No falla. En el momento en que un país sufre una guerra o un conflicto interno aparentemente irresoluble en el que hay identidades históricas en juego, alguien sale en Occidente para argumentar que quizá el problema sea que ese país no es real. Una ficción histórica mantenida durante años o siglos que hay que actualizar rompiendo las fronteras y separando para siempre a los bandos en disputa. Ocurrió con Irak, se ha vuelto a plantear en el caso de Siria y no ha tardado mucho tiempo en aparecer ahora con Ucrania.
Con todos los cambios de frontera originados por guerras y hundimientos de imperios en Europa Central y del Este en el siglo XX, tampoco vamos a extrañarnos ahora con que alguien saque ahora este argumento.
Lluís Bassets recoge la opinión de Leonid Peishakin, de la Fundación Juan March: “Si hay algo que define la experiencia ucrania es la división, entre la unión polaco-lituana y Rusia desde 1569 hasta 1795, los imperios austríaco y ruso entre 1795 y 1917, y el catolicismo griego y la ortodoxia rusa desde 1596 hasta hoy”.
Todo eso puede ser cierto, y hay muchos países cuya integridad interna, mantenida durante siglos, se ve ahora cuestionada por distintas razones y no sólo en Europa del Este (demos la bienvenida al ruedo europeo a Escocia, Cataluña y Flandes). Pero no está escrito en ningún sitio que las crisis políticas profundas que provocan disturbios en las calles sólo puedan arreglarse con el bisturí del cirujano.
Va aún más lejos Alexander Motyl, profesor de Ciencias Políticas en la universidad norteamericana de Rutgers, y de origen ucraniano, en una entrevista en The Atlantic. Motyl cree que la solución pasa por la dimisión de Yanukóvich, pero planteó en un artículo no hace mucho la provocadora idea de que quizá Ucrania debería dividirse. Pero en realidad no está a favor. Es sólo que cree que el país estaría mejor sin esas zonas llenas de rusohablantes controlados por los antiguos comunistas:
«Pero el hecho es que Donbas (una región en la zona oriental) es un agujero económico, una carga en los recursos de Ucrania, y resulta que es donde vive la parte más retrógrada de la población, no porque sean rusos o rusohablantes, sino porque son el equivalente a los sureños de EEUU que apoyaban el racismo y las leyes de Jim Crow. Y por último, sin que sea lo menos importante, es donde tiene más apoyos el Partido de las Regiones (el partido de Yanukóvich) y el Partido Comunista».
Acabáramos. Nos deshacemos de las zonas más retrasadas o influidas por Moscú y nuestros problemas desaparecen de inmediato.
#Ukraine – maps: ethnic and linguistic groups, and 2004 and 2010 election results (via http://t.co/wHvgbVaiGM) pic.twitter.com/k9Vs8KdYLJ
— electionista (@electionista) febrero 19, 2014
Las divisiones internas en Ucranias son profundas y no se pueden obviar. Un Oeste volcado hacia Europa y que no olvida la hambruna de 1921 o la de 1932 y 1933, junto a la represión de Stalin. Un Este rusohablante que siente una afinidad cultural natural con Rusia. La zona industrial que depende de los subsidios del Estado. La zona menos urbana que cree que saldrá beneficiada del acercamiento a Europa porque de hecho sus exportaciones ya van a los países de la UE. Una mayoría de cristianos ortodoxos, pero con dos patriarcados diferentes, el de Moscú y el de Kiev. Los jóvenes que quieren ser europeos, no sólo en términos geográficos. Los más mayores que no creen haberse visto muy beneficiados por casi 25 años de independencia.
Esa realidad existe, pero la primera fisura que originó el último enfrentamiento procedió del comportamiento autoritario del Gobierno. Yanukóvich ganó las últimas elecciones (35,3% en la primera vuelta, 48,9% en la segunda) y eso le dio una legitimidad que no tardó en desgastar con leyes de contenido represivo. Después de lo ocurrido en Irak y Afganistán, no creo que sea necesario insistir mucho en la idea de que unas elecciones no conceden la democracia como por arte de magia. Sólo dan el poder al partido que consigue más votos. Si la corrupción afecta después a todos los niveles de la vida cotidiana, no sólo a los grandes contratos concedidos por el Estado, si los servicios de inteligencia acosan a la oposición, y si la ley se va cambiando para hacer cada vez más difícil la actividad de los disidentes, ningún Gobierno puede sorprenderse si la oposición pasa del Parlamento a la calle.
Pero eso no es motivo suficiente para trocear a un país.
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Lógicamente, en televisión no tienen problemas para proponer las hipótesis más demenciales.
Presenter on Sky News suggests that the way to solve Ukraine crisis is to split the country between Russia and Poland. In full seriousness.
— Yaroslav Trofimov (@yarotrof) February 20, 2014
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Por razones casi místicas, hay una izquierda que aún cree que todo lo que amenaza a Rusia forma parte de una conspiración en la que inevitablemente tiene que haber grupos de la extrema derecha implicados (y pagada por el oro de Moscú, bueno, no, el otro). En las manifestaciones de los últimos días, hemos podido ver a grupos ultraderechistas o ultranacionalistas (no suele haber muchas diferencias entre ambos) en la vanguardia de las manifestaciones, y probablemente en los enfrentamientos más violentos.
Uno de esos partidos es Svoboda, que obtuvo el 10,4% de los votos en las elecciones legislativas de 2012 en la primera ocasión en que conseguía representación parlamentaria. Forma parte del bloque de partidos de la oposición que se enfrenta a Yanukóvich. En las elecciones presidenciales de 2010, su candidato tuvo el 1,4% de los votos.
La idea de que la oposición está controlada por elementos fascistas o ultranacionalistas no se corresponde con esos números.
Otra cosa muy distinta es saber qué pasará si se impone el enfrentamiento a tiros. En ese contexto, los grupos más radicales de cada bando tienden a ver amplificada su influencia. Pero como explican aquí, si ese es el caso, el principal beneficiado será probablemente el Gobierno, a menos que antes el partido de Yanukóvich llegue a la conclusión de que necesita deshacerse de él para poder sobrevivir.
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Preciosa la foto de la portada de The Times, ¿no?. Den las gracias al artista del photoshop (y un poco también al fotógrafo).
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17.20
Hoy mismo los titulares más dramáticos («Ucrania al borde de la guerra civil») han quedado de repente obsoletos. Gobierno y oposición han firmado un acuerdo que supone la formación de un Gobierno de unidad nacional, la recuperación de la Constitución de 2004, una reforma constitucional y finalmente elecciones presidenciales como muy tarde. Sigue leyendo






