Un espectáculo obsceno a la altura de la Unión Europea

Nada mejor que los niños para endulzar una foto propagandística. Los tipos de los trajes sonríen, se colocan cerca de ellos, se hace la foto y se difunde por redes desde la cuenta de un asesor. Un grupo de familias de refugiados coge un avión con destino a un país europeo donde tendrá el apoyo necesario. El viaje que iniciaron hace años desde su país de origen está muy cerca de tocar a su fin. Su sueño está a punto de cumplirse.

En esta foto sólo aparece el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz. En el aeropuerto, en la misma pista de aterrizaje, estaban todos. A saber, Schulz, Alexis Tsipras (primer ministro griego), Dimitris Avramopoulos (comisario europeo de Inmigración), Jean Asselborn (ministro de Exteriores de Luxemburgo) y  Yannis Mousalas (ministro griego de Inmigración). Con ellos, altos cargos, asesores, traductores, escoltas, personal del aeropuerto y periodistas. Casi tantos como los refugiados.

Estos últimos eran 30. Su destino, Luxemburgo, donde encontrarán acogida gracias a la cuota concedida por el Gobierno de ese país, que asciende a la cifra de 181 personas procedentes de Grecia. Es una cifra pequeña para un país pequeño, pero era suficiente para montar esta vez un pequeño show a disposición de las cámaras con el que demostrar que la Unión Europea se preocupa. Como dice Pablo Rodríguez:

“Un enorme despliegue político y mediático, con periodistas, fotógrafos y las cámaras de la UE retransmitiendo las imágenes en directo para toda Europa. Un despliegue absolutamente desproporcionado que roza la obscenidad”.

¿Cómo definirlo de otra manera? El programa de reubicación oficial promovido por la UE para la refugiados que se encuentran en Grecia ha beneficiado ya a 116 personas. 116.

Sabemos que centenares de miles de personas han entrado en territorio europeo para huir de las guerras de sus países o de un destino miserable en los países vecinos. La Unión Europea ha celebrado cumbres para encontrar una solución a esta marea humana y ha establecido unas cuotas, ridículas por insuficientes, que muchos países se niegan a aceptar, o que aceptan, como es el caso de España, pero sin que hasta ahora se conviertan en realidad.

Sabemos que la posición oficial de la UE es que hay que establecer un sistema de registro de refugiados cuando llegan a un país de la Unión y que a partir de ahí sean distribuidos en aquellos países dispuestos a acogerles a través de unos criterios pactados de antemano. Nos dicen que ese movimiento masivo de personas cruzando las fronteras es una situación imposible de manejar que no puede permitirse.

Mientras los gobiernos discuten cómo establecer un sistema que saben que no puede funcionar, entre otras cosas por su falta de voluntad y la cifra insignificantes de refugiados que admiten, en la isla de Lesbos ya no tienen sitio para enterrar a los muertos, a aquellos que ya no serán un problema para UE. Son los supervivientes lo que de verdad preocupan a nuestros gobiernos.

La realidad es que la única esperanza de esos refugiados es asumir la responsabilidad de encontrar un destino. Cruzar un mar en el que pueden morir ahogados. Iniciar un penoso viaje a pie en la mayoría de los casos, ahora bajo condiciones meteorológicas mucho peores que hace un mes, para atravesar fronteras de países cuyos gobiernos en algunos casos les tratan como si fueran ganado o, como mínimo, una amenaza.

Pretendemos que esperen a conseguir su puesto en una lotería macabra en la que el premio incluirá una foto con Schulz y un pasaje de avión.

Sí, es obsceno.

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