Libération coge el fusil

Siempre es más fácil para un Gobierno cuando decide iniciar una operación militar en el exterior si la prensa asume que es el país entero el que está en guerra. Y eso es lo que ha decidido la mayor parte de la prensa francesa, como se puede ver en la portada de Libération.

La historia de las intervenciones militares de Francia en África es bastante larga e incluye un buen número de operaciones destinadas a apoyar al dictador de turno, garantía de eso que se suele llamar estabilidad. En el camino siempre quedan algunos cadáveres que conviene ocultar y que se olvidan cuando toca volver a convocar a los militares.

La política exterior obliga en ocasiones a elegir la opción menos mala. Parece difícil que el Gobierno francés hubiera adoptado otra decisión que la de enviar tropas a Malí. De lo contrario, se habría arriesgado a que en cuestión de semanas el país africano pasara a ser controlado por un grupo insurgente de ideas yihadistas. Desde luego, en los últimos 30 años no ha existido la misma urgencia para utilizar la influencia francesa y hacer posible un acuerdo de convivencia entre el Gobierno malí y el norte tuareg. Es más sencillo dejar que se pudra la situación y luego llamar a las armas para acabar con «los terroristas».

Es lo que tienen las repúblicas presidencialistas. El presidente sabe que un papel incuestionable por los medios de comunicación es el de comandante en jefe. Hollande ya tiene su guerra, pero en las portadas es la guerra de Francia.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Encuentro algo tenso con un oso polar.

Tom Wolfe vuelve a Wall Street 25 años después de ‘La hoguera de las vanidades’.
Entrevista con los autores de ‘The Invisible War’, documental candidato a los Oscar sobre el acoso sexual en el Ejército de EEUU.
–125 años de National Geographic.
David Bowie y ‘The Next Day’.
–Estas películas se merecen otro título.
–En defensa de ‘Django Unchained’.
–Volando sobre la Luna.
–La vida alegre de la hija del dictador de Uzbekistán.
–Big Data: la campaña de Obama cuenta (algunos) secretos.
–El reportaje completo sobre el rodaje de ‘The Blues Brothers’ y las locuras de John Belushi.

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La guerra de Malí siembra la alarma en Washington y París

En sólo unos días, el destino de Malí ha adquirido un tono de urgencia en varias capitales occidentales y africanas. Los planes de intervención que iban a ponerse en práctica a lo largo de meses tendrán que acelerarse para estar listos en cuestión de semanas, si no antes. Los grupos insurgentes, básicamente de inspiración yihadista, ya controlan mucho más que la mitad del país. Lo que parecía poco probable el año pasado ahora no lo es tanto. Al Qaeda en el Magreb Islámico o un grupo cercano a su ideología pueden hacerse con el poder.

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Regreso al pasado: el testamento de la generación de la Transición

En un ejemplo clásico del si no quieres caldo, toma tres calderos a rebosar, TVE ofreció el 4 de enero un programa doble en el que el plato principal (la entrevista al rey) era sólo el insípido aperitivo antes del documental político más revelador que se ha visto en mucho tiempo en una televisión española. Un numeroso grupo de «personalidades» de la vida pública armaron con sus respuestas un retrato de su generación y de la Transición a la democracia que deja patente por qué España es lo que es ahora y por qué no va a cambiar. Hay gente con poder que no está dispuesta a que eso ocurra y, de no mediar un shock politraumático, de momento llevan las de ganar.

Se suele decir que la historia la escriben los vencedores. Por alguna razón, TVE creyó necesario recordárnoslo.

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La firma en el billete

El nombramiento de Jack Lew como secretario del Tesoro por Obama dijo lugar ayer a algunos curiosos comentarios sobre su firma, que tienen que aparecer en futuras emisiones de dólares. El problema es la firma, que alguien colocó en un billete para hacerse a la idea de cómo iba a quedar. Parece que bastante mal, porque la firma de Lew está entre muy original y muy infantil, dependiendo del punto de vista de cada uno.

A mí en realidad me recuerda a los grafitis de Muelle.

Siempre se puede mejorar. En las mismas estaba el actual secretario del Tesoro, Timothy Geithner, con otra firma digamos heterodoxa, pero que fue convenientemente mejorada cuando le tocó estamparla sobre los billetes. La idea es que se debía leer bien el nombre de Geithner.

Y ya que hablamos de firmas en billetes, cómo olvidar la del Che en los billetes cubanos como presidente del Banco Nacional de Cuba.

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Lo malo de una guerra civil es que hay que alimentar a los combatientes

Revolucionarios, soldados, rebeldes, milicianos, insurgentes… da igual quienes sean. Una constante en todas las guerras es que hay que alimentar a los soldados y aprovisionarles de armas y municiones. El Ejército regular siempre lo tiene más fácil, en el caso de que los suministros desde la capital funcionen. Los movimientos insurgentes deben ingeniárselas para dotar a sus fuerzas de los medios necesarios. Toda la épica de las guerrillas queda algo tocada cuando se descubre que en ocasiones sólo queda la opción del robo a la población civil si se quiere seguir combatiendo.

Todo eso se torna en un asunto desagradable cuando no existe un mando central unificado que administra los medios materiales. Cada grupo se tiene que buscar la vida y no todos van a tratar a la población civil de la forma elegante que sugieren los comunicados.

En Siria, los grupos rebeldes no sólo tienen que preocuparse de lo que haga el enemigo. Los que están en el mismo bando pueden ser igualmente peligrosos. En un reportaje, Ghaith Abdul-Ahad cuenta los enfrentamientos a tiro limpio entre grupos insurgentes para hacerse con los restos del botín en Alepo. Uno de sus líderes fue asesinado porque otro grupo había puesto sus ojos en un almacén repleto de material que se podía vender. En palabras de uno de los jefes del consejo militar rebelde de Alepo:

«Si hubiera muerto luchando, me parecería bien.  Era un rebelde, un muyahidín, y eso es para lo que nos hemos preparado. Pero que le hayan matado por una pelea por el botín es un desastre para la revolución. Es muy triste. No hay un solo edificio oficial o almacén que quede íntegro en Alepo. Todo ha sido saqueado. Todo ha desaparecido».

Abdul-Ahad, que trabaja para The Guardian, es uno de los mejores reporteros que cubrió la guerra de Irak y también ha trabajado en Afganistán. A veces, me sorprendo de que siga vivo. No me cabe duda de que ha hablado con la gente que él dice que ha hablado. Con un considerable riesgo, supongo.

En el juego de influencias entre milicias rebeldes, cuanto más tienes (armas, munición, comida), más importante eres. Podemos pensar que todo consiste en derrotar al enemigo y expulsarle de algunas zonas de la ciudad, pero no puedes hacerlo sin el material necesario. La guerra es logística en primer lugar, aunque en los grandes relatos de hazañas bélicas nunca aparece el tipo que conseguía alimentar a todos esos miles de soldados.

Al principio, como cuenta el reportaje, los saqueos se centraron en edificios oficiales. Cualquier cosa valía porque todo se puede vender. Luego, comenzaron los ataques a lugares que no tenían nada que ver con el Gobierno, y al final los rebeldes terminaron peleándose entre ellos.

Abdul-Ahad se refiere a un hecho que también aparece en otros artículos. La mayor parte de los insurgentes procede del medio rural sirio, que llevan años o décadas sintiéndose postergados por el Gobierno de Asad. No tienen muchas razones para sentirse en casa en las ciudades, en especial en las grandes ciudades como Alepo, y funcionan como si estuvieran en territorio conquistado.

En las guerras civiles, los habitantes de las ciudades, incluso si comparten los ideales de los rebeldes, se muestran un tanto ambivalentes cuando hay que tomar partido, renunciar a todo y enfrentarse a un enemigo superior. Ellos sí tienen algo que perder. Quizá sea eso lo que explique por qué los insurgentes no controlan ya Alepo, una ciudad donde los soldados sirios lo están pasando realmente mal para mantener sus posiciones o recuperar las ganadas por los rebeldes.

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En eldiario.es: El coste de los JJOO: las lecciones de Londres 2012 y Atenas 2004.

Publicada el por Iñigo Sáenz de Ugarte | Deja un comentario

El espectáculo de la adhesión inquebrantable a Asad

El discurso de Asad del domingo no arrojó ninguna novedad reseñable sobre los planes del Gobierno sirio. No ofreció nada relevante a la oposición, lo que por otro lado tampoco es tan sorprendente. En una guerra civil, ningún bando suele plantear un acuerdo ventajoso al enemigo a menos que se encuentre en una situación muy vulnerable o desesperada, y para entonces suele ser ya tarde.

Lo que me llama la atención es la imagen inmediatamente posterior al fin del discurso cuando un grupo numeroso de asistentes, sobre todo de las primeras filas, se abalanzó sobre el escenario en medio de un gran griterío para apoyar al presidente. El típico espectáculo de las dictaduras, donde los aplausos no son suficientes a la hora de mostrar la adhesión inquebrantable. Al final, Asad queda arrinconado en una esquina, como si fuera Justin Bieber.

Es llamativo cuando un Gobierno reserva las primeras filas a la clac, sean miembros de la mujabarat o altos cargos, para montar un número.

Un resumen del discurso con subtítulos en inglés.

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Chuck Hagel y el lobby judío

Varios medios dan por seguro que Obama anunciará muy pronto, quizá este mismo lunes, el nombramiento de Chuck Hagel como futuro secretario de Defensa. Los nombres del Gabinete del presidente deben ser confirmados por el Senado, y en este caso la decisión no es una simple formalidad, porque congresistas republicanos y algunas de las organizaciones del lobby judío están dispuestos a impedirla por todos los medios.

Hagel fue senador republicano por Nebraska entre 1997 y 2009, votó a favor de la Patriot Act y de la resolución que autorizaba la invasión de Irak. Pero a partir de 2005 se convirtió en un duro crítico de la ocupación, no ocultó su desprecio casi personal por Cheney y comparó con frecuencia lo que ocurría en Irak con las lecciones no aprendidas en Vietnam, guerra en la que combatió.

Se quedó sin amigos en el Partido Republicano por su idea, no muy habitual entre sus correligionarios, de que como senador había jurado defender la Constitución, no al presidente ni a su partido. En cualquier caso, sus posiciones sobre política exterior terminaron estando más cerca de los demócratas que de los republicanos. En relación a los enemigos de EEUU, nunca ha considerado que negociar sea sinónimo de rendición, y por eso cree que es una opción que no se debe descartar en las relaciones con Irán o con Hamás.

Pero al final el test definitivo sobre Hagel tiene que ver sobre todo con Israel. Con una crudeza muy poco habitual en la política norteamericana, el ex senador lleva muchos años cuestionando el apoyo ciego a los gobiernos israelíes. Donde la cosa llega a herejía intolerable es en sus críticas al lobby judío y a su capacidad para intimidar a los congresistas:

Hagel had the brass to call this grass green: Congresspeople will tell you openly that AIPAC has become one of the most feared, and secretly loathed, presences on Capitol Hill. Hagel spoke with thinly veiled contempt—which he came by honestly—of efforts by the Israeli lobby to intimidate dissenting diplomats and legislators. Ah, but he spoke of the power of the «Jewish Lobby»—not the Israeli lobby—which was the opening the lobby’s hallelujah chorus needed to brand him a bigot.

Por decirlo en sus propias palabras: «El lobby judío intimida a mucha gente aquí (en el Congreso), pero yo soy un senador de EEUU. No soy un senador israelí».

Al igual que otros congresistas de ambos partidos, Hagel era favorable a la solución de dos estados para el conflicto israelí-palestino. Lo que le diferenciaba de ellos, entre otras cosas, es que no firmaba las declaraciones (escritas por AIPAC) en la que la inmensa mayoría de los senadores suscribía promesas de amor eterno a Israel. Y además presumía de ello con el argumento de que esos textos eran «estúpidos».

Hagel cometió un pecado terrible. Se refirió al lobby judío, no al lobby israelí, que es la terminología correcta en la política norteamericana. Es algo curioso, porque la definición de israelí lleva a pensar que esas organizaciones que representan a la comunidad judía norteamericana tienen como único propósito la defensa de los intereses de un país extranjero. Por muy aliado que sea, resulta cuando menos complicado presionar a un legislador para que beneficie por encima de todo a otro país. El argumento de que esos grupos reciben apoyo, por ejemplo financiero, de no judíos (protestantes, católicos, etc.) parece un poco endeble. Esa aportación exterior no afecta en absoluto a sus prioridades.

Sea o no lógico, hablar de «lobby judío» es suficiente para que te coloquen en el bando de los antisemitas o, en un plano menos hiriente, que estás «bordeando el antisemitismo».

Varios congresistas republicanos ya han dicho que se opondrán a la elección de Hagel. Algún senador demócrata, como el neoyorquino Charles Schumer, dice que se lo está pensando.

Después de perder a Susan Rice para el puesto de secretaria de Estado, es poco probable que Obama acceda a renunciar a otro de sus principales nombramientos por la presión exterior. Y aunque algunas organizaciones judías, sobre todo si son cercanas a los republicanos, han anunciado su oposición frontal, quien no ha dicho nada oficialmente es la más poderosa, AIPAC.

El nombre de Hagel para el Pentágono se conoce desde hace al menos un par de semanas. Obama ha tenido tiempo de sobra para retirar su nombre en el caso de que no esté dispuesto a llevar la batalla hasta el final.

Desde el punto de vista de los intereses de Israel, Hagel tampoco sería una novedad en el Pentágono. No puede ser más crítico con la opción de un ataque contra el programa nuclear iraní, pero también lo era Robert Gates. Y Gates, otro republicano, terminó algo más que enfadado con la «ingratitud» del Gobierno israelí. No importa lo que Washington haga por Israel. Siempre quieren más.

Hacer lo posible para intentar vetar a un miembro del Gabinete de Obama es un paso que quizá AIPAC y Netanyahu prefieran no dar.

Foto: Chuck Hagel (derecha) con su hermano Tom en Vietnam. Sirvieron en la misma unidad.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Esos nombres de los jugadores de fútbol americano.

Grandes fotos de la historia del deporte en EEUU.
–Por tercer año, se reduce el número de la población penitenciaria de EEUU.
–¿El debate sobre las armas en EEUU? Interés decreciente.
–Una conexión singular: el descenso del crimen en EEUU y la gasolina sin plomo.
–Una crítica salvaje de ‘Prometheus’.
–Algunos guiones de las películas de 2013.
–¿Qué planes de los malos de las películas de Bond podrían haber funcionado?

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