La BBC despide a la estrella de ‘Top Gear’ y se arriesga a perder millones

Es probablemente el programa de televisión más famoso del mundo.  ‘Top Gear’ tiene una audiencia media de cinco millones de espectadores en BBC2 y unos 350 millones en todo el planeta, permite a la cadena ingresar 50 millones de libras al año (unos 68 millones de euros) en ventas al exterior y cuenta con millones de seguidores en todo el mundo a través de Internet (con 4,3 millones de seguidores de su canal de YouTube). No sólo lo ven los entusiastas del mundo del motor, sino muchos que disfrutan de un programa hecho con un gran sentido del espectáculo y aún más sentido del humor.

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John Oliver, sobre la NCAA y su sistema legal de esclavitud

John Oliver nos presenta el fantástico mundo de la NCAA, la liga universitaria de baloncesto que ha entrado en su ‘March Madness’ de eliminatorias directas por el título. El fantástico mundo de la explotación laboral, porque los deportistas no ven ni un dólar. Son amateurs en una competición hiperprofesionalizada. Todo el dinero se lo quedan las universidades (es decir, las empresas) que financian así inmensos recintos deportivos y los salarios millonarios de sus entrenadores. Pagar a los deportistas no sería ético. Embolsarse el dinero, sí.

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Un nuevo capítulo en la guerra de los oligarcas de Ucrania

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Ucrania está en bancarrota. Depende económicamente del FMI y los gobiernos occidentales para subsistir pero a cambio de durísimas reformas que incluyen, entre otras cosas, el fin del subsidio al suministro de gas en hogares. Parte del este del país está fuera de su control. Pero hay cosas que no cambian. La guerra de los oligarcas que comenzó a mediados de los 90 sigue gozando de buena salud. A veces, cambian los protagonistas, pero no las normas de combate. Una de ellas: un oligarca necesita un ejército privado en caso de emergencia.

El último protagonista es Igor Kolomoiski, que en sus ratos libres es también gobernador de la región de Dnipropetrovsk, fronteriza con la zona controlada por las milicias prorrusas, cargo para el que fue nombrado por el Gobierno. Pero su prioridad está en los negocios. Controla la empresa Ukrtransnafta, operadora de oleoductos de gas, de la que el Estado tiene el 50% de las acciones (él, un 42%). Ahora el Gobierno ha nombrado una nueva dirección y eso es algo que Kolomoiski no podía tolerar. Ocupó de noche las oficinas de la sede central de la compañía en Kiev con un destacamento de hombres vestidos de ropa de camuflaje. Seguridad privada, se supone, o quizá miembros de la milicia de su provincia que paga de su bolsillo.

Kolomoiski en persona estuvo en la operación. Comentó a un periodista que se encontraba allí para “liberar” el edificio de los “subversivos rusos” que lo habían ocupado. ¿Subversivos rusos al servicio del Gobierno de Kiev? No tiene sentido hacer cábalas sobre sus palabras. En la Ucrania actual, cuando hay que desacreditar a alguien se le llama ruso y problema solucionado.

El presidente Poroshenko, él mismo un oligarca pero al menos elegido para el cargo en las urnas, ha dicho que el Gobierno no permitirá que “ningún gobernador tenga su propio ejército de bolsillo”. Eso es toda una noticia, ya que varios gobernadores y empresarios han financiado brigadas de voluntarios para enfrentarse a las milicias prorrusas, y está claro que esos grupos armados están también disponibles para defender los intereses particulares de sus dueños. Nadie desperdicia un grupo numeroso de guardaespaldas con armas automáticas.

De momento, el ministro de Interior ha dado un ultimátum que se cumple este martes para que los milicianos de Kolomoiski abandonen las instalaciones de Ukrtransnafta. Veremos si cumple la amenaza o se negocia alguna componenda para salir del paso.

Kolomoiski lo vio venir hace unos días, lo que le llevó a pedir en público una medida que tiene que haber puesto muy nerviosos a los otros multimillonarios del país: pedir que se revisen las privatizaciones realizadas en los últimos años por haber sido el resultado de una conspiración criminal para robar bienes al Estado con su venta por un precio inferior al real. Se refiere a las realizadas en la época del presidente depuesto Yanukóvich, que tenía a sus propios oligarcas en nómina (aunque en realidad era al revés porque en Ucrania siempre ha sido más habitual que los políticos estén a sueldo de los empresarios), y que son los mismos que se vieron favorecidos por las privatizaciones. Entre ellos, está el hombre más rico del país, Rinat Akhmetov, gran amigo de Yanukóvich hasta que descubrió que el presidente había perdido la partida y decidió marcar distancias con el antiguo patrón/cliente. No es alguien que el actual Gobierno quiera incomodar.

En pocas palabras, Kolomoiski está diciendo: si tocáis mis privilegios, voy a armar un escándalo y contar a todo el mundo que sois tan sinvergüenzas como yo.

A estas alturas, a nadie puede sorprender que el primer ministro, el liberal Yatseniuk, que da la casualidad de que es el mismo que nombró gobernador a Kolomoiski (eso fue antes de que Poroshenko fuera elegido presidente), dijera al FT que aceptar la propuesta del oligarca rebelde “abriría una caja de Pandora”. Traducción: a nadie le interesa abrir esa caja. 

Si toda esta historia parece complicada de seguir, hay que recordar que eso es lo que ha ocurrido en Ucrania desde mediados de los noventa. Ya lo escribí una vez. Cambian los gobiernos, se producen insurrecciones que parece que van a instaurar una nueva forma de hacer política, Rusia y Europa reaccionan para intentar aprovecharse de la situación, pero Ucrania sigue siendo el mismo país que antes.

Foto: Poroshenko, vestido de uniforme militar, visita el frente militar en noviembre de 2014.

Miércoles

Al final, el Gobierno ucraniano sí ha impuesto su poder sobre Kolomoiski. El desafío era demasiado fuerte como para permitirlo. Los milicianos del oligarca tuvieron que abandonar las oficinas de la empresa objeto de la discordia. Además, Kolomiski ha sido destituido como gobernador de la región de Dnipropetrovsk. Lo que no quiere decir que se haya puesto fin a su poder sobre esa zona del país.

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Las claves locas de Andalucía

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A veces resulta muy difícil saber quién ha ganado las elecciones, en especial después de escuchar a los líderes de los partidos. Para estar preparados, aquí hay un sencillo manual para interpretar los resultados de Andalucía.

PSOE:

Todo bien si llega a 50 escaños, Chaves y Griñán deciden internarse en un monasterio y hacer voto de silencio, y Pedro Sánchez comienza a tartamudear cada vez que oye el nombre ‘Susana’.

Todo mal si el PP no pierde tantos votos como anuncian las encuestas, Podemos se hace con un parte importante de los abuelos que llevan votando al PSOE desde 1982 con la misma papeleta, y Pedro Sánchez se refiere a Susana Díaz como “la presidenta que asegurará la prosperidad de Andalucía durante los próximos CUATRO años”.

PP:

Todo bien si nadie se da cuenta de que el PP ha vuelto a perder las elecciones, el ABC abre portada al día siguiente con un tema de internacional, y Cospedal no hace bromas con el segundo apellido del candidato cada vez que se encuentra con Sáenz de Santamaría en los servicios de la sede de Génova.

Todo mal si la pérdida de votos motiva a Javier Arenas a volver a hacer declaraciones a los periodistas, el tesorero del PP andaluz entra en pánico y borra todos los discos duros de los ordenadores de la sede,  y Rajoy comienza a referirse a Moreno Bonilla como “esa persona a la que usted se refiere”.

Podemos:

Todo bien si supera con holgura el 15%, Susana Díaz aprueba una reforma legislativa para cogerse una baja maternal de 18 meses, y Pablo Iglesias inicia su intervención del lunes con un “mi queridísima amiga Teresa Rodríguez”.

Todo mal si se queda no muy por encima de IU, la embajada venezolana en Madrid felicita al partido con un comunicado, y los portavoces de Podemos elogian los resultados de “la candidata de Izquierda Anticapitalista”.

IU:

Todo bien si el partido mantiene el grupo parlamentario en la Cámara.

Todo mal si el partido mantiene el grupo parlamentario en la Cámara.

Ciudadanos:

Todo bien si se acerca al porcentaje de votos de Podemos, los bancos amplían sus líneas de crédito, y el votante del PP descubre que los “zascandiles amateurs” (Rajoy dixit) tienen más credibilidad que el presidente del Gobierno.

Todo mal si obtienen el porcentaje de votos que haría feliz a Rosa Díez, y Pedro J. escribe en Twitter a las ocho menos cinco de la tarde: “Quién nos iba a decir que en la redacción de El Español tendríamos la sensación de haber ganado unas elecciones autonómicas en Andalucía”.

Corrección: debe de ser por la campaña ‘estamos rodeados de venezolanos por todas partes’ pero al principio he escrito Chávez en vez de Chaves.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

La gran persecución de ‘Vivir y morir en Los Angeles’, una peli injustamente poco valorada.

–El primer y el último plano.
–Esa película de terror llamada ‘Up’.
–Los videojuegos no serían lo mismo sin las ametralladoras.
–Antes de que se hicieran famosos en ‘The Walking Dead’.
–Las pinturas de Akira Kurosawa.
–Cicerón y el origen de Lorem Ipsum.
Cómo ser mujer en Irán.
–Los filósofos beben demasiado café.
–La luz de las pantallas es un peligro.
–Armas de instrucción masiva.
–Un día de pesca.
Mike Tyson, cuando daba palizas a la gente legalmente.
Superhéroes del pop británico.

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Jon Stewart vs. Fox News

Siempre es un placer escuchar a Jon Stewart hablar de Fox News. El tema es la teoría de la conspiración que se montó la derecha norteamericana a cuenta del ataque al consulado de EEUU en Bengasi, Libia.

Ay, cómo le vamos a echar de menos.

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Yemen, 142 muertos

Tres explosiones en dos mezquitas de Saná han provocado una matanza en la capital yemení. Según la agencia AFP, la cifra de muertos llega ya a 142 y los heridos son no menos de 350. La última cifra oficial es de 119 muertos. La mayor parte de las víctimas se produjo en Al Hashush, una mezquita frecuentada por los líderes de la milicia chií de los hutíes, que controlan la capital y otras zonas del país. También el otro centro religioso era conocido por atraer a partidarios de estas milicias.

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Los atentados suicidas se producen cuando el país se encuentra al borde de la guerra civil y en condiciones de repetir la división del pasado. Los hutíes son la fuerza militar en alza. Lograron derrocar al presidente Hadi y mantenerlo en arresto domiciliario hasta su huida a la localidad sureña de Adén.

De momento, la principal oposición a la que se enfrentan los hutíes reside en Al Qaeda y las milicias de las tribus suníes. Existe ya una reivindicación de ISIS, pero no incluye los nombres de los autores de la masacre, como suele ser habitual en estos casos. Por otro lado, dirigentes de Al Qaeda han negado tener algo que ver con los ataques.

Los hutíes son conocidos por este nombre, que es el patronímico de algunos de sus líderes. Ellos prefieren llamarse Ansar Alá (Partidarios de Dios). Por ser chiíes, varios países del Golfo les consideran un brazo armado de los intereses de Irán y es posible que hayan recibido ayuda económica o militar de Teherán, pero responden a la realidad política del país. Los hutíes fueron muy activos en el movimiento popular que forzó la dimisión del presidente Salé en febrero de 2012. No hay que engañarse con su participación en una de las rebeliones exitosas de los primeros años de la Primavera Árabe. Habían intervenido con las armas en la mano en numerosos conflictos anteriores.

Sus principales enemigos están englobados en Al Islá, que agrupa a miembros de los Hermanos Musulmanes, tribus suníes del norte y un grupo salafista.

El sur del país no ha sufrido tanta violencia en los últimos años como el norte y el centro. Cuenta con varios movimientos políticos que reclaman la división de Yemen, como en el pasado, o como mínimo su sustitución por una confederación.

En estos momentos, Yemen no tiene un Gobierno en condiciones de hacer cumplir su autoridad. En cierto modo, ya tenemos otro ejemplo de Estado fallido en el que grupos como Al Qaeda e ISIS pueden prosperar con relativa facilidad, sobre todo en el primer caso.

Yemen es además el escenario de la guerra de EEUU contra Al Qaeda en forma de numerosos ataques con drones, que han causado víctimas tanto entre miembros de la organización yihadista como entre civiles.

Tras la toma de Mosul por ISIS, Barack Obama explicó en rueda de prensa cuáles serían los principales puntos de la estrategia norteamericana. Aunque ahora suene a broma, Obama presentó el caso de Yemen como un ejemplo de lo que pretendía hacer en Oriente Medio para hacer frente a ISIS: colaborar con gobiernos para que llevaran la iniciativa en esa guerra sin necesidad de usar fuerzas norteamericanas de tierra.

Desde entonces, Yemen se ha quedado sin Gobierno, su presidente se ha refugiado en el sur, una milicia ocupa la mayor parte de la capital y Al Qaeda y quizá ISIS tienen mejores oportunidades que nunca para extender su ideario.

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El dedo de Varufakis

Veo que algunos informativos de televisión están despistados con el endiablado caso del dedo de Varufakis. Al final, va a resultar que el destino de la UE depende de si un economista hizo un gesto grosero para reforzar un argumento en una conferencia hace unos años, así que conviene aclarar la duda antes de que los tanques crucen las fronteras.

Sí, Varufakis hizo el gesto de la peineta en una conferencia celebrada en Zagreb en mayo de 2013. Se puede apreciar a partir del minuto 40 de este vídeo que incluye toda la conferencia.

¿Qué decía el economista que nunca pensaría que un año y medio después sería el ministro de Finanzas de su país?

“Lo que el estado griego, lo que han hecho los tres sucesivos gobiernos desde el inicio de la crisis de la deuda, desde la explosión de la deuda a principios de 2010 fue un crimen contra la humanidad. (…) Mi propuesta era que Grecia debería haber anunciado una suspensión de pagos, como hizo Argentina, dentro del euro en junio de 2010, enseñar el dedo a Alemania [es decir, mandar a Alemania a la mierda en traducción aproximada del gesto] y decirle ‘y ahora soluciona tú el problema’.”

Luego Varufakis explica por qué Grecia no debería abandonar el euro, a pesar de declararse en ‘default’, y volver a la dracma. Básicamente, porque a diferencia de Argentina que tenía el peso, Grecia ya no tenía su propia moneda con la que tomar las decisiones necesarias después de esa medida ciertamente radical.

No parece que Varufakis quisiera insultar a toda Alemania, y sí hacer énfasis en su razonamiento de forma no muy académica, todo hay que decirlo. Y obviamente al no ser ministro entonces, no lo hacía en nombre de Grecia.

No sé si los responsables del programa de la cadena alemana ARD desconocían el contexto y la fecha del gesto cuando lo sacaron hace unos días al entrevistar a Varufakis. Tampoco sé por qué el ministro dijo que el vídeo había sido manipulado. Lo que sí supongo es que en el programa satírico de la ZDF que ‘demostró’ que había insertado la imagen del dedo descubrieron que tenían una mina para cachondearse de todos creando su propio ‘fake’. Son los mismos que hicieron este estupendo vídeo musical sobre Varufakis (con el mismo actor en el papel del ministro).

Sobre por qué Varufakis ha reclamado una disculpa del presentador de la ARD, quiero pensar que quiere burlarse de él. Más que nada porque el propio Varufakis enlazó hace tres días el vídeo íntegro de la conferencia.

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Netanyahu es el líder que se merece Israel

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Los israelíes se merecen a Netanyahu, de la misma forma que Netanyahu merece gobernar a los israelíes. Está claro que al escribir esto Gideon Levy, el columnista de izquierdas de Haaretz, está realmente cabreado con el resultado de las elecciones de su país, pero su punto de vista podría ser suscrito por cualquiera. Hay poco margen para la interpretación cuando el primer ministro no sólo ha derrotado a sus rivales y las encuestas publicadas durante la campaña, sino también a los sondeos a pie de urna de la noche electoral, que suelen ser bastante fiables en Israel (un país de ocho millones de habitantes).

El Likud terminó con 30 escaños frente a los 24 de Unión Sionista. Ni siquiera la idea de un Gobierno de gran coalición tiene sentido. Será un Gobierno de conservadores y ultranacionalistas, al que Netanyahu querrá unir el partido Kulanu, dirigido por un exministro del Likud.

Para llegar a este punto, Netanyahu tuvo que recurrir al manual de los trucos sucios y decisiones de última hora, y le fue muy bien. No eran sólo los sondeos y los análisis de la prensa israelí los que empezaron a cantar su epitafio. Él mismo alentó esos pronósticos con el comportamiento del candidato desesperado que ve cómo se escapa su oportunidad. Primero, con la denuncia de una conspiración un tanto delirante. El mismo día de las elecciones, con un llamamiento de indudable tono racista para alertar de que “los árabes” estaban llenando las urnas. Lo que no era cierto.

De esta manera, o quizá por la tendencia de toda la campaña si no supieron detectarla los sondeos, Netanyahu dio sendos bocados al electorado de los partidos ultras La Casa Judía, de Naftali Bennett, e Yisrael Beytenu, de Avigdor Lieberman. Sólo hace unos meses, la prensa israelí especulaba sobre la decadencia del primer ministro y alimentaba la hipótesis de que en el futuro Bennett era el favorito para convertirse en el líder de lo que allí a veces llaman el bloque nacionalista.

Ocurrió lo contrario. Bennett perdió cuatro de sus 12 escaños y Lieberman se quedó con seis (el Likud y Beytenu fueron juntos en 2013 y obtuvieron 31 escaños).

La inesperada por clara victoria del Likud no quiere decir que se haya producido un cambio político o sociológico de gran magnitud. El bloque conservador (Likud, Casa Judía y Beytenu) sube de 43 a 44 escaños. El bloque de izquierdas (Unión Sionista y Meretz), de 27 a 29. El centrista (Yesh Atid, que ha sufrido una gran pérdida de votos, y Kahlon, un partido nuevo) se mantiene en 21. Los partidos árabes suben de 11 a 13. Son los partidos ultraortodoxos los que pierden (de 18 a 13).

Pero políticamente el impacto de estos comicios es innegable. Netanyahu ve reforzada su posición porque puede obtener fácilmente el apoyo de los ultraortodoxos, además del de Kahlon, concediendo a su líder la cartera de Finanzas, como hizo en 2013 con Yesh Atid.

Nadie lee los miedos y aspiraciones del votante israelí como Netanyahu, porque además se aprovecha de no ya años sino de décadas de un mensaje que ha calado en esa opinión pública: todo el mundo está contra Israel, no porque se oponga al sometimiento colonial de los palestinos o porque discrepe de la visión de los políticos israelíes sobre los conflictos de Oriente Medio, sino porque odian a los judíos. En los últimos meses, Netanyahu ha incluido en ese ‘mundo antisemita’ a la Administración de Obama, en este caso por su supuesta ceguera en aceptar que cualquier negociación con Irán es una invitación a que termine fabricando armas nucleares.

En ese escenario de blancos y negros, Netanyahu se beneficia de sus aciertos, tal y como los ve la mayor parte del electorado, pero nunca de sus errores (como cuando anunció en EEUU antes de la invasión de Irak de que el fin del régimen de Sadam Hussein traería consigo una era de estabilidad en la zona). Y no le perjudica porque esa sociedad comulga firmemente con la idea de que la guerra debe sustituir a la diplomacia siempre que sea necesario y que el único error que se le puede achacar al Estado de Israel es que no aplique esa medicina brutal con más frecuencia a sus enemigos. No es toda la sociedad la que piensa así, pero sí la parte suficiente con la que se ganan las elecciones, junto a los aliados de costumbre.

Hasta ahora eran los ultras como Lieberman los que azuzaban a la masa contra los palestinos de Israel (lo que allí llaman árabes israelíes). Sólo si estaban muy nerviosos los dirigentes del Likud caían tan bajo, y casi nunca el jefe de Gobierno. Esta vez Netanyahu no dudó en convertir al 20% de la población en enemigos del auténtico Israel con su agónico llamamiento a las urnas.

Es cierto que esta vez Netanyahu no lo tenía tan claro. De lo contrario, no se habría comprometido con la promesa de que no habrá un Estado palestino bajo su mandato. Adiós a la ambigüedad calculada por la que se acepta la idea de seguir negociando bajo la mirada amistosa de Washington, mientras sobre el terreno se dinamita cualquier posibilidad de acuerdo.

Es el fin de la ficción bajo la que se establecen las relaciones entre Israel y EEUU y Europa. Por más que desde la conferencia de Annapolis de 2007, no se hayan dado pasos efectivos en esa línea, la solución de los dos estados ha sido desde entonces la política oficial de los gobiernos norteamericanos. Todas las declaraciones en ese sentido que a partir de ahora hagan los gobernantes de EEUU tendrán un aspecto aún más ridículo y vacío. Incluso para lo que es habitual en el lenguaje de la diplomacia, esto ya sería demasiado.

¿En serio? Sólo hay que leer la reacción oficial de la UE para pensar que el resultado electoral tendrá repercusiones serias. Federica Mogherini, representante de política exterior, ha emitido el habitual comunicado de felicitación a Netanyahu para anunciar que desea poder seguir trabajando con él para el “relanzamiento del proceso de paz”. ¿Es un caso de estupidez o ignorancia? ¿O es simplemente que reconocer la realidad obligaría a algo que los países de la UE nunca harán?

Los países europeos agacharán la cabeza y harán como si Netanyahu no hubiera dicho nada en su campaña. En caso contrario, tendrían que sustituir la negociación por la presión. Los alemanas tienen demasiada historia encima como para permitirlo.

Con el resultado de las elecciones, se acaba también el mito que Amos Oz ayudó a extender en Europa con la idea de que el problema de la falta de resultados venía del hecho de que los cirujanos eran demasiado cobardes como para tomar decisiones en la mesa de operaciones. Los líderes israelíes y palestinos no tenían lo que hay que tener para dar los pasos con los que llegar a la paz.

Es la opinión pública israelí la que, confiada por la superioridad de su fuerza militar, no quiere escuchar. No le preocupa el temor a una sociedad israelí no democrática que impone un régimen de apartheid sobre los habitantes de unos territorios que controla, puebla y explota contra las normas del derecho internacional.

Netanyahu es su líder natural.

En el último momento del escrutinio con el 99%, el Likud perdió uno de sus escaños que ahora ha recuperado con el voto por correo. Meretz consigue su quinto escaño y la Lista Árabe Conjunta que estuvo cerca de 14 escaños, se queda con 13 . El Partido de la Torá Unida tiene uno menos del que le asignaba el escrutinio provisional. Tras estos pequeños cambios, he actualizado los votos por bloques que aparecen en el artículo.

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El pánico de Netanyahu, toma dos

Sí, Netanyahu está nervioso, tanto como para reincidir en la línea conspiratoria en el día de las elecciones. “Los votantes árabes están llegando en oleadas a las urnas”, trasladados en autobuses pagados por “organizaciones izquierdistas”, ha dicho en un llamamiento a los votantes del Likud para que se dirijan a las urnas en las últimas horas de la jornada electoral.

A las 16.00, el nivel de participación estaba en el 45,4%, un punto menos que en 2013, pero aun así un porcentaje superior al de anteriores comicios. ¿Qué está ocurriendo en las ciudades habitadas por palestinos? Según los medios israelíes, la participación está siendo similar a la media nacional. Los datos no importan demasiado. Netanyahu agita el fantasma del enemigo interior para reclamar el apoyo de sus posibles partidarios.

Lo curioso es que la coalición de tres partidos palestinos, que podría ser la tercera o cuarta fuerza más votada, se formó no porque esos grupos tengan una tradición de trabajar juntos, sino porque la reforma de la ley electoral podía dejar a dos de ellos fuera del Parlamento.

Esta forma de racismo camuflado puede llamar la atención a la gente fuera de Israel. No tanto dentro. Si bien el sistema electoral se rige bajo la máxima de un hombre, un voto, el sistema político no funciona igual. En un escenario sin mayoría absoluta, los partidos árabes siempre quedan fuera de los posibles pactos de gobierno. Los periódicos publican encuestas en las que sólo se pregunta a los ciudadanos judíos. En el Parlamento, los diputados ultras califican a los representantes electos palestinos de quinta columna o de traidores. No valen igual todos los votos.

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