Guerra contra ISIS: la misma historia con otro reparto

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El Pentágono no lo esconde. La lucha contra ISIS en Siria e Irak durará años (War on Terror II, la secuela). Como en principio el Gobierno ha descartado el uso de fuerzas de tierra, son noticias estupendas para los fabricantes de misiles Tomahawk. Van a tener que completar las existencias muy pronto. Y los generales volverán a figurar omnipresentes en las pantallas de las televisiones de EEUU, como ya está ocurriendo.

Estando Irak de por medio, no es extraño que haya una marcada diferencia entre la retórica y la realidad. Según la primera, ISIS es la mayor amenaza a la que se enfrenta Occidente ahora mismo. Es otra encarnación del mal absoluto. Pero luego en el mundo real no hay tanta urgencia. Los ataques aéreos de EEUU no derrotarán por sí solos a los yihadistas, ha dicho John Kerry, 24 horas después de que se extendieran a Siria. “No deberían pensar que se producirá una gran retirada en las próximas dos semanas”, ha dicho el secretario de Estado a CNN.

Eso ya lo sabíamos. Con los bombardeos, se puede frenar a una fuerza militar en movimiento e impedir el avance de los yihadistas sobre el Kurdistán iraquí. Para lo que no sirve, por ejemplo, es para expulsar a ISIS de Mosul, a menos que se esté dispuesto a destruir la mitad de la ciudad.

obama economistCualquier análisis sobre las consecuencias reales del primer ataque norteamericano en Siria debe ponerse en el contexto de lo que está ocurriendo en Irak. Como cuenta el NYT, seis semanas después de que aviones y drones comenzaran a atacar al ISIS allí, el Ejército iraquí no ha conseguido aprovechar esos bombardeos para recuperar posiciones. Antes al contrario, se suceden espectaculares ejemplos de incompetencia militar.

El último caso: hay en la provincia de Anbar centenares de soldados en una posición rodeada por el enemigo, de los que no se tiene información desde hace varios días: podrían estar aún resistiendo el sitio, haber muerto o o haberse rendido.

Entre los objetivos atacados en Siria, se encuentran los de un misterioso grupo llamado Khorasan, que ha pasado en semanas de ser muy poco conocido a ser presunto responsable de la organización de un ataque “inminente” en EEUU. Que sean miembros de Al Qaeda que se han refugiado en Siria no es sorprendente. Que sus objetivos no tengan que ver con la guerra siria, sino con la idea de Bin Laden de atacar directamente a los países occidentales es algo muy diferente, y eso sólo pueden saberlo los servicios de inteligencia, que nunca son muy explícitos con las pruebas con las que cuentan.

[También hay fuentes, anónimas claro, que dicen que ese plan no era inminente. No habían elegido un objetivo del atentado, ni el momento o el método de llevarlo a la práctica.]

En este artículo, quedan patentes algunas dudas sobre este grupo, incluido su nombre. La conclusión a la que llega es que no se trata de una organización por sí misma, aunque los titulares parezcan decir eso. La hipótesis más probable es que respondan ante Al Zauahiri –se supone que escondido en Pakistán– y que hayan recibido ayuda del Frente Al Nusra, el grupo insurgente sirio enfrentado a ISIS y que prestó lealtad a Al Qaeda.

La coincidencia de las informaciones sobre Khorasan y el debate producido en septiembre en EEUU y Europa sobre qué hacer con ISIS es, cuando menos, sospechosa. Supone para la Administración norteamericana una forma excelente de vender a una opinión pública reticente la idea de implicarse militarmente en la guerra siria. Es también una forma de justificar legalmente los ataques en ese país.

Las operaciones en Irak están cubiertas por el hecho de que el Gobierno de Bagdad ha pedido ayuda. No ha habido tal petición desde Damasco. Pero atacar a un grupo que es parte de Al Qaeda dentro de Siria tiene la ventaja de que permite usar el argumento de que el Congreso ya dio la autorización pertinente después del 11S. Esa aprobación es un chicle que se ha extendido a lo largo de los últimos 13 años para atacar objetivos relacionados de una forma u otra con Al Qaeda por todo el planeta. Son las ventajas de la guerra que nunca terminará.

La embajadora de EEUU en la ONU ha dado a Ban Ki-moon otra justificación legal: los ataques en Siria son necesarios para defender al Gobierno iraquí, ya que ISIS opera a ambos lados de la frontera y el Gobierno sirio no está en condiciones de impedir su actividad.

Pero lo que cuenta no es tanto la cobertura legal en EEUU (no parece que el Congreso norteamericano esté muy interesado en cuestionar los motivos de Obama en esta ofensiva), sino sus posibilidades de éxito y sus consecuencias en todas las crisis que están teniendo lugar en Oriente Medio. Respecto al segundo punto, ya nos podemos olvidar de la Primavera Árabe y de cualquier esfuerzo por propiciar la defensa de la libertad y de los derechos humanos en la zona.

Las banderas de la imagen de arriba dejan lugar a pocas dudas sobre los aliados de Occidente en la última operación militar: Arabia Saudí, Bahréin, Emiratos, Qatar y Jordania. Los cuatro primeros países son las monarquías del Golfo que imponen un régimen teocrático en el que las libertades no tienen cabida. Qatar es el origen de la ayuda más importante que probablemente hayan recibido los grupos insurgentes sirios, y de esa ayuda se han terminado beneficiando ISIS y Al Nusra, ese mismo grupo que da cobijo a Khorasan.

Las espantosas imágenes de la decapitación de rehenes tienen su reverso en las decenas de ejecuciones que se produjeron con el mismo método en Arabia Saudí en agosto (en una de ellas la víctima fue condenada por “brujería”). Las circunstancias no son las mismas, pero sólo considerando que el sistema judicial saudí es similar al de España o Francia se puede sostener que la comparación es absurda.

libeAl igual que en 1990, tras la invasión de Kuwait, EEUU intenta hacer ver que no es una cruzada particular contra un enemigo declarado, sino una coalición internacional formada por decenas de países contra un ejemplo paradigmático de barbarie. Invadir un país es desde luego una acción que merece ser respondida. Intervenir en la guerra civil de otro país es, por el contrario, lo que se puede denominar como una guerra elegida. Y por espectacular que sea la intervención (algo que deberíamos tener presente por lo ocurrido en Irak desde 2003), el desenlace no tendrá que ver tanto con el número de divisiones o aviones empleados, sino por la situación interna de ese país (la relación de fuerzas, la capacidad de un Estado de imponer su autoridad sin necesidad de desatar un baño de sangre, etc.)

En Irak no hay aviones extranjeros que puedan sustituir las funciones de un Estado fallido. ISIS no será expulsado de Mosul o de Faluya a menos que el Ejército iraquí pueda intervenir sin ser considerado una fuerza de ocupación por la población local.

Por dar un ejemplo, 31 civiles (incluidos 24 niños) murieron en un bombardeo de la Fuerza Aérea iraquí sobre una escuela cerca de Tikrit el 1 de septiembre que albergaba a refugiados. La alternativa no puede ser destruir todas esas ciudades para poder ‘liberarlas’.

El nuevo Gobierno iraquí ha ordenado que no se repitan ataques aéreos como ese en zonas civiles, pero eso hará que su contraofensiva sea lenta e incierta. Lo más que se puede esperar en estos momentos es que consiga defender sus propias posiciones. Mientras los generales y coroneles sigan huyendo y los soldados sean abandonados a su suerte, no habrá ninguna posibilidad de hacer frente a los yihadistas.

ISIS ha prosperado gracias a la falta del legitimidad del Gobierno de Bagdad y a la corrupción de sus fuerzas militares y de seguridad. Sin solucionar esos problemas, no habrá opciones de cambiar la situación sobre el terreno.

 

En Siria, no hay ni siquiera esa posibilidad. EEUU y Europa no van a volcar todo su esfuerzo para que la dictadura siria derrote a sus enemigos. Lo que queda es una quimera: debilitar mes tras mes a ISIS hasta que un ‘caballero blanco’ resurja de sus cenizas y venza primero a los yihadistas y luego a Asad. Es la tesis de los que buscan descubrir a los “rebeldes moderados”, que es el equivalente a la promesa de Dios a Abraham de que no destruiría Sodoma si conseguía encontrar a “50 justos”. Buena suerte, Abraham.

Una guerra se hace con sangre y con dinero. Si quieres vencer, la sangre la tienen que poner los otros y tú debes tener acceso al dinero para comprar armas, equipamiento y alimentos para tus tropas. Mientras los insurgentes del FSA (al que se llama moderado y casi ha desaparecido de la mayor parte de las zonas no controladas por Damasco) cobren unos 50 dólares al mes, y los miembros de ISIS reciban 300, 600 o hasta mil dólares al mes (porque todas esas cifras se han manejado), no habrá ninguna duda del desenlace de ese conflicto.

Su implantación en amplias zonas de Irak y Siria ha permitido a ISIS controlar pozos petrolíferos en ambos países. Extraer petróleo no sirve de nada si no lo puedes vender. La gente se sorprendería al saber lo fácil que es hacerlo en las zonas fronterizas de Irak, Siria, Turquía e Irán desde hace varias décadas, en especial desde que comenzaron las sanciones contra Irak en 1990.

De entre todos los artículos que he leído, el más revelador es este del FT, que apunta a la colaboración de (y esto es una nueva paradoja) uno de los mayores enemigos de ISIS, precisamente porque lo tiene muy cerca: el Gobierno del Kurdistán iraquí.

Desde hace casi 25 años, decenas de miles de barriles de petróleo iraquí pasan de contrabando hacia Turquía, sobre todo, y otros países. A mediados de los 90, ese tráfico llegó a provocar una miniguerra civil entre los grandes partidos/tribus kurdas. Los beneficios eran y son inmensos. Cuando se dice que el Kurdistán iraquí ha conseguido mantener un nivel apreciable de prosperidad desde 2003, es porque ese petróleo de contrabando ha mantenido llenos los bolsillos de todo el mundo.

Como explica en el artículo un profesor de la universidad de Suleimaniya, esa red es posible gracias a varias pequeñas refinerías en el Kurdistán. El Gobierno no puede cerrarlas porque buena parte del combustible que usa la población procede de allí. Si las cerrara, subiría el precio de la gasolina. No puede hacerlo, porque depende de esos ingresos para pagar los salarios de sus funcionarios, que se aprovechan también del combustible barato. No puede pagar esos salarios, porque el Gobierno de Bagdad no ha entregado fondos para su presupuesto desde hace ocho meses.

Y así volvemos al punto de partida. Irak no funciona como un Estado normal, además de por su alto nivel de corrupción, por las pésimas relaciones entre Bagdad y todos aquellos centros de poder que no estén controlados por chiíes. Dicho en términos coloquiales, los kurdos se buscan la vida haciendo lo que llevan décadas haciendo, y no les molesta demasiado porque todo lo que no sea depender de Bagdad les beneficia políticamente.

En mitad de ese caos, ISIS se aprovecha para hacer negocio. Y es un negocio de entre uno y dos millones de dólares diarios. Con eso se puede financiar un Ejército bastante grande.

En el discurso en que dio a conocer su nueva política, Obama se refirió a Yemen como un ejemplo de intervención permanente de EEUU contra grupos terroristas. ¿Y qué ha pasado en Yemen?: años de ataques con drones, eliminación de dirigentes de los insurgentes pero al mismo tiempo reforzamiento del poder de esos grupos gracias precisamente a esos ataques, progresiva debilidad del Gobierno.

Sí, el Pentágono no se equivoca. Esto va a durar años. Otra década de guerra sin fin.

16.30

Veo ahora que en la pasada noche se ha producido un ataque norteamericano contra seis refinerías controladas por ISIS en la zona oriental de Siria (el Pentágono dice que han sido 12 con el lanzamiento de 41 misiles y el ataque de 16 aviones). Lógicamente, no iban a esperar mucho tiempo antes de ordenar una operación de estas características.

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Gráfico del FT.

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Mitos y leyendas españolas sobre el referéndum de Escocia

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Una de las constantes en el análisis sobre los políticos nacionalistas catalanes habituales en la prensa de Madrid consiste en definir a los primeros como estrategas astutos y taimados, mientras el Gobierno central (sea el de Zapatero o el de Rajoy) está en manos de torpes aprendices que dejan hacer sin utilizar los recursos del Estado para aplastar a los secesionistas de una vez y para siempre, como si eso fuera posible. Recientemente, he leído que Victoria Prego lamentaba que ya no existiera en el Código Penal la opción de meter en la cárcel al político al que se le ocurriera poner en marcha un desafío similar al de Artur Mas.

Cuando en una democracia pretendes solucionar problemas políticos complejos con una orden de detención, comienza a quedar claro que has perdido la cabeza.

El referéndum de Escocia ha permitido además que aparezcan unos cuantos análisis basados en datos falsos. No me refiero ya a que algunos tengan el descaro –desde un país con la historia que tiene España– de dar lecciones de democracia liberal a los británicos, como así se ha hecho, sino a que, con la intención de extraer lo que podríamos llamar ‘lecciones catalanas’, se da información falsa o muy cuestionable. Todo con tal de destacar que David Cameron cometió un inmenso error al permitir el referéndum o que cayó en la trampa tendida por Alex Salmond.

Un buen ejemplo de ello es el artículo que publica este domingo el director de El Mundo, Casimiro García Abadillo. Para que no se diga que lo interpreto, aquí están los párrafos a los que me refiero:

“El líder del SNP ha actuado de acuerdo con la legalidad, entrando por la puerta abierta por el primer ministro británico.

De hecho, el referéndum no era la opción favorita de Salmond. Esta semana, el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, que conoce bien al líder nacionalista (su empresa tiene una fuerte implantación en Escocia), me contó que, durante una cena compartida por Patxi López e Iñigo Urkullu, Salmond confesó que su deseo era lograr un nivel de autonomía parecido al del País Vasco.

Y, de hecho, esa fue su oferta al Gobierno británico, que la rechazó sin contemplaciones, como la posibilidad de incluir en el referéndum una tercera alternativa: el aumento de las cotas de autonomía.

Cameron, cegado por las encuestas que hace dos años daban a los unionistas una holgada victoria, pensó que la mejor forma de no hacer concesiones era echar el órdago del referéndum para que los nacionalistas se callaran para siempre.”

Para cuestionar esta interpretación, es necesario extenderse en la explicación de las prioridades de Salmond y las opciones de ampliación de la autonomía escocesa después de las elecciones de 2011.

Es falso que el referéndum no fuera “la opción favorita de Salmond”. Ni que, si esto es lo que se deduce, el SNP montara la trampa de la consulta para arrancar más competencias de Londres. Otra cosa es que puede ser cierto que Salmond contara lo que Abadillo relata sobre su reunión con Sánchez Galán. Iberdrola controla Scottish Power, la principal empresa escocesa del sector de la energía. Evidentemente, Salmond no quería asustar con la carta de la independencia a una multinacional extranjera a la que al mismo tiempo se le estaba presionando para que Scottish Power continuara invirtiendo en las infraestructuras escocesas.

El SNP siempre ha estado a favor de la independencia y de una consulta que la hiciera posible. El proceso de “devolución de poderes” que puso en marcha el primer Gobierno de Tony Blair nunca ha sido su opción favorita. En origen, permitió la formación de un Parlamento escocés elegido por sufragio universal, pero con unas competencias bastante restringidas, y desde luego insuficientes para los nacionalistas.

La posibilidad de ampliarlas a través de negociaciones siempre ha estado sobre la mesa. Durante varios años, esa idea contó con el apoyo de laboristas y liberales demócratas (los primeros gobernaron Escocia entre 1999 y 2007), sin que el SNP mostrara un gran entusiasmo. No se iba a conformar con las competencias que pudieran interesar a un Gobierno escocés dirigido por laboristas.

La situación cambió cuando los nacionalistas, liderados ya por Salmond, ganaron las elecciones de 2007, pero su victoria no pudo ser más estrecha. Sacó un escaño de diferencia a los laboristas (47 a 46). En esa legislatura, su propuesta de un referéndum no tenía los votos suficientes para salir adelante en la Cámara de Edimburgo.

Salmond podría haber apostado por el aumento de las competencias de las instituciones escocesas (con las opciones Devo Max y Devo Plus), y ahí hubiera tenido el apoyo de los laboristas. Pero no quiso dar ese paso, quizá porque suponía que le obligaba a un largo proceso de negociaciones en el que no obtendría todo lo que quisiera. Desde luego, el SNP no estaba por aumentar la autonomía, sino por la independencia.

Sin mayoría, Salmond puso en marcha un proceso de consultas a la sociedad civil y propuso a los demás partidos negociar los términos de un referéndum por la secesión. Por eso, planteó como posibilidad en 2009 que hubiera cuatro opciones (mantener la unión sin cambios, aumentar ligeramente las competencias de Escocia, un aumento significativo o la completa independencia). No concretó demasiado ni dejó claro cuáles serían las diferencias entre la segunda y tercera opción. Los demás partidos descartaron de plano sus ideas y Salmond utilizó ese rechazo como eje de la siguiente campaña electoral.

Todo cambió con la espectacular victoria de Salmond en 2011 en la que sí obtuvo la mayoría absoluta con 69 escaños (en un sistema electoral concebido para impedir que un solo partido controle la mayoría de la Cámara). Eso fue una sorpresa hasta para los propios nacionalistas, que en sus cálculos internos esperaban llegar hasta los 56 escaños, pero no más allá.

Salmond tenía entonces legitimidad suficiente para plantear el asunto de un referéndum por la independencia. De entrada, podía ganar la votación en la Cámara de Edimburgo. El sueño de la independencia, que se veía hasta entonces como un horizonte a largo plazo, parecía estar ya mucho más cerca. Las encuestas no decían eso, pero no hay límites a lo que un Gobierno cree que puede hacer con la mayoría absoluta, en especial si nunca la ha conseguido.

Contra lo que dice Abadillo, Salmond nunca ha ofrecido a Londres un futuro constitucional que se limite a unas competencias como las del País Vasco. Su apuesta por la independencia era completa y obligaba a Cameron a una respuesta a la altura de las circunstancias. Siempre podría haber adoptado lo que podríamos llamar la ‘defensa española’, convertir a Londres en una fortaleza que dijera no a todas las propuestas escocesas. Por algunas razones, que tienen que ver por cómo se concibe la democracia en el Reino Unido, eso no era posible, y en la prensa hubo muy pocas voces que reclamaran la intransigencia más absoluta. Salmond había obtenido una victoria arrolladora con un programa que tenía derecho a intentar cumplir.

La legitimidad estaba de su lado, y no en el bando de los partidos que habían sufrido una derrota contundente. La campaña de los laboristas escoceses, muy centrada en el rechazo al referéndum por considerarlo el paso más seguro hacia la independencia, fue un fracaso. Curiosamente, en ese momento ya circulaban en el Parlamento británico varias proposiciones de laboristas, conservadores y liberales demócratas para aumentar las competencias del Gobierno escocés, también en el terreno fiscal. Era su forma de responder a la reivindicación independentista de Salmond. Con la nueva situación creada por las elecciones, ya no parecían tener mucho sentido y todos se olvidaron de ellas.

El cálculo de Cameron se basaba en el hecho de que el apoyo a la independencia estaba entonces un poco por encima del 30%. Si Salmond quería su referéndum, lo tendría, pero sólo en un proceso negociado con Londres. Salmond había dado a entender que no necesitaría el permiso del Gobierno británico. La mayoría de los expertos constitucionalistas decían lo contrario. Al no haber una Constitución escrita, todo quedaba a la interpretación… hasta cierto punto. Si el referéndum iba a ser vinculante, tendría que ser aprobado por las dos cámaras legislativas.

Inmediatamente después de las elecciones de 2011, Cameron ya había dado a entender que sería difícil evitar la consulta: “Sobre el asunto del Reino Unido, si quieren celebrar un referéndum, haré campaña con cada fibra de mi cuerpo para mantener unido al país”.

Ambas partes tuvieron que hacer concesiones. Cameron quería que se celebrara en 18 meses, a finales de 2013, y con una pregunta que fuera clara y terminante. No un referéndum en el que se preguntara a los escoceses si querían más autonomía (casi todos iban a decir que sí), sino uno que planteara de forma dramática la opción de la independencia. La idea, muy extendida en Londres, es que el nunca ganaría en esas condiciones. Además, seguro que pensaba que la legitimidad del Gobierno de Salmond para reclamar en el futuro más competencias quedaría bastante dañada con una derrota rotunda del no.

Sobre el tema de la fecha, los nacionalistas dijeron tras las elecciones de 2011 que querían celebrar la consulta cerca del aniversario de la batalla de Bannockburn (junio de 1314). Al final, incluso tuvieron más tiempo para prepararla. No fue en junio, sino en septiembre.

Salmond planteó además en esas conversaciones que el referéndum incluyera también la tercera opción del aumento de competencias (Devo Max). Por lo que veremos luego, era una forma de asegurarse la victoria con cualquiera de los dos resultados. No sabemos si fue en realidad una táctica negociadora para poder hacer alguna concesión que le garantizara sus prioridades: un referéndum vinculante y su celebración en la segunda mitad de la legislatura.

Lo que sí sabemos es que una parte muy importante del SNP (según algunos, la mayoría de su grupo parlamentario) estaba en 2012 en contra de incluir Devo Max (1) entre las opciones del referéndum. “Por lo que yo sé, la única persona que apoya Devo Max es Alex Salmond”, dijo un diputado del SNP. Algunos políticos nacionalistas y los grupos cívicos proindependencia afirmaron en público que sólo harían campaña por la separación completa del Reino Unido. La sospecha de que la inclusión de una tercera respuesta en la consulta fue una argucia negociadora de Salmond aumenta al leer estas declaraciones.

Devo Max ha recibido desde hace muchos años un apoyo generalizado en los sondeos escoceses (mucho antes de que Salmond pudiera tener su referéndum). Por más que los partidos en Londres nunca descartaran esa opción, tampoco mostraron mucho interés por ponerla en marcha. Los laboristas suponían, y ahora se ha visto que con razón, que provocaría una iniciativa similar reservada para Inglaterra, y se planteara por ejemplo que sobre los asuntos “ingleses” no voten los diputados escoceses. Ahí salen perdiendo.

Un sondeo encargado por BBC en octubre de 2011 planteaba las tres opciones: un 33% apoyaba Devo Max, un 28% la independencia y un 29% mantener sin cambios la situación actual. Lo que ocurre con un referéndum con tres preguntas es que la posibilidad de que ninguna obtenga el 50% es muy alta. Es decir, en primer lugar hacía muy difícil que ganara el a la independencia. ¿Pero en qué situación dejaba a la causa unionista?

Para entender la oposición de Cameron a incluir Devo Max en la papeleta, hay que saber que la hipótesis que se contemplaba por entonces en Londres no se correspondía con los números de esa encuesta de BBC.

El temor era otro, que la opción Devo Max restara muchos más votos al no a la independencia que al sí. Por el apoyo generalizado a la idea de más competencias para Escocia, podía ocurrir que el al statu quo (que se quede todo como está) fuera mínimo. Incluso si no obtenía la independencia, eso habría dado a Salmond un poder descomunal para exigirlo todo en unas negociaciones posteriores. La idea, sentimental y política, de la unión de Escocia con el resto del Reino Unido habría quedado muy tocada.

¿Y la independencia? En esas condiciones, sólo era cuestión de tiempo convocar otro referéndum, esta vez sí con la pregunta definitiva. Cinco, diez años… Eso no es tiempo cuando estás dando los pasos que crees que conducirán a la independencia de Escocia por las que ha trabajado toda la vida.

En relación a Cameron, hay que decir que nadie convoca un referéndum de forma que, con independencia del veredicto de las urnas, siempre saldrás perdiendo.

Lo que ocurrió después es que una encuesta de YouGov puso al por delante a menos de dos semanas de la cita, y los políticos británicos sufrieron un ataque de pánico. Ante la tesitura de la partición del país, ofrecieron en términos genéricos (pronto sabremos si cumplirán su palabra) la opción de una mayor autonomía para Escocia, porque temían lo impensable para ellos, la derrota. Ahora sabemos que ese sondeo era lo que se llama un ‘rogue poll’, una encuesta completamente desviada de la realidad, pero entonces ¿quién podía asegurar algo así y arriesgarlo todo?

Por tanto, es falsa la idea –sugerida por Abadillo y otros– de que Salmond aspiraba simplemente a una autonomía similar a la del País Vasco y que sólo la torpeza de Cameron le permitió el gran desafío. Simplemente, es un intento de hacer una lectura ‘española’ de los acontecimientos de Escocia con la intención de que el Gobierno se deje de historias y aplique la mano dura con Cataluña.

(1): Sobre las diferencias entre Devo Max y Devo Plus, tengo que decir que no puedo dar una explicación clara. Depende mucho de qué político o asociación la explique o reclame. Se supone que Devo Max garantizaría a un Gobierno escocés la mayor parte de las competencias económicas (y desde luego las fiscales), dejando en manos de Londres asuntos nacionales como la política exterior y la defensa para los que Edimburgo debería hacer una aportación económica. Digamos que sería algo parecido al Concierto Económico del País Vasco y Navarra. Dar por hecho que esa es la opción que Londres aprobará tras la victoria del no en el referéndum es en estos momentos muy discutible. Devo Plus supondría un aumento de las competencias pero sin llegar a ese nivel.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Esa canción en la escena final de ‘Los Soprano’. Y otras escenas de series de TV en las que la música era fundamental.

Sophia Loren, la niña que pasaba hambre.
–Fotos del rodaje de ‘La noche del cazador’.
–Un caballo, no. Un casco es lo que necesitaba Ricardo III.
–El accidente del vuelo 447 de Air France.
–El hombre que tuvo a Hitler a tiro… y no disparó.
–La fascinación por los piratas.
–Monólogo de un sicario de Pablo Escobar (entrevista).
Sartre, Beauvoir y el Che Guevara.
–’The Assassination of Margaret Thatcher’. Hilary Mantel.

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Contra los bombardeos de zonas civiles en Siria

Oxfam, Save the Children, Care, Amnistía Internacional y muchas otras ONG han lanzado una campaña para reclamar el fin de los bombardeos de zonas civiles en Siria.

Human Rights Watch denunció en julio que el Ejército sirio continúa utilizando las llamadas ‘barrel bombs’ contra zonas civiles controladas por los insurgentes, sobre todo en la zona de Alepo, vulnerando la resolución 2139 del Consejo de Seguridad de la ONU aprobada en febrero. Estos recipientes metálicos (una caldera, un bidón o un tanque de agua) se rellenan de explosivos y metralla y se lanzan desde un helicóptero. Sin ningún mecanismo de guía, los daños que producen son completamente indiscriminados y la población civil es su principal víctima.

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Escocia, sus jubilados y sus mujeres

mirror victorianoA veces los sondeos aciertan, quizá no con la cifra exacta, pero sí con el resultado. Parecen contradecirse con el ambiente en la calle o en la calle de las redes sociales, o con el impacto ante la opinión pública que tiene el hecho de que unos políticos lleven la iniciativa, y otros les sigan con la lengua fuera.

Escocia ha votado contra la independencia por una diferencia de 10,6 puntos, muy superior a la marcada por los sondeos y por el ambiente de pánico que se vivió en Londres en la última semana de la campaña (y de euforia en los círculos nacionalistas del norte). Es una demostración de que una parte de las quejas de los partidarios del estaban justificadas: la política y los medios de comunicación británicos suelen mostrarse bastante indiferentes a lo que ocurra en Escocia, y a veces parece que su nivel de conocimiento de los asuntos escoceses es manifiestamente mejorables.

La participación fue del 84,5%, un récord en cualquier contienda electoral en el país desde la aprobación del sufragio universal en 1918. Sin duda, un éxito de movilización democrática, pero insuficiente para Alex Salmond. Habría necesitado más papeletas en Glasgow (75%) y Dundee (79%), dos de los distritos donde ganó el .

Las encuestas sí anunciaron la victoria del no y dieron algunas pistas sobre su letra pequeña. Otro sondeo, hecho el día de la votación, ha venido a confirmarlas. Los mayores de 65 años y las mujeres fueron los grupos que arrojaron algunos de los porcentajes más claros contra la independencia. El 73% de los jubilados votó no, como también lo hicieron el 56% de las mujeres. Este último dato se veía venir, pero se creía que el voto de los hombres lo podría equilibrar. Eso no ha ocurrido: según este sondeo, el 53% de los hombres votó en contra.

Al otro lado, los jóvenes se mostraron como el mejor frente de la causa nacionalista. Votó sí el 71% de los jóvenes de 16 y 17 años, el 48% de los que tienen entre 18 y 24, y el 59% en el caso de los que tienen entre 25 y 34. Habrá quien piense que eso garantiza que dentro de 10 o 20 años se celebrará otro referéndum con resultado diferente. No se puede dar por hecho. La gente cambia, incluidas sus circunstancias personales o ideológicas, la realidad económica puede ser menos propicia, los líderes propios menos brillantes…, en definitiva, resulta muy difícil hacer pronósticos a 20 años vista.

Ese sondeo está pagado por Lord Ashcroft, un empresario millonario y exvicepresidente del Partido Conservador que paga de su bolsillo encuestas que suelen ser seguidas con interés. En su análisis, explica que la incertidumbre en relación a la libra fue un factor decisivo para los votantes del no. Era un flanco vulnerable de la campaña de Alex Salmond, y sus adversarios lógicamente lo aprovecharon. El 57% de los que votaron no destacan la moneda como uno de los factores que influyeron en su voto de forma decisiva. El 50% de las mujeres que votaron en contra apuntaron al futuro de la sanidad pública.

La incertidumbre (forma elegante de describir el miedo) actúa más en unos colectivos que otros. Los asuntos monetarios de un Estado siempre terminan influyendo en las pensiones. La capacidad financiera del país afecta muchísimo a su capacidad de gasto social. No es que sean temas que a los jóvenes les parezcan irrelevantes, pero para muchos no se encuentran entre sus preocupaciones personales inmediatas. No cuando tienes la oportunidad histórica de la independencia.

Entre los que eligieron la papeleta del sí, hay un motivo que destaca sobre los demás. El 74% cita su rechazo a la “política de Westminster”, es decir, a la política tradicional que se lleva a cabo en Londres.

El éxito del Gobierno de Salmond en los últimos años ha hecho que el nacionalismo haya pasado de ser una opción minoritaria a convertirse en el partido clave de Escocia. Esta derrota no cambiará eso. Ahora su protagonismo continuará presente por su participación en las negociaciones con el Gobierno británico sobre el aumento de competencias para Edimburgo. Ese es un debate marcado por la promesa (solemne, se dice en estos casos) de David Cameron, Nick Clegg y Ed Miliband de aprobar esos cambios si vencía el no.

El problema es que esa fue una promesa en el terreno de los principios, pero no incluía detalles. Como en todo asunto fiscal, la pelea será intensa. Se sabe que algunos diputados conservadores tampoco estaban muy de acuerdo con la oferta, aunque eso no debe sorprendernos. Son los tories más cerriles que no es que confundan el Reino Unido con Inglaterra, sino que creen que todo el país queda definido por su estrecha y tacaña visión de Inglaterra.

Pero no se puede desdeñar esos recelos porque también tienen que ver con otro proceso paralelo que podríamos definir como el contraataque inglés. Podemos dar por hecho que habrá un intento de reservar competencias similares a Inglaterra, y que también habrá laboristas que lo apoyen. ¿Cómo hacerlo? Hay distintas alternativas (crear una nueva Cámara sólo de representación inglesa o impedir que en los Comunes los diputados escoceses se pronuncien sobre asuntos fiscales únicamente ingleses), pero nada definidas.

El tópico dice en estos casos que nada será igual. Y aunque se diera el caso de que no haya más referendos en Escocia, en este caso se puede decir que el tópico se ajusta bastante a la realidad.

23.15

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Alex Salmond ha sorprendido a todos. Ha anunciado en la tarde del viernes que dimitirá como primer ministro de Escocia (y líder de su partido) para asumir personalmente el fracaso del referéndum por la independencia. Puede que haya sido derrotado, pero sigue siendo el político más popular de su país (es decir, Escocia).

Salmond había dicho en la campaña que no tomaría una decisión como esta, así que sus motivos últimos son aún un misterio. Un animal político de 59 años, en el mejor sentido de la expresión, no va a poner fin ahora a su carrera. Quizá sea una inversión. A corto plazo, ¿quién es la única víctima política del resultado de la consulta? Él, el mismo político que lo apostó todo para que los escoceses tuvieran eso que se llama el derecho a decidir. ¿Quiénes son los que sobreviven y los que está por ver que vayan a cumplir las promesas que hicieron al pueblo escocés si ganaba el no? Cameron, Miliband y Clegg, los mismos que ahora se pelearán por saber cuántas competencias deberán tener… ¿los escoceses? No, los ingleses.

La partida no ha terminado.

 

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Cameron no es Rajoy

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David Cameron no estaba pensando en Mariano Rajoy cuando ha hecho este comentario un día antes del referéndum de Escocia:

“Gobierno un país democrático, y cuando una de las naciones del Reino Unido eligió en las urnas a un Gobierno que reclama un referéndum, yo tenía que tomar una decisión. Podía decir ‘sí, puedes celebrar un referéndum, y esta es la forma de hacerlo de forma legal, definitiva y justa’ o podría haber metido la cabeza en la arena y decir ‘no, no vas a tener un referéndum’. Creo que la independencia de Escocia estaría hoy más cerca si hubiera tomado esa segunda decisión en vez celebrar un referéndum”.

No le falta razón. Es cierto que Cameron se está jugando la vida. Parece poco probable que pueda sobrevivir políticamente si gana el en el referéndum. Ahora está recibiendo algunas críticas en Londres, no por haber negociado con Alex Salmond la celebración de la consulta, sino por detalles concretos: dejar que el representara el apoyo a la independencia en la papeleta (pedir el no termina obligando a hacer una campaña negativa), la fecha de la consulta, su pasividad hasta una semana antes de la cita, etcétera. Nadie tiene valor para decir que Cameron debería haber adoptado la táctica de la avestruz y fingir que en Escocia no pasaba nada.

Es una más de las muchas diferencias entre el Reino Unido y España.

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Martin Amis, Irvine Welsh, y Escocia

En Channel 4 entrevistaron el lunes a los escritores Martin Amis e Irvine Welsh sobre el referéndum de Escocia. Ambos viven ahora en EEUU, pero tienen muy claras sus ideas sobre el tema. Se le ve perplejo y dolido a Amis, nacido en Galés y partidario de la unión. Lo que le pasa al autor de ‘Campos de Londres’ es que no entiende cómo se ha podido llegar a esta situación. Welsh se muestra orgulloso del proceso que ha desembocado en este referéndum y es partidario de la independencia.

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También hay sitio para la crispación en Escocia

Son muchos los que se felicitan del ambiente político en el Reino Unido que hizo posible la convocatoria del referéndum de Escocia y del nivel e intensidad del debate público que se está produciendo en estos momentos. Inevitablemente, se continúa después con las palabras ‘a diferencia de España’, el país de la crispación, las descalificaciones y el drama permanente.

Bien, puede que sea cierto, pero que nadie piense que la contienda escocesa está teniendo lugar con el más absoluto repleto a las reglas del marqués de Queensberry. Hay golpes bajos, alegaciones demagógicas, acoso a los medios, amenazas en las que la munición consiste en estudios económicos muy discutibles…, qué demonios, casi se podría decir que es como España, pero con peor tiempo. Lo que se está jugando es demasiado importante como para esperar que nadie pierda la calma.

Este domingo los nacionalistas escoceses adoptaron la línea oficial habitual en ciertos sectores de la derecha británica: la culpa de todo es de la BBC.

Un millar de personas se manifestó ante la sede de la BBC en Glasgow. Como se ve en la imagen, había una gran pancarta dirigida contra Nick Robinson, corresponsal político de la BBC. Al igual que otros periodistas de la cadena, su trabajo consiste en hacer preguntas difíciles a los políticos, y eso es algo que no ha gustado mucho a Alex Salmond en el pasado, incluida esta campaña. Dicho esto, no es una sorpresa que en temas sensibles la BBC se coloque del lado del establishment, pero siempre incluye las dos opiniones enfrentadas. Lo que ocurre es que la inmensa mayoría de los políticos británicos está contra la independencia y eso seguro que se nota en los informativos.

Salmond tiene motivos para quejarse de las maniobras del Gobierno, pero no para acusar a BBC de estar a su servicio. La noticia de que los bancos RSB y Lloyds abandonarían su sede de Edimburgo para trasladarse a Londres en caso de independencia (y continuar así bajo el paraguas del Banco de Inglaterra) tenía el máximo interés informativo. Incluso así, hay que recordar que, según el Herald, el Ministerio de Hacienda envió un email a la BBC con esa información antes de que terminara la reunión del consejo del RBS en la que se debía decidir sobre si hacer público el hipotético traslado. Esta claro que hubo alguien que no quería arriesgarse a que le dejaran sin el titular.

telegraph escocia

En el apartado ‘no dejes que la realidad y el buen gusto te estropeen una portada salvaje’, es difícil superar la primera página del Sunday Telegraph del pasado domingo. Reclutar la ayuda de los cadáveres de los soldados muertos desde los años 60 es un truco muy sucio. Los votos de los muertos no cuentan en el escrutinio ni los vivos deben manipularlos en su favor.

Informar sobre las repercusiones económicas de la separación es perfectamente legítimo. El votante tiene derecho a saber las posibles consecuencias de su decisión y no contentarse con los típicos mensajes de los políticos (todo va a ir bien o vamos a morir todos). Pero la economía no es una ciencia exacta, y anunciar un aumento seguro de los precios en los supermercados o de los intereses de las hipotecas forma parte del repertorio propagandístico cuando se quiere meter miedo. Como dice Robert Peston (uf, también de BBC), los economistas no pueden predecir el futuro como si lo estuvieran viendo; si fuera así, Irlanda todavía sería el próspero tigre celta de la UE que se iba a comer el mundo.

Por otro lado, los políticos a veces fomentan de forma indirecta los augurios catastrofistas que les perjudican. Cuando Salmond responde a la negativa de Londres a permitir una unión monetaria de los dos estados con la amenaza de que en ese caso una Escocia independiente se negaría a pagar su parte de la deuda británica, lo que está anunciando es un proceso de negociaciones a cara de perro repleto de incertidumbres en el que caería la libra, la credibilidad financiera del nuevo Estado estaría en suspenso y los escoceses podrían pensar que sus ahorros estarían más seguros en Londres. Nada que pueda beneficiar a ambos lados.

23.00

A última hora del miércoles, un incidente ha venido a confirmar que no todo es tan civilizado en la campaña. Un grupo de partidarios del sí han acosado al líder laborista Ed Miliband en una visita a un centro comercial de Edimburgo.

Los gritos y los insultos (le han llamado “jodido mentiroso” y “asesino múltiple”, nada menos) han hecho que Miliband haya tenido que acortar la visita.

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El debate interno en los partidos beneficia a todos

gallardon

¿Le interesa a la izquierda que haya un intenso debate interno en la derecha? ¿Sale beneficiada la derecha cuando ese debate se produce en la izquierda? La respuesta a las dos preguntas es sí, pero no por las razones en las que quizá esté pensando el lector (no, no sólo porque es muy tranquilizador que el rival sufra cortocircuitos internos) . La presumible defunción de la reforma de la ley del aborto antes de nacer es un buen ejemplo.

Según una información de El Mundo, el Gobierno “se inclina” por dejar morir el proyecto de Gallardón de restringir el derecho al aborto. Quizá la decisión definitiva no esté tomada, pero si va en esa línea, no debería sorprendernos. El Gobierno ha tenido muchos meses para presentar el proyecto de ley en el Congreso. Ya a finales del año pasado, se dijo que era cuestión de tiempo, y no mucho, sin que hasta ahora haya llegado a la Carrera de San Jerónimo.

La razón principal de ese retraso tiene que estar en el origen de la retirada. La reforma provocó considerables recelos dentro del PP, y del Gobierno, cuando no una completa oposición. Había razones ideológicas (no todos los dirigentes del PP son ‘cristianos renacidos’ como el ministro de Justicia) y tácticas para marcar distancias con un proyecto que en la práctica acababa con un derecho o planteaba todo tipo de obstáculos a la interrupción del embarazo en caso de malformación del feto.

Tanto Pedro Sánchez como grupos de izquierda han alardeado de que esta derrota de Gallardón ha sido posible gracias a su intervención, la oposición del PSOE a pactar la reforma o la movilización en la calle. Ambos factores han sido muy importantes, porque ambos inciden en la segunda razón por la que dirigentes del PP estaban en contra de la guerra santa de Gallardón. Antes de unas elecciones complicadas, nunca es inteligente conceder al rival malherido una bandera que sirva para movilizar a sus seguidores.

A menos que pensemos que el PP se muestra sinceramente implicado en la defensa de los derechos de la mujer tal y como los entienden los grupos feministas (respuesta rápida: no) y por tanto es sensible a las críticas que recibe desde ese campo, hay que suponer que la reforma no llegará a buen puerto por las discordias internas que provoca, y no por otras razones.

Y es ahí donde importa valorar los efectos del debate interno de los partido sobre asuntos especialmente relevantes y su capacidad para que la gente pueda mantener su confianza en las instituciones democráticas. La disciplina de voto entendida como la negativa a aceptar discusiones en público sobre proyectos del Gobierno y el cierre de filas en caso de polémicas hacen de la política española un erial en términos de responsabilidad y rendición de cuentas. El Gobierno se convierte en el único eje de la actividad política, y el Parlamento se queda con la función de dar salida a las leyes en medio de ovaciones enfervorizadas (no olviden que en el Senado los representantes del PP aplauden a Rajoy cuando entra en el hemiciclo sin necesidad de que abra la boca). Sólo faltan las cheerleaders y la banda en los escaños.

Cuando esa discusión interna existe, cabe la posibilidad de que no siempre el aparato imponga sus deseos, que no todo se reduzca a que un ministro endose su proyecto favorito a un presidente absentista, mientras la vicepresidenta hace lo posible fuera de cámara para que no salga adelante en la forma en que llegó a su mesa. Otros dirigentes pueden mostrar en público su discrepancia (con más cuidado y tacto, todo hay que decirlo, que el de los puercoespines cuando se aparean) y al final los que tienen que tomar la decisión final son más conscientes de los inconvenientes políticos y, sobre todo, electorales, de la medida.

El debate interno ayuda a los partidos a no confiar ciegamente en un líder como si fuera un mesías, que luego les llevará al hundimiento electoral (el caso de Zapatero en el PSOE) o a adoptar cambios estratégicos que hubieran sido imposibles no mucho tiempo atrás (la apuesta de IU por la confluencia con otras fuerzas de izquierda).

En democracia, es bueno que el líder, carismático o no, mire de vez en cuando por el retrovisor para ver si alguien le está siguiendo. Es peligroso no hacerlo hasta que llegue la campaña electoral, momento en que ya es demasiado tarde para preguntarse dónde está toda esa gente que te votó en las anteriores elecciones.

 

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Roger Rabbit y otros personajes que ya no son lo que eran.

Star Sesame Wars (con el malvado Darth Baker).
Al Pacino no está muy interesado en el pasado. En el suyo.
–Todo lo que te puede matar (que es todo).
–Cómo se enrolla un Picasso.
Un vistazo a la Tierra desde la Estación Espacial.
Nueva York a cámara muy lenta.
Los tiburones no son una plaga en el mar. Los seres humanos, sí.
–Así es la erupción de un volcán.
–Adictos al azúcar, sobre todo en Brasil.
Los arqueólogos no soportan a Indiana Jones.
–Las cosas que se te caen de las manos.
Una piscina en Bruselas tiene la mayor profundidad del mundo: 33 metros.

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