Clay Davis, un modelo para la Comunidad Valenciana

11.40

Algunas opiniones sobre el veredicto del jurado. José Yoldi, El País:

Es un gran día para el Partido Popular, que ve absueltos a dos de sus líderes, y para la corrupción en general, que puede apreciar cómo con un poco de perseverancia sus latrocinios pueden quedar impunes. Pero también es el día más triste para la justicia puesto que los españoles lo recordarán como aquel día en que fue pisoteada por cinco sordos y ciegos.

Arcadi Espada, El Mundo:

Durante tres años la inmensa mayoría de periódicos españoles, liderados por El País, declararon a Camps culpable. Ninguno de ellos exhibe hoy algo parecido a una disculpa antes sus lectores, una mínima contricción, un leve rapto de vergüenza. Sólo un generalizado intento de salvar la cara, con las estratagemas lingüísticas, morales, más patéticas. Es esta falda de hondura, de trapío moral, la que liquida al periodismo.

Ignacio Escolar, Público:

La verdadera y flagrante injusticia es que el presidente que contrató 14 millones de euros con su “amiguito del alma”, que pagó 15 millones por una maqueta y un proyecto de un rascacielos jamás construido de Santiago Calatrava o que entregó otros dos millones a Urdangarin, sólo haya sido juzgado por una anécdota menor, por los 12.000 euros en trajes.

Lucía Méndez, El Mundo:

El jurado ha absuelto a Francisco Camps de la misma manera que le absolvieron los votantes dándole la mayoría absoluta en las elecciones autonómicas. Camps se ha bañado en el Jordán de la justicia de sus conciudadanos, donde han sido perdonados sus pecados. Los valencianos que le han juzgado creen en la palabra de Camps como él cree en la palabra de Dios.

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Clay Davis, el personaje más encantadoramente corrupto de ‘The Wire’, y Francisco Camps. Desde hoy sabemos que Valencia es como ‘The Wire’ pero sin Lester Freamon.

El ex presidente valenciano ha salido absuelto del juicio. Camps sostuvo en su testimonio que no paga con tarjeta de crédito para no dar lugar a sospechas sobre su honorabilidad. Por alguna razón, quería que creyéramos que en la historia de la corrupción resulta muy extraño que se paguen sobornos en metálico.

Si el argumento nos parece difícil de creer es porque no hemos asistido al juicio. Algunas de las frases han sido memorables. Así respondió Ricardo Costa a la pregunta sobre una llamada telefónica al cabecilla de la red Gürtel:

Estaba buscando cien gramos de caviar para cenar con mi familia y no sabía dónde comprarlo porque no suelo tomar nunca, y pregunté a Pérez por si él sabía dónde obtenerlo.

¿Quién no ha tenido un antojo de caviar en un momento dado y ha descubierto que no se vende en Valencia y que sólo lo puede conseguir el tipo que hace regalos a los gobernantes de la Comunidad Valenciana? Y los hace porque es una persona muy generosa con sus amigos sin que eso tenga nada que ver con el hecho de que facturó millones gracias a los contratos que recibía del PP valenciano.

«Hemos pagado incluso 30.000 euros a una empresa que se llama Milano para pagarle los trajes al presidente Camps», se escucha en una grabación a la administradora de una de las empresas de la trama. La mujer  se desdijo después y afirmó que en ese momento estaba muy «nerviosa». La pregunta: ¿colará esta excusa en futuros juicios en los que la policía cace a una persona reconociendo un delito en una conversación grabada? Fuera de Valencia, es poco probable.

Todos los elogios que Camps dedicaba en privado al jefe de la Gürtel (alias «amiguito del alma») se deben a que él es así. «Entrañable». Eso mismo, como Clay Davis.

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Gracias por el vídeo, Pablo.

Por cierto, qué doblaje más horrible le pusieron a Clay Davis en la serie.

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La bufanda favorita de Tilda Swinton

Tilda Swinton, en el Vogue de noviembre, luce una bufanda con los colores de la bandera palestina.

When asked if the scarf was a message of solidarity for the Palestinian cause, she added that it was “designed by my pal Bella Freud for the Hoping Foundation, set up in the name of hope and optimism for Palestinians of the next generation, of which I am a friend.”

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Romney no para la hemorragia

En el último debate de las primarias republicanas, Newt Gingrich se mostró particularmente conciliador con sus rivales. En el mundo real, sigue corriendo la sangre. Este anuncio de un grupo proGingrich en Florida hunde en el corazón de Romney una espada que lleva el nombre de Obama. Ver al presidente decir «estoy de acuerdo con Mitt Romney» o a este decir en su época de gobernador de Massachusetts que no es «un republicano partidista» es lo más parecido al beso de la muerte.

Al ser Florida, también hay anuncios dirigidos a la comunidad hispana. Este anuncio de radio en español acusa a Romney de estar en contra de la Dream Act y de gozar del apoyo de los grupos de Arizona partidarios de frenar la inmigración. En realidad, lo ha pagado una SuperPAC de los demócratas, pero sirve a los intereses de Gingrich, que en ocasiones ha tenido una actitud más realista en relación a la inmigración. No siempre, porque todo depende de por dónde sopla el viento.

Obviamente, Romney no ha optado por el desarme unilateral. El anuncio, este sí directamente de su campaña, va contra el trabajo de Gingrich en favor de los lobbies y su despedida deshonrosa de la Cámara de Representantes.

Los problemas de Romney empiezan por él mismo, más allá de los ataques que reciba desde el campo de Gingrich. Ayer el informativo de la NBC dedicó sus cuatro primeros minutos a la información aparecida en su declaración de impuestos, incluidas las cuentas en paraísos fiscales. La polémica está destruyendo uno de los puntos fuertes de su campaña: su capacidad para derrotar a Obama al no recabar votos sólo del sector más conservador. Sus números negativos comienzan a ser casi tan malos como los de Gingrich.

El rechazo que provoca incluso es muy significativo entre los que votan más republicano que la media: los votantes de raza blanca e ingresos inferiores a 50.000 dólares anuales. Si esa tendencia se confirmara, no es que Romney lo tendría difícil para derrotar a Obama. De hecho, lo tendría imposible para ganar la candidatura republicana.

La última encuesta de Florida –creo que más fiable que las anteriores– da dos puntos de ventaja (36%-34%) a Romney sobre Gingrich. Ese mismo sondeo ponía al ex gobernador 12 puntos por delante hace poco más de dos semanas. La tendencia es obvia. Lo único que puede salvar a Romney de otra derrota clara es que mucha gente de Florida ya votó por correo antes de las primarias de Carolina del Sur.

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La insoportable inutilidad del Parlamento

Inaudito. ¿Cómo pueden los políticos pedir respeto al Parlamento cuando ellos mismos no lo tienen? La noticia del cambio de la forma de elegir a los miembros del CGPJ ha estado toda la tarde en elmundo.es. Es obviamente un asunto de gran trascendencia.

Soraya Sáenz de Santamaría no ha hecho referencia al tema en su comparecencia en la Comisión Constitucional, excepto muy al final, cuando ya los grupos de la oposición no podían intervenir. El socialista Jáuregui ha protestado y el presidente ha dicho que la sesión había concluido. Se ha oído la voz de la vicepresidenta decir «yo no tengo inconveniente en..» y se ha cortado el sonido.

Esto es imposible que ocurra en el Reino Unido. Allí si el Gobierno pretende anunciar un cambio legislativo (no el proyecto de ley aún) comparece a petición propia en la Cámara de los Comunes. También allí es muy posible que aparezca antes la noticia en un medio de comunicación, como también es muy posible que el presidente de la Cámara se lo reproche al ministro correspondiente por ser una falta de respeto al Parlamento, y el ministro (por mantener las formas) pedirá disculpas.

Aquí un vicepresidente o ministro se presenta en la comisión para dar un mitin y se guarda en el bolsillo un anuncio tan importante y así impide que la oposición dé su punto de vista y lleve a cabo su función de controlar al Gobierno. Pues eso, el Congreso está para dar mítines.

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Artículos con este tema siempre tienen que acabar con las palabras: y del Senado, ya ni hablamos.

Foto del Flickr de Mr. Weeeee.

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¡Vete a China, resentido!

«¿Qué va a hacer para apoyar al 99% teniendo en cuenta que usted es parte del 1%?», le gritó a Mitt Romney hace unos días una persona en Carolina del Norte. La respuesta de Romney:

And if you’ve got a better model — if you think China’s better, or Russia’s better, or Cuba’s better, or North Korea’s better — I’m glad to hear all about it.

El viejo ‘si no te gusta, vete a Rusia’. Pero incluir a China en la patriótica respuesta tiene algo de ironía involuntaria. Si el interpelante fuera ingeniero, eso sería un problema. Empresas como Apple ya utilizan las fábricas chinas para toda su producción precisamente por su capacidad para producir a costes muy bajos y su inagotable caudal de ingenieros.

El financiero multimillonario Warren Buffett tiene otra forma de ver las cosas.

Buffett felicita el nuevo año chino a golpe de ukelele. El libreto de Romney se ha quedado algo viejo. Actualmente, hasta los capitalistas se dedican a montar numeritos musicales para congraciarse con esos comunistas que antes daban tanto miedo. Bueno, quizá ahora también, pero por otros motivos.

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Tras darse golpes en el pecho en honor a EEUU, Romney debería leer este libro: «Becoming China’s Bitch: And Nine More Catastrophes We Must Avoid Right Now».

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Ya vale de reír, Obama

Si ya se reía Obama con el resultado de las primarias de Carolina del Sur, cuando le hablen sobre los datos fiscales de Mitt Romney se le van a saltar las lágrimas de la risa. La portada es un buen resumen del inmenso alivio que a priori debe sentir la Casa Blanca al observar el curso de la contienda republicana.

Parece claro que si los republicanos eligen a Newt Gingrich, a Obama le será más fácil movilizar a las bases demócratas, en parte decepcionadas por las promesas no cumplidas por el vencedor de las elecciones de 2008.

[Podría ser una de las primeras ediciones del sábado de The Washington Post. En las siguientes ya apareció la foto de Gingrich en la celebración de su victoria. Pero no, es una parodia.]

Otro favor para Obama. Romney ha hecho pública su declaración de la renta de 2010 y una estimación de la de 2011. En 2010, tuvo unos ingresos de 21,7 millones de dólares, de los que pagó un 14% de impuestos. El bajo porcentaje se debe a que la mayoría de sus ingresos procede de rentas de capital. No es un delito, pero no da mucha credibilidad al argumento, habitual entre candidatos, de que él sí sabe lo dura que está siendo la crisis para el norteamericano medio.

Además, la información facilitada incluye el molesto hecho de que Romney tuvo ese año una cuenta en Suiza (y otras en los paraísos fiscales de Bermuda y Caimán) que fue clausurada porque alguien decidió que podía ser un poquito embarazosa. Seguro que tenía ese dinero allí como muestra de confianza en la economía norteamericana.

Ya vale de reír, Obama, que te va a dar algo.

Por cierto, se ha escrito en muchos sitios que ningún presidente ha salido reelegido en décadas con el nivel de paro que soporta actualmente EEUU. Es cierto, pero hay otra hipótesis que favorece a Obama. Desde 1956, ningún presidente ha perdido en las urnas si el desempleo ha bajado de forma constante en los dos años anteriores a las elecciones.

Those precedents bode well for Obama. Unemployment was 9.8 percent in November 2010, two years before voters decide whether Obama gets to stay in the White House. It was down to 8.7 percent in November 2011, a year before the vote. It fell to 8.5 percent in December and is expected to fall further by Election Day.

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Obama: la cautela como razón de ser

¿Quieres saber por qué los presidentes de EEUU tienen una conducta imperial en las relaciones exteriores? Una de las razones menos citadas tiene que ver con la limitación de su poder en política interna. A pesar de que se trata de un sistema presidencialista –la «república imperial» lo llamó Raymond Aron–, la Casa Blanca se encuentra extraordinariamente condicionada por la intervención del Congreso en política económica. La idea de que el presidente puede hacer lo que quiera quedó hace tiempo sepultada en los libros de historia. Aún más desde que el clima partidista de la vida política en Washington, lo que nosotros llamaríamos la crispación, ha acabado con los moderados dentro de cada partido.

The New Yorker publica un largo reportaje, cuya materia prima son los informes que recibe Obama en la Casa Blanca y sus respuestas a las ideas y propuestas que le llegan del Gabinete y equipo de asesores. Esas notas, a veces tan breves como un par de palabras o una idea subrayada, le definen a la perfección. El artículo sirve como una radiografía completa de la Administración de Obama y confirma su imagen, ya comentada en muchos otros artículos, de un político precavido y centrista, nunca demasiado valiente, que apostó buena parte de su capital político a una quimera: la capacidad de Washington de consensuar políticas entre los dos grandes partidos con vistas a encontrar soluciones a las grandes crisis.

Desde el primer momento, Obama escuchó sobre todo a los economistas como Geithner y Summers que le aconsejaban cautela en la respuesta a la crisis. Una vez decidida la adopción de una política de estímulo fiscal, casi todos aconsejaron limitar en la posible la cuantía de la intervención con fondos públicos. Fue de especial importancia la opinión de Lawrence Summers (un infiltrado de Wall Street, según los sectores más progresistas de los demócratas), que alertaba sobre el peligro de ir demasiado lejos.

Además del peligro de hacer imposible cualquier acuerdo con los republicanos, Summers alertó de que los mercados financieros podían interpretar la ley en estudio como prueba de que EEUU no era serio en la lucha contra el déficit. Actualmente, y al ser un valor refugio frente al caos de la eurozona, EEUU paga intereses casi negativos por su deuda.

Los economistas convencieron a Obama de que la cuantía del estímulo no podía superar los 900.000 millones de dólares, cuando economistas como Krugman pedían una cifra mucho mayor. La búsqueda del consenso con los republicanos terminó en fracaso, como ha ocurrido a lo largo de todo su mandato. Sólo tres senadores republicanos apoyaron una ley que incluía el uso de 787.000 millones.

Axelrod and other Obama political advisers saw anti-Keynesian rhetoric as a political necessity. They believed it was better to channel the anti-government winds than to fight them. As much as it enraged Romer and outside economists, the White House was on to something. A President’s ability to change public opinion through rhetoric is extremely limited. George Edwards, after studying the successes of Franklin Roosevelt, Lyndon Johnson, and Ronald Reagan, concluded that their communications skills contributed almost nothing to their legislative victories. According to his study, “Presidents cannot reliably persuade the public to support their policies” and “are unlikely to change public opinion.”

El reportaje describe a un Obama a merced de los acontecimientos. Es una demostración de lo que dejó claro desde los primeros meses de su presidencia. A pesar de todas sus críticas a la forma de hacer política en Washington, nunca fue, ni siquiera en sus comienzos en Chicago, un político dispuesto a planteamientos radicales o simplemente ambiciosos. Es un centrista al que sus enemigos catalogan de radical, y por tanto está condenado a decepcionar tanto a sus rivales como a los partidarios que aspiran a que esa imagen (falsa) termine convirtiéndose en realidad.

Es decir, Obama como test de Rorschach.

Foto: Flickr de la Casa Blanca.

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La remontada de Gingrich

Ni sus tres matrimonios, adulterios incluidos. Ni sus 20 años en la Cámara de Representantes (la institución más impopular), incluidos los últimos cuatro como su presidente. Ni los rentables años pasados al servicio de ciertos lobbies. Ni la millonada que recibió como asesor de Freddie Mac. Ni sus escasos medios financieros comparados con la maquinaria de Romney.

Todo eso resultó irrelevante. Newt Gingrich ganó en las primarias de Carolina del Sur y culminó una espectacular remontada en menos de una semana. Incluso para esa montaña rusa que son las primarias de este año, llama la atención. Obtuvo el 40,4% de los votos. Romney se quedó con el 27,8%, Rick Santorum con el 17% y Ron Paul con el 13%.

Hace sólo cinco días, Nate Silver concedía una ventaja de 12 puntos a Romney en el promedio de los sondeos.

Siempre enganchados al carro del último ganador, los medios de comunicación norteamericanos comenzaron a hablar en pasado de Gingrich después de que no llegara al 10% en New Hampshire. Calculaban el aguante que tendría Santorum hasta rendirse a la evidencia. Se decía que Romney estaba en camino de cerrar la historia antes de que acabara enero gracias a las dos citas de Carolina del Sur y Florida.

Ocurrieron dos cosas. Los dos últimos debates fueron horribles para Romney. Por primera vez, sus rivales aceptaron que si centraban sus ataques en Obama, estaban entregando la nominación al ex gobernador de Massachusetts. Ya unos días antes Gingrich, con la ayuda de Perry, había lanzado toda su munición contra Romney, describiéndolo como un plutócrata que había ganado millones descuartizando empresas y despidiendo a miles de trabajadores.

Algunos decían que eso era como atacar al favorito de los republicanos desde la izquierda, y la verdad es que unos cuantos analistas conservadores coincidían en esa crítica y se quejaban de que los activistas de Occupy Wall Street suscribirían con gusto esas palabras. Pero lo cierto es que las grandes corporaciones (que en el lenguaje de Romney son también «personas»), los fondos de inversión y Wall Street no tienen muchos defensores en la base republicana de unos cuantos estados de EEUU, y uno de ellos es Carolina del Sur.

Según el sondeo de CBS, Romney sólo ganó a Gingrich (47%-32%) entre los votantes republicanos que ganan más de 200.000 dólares. Todos los que ganan menos (y son un 95% del total) apostaron por el segundo por una amplísima diferencia.

Luego apareció la denuncia de la segunda mujer de Gingrich. ¿Cómo iban a encajar eso los votantes evangélicos, temerosos de Dios y defensores del carácter sagrado del matrimonio? Por lo visto, bastante bien. No hay nada mejor que un pecador reformado sobre todo si no es mormón.

Estaban enterados de todo eso, pero no les preocupó. Como ya comenté, la base republicana está firmemente convencida de que hay una conspiración de los medios de comunicación para atacar a sus políticos. Gingrich utilizó ese sentimiento con habilidad y tiró de manual. Se presentó como la víctima de una campaña de «las élites» y funcionó. Debería enviar sendos mensajes de agradecimiento a la cadena ABC (por la entrevista con la ex esposa) y a la CNN (por iniciar el último debate con una pregunta sobre el tema).

«Las élites de Washington y Nueva York» decía ayer Gingrich en su discurso de la victoria. Su descaro no conoce límites. Un tipo que se ha pasado media vida en Washington es ahora el cruzado de los valores de la auténtica América. ¿Qué más da? Las campañas las ganan los valientes o, en ocasiones, los suicidas. Ayer hasta las mujeres casadas prefirieron, según los sondeos, al ex marido de Marianne Gingrich.

Todos los republicanos que han ganado en Carolina del Sur desde 1980 han terminado haciéndose con la candidatura. Es la clase de estadística que se cumple siempre… hasta que deja de cumplirse. En cualquier caso, cada victoria genera su propia dinámica que borra las percepciones anteriores y obliga a comenzar de nuevo. El discurso que decía que Romney había ganado las dos primeras citas ya es viejo. Primero, porque al final en Iowa ganó Santorum por un puñado de votos. En segundo lugar, porque lo ocurrido ayer pone un interrogante sobre las encuestas hechas hasta ahora en Florida, que concedían a Romney una clara ventaja, y desde luego restan todo valor a las encuestas nacionales.

Josh Marshall está convencido de que Gingrich no puede ganar. Más pronto que tarde, los pesos pesados republicanos se alzarán para impedirlo porque eso es garantía de una derrota ante Obama (algunos datos lo demuestran) que además puede arrastrar a todo el partido republicano en las elecciones al Congreso. Yo no estoy tan seguro. No que no lo vayan intentar –había que ver el gesto serio de Karl Rove anoche en Fox News–, sino que tengan éxito. Los votantes de Gingrich también consideraban una prioridad encontrar a un candidato que pueda vencer a Obama, eso que allí llaman la ‘electabilidad’.

Por lo demás, en la Casa Blanca tienen que estar encantados con las noticias de Carolina del Sur.

Romney no entusiasma a los medios de comunicación. Lo que sí es seguro es que la mayoría de los periodistas aborrece a Gingrich. Lo han visto mentir tantas veces, saben que la demagogia es un concepto que se queda tan corto para describirlo que no se creen que sus compatriotas puedan fiarse de él. Lo han dado por muerto en innumerables ocasiones y nunca termina de quedarse quieto bajo la lápida.

En el fondo, subyace una idea que aparece en muchos artículos: ¿ha cambiado tanto la base de partido republicano que los medios ya no son capaces de reconocerla? Los demócratas demostraron que un candidato ‘del aparato’, como Clinton, puede perder si el rival arrastra la pasión y convicción necesarias para superar todos esos obstáculos. Cuando les decían a los partidarios de Obama que él no podía ganar a diferencia de Clinton (¿un político negro casi sin experiencia?), respondían que no estaban de acuerdo pero en el fondo les daba igual. No iban a dejar que un análisis supuestamente objetivo de los medios sustituyera a lo que les decía su corazón.

Romney es el John Kerry de los republicanos. Experiencia probada. Dinero de sobra. Mensaje frío pero coherente. Carisma escaso pero suficiente. Al final, un candidato de papel fácil de atacar desde varios lados cuyo único activo es la posible impopularidad del presidente.

Por el contrario, como dice Connie Bruck en The New Yorker, Gingrich crea sus propias reglas. Cuanto mayor sea la confusión en el partido republicano o peor sea la situación económica de EEUU, mejor para él. Puede estar en lo más alto de los sondeos y dos semanas después caer como un peso muerto para volver a recuperarse. Es el político antijesuítico. Es posible que la mayoría piense que en tiempos de tribulación es mejor no hacer mudanzas. En caso de crisis, él siempre prefiere acercar la mecha al barril de pólvora. A ver qué pasa.

Tampoco nadie pensaba que Bill Clinton podía ganar a George H.W. Bush cuando empezaron las primarias de 1992.

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Un detalle que no recordaba. Hasta abril, el partido obliga a las primarias republicanas a no conceder al ganador todos los delegados en disputa, como era habitual hasta ahora, sino a introducir un factor de proporcionalidad. Eso puede alargar la lucha durante muchos meses. Por ejemplo en Carolina del Sur el vencedor se lleva la mayoría de los delegados pero un número importante se reserva al ganador en cada condado. Por otro lado, anoche leí que la victoria de Gingrich iba a ser tan contundente que al final se quedaría con todos los delegados.

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14.20

Nate Silver se pregunta en un larguísimo análisis si estas primarias desafían el paradigma habitual en una contienda electoral. Es decir, en vez de ser «More of the Same», son del tipo «This Time Is Different». Lo tiene difícil, ya que él se ocupa de analizar encuestas y estas están siendo muy volátiles. Termina diciendo:

My view is that Mr. Gingrich’s win in South Carolina is not enough to be paradigm-breaking. But if he follows it with a win in Florida, all bets are off. Not only would that represent further evidence of Mr. Gingrich’s strength, but it would suggest that we had been weighing the evidence wrongly all along.

20.00

Me comentan que la mayoría de los estados concede los delegados de forma proporcional, pero no todos, y no sólo hasta abril. Esto antes era habitual en las primarias demócratas, pero no en las republicanas.

 

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Roosevelt, Einstein, hombres lobo nazis… ‘FDR American Badass’, escrupulosamente basada en hechos reales.

–George Lucas no tiene miedo a reconocer que la penosa escena de Indiana Jones volando por los aires dentro de un frigorífico tras una explosión nuclear fue idea suya. Hace unos meses, Steven Spielberg, siempre tan buen amigo, dijo que no había que echar la culpa a Lucas. El responsable era él. Pero no.

When I told Lucas that Spielberg had accepted the blame for nuking the fridge, he looked stunned. “It’s not true,” he said. “He’s trying to protect me.”

In fact, it was Spielberg who “didn’t believe” the scene. In response to Spielberg’s fears, Lucas put together a whole nuking-the-fridge dossier. It was about six inches thick, he indicated with his hands. Lucas said that if the refrigerator were lead-lined, and if Indy didn’t break his neck when the fridge crashed to earth, and if he were able to get the door open, he could, in fact, survive. “The odds of surviving that refrigerator — from a lot of scientists — are about 50-50,” Lucas said.

–Las películas favoritas de Tarantino en 2011: lista encabezada por ‘Midnight in Paris’. WTF?
Clint Eastwood ya era un duro antes de hacer cine.
–Con algo de retraso, una nueva película de Ed Wood.
–Los Doors y ‘L.A. Woman’.
Naufragios: las mujeres y los niños, primero. ¿En serio?
–Un experimento sobre atascos de tráfico.
–Fotos de Nueva York en los 80.
–Elgin Baylor: una historia de racismo y baloncesto en 1959.
–El misterio del Ferrari enterrado.
–China: un edificio de 30 plantas construido en 15 días.
–Los títulos de crédito de ‘La chica del dragón tatuado’. David Fincher los explica.
–Es fácil no caer en la tentación del sexo si oyes voces.

Lo mejor de Tyrion Lannister en ‘Juego de tronos’. Peter Dinklage fue premiado con un Globo de Oro. En el escenario, pidió que la gente buscara en Google un nombre.

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La trampa de Megaupload

Adiós al modelo de negocio de Megaupload. Las grúas se llevan los coches de los dueños de la compañía más odiada por la industria cultural, el Gran Satán de la descarga de contenidos culturales. Con tales dimensiones (los acusados generaron ingresos de 175 millones de dólares con 150 millones de usuarios registrados, según el FBI), no es raro que la empresa hubiera adquirido tal carácter de tótem.

Es curioso que tanta gente diga que es el comienzo de una guerra sin cuartel. Será porque en las guerras, al enemigo ni agua.

En la industria cultural, lo ven como un triunfo sin precedentes. Ahora sí se acabará con las descargas porque se trata sólo de soltar a la policía (lo que podríamos llamar la doctrina Víctor Manuel). Esto se soluciona metiendo a gente en la trena, consecuencia obvia de la idea esas viejas campañas que comparaban la piratería con el robo de coches, media en la cabeza y palanca en la mano. La comicidad involuntaria es a veces más divertida que la forma profesional de hacer reír.

En el otro lado, muchos –no todos, claro– de los que se han opuesto con argumentos de peso a los estados de excepción legalizados (Ley Sinde, SOPA…), no esconden que están dolidos, aunque sólo sea por ver tan satisfechos a los jerarcas culturales. Y no lo entiendo. Megaupload no tiene nada que ver con el uso libre de Internet y el rechazo a la mentalidad autoritaria que pretende controlar la red. Es una empresa privada cuyo modelo de negocio era obtener ingresos a cambio de contenidos culturales que no eran de su propiedad. ¿Ánimo de lucro? Sólo el imprescindible para tener un helicóptero privado.

Hay que recordar por si es necesario, y suele serlo, que los datos que aparecen en los comunicados del FBI y del Departamento de Justicia y el visto bueno del gran jurado de Virginia forman la acusación que deberá ser presentada ante un tribunal. Por extraño que parezca a algunas personas, la policía a veces se equivoca o se extralimita. Nada está probado hasta que un tribunal emita sentencia.

Probablemente, no haya un nuevo Megaupload, una empresa que adquiera tales dimensiones. Pero hay muchos servicios más pequeños que prestan un servicio similar. Y está el P2P, que no tiene nada que ver con facturar decenas de millones al año. Volverá con toda su fuerza y la industria querrá otra vez apostar toda su estrategia a ir contra los usuarios, algo a lo que no ha renunciado pero que en muchos países, también en España, se ha terminado por ver como una táctica fracasada.

La operación del FBI no es una victoria del mal ni la de ningún Estado policial. Me parece de una ceguera increíble sostener que el cierre de Megaupload es una victoria de los defensores de la SOPA y la PIPA en EEUU. Los ciudadanos y organizaciones que se han opuesto a estas leyes no lo han hecho para poder ver gratis ‘Transformers 3’ en el ordenador.

De hecho, la redada demuestra que la ley ya permite a la policía ir contra los que vulneran los derechos de autor con la intención de lucrarse. No existe la necesidad de violentar derechos fundamentales con legislaciones en las que el control judicial prácticamente desaparece, y es un órgano administrativo nombrado por el Gobierno el que toma decisiones sobre lo que debe o no aparecer en la red.

Por tanto, las últimas 24 horas han sido en realidad un gran triunfo para Internet. Por el cierre de Megaupload y por este titular: «SOPA and PIPA dead – for now».

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