Martin Amis, Irvine Welsh, y Escocia

En Channel 4 entrevistaron el lunes a los escritores Martin Amis e Irvine Welsh sobre el referéndum de Escocia. Ambos viven ahora en EEUU, pero tienen muy claras sus ideas sobre el tema. Se le ve perplejo y dolido a Amis, nacido en Galés y partidario de la unión. Lo que le pasa al autor de ‘Campos de Londres’ es que no entiende cómo se ha podido llegar a esta situación. Welsh se muestra orgulloso del proceso que ha desembocado en este referéndum y es partidario de la independencia.

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También hay sitio para la crispación en Escocia

Son muchos los que se felicitan del ambiente político en el Reino Unido que hizo posible la convocatoria del referéndum de Escocia y del nivel e intensidad del debate público que se está produciendo en estos momentos. Inevitablemente, se continúa después con las palabras ‘a diferencia de España’, el país de la crispación, las descalificaciones y el drama permanente.

Bien, puede que sea cierto, pero que nadie piense que la contienda escocesa está teniendo lugar con el más absoluto repleto a las reglas del marqués de Queensberry. Hay golpes bajos, alegaciones demagógicas, acoso a los medios, amenazas en las que la munición consiste en estudios económicos muy discutibles…, qué demonios, casi se podría decir que es como España, pero con peor tiempo. Lo que se está jugando es demasiado importante como para esperar que nadie pierda la calma.

Este domingo los nacionalistas escoceses adoptaron la línea oficial habitual en ciertos sectores de la derecha británica: la culpa de todo es de la BBC.

Un millar de personas se manifestó ante la sede de la BBC en Glasgow. Como se ve en la imagen, había una gran pancarta dirigida contra Nick Robinson, corresponsal político de la BBC. Al igual que otros periodistas de la cadena, su trabajo consiste en hacer preguntas difíciles a los políticos, y eso es algo que no ha gustado mucho a Alex Salmond en el pasado, incluida esta campaña. Dicho esto, no es una sorpresa que en temas sensibles la BBC se coloque del lado del establishment, pero siempre incluye las dos opiniones enfrentadas. Lo que ocurre es que la inmensa mayoría de los políticos británicos está contra la independencia y eso seguro que se nota en los informativos.

Salmond tiene motivos para quejarse de las maniobras del Gobierno, pero no para acusar a BBC de estar a su servicio. La noticia de que los bancos RSB y Lloyds abandonarían su sede de Edimburgo para trasladarse a Londres en caso de independencia (y continuar así bajo el paraguas del Banco de Inglaterra) tenía el máximo interés informativo. Incluso así, hay que recordar que, según el Herald, el Ministerio de Hacienda envió un email a la BBC con esa información antes de que terminara la reunión del consejo del RBS en la que se debía decidir sobre si hacer público el hipotético traslado. Esta claro que hubo alguien que no quería arriesgarse a que le dejaran sin el titular.

telegraph escocia

En el apartado ‘no dejes que la realidad y el buen gusto te estropeen una portada salvaje’, es difícil superar la primera página del Sunday Telegraph del pasado domingo. Reclutar la ayuda de los cadáveres de los soldados muertos desde los años 60 es un truco muy sucio. Los votos de los muertos no cuentan en el escrutinio ni los vivos deben manipularlos en su favor.

Informar sobre las repercusiones económicas de la separación es perfectamente legítimo. El votante tiene derecho a saber las posibles consecuencias de su decisión y no contentarse con los típicos mensajes de los políticos (todo va a ir bien o vamos a morir todos). Pero la economía no es una ciencia exacta, y anunciar un aumento seguro de los precios en los supermercados o de los intereses de las hipotecas forma parte del repertorio propagandístico cuando se quiere meter miedo. Como dice Robert Peston (uf, también de BBC), los economistas no pueden predecir el futuro como si lo estuvieran viendo; si fuera así, Irlanda todavía sería el próspero tigre celta de la UE que se iba a comer el mundo.

Por otro lado, los políticos a veces fomentan de forma indirecta los augurios catastrofistas que les perjudican. Cuando Salmond responde a la negativa de Londres a permitir una unión monetaria de los dos estados con la amenaza de que en ese caso una Escocia independiente se negaría a pagar su parte de la deuda británica, lo que está anunciando es un proceso de negociaciones a cara de perro repleto de incertidumbres en el que caería la libra, la credibilidad financiera del nuevo Estado estaría en suspenso y los escoceses podrían pensar que sus ahorros estarían más seguros en Londres. Nada que pueda beneficiar a ambos lados.

23.00

A última hora del miércoles, un incidente ha venido a confirmar que no todo es tan civilizado en la campaña. Un grupo de partidarios del sí han acosado al líder laborista Ed Miliband en una visita a un centro comercial de Edimburgo.

Los gritos y los insultos (le han llamado “jodido mentiroso” y “asesino múltiple”, nada menos) han hecho que Miliband haya tenido que acortar la visita.

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El debate interno en los partidos beneficia a todos

gallardon

¿Le interesa a la izquierda que haya un intenso debate interno en la derecha? ¿Sale beneficiada la derecha cuando ese debate se produce en la izquierda? La respuesta a las dos preguntas es sí, pero no por las razones en las que quizá esté pensando el lector (no, no sólo porque es muy tranquilizador que el rival sufra cortocircuitos internos) . La presumible defunción de la reforma de la ley del aborto antes de nacer es un buen ejemplo.

Según una información de El Mundo, el Gobierno “se inclina” por dejar morir el proyecto de Gallardón de restringir el derecho al aborto. Quizá la decisión definitiva no esté tomada, pero si va en esa línea, no debería sorprendernos. El Gobierno ha tenido muchos meses para presentar el proyecto de ley en el Congreso. Ya a finales del año pasado, se dijo que era cuestión de tiempo, y no mucho, sin que hasta ahora haya llegado a la Carrera de San Jerónimo.

La razón principal de ese retraso tiene que estar en el origen de la retirada. La reforma provocó considerables recelos dentro del PP, y del Gobierno, cuando no una completa oposición. Había razones ideológicas (no todos los dirigentes del PP son ‘cristianos renacidos’ como el ministro de Justicia) y tácticas para marcar distancias con un proyecto que en la práctica acababa con un derecho o planteaba todo tipo de obstáculos a la interrupción del embarazo en caso de malformación del feto.

Tanto Pedro Sánchez como grupos de izquierda han alardeado de que esta derrota de Gallardón ha sido posible gracias a su intervención, la oposición del PSOE a pactar la reforma o la movilización en la calle. Ambos factores han sido muy importantes, porque ambos inciden en la segunda razón por la que dirigentes del PP estaban en contra de la guerra santa de Gallardón. Antes de unas elecciones complicadas, nunca es inteligente conceder al rival malherido una bandera que sirva para movilizar a sus seguidores.

A menos que pensemos que el PP se muestra sinceramente implicado en la defensa de los derechos de la mujer tal y como los entienden los grupos feministas (respuesta rápida: no) y por tanto es sensible a las críticas que recibe desde ese campo, hay que suponer que la reforma no llegará a buen puerto por las discordias internas que provoca, y no por otras razones.

Y es ahí donde importa valorar los efectos del debate interno de los partido sobre asuntos especialmente relevantes y su capacidad para que la gente pueda mantener su confianza en las instituciones democráticas. La disciplina de voto entendida como la negativa a aceptar discusiones en público sobre proyectos del Gobierno y el cierre de filas en caso de polémicas hacen de la política española un erial en términos de responsabilidad y rendición de cuentas. El Gobierno se convierte en el único eje de la actividad política, y el Parlamento se queda con la función de dar salida a las leyes en medio de ovaciones enfervorizadas (no olviden que en el Senado los representantes del PP aplauden a Rajoy cuando entra en el hemiciclo sin necesidad de que abra la boca). Sólo faltan las cheerleaders y la banda en los escaños.

Cuando esa discusión interna existe, cabe la posibilidad de que no siempre el aparato imponga sus deseos, que no todo se reduzca a que un ministro endose su proyecto favorito a un presidente absentista, mientras la vicepresidenta hace lo posible fuera de cámara para que no salga adelante en la forma en que llegó a su mesa. Otros dirigentes pueden mostrar en público su discrepancia (con más cuidado y tacto, todo hay que decirlo, que el de los puercoespines cuando se aparean) y al final los que tienen que tomar la decisión final son más conscientes de los inconvenientes políticos y, sobre todo, electorales, de la medida.

El debate interno ayuda a los partidos a no confiar ciegamente en un líder como si fuera un mesías, que luego les llevará al hundimiento electoral (el caso de Zapatero en el PSOE) o a adoptar cambios estratégicos que hubieran sido imposibles no mucho tiempo atrás (la apuesta de IU por la confluencia con otras fuerzas de izquierda).

En democracia, es bueno que el líder, carismático o no, mire de vez en cuando por el retrovisor para ver si alguien le está siguiendo. Es peligroso no hacerlo hasta que llegue la campaña electoral, momento en que ya es demasiado tarde para preguntarse dónde está toda esa gente que te votó en las anteriores elecciones.

 

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Roger Rabbit y otros personajes que ya no son lo que eran.

Star Sesame Wars (con el malvado Darth Baker).
Al Pacino no está muy interesado en el pasado. En el suyo.
–Todo lo que te puede matar (que es todo).
–Cómo se enrolla un Picasso.
Un vistazo a la Tierra desde la Estación Espacial.
Nueva York a cámara muy lenta.
Los tiburones no son una plaga en el mar. Los seres humanos, sí.
–Así es la erupción de un volcán.
–Adictos al azúcar, sobre todo en Brasil.
Los arqueólogos no soportan a Indiana Jones.
–Las cosas que se te caen de las manos.
Una piscina en Bruselas tiene la mayor profundidad del mundo: 33 metros.

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Las encuestas en Escocia y el voto del miedo

ns statesmanEl susto de muerte que se llevó el domingo el establishment británico con la encuesta de YouGov que colocaba por delante al en el referéndum de Escocia quedó un poco atenuado en la noche del jueves con una nueva entrega de la misma empresa.

Esta vez YouGov puso por delante al no con un 52%, frente al 48% del . Es un vuelco considerable en un sondeo cuyo trabajo de campo se hizo entre el martes y el jueves.

Otra encuesta, la de ICM para The Guardian, concede al no una ventaja de dos puntos (51%-49%). En ambos casos, las diferencias no son tan claras como para pronosticar el resultado y es muy posible que esa incertidumbre continúe hasta el final. The Guardian destaca que ICM acertó con el referéndum de la reforma electoral de 2011. Por el contrario, YouGov se quedó muy lejos del veredicto final.

Si el voto femenino vuelve a estar inclinado en favor del no con una diferencia de diez puntos, según ICM, ese puede ser un factor decisivo.

Ambos sondeos se hicieron cuando Londres abandonó cierta complacencia anterior y se lanzó a la batalla, lo que incluye un completo repertorio de anuncios de catastróficas desdichas si a los escoceses se les ocurre votar por la independencia.

Peter Kellner, presidente de YouGov, interpreta que ese mensaje de miedo económico ha empezado a calar en algunos de los votantes: “Ahora los pesimistas (sobre la viabilidad económica de una Escocia independiente), 48% (seis puntos más que la semana pasada), superan claramente a los optimistas, 37% (tres puntos menos). Y la proporción de los que creen que personalmente les irá peor en su economía con la independencia ha subido ocho puntos en una semana, hasta el 45%, la cifra más alta desde diciembre”.

Scot ind money

Lo que podríamos llamar la campaña del miedo no necesita asustar a la mayoría de los escoceses. En un contexto tan equilibrado de intención de voto, cualquier pequeña variación puede terminar siendo decisiva.

El nacionalista Alex Salmond no ha reaccionado muy bien a las últimas noticias sobre el casi seguro abandono de Escocia por los grandes bancos como RBS y Lloyds que tienen su sede en Edimburgo. En realidad, esa es su sede central oficial, porque la operativa está en Londres, como el propio Salmond ha comentado. El primer ministro escocés acusa al Ministerio de Hacienda de haber filtrado la información y a la BBC de difundirla, aunque en realidad los propios bancos lo han confirmado o no lo desmienten.

Al mismo tiempo que denuncia la actitud de Londres, Salmond ha restado importancia al traslado. Es una respuesta algo contradictoria que muchos votantes encontrarán difícil de entender.

Lo que ocurre en realidad es que a Escocia le conviene que esos gigantes bancarios estén fuera. Todos esos bancos cuentan con activos diez veces superiores al PIB de Escocia. Es un desequilibrio no muy distinto al que tenía Islandia antes del estallido de la crisis financiera.

En otras palabras, si Escocia hubiera sido independiente en 2008, no habría podido rescatar por sí sola al Royal Bank of Scotland (RBS), como se vio obligado a hacer el Gobierno británico.

Si todo se limitara a las grandes corporaciones financieras, el impacto podría ser limitado. Ese es un tema que, con independencia de lo que ocurra con los bancos, tiene que ver mucho más con una cuestión aún por resolver: si una Escocia independiente utilizará la libra o una moneda propia. Salmond afirma que la primera es una opción factible. Desde Londres, se discute esa idea (no van a poner una alfombra roja al camino hacia la independencia) o se recuerda que sin el recurso de la libra un futuro Gobierno escocés estaría obligado a garantizar un superávit presupuestario. Un informe del banco UBS calcula que en ese caso Escocia debería reunir unas reservas de entre 50.000 y 72.000 millones de libras.

En cualquier caso, hay en el posible uso de la libra una paradoja: Escocia tendría la independencia, pero su soberanía financiera sería muy reducida porque dependería de decisiones tomadas por el Banco de Inglaterra (una situación, por otro lado, no muy diferente a la de los países de la eurozona que entregaron su capacidad de decisión al BCE).

La presión desde Londres va más allá de los bancos. Da la impresión de que el Gobierno está utilizando todas las teclas disponibles.

Alguno pensaría que Downing Street desmentiría esta información de un periodista de BBC sobre una reunión de Cameron con los responsables de las grandes cadenas de supermercados. Muy al contrario. Sus portavoces dejaron claro que el primer ministro lleva tiempo reclamando a los líderes políticos, sociales y económicos que se manifiesten públicamente en favor de que Escocia siga formando parte del Reino Unido. Claro que una cosa es afirmar eso y otra muy diferente anunciar subidas de precios en los productos que el consumidor encuentra en las estanterías de los supermercados.

Robert Peston explica que la independencia no saldrá gratis. Eso no quiere decir que vaya a tener un precio prohibitivo. La incertidumbre sobre cuál será la política económica de un Gobierno escocés afectará a expectativas de inversiones, empleo y precios. Esas dudas no tienen por qué durar siempre. Las repercusiones serán múltiples. Por ejemplo, en el plano comercial, los productos escoceses ya no serán “británicos”, y eso siempre afectará a sus ventas al sur de la nueva frontera. El consumidor, por otro lado, suele tener unas marcas favoritas o de confianza, y tampoco va a cambiar radicalmente de hábitos de compra sólo porque ese producto se elabore o fabrique en Escocia.

Al ser un mercado más pequeño, Escocia dejará de tener las ventajas de formar parte de un mercado mayor (el Reino Unido). Obviamente, el objetivo de un Gobierno escocés consistirá en que en muchos aspectos Gran Bretaña siga siendo en la práctica una sola entidad económica con dos estados separados. No sería muy inteligente empezar a levantar barreras comerciales o de inversiones, porque en ese caso los escoceses sí que saldrían perjudicados.

Lo malo es que no depende sólo de Edimburgo, y por eso los partidarios del no continúan advirtiendo de que la independencia supondrá una penalización económica, y no sólo una etapa de incertidumbre.

Si hablamos de la evidente apuesta del bloque del no por el voto del miedo, tampoco se puede obviar la descripción con tintes tremendistas de la realidad política del Reino Unido por los partidarios de la independencia. Al escucharles, cualquiera diría que Gran Bretaña es una especie de Estado fallido, mientras Escocia (que es por cierto más pobre que Inglaterra o no tan próspera) es un paraíso bañado en whisky que, libre de ataduras, se convertirá en una de las naciones más prósperas de Europa.

Es el voto del miedo, pero al revés: salgamos del Reino Unido si queremos salvarnos de un destino de corrupción y depravación.

 

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La carga de la Brigada Ligera de Londres

mail cameronCameron, Clegg y Miliband llegan el miércoles a Escocia por separado para unirse a la campaña del referéndum. ¿El Séptimo de Caballería dirigido por el general Custer en Little Big Horn o, mejor, la carga de la Brigada Ligera en la guerra de Crimea?

Para algunos, es la ayuda extra que necesitaban los nacionalistas para apuntalar la victoria del . Casi todos los dirigentes políticos son impopulares en el Reino Unido, pero la idea de que un tory como Cameron pueda convencer de algo a los escoceses resulta difícil de creer.

Después de su inesperada (en Londres) victoria por mayoría absoluta en las últimas elecciones escocesas, muchos analistas británicos llegaron a la conclusión de que Alex Salmond era el personaje político más astuto e inteligente del país. El primer ministro escocés no tiene la imagen de un líder implacable –un tanto regordete y casi siempre sonriente–, pero tiene una mente rápida y capacidad de trazar su propia estrategia y llevarla a cabo, además de la habilidad de saber cómo respiran sus compatriotas.

En su momento, fue diputado por Westminster, pero vio pronto que la experiencia de representar en la capital a un partido pequeño no le resultaba muy interesante. Para los políticos tories y laboristas escoceses, Londres es el sitio donde hacer carrera. Salmond prefirió regresar a su tierra. Escocia era entonces un bastión laborista, pero él se aplicó lenta y concienzudamente a extender la idea de que Escocia podía caminar por sí sola como Estado. No le desalentó el hecho de que la mayoría de los sondeos dictaran durante muchos años que sólo una tercera parte de los escoceses estaba a favor de la independencia.

En primer lugar, aligeró a su partido de carga izquierdista para convertirlo en una auténtica formación nacionalista capaz de pescar votos en sectores progresistas y conservadores. Y después predicó la idea que algunos nacionalistas más radicales consideraban demasiado pragmática: el horizonte era una independencia que no cortara todos los lazos con el resto del Reino Unido (“light” para los críticos), que conservara por ejemplo a la reina como jefa de Estado, que pudiera mantener la libra como moneda (aunque años atrás, antes de la crisis de la eurozona, los nacionalistas habían sido partidarios del euro), o que no se apresurara a montar su propio Ejército porque igual era más interesante compartir gastos de defensa con Londres para mantener la actividad industrial de los astilleros de Glasgow.

Antes había alardeado de que el éxito de países pequeños como Irlanda demostraba que el tamaño estatal no era tan importante. Cuando Irlanda se hundió en un agujero, prescindió del simil y pasó a promulgar una independencia adaptada a los tiempos modernos en que nadie puede decir que es completamente soberano. Una independencia que casi ni se notara, excepto en el mágico mundo de la emoción y los símbolos.

Se podría decir que sin Salmond es poco probable que Escocia hubiera terminado celebrando un referéndum por la independencia. Los líderes importan.

En cuanto a niveles personales de popularidad, Salmond se mantiene en los números que consiguió su partido (44%) en las elecciones escocesas de 2010. Gracias a eso, está muy por delante de sus rivales. La última encuesta de YouGov le da un 42% de apoyo, y un 44% a su número dos, Nicola Sturgeon. Los laboristas cuentan con Gordon Brown y Alistair Darling, ambos escoceses, con un 32% y un 33%. Los líderes nacionales están para los restos: Cameron y Miliband aparecen hundidos con un 23%.

¿Y estos son los líderes que van a convencer a los escoceses de que no pongan fin a tres siglos de historia común?

En todo el Reino Unido, el nivel de descrédito de los políticos no ha levantado cabeza en los últimos cinco años, a pesar de que la situación económica no es tan mala como en la eurozona. Eso ha favorecido el éxito reciente de UKIP, que está por ver que pueda trasladar sus buenos resultados de las europeas a unas elecciones generales, pero no hasta el extremo de poner fin al bipartidismo. Una cosa es que en la situación actual ningún partido pueda aspirar a la mayoría absoluta y otra que conservadores y laboristas vean peligrar su superioridad, garantizada también por el sistema electoral (último sondeo de YouGov: laboristas 36%, tories 30%, UKIP 16%, Libdems 8%).

Ese cálculo puede servir para unas elecciones. No tanto para una cita histórica como el referéndum escocés. La batalla de las personalidades concluyó hace tiempo en favor de Salmond. Podría haber sido diferente si los políticos de Londres hubieran estado implicados meses atrás en la contienda, y tampoco así tenían garantizado que se les escuchara. En cualquier caso, la imagen del primer ministro y el líder de la oposición cancelando su aparición semanal en el PM Question Time para salir corriendo hacia el norte sólo denota el mismo estado de pánico del que se ha burlado Salmond en sus declaraciones del martes.

No son ya los mensajeros los que cuentan, sino el mensaje. Con los dos sondeos más recientes ofreciendo un empate técnico y la tendencia al alza del sí, todo se reduce a una semana en la que los partidarios del no ofrezcan un mensaje positivo sobre lo que merece la pena conservar si sobrevive el Reino Unido.

Cameron necesitaría que Obama le escribiera un discurso. Y puede que ni aun así, lo consiga.

8.30

Cameron ha hecho un intento con un artículo que publica este miércoles el Daily Mail con el que preservar esta “familia de naciones”:

The United Kingdom is a precious and special country. That is what is at stake. So let no one in Scotland be in any doubt: we desperately want you to stay; we do not want this family of nations to be ripped apart. Across England, Northern Ireland and Wales, our fear over what we stand to lose is matched only by our passion for what can be achieved if we stay together.

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No todo está decidido en Escocia

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Los británicos se despiertan el domingo con la idea de que el referéndum de Escocia del 18 de septiembre no está decidido, como sostenían los sondeos de los últimos meses. El último, de YouGov para The Sunday Times, da por primera vez ventaja al a la independencia (51%-49%), aunque dentro del margen de error. Lo más significativo es que todas las encuestas anteriores de YouGov daban claras ventajas al no, más amplias que en las realizadas por otras empresas, y en esta última ofrece un vuelco considerable.

Una sola encuesta no marca tendencia, pero sirve para despertar a los políticos adormecidos. Curiosamente, otro sondeo, el de Panelbase, que solía dar mejores números al aún mantiene al no por delante (por una escasa diferencia, 52%-48%). En cualquier caso, ambas encuestas indican que el resultado de la consulta está lejos de una victoria segura del no, como daba por hecho la clase política británica.

 

La valoración de los sondeos sobre el referéndum cuenta con un claro interrogante desde hace tiempo. Las principales empresas británicas de encuestas cosecharon un rotundo fracaso en las elecciones escocesas de 2011. No supieron prever la victoria de los nacionalistas de Alex Salmond por mayoría absoluta (con un sistema electoral diseñado precisamente para impedir que un solo partido obtuviera la mayoría de los escaños). A partir de ese momento, empezaron a tomar a Salmond mucho más en serio.

La variación de YouGov en el último mes es, como mínimo, sorprendente. En un escaso periodo de tiempo, el no ha perdido doce puntos, y el ha ganado otros tantos. Hay un detalle relevante al respecto. Varios sondeos indicaban que la mayoría de los indecisos se inclinaban más por el . Según se ha ido acercando la fecha de la consulta, es posible que muchos de ellos tengan claro ya qué votar.

heraldEl factor nacionalista es obviamente muy importante, pero no en el sentido que se le da en España. Escocia ya es una nación sin necesidad de ser independiente. Es la cuestión económica la que ha centrado la mayor parte de los debates. Y en ese sentido, la campaña del no ha apostado con fuerza por meter miedo.

El precio de esa estrategia es llevar a cabo una campaña esencialmente negativa que deja la iniciativa al otro bando: si los partidarios del sí logran ofrecer una alternativa atractiva, y no sólo idealista, pueden hacer que las incertidumbres por el futuro no tengan tanto peso.

El presidente de YouGov, Peter Kellner, ofrece cuatro factores que explican el giro de los resultados en su encuesta:

–Los votantes laboristas han pasado de estar en un 18% a favor del sí a un 35%.
–Los votantes de menos de 40 años han pasado del 39% al 60%.
–Los votantes de clase trabajadora, del 41% al 56%.
–Las mujeres, del 33% al 47%.

El escaso apoyo a la independencia entre las mujeres era hasta ahora una de las razones por las que la victoria del parecía tan improbable. Según YouGov, es un argumento que ya no se puede sostener. Quienes se mantienen firmemente en el campo del no son los votantes de más de 60 años, un colectivo que no suele faltar a la llamada de las urnas.

El no hubiera llegado tan lejos si la cuestión se hubiera limitado al debate de la identidad. Permanecen las dudas sobre cómo un futuro Estado escocés afrontaría todo lo relacionado con el empleo, las pensiones y la moneda. Aun así, la campaña del parece haber utilizado con acierto la idea de que la prosperidad no está en juego, y sí en cambio la búsqueda de una sociedad más justa e igualitaria, conceptos que los escoceses valoran más que los ingleses.

Al igual que en las próximas elecciones británicas, el futuro de la sanidad pública es uno de los temas de debate más importantes por el temor a que las políticas de austeridad impuestas desde Londres, y una posible privatización de la gestión sanitaria, terminen socavando ese derecho.

A menos de dos semanas de la consulta, la campaña del  no deberá valorar si limita el impulso final a alertar sobre los riesgos económicos de la independencia, o si es imprescindible hacer propuestas más positivas. Según The Observer, en los próximos días se anunciará una oferta de devolución de más competencias a las instituciones escocesas en caso de victoria del no. El ministro de Hacienda, George Osborne, lo ha confirmado en la mañana del domingo. Defender el statu quo ya no es una carta ganadora.

Tres siglos de historia del Reino Unido están en juego… y algunas cosas más. En el plano electoral, los tories serían los grandes beneficiados de una separación escocesa. Escocia aporta 59 escaños a la Cámara de los Comunes, de los que ahora sólo uno es conservador (hay 40 laboristas). Sería un error pensar que David Cameron está pensando ya en los beneficios colaterales de la secesión (la inmensa mayoría de sus votantes escoceses votará no), porque al final él mismo podría ser una de las víctimas de la independencia escocesa. Un fracaso de dimensiones históricas sería la oportunidad que esperan los tories descontentos con su gestión para forzar su destitución. Los conservadores británicos toleran mal a los líderes que son derrotados.

 

La extraña idea de Ed Miliband de que en caso de independencia sería necesario instalar puestos fronterizos entre ambos países (seguro que hay cosas más importante para el futuro) demuestra que los tories no son los únicos que han entrado en una fase de pánico. El voto del miedo es en todos los países una forma muy extendida de amenazar a los votantes. Pero cuando deja de ser efectivo, insistir en él o elevar el tono retórico de la apuesta puede terminar siendo contraproducente.
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escocia encuesta

Gráficos del sondeo de YouGov.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Grandes planos de la historia del cine.

¿Murió Tony Soprano al final? David Chase discrepa.
–Cómo sería ‘Los increíbles’ dirigido por Christopher Nolan.
–Un ranking de duelos con espadas láser en ‘Star Wars’.
Thelma Schoonmaker y Martin Scorsese.
–¿Quién no iría a la guerra si lo pidiera Charles Dance?
–Un primer plano no tiene que ser sólo de rostros.
Las alubias y los pedos.
–Bicicletas en La Habana.
–Sobre el volcán Marum en Vanuatu.
–La sequía de California.
Shakespeare y los abogados.
Irvine Welsh: “Lo que amo de ser joven es precisamente la forma en que podías odiar algo ciegamente. «Eso es una puta mierda», y punto”.

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The Economist y la esclavitud

esclavitud

Una reseña de un libro sobre la historia del racismo en EEUU ha colocado a The Economist en una difícil tesitura que al menos ha resuelto con rapidez. El libro es ‘The Half Has Never Been Told: Slavery and the Making of American Capitalism’, de Edward Baptist. Del sumario del libro:

“Hasta la Guerra Civil, explica Baptist, las innovaciones económicas más importantes en EEUU sirvieron para hacer aún más rentable la esclavitud. A través de la migración forzada y la tortura, los dueños de esclavos obtuvieron incrementos continuos en eficiencia de los esclavos afroamericanos. Por eso, EEUU se hizo con el control del mercado mundial de algodón, la materia prima clave de la Revolución Industrial, y se convirtió en una próspera nación con influencia global”.

La esclavitud fue, según este libro, un elemento fundamental en la generación de riqueza en EEUU y el desarrollo del capitalismo. El autor de la reseña publicada en The Economist no estaba muy convencido por esa tesis, pero fue aún más lejos en la crítica hasta finalizar el texto con un párrafo insólito:

“Otro factor que no se examina pudo haber contribuido al aumento de productividad. Los esclavos eran una propiedad valiosa, que era más difícil y cara de sustituir, a causa del descenso de su suministro desde África, que los campesinos irlandeses importados por los industriales desde el sur de Gales en el siglo XIX. Es seguro que los dueños de esclavos tenían un marcado interés en que sus “manos” estuvieran en buenas condiciones para recoger más algodón. Parte del incremento en productividad pudo haber venido de un trato mejor (de los esclavos). A diferencia de (Hugh) Thomas, Baptist no ha escrito una historia objetiva de la esclavitud. En su libro, casi todos los negros son víctimas; casi todos los blancos, malvados. Esto no es historia; es activismo”.

A lo que nosotros podríamos responder: esto no es periodismo; es activismo, del tipo que aplica la ley de la oferta y la demanda de forma forma completamente amoral con el fin de justificar una posición ideológica determinada. La que sostiene que en todo momento y situación cuanto más bajos son los costes laborales, más se beneficia una economía. Y si los costes son cero, o poco más que cero (producto tan sólo de alimentar a los esclavos), entonces los beneficios son inagotables.

Evidentemente, el aspecto más polémico es afirmar que no todos los esclavistas eran malos o deducir que en la práctica no podían serlo porque un trato más ‘humanitario’ les resultaría más beneficioso desde el punto de vista económico.

The Economist ha tardado menos de 24 horas en rectificar. Ha retirado el artículo de su web, aunque conservando un enlace por si alguien quiere revisarlo, con este mensaje: “La esclavitud era un sistema maligno, en el que la gran mayoría de las víctimas eran negros, y la gran mayoría de los blancos implicados en la esclavitud participaban voluntariamente en ella y se beneficiaban de ese mal. Lamentamos haber publicado el artículo y pedimos disculpas”.

Menos mal que los artículos de The Economist cuentan con varios filtros de edición. Una cosa es tener guardado en f4 la frase con la que se recomienda una reforma laboral en todos y cada uno de los países del planeta y otra muy diferente intentar blanquear la esclavitud.

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Un superviviente de las matanzas del ISIS

Terrible testimonio de Ali Hussein Kadhim, un soldado iraquí que fue uno de los centenares de presos que cayeron en manos del ISIS en Tikrit (aquí la denuncia de HRW). Habíamos visto las imágenes de una fila interminable de prisioneros caminando por una carretera cercana a la ciudad. Los suníes fueron perdonados si se arrepentían por haber formado parte del Ejército. Los chiíes acabaron en zanjas ejecutados a sangre fría. Kadhim es quizá el único superviviente de este crimen de guerra. Se hizo pasar por muerto y logró escapar tras un terrible periplo.

Al contemplar las imágenes que le enseñan los periodistas del NYT, Kadhim cree encontrarse entre los cuerpos de los soldados ejecutados. No hubiera sobrevivido si los asesinos hubieran rematado a los que no murieron de inmediato. Les daba igual. Escuchó a uno de los yihadistas decir a otro que había descubierto que un soldado aún no estaba muerto: “Déjale que sufra. Es un infiel chií. Déjale que sangre”.

Si es cierto, como alegan los yihadistas, que 1.700 soldados fueron asesinados ese día, será una de las peores matanzas ocurridas en Irak desde la represión de 1991 contra la revuelta chií.

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