Qué es lo que se puede y se debe hacer en Bangladesh

140.000 niños de menos de cinco años murieron en Bangladesh en 2010.  En España, unos 2.000. No hay que hacer juegos con los números para apreciar la diferencia. La vida en Bangladesh es una experiencia terrible. La clase de condena que fomenta la falta de esperanzas y convierte a los ciudadanos en esclavos, en el pasado de un imperio, hoy de un régimen autoritario.

Pues bien, no es cierto esto último. Frente la idea habitual en Occidente de un pueblo del Tercer Mundo resignado y controlado por la religión (hay a veces grados de verdad en esto último), Bangladesh sí cuenta con una tradición de lucha sindical prácticamente desde la fundación del país en 1971, y que en realidad se remonta a muchas décadas atrás.

Lo cuenta el historiador indio Vijay Prashad, que explica cómo la apuesta del país por la industria textil –una elección obvia dada la falta de recursos naturales– se vio acompañada desde el principio por la represión de los derechos sindicales. Eso no incluía sólo la prohibición de los sindicatos, sino incluso la eliminación de algunos de sus líderes o la respuesta violenta por las fuerzas  de seguridad de las protestas en la calle contra los despidos o en favor de mejores condiciones de trabajo.

El título del artículo de Prashad deja clara su posición: “Bangladeshi workers need more than boycotts”. Frente a la típica posición occidental de ignorar a un país y reaccionar con un impulso de furia al conocer una desgracia ocurrida allí, el historiador propone una opción con más garantía de éxito: apoyar a aquellos que están arriesgando su vida.

El dinero está detrás de todo ese sistema de producción (vaya sorpresa, como si eso fuera una aberración excéntrica). El dinero que el Gobierno consigue vía impuestos y puestos de trabajo creados. El dinero que las grandes marcas se ahorran al producir sus prendas en Asia. Y, por último (y este es un detalle que curiosamente es más difícil de encontrar en muchos enfurecidos artículos de denuncia por los centenares de muertos de la fábrica), el dinero que el consumidor europeo y norteamericano se ahorra al comprar esa ropa.

Cabría en este punto pensar que un cambio de costumbres de los habitantes de países ricos serviría para algo. No esperemos que eso suceda. Es más fácil indignarse que ser capaz de pagar unos euros de más por ropa que se ha confeccionado en condiciones dignas.

La palabra clave es presión. Un boicot no serviría de mucho, dice Prashad. Se trata de ayudar a los trabajadores para que puedan organizar sus sindicatos frente a los obstáculos que interponen el Gobierno y las empresas de Bangladesh. Y presionar a los gobiernos occidentales para que dejen de tratar a sus grandes empresas con guante de seda y se decidan a imponer condiciones de trabajo más dignas.

La realidad es que es más factible convencer a los Gobiernos que a los consumidores. No es imposible. Al poco de conocerse la tragedia, dos altos cargos de la UE, Catherine Ashton y Karel de Gucht, dijeron que estaban estudiando cómo obligar al Gobierno asiático en función de las responsabilidades que asume gracias al acuerdo que le permite exportar a la UE sin aranceles ni cuotas.

Fueron sólo unas frases de un comunicado. Fuentes de la UE dijeron al FT que era poco probable que se llegara tan lejos como para quitarle a Bangladesh estos privilegios. Era sólo una amenaza. Sí se hizo con Birmania por tratarse de una dictadura, y en otros casos en el resto del mundo la UE ha aprobado sanciones y medidas punitivas tras violaciones de derechos humanos o guerras. Por razones políticas, los países occidentales son de gatillo fácil al castigar a sus rivales.

Pero resulta que en la concepción de los derechos humanos de los gobiernos europeos no caben los derechos económicos. Trabajar en condiciones espantosas aparentemente no vulnera los derechos humanos. Tampoco que un Gobierno acepte poner en peligro la vida de los trabajadores negándose a aplicar sus propias leyes en materia de seguridad. Detener a un opositor político conocido te pone en el punto de mira de la UE. Si es un activista sindical de un país asiático, una respuesta firme sería… ¿cómo suelen llamarlo? Contraproducente.

La presión es perfectamente posible y justificable. La meta no es irrealizable. La ONG Workers Rights Consortium tiene un plan con un coste de 600.000 dólares para cada una de las 5.000 empresas textiles de Bangladesh y que alcancen así los niveles de seguridad habituales en Occidente. Si los 3.000 millones totales se repartieran a lo largo de cinco años, supondría un coste extra de 10 centavos sobre cada prenda que sale de esas fábricas. Al final de la cadena, el sobrecoste podría llegar a 25 centavos.

A corto plazo, hay otras medidas posibles de efecto más inmediato. Las empresas extranjeras pueden firmar un acuerdo de prevención de incendios (hecho posible no por la presión de consumidores occidentales, sino por las organizaciones sindicales de Bangladesh con la ayuda de sindicatos extranjeros) controlado por inspectores independientes y que sea de obligado cumplimiento para las marcas extranjeras.

Dos compañías han aceptado firmarlo, pero dos de las más grandes (la norteamericana Wal-Mart y la española Inditex) se han negado, según WRC.

Es posible que una de las razones sea que el texto incluye la exigencia de que se pueda exigir el cumplimiento de esas condiciones en los tribunales de cada país, no sólo en Bangladesh.

Ya va siendo hora de que cambien de actitud. A todos los efectos, estas empresas operan en un mercado laboral global y sus productos están destinados a un cliente también global. Sus responsabilidades también son globales. A menos que quieran que se les compare con la Compañía Británica de las Indias Orientales y que se diga de ellas que sus beneficios proceden de la explotación más cruel de otras zonas del mundo, deben asumir que las condiciones de trabajo de sus operarios forman parte también de los costes de su modelo de negocio, y no sólo de sus beneficios.

La alternativa no es el cierre de esas fábricas, lo que equivaldría casi a una condena a muerte a miles de trabajadores, sino hacer que sean diferentes. La alternativa no debe ser trasladar el problema a otro país.

La presión puede surtir efecto, y de hecho el Gobierno de Bangladesh ha dado señales de que está dispuesto a aplicar reformas. Tiene mucho que perder porque otros países, como Camboya y Birmania, también quieren ser el próximo Bangladesh.

¿Qué ocurrirá en esos países si nos limitamos a poner a Bangladesh en una lista negra para acallar nuestra conciencia? La pregunta es incorrecta. Hay que preguntarse qué está ocurriendo.

En Camboya, en una fábrica con 2.900 trabajadores llamada E Garment, que opera para firmas occidentales, se están violando los derechos sindicales, según una investigación de WRC. Siete miembros de un sindicato independiente fueron despedidos después de ser atacados por miembros de un sindicato rival favorecido por la empresa. La denuncia fue enviada a los clientes extranjeros de E Garment. Algunos, entre ellos Inditex, ni siquiera se dignaron a contestar. H&M se limitó a responder con la versión falsa de la empresa, en la que las víctimas resultaban ser los agresores.

Es un cambio de modelo de producción lo que se necesita, no un cambio de país.

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10 respuestas a Qué es lo que se puede y se debe hacer en Bangladesh

  1. David Peñasco Maldonado dijo:

    ¡Vuélvete a Rusia, rojo! ¿No ves que Inditex es una de la empresas que están creando Marca España? ¿A quién le importan unos cuantos niños muertos cuando el señor Amancio Ortega, un emprendedor ESPAÑOL, está en la lista Forbes? La culpa es de los consumidores, que han comprado vaqueros por encima de sus posibilidades.

  2. vlasov dijo:

    Interesante perspectiva la defendida en esta entrada.

    Solo un pequeño apunte: comprar caro no es garantía de mejores condiciones o de factura en otros paises con mejor tratamiento de sus trabajadores.

    Mientras escribo esto, llevo un polo Tommy Hillfiger -comprado hace varios años- y está fabricado en Laos. Algo parecido podríamos decir de Ralph Laurent o Nike y sus camisetas oficiales de equipos punteros de futbol españoles a 72 euros la camiseta…hecha en China.

    Redondearía el artículo señalando que este fenómeno de ropa esclava afecta a todos los productos textiles, baratos y caros, con el agravante de que algunos poseen marcas que les permiten multiplicar exponencialmente las ganancias obtenidas porque, pese al precio, obviamos su origen.

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  4. Pablo dijo:

    El boicot no es posible desde el momento en que entras en una tienda, grande o pequeña, pertenezca a una franquicia o no, y toda la ropa que encuentras es Made in Vietnam, Made in China o Made in Bangladesh. Ya no hay alternativa, a no ser que nos pongamos a esquilar ovejas y fabricarnos nuestra propia ropa en casa.

    P.D.: Curioso que ningún medio mencione que El Corte Inglés estaba en la lista de clientes de la fábrica que se ha derrumbado. ¿Miedo a que una marca importante retire sus anuncios en un momento en que el mercado publicitario está en crisis?

  5. Kathy dijo:

    Mientras sigamos estando zombificados por la cultura consumista hay poco que hacer…Por qué compraríamos una prenda algo más cara si puedes comprarte 2 por ese mismo precio? A eso tenemos que añadir que la capacidad adquisitiva del consumidor occidental se reduce mientras que las ansias consumistas siguen siendo las mismas o mayores, si me apuras. La cuestión es consumir y la satisfacción la hallamos en el propio hecho de comprar, independientemente de si dejamos la prenda colgada en el armario y jamás la usamos: es cuestión de *cantidad y no de calidad* (y aún menos de quien las condiciones miserables del trabajador que la hace) tanto para el consumidor, como para el productor, que sólo quiere tener la maquinaria productiva funcionando a todo trapo. Efectivamente, si Bangladesh mejora las condiciones de sus trabajadores textiles y eso supone un aumento de precio, otro país tomará el relevo en el modo de producción miserable, para seguir satisfaciendo la compulsión consumista occidental y la codicia infinita de la multinacional que produce.

    La única solución, la única (sobre todo por el esquilmamiento del planeta), es el abandono de la cultura consumista y el decrecimiento económico, todo lo demás supone una huída hacia adelante. Pero ésto, aunque inevitable a medio plazo, parece que a corto plazo no le gusta a nadie, y se intenta evitar la cuestión poniendo parches, que no hacen más que postergar (poco) que el sistema entero salte por los aires.

  6. PRESIDENT MAO dijo:

    Isidoro Álvarez necesita un yate nuevo, (¡y que tenga helipuerto!). Seiscientos trabajadores muertos no le van a apartar de su sueño…

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  8. HPerezTapia dijo:

    Íñigo,

    Me parece que decir que 140 mil niños murieron en 2010 no es más que hacer demagogia con los datos si no mencionas también las otras filas de la tabla:

    Under-5 mortality rate, 1990 …………………..143
    Under-5 mortality rate, 2010 …………………….48
    Infant mortality rate (under 1), 1990 …………..99
    Infant mortality rate (under 1), 2010 …………..38

    Vamos, que 140 mil niños muertos (entre más de 3 millones de nacidos al años -con lo que tu comparación con España también es ridícula, por cierto-) es una barbaridad, pero son muchos menos que hace 20 años y se sigue reduciendo el número cada año que pasa. Ese es el camino del progreso. Y oye, si tienes una fórmula mágica para pasar de el status actual a una situación como la de España de la noche a la mañana, tiempo estás tardando en compartirla (lo que no quiere decir que no me gustaría que el progreso fuera más rápido, pero eso es una cuestión de matices).

    H

  9. Xaquín dijo:

    Joder…parece conseguida la cuadratura del círculo (y según dicen no es fácil, en periodismo también resulta imposible)…
    Pero gracia me hace el comentario que “le echa la culpa al progreso”. No sabía que el progreso, la historia, la ideología, los terremotos, el ADN… pudieran ser responsables de algo. Siempre pensé que la responsabilidad es un privilegio de los seres humanos.
    Y sí, muy bien, cuando alguien señala con el dedo a gobernantes, empresarios y consumidores ,está bien eso de decir “patatín y patatán” (para desviar la atención)…porque sí, los consumidores y sus vaqueros (o inertes jeans) son también responsables! Creo que se llama corresponsables (y no leer corresponsales que, por cierto, también debiamos serlo más).

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