Obama se queda solo (pero con el arma nuclear del veto)

newyork_post.750Obama ha llamado por teléfono al futuro líder de la mayoría en el Senado, el republicano Mitch O’Connell para felicitarle por la victoria del martes. Nadie ha cogido la llamada y ha tenido que dejar un mensaje en el contestador.

Vale que no lo van a tener mucho en cuenta desde ahora, pero al menos que no le dejen colgado al teléfono.

La derrota ha sido contundente y generalizada, incluso superior a lo que indicaban las encuestas. También ha ocurrido en aquellos territorios como Colorado en los que la evolución sociológica y étnica parece favorecer ahora a los demócratas y en el futuro. Quizá sea así en las elecciones presidenciales, en las que hay una mayor participación de las minorías, pero en las legislativas eso no se nota.

Ayer escribía sobre los errores y limitaciones de Obama. Había dejado fuera a los republicanos, con lo que el análisis estaba incompleto. Hay que reconocer que el GOP aprendió de anteriores errores.

En primer lugar, el aparato del Partido Republicano, al que muchos daban por engullido por las enfervorizadas huestes del Tea Party, se aplicó para impedir que esta fuerza insurgente les reventara las primarias. Tenían que poner fin a todos esos candidatos tan chalados o extremistas que daban ventaja a los demócratas sólo con que presentaran a alguien que supiera vocalizar y que no alegara haber sido abducido por un ovni.

Luego los republicanos impartieron seminarios a muchos candidatos, sobre todo noveles, para dejarles claro cómo debían comportarse en público, clases que incluían el visionado de algunos de los más gloriosos patinazos de republicanos ultras que fracasaron en las urnas.

Si los republicanos más ‘colgaos’ atienden a nuestras súplicas y necesidades de diversión, intentarán poner en marcha un proceso de ‘impeachment’ en la Cámara de Representantes contra Obama, pero no creo que tengamos tanta suerte. Les será más fácil bloquear cualquier intento legislativo de la Casa Blanca, en el improbable caso de que exista ya algo así, o dejar sin financiación los cambios que exijan el visto bueno del Congreso.

Y así Obama quedará circunscrito a lo habitual en los dos últimos años de un presidente: política internacional y discursos.

Hay un matchball el 11 de diciembre, un mes antes de que se inicie la nueva legislatura, cuando una vez más la Administración se queda sin fondos para seguir operando. Es probable que los republicanos prefieran aprobar los fondos necesarios hasta el momento en que ellos tengan la mayoría. Una medida de fuerza sería un regalo propagandístico para los demócratas.

A corto plazo, escucharemos las típicas promesas sobre lo muy necesario que es que demócratas y republicanos trabajen juntos en favor de los intereses generales, como dicen las encuestas que reclaman los ciudadanos. Lo más probable es que estén mintiendo o que con suerte no lo descarten si se dan circunstancias tan favorables como improbables.

A los republicanos les interesa ponerse la piel de socio responsable, porque así podrían pedir a Obama que no cumpla su amenaza de hacer algunos cambios en las leyes de inmigración a golpe de decreto. Desde luego, si hay una promesa de construir un consenso sobre este tema, habrá que ser muy escépticos.

El problema de Obama es que tiene ya poca munición para enfrentarse a los republicanos, excepto lo que llaman el poder del púlpito. Sí cuenta con armas nucleares, que es como podríamos llamar a la capacidad de veto de cualquier iniciativa legislativa. Puede hacerse fuerte en la Casa Blanca y tumbar con su veto cualquier amenaza. Lo malo es que iría contra su mantra habitual de que los políticos están obligados a olvidarse de sus diferencias en los casos que más preocupan a los votantes. Obama es un pactista nato. Lanzar un misil con cabeza nuclear sobre el Capitolio no va mucho con su carácter.

A pesar de esta victoria, los republicanos lo tendrán difícil en las presidenciales de 2016. Su última generación de líderes no es impresionante, pero aun así tiene el número suficiente de candidatos como para que haya una animada disputa. Todos ellos sufren el mismo problema: en su intento por complacer al electorado blanco y conservador (y más masculino que femenino), ignoran a sectores sin los cuales la Casa Blanca les queda muy lejos.

Al otro lado, Hillary Clinton se erige en la alternativa probable, que no segura, de los demócratas. En teoría, ella aporta precisamente cosas que pueden sumar apoyos para los demócratas en algunos estados: una mayor cercanía con la clase trabajadora de raza blanca y una posición conservadora en política exterior. Y supongo que tendrá muy presentes los errores de su campaña fallida de 2004.

La coalición de Obama no se presentó en las urnas. Y de los más jóvenes, ya ni hablamos. No le hicieron mucho caso a Jon Stewart.

poredades

23.50

Ahora mismo no es posible saber cuál ha sido el índice de participación, pero ya se han hecho algunas estimaciones. Por ejemplo, en una que destaca FiveThirtyEight el porcentaje calculado es del 36,6%, inferior a la registrada en otras elecciones de mitad de mandato (40,9% en 2010, 58% en 2012). Los porcentajes varían mucho en función del Estado (por ejemplo, 59,3% en Maine o 28,5% en Texas). La participación aumenta si también se votan referendos sobre cuestiones que movilizan a la gente. Y en algunos estados los republicanos trabajan activamente para reducir la participación de las minorías o las clases populares.

Como se puede apreciar en los resultados de las consultas sobre el salario mínimo, no fueron todo victorias de la derecha en las urnas.

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