El mensaje de la ONU que Israel no escuchará

«Hemos perdido Europa», dice un alto cargo del Ministerio israelí de Exteriores. La derrota de Israel en la votación de la Asamblea de Naciones Unida sobre el reconocimiento de Palestina como Estado observador de la ONU tiene varias lecturas, ninguna muy dramática, pero es esta la que más llamará la atención en Israel. En otras circunstancias, quizá si la UE tuviera un canal de negociación viable para decidir una posición muy común, el resultado podría haber sido diferente, pero aparentemente nadie tenía estómago para provocar una discusión que hiciera que la mayoría de los países europeos optara por la abstención, es decir , por borrarse del debate.

Es lógico pensar que la razón más importante se encuentra en la última ofensiva sobre Gaza. Es un fracaso más de la propaganda israelí, incapaz de convencer al mundo de que su guerra era contra Hamás, no contra los palestinos. Como es habitual, el valor de la propaganda depende en primer lugar de la calidad del producto que se vende, y la ocupación de los territorios palestinos no es algo que tenga mucha salida, ni siquiera en Europa.

Llama la atención que el Gobierno de Mahmud Abás haya tardado tanto tiempo en presentar una iniciativa como esta o que cometiera el error anterior de apostarlo todo por una integración completa en la ONU a través de un voto en el Consejo de Seguridad que sabía que iba a ser vetado por EEUU.

Pero al menos es indudable que la comunidad internacional no asume la versión israelí del conflicto, que pasa por identificar a los palestinos con su versión más radical, la de Hamás en Gaza, mientras que alega que los miembros ultranacionalistas de su Gobierno, incluido el ministro de Exteriores Lieberman, son demócratas intachables.

Eso ya no es aceptado ni siquiera en Alemania, que decidió al final abstenerse en la votación de esta noche.

En la tribuna de la ONU, el embajador israelí ha dicho que la iniciativa desmiente la voluntad palestina de participar en negociaciones de paz. Nadie le cree ya. Cuando tu Ejército ocupa un territorio extranjero, las conversaciones se hacen sobre el supuesto de cómo será la retirada y en qué condiciones quedará el nuevo Estado, no si esa retirada se producirá. 19 años después del inicio del proceso de paz, no hay más posibilidades de esconderse tras fórmulas negociadoras.

El supuesto compromiso israelí por la idea de dos Estados se ve desmentida en la práctica por la continuación de la expansión de los asentamientos, que hace aún más difícil conseguir el acuerdo final. No hay que ser un genio de la diplomacia internacional para saber que hay algo extraño en la idea de colonizar más tierras en el lugar que aparentemente estás dispuesto a abandonar.

Sólo hay que comparar el aumento del número de colonos israelíes en Cisjordania entre 1993 y 2012, pero ni siquiera eso es necesario. Israel siempre ha sostenido, contraviniendo la legislación internacional, que tiene derecho a que esas poblaciones disfruten de un crecimiento «natural» que haga que se construyan más viviendas cada años con las que responder a las necesidades de esa comunidad.

La realidad es que la expansión de esos asentamientos se ha hecho a partir de decisiones políticas tomadas por gobiernos que pretendían aumentar la presencia israelí en lo que ellos llaman Judea y Samaria, alegando una legitimidad histórica y religiosa que la comunidad internacional no acepta.

La única legitimidad que se puede admitir, con independencia de las ideas de cada uno, es la que proviene de la decisión de la ONU de crear el Estado israelí en 1947, y junto a él otro Estado para la población árabe local. Con su decisión de bloquear cualquier solución que convierta en real ese proyecto, Israel vulnera su propia legitimidad, lo que allí no preocupa demasiado porque su Estado es el más poderoso de Oriente Medio y cuenta con el apoyo de EEUU.

Además no hay nada de natural ni inevitable en el crecimiento de la presencia judía en Palestina, considerado por la mayoría de los países como un grave obstáculo para cualquier acuerdo de paz. Este mismo año se han construido más de 9.000 viviendas en los asentamientos de Cisjordania, lo que supone un incremento tres veces superior al experimentado por la población en Israel. La diferencia fue aún mayor en 2011.

El reloj de Israel lleva parado cerca de 20 años. Como potencia ocupante, tiene múltiples formas de condicionar la negociación en su favor, y los palestinos lo saben desde 1993. Su posición es sólida y tiene las cartas en su favor en cualquier acuerdo que pueda firmarse. Desgraciadamente, la mayor parte de la sociedad israelí cree que puede mantener esa ocupación sin pagar ningún precio a cambio, y la votación de la ONU no cambiará esa mentalidad.

En la votación de la ONU, 138 países han votado a favor de que Palestina sea un Estado observador en Naciones Unidas. Nueve han votado en contra y 41 se han abstenido.

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Publicada el por Iñigo Sáenz de Ugarte | 1 comentario

Tahrir hoy (y por qué la falta de consenso está hundiendo la transición egipcia)

Es la imagen de la plaza Tahrir esta noche en la movilización masiva contra el Gobierno de Morsi y los Hermanos Musulmanes. El presidente ha asumido todo el poder y lo ha hecho sin intentar llegar a un acuerdo con otras fuerzas políticas para convencerles de que no se trata de poner la primera piedra de un régimen autoritario certificado por las urnas. No parece extraño que la gente se haya lanzado a la calle.

Como en muchas transiciones democráticas, los juegos de equilibrios entre poderes están funcionando de pena en Egipto. El resultado electoral dio todo el poder a los conservadores, que decidieron –en principio con buen criterio– deshacerse de dos fuentes de poder que procedían de la dictadura anterior: la cúpula militar y los tribunales de justicia. Nadie derramó una lágrima por el primero, pero el segundo era el único contrapeso que quedaba frente al poder ejecutivo. Y una transición a la democracia, como todos sabemos, consiste en algo más que en votar una vez cada cuatro años. Exige montar un escenario político en el que el Gobierno se encuentra limitado por el respeto a la ley y el temor a que los tribunales rescindan sus órdenes. Eso ha desaparecido en Egipto por un periodo de tiempo que no sabemos cuándo terminará.

La mentalidad autoritaria de los islamistas está detrás de este conflicto, según este artículo. Los Hermanos no respetan a las fuerzas de la oposición, bien porque proceden de los restos de la dictadura (véase la entrevista a Ahmed Safiq) o porque cuestionan la legitimidad religiosa, es decir, conservadora, de los islamistas. A los primeros, no los considera auténticos demócratas. A los segundos, no los considera auténticos egipcios.

Por otro lado, la oposición no carece de soluciones maximalistas. Por definición, si apuesta por la confrontación total, sus posibilidades de éxito son reducidas. La movilización contra Morsi no se ha limitado a la plaza Tahrir. Ha ocurrido en las mayores ciudades del país. Pero es muy difícil que pueda alcanzar el nivel conseguido en la rebelión contra Mubarak. No se está oponiendo a un régimen militar sostenido por el poder del Ejército y el clientelismo, sino a un movimiento político que cuenta con millones de seguidores.

Al final, como en la mayoría de las transiciones a la democracia, el peor resultado posible es el que termina con la imposición de la voluntad del grupo político mayoritario sobre todos los demás. Ese consenso –tan vilipendiado ahora en España al analizar la Cultura de la Transición– es el único instrumento posible para alcanzar un estatus político aceptado (o mejor dicho, tolerado) por la mayoría de la sociedad.

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El partido de Cataluña no acaba hasta el minuto 90

Dije una vez que la mejor forma de conservar a Cataluña dentro de España era convocar un referéndum y ganarlo. Quizá era una propuesta un poco osada, pero se basaba en la idea de que era absurdo la actitud temerosa de muchas personas, en especial en la izquierda, que daban por perdida esa batalla. Por no hablar de los que lloriqueaban al quejarse de que los catalanes les iban a dejar solos frente a la derecha nacionalista española. El clima político de un país (lo que piensa el establishment) puede decantarse con bastante rapidez en un sentido, como ha ocurrido en Cataluña, pero eso no quiere decir que toda la sociedad vaya a seguirle a ciegas y a la misma velocidad.

Cuando Artur Mas ha dicho en la noche del domingo que una cosa es el derecho a decidir y otra el Estado propio ha adelantado uno de los titulares posibles de las elecciones catalanas. La fulgurante carrera hacia la independencia de Cataluña se ha visto frenada en seco, pero no neutralizada para siempre.

Mas se dejó fascinar por la impresionante manifestación de la Diada y perdió la sangre fría que debe caracterizar a todo político. No en los primeros días, cuando mostró una actitud bastante serena. Pero una vez que convocó elecciones se lanzó a un salto al vacío cuyo mejor símbolo es ese cartel electoral parodiado con rapidez.

Si algún as del marketing político pensó que representaba al político que tiende los brazos a la gente para recibir su apoyo y poner en práctica «la voluntad de un pueblo», al final lo que parecía era lo que ya se intuía en muchas de sus declaraciones. La relevancia providencialista del líder. El hombre que dirige a un pueblo. La patria resumida en una sola persona. Moisés, como decía el sarcasmo.

Y Moisés se ha dado un castañazo de espanto contras las ardientes arenas del Sinaí.

Incluso así, aunque sea cojeando, CiU gobernará Cataluña y su presidente será Artur Mas porque no hay ecuación política viable que pueda negar eso. La suma de las fuerzas políticas que de una forma u otra han presentado un mensaje independentista da 74 escaños, claramente por encima de la mayoría absoluta pero dos escaños menos que en la legislatura anterior. Más parece un realineamiento de posiciones que una plasmación rotunda de lo que se vio en la calle el 11 de septiembre.

Por ahí parece que la idea de que Cataluña ha dicho ya adiós a España es tan absurda como pretender que se puede imponer a los catalanes un menú único idéntico al del resto de los españoles. Presentar un diktat como este, tan al gusto de la prensa conservadora de Madrid, supone casi garantizar que algún día Cataluña será independiente, pero no en menos de una legislatura.

Tras la Diada, la carga de la prueba estaba sobre CiU. Tenía que decidir cuál era el horizonte estratégico que planeaba para el país. La verdad es que Mas respondió a ese reto sin ambigüedad y al final ha pagado un duro precio electoral por ello. Ahora quien debe tomar partido es ERC. Su apuesta independentista está fuera de toda duda. La pregunta es si para conseguir ese objetivo, sostendrá a un Gobierno de Mas que recorta la sanidad, la educación y las prestaciones sociales. Supongo que sólo se puede hacer bajo la bandera de cuanto peor, mejor.

El hundimiento político, económico y social de la Marca España (aquí sin ironías) ha hecho más atractiva la idea de independencia de Cataluña. Y al mismo tiempo, ha hundido con ella a la política y economía catalanas, que sufre de males similares a los del resto del país.

¿Cómo puedes lanzar un desafío histórico al Gobierno español si no puedes pagar los salarios de los funcionarios y las pensiones sin el dinero que llega de Madrid? No puedes prometer a la gente que el futuro será una Arcadia sin obviar las etapas intermedias, como cuando se dice que Cataluña seguirá en la UE porque sí o porque nadie se atreverá a vetar su ingreso o porque las multinacionales presionarán para que así sea. En política, las etapas intermedias lo son todo.

Al final, el único cambio estratégico que ha producido la política catalana en los últimos meses ya se sabía antes de las elecciones: el giro estratégico de CiU a la independencia. Por tanto, un mal resultado electoral no va a hacer descarrilar ese tren. El problema de Mas es otro: tiene una mayoría para plantear una estrategia de insurrección con el apoyo de ERC, pero no para gobernar. A menos, claro está, que Esquerra abandone las políticas sociales de su programa. Un momento, eso ya ha ocurrido en la política española últimamente. De hecho, se ha convertido en costumbre.

Los catalanes han rechazado el tono mesiánico y el mensaje providencialista de la campaña de CiU. El PP y la prensa de derechas lo han asumido desde el primer momento y no lo van a abandonar. Por eso, van a resumirlo todo en el fracaso de Mas y dar por cerrada la cuestión catalana.

Los números les desmienten. A pesar del gran éxito de Ciutadans, la suma PSC (con un claro mensaje contra la independencia), PP y Ciutadans da 48 escaños, uno menos que en la anterior legislatura.

Mas tiene la opción de mantener la tensión reivindicativa haciendo hincapié en el «derecho a decidir» –es decir, el referéndum– para lo que puede tener el apoyo de ICV y alcanzar en este punto una mayoría muy cualificada de 87 escaños. Pasada la decepción y si contiene el malestar de los empresarios que, ejem, financian a CiU, está en condiciones de volver a comenzar el partido.

A Mas le ha fallado la estrategia de Moisés. Quizá descubra que con frecuencia la política es un sistema de prueba y error.

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Una forma original de destruir minas

Massoud Hassani cree haber encontrado una original, y fascinante, forma de localizar y destruir minas inspirada en sus juegos de niño en Afganistán.

¿Quién dijo que el diseño sólo sirve para hacer sillas raras?

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Déjà vu en Egipto

Las imágenes son de hoy en El Cairo, no de los tiempos de Mubarak. Los policías vuelven a arrastrar a los manifestantes y a golpearles y patearles de forma salvaje. Al otro lado, vuelan las piedras y los cócteles molotov.

El presidente Morsi ha asumido por decreto todos los poderes y al liberarse de cualquier obligación de acatar las decisiones judiciales se ha colocado de hecho por encima de la ley. Ha confirmado demasiado pronto los temores de los que anunciaban que los Hermanos Musulmanes terminarían imponiendo un régimen autoritario gracias a su victoria en las urnas.

Sin Constitución, sin Cámara legislativa (disuelta por los tribunales), con los tribunales anulados y con la cúpula militar destituida por el Gobierno, resulta complicado encontrar un contrapeso al poder del Gobierno. Y lo es porque ahora mismo no existe. En realidad, sólo se puede encontrar en la calle, y de ahí la violencia de los enfrentamientos que continúan desde hace varios días.

Hay que recordar que el fiscal general relevado era un legado de la dictadura de Mubarak y, junto a muchos jueces, estaba bloqueando cualquier posibilidad de que se investigaran los crímenes del pasado. Imaginemos a Arias Navarro como garante de la legalidad en la transición española y nos haremos una idea aproximada.

Pero este paso que concentra todo el poder en las manos de Morsi sólo podía hacerse con el mayor apoyo posible de las fuerzas de la oposición, y el presidente ha fracasado evidentemente en ello, en el caso de que lo haya intentado. Alentado por su papel en el fin de la guerra de Gaza, ha dado un golpe preventivo contra los tribunales, que parecían estar a punto de disolver la Asamblea Constitucional, al igual que hicieron con la Cámara Baja del Parlamento.

Incluso así, nadie puede aceptar que un presidente que se ganó con el cargo con el 51,7% de los votos en la segunda vuelta de las elecciones (y un 24,7% en la primera vuelta) se haya convertido en el monarca absoluto de Egipto. Eso ya lo tenía antes los egipcios sin necesidad de pasar por las urnas.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Ciencia, filosofía y otras paradojas.

–Kubrick, Burgess y Napoleón.
–A David Simon le gustaría hacer una serie sobre la CIA.
Berlín, años 20.
–Una foto del Che.
–Anuncios bien colocados.
–Un bello anuncio de la industria petrolífera canadiense. Se ven tan limpios los oleoductos.
–Imagen de un coche accidentado hecho con cuerpos pintados y cómo se hizo.
–Ahora que no mira Han Solo…
–Es duro ser pavo en EEUU.
Violencia desatada en el Black Friday norteamericano.
–La regla contra los piscinazos en la NBA parece funcionar.

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La resistencia griega

‘The Greek Resistance» es un reportaje de Al Jazeera English sobre la crisis griega a través de las relaciones históricas y presentes entre Grecia y Alemania. Su autor, Barnaby Phillips, fue corresponsal en Atenas hasta hace dos años.

[Veo que a veces no aparece la pantalla. Si eso ocurre, actualiza o bien puedes ir a este enlace.]

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Un clásico de Fox News: «La guerra contra la Navidad»

Quizá en algunas ciudades la iluminación de Navidad se adelante demasiado, pero esos ayuntamientos nunca serán tan rápidos como Fox News y sus denuncias sobre la (música de terror) «guerra contra la Navidad», protagonizada por esos pérfidos rojos que quieren arrebatar al honrado pueblo norteamericano una de sus tradiciones más queridas. Ya han empezado en noviembre a dar la matraca.

No es sólo eso. Los ya bastante envejecidos espectadores de la cadena se ven sometidos a la tortura de contemplar el alud de calamidades que se les vendrán encima. Atención al rótulo (minuto 2.30 más o menos): «Los mayas eran expertos en matemáticas y astronomía».

Bonus final: «Rogue Rudolph» (bueno, al menos eso es gracioso teniendo en cuenta el nivel habitual de Fox News).

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Ráfagas – 22 nov.

–No es el aeropuerto de Castellón, pero casi: el fiasco del nuevo aeropuerto de Berlín.
Morsi, crecido, envía un órdago a los jueces.
–Grietas en el frente contra subidas de impuestos en los republicanos.
–Los sueldos de Walmart.
Which Way for Hamas? The New York Review of Books.
–Día de Acción de Gracias: Why I’m thankful America didn’t turn out like Israel.

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