Duelo en el OK Corral de la Casa Blanca

Gran espectáculo televisado desde el Despacho Oval de la Casa Blanca. A un lado del ring, el presidente de EEUU, Donald Trump, y su vicepresidente, Mike Pence. Al otro, Nancy Pelosi, líder de los demócratas en la Cámara de los Representantes, y Chuck Schumer, con el mismo puesto en el Senado.

Schumer dice que no se debería cerrar la Administración Federal por una disputa presupuestaria entre ambos partidos por el deseo de Trump de destinar miles de millones a la construcción de un muro fronterizo con México. Ahí es donde salta Trump.

“Estoy orgulloso de cerrar el Gobierno a causa de la seguridad fronteriza, Chuck, porque la gente de este país no quiere a criminales y a gente que tiene muchos problemas y por las drogas que inundan nuestro país. Así que yo me ocuparé de ello. Yo seré el que cierre (el Gobierno) y no te culparé por ello”.

Tiene todo el aspecto de que Trump se pica como si estuvieran hablando en un bar, y no ante un numeroso grupo de cámaras de televisión. Han discutido sobre quién fue el responsable del anterior cierre del Gobierno hasta que Trump salta con un “You wanna know something?” y suelta las frases destacadas.

Mientras tanto, Pence mira de frente sin decir nada, se mira las manos, y parece alguien que desearía estar en cualquier otro sitio menos ese. Pelosi comenta que quizá no deberían estar hablando de este tema en ese preciso instante. En la refriega, Trump afirma que el muro ya se está construyendo, lo que no es cierto.

Ls demócratas tenían previsto ofrecer 1.300 millones en esta reunión para seguridad fronteriza en la negociación presupuestaria, pero Trump exige 5.000 millones. La fecha límite para llegar a un acuerdo es el 21 de diciembre.

Hay que insistir en el detalle de que esta conversación se produce en los escasos minutos en que las cámaras pueden acceder al Despacho Oval antes de la reunión. No hay reporteros para hacer preguntas, sino sólo reporteros gráficos, en este caso con micros en pértigas que permiten captar bien el sonido. Lo propio es tener un poco de charla intrascendente y dejar la discusión seria para cuando se vayan las cámaras.

En el ambiente poco profesional de la Casa Blanca, donde el presidente hace lo que le da la gana, nadie está ahí para advertir a Trump de que no debería entrar en la pelea. El presidente es el más poderoso de los tres políticos. No resulta conveniente que se vea a sus principales adversarios políticos respondiéndole a la cara en su casa (blanca).

En la sala está presente el jefe de gabinete, John Kelly, que es probable que pase un poco de todo, porque ya sabe que lo van a relevar cuando encuentren a alguien dispuesto a asumir el puesto (lo que no está siendo fácil). Estas imágenes no son precisamente un incentivo para aquellos con el valor suficiente para aceptar el reto.

Trump, autor del libro ‘The Art of the Deal’, siempre presume de ser un negociador excelso capaz de conseguir el mejor trato, pero estas imágenes demuestran que es un patán irascible que termina por asumir toda la responsabilidad por un posible bloqueo político que dejará sin salario por un tiempo desconocido a centenares de miles de funcionarios. Su base de votantes más radical estará encantada con su intransigencia en el tema de la inmigración. Otros muchos votantes se preguntarán una vez más en manos de quién están.

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Cómo llegó Eslovenia a la independencia y por qué contó con el apoyo de sus enemigos a diferencia del procés catalán

La invocación de la llamada vía eslovena para alcanzar la independencia realizada por el presidente de la Generalitat, Quim Torra, ha sido criticada por relacionar el procés independentista con la primera de las guerras de los Balcanes de los años 90 después de varios años en que los dirigentes nacionalistas han insistido en que su reivindicación sería siempre pacífica.

Esa es la razón por la que el presidente del Parlament e incluso dirigentes de JxC han marcado distancias con las palabras de Torra y los acontecimientos que condujeron a la independencia de Eslovenia. Lo que no han dicho es que los eslovenos consiguieron su objetivo con gran facilidad gracias a la complicidad en los momentos decisivos del entonces presidente de Serbia, Slobodan Milosevic, que no tuvo inconveniente en permitir la independencia de Eslovenia. Su prioridad era utilizar el Ejército yugoslavo en Croacia, que también se había declarado independiente. Cuando llegó el apoyo europeo a Eslovenia, los eslovenos ya habían conseguido su propósito.

La Generalitat no ha tenido ninguna complicidad de peso fuera de Catalunya en su empeño de formar un Estado propio. Además, el Estado español no está en una situación de completa descomposición de sus instituciones, como le ocurría a Yugoslavia en un proceso que se había iniciado a finales de los años 80.

Eslovenia celebró un referéndum de autodeterminación en diciembre de 1990 con un resultado abrumador. La participación fue del 90%. A la pregunta planteada –”¿Debería la República de Eslovenia convertirse en un Estado independiente y soberano?”–, un 95% votó a favor. Los resultados dejaban claro la excepción eslovena dentro de la República yugoslava: no contaba con una minoría serbia que pudiera oponerse a la independencia ni que pudiera ser utilizada por Milosevic para sus planes.

Los eslovenos no declararon de forma inmediata su independencia. No porque pensaran que era factible una negociación con los serbios, sino porque pensaban que tendrían más posibilidades de éxito si hacían causa común con los croatas, que tardaron varios meses más en celebrar su referéndum.

La destrucción de Yugoslavia

El proceso de fragmentación de Yugoslavia había empezado antes. En junio de 1989 Milosevic reunió a un millón de serbios en Kosovo en una concentración que simbolizó su conversión en el gran líder nacionalista de los serbios con un discurso exclusivista que daba pocas esperanzas a las demás repúblicas.

Los eslovenos quisieron reformar su Constitución en septiembre de 1989 con la intención de reforzar su autogobierno y contener el poder creciente que estaba asumiendo la República Serbia. Se quejaban de que eran el 8% de la población total, mientras que generaban una tercera parte de las divisas obtenidas por las exportaciones. Eso ocultaba que tenían acceso a la mano de obra y materias primas que procedían de las otras repúblicas a precios artificialmente bajos.

La clave de esas enmiendas era reservar para el Gobierno esloveno el derecho de autorizar la entrada de tropas del Ejército en la República. Los serbios se oponían y afirmaron que no tolerarían “una República asimétrica”, es decir, una que no pudiera ser controlada desde Belgrado.

La complicada estructura del poder yugoslavo –a lo que hay que sumar en esos años la escasa influencia del Gobierno Federal– hizo que sólo el Ejército pudiera interponerse por la fuerza en el camino de las aspiraciones eslovenas. El ministro de Defensa Kadijevic lo descartó en ese momento por no estar seguro de que fuera constitucional.

Un último recurso –una reunión de la dirección del partido comunista– sólo sirvió para que los croatas apoyaran a los eslovenos. Los dirigentes eslovenos fueron derrotados en las votaciones, pero volvieron a casa como héroes.

Soldados eslovenos observan a tropas yugoslavas que se preparan para su salida tras la guerra.

Soldados eslovenos observan a tropas yugoslavas que se preparan para su salida tras la guerra.

En octubre de 1989, la tensión aumentó cuando el Gobierno esloveno prohibió una manifestación de nacionalistas serbios en Liubliana por considerarla una provocación. “Decimos claramente que ningún ciudadano de Serbia rogará a Eslovenia que permanezca en Yugoslavia o se rebajará a ofrecer pan y sal (un gesto de hospitalidad) a aquellos que están preparados para dispararles”, anunció el Gobierno serbio el 1 de diciembre.

El congreso anual del partido comunista fue la última batalla política en enero de 1990. Las sesiones retransmitidas en directo por televisión dejaron claro que ya no había un solo partido ni un solo país. Eslovenos y croatas abandonaron el congreso que no llegó a reanudarse sin ellos. El partido que gobernaba sobre todos los pueblos de Yugoslavia ya era historia.

Marzo de 1991 fue el momento decisivo. Después del éxito del referéndum esloveno, Serbia había intentado que la Presidencia Federal frenara a croatas y eslovenos. Al no conseguirlo, decidió dinamitarla desde dentro al abandonar el único organismo con poder político real que hablaba por toda Yugoslavia.

“Yugoslavia está acabada”, dijo Milosevic. Anunció que Serbia no respetaría las decisiones que tomara en adelante la Presidencia Federal. Como si Serbia se hubiera separado de Yugoslavia. Pero al mismo tiempo dijo que confiaba en que el Ejército yugoslavo defendiera la Constitución.

Tras el referéndum, Liubliana se dedicó durante seis meses a preparar la legislación de un nuevo Estado. Los croatas –que ya habían tenido su propio referéndum, pero en el que se habían abstenido de forma masiva los serbios de la provincia de Krajina– les pidieron cautela y más tiempo, porque ellos no estaban tan preparados. Los croatas sabían que Belgrado no podría al final inconvenientes a la independencia eslovena si era irreversible, pero no tendría la misma opinión sobre Croacia a causa de la presencia de la minoría serbia en su territorio.

Slobodan Milosevic y Bill Clinton en la residencia del embajador de EEUU en París en 1995.

Slobodan Milosevic y Bill Clinton en la residencia del embajador de EEUU en París en 1995.

En una visita a Belgrado y Liubliana en junio, el secretario de Estado norteamericano, James Baker, dio a entender que su país no apoyaba a nadie al mantener la confianza en una poco probable ruptura pacífica. EEUU no reconocería declaraciones unilaterales de independencia, pero tampoco el uso de la fuerza militar para impedirlas.

El Gobierno esloveno declaró la independencia el 25 de junio de 1991. En pocas horas se hizo con el control de las fronteras. Comenzó una guerra de escasa duración –diez días– y con algunos rasgos singulares.

El ministro yugoslavo de Defensa pretendía llevar a cabo una intervención militar limitada que se mantuviera dentro de los cauces de la Constitución, que ya era prácticamente una ficción. Las tropas debían escoltar a fuerzas policiales que recuperarían el control de 35 puestos fronterizos, el aeropuerto de Liubliana y un puerto. Eran sólo 2.000 soldados, junto a 400 policías y 280 agentes de aduanas, sin el armamento necesario para convertirse en fuerza invasora.

El Ejército pensaba que sería una misión que quedaría resuelta en horas. Un episodio más de la permanente escalada de la tensión. Para el Gobierno esloveno, era una declaración de guerra.

Los cuarteles militares fueron rodeados por las fuerzas de Liubliana, que cortaron el suministro de luz y agua. Se advirtió a los militares de que no intentaran aprovisionarlos desde el aire. El 27 de junio, los eslovenos derribaron un helicóptero militar que volaba sobre el centro de la capital, un hecho que demostró a los eslovenos que la guerra, aunque no les había afectado hasta ese momento, iba en serio.

El coronel Aksentijevic, que estaba en uno de esos cuarteles sitiados, admitió después su perplejidad: “Me di cuenta de que no era una revuelta o una manifestación política. Era una guerra. Fui consciente de que querían matarnos, dispararnos, y que ya no había Yugoslavia ni nada que nos uniera”. Se había iniciado un camino sin retorno.

Serbia ordena parar

El Ejército era ya consciente de que tenía que aplicar otra estrategia para ejecutar una operación a gran escala. Fue en ese momento cuando Serbia ordenó parar. En el tercer día de guerra, el 30 de junio, Borislav Jovic, en nombre de Milosevic, vetó los nuevos planes militares.

“Recuerdo muy bien ese día”, dijo Jovic tiempo después, “porque fue en el que anuncié nuestra nueva política. Estaba muy claro para mí que Eslovenia se había separado y que era inútil hacer la guerra allí. Lo único en que pensaba era en lo que teníamos que hacer para defender los territorios habitados por serbios en Croacia, porque ellos querían quedarse en Yugoslavia”.

Para controlar al Ejército e imponer su retirada, Milosevic debía resucitar a la principal institución civil, la Presidencia Federal. Lo hizo permitiendo la presidencia rotatoria del croata Stipe Mesic, vetada hasta entonces, y engañando a la troika de la UE –tres ministros europeos de Exteriores– para que pareciera una concesión.

Sin embargo, aún se produjeron más hostilidades, pero las fuerzas eslovenas frenaron con facilidad las nuevas incursiones del Ejército. Una columna de 180 tanques y otros blindados partió desde Belgrado con destino al norte. Nunca llegó a Eslovenia porque no era su destino. Se quedó cerca de la frontera serbia con Croacia preparada para la guerra que de verdad interesaba a Milosevic.

Las últimas tropas del Ejército yugoslavo abandonan Eslovenia por el puerto de Koper el 25 de octubre de 1991.

Las últimas tropas del Ejército yugoslavo abandonan Eslovenia por el puerto de Koper el 25 de octubre de 1991. Archivos militares de Eslovenia

En ese momento, los gobiernos europeos querían que la intervención militar acabara cuanto antes. El ministro alemán de Exteriores, Hans Dietrich Genscher, viajó en tren hasta Liubliana desde Austria y denunció la intención del Ejército yugoslavo de continuar los combates. Lo mismo hizo el ministro británico de Exteriores, Douglas Hurd. Cuando llegó el apoyo europeo, la suerte estaba echada y los eslovenos contaban con todas las cartas en su favor.

El 4 de julio, se inició un alto el fuego. Los acuerdos de la isla de Brioni pusieron fin al conflicto el día 7. La escasa duración de la guerra hizo que el número de bajas fuera reducido. Según el Gobierno de Liubliana, murieron 44 soldados del Ejército yugoslavo en los combates y 146 resultaron heridos. Los eslovenos sufrieron 19 muertos y 182 heridos. Hubo además 12 extranjeros muertos, la mayoría camioneros búlgaros que habían entrado en el país.

“Eslovenia había apostado por el uso de la fuerza y había conseguido un gran premio”, escribieron los periodistas Laura Silber y Allan Little en el libro ‘The Death of Yugoslavia’. “Había enseñado a Europa una lección que los mediadores nunca entendieron bien. Que la guerra a veces no sólo es un camino racional, especialmente cuando sabes que puedes ganar, sino que es también a veces la única forma de conseguir lo que quieres”.

La vía eslovena era una apuesta final por una violencia ejercida en condiciones favorables al no ser la situación de esa República una prioridad para el gran arquitecto de la confrontación, Slobodan Milosevic. El presidente de Serbia sabía muy bien quiénes eran sus mayores enemigos, como demostró después en las guerras de Croacia y Bosnia.

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Quiénes son los ‘chalecos amarillos’ de Francia

Angelique Chrisafis, corresponsal de The Guardian en París, ha hablado con muchos de los ‘chalecos amarillos’ que se manifiestan en Francia contra la política económica de Macron. La subida de impuestos en carburantes fue el tema que desencadenó al principio la movilización, pero la protesta se ha extendido tanto porque el malestar tiene su origen también en otros muchos asuntos. Es cierto que muchas de sus reivindicaciones son un tanto contradictorias en la medida de que no están cribadas por una jerarquía o una estructura organizada. No quieren pagar tantos impuestos porque ese es uno de sus gastos importantes y también pretenden que el Estado aumente su gasto en algunas partidas.

Evidentemente, intentar explicar sus reivindicaciones obliga a centrarse en aquello que rechazan. Es más difícil hacerlo con sus propuestas al ser un movimiento muy diverso desde el punto de vista ideológico y sociológico. Chrisafis ha hablado con ellos en dos zonas del país, el suroeste y el noreste.

En un hilo de Twitter, la periodista ha descrito a grandes rasgos quiénes son los ‘chalecos amarillos’, un movimiento sin líderes ni un programa definido, pero que tiene muy claro por qué ya no soporta a Macron, según Chrisafis:

“Algunos en París han sugerido que todos los chalecos amarillos se basan en noticias falsas y teorías de la conspiración en Facebook y que no tienen muchos estudios. Eso no es lo que yo he visto y sería un error pensar eso.

Me he reunido con gente que antes dirigió sus propios pequeños negocios (en construcción o mantenimiento de edificios), algunos que trabajaron en el sector público (profesores ayudantes, enfermeras), o que eran autónomos. Conocen el sistema fiscal de arriba a abajo, han contribuido a él como (pequeños) empresarios o trabajadores. Hay un nivel muy preparado en su debate político y su indignación. Unos pocos votaron a Macron y están ahora decepcionados.

Hay un amplio espectro político representado en cada barricada, desde izquierdistas y ecologistas opuestos al nacionalismo, hasta gente que votó a ese nacionalismo a través de Marine Le Pen.

Todos decían estar unidos en su furia contra la forma de Macron de gobernar Francia, lo que llamaban su estilo de arriba a abajo totalmente aislado de las experiencias personales de la gente corriente. Todos contaban ejemplos de la “arrogancia” de Macron.

En las barricadas, la gente pensaba que Macron se presenta en el extranjero como el “salvador” progresista de Francia y Europa frente al nacionalismo y populismo, pero dicen que en su país está alienando a tanta gente que la está empujando al populismo.

La gente cree que sus impuestos no se están gastando bien, que hay despilfarro y que el Estado está usando el dinero de los contribuyentes para financiar el estilo de vida de la élite política. La gente quiere más y mejores servicios públicos.

Muchos dicen que están furiosos con la Unión Europea, que cuesta demasiado dinero, que promueve el capitalismo, la desigualdad y una élite política acomodada (en sus privilegios), que no protege a los trabajadores”.

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La rebelión contra Macron es también una reacción contra los favores concedidos a los más ricos

Macron y su primer ministro han decidido suspender durante seis meses el aumento en el impuesto de los combustibles después de la revuelta contra el Gobierno, especialmente intensa en zonas rurales y pequeñas ciudades. La rectificación acerca un poco más a la actual Administración al modelo político tan habitual en las últimas décadas en Francia con la llegada de un nuevo presidente al poder: promesas de reformas estructurales, adopción de medidas concretas, fuerte reacción en la calle, caída de la popularidad del presidente, rectificación. A esta última ha sucedido en algunas ocasiones la destitución del primer ministro con la intención de salvar la reputación del jefe de Estado.

Se ha escrito mucho sobre la dificultad de aplicar impuestos medioambientales a unos ciudadanos a los que resulta difícil prescindir del vehículo particular. También de la crisis de credibilidad de muchos gobiernos de Europa occidental ante una opinión pública cada vez más impaciente ante un futuro de precariedad económica.

Luego, está el factor diferencial de cada país. En Francia, eso se traduce en una política fiscal de Emmanuel Macron que pretendía atraer a grandes fortunas con una política fiscal favorable hasta que los sectores sociales abandonados han decidido que ya han tenido suficiente. Financial Times:

Los manifestantes afirman que el aumento fiscal en los combustibles era la gota que colmaba el vaso con un presidente que llegó al poder con la promesa de ayudar a aquellos que habían quedado abandonados económicamente, pero que ahora dicen que ha favorecido a los ricos.

Incluso economistas que apoyan las reformas laborales de Macron y otras reformas estructurales critican la forma en que se han aplicado sus políticas fiscales, cuyo impacto inicial castigará a los hogares más pobres mientras hace más ricos a los ricos.

Aprobar una subida de impuestos indirectos no mucho tiempo después de reducir los impuestos directos al 1% no parece una medida que favorezca la cohesión social. No es extraño que sea entendida como una provocación que termine originando una coalición de enfurecidos por distintas causas dispuestos a salir a la calle y enfrentarse a miles de policías.

Ese porcentaje del 1% no es aproximado. Este gráfico del FT indica que son precisamente esos contribuyentes los más beneficiados por las medidas fiscales, que incluyen reducir el impuesto a las fortunas (ISF en sus iniciales en francés). El 20% de los hogares más pobres se verán además perjudicados por el recorte de las ayudas sociales, todo dentro de las decisiones tomadas para reducir el déficit presupuestario en línea con las órdenes de la Comisión Europea. Hay muchos de los manifestantes que reciben el nombre de ‘chalecos amarillos’ que están por encima de ese nivel bajo de ingresos, pero eso no quiere decir que no se vean afectados por una época de estancamiento de salarios de trabajadores o ingresos de los autónomos.

No es extraño que esta situación refuerce la imagen ya conocida de Macron como ‘el presidente de los ricos’.

Los disturbios de la pasada semana han hecho que Macron baje algún escalón de la posición arrogante que mantiene como monarca republicano. Nada está descartado ahora, ni siquiera la idea de reintroducir el ISF. “Si la medida que hemos tomado no funciona, no somos idiotas, la cambiaremos. Pero primero debemos estudiarlo”, ha dicho el portavoz del Gobierno, Benjamin Griveaux.

La última encuesta de Ifop reduce a un 23% el nivel de apoyo a Macron en la opinión pública francesa. Los que rechazan su política son ya el 76%. El presidente pierde seis puntos con respecto al anterior sondeo y se coloca al nivel de François Hollande en el mismo momento de su presidencia. Del hundimiento tampoco se libra el primer ministro Édouard Philippe, que cae diez puntos hasta el 26%.

La oposición no escapa de este nivel de descrédito de la clase política, según este sondeo. Los partidos que tienen mejores números son La Francia Insumisa (34%) y Agrupación Nacional, el partido de Marine Le Pen (33%) que es el que más sube desde la encuesta anterior. Mucho más abajo están los dos grandes partidos del pasado, Los Republicanos (20%) y el Partido Socialista (10%).

La Francia airada ha perdido la confianza en los partidos, pero sobre todo en su presidente.

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Un mundo de ciudades

Our World in Data: la urbanización es un procesoque se ha dado básicamente en los últimos 200 años. Ahora, más de la mitad de la población mundial mide en zonas urbanas, sobre todo en ciudades de alta densidad demográfica.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Cómo se hizo ‘Uno de los nuestros’. Con intervenciones de Martin Scorsese, Robert De Niro, Leonardo DiCaprio, Harvey Keitel, Ray Liotta, Lorraine Bracco y Thelma Schoonmaker.

‘Coco’ es una película más actual que nunca.
–20 películas sobre presidentes de EEUU.
–Qué se puede aprender sobre cine en ‘Los siete samuráis’.
–536 fue un mal año para estar vivo.
–La historia de la prenda con capucha.
–El apocalisis de insectos y lo que significa para nosotros.
–Una inmensa ciudad de termitas en Brasil.
–Qué lugares escaparon de la ‘gripe española’.
–La logística de un ascenso al Everest.

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Mohamed bin Salmán disfruta de un estreno apacible en el G20

Algunos titulares decían que la presencia de Mohamed bin Salmán en la cumbre del G20 en Buenos Aires iba a deparar situaciones embarazosas para algunos líderes que no querrían fotografiarse con él. Nada más lejos de la realidad.

Los primeros momentos de la cita antes de la foto de familia permitieron a Emmanuel Macron tener una rápida conversación con el príncipe heredero saudí, señalado como responsable del asesinato del periodista Jamal Khashoggi por las autoridades turcas y la CIA.

En la breve conversación mantenida en inglés, Macron parece transmitir su frustración con MbS. Este sonríe e intenta tranquilizar al presidente francés o quizá mostrar que no está muy preocupado.

MbS: No se preocupe.
Macron: Sí me preocupo. Me preocupo porque estoy muy exp… (¿expuesto?). (…)
MbS: Me lo dijo. Gracias. (…)
Macron: Nunca me escucha.
MbS: Le escucharé (a Macron). (…)
MbS: No hay problema. Puedo ocuparme de eso.
Macron: Soy un hombre de palabra.

No resulta nada sorprendente, aunque sí algo patético para Francia, que quede tan claro que Bin Salmán no ha prestado hasta ahora mucha atención a los consejos de Macron para solventar la crisis internacional provocada por el asesinato de Khashoggi. Francia es el segundo vendedor de armas a Arabia Saudí (el primero es EEUU) y necesita alguna iniciativa política con la que blanquear la relación con Riad y continuar con las relaciones comerciales con ese país como si nada hubiera pasado.

Posteriormente, fuentes del Elíseo dieron a Reuters una versión más digna de esa conversación para compensar o completar lo que indican las imágenes. Dijeron que Macron insistió en la presencia de expertos internacionales en la investigación del crimen y en la búsqueda de una solución política para poner fin a la guerra de Yemen.

“No íbamos a jugar al escondite durante 48 horas (en la cumbre). No tendría sentido. Si estamos aquí y él está en la mesa, seamos francos. Hay cosas que es necesario decir”, dijeron esas fuentes a la agencia.

También tenían una interpretación propia sobre lo que revelaban las imágenes. Contraponían la cara seria de Macron con la sonrisa de MbS, calificada de “algo embarazosa”. Es cierto que MbS asiente varias veces como dando la razón a Macron. También que Bin Salmán no puede permitir que una investigación no controlada por él arroje indicios que le señalen como la persona que dio las órdenes para capturar y asesinar al periodista.

Un saludo muy diferente fue el que tuvieron Bin Salmán y Vladímir Putin que se estrecharon las manos como si fueran viejos amigos y se sentaron con grandes risas. Parecían encantados de conocerse y de estar sentados juntos.

Evidentemente, Putin no cree que el asesinato de un disidente sea algo tan importante como para poner en peligro las relaciones con MbS.

Los medios estatales saudíes tenían la orden de sacar las imágenes de los encuentros de MbS con otros líderes, incluida esta conversación con Macron. Estaba clara la estrategia. Demostrar que el caso Khashoggi no ha menoscabado la reputación del que será el futuro rey del país.

Unas horas después, se supo que Bin Salmán también se había visto con el primer ministro indio. Y con la primera ministra británica. Downing Street difundió un comunicado para destacar que Theresa May había pedido que los responsables del asesinato asuman su responsabilidad y que un hecho así no vuelva a repetirse.

La presunta firmeza de May no oculta que concedió a MbS lo que este necesitaba en el G20: una reunión bilateral cuyas imágenes fueron difundidas con rapidez por los medios saudíes.

Acuciado con nuevos problemas en su país en las investigaciones de la presunta interferencia rusa en la campaña electoral, Trump prefirió no tener en público muestras de cariño con Bin Salmán (o con Putin). Se sabe que saludó al saudí, pero no en el momento en que los líderes llegaron para hacerse la foto. El presidente turco Erdogan pasó muy cerca de MbS sin dirigirle la mirada.

Trump envió esta semana al Congreso a los secretarios de Estado y de Defensa para intentar convencer a los legisladores de que no hay pruebas directas que impliquen a MbS en el asesinato de Khashoggi. No tuvieron mucho éxito. Los senadores votaron a favor de admitir a trámite la propuesta de los demócratas Bernie Sanders y Chris Murphy y el republicano Mike Lee para poner fin a la ayuda militar norteamericana a Arabia Saudí en la guerra de Yemen. Fue aprobada por 63 votos a 37, muy cerca de los dos tercios con los que se puede anular un veto del presidente. La proposición inicia ahora su camino parlamentario y si es aprobada, tendrá que ser discutida también por la Cámara de Representantes.

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Defensoras de los derechos humanos

Un mensaje de Amnistía Internacional en favor de las mujeres que defienden los derechos humanos.

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La Primera Guerra Mundial, coloreada

Tráiler de ‘They Shall Not Grow Old’, el documental de Peter Jackson con testimonios de los hombres que participaron en la Primera Guerra Mundial y con imágenes que han sido coloreadas.

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Ahora es cuando hay que temer de verdad los efectos del Brexit

Un día de tristeza para Europa. Es algo que tenían claro desde hace tiempo los responsables de la Unión Europea pensando en el momento en que se alcanzara el primer acuerdo definitivo sobre la salida del Reino Unido. Pero lo peor no es eso, porque puede ser el primero de una serie de días malos que tendrán mayores repercusiones económicas que el pacto sellado en la cumbre del domingo.

Jean-Claude Juncker insistió en que este es el mejor acuerdo posible para Reino Unido. No se quedó ahí. “Es el único posible”, dijo. Mensaje claro a los diputados conservadores británicos para que no se llamen a engaño: “Quedarán decepcionados en los primeros segundos después de rechazar este acuerdo”. No hay posibilidad de renegociar nada más en estos momentos. Lo toman o lo dejan.

Lo que ocurre es que en estos momentos en el Parlamento británico, que debe votar el contenido del tratado, son mayoría los que están dispuestos a dejarlo con independencia de cuáles sean las consecuencias económicas de un divorcio brutal y sin acuerdo. Muchos piensan que este acuerdo ha nacido ya muerto.

Quien piense que el drama del Brexit ha concluido no puede estar más equivocado. En dos semanas, sabremos si lo peor está a punto de comenzar con una serie de acontecimientos que, ahora sí, afectarán a todos los demás países europeos en un contexto económico internacional mucho más vulnerable que el que existía en el momento en que los británicos votaron en el referéndum.

La última pirueta en el debate sobre el Brexit es que sus partidarios más radicales entre los tories, y que están dispuestos a votar en contra en la Cámara de los Comunes, prefieren ahora el ‘No Deal’ (abandonar la UE sin ningún tipo de acuerdo) antes que el pacto que ofrece Theresa May. Eso es precisamente lo que ellos dijeron en la campaña del referéndum que nunca pasaría, porque sería muy fácil negociar un acuerdo con Bruselas con las mejores condiciones posibles. Suponer lo contrario era lo que denunciaban como “Project Fear”, el intento del Gobierno de meter miedo en el cuerpo a los votantes antes de la consulta.

El exlíder del partido Iain Duncan Smith ha confirmado que votará en contra en los Comunes. La diputada laborista Lisa Nandy ha dicho lo mismo, y eso es importante porque ella era una de los parlamentarios de su partido de los que se decía que podía votar a favor al representar a una circunscripción con una mayoría de votos por el Brexit. Laboristas, nacionalistas escoceses y hasta los unionistas del DUP, aliados de los conservadores en el Parlamento, se han mostrado en contra de este pacto con Bruselas, mientras que se calcula que no menos de 20 diputados tories romperán la disciplina de voto. Muchos más, hasta 80, han afirmado de formas diferentes lo poco que les gusta la situación actual.

Hasta mediados de diciembre –la fecha más probable para la votación en la Cámara– tiene tiempo May para desmentir estos pronósticos. Habrá mucho ‘chicken game’ hasta entonces. En su haber, está la promesa de una certidumbre –una forma efectiva, aunque no completa, de salir de la UE– ante la posibilidad de un caos institucional y catastróficas consecuencias económicas.

Como ejemplo de lo difícil que lo tiene la primera ministra, han preguntado al ministro de Exteriores, Jeremy Hunt, si todo esto puede provocar “el colapso del Gobierno”. “No se puede descartar nada”, ha respondido. Tampoco ha sonado muy optimista al decir que este “no es un acuerdo perfecto”.

En un gesto tan atrevido como desesperado, May tiene previsto retar al líder laborista, Jeremy Corbyn, a un debate televisado sobre el acuerdo, según el Telegraph. Es una forma de dejar patente a los diputados de su partido qué es lo que están arriesgando. La derrota del Gobierno y el caos subsiguiente sólo serían una forma de acelerar la llegada de Corbyn a Downing Street. Este ha sido un argumento recurrente desde el Gobierno, pero la furia de los llamados Brexiteers es tal que no tenido mucho éxito hasta ahora.

May se negó a participar en un debate con Corbyn y los otros candidatos en la pasada campaña electoral, confiada en una victoria abrumadora que no llegó a producirse. La primera reacción laborista ha sido ahora la de aceptar la oferta si llega a producirse.

La discusión sobre Gibraltar ha sido el último de los problemas para May. El acuerdo confirma lo que ha sido la posición de los gobiernos españoles: impedir a cualquier precio que la cuestión escape de las relaciones bilaterales entre ambos países a un ámbito de la UE en que el Reino Unido tenga más influencia por su mayor peso político y económico. Por más que el PP intente presentarlo como una rendición, el pacto establece que cualquier acuerdo de la UE y Reino Unido que afecte a Gibraltar debe contar antes con el visto bueno de España.

Los medios británicos lo presentaron como una concesión de May, y los partidarios más radicales del Brexit como otra traición más de la primera ministra. El domingo, May confirmó algo que es obvio. En futuras negociaciones, Londres intervendrá en nombre de toda la “familia británica”, incluida Gibraltar.

Al igual que el día anterior, Pedro Sánchez optó por sacar pecho y exageró al presentarlo como un hito histórico en el conflicto de más de tres siglos sobre la Roca. No es extraño teniendo en cuenta las críticas que ha recibido en el Parlamento desde el PP y Ciudadanos, a lo que hay que sumar las elecciones en Andalucía el próximo domingo.

Los que afirman que las concesiones obtenidas no tienen el valor jurídico de un tratado tienen una concepción peculiar de la política por la que un compromiso firmado por instituciones como el Consejo Europeo y la Comisión Europea puede ser violado en cualquier momento.

Sánchez dijo que el acuerdo “fortalece” a España, lo que no es del todo falso. Hay que recordar que quien se quedará en una posición débil en el futuro será Reino Unido, que ya no será miembro de la UE. Eso no quiere decir que Bruselas se vaya a convertir en un aliado fundamental para España en este conflicto. Este es un problema británico y español, no europeo.

En la negociación de la relación futura de Reino Unido y la UE en los dos próximos años, cuyo aspecto más relevante será el acuerdo comercial, España tendrá la oportunidad de introducir el asunto de Gibraltar. Ahí sí que España contará con el derecho de veto, porque el pacto final tendrá que ser aprobado por todos los parlamentos. Contar con esa carta será muy importante, pero sólo si se administra con realismo.

Pretender que esa negociación servirá para forzar a Londres a aceptar algún tipo de acuerdo sobre cosoberanía es desconocer el hecho de que España puede quedarse muy sola en la UE si lleva las cosas demasiado lejos. Es en cualquier caso una opción que tendrá sobre la mesa el Gobierno español que esté en el poder en esos momentos.

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