Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

¿Cuál es el problema con las películas de acción que se hacen ahora?

Wes Anderson y Lubitsch.
–Cómo se hicieron los dragones de ‘Juego de tronos’.
–Un día en el rodaje de ‘Juego de tronos’.
Guillermo del Toro vuelve en plena forma.
–La historia de Severus Snape en Harry Potter.
–El adiós (en diferido) de Jon Stewart.
Batman desde 1943.
–Atención, niños, Keanu Reeves deja el sitio en el metro.
Un videoclip rodado en cinco segundos.
–Ponles una arma a estos robots y verás cómo hacen menos gracia.
Rio de Janeiro.
Jonathan Franzen tiene opiniones muy estrictas sobre literatura.

–Las fotos de Margaret Bourke-White en Dresde en 1945.

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David Carr y un mensaje sobre el periodismo que olvidamos con frecuencia

A lo largo de todo el viernes, un número inagotable de periodistas norteamericanos, y de otros países, han mostrado su dolor por la muerte de David Carr, sin ser necesariamente amigos suyos. Como ocurrió cuando murió Anthony Shadid, lo que reflejaban esos comentarios era: necesitábamos a un tipo como Carr. No nos engañemos, en parte, porque trabajaba en el NYT, pero también por el tipo de trabajo que hacía en ese periódico.

Quizá fuera por su experiencia personal como alguien que había caído realmente bajo por culpa de la droga y había conseguido salir de ese infierno, pero Carr demostraba que se podía ser duro en el análisis de algo (en su caso, los medios de comunicación) sin dejar de ser justo. Es decir, un periodista puede realizar la labor de crítico sin comportarse como ‘el juez de la horca’, condenando al calor de la masa enfurecida a todos aquellos que han cometido un error grave, imperdonable, y que en teoría deberían aún tener el derecho a contar su versión. Aunque sólo sea el último deseo que concedes al reo antes de subir al patíbulo.

Dave Weigel es una de esas personas que acabó formando parte de la categoría de ‘persona entrevistada por Carr’. No era una posición envidiable, porque, al escribir sobre comunicación, el periodista del NYT tenía que cubrir con frecuencia historias que comenzaban por: alguien la ha cagado en los medios y se ha montado un escándalo fenomenal.

Weigel, periodista del Post, no había matado a nadie, pero habían aparecido comentarios suyos escritos en una lista privada de correo que no le dejaban en buen lugar y que hacían muy difícil que continuara realizando su trabajo.

En otras palabras, Weigel se había metido, o lo habían metido, en un agujero de proporciones considerables y, una vez pasada la tormenta inicial, lo mejor que podía hacer era no hablar con ningún periodista y confiar en que dejara de llover mierda sobre él. Pero aceptó hablar con Carr y, aunque sus errores quedaron bien reflejados en el artículo (él mismo dice que había sido “imperdonablemente estúpido”), descubrió que la historia que salió en el NYT no era un trabajo de carnicería en el que él jugaba el papel de trozo de carne fileteado y servido con algo de guarnición para disfrute de los comensales.

Todo estaba situado en un contexto que destacaba otros muchos elementos, como por ejemplo el hecho de que el periodismo político de Washington prima a los que llevan pegada una etiqueta ideológica y profesional indeleble. Aquellos como Weigel a los que podríamos colocar en el bando de los heterodoxos, y a los que no se perdona ningún error, suelen sufrir las consecuencias de esa hipocresía.

Carr hizo lo mismo hace sólo unos días en un artículo sobre Brian Williams, del que escribí esta semana. Williams estaba en la élite de su profesión, era un famoso, y por tanto presa fácil para otros periodistas. Carr no optó por sacar la motosierra (lo que en inglés se llama un ‘hatchet job’) y acabar para siempre con la reputación de ese millonario presentador de televisión. Prefirió elegir los matices y acabar el artículo con una breve reflexión sobre los inalcanzables requerimientos de un trabajo, extraordinariamente bien pagado por otro lado, como el de Williams.

Podemos llamarlo misericordia, compasión o sencillamente criterio profesional. Sólo tenemos que pensar que en periodismo cualquier persona, incluso una que ha cometido errores terribles, tiene una historia que merece ser contada. El periodista no es juez ni fiscal ni mucho menos verdugo. Hay ya mucha gente que se presenta voluntaria para ocupar esos roles, tengan o no cualificación profesional. El reportero debe simplemente conformarse con ser un testigo. Su primera labor consiste en escuchar, no en juzgar. Si debe hacerlo al final, sea. Pero en el proceso de buscar información sobre el tema, debe ser tanto fiscal como abogado defensor. Sólo a partir de ese proceso algo esquizofrénico, puede llegar honestamente a una conclusión.

Viene esto a cuento también de otro artículo, también aparecido en el NYT, sobre una chica que la cagó en Twitter hasta niveles difícilmente tolerables. Es la historia de alguien que publicó en Twitter unos comentarios entre estúpidos y racistas –pero sólo si los tomabas literalmente, que es lo que todo el mundo hizo– antes de tomar un vuelo internacional de muchas horas. Para más escarnio, trabajaba en una empresa de relaciones públicas. Cuando aterrizó, ya se había montado un escándalo imparable y ella había perdido su puesto de trabajo y parte de su vida.

En el tribunal diario sin opciones de recurso ante instancia superior que son las redes sociales, alguien puede cometer el mayor error de su vida y recibir un castigo multiplicado por diez. No sirve ya con pedir perdón ni clemencia. Las sentencias se ejecutan con la máxima celeridad. Antes de que se conozca de verdad a esa persona y las razones de su desvarío, el verdugo ya está afilando el hacha. Qué demonios, para entonces lo más normal es que el verdugo ya haya separado la cabeza del tronco.

Es posible que eso sea inevitable. Si alguien acepta expresar sus comentarios más brutales en un medio que los puede amplificar en cuestión de minutos no importa cuántos seguidores tengas, debería asumir las consecuencias. Pero si ese error terrible se convierte en una historia y cae en manos de un periodista, esa persona debería aspirar a que ese profesional cuente su verdadera historia. No la que todo el mundo está esperando leer, esa llena de sangre, lágrimas y un castigo brutal.

Alguien como David Carr.

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David Carr

carr

David Carr, periodista, fiscal de los medios, defensor de los periodistas, antiguo adicto al crack, buena persona, gran conversador, convencido de que trabajar en periodismo es casi un privilegio. Lo han encontrado muerto en la redacción del NYT, su periódico desde 2002.

Con Carr, aquellos a los que no les gustara su forma de escribir lo tenían difícil porque se aplicó a sí mismo el mismo nivel de escrutinio que reservaba a los demás con su libro ‘The Night of the Gun’. ¿Qué decir de un hombre capaz de escribir, es decir, admitir, que dejó una noche a sus dos hijas pequeñas en el coche mientras entraba en una casa para comprar y esnifar coca?

Anna was out, and I could not bear to leave them home, but I was equally unable to stay put. So here we were, one big, happy family, parked outside the dope house. Then came the junkie math. If I went inside the house, I could get what I needed in 5 minutes, 10 minutes tops. The twins would sleep, dreaming their little baby dreams where their dad is a nice man, where the car rides end at a playground. (…)

But tonight I had company. I certainly couldn’t bring the twins in. Even in the gang I ran with, coming through the doors of the dope house swinging two occupied baby buckets was not done. Sitting there in the gloom of the front seat, the car making settling noises against the chill, I decided that my teeny twin girls would be safe, that God would look after them while I did not.”

Aquí hay un extracto de ese libro.

–Una conversación con Aaron Sorkin sobre periodismo cine e Internet.

Del documental ‘Page One’.

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El nivel de vergüenza se mide en Europa en euros

lampedusa

De todas las valoraciones posibles sobre la última tragedia del Mediterráneo, la única que no es tolerable es la de sorprendente. ACNUR calcula que ha habido 300 desaparecidos, lo que en este caso significa 300 muertos, en el naufragio de cuatro lanchas atestadas de inmigrantes procedentes de la costa libia. La Guardia Costera italiana rescató a 105 personas el lunes de una de las lanchas. Otras 29 llegaron muertas por hipotermia después de pasar 18 horas en la cubierta en terribles condiciones: olas de hasta ocho metros de altura y temperatura muy poco por encima de los cero grados.

Ya desde el primer momento la alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, sabía que muchos podían haberse salvados si aún hubiera estado en funcionamiento el programa Mare Nostrum: barcos más grandes y más cerca del lugar del naufragio. “Los barcos pequeños quedaron tragados por completo por las olas durante el viaje de vuelta. Si Mare Nostrum funcionara aún, los inmigrantes se habrían podido refugiar en un barco mayor en sólo una hora”, dijo Nicolini, que afirma que clausurar ese programa fue un “paso atrás intolerable”.

Mare Nostrum tenía un problema. Uno, exclusivamente. Era muy caro. Renzi lo clausuró después de que costara 114 millones de euros el primer año de su funcionamiento. Quizá habrían existido otras opciones si la UE hubiera aceptado su responsabilidad y aportado fondos. La solución fue el programa Tritón, mucho más barato y gestionado por la agencia europea Frontex.

Pero no sólo era una cuestión de dinero, o quizá había razones políticas con las que esconder las cuestiones presupuestarias. El Gobierno británico afirmó que la existencia de Mare Nostrum suponía un “incentivo” para que los inmigrantes se lanzaran al mar en rudimentarias embarcaciones. Como si las personas que huyen de las guerras de Siria y Libia, o los palestinos que intentan abandonar Gaza, tuvieran distintas opciones de transporte y todo ese dispositivo fuera una garantía absoluta de que llegarían indemnes a Europa.

Contra lo que se ve desde las playas españolas, el Mediterráneo no es una balsa de aceite sin olas.

Tritón significa barcos más pequeños y un despliegue mucho más cercano a las costas italianas. Antes los buques operaban en aguas internacionales. Ahora, a 30 millas de Italia.

Según ACNUR, 3.500 personas murieron ahogadas en el Mediterráneo en 2014 al intentar alcanzar las costas europeas. Mare Nostrum rescató a más de 200.000 inmigrantes en ese año. Pensemos un momento en esa cifra y calculemos cuántos morirán en 2015 porque los gobiernos europeos decidieron que este no era un asunto de su incumbencia.

Decía un periodista italiano que para los ricos países europeos de la UE nueve millones de euros al mes es un coste prohibitivo.

Los gobiernos no hacen más que decir que la culpa de todo es de “las mafias”. Cuando le preguntaron en rueda de prensa a Soraya Sáenz de Santamaría por la muerte de los inmigrantes de Ceuta que intentaron llegar nadando a España y que fueron disparados por guardias civiles, se apresuró a decir eso, todo venía por la responsabilidad de las mafias.

Es obvio que estos grupos hacen un gran negocio aprovechándose de los inmigrantes que llegan al norte de África con la intención de encontrar refugio en Europa. Para ellos, es cuestión de dinero. Entonces, ¿cómo llamamos a los gobiernos europeos que decidieron no gastarse nueve millones al mes porque querían ahorrarse ese dinero y se conformaron con la opción más barata de Tritón?

Nosotros pensamos en 300 cadáveres. Las mafias piensan en el dinero que han ganado. Los gobiernos piensan en el dinero que se han ahorrado.

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Arabia Saudí: 28 ejecuciones en 40 días

En 2015, en los primeros 40 días del año, Arabia Saudí ha ejecutado a 28 personas, un ritmo nunca antes alcanzado en ese país. El último ajusticiado es de nacionalidad siria y fue condenado por tráfico de anfetaminas. Al menos, 11 de estos presos fueron eliminados por delitos no violentos, es decir, no por asesinatos, sino por tráfico de drogas.

En enero las autoridades decapitaron a una mujer en una vía pública en unas condiciones espantosas porque la víctima, aterrorizada, estaba casi tumbada en el suelo. Habitualmente los verdugos acaban con el reo de un solo tajo, incluso cuando son varios los que esperan el turno para ser eliminados.

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Los griegos vuelven a votar a favor de su Gobierno

grecia fmi

Grecia parece sola, pero sólo de puertas para fuera. Los griegos parecen haber dato un voto de confianza a su Gobierno, más allá del apoyo lógico de los votantes de los dos partidos que lo integran.

Esta encuesta muestra un amplísimo apoyo también entre votantes de otros partidos. Y comparten esa posición el 41% de los de Nueva Democracia, que digo yo que estarán algo resentidos por su derrota en las urnas. Es cierto que hay un componente de orgullo nacional. Hasta los votantes de Amanecer Dorado forman parte del grupo.

Casi todas las cartas tienen mala pinta para el Gobierno de Syriza. Tsipras y Varufakis han adaptado sus propuestas a la realidad en el tema clave de la deuda y el programa de asistencia financiera por las instituciones de la troika. En otros se han mantenido firmes (salario mínimo, privatizaciones, aumentar el gasto social para socorrer a los más desprotegidos). Por alguna razón, sorprende que un partido intente cumplir el programa electoral con el que ganó en las urnas.

A partir de la reunión del eurogrupo el miércoles, se verá si la posición oficial de los países del Frente del No (Alemania y aliados) continúa siendo la de no aceptar ningún cambio relevante: hay que obligar a Grecia a que siga aceptando dinero para que continúe pagando (sobre todo, al BCE) los intereses de los créditos ya recibidos. Opciones intermedias ofrecidas por Varufakis, que condicionan la devolución de la deuda al crecimiento, han sido rechazadas.

Alemania ha sido tajante. Schäuble ha cortado el martes cualquier especulación favorable (y las habido hoy procedentes de fuentes anónimas). No habrá un programa temporal para los próximos seis meses, dice el ministro alemán. Si Grecia quiere poner fin a la era de la troika, no hay más que hablar.

El eslabón débil de la cadena griega continúa estando en los bancos. Es difícil tomar la Bolsa como barómetro de su situación porque el mercado de valores de Atenas es una montaña rusa. Un día, disfruta de un fuerte ascenso, al día siguiente cae y vuelta a empezar. El martes, los bancos han subido una media del 20%. El mayor, Piraeus Bank, un 15%.

La retirada de depósitos es otro elemento, y más importante. Las últimas noticias son positivas. Según fuentes de los bancos griegos citadas por Reuters, ese ritmo de salida se ha ralentizado en febrero hasta un nivel de unos mil millones en este mes. No es poca cosa, pero está muy lejos de hacer que el sistema financiero del país salte por los aires.

Los griegos pueden apoyar a su Gobierno en un sondeo, pero tendrá un impacto mayor si lo hacen manteniendo su dinero en los bancos. Votar con el dinero. Eso sí que exige nervios de acero.

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Brian Williams y el poder de las mentiras de las periodistas

brian

Una de las cosas más sorprendentes de la polémica en la que se ha metido Brian Williams (uno de los periodistas más conocidos de EEUU, o habría que decir famosos al trabajar en televisión) es leer que un montón de personajes públicos de ese país alardearon en el pasado de ‘hazañas bélicas’, de haber participado de una manera u otra en acciones de guerra. No necesariamente como protagonista, pero al menos como testigo que asumió su cuota de riesgo. Lo cuenta Jack Shafer, que se alegra de que el Tribunal Supremo anulara por vulnerar la Primera Enmienda una ley de 2006 que pretendía castigar esas mentiras o exageraciones. A menos que alguien se beneficie materialmente del engaño, lo que en su caso sería un fraude, mentir está protegido por el derecho a la libertad de expresión (*).

Protegido sí, pero eso no quiere decir que no pueda censurarse. Y si eres el presentador del informativo principal de la NBC, has firmado hace unos meses un contrato de diez millones de dólares anuales por cinco años y se supone que te pagan tanto porque entre tus responsabilidades está la de dar imagen de credibilidad, entonces no hay Tribunal Supremo que te salve.

Williams mintió cuando dijo que el helicóptero Chinook que le llevaba en un desplazamiento en Irak en 2003 recibió fuego de RPG y se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia. Incluso esta frase no es del todo cierta, porque, como suele ocurrir cuando alguien se mete en una espiral de fabulación, no incluye todas las versiones muy diferentes que el periodista ha dado desde entonces. Al principio, sólo dijo que “en tierra, supimos que un helicóptero que iba por delante había volado en pedazos en el aire” (lo que tampoco era cierto).

Con el paso de los años, en sus intervenciones públicas él fue apareciendo en el centro del relato en una especie de progresivo acercamiento a la situación de máximo riesgo, hasta que fue su helicóptero el atacado (aquí hay una cronología con todas sus versiones).

¿Por qué alguien en una posición de prestigio se arriesga a ser avergonzado en público? La respuesta más rápida es conocida: porque no piensa que le van a pillar. Los militares son muy conscientes de que no ya los civiles, sino incluso muchos uniformados tienden a exagerar el peligro por el que pasaron. Digamos que está en la naturaleza humana.

Pero puede ocurrir, como ha sucedido en este caso, que alguien se canse de tantas trolas, o las escuche en detalle por primera vez, y denuncie que esa heroica historia es falsa. La publicación Star and Stripes lo contó y forzó la primera disculpa de Williams. El presentador sí viajaba en helicóptero ese día, pero ese aparato llegó a la zona del ataque una hora después.

En EEUU se produce una situación paradójica. Los militares gozan de un reconocimiento superlativo entre los políticos y la mayoría de los periodistas, casi nunca se dejan patentes sus errores o se achacan a las decisiones de las autoridades políticas, y luego resulta que las tropas están mal pagadas y las instituciones cuya función consiste en proteger a los veteranos de guerra, en especial si sufren secuelas físicas o mentales permanentes, son un desastre. Esto último genera titulares que denuncian el escándalo hasta que años después vuelve a producirse la misma situación.

Pero en términos de reputación la de los militares es inmaculada. Como se vio en el caso de Abu Ghraib, cualquier noticia horrorosa es limitada a la responsabilidad de las habituales “manzanas podridas”, lo que deja siempre limpio de polvo al alto mando militar y a veces hasta a los mandos medios. Los periodistas se dedican a la hagiografía y sólo cuando esa guerra se prolonga durante años aceptan que se produjeron errores, limitados en general a los responsables políticos.

Hay que apoyar a las tropas es el mantra generalizado, que en la práctica se convierte en garantía de impunidad para los errores o crímenes de los militares.

Un periodista famoso y millonario como Williams cree que su imagen mejorará si se le ve como alguien cercano a los militares, y aún más si ha compartido situaciones de riesgo con ellos. Además, es un tipo simpático, con sentido del humor y que sabe contar una historia, y por eso aparece con mucha frecuencia en programas como los de Jon Stewart y Conan O’Brien, donde no vale sólo con ofrecer análisis político, sino que también se valora mucho esas historias personales del tipo ‘yo estuve allí’.

Hay críticas que sí tienen un punto algo cómico. Un analista dice que la historia despierta dudas “sobre su credibilidad en un negocio que valora esa virtud sobre cualquier otra”. Es probable que valore mucho más los índices de audiencia y la cuenta de resultados, aunque es cierto que la falta de credibilidad puede llegar a tener resultados funestos en el precio de las acciones de una empresa de comunicación.

Antes de llegar a ese punto, las empresas se ocupan de proteger su inversión. En el caso de presentadores de informativos, las cadenas los envían a veces a cubrir guerras o catástrofes no porque lo sepan hacer mejor que los reporteros que conocen esos lugares, sino para reforzar su estatus profesional. Eh, no se limitan a leer el autocue o elegir los contenidos. También se la juegan para viajar a ese sitio peligroso, como cualquier otro periodista. Se trata de una inversión inteligente en la imagen de alguien que será durante muchos años uno de los símbolos de la cadena.

Ahora Williams ha anunciado que dejará de presentar el informativo durante algún tiempo, lo que quiere decir que aspira a volver al puesto. Dependerá del nivel de la tormenta que caiga sobre él. Ya dijo alguien que “Internet se lo iba a comer vivo”. Eso es precisamente lo que está pasando. Cuando eres carne de meme, vas a necesitar algo más que tiempo para reconstruir tu imagen.

En el peor de los casos, le sustituirá alguien que tendrá más cuidado con sus historias personales, pero que no tardará en viajar a esos sitios peligrosos para estar en condiciones de decir ‘yo estuve allí’.

(*) Me confieso fascinado por ese veredicto del Tribunal Supremo de EEUU, que revela una concepción de la libertad de expresión que va más allá de los derechos de los periodistas. La libertad de expresión no es (o no es sólo) una facultad que permite a los periodistas hablar de asuntos públicos de la máxima importancia. Y no es un derecho que protege únicamente a los que hacen una aportación positiva a la sociedad, sino a todos. De lo contrario, estaríamos dejando al Gobierno y al Parlamento, es decir, al poder, que decida qué opiniones son tolerables o no (lo que a su vez pondría en peligro los derechos de esos periodistas de los que hablaba en la frase anterior).

Por la misma razón, el ejercicio de ese derecho puede dar lugar a declaraciones que sean censurables políticamente o moralmente, como es el caso de alguien que diga ser un héroe de guerra y no lo haya sido, pero no penalmente. Ese es un buen baremo para valorar a aquellos que dicen ser defensores de la libertad de expresión.

Corrección: en una edición anterior, escribí que Williams había firmado un contrato de diez millones de dólares por cinco años. Era un contrato de cinco años pero por unos diez millones cada año, según los medios norteamericanos.

21.30

Hay un factor que he dejado fuera del artículo: los privilegios de las estrellas de la televisión. Eso de apropiarse de experiencias pasadas por otros, más que un error esporádico, es la forma habitual de comportarse de las estrellas en esas coberturas. Se lo cuentan a Jay Rosen.

 

 

 

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

‘El resplandor’, esa agradable comedia feel-good que tanto nos hizo sonreír, y otros tráilers de películas de Kubrick ligeramente alterados.

–Recordando la noche en que ganaron el Oscar.
George Lucas y Robert Redford hablan de cine en Sundance.
–Una visión del siglo XX en fotos en blanco y negro.
–Por qué seguimos obsesionados con los nazis.
–Así se enfrentan los trenes canadienses a la nieve. Incluso con carga peligrosa.
–Qué pasaría en el planeta si desaparecieran los seres humanos.
–Perros nadadores.
–Músicos leen tuits sobre ellos.
–Buceo sin gravedad.
–Bill Simmons cuenta el final de la Super Bowl.
Quitar el hielo de la pista con el motor de un caza.
–La página de error de Bloomberg Business es fantástica.

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252 palabras del BCE contra dos millones de votos

draghi

El BCE ha recordado a los griegos que están internados en una prisión de la que no pueden escapar fácilmente. Y los alcaides del centro penitenciario (también llamado eurozona) no sólo tienen las llaves sino la firme voluntad de que nadie pueda saltar los muros. Ni tampoco mejorar las condiciones de vida en las celdas.

En la noche del miércoles, el Banco Central Europeo ha emitido un comunicado de 252 palabras con el que pretende neutralizar los 2.246.064 votos obtenidos por Syriza en las últimas elecciones. En otras palabras, no es culpa del BCE si los votantes eligieron al partido equivocado. Ya no aceptará la deuda griega como garantía de los préstamos que concede a los bancos de ese país para prestarles dinero con el que salvaguardar su liquidez. Es decir, para que puedan seguir operando con normalidad.

Como es habitual con el BCE, la decisión está disfrazada con la terminología habitual que siempre se refiere a las normas de la institución. Se levanta una excepción que hacía posible algo imposible: el estatus crediticio de esa deuda ofrecida por los bancos no estaba a la altura de los mínimos exigidos, pero se les había concedido ese derecho como parte del programa de rescate del país. Dado que el nuevo Gobierno ha anunciado que el mantenimiento de ese sistema condena al país a la pobreza y quiere cambiar las condiciones, el BCE dice que la excepcionalidad toca a su fin. ”Actualmente no es posible asumir una conclusión exitosa de la evaluación del programa”, dice el comunicado en ese lenguaje frío que intenta hacer ver que se trata de una decisión forzada por las circunstancias, casi un fenómeno natural inevitable, como la crecida de los ríos que sucede a una fuerte tormenta o deshielo.

El comunicado no es en sí mismo el inicio del Armagedón bancario. Los bancos griegos no dependen por completo de la deuda pública de su país para presentar garantías. Pero el BCE les dice, también con palabras finas, que las necesidades de liquidez de esos bancos tendrán que ser satisfechas por su banco central correspondiente, que es el que tiene su sede en Atenas. No es mi problema. No vengan aquí a pedir ayuda.

¿Está apostando el BCE por una fuga masiva de depósitos, no ya de las grandes empresas, sino también de los ciudadanos? Sería de una irresponsabilidad increíble y además hay que recordar el anterior párrafo. Desde principios de enero, ha habido una retirada importante, no masiva, de fondos del sistema financiero griego, y eso no ha causado el pánico.

Llegados a este punto, hay que recordar las sabias palabras del entonces gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, que dijo en una comparecencia en el Parlamento que iniciar un ‘bank run’ (fuga masiva de depósitos por los ciudadanos) quizá no sea una decisión racional, pero unirse a ella cuando ha comenzado (quizá sin que se conozcan exactamente las razones) sí puede ser una decisión perfectamente racional. En esos casos, nadie quiere ser el idiota que se quedó en casa pensando que esa reacción era exagerada para descubrir más tarde que todos los demás han ido corriendo al banco y formado ya colas interminables. King lo sabía bien porque eso es lo que pasó en el banco Northern Rock en 2007. No había ocurrido nada parecido en el Reino Unido en los 150 años anteriores.

Y ahora pongámonos en la piel de los griegos que aún tienen cantidades de dinero relevantes en sus bancos y especulemos con lo que pueden empezar a pensar cuando vean los titulares el jueves.

Ya antes de que se conociera la decisión del BCE, Bernardo de Miguel explicaba desde Bruselas que la ofensiva de Tsipras y Varufakis iba a ser frenada en seco: “El gobierno alemán se ha encargado de minar el terreno que pisará Varoufakis en la última etapa de una gira europea que ya parece irremisiblemente condenada al fracaso”. A ello había que sumar los primeros comentarios, procedentes de fuentes anónimas, que indicaban que el BCE se oponía de forma tajante al plan esgrimido por Varufakis para cambiar la gigantesca deuda por dos tipos de bonos nuevos, ligados al futuro crecimiento del país.

Grecia pedía tiempo para negociar y para eso necesitaba que el BCE mantuviera asegurada la liquidez de los bancos griegos durante los meses entre el abandono del programa de rescate y un nuevo acuerdo que fuera posible en junio. Italianos y franceses no dieron muchas esperanzas, pero al menos acogieron sin hostilidad las ideas que escucharon del primer ministro griego y su ministro de Finanzas. Antes de la reunión de este jueves en Berlín entre Schäuble y Varufakis, los alemanes ya mostraron signos de que no estaban dispuesto a moverse ni un centímetro. No tenían de qué preocuparse. El BCE se iba a ocupar de dar el tiro de gracia a la gran evasión de Varufakis.

Como en los tiempos de las cartas de Trichet a los gobiernos del sur de Europa, el BCE ha tomado una decisión política con la que determinar las decisiones políticas de las autoridades políticas de un país miembro de la eurozona. Estas son las reglas de la eurozona. Los gobiernos no pueden influir en las decisiones del BCE, porque es una institución independiente. El BCE sí puede influir en las decisiones de los gobiernos, porque estos sólo cuentan con la legitimidad democrática que dan los votos, y esa es una divisa que cotiza muy bajo en las instituciones europeas.

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Otro crimen horrendo del ISIS

isis jordania

Metieron al piloto en una jaula y le prendieron fuego. Antes habían impregnado su mono naranja con una sustancia inflamable, probablemente gasolina. Las llamas se propagaron de inmediato. Poco después, Moaz al-Kasasbeh era una bola de fuego. ISIS ha creado un método de matar aún más salvaje que degollar a un rehén,

El asesinato del teniente de la Fuerza Aérea jordana es otra herramienta de terror para ISIS. Llama la atención que hayan reservado esta forma de matar para un musulmán, que además había hecho la peregrinación a La Meca, pero sólo si, obsesionados por la posible amenaza que suponen los yihadistas en Europa, pensamos que nosotros somos sus principales enemigos. En realidad, ya está dicho pero hay que seguir recordándolo, casi todas sus víctimas son musulmanes y sus mayores enemigos son musulmanes. Al-Kasasbeh era un militar, alguien enviado por un Gobierno árabe para acabar con los yihadistas. Reservaron para él el peor destino.

En las últimas semanas y a través de intermediarios, se estaba produciendo una negociación entre ISIS y el Gobierno jordano con vistas a un intercambio entre el piloto y Sajida al-Rishawi, una mujer iraquí, encarcelada desde hace nueve años por su participación en un atentado en 2005 contra un hotel de Amán en el que murieron 57 personas. Los explosivos que llevaba escondidos en su ropa no llegaron a estallar. Los de su marido, sí. Ella fue condenada a muerte en el juicio, pero la sentencia no se llegó a aplicar. Ahora varios medios informan que será ejecutada en las próximas horas. El piloto es miembro de una de las principales tribus jordanas, de la que forman parte unas 25.000 personas, que no espera otra cosa que se ejecute la sentencia cuanto antes.

La televisión pública jordana ha informado que el asesinato del piloto se produjo hace varias semanas, en los primeros días de enero. Algunos mensajes aparecidos entonces en Twitter lo daban a entender, pero nadie lo había confirmado. Quizá el Gobierno lo sospechara y por eso pidió una prueba de vida del rehén que nunca llegó.

Una interpretación que ha circulado en las últimas horas es que la noticia de la muerte de Moaz al-Kasasbeh se ha conocido ahora porque ISIS quiere compensar así el impacto de su derrota en Kobani, el pueblo kurdo situado junto a la frontera entre Siria y Turquía, que estaba siendo sitiado desde diciembre. En un lugar sin demasiada importancia estratégica en la guerra de Siria, los yihadistas se enfrentaron a la respuesta desesperada pero valiente de las milicias kurdas del YPG, de ideología izquierdista. Al principio, combatían solos y en una situación de completa inferioridad en hombres y armamento. La cobertura de la noticia en los medios de comunicación hizo que los turcos permitieran el paso de algunas unidades kurdas, no demasiadas porque desconfían del YPG, aliado con el PKK. Fueron más decisivos los bombardeos de los aviones norteamericanos que detuvieron la ofensiva cuando parecía que iba a pasar por encima de la resistencia de los defensores de Kobani. Después, las milicias consiguieron recuperar el control del pueblo, calle por calle, durante todo el mes de enero.

Fue la derrota más mediática de ISIS. No la primera, pero sí la que tuvo más cobertura en los medios. Matar de esta manera al militar jordano es su respuesta.

Tal nivel de terror parece imposible de entender. La lógica es también terrorífica, pero no necesariamente irracional. Todos los ciudadanos árabes saben que sus gobiernos son capaces de cualquier cosa para imponer el orden y someter a sus adversarios. ISIS pretende enviar el mismo mensaje: nadie nos puede parar, podemos aplicar el mismo nivel de terror que esos gobiernos a los que tenéis tanto miedo, no tememos a esos estados tan poderosos ni a su mujabarat y estamos en condiciones de devolver golpe por golpe. No nos interesa negociar y vamos a llegar hasta el final.

Evidentemente, hay un largo historial de fanáticos que se creyeron invencibles y que acabaron mordiendo el polvo. Consiguieron hacerse más enemigos de los que podían afrontar. Lo malo es que Siria, y en menor medida Irak, son un terreno fértil para grupos como ISIS. Incluso si fuera factible una intervención militar masiva, los beneficiarios últimos podrían ser aquellos, como el Gobierno sirio o Al Nusra (es decir, Al Qaeda) que también están en la lista de enemigos de los países occidentales.

Esa es la principal baza de ISIS en la guerra de Siria.

12.00

Al final, fueron dos los ejecutados. Sajida al-Rishawi y Ziad al-Karbouli, dirigente de Al Qaeda en Irak, condenado este último por la planificación del mismo atentado en el que intervino la mujer. En la noche del martes se produjeron manifestaciones de duelo y protesta en Amán y Karak, donde había nacido el piloto.

Según una encuesta de noviembre, el 59% de los jordanos apoya la ofensiva militar contra ISIS.

Foto: la esposa del piloto jordano, tercera por la izquierda, y otras mujeres sostienen fotos de Moaz al-Kasasbeh en un acto en una universidad de Amán el 3 de febrero.

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