Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Los títulos de crédito de Saul Bass.

–Robert Towne y la historia de ‘Chinatown’.
–Lecciones de política de Frank Underwood.
–El acento sureño de Kevin Spacey en ‘House of Cards’.
–’House of Cards’ + ‘Barrio Sésamo’.
–La escena del tribunal de ‘Algunos hombres buenos’ sin diálogos.
–Los 29 días de febrero y los romanos.
Google Glass fue sólo un chiste para techies.
–La capacidad de Italia para producir mafias.
–Las ratas no tuvieron la culpa de la peste negra.
–El almuerzo de un pulpo.
Un volcán de Vanuatu.
–Volando desde el Kilimanjaro.
–Saqueando Chernóbil.
–La belleza de las profundidades del mar.

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Las endebles razones jurídicas del Gobierno para detener a los combatientes españoles en Ucrania

La policía española ha detenido a ocho personas en varias ciudades que viajaron a Ucrania para combatir en las filas de las milicias prorrusas enfrentadas al Gobierno de Kiev en una guerra civil que ha provocado miles de muertos. La operación está dirigida por el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz.

A la espera de que el juez instructor establezca cuáles son los delitos de los que se acusa a los detenidos, tenemos la información facilitada por el Ministerio de Interior. Según el comunicado, se les ha investigado por los delitos de asesinato, tenencia de armas y explosivos y “actos que atentan contra los intereses del Reino de España en el exterior”. ¿Tiene pruebas la policía de que estas personas han intervenido en asesinatos concretos? No aparece nada de eso en la nota oficial.

Es obvio que los detenidos se integraron en las filas de las milicias del Donbass porque aparecen en vídeos grabados en esa zona empuñando armas. Eso no permite adjudicarles un delito de asesinato a menos que se considere que todos los soldados o milicianos de un conflicto bélico son asesinos en potencia. El que alguien intervenga en una guerra no lo convierte en responsable de todas las muertes que se produzcan en ella.

Hay dos artículos del Código Penal que podrían aplicarse en este caso en teoría. El artículo 591 dice:

“Con las mismas penas señaladas en el artículo anterior (de cuatro a ocho años) será castigado, en sus respectivos casos, el que, durante una guerra en que no intervenga España, ejecutare cualquier acto que comprometa la neutralidad del Estado o infringiere las disposiciones publicadas por el Gobierno para mantenerla”.

Es ridículo pensar que la intervención de un grupo tan reducido de personas en ese conflicto, sin ningún apoyo oficial, vaya a comprometer la “neutralidad” de España, que por lo demás no ha sido declarada formalmente por el Gobierno. España tampoco ha declarado la guerra a las milicias prorrusas y apoya los intentos por obtener una solución negociada y pacífica al conflicto.

Al Gobierno no le interesa políticamente por muchas razones que unos españoles vayan allí a pegar tiros, pero eso no significa que de forma automática deba perseguirlos penalmente.

Decir, como afirma la nota del Ministerio, que esa intervención “violenta la neutralidad que España ha de mantener en relación con la Comunidad Internacional” sirve como lenguaje de columna de opinión, pero no para sustentar una acusación penal. Un Estado no es responsable de lo que hagan cada uno de sus ciudadanos en el extranjero.

El otro artículo que podría aplicarse, el 595, es este:

“El que, sin autorización legalmente concedida, levantare tropas en España para el servicio de una potencia extranjera, cualquiera que sea el objeto que se proponga o la Nación a la que intente hostilizar, será castigado con la pena de prisión de cuatro a ocho años”.

Este artículo es un baúl inmenso para que quepa cualquier iniciativa con la que reclutar personas para que se vayan a combatir al extranjero. No importa la causa que vayan a defender o el país al que se enfrenten. Pero está limitado a los que se dediquen a captar voluntarios y no creo que pueda aplicarse a aquellos que voluntariamente decidan viajar fuera de España para intervenir en una guerra.

Otros elementos de la nota policial son aún más endebles jurídicamente. Se refiere a ”acciones terroristas” con la intención de justificar las detenciones. El Gobierno no puede tachar de grupos terroristas a las milicias prorrusas cuando sus relaciones con el Gobierno ruso, que surte a estos grupos de armas, entrenamiento y apoyo político, siguen siendo buenas. España está obligada a imponer las sanciones que la UE ha aplicado a Rusia por esa colaboración, pero a nadie se le escapa que en ningún caso eso ha dañado las relaciones bilaterales con Moscú. Además, y de forma discreta, está entre los países que están muy poco interesados, por razones económicas, en ampliar esas sanciones.

Sería un escandaloso caso de hipocresía fijarse para encarcelar a estas personas en los crímenes de guerra que han cometido las milicias prorrusas, e ignorar los mismos delitos responsabilidad del Ejército ucraniano, que ha bombardeado de forma indiscriminada con artillería zonas civiles del Este de Ucrania.

Más parece que estas detenciones están pensadas como gesto de autoridad para intentar disuadir a todo aquel que intente formar parte de un grupo insurgente extranjero (y aquí la preocupación tiene que ver más con el ISIS que con Ucrania). Con independencia de la opinión que tenga cada uno sobre las ideas políticas de los detenidos, no es algo que justifique condenar a unas personas a ocho años de prisión.

Sábado

En menos de un día, los detenidos han sido puestos en libertad. Tienen la obligación de comparecer ante el juez, como suele ocurrir en estos casos, pero está por ver qué acusaciones tendrán que afrontar. Para estar acusados de “asesinato”, según la nota del Ministerio, el juez se lo ha tomado con mucha tranquilidad.

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Varufakis, el hijo perdido de Zeus

El descubrimiento de la semana. Los (algunos) alemanes tienen sentido del humor y qué mejor que su duelo con Grecia para demostrarlo. Un programa del canal ZDF ofrece esta gran actuación musical en honor de Yanis Varufakis. Después de tantos artículos y análisis en los medios alemanes que destacan la maldad intrínseca de los griegos y su pérfido ministro de Finanzas, era el momento de dedicarle una canción. Al ministro de OMFG.

El vídeo empieza con elogios a los alemanes, “duros como el acero”, “rápidos como sabuesos”, “no tenemos miedo a nada”.. Pronto pasa a hacerlo de forma algo más que irónica: famosos por “nuestro idioma fácil de aprender”. “Somos alemanes. “Una auténtica banda de hijos de puta” (“motherfuckers”). “Comenzamos dos guerras mundiales y casi ganamos los dos”, etc, etc.

Hasta que aparece Varufakis, “el hijo perdido de Zeus con un corazón de piedra”. “Su chupa de cuero está hecha de la piel de cachorros de pastor alemán. Se alimenta de bebés humanos. Incluso su mujer está muy buena. Como una chica Playboy de los 80. No negocia, es un tipo duro que te pasa por encima”.

Ni los alemanes se pueden resistir al encanto letal de Varufakis.

El Bild no tiene tanto sentido del humor. Su respuesta a Grecia: NEIN!

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No apuesten por una ruptura de Syriza

La carta de Manolis Glezos y las declaraciones del ministro de Energía sobre las privatizaciones pendientes han hecho pensar que el sector más izquierdista de Syriza puede poner en problemas al Gobierno de Alexis Tsipras. Algunas informaciones que indican que Syriza ha abandonado sus promesas electorales en su primer envite serio con la troika abonan esa teoría.

A corto plazo, es difícil de creer, excepto para los que piensan que el Gobierno griego podía revertir la situación del país a las pocas semanas de ocupar los despachos. Y se equivocan. Hay que recordar la frase ya conocida que dice que no es lo mismo tener el Gobierno que tener el poder (aunque para llegar a la segunda etapa suele ser necesario pasar por la primera).

Tsipras se ha pasado diez horas reunido con el grupo parlamentario de Syriza para convencerle de que apoye el acuerdo con la Comisión Europea. Por lo que cuentan las primeras crónicas, el primer ministro ha sido lo bastante hábil como para citar una teoría que circuló durante la campaña electoral: la idea de que Nueva Democracia no estaba tan preocupada por una derrota en las urnas porque un Gobierno de sus rivales izquierdistas tendría una esperanza de vida muy reducida (la “derrota dulce” que dijo Felipe González en 1996). Sería un “Gobierno de paréntesis” con una mayoría parlamentaria escasa que no podría digerir las contradicciones internas de Syriza.

“Quiero saber si aceptáis o no el acuerdo. Si hay alguien que votará contra el acuerdo, quiero que lo diga ahora”, dijo Tsipras. 132 votaron a favor, y sólo cinco en contra. Syriza salió de las elecciones con 149 escaños.

Panayiotis Lafazanis, ministro de Energía, ha sido uno de los críticos, y no es una sorpresa porque ya ha dado los primeros problemas al ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, al afirmar que se va a detener o revisar, o ambas cosas, las privatizaciones que prometieron los conservadores. El Gobierno se ha comprometido a no anular los procesos de privatizaciones de algunas empresas públicas ya en curso, aunque eso no quiere decir que vaya a iniciarlos en otros casos. Lafazanis ha dicho que se detendrán las privatizaciones ya iniciadas en PPC, la mayor compañía pública eléctrica del país, pero está por ver que pueda hacerlo. Si encontrara algún caso de corrupción en ese proceso, lo tendría más fácil, pero si no es así, es poco probable que Tsipras le permita saltarse el acuerdo con la Comisión Europea.

Varias promesas de Syriza, como la de subir el salario mínimo, tendrán que esperar y se llevarán a cabo en distintas etapas. El Gobierno no lo tiene tan mal ante la opinión pública en el caso de que pueda demostrar que ha puesto en el congelador medidas que estaban en el programa de rescate y que incluso Nueva Democracia se había negado a aplicar, como una nueva subida del IVA y la reducción de las pensiones. Cuando ND vio que se acercaba la posibilidad de unas elecciones anticipadas empezó a dilatar la aprobación de esas medidas. La troika lo sabía y no montó ningún escándalo. Se limitó a continuar las negociaciones.

Los comunicados del FMI y del BCE revelan claramente que el nuevo acuerdo con Grecia que la Comisión Europea y el Gobierno alemán aceptan no les satisface por completo precisamente porque faltan esos compromisos.

No parece que el Gobierno griego esté muy preocupado por eso ahora. De momento ha conseguido un acuerdo para los próximos cuatro meses. Más adelante, tendrá tiempo de sobra para ver si Alemania se pone del lado del FMI y del BCE o acepta continuar apoyando la actitud ligeramente más dialogante de la Comisión Europea. Mientras tanto, seguirá vigilando la salud financiera de sus bancos.

¿Qué opinan los votantes de Syriza? Las primeras encuestas indican que el Gobierno de Tsipras goza de un apoyo superior al registrado el día de las elecciones. Suele ocurrir después de unos comicios que han supuesto un cambio de gobierno. En la web Keep Talking Greece hay un reportaje interesante con opiniones de gente que votó al partido de izquierdas. No es que tenga que ser representativo, pero encontramos ahí opiniones de gente que de momento se siente muy satisfecha, incluso orgullosa, de que un Gobierno se enfrente en la medida de sus posibilidades al diktat que ha llegado en los últimos años desde la UE.

“Me siento otra vez orgullosa. Hemos recuperado algo del orgullo perdido. Ahora la gente habla de que Grecia no inclina la cabeza y acepta sin objeciones lo que otros quieren imponerle”, dice una señora de 82 años.

“Mostrar que eres duro, que insistes en negociar y que no aceptas todo lo que te dicen es importante como primer paso”, comenta una chica de 20 años.

En un primer momento, restaurar la dignidad de un pueblo de sentimiento muy nacionalista es algo que espera ver la gente. No sirve por sí solo para revertir una catástrofe financiera, pero sí da tiempo al Gobierno para afrontar los primeros meses. Y eso vale para los votantes de Syriza e incluso para los de otros partidos.

Evidentemente, la situación dentro de un año puede ser muy diferente. Pero eso es una incógnita para la que nadie tiene una respuesta.

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El presidente que subió una colina y se dio de bruces con la montaña

Todos los políticos acuden a una cita como el debate del estado de la nación con un guión planificado, y no me refiero sólo al texto de la intervención. Deben tener claro cuál es el mensaje que quieren enviar, qué cifras les pueden servir, cuál debe ser el estilo de su intervención, con qué rivales deben ser duros y con cuáles respetuosos o condescendientes.

Si se ven obligados a cambiar esos criterios, es señal de que algo ha salido mal. Aumenta el riesgo y las posibilidades de que los periodistas despierten y alteren el guión que también ellos llevaban en la cabeza. Si eres el presidente del Gobierno, sobre todo uno como Rajoy, casi prefieres que no pase nada, que todo se quede en una molesta cita en la que es suficiente con poner la cara, leer unos folios, alardear de cifras y salir del hemiciclo sin sudar la camiseta.

Continúa en Zona Crítica.

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El flanco izquierdo de Syriza envía el primer aviso al Gobierno

tsipras

El eurodiputado de Syriza, Manolis Glezos, ha publicado un comunicado en el que critica con dureza al Gobierno de Alexis Tsipras por el resultado de la última reunión de ministros de la eurozona. Grecia ha obtenido una prórroga de cuatro meses en las condiciones del rescate a expensas de que el lunes presente su programa de reformas.

Glezos es una leyenda de la izquierda griega desde que en 1941 retiró junto a un compañero la bandera nazi que los alemanes habían izado en la Acrópolis. Su carta es una demostración de que la dinámica de las negociaciones, desde una posición muy vulnerable, en la que se ha metido Tsipras puede provocar tensiones dentro de Syriza.

Este es el comienzo de la carta, según la traducción de Greek Analyst.

“Renombrar a la Troika como “instituciones” y al memorándum como “acuerdo”, y a los prestamistas como “socios”, de la misma forma que llamas pescado a la carne, no cambia la situación anterior. Tampoco cambia desde luego el sentido del voto del pueblo griego en las elecciones del 25 de enero de 2015.

El pueblo votó lo que Syriza había prometido. Anulamos el statu quo de la austeridad, que no es sólo la estrategia de la oligarquía alemana y de los prestamistas europeos, sino también de la oligarquía griega. Anulamos el memorándum y la troika, así como todas las leyes de la austeridad. Al día siguiente de las elecciones, con una sola ley anulamos la Troika y sus consecuencias.

Sin embargo, ha pasado un mes y esto no se ha convertido aún en realidad. Una pena, una auténtica pena.

Por mi parte, PIDO DISCULPAS (en mayúsculas en el original) al pueblo griego, porque yo también tomé parte en la creación de esta ilusión”.

Glezos reclama que se celebren “asambleas de emergencia” de los partidarios de Syriza para tomar una decisión sobre los pasos dados por el Gobierno. Afirma que no puede haber compromisos entre el opresor y el oprimido, del mismo modo que no los puede haber entre “el esclavo y el conquistador”.

Un importante economista de Syriza ha tuiteado el mensaje de Glezos, lo que no quiere decir necesariamente que apoye su petición. Es seguro que hay sectores del partido que están en contra de negociar con la Comisión Europea. Las cuestiones terminológicas en los comunicados sobre no llamar troika a la troika no les habrá convencido demasiado.

Por otro lado, el Gobierno de Tsipras ha anunciado que llevará al Parlamento algunas de sus promesas electorales, como la subida del salario mínimo y la contratación de funcionarios despedidos ilegalmente, así como conceder la nacionalidad a los hijos de inmigrantes.

Tsipras tiene que mantener el equilibrio entre los militantes del partido, que era hasta 2009 una coalición, y sus votantes. Entre estos últimos hay muchos antiguos votantes del Pasok, que están en contra de abandonar la eurozona o la UE. Tsipras ya ha dicho que se ha ganado “una batalla, no la guerra”.

En la reunión del viernes, se vio claramente que en el ‘chicken game’ en que parecía situada la pugna entre Alemania y Grecia, los segundos se encuentran en una posición de desventaja. Los alemanes juegan en público con la idea de que la salida de Grecia de la eurozona es una alternativa que no les asusta. Algunas de sus declaraciones dan a entender que incluso la desean.

El flanco vulnerable de Syriza son los bancos griegos. Desde diciembre, se había producido una fuga de depósitos de esos bancos que, sin ser irrelevante, podía ser asumida. Lo que ocurrió el viernes, según Reuters, o el jueves y el viernes, según otros medios, era otra cosa. Una retirada de 1.000 millones de euros en tan corto espacio de tiempo era ya una cifra mucho más preocupante. Y Draghi dejó claro ese día que el BCE no iba a estar siempre ahí para completar las arcas de los bancos de Atenas.

Si el Gobierno griego se viera obligado a imponer controles de capital para impedir esa fuga de dinero, eso desencadenaría una serie de acontecimientos de desenlace imprevisible. En ese caso, la salida traumática de la eurozona sería algo más que una hipótesis. La introducción de medidas más creativas, como emitir ‘euros de consumo interno’ se contemplaría como un paso previo al regreso de la dracma.

Sobre si Tsipras y Varufakis tiraron la toalla o si obtuvieron el mejor acuerdo posible dadas las circunstancias, hay tantas opiniones como analistas. En los primeros artículos del viernes, se destacó que los griegos se habían visto forzados a ceder en sus reivindicaciones: el programa del rescate continuará hasta su conclusión con las condiciones ya conocidas. Todas las nuevas ideas manejadas por Varufakis en su gira europea habían acabado en la papelera.

La intrasigencia alemana no impidió que su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, reaccionara con rencor: “Los griegos lo tendrán difícil para explicar el acuerdo a sus votantes”. Parece que no se trataba sólo de vencer a Syriza, sino de humillarla.

Robert Peston, de BBC, es de los que piensan que Grecia obtuvo el mejor resultado posible dadas las circunstancias. Lo más importante es que gana tiempo a la espera de negociar en los próximos meses su relación con la eurozona (Krugman opina lo mismo).

En el plano interno, Syriza está mucho más fuerte que el día después de las elecciones. Hay sondeos que muestran que ahora mismo las ganaría con una amplia mayoría absoluta. Pero la situación financiera del Estado sigue siendo la de antes. Como se ocupó de recordar Varufakis en su gira, Grecia es un Estado en bancarrota.

Peston destaca que si bien las condiciones del rescate no han cambiado, incluido el compromiso a pagar una deuda del 175% del PIB, Grecia tiene derecho ahora a presentar su propio programa de reformas y aspira con él a reducir el superávit primario pactado con el anterior Gobierno, del 3% este año y el 4,5% al siguiente, a una cifra menor, lo que le dará fondos para cumplir sus promesas electorales y aumentar el gasto social con el que reducir el terrible impacto del hundimiento de su economía.

El acuerdo del eurogrupo del viernes indica que para cuantificar ese superávit primario (la diferencia entre ingresos y gastos en el presupuesto sin contar el pago de la deuda) se tendrán en cuenta las “circunstancias económicas” (“The institutions will, for the 2015 primary surplus target, take the economic circumstances in 2015 into account”). Veremos el lunes qué entienden por eso los ministros europeos. De momento, la carta de Glezos nos permite saber que Tsipras tiene que negociar con un ojo puesto en Berlín y el otro en Atenas.

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Atentado en Jarkov, Ucrania

El vídeo muestra el momento de la explosión de una bomba situada al paso de una manifestación en Jarkov, en la zona este de Ucrania, convocada en el primer aniversario de la dimisión de Yanukóvich. Los manifestantes enarbolaban banderas ucranianas en una región en la que las milicias prorrusas cuentan con muchos partidarios. Han muerto dos personas (una de ellas un policía) y 15 han resultado heridas.

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Los presidentes de EEUU, versión ‘House of Cards’

No cabe duda de que si los presidentes de EEUU actuaran como en ‘House of Cards’, la historia sería más divertida.

Bola extra: George Washington, dueño de esclavos hasta el día de su muerte.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

THE WES ANDERSON COLLECTION CHAPTER 8: THE GRAND BUDAPEST HOTEL from RogerEbert.com on Vimeo.

“Todas las películas de Wes Anderson son comedias, y en realidad no lo son”. Igual que en ‘El Gran Hotel Budapest’.

–Los hermanos Coen en pocas palabras.
–La primera entrevista a Michael Cimino en 13 años.
–Los retratos de Marilyn Monroe por Carl Perutz.
–El pasado de los nominados a los Oscar.
–Lo que Lou Reed quería hacer cuando empezó.
San Francisco en modo Gotham City.
En el fondo del mar.
–El monstruo de las galletas visita museos.
Blur is back.
En 1657 el tiempo empezó a cambiar para nosotros.
–La respuesta de la URSS al transbordador espacial.
–Mirando al sol.
–Fundir metales con la ayuda del sol a 3.000 grados.

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Ucrania, Estado fallido

Miles de soldados en retirada, cadáveres de soldados abandonados, heridos esperando a ser evacuados. camiones sin combustibles o averiados arrastrados por otros camiones… La derrota del Ejército ucraniano en Debáltsevo ha sido rotunda. Y las derrotas duelen más cuando el Gobierno ha mentido y el fracaso surge de repente y te golpea en la cara.

Y lo peor que puede hacer un Gobierno es negar la realidad antes y después del acontecimiento. El presidente, Petro Poroshenko, vendió como un éxito la retirada. De creer sus palabras, habría que pensar que las milicias no querían hacerse con el control de Debáltsevo. Necesitaban que sus enemigos continuaran en ella. Qué inmensa estupidez. Sólo le faltó llamar ofensiva hacia la retaguardia. Estuvo a punto: “Esta es una prueba evidente del potencial defensivo del Ejército y de la eficacia del mando militar”, dijo en Kiev antes de dirigirse a algún punto del frente, vestido eso sí con ropa militar.

Los testimonios de militares indican que fueron sus mandos los que tomaron la decisión cuando, en palabras de algunos de ellos, las alternativas se reducían a “caer prisioneros o morir”. Algunas unidades, al no tener transporte, tuvieron que huir por los bosques y cubrir a pie 20 kilómetros. Otros lo hicieron por carretera, pero allí sufrieron emboscadas. En la morgue del pueblo de Artemivsk, llegaron decenas de cadáveres de soldados. Otros se quedaron por el camino.

No es la primera derrota del Ejército ucraniano ni la primera vez en que un alto número de sus soldados han quedado aislados y el mando militar ha sido incapaz de romper ese cerco. Tampoco es la primera ocasión en que las denuncias de que se estaban enfrentando a fuerzas profesionales de alto nivel, es decir, rusas, resulta creíble. Los bombardeos con artillería eran cada vez más intensos y, sobre todo, precisos. Esa fue otra de las razones por las que tenían que abandonar Debáltsevo. Continuar resistiendo era morir.

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La ciudad es un nudo ferroviario que conecta Donetsk con Luhansk, las dos principales localidades controladas por las milicias prorrusas. Como se puede apreciar en un mapa que describe su avance de los últimos meses, se había convertido en un enclave que debían tomar. Cuando se firmó el último acuerdo de Minsk, sus jefes ya dijeron que el alto el fuego no se aplicaba a Debáltsevo. Era cuestión de tiempo, no mucho, que acabaran el trabajo.

Poroshenko podría haber cedido el control de esa ciudad en las conversaciones de Minsk a cambio de otras concesiones. O al menos haber negociado la salida digna y sin peligro de sus tropas. Prefirió atarse a la quimera de que los soldados podrían seguir resistiendo. Hay que descartar que confiara en la magnanimidad de Putin.

En tiempo de guerra, todos los gobiernos sienten la tentación de inflamar las pasiones patrióticas del pueblo. Es también una estrategia lógica si se teme que vendrán tiempos duros. El problema viene cuando se promueven ideas nacionalistas ante las que cualquier revés o actitud negociadora es sinónimo de traición. Poroshenko llegó al poder con un respaldo amplísimo en las elecciones presidenciales, pero ya en las legislativas no repitió ese resultado. Ahora está en una posición vulnerable: está obligado a combatir y negociar al mismo tiempo. Esa clase de dualidad es difícil de vender a la opinión pública y requiere dotes políticas muy por encima de las que cuenta el presidente al que antes llamaban ‘rey del chocolate’ por ser dueño de las principales empresas de dulces.

Ucrania nunca podrá vencer en el campo de batalla a Rusia. La diferencia de medios es abrumadora. Su prioridad debería haber sido hacer todo lo posible para que las relaciones de Kiev con las regiones del Este quedaran como un problema político en el que Moscú hubiera jugado algún papel. Cuando se convirtió en un problema militar, perdió el control de la situación. Todo lo que hizo Kiev fue ganarse la enemistad de la población de las provincias del Este. Los habitantes de la capital podían golpearse el pecho como gesto patriótico, pero quienes pasaban hambre, estaban refugiados en sótanos y sufrían ataques indiscriminados de artillería eran los ucranianos del Este.

Vivir al lado de un imperio siempre obliga a asumir sacrificios. Tras el fin del Gobierno de Yanukóvich, es lógico que las nuevas autoridades de Kiev iniciaran pasos para una futura, y lejana en el tiempo, adhesión a la UE. La especulación sobre la OTAN sólo podía perjudicar a Ucrania y sus relaciones con Moscú. Algunos dirigentes la fomentaron de forma irresponsable y absurda. A partir de ahí, la reacción del vecino imperial era previsible.

Intentar que la UE declarara la guerra a Rusia no era evidentemente una estrategia viable. Agitar la idea de la entrada en la OTAN sólo iba a conseguir que Putin se adelantara a los acontecimientos.

En el plano económico, la posición de Kiev no es mucho mejor. Es un Estado casi en bancarrota que sólo puede sobrevivir con ayuda internacional. El FMI ha anunciado en febrero que en los próximos cuatro años el país recibirá un paquete de créditos por valor de 40.000 millones de dólares de los que el Fondo aportará 17.500 millones. En el típico estilo de estas instituciones, en realidad ya hizo una promesa similar hace meses, y hasta ahora sólo ha desembolsado 5.000 millones.

Todo este dinero no saldrá gratis y estará condicionado a la aprobación de reformas, que incluyen recortes del gasto público. Y eso hay que compatibilizarlo con la guerra y el aumento del gasto militar. El Gobierno prevé incrementar ese gasto del 1,6% del PIB al 5,2%.

Para detener el aumento de gasto en pensiones, se prevé que el Gobierno apruebe una ley que las deje congeladas este año. Eso tendrá un serio impacto en un país con una inflación cercana al 30%. Seguro que el FMI se fija en que la edad de jubilación en Ucrania es de 60 años (55 en el caso de mujeres).

The Economist ponía cifras hace unos días al recorte de los subsidios, en especial en la factura de gas de los ciudadanos. Estos sólo pagan desde hace años entre un 20% y un 30% del coste real del gas utilizado para calentar el hogar. El Estado se ocupa del resto, lo que supone un gasto equivalente al 4% del PIB.

Según el FMI, el Gobierno de Kiev se ha comprometido a “ajustar el sistema de precios”, esto es, a que los consumidores carguen con el total de la factura (lo que no impide que haya ayudas específicas para los más pobres) en un proceso que concluirá en abril de 2017. The Economist calcula que eso supondrá que el precio del gas se multiplique por cinco, tomando como referencia los precios de 2013).

El Fondo también quiere que la inflación se reduzca a un dígito para 2016. Cómo lo hará cuando el banco central ya acaba de subir los tipos de interés al 20% y la moneda nacional sigue perdiendo valor es un buen misterio. La previsión de la revista es que el Gobierno tenga que reducir el gasto público como porcentaje del PIB en 4,5 puntos, una diferencia similar a la que ha sufrido Grecia.

Si en 2014 el PIB cayó más de siete puntos, la previsión es que este año la caída será de cinco. Con todos estos recortes, la lucha contra la inflación, la subida de los tipos, la zona más industrial del país en manos de las milicias prorrusas o afectadas por la guerra y el descenso del comercio con Rusia, no hay que ser un genio para pensar que la recesión se acentuará.

Todos estos percances económicos se producen en un país que no ha tenido en realidad un Gobierno limpio, honesto y eficaz desde el fin de la URSS. Algunos de sus indicadores económicos per cápita están a la misma altura que en 1990 o peor. Han sido 25 años de corrupción e incompetencia sin que importara el partido en el poder. Los únicos que han visto incrementada su riqueza han sido los oligarcas y sus grandes corporaciones, que ya se ocuparon de financiar a los partidos y sus dirigentes que más les convenían.

Muchos análisis indican en los medios que el nuevo Gobierno de Kiev, en manos del liberal Yatsenyuk, está comprometido con las reformas y con dar al país un giro hacia políticas menos caciquiles y clientelares. Con un ambiente político marcado por el ultranacionalismo, el resentimiento por las derrotas constantes ante Rusia y un presidente que vende las retiradas como gloriosas victorias, confiar en las virtudes de los tecnócratas exige un salto de fe que ya sería demasiado grande en un país que no sufriera la deplorable situación política, económica y militar de Ucrania.

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