca grietas en la autoridad del Estado. Se ha informado de la proliferación de milicias, al igual que ocurre en la zona de los insurgentes, cuyo objetivo no es tanto buscar partidarios del enemigo como llenarse los bolsillos con robos y secuestros. Incluso así, como demuestra el reportaje de Glass, la vida diaria en las grandes ciudades conserva un atisbo de normalidad.

Y los cajeros automáticos siguen escupiendo dinero.

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