Obama no quiere ir solo a la guerra

Obama ha tomado la decisión de no tomar ninguna decisión hasta que el Congreso permita el uso de la fuerza contra el régimen de Asad. En una decisión sorprendente que no estaba en los cálculos de nadie, y más desde la derrota de Cameron en la Cámara de los Comunes, el presidente ha pasado la responsabilidad al legislativo, donde el resultado de la votación es imprevisible.

«Leading from behind», lo llamaron algunos cuando Obama dejó que Cameron y Sarkozy llevaran la iniciativa en la guerra contra Gadafi. Luego los republicanos utilizaron esa idea para burlarse del presidente y de sus supuestas carencias de liderazgo. Aun así, Obama nunca pidió permiso al Congreso para intervenir en Libia.

De repente, toda la urgencia de los últimos días desaparece. Antes de anunciar el voto del Congreso, dijo que EEUU había decidido responder con la fuerza al uso de armas químicas en Siria, pero que el ataque podía producirse «mañana, la próxima semana o el próximo mes». De entrada, la única fecha segura es la de la vuelta al trabajo del Congreso tras sus vacaciones, el 9 de septiembre.

Obama confirma así su imagen de guerrero reticente. Vendió en su momento la idea de que en su presidencia tenía que ponerse fin a las dos guerras que habían definido los ocho años anteriores. No parece que estuviera muy interesado en que Libia y Siria formaran parte de su legado. Los sondeos confirman que la mayor parte de los norteamericanos no quieren implicarse en nuevas guerras en Oriente Medio, ni siquiera cuando la Casa Blanca les promete que no habrá tropas sobre el terreno.

Claro está que siempre habrá alguien que piense que todo forma parte de una conspiración para conseguir el mismo objetivo. Imperialismo disimulado, quizá.

La noticia puede tener un gran impacto político en EEUU y en el juego de poderes entre el ejecutivo y el legislativo en relación a la política exterior. En las últimas décadas, la Casa Blanca ha asumido más poderes de decisión y ha habido numerosas críticas al arrinconamiento de las competencias de los congresistas. Pero esa presidencia imperial ya existía desde hace mucho tiempo. El problema contemporáneo venía del hecho de que el Congreso ha sido progresivamente desde los años 70 mucho más levantisco y menos controlable por la Casa Blanca, y de ahí que en cuestiones de guerra el presidente mantenía a distancia a los legisladores.

Es indudable que Obama no estaba obligado a delegar esta decisión, aunque jurídicamente hay un considerable debate al respecto, que por otro lado nunca ha impedido que el presidente imponga su voluntad.

Otra consecuencia de este discurso es la duda algo más que razonable sobre si Obama y su secretario de Estado, John Kerry, piensan lo mismo en este asunto. Desde luego, el tono dramático, muy poco diplomático, que Kerry empleó el lunes casa muy poco con las declaraciones más mesuradas de Obama, que hasta ayer decía que aún no había tomado una decisión y que el sábado ha decidido aplazarlo todo para dentro de unas dos semanas.

Es por cierto el mismo plazo de tiempo que la ONU se ha dado para informar al Consejo de Seguridad sobre la misión de sus inspectores en Damasco. Es cierto que la ONU no ha aparecido muy destacada en el discurso de Obama.

Quién sabe si al final el informe de los inspectores sea lo que decida el resultado de la votación del Congreso.

Transcripción del discurso de Obama.

En 1991 George Bush, padre, recibió autorización del Congreso para emprender la guerra del Golfo con la que el Ejército iraquí fue expulsado de Kuwait. El Senado votó por 52 a 47 votos en favor de la resolución, y la Cámara de Representantes, por 250 a 183.

En octubre de 2002, el Congreso aprobó el uso de la fuerza en Irak bajo ciertas condiciones (la invasión se produjo seis meses más tarde). El Senado votó por 77 votos a 23 en favor de la guerra. En la Cámara de Representantes, el resultado fue 297 a 133.

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Crímenes de guerra en Siria

Un equipo del programa Panorama de BBC visita la escuela en el norte de Siria que sufrió un ataque con bombas incendiarias hace unos días. En el reportaje utilizan las imágenes tomadas en los momentos posteriores al bombardeo. Hombres, mujeres y niños sufrieron terribles quemaduras en el cuerpo, como se puede comprobar en las imágenes, que son difíciles de soportar.

«No hay nada peor que ver morir a alguien ante ti y no poder hacer nada», dice el director de la escuela.

La doctora que aparece en el reportaje fue entrevistada días después en otro programa de BBC.

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Las pruebas que EEUU dice tener sobre el ataque con armas químicas

El Gobierno norteamericano presentó el viernes el informe de inteligencia desclasificado con las pruebas que EEUU dice tener sobre el ataque con armas químicas del 21 de agosto en los suburbios de Damasco. Afirma que en ese ataque murieron 1.429 personas, de los que 426 eran niños. Sus principales puntos:

–El régimen sirio cuenta con un arsenal de armas químicas, que incluye gas sarín, gas mostaza y VX, además de miles de proyectiles con los que propagar estos productos letales. Utilizó en 2012 en pequeña escala esos proyectiles en distintos ataques. El Ejército llevaba tiempo intentando acabar en zonas cercanas a Damasco con grupos de rebeldes que habían resistido los ataques con armas convencionales.

–Personal militar especializado en armas químicas llevaban varios días preparando el ataque. El informe afirma que los servicios de inteligencia norteamericanos tuvieron tres días antes indicios serios de que se estaban produciendo esos preparativos.

–El régimen realizó un ataque de artillería en las primeras horas del día 21 desde zonas controladas por sus fuerzas. «Información obtenida vía satélite confirma que los ataques producidos desde una zona controlada por el régimen alcanzaron los barrios que sufrieron los ataques químicos, incluidos Kafr Batna, Jawbar, ‘Ayn Tarma, Darayya, y Mu’addamiyah. Se detectó el lanzamiento de cohetes desde territorio controlado por el régimen a primera hora de la mañana, aproximadamente 90 minutos antes de que las primeras informaciones sobre un ataque químico aparecieran en las redes sociales».

–El ataque se inició a las 2.30 de la mañana. En las cuatro horas siguientes, aparecieron miles de descripciones en las redes sociales, que se referían a ataques en 12 localizaciones diferentes de la zona de Damasco. Tres hospitales acogieron a unos 3.600 heridos con síntomas compatibles con las heridas sufridas en un ataque químico. La llegada masiva de heridos en un corto periodo de tiempo, el origen de los pacientes y la contaminación del personal médico y de primeros auxilios «coinciden con la exposición masiva a un gas nervioso».

–El informe dictamina que la oposición no tiene capacidad para falsificar un número tan elevado de vídeos que muestren a pacientes con síntomas que el personal médico pueda identificar como procedentes de un ataque químico.

–El régimen sirio, dice, cuenta en su arsenal con el tipo de municiones que se cree que se utilizó el día 21, y tiene la capacidad de atacar a varios objetivos en múltiples localizaciones. El informe dice que no hay pruebas de que los rebeldes hayan realizado antes un ataque coordinado de artillería como el que se produjo ese día.

–Los servicios de inteligencia dicen haber interceptado comunicaciones de un alto cargo sirio que participaba en la ofensiva que confirmó que se había producido el ataque y que estaba preocupado por la presencia en Damasco de inspectores de la ONU. Afirman que en la tarde del día 21 los equipos de armas químicas recibieron la orden de interrumpir sus operaciones. A partir de ese momento, la artillería llevó a cabo durante 24 horas varios ataques contra las zonas que habían sufrido la agresión anterior con una frecuencia de fuego cuatro veces superior a la producida en los diez días anteriores. Los bombardeos no se suspendieron hasta el 26 de agosto.

Hasta ahí el informe. Se trata por tanto de una descripción detallada de los hechos que ocurrieron ese día, tal y como la ven los servicios de inteligencia (aquí un resumen de sus puntos fuertes y débiles). Pero, como suele ocurrir con estos resúmenes desclasificados para su difusión, carece de pruebas materiales, como por ejemplo imágenes o grabaciones y obligan al lector a creérselo sin posibilidad de verificar esas pruebas o indicios.

Es la descripción general la que tiene más entidad. El ataque se produjo con un tipo de armamento con el que cuenta el Ejército sirio. Se originó en territorio controlado por el Gobierno e impactó de forma coordinada y simultánea en varias zonas controladas por los rebeldes. Fue una acción militar al alcance de las posibilidades materiales de un Ejército, pero no de unas fuerzas rebeldes que nunca han realizado un ataque de artillería de estas características, según el informe. Los heridos presentaban los síntomas habituales en un ataque con armas químicas y en los fallecidos no se apreciaron heridas por armas de fuego y explosiones.

El informe no contiene ninguna información sobre quién pudo ordenar el ataque, más allá de ponerlo en el contexto del intento continuado del Ejército por acabar con las zonas de resistencia cercanas a la capital.

El sábado, los últimos inspectores de la ONU abandonarán Siria. Algunos ya lo hicieron el viernes. La ONU ha convocado una rueda de prensa para el sábado a las 18.30, hora española. Ban Ki-moon ha informado al Consejo de Seguridad que el informe no estará listo antes de 10 o 14 días.

El mapa con los lugares atacados procede del informe de los servicios de inteligencia.

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El debate sobre las pruebas del uso de armas químicas en Siria

 

23.50

La Cámara de los Comunes ha votado esta noche en contra de la intervención militar británica en Siria: 285 votos contra la moción presentada por el Gobierno y 272 a favor.

La respuesta de Cameron al resultado:

«Creo firmemente en la necesidad de una respuesta firme ante el uso de armas químicas, pero también creo en el respeto a la voluntad de la Cámara de los Comunes. Está muy claro que, aunque la Cámara no haya aprobado ninguna moción, el Parlamento británico, reflejando los deseos del pueblo británico, no quiere una acción militar británica. Lo asumo y el Gobierno actuará en consecuencia».

El resultado es una sorpresa no porque se pensara que el Parlamento estuviera a favor de la implicación, sino porque la promesa de una segunda votación, cuando se conozca el informe de la ONU, había hecho pensar que muchos diputados tories contrarios al ataque a Siria votarían ahora a favor del Gobierno, reservándose el derecho a hacerlo en contra en la segunda cita. Pero está claro que no han querido esperar más tiempo para dejar clara su posición.

Obama tampoco tendrá que esperar a los británicos.

 

El fotomontaje procede de la revista conservadora británica Spectator. En realidad, más que el fantasma de Tony Blair, que también, ha sido toda la guerra de Irak la que ha sobrevolado sobre la Cámara de los Comunes en la comparecencia de David Cameron para hablar de la respuesta al uso de armas químicas en Siria.

La atención sobre lo que harán EEUU y Europa se ha trasladado de Washington y Damasco a Londres, gracias a esa tradición parlamentaria que coloca a los Comunes muy por encima de las demás instituciones legislativas occidentales. El primer ministro ha explicado las razones que justificarían una represalia militar y también ha respondido a las preguntas de los diputados, incluidos aquellos de su propio partido que no ven clara la alternativa de la fuerza militar.

Como ejemplo, está el diputado tory y exmilitar Dan Biles, que ha escrito por qué en estos momentos se inclina por votar en contra. Ante la pregunta de si un ataque limitado a objetivos militares puede impedir futuros ataques con armas químicas, Biles cree que no, lo que deja en el aire cuál sería el paso siguiente. A partir de ese momento, las dos alternativas (no atacar más o continuar haciéndolo) presentarían graves inconvenientes.

En el muy breve informe de inteligencia difundido por Londres, se dice que la existencia del ataque con armas químicas del día 21 ha quedado probada por numerosas fuentes, incluidas las imágenes ya conocidas, que no hay pruebas creíbles que confirmen la denuncia de Siria de que el ataque fue realizado por los rebeldes, y que hay «información limitada pero creciente» de que «el régimen fue responsable de los ataques» realizados con la intención de expulsar a la oposición de «zonas estratégicas de Damasco».

Cameron ha tenido que aceptar que su Gobierno no tomará ninguna decisión hasta que los inspectores de la ONU concluyan su misión en Damasco. Se sabe que eso ocurrirá el sábado, un día antes de lo previsto, y después entregarán su informe a la ONU. Es imposible que este mismo fin de semana vaya a estar finalizado ya que deben completar su investigación sobre el terreno con pruebas de laboratorio de las muestras recogidas. Y eso podría requerir semanas, más que días.

En estos momentos, las posibilidades de que Obama espere a Cameron no parecen muy altas. El primer ministro ni siquiera tiene la garantía de contar con los votos necesarios.

En EEUU, el fantasma no es Blair, sino Colin Powell y su discurso en la ONU donde demostró la existencia de las armas de destrucción masiva iraquíes que en realidad no existían. ¿Cuál es la entidad de las pruebas con las que cuenta Washington? Ante el argumento de que Siria no es Irak, hay un hecho que lo confirma, aunque no en los términos que agradarían a Obama: los medios de comunicación están aplicando a los argumentos del Gobierno un escrutinio que no existió antes de la invasión de Irak.

Lo conocido el jueves enfría bastante la seguridad con la que Obama y su secretario de Estado, John Kerry, se manifestaron en días anteriores. La Casa Blanca filtra que entre las pruebas o indicios que manejan no hay ninguna «smoking gun» (ninguna prueba decisiva que despeje toda duda sobre la autoría específica del ataque). Cuentan que entre la información que se presentará a la opinión pública no estará el contenido específico de comunicaciones interceptadas entre mandos militares sirios. En cualquier caso, consideran que Asad es responsable de las operaciones militares de su Ejército.

Un artículo de AP (desmentido por la Casa Blanca) cita las dudas de los servicios de inteligencia: ya no saben con la seguridad de hace seis meses dónde están almacenadas las armas químicas sirias. Tampoco cuentan con pruebas de que Asad ordenara directamente el ataque con esas armas.

Frente a las teorías de la conspiración que indican que EEUU ha llevado a cabo en los últimos dos años una «apuesta estratégica calculada» con la que mantener viva la guerra civil siria pero de forma que no termine con la victoria de uno de los dos bandos, la realidad es que la CIA y otros servicios no parecen tener datos muy detallados sobre aspectos clave del potencial militar sirio en relación al arsenal de armas químicas ni más información que la que le entregan servicios de inteligencia de países de la zona enfrentados a Asad. De espías en Damasco, ya ni hablamos. Como apunta AP, lo más probable es que haya menos personal de la CIA dedicado a Siria que a Afganistán, Irak o Pakistán.

¿Se puede justificar un ataque militar en mitad de una guerra civil con pruebas circunstanciales o deducciones sobre la autoría del ataque con armas químicas? En meses anteriores, cuando Londres y París se mostraron convencidos de que esos ataques se habían producido, Washington prefirió mantenerse a distancia porque las pruebas no eran definitivas.

La diferencia es que ahora las pruebas sobre la existencia del ataque parecen concluyentes, pero no se puede decir lo mismo (al menos con la información facilitada a la opinión pública) sobre la identidad del mando militar que las ordenó. ¿Cumplía órdenes del presidente Asad, de la cúpula militar, de un general que tenía luz verde para atacar esa zona con los medios que estimara oportunos? ¿Fue una decisión de un grupo de militares sirios incontrolado?

Si es cierto que el ataque previsto contra objetivos militares sirios será muy limitado, como apuntan los medios de comunicación norteamericanos citando fuentes oficiales, quedarán desmentidos los pronósticos más pesimistas sobre una escalada de la tensión en la guerra precisamente a causa de la intervención norteamericana. En Siria actualmente es difícil pensar en un escenario peor que el actual.

Por lo mismo, permanecerá la duda sobre la utilidad de ese ataque, es decir, si disuadirá a Asad de cualquier intento futuro por emplear armas químicas. Aún más cierto es que no hacer nada concederá una manifiesta impunidad al ataque en el que murieron no menos de 300 personas, tanto rebeldes como civiles. Un escenario deprimente, como todo lo ocurrido en los dos últimos años en Siria.

En este blog, hay información detallada con una posible interpretación de la localización de los lugares desde los que se lanzaron los proyectiles de artillería con la carga química, además del tipo de proyectiles utilizados.

Ya había citado la información falsa de que la ONU denunció en mayo que los rebeldes también habían usado armas químicas. Varios medios de comunicación rusos han doblado la apuesta y han informado que las declaraciones de Carla del Ponte, nunca confirmadas con una sola prueba, se referían al ataque de hace unos días.

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Cinco preguntas sobre la guerra civil siria y las armas químicas

1. ¿Cómo es posible que Siria realizara un ataque con armas químicas cuando la situación militar le favorece y los inspectores de la ONU ya estaban en el país?

Es una duda legítima que he apuntado en este blog. Pero parte de la presunción de que los gobiernos nunca cometen errores básicos en su estrategia militar en tiempo de guerra.

Cualquiera que haya leído ‘Historia de la incompetencia militar’, de Geoffrey Regan sabe que eso no sólo no es cierto, sino que está completamente alejado de la realidad. Los libros sobre la Primera Guerra Mundial dan innumerables ejemplos de errores producto de la soberbia, subestimar al enemigo o sobrevalorar las fuerzas propias. El comienzo de la invasión alemana de la URSS en 1941 se vio favorecido por los errores de Stalin, que incluso se negó a creer algunos informes de sus servicios de inteligencia, incluidos los informes que enviaba Richard Sorge desde Tokio. EEUU fue incapaz de prever que el derrocamiento de Sadam podía originar el nacimiento de una insurgencia suní.

¿Qué hay de la ventaja militar del Ejército sirio sobre el terreno en los últimos meses? Juan Cole afirma que esos avances eran muy discutibles (y quizá se deban a la falta de armamento pesado de los rebeldes y su desorganización). Qusayr se recuperó gracias a un importante contigente de Hizbolá en su primera intervención decisiva en la guerra. Homs no ha sido tomado, sino arrasado, como indican algunas fotos.

2. ¿Es ya irrelevante la investigación de los inspectores de la ONU, como está queriendo hacer ver Washington?

No, de hecho John Kerry mintió en su discurso del lunes o no tiene ni idea sobre cuánto tiempo puede pasar para detectar el uso de armas químicas. Tampoco es posible pensar que los bombardeos posteriores hayan borrado toda prueba incriminatoria. En este artículo del NYT, varios expertos explican por qué los inspectores aún están en condiciones de conseguir muestras viables para que sean analizadas en laboratorio.

No hay ninguna razón militar o política para que el ataque comience el jueves o el fin de semana. EEUU ha reducido al mínimo su implicación directa en la guerra civil siria durante dos años como para que ahora afirme que la respuesta deba iniciarse en cuestión de días.

3. ¿Es posible que el ataque haya sido obra de los rebeldes para provocar una respuesta de EEUU y Europa?

No es imposible, pero es muy dudoso. El gas se propagó con varios ataques de artillería. Si de algo han carecido los rebeldes desde el comienzo de esta guerra, es de armamento pesado. En un primer momento, apareció la información de que el tipo de proyectiles empleados no están a su alcance. No he visto ampliada ni concretada esa información (en los comentarios Jon aporta los enlaces que yo no encontré)  por lo que conviene ponerla en cuarentena. Como también apunta Cole, los milicianos que combaten en esa zona en los suburbios de Damasco no son los yihadistas de Jabhat al-Nusra, que parecen ser los que han gozado de apoyo material más continuado por parte de las monarquías del Golfo y a los que se supone un mayor desprecio por los sirios, incluidos los partidarios de la oposición, que no comulgan con sus ideas integristas.

La idea de que un grupo rebelde esté dispuesto a asesinar a centenares o miles de sus partidarios es tan demencial que se necesite alguna prueba para sustentarla. Es la típica denuncia que haría y ha hecho la propaganda siria, a veces después de destruir zonas civiles controladas por el enemigo.

He leído a algunas personas decir que la ONU denunció en mayo que los rebeldes habían utilizado gas sarín. No es cierto. Fue la fiscal Carla del Ponte, miembro de la comisión de la investigación de la ONU sobre Siria, quien lo hizo. Del Ponte lo dijo en una entrevista con una radio suiza y se refirió a «testimonios» que lo demostraban. La comisión lo desmintió después. Dudo de que en mayo hubiera pruebas concluyentes sobre el uso de armas químicas por ninguno de los dos bandos.

4. ¿Puede un ataque militar eliminar toda capacidad siria de lanzar ataques con armas químicas?

No, y es probable que los depósitos que guardan las armas químicas no sean atacados. EEUU no querrá iniciar las represalias arriesgándose a provocar una fuga masiva de productos químicos que, con las condiciones meteorológicas adecuadas, pueda alcanzar zonas civiles.

5. ¿Hay que parar la guerra?

Como mínimo, hay que decir que esa movilización llega con bastante retraso, porque la guerra comenzó hace dos años. En los primeros meses, siendo sumamente optimistas en el primer año, había alguna posibilidad de forzar un acuerdo político entre las partes enfrentadas. Eso ya es imposible. Pero no hay que olvidar que mucho antes de que los rebeldes recibieran ayuda del exterior, antes de que algunos rebeldes realizaran atentados indiscriminados contra la población civil en Damasco, antes de que se alcanzara el punto de no retorno, Asad mostró claramente que nunca negociaría un proceso político que redundara en una reducción de su poder y del de su clan que ha gobernado Siria desde 1971.

Tres meses después del inicio de manifestaciones pacíficas contra su Gobierno, dio un discurso en junio de 2011 en el que calificó a la mayor parte de ellas de «conspiración» de vándalos y extremistas. Afirmó vagamente que el diseño de las reformas había sido encargado a varias comisiones de estudio. No había ninguna urgencia en su pretendida apertura política.

Un año después, pronunció otro discurso en el Parlamento, recién elegido en unos comicios no precisamente democráticos aunque ya sin el monopolio completo del poder por el Baas. Contra toda evidencia y con el país ya en guerra, afirmó que las reformas del proceso político para aumentar la participación popular ya se habían producido en los plazos previstos. Asad dijo que ahora el país se enfrentaba a «un proceso de sedición interna con la intención de destruir a la patria».

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El uso de armas químicas en Siria es un precedente intolerable

Mientras los inspectores de la ONU se encuentran todavía en Damasco, John Kerry ha dado prácticamente el lunes la orden de lanzar represalias sobre el régimen de Asad:

«Lo que vimos la pasada semana en Siria debería golpear la conciencia del mundo. Desafía cualquier regla de moralidad. Seamos claros. La matanza indiscriminada de civiles, el asesinato de mujeres, niños y testigos inocentes con armas químicas es una obscenidad moral. Para cualquier punto de vista, es inexcusable e, a pesar de las excusas y ambigüedades de los que las han fabricado, innegable.»

En este fragmento de su discurso, no acusa directamente al Gobierno de Asad, pero después no deja lugar a dudas sobre el único sospechoso, desde su punto de vista, al señalar que «el régimen sirio mantiene el control de estas armas químicas» y que ese Gobierno estaba decidido a acabar con la oposición «en esos mismos puntos en los que los ataques tuvieron lugar».

Con palabras como estas, realmente la duda no es si se producirá el ataque, sino cómo y cuándo. Además, Kerry ha dicho que tienen otras pruebas, de las que no ha dado más detalle que el hecho de que se conocerán en los próximos días.

Si alguien deduce de todo esto que EEUU ya no necesita ni quiere el veredicto del equipo de la ONU, puede estar seguro de que no se equivoca. Según el WSJ, el domingo Washington comunicó a la ONU que ni había seguridad suficiente para que sus inspectores pudieran llevar a cabo su misión ni creía que los inspectores estarían ya en condiciones de encontrar las pruebas necesarias al haber pasado varios días y por los daños ocasionados por bombardeos posteriores. El secretario general de la ONU rechazó la petición norteamericana.

De las dos razones esgrimidas, la primera es la única que tiene algo de peso, pero los inspectores, asumiendo un considerable riesgo, sí han podido hacer el lunes su trabajo y se han trasladado a la zona ocupada por los rebeldes, entrevistado a supervivientes del ataque y tomado muestras. La segunda es bastante ridícula. Si ha pasado menos de una semana desde el ataque, las muestras pueden arrojar conclusiones en teoría sobre el efecto de los gases en los heridos.

Es inevitable recordar lo que ocurrió antes de la invasión de Irak cuando EEUU boicoteó el trabajo de los inspectores de la ONU para que no interfirieran en una decisión ya tomada por Washington.

La segunda cuestión que a estas horas se puede analizar es la entidad de las razones de Kerry. Su grado de indignación moral es tan alto que descarta por completo que EEUU no haga nada, como ocurrió ante alegaciones anteriores, mucho menos fundadas, de que el Ejército sirio había utilizado armas químicas. A todos los efectos, es el paso inmediatamente anterior a una declaración de guerra.

Ahí hay una clara diferencia con respecto a lo que ocurrió con respecto a Irak antes de marzo de 2003. Por entonces, la Administración norteamericana no ocultó desde mucho antes que su objetivo era el derrocamiento de Sadam Hussein, y ya desde el famoso discurso de Cheney de agosto de 2002 se vio claro que la invasión era el desenlace deseado e inevitable, a menos que el dictador iraquí fuera eliminado por un golpe interno.

En el caso de la guerra de Siria, el Gobierno de Obama ha demostrado durante dos años su escaso interés en verse involucrado en el conflicto. La ayuda que probablemente EEUU ha prestado a los rebeldes ha sido tan escasa que han sido Turquía, Arabia Saudí y Qatar los que se han ocupado de ello, con el conocimiento de Washington, pero sin que eso haya servido para desequilibrar el resultado de la guerra en favor de la oposición a Asad. De hecho, Asad es ahora más fuerte que hace un año.

Hay quienes piensan que esta es otra «guerra imperialista». Si es así, los imperios reaccionan ahora con una lentitud impropia de sus designios expansionistas. En otras épocas, los imperios no tardaban dos años en dar señales de vida si ocurría un acontecimiento que podían explotar en su beneficio.

Todo el trabajo previo propagandístico que George Bush y su gente hicieron antes de la invasión de Irak ha brillado ahora por su ausencia, y de ahí que en las encuestas realizadas en estos dos años la mayoría de los norteamericanos se haya mostrado en contra de una implicación militar. En el caso de algún sondeo, incluso si en la pregunta se planteaba la hipótesis del uso de armas químicas por Damasco. Y eso a pesar de que Siria es rival de EEUU desde hace décadas y aliado de Irán.

En este punto, hay que recordar tanto las declaraciones de altos cargos como una buena parte de los análisis aparecidos en la prensa norteamericana sobre el futuro de Siria tras un posible derrocamiento de Asad no son muy alentadoras para la causa belicista. En pocas palabras, no hay ninguna alternativa viable de la que se tenga seguridad de que beneficiará a los intereses norteamericanos. Un régimen radical suní no sería ningún triunfo político para EEUU, aunque es cierto que sus relaciones con Teherán serían mucho peores que las actuales.

El precedente de Libia funciona en la misma dirección. EEUU y Europa contribuyeron de forma decisiva al fin de Gadafi, que fue linchado en un ejemplo bastante obvio de lo que vendría más tarde. Lo que obtuvo después EEUU fue el asesinato de su embajador. Como botín de guerra, no parece que pueda movilizar a la opinión pública del país.

Lo que queda al final para justificar un ataque no es, sin embargo, una excusa menor, ni se puede decir que los derechos humanos sean una bandera sospechosa similar a las inexistentes armas de destrucción masiva iraquíes. La prohibición del uso de armas químicas es un imperativo legal aprobado por 189 estados. Para la víctima, morir por una bala o una bomba no supone una diferencia muy grande. Pero para todos los países, aceptar las armas químicas como una herramienta de guerra admisible contra la población civil supone convalidar cualquier instrumento de terror. Hay pocas líneas rojas, con perdón por lo manido de la expresión, en las guerras pero las pocas que hay deben imponerse.

Dejarlo pasar como una desgraciada consecuencia de una guerra civil es lo que de verdad resta toda credibilidad política a la hora de denunciar una injusticia en las relaciones internacionales. Plantear como imperativo moral que no se puede castigar a Siria por estos hechos porque Irak fue invadido con mentiras o porque Palestina sigue ocupada por Israel violando también la legislación internacional, por citar dos ejemplos de Oriente Medio, supone en la práctica dar vía libre al uso de armas químicas en el futuro. Siempre habrá una excusa, una denuncia de otra injusticia presente o anterior o la sospecha de un beneficio político para el país que haga la denuncia que supuestamente te obligará a no hacer nada.

No se me ocurre una consecuencia más favorable para los intereses de las dictaduras.

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Ser sospechoso de terrorismo no es tan difícil en Egipto

Siempre que una dictadura anuncia que su único enemigo son los terroristas, no pasa mucho tiempo hasta que la definición de terrorista se amplía hasta límites desconocidos antes. En Egipto es exactamente lo que está ocurriendo. Una  acusación de terrorista o islamista (llevar barba es casi un agravante) es suficiente para justificar una detención.

En el NYT hacen un repaso de varios arrestos recientes que cumplen ese perfil: dos activistas canadienses que estaban de paso en Egipto, dos líderes sindicales de una fábrica en Suez cuyos trabajadores estaban en huelga por motivos laborales, un periodista que dijo en público que la policía había matado sin motivo a un compañero o cinco personas que trabajan en una web religiosa y que han sido detenidos por llamar golpe al golpe.

Esta impunidad permite que todo aquel que critique a las fuerzas de seguridad sea considerado un traidor, denuncia una activista de derechos humanos, lo que automáticamente justifica la detención. Es decir, una situación mucho peor que en los últimos años del régimen de Mubarak, cuando existía una cierta tolerancia hacia la disidencia.

Pero no, no es un golpe.

Khaled Dawoud era portavoz del Frente de Salvación Nacional, la coalición de partidos opuesta al Gobierno de Morsi, hasta que dimitió por no querer justificar la matanza de Rabaa. En un artículo recuerda que los objetivos del movimiento, que sacó a millones de egipcios a la calle, eran forzar la dimisión de Morsi y la convocatoria de elecciones presidenciales anticipadas. La meta nunca fue «aplastar a los Hermanos Musulmanes, encarcelar a todos sus líderes y prohibirles la actividad política, y mucho menos matarlos y eliminarlos por centenares».

Evidentemente, el Ejército tenía otras ideas al respecto. Utilizó a los partidos políticos en su beneficio e impuso una retórica ultranacionalista en el nuevo régimen, con una curiosa vertiente antiamericana, que ha tenido su mejor traducción en el movimiento juvenil Tamarrod, que se ha convertido en el germen de un grupo fascista con sus denuncias xenófobas sobre supuestas conspiraciones extranjeras y el apoyo del Ejército como la fuerza fundamental del Estado egipcio.

Veremos cuánto tiempo pasa Khaled Dawoud en la calle antes de que acabe en una celda.

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Siempre es sencillo entender lo que ocurre en Oriente Medio

Una carta en el Financial Times rescatada por Angry Arab.

Con razón hay que desconfiar de los que siempre lo tienen todo absolutamente claro, incluido saber lo que hará EEUU, a la hora de explicar lo que ocurre en Oriente Medio.

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Una foto en la portada de un periódico no cuenta toda la historia

Ya he dicho alguna vez que no hay que sacar conclusiones rápidas tras ver una sola foto. El fotógrafo Samuel Aranda lo cuenta desde otro punto de vista:

«Lo que sí creo es que nuestras instantáneas pueden ser utilizadas para crear imágenes. Me explico. Cuando estaba en Oriente Medio, las fotos que se publicaban siempre era las mismas, los islamistas con las barbas, las armas y con el brazo alzado y gritando. La fotografía mal utilizada por los medios de comunicación ayuda a distorsionar las realidades de sitios. Salí entonces de esa línea de trabajar para agencias, porque no tienes control sobre lo que se publica.

Pongo un ejemplo. Cuando Hamas ganó las elecciones en Gaza, había miles y miles de personas en las calles celebrándolo. Desde niños bailando, gente con banderas, los festejaban con comidas improvisadas en las aceras… un ambiente festivo multitudinario. Ese día igual envíe 40 fotos a la redacción, pero la foto que se publicó fue la de dos tipos con barba que quemaban una bandera estadounidense y otra israelí. Sólo quemaron dos banderas en toda la semana que duró la celebración pero esas imágenes fueron las que destacaban las portadas de los periódicos.»

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La opción de los Tomahawk

En el día en que Obama está reunido en la Casa Blanca con sus principales asesores políticos y militares, se han sabido los nombres de los cuatro destructores que están situados en el Mediterráneo Oriental: Mahan, Barry, Gravely y Ramage. Cuentan con misiles de crucero Tomahawk en su arsenal, que se ha convertido en las últimas horas en la opción más citada como respuesta de Washington al posible ataque con armas químicas ocurrido en Siria.

La identificación de los buques de guerra (con la noticia de que el Mahan, que iba a ser relevado, se queda en la zona) ha aparecido en Navy Times, una publicación oficial. Eso no quiere decir que la decisión esté ya tomada, pero indica que el Pentágono tiene a disposición de Obama una respuesta militar por si quiere no dejar pasar más tiempo. Y que el Pentágono no tiene inconveniente en que se sepa.

El presidente ha citado en sus declaraciones los obstáculos legales existentes ante una acción militar, en relación a que ninguna resolución del Consejo de Seguridad de la ONU autoriza el uso de la fuerza. Sin embargo, en varios artículos de los medios norteamericanos aparece citado el precedente de Kosovo, señal de que los portavoces de la Casa Blanca y el Pentágono han planteado ese caso en sus conversaciones con los periodistas.

Embarcarse en una negociación con Rusia en la ONU tiene pocas opciones de éxito. Medios rusos han informado hoy que el Ejército sirio dice haber encontrado armas químicas en túneles controlados por los rebeldes. Moscú ya tiene una pista para responder a Washington: incluso si se demuestra que se han usado armas químicas, no hay pruebas aún de que hayan sido utilizadas por el Ejército sirio.

Un ataque con misiles Tomahawk –aunque habría que suponer que se trataría de varios– no desequilibraría la guerra en favor de las milicias rebeldes. Todo depende de la elección de los objetivos. Atacar el Ministerio de Defensa o la sede del Ejército, donde seguro que ya no se queda nadie a dormir estas noches, supondría una forma de salvar la cara ante la opinión pública y la presión de los gobiernos británico y francés, convencidos de que hay que hacer algo.

Atacar concentraciones de artillería o tanques sirios en las inmediaciones de las zonas donde se producen combates sería un mensaje de consecuencias más graves. Invitaría a Asad a pensar que recurrir a las armas químicas es el equivalente a suicidarse. EEUU no puede ganar a distancia la guerra en favor de los sirios, pero sí dificultar al máximo las grandes operaciones militares de Damasco contra los enemigos.

En ambos casos, la guerra no se detendría. De hecho, es hasta probable que se recrudezca.

Foto: el destructor Mahan dispara su cañón de cubierta en unas maniobras en el Atlántico en 2010.

Médicos sin Fronteras ha informado que tres hospitales de la provincia de Damasco con los que colabora atendieron a 3.600 pacientes en la mañana del día 21 con síntomas neurotóxicos. 355 fallecieron:

“El personal médico de estos hospitales proporcionó información detallada a los médicos de MSF sobre un gran número de pacientes que llegaban con síntomas como convulsiones, exceso de salivación, pupilas contraídas, visión borrosa y dificultades respiratorias”, dice Marta Cañas, subdirectora de operaciones de MSF.

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