Un buen consejo en el día de elecciones

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Votar es más un derecho que un deber. El problema es que no hacerlo es lo mismo que subcontratar el derecho al resto de los ciudadanos. Y los hay muy burros ahí fuera.

Y recuerda: si no votas, no existes para los políticos. La abstención es una pistola de agua. El establishment sobrevivirá igual con un 50% o con un 70% de abstención.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Akira Kurosawa, el otro director de ‘La guerra de las galaxias’.

‘The Shawshank Redemption’, un fracaso en cine, un éxito inmenso en televisión.
–Un corto de Guillermo del Toro de 1987.
Abel Ferrara, siempre irresistible, aunque ahora más sobrio.
–Internet y Tom Cruise, una relación complicada.
Morgan Freeman supera la prueba del helio.
Otra entrega del estupendo ‘actores leen tuits sobre ellos’.
‘La sirenita’ versión tiburón.
–Lo que hacían antes los actores de ‘Juego de tronos’.
David Bowie habla sobre Ziggy Stardust.
–Las últimas palabras de Tupac Shakur.
–La caza del Chapo.
–Una lista de grandes reportajes publicados en EEUU en 2013.

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La memoria histórica en Ucrania

nazis ucrania

Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla, dice esa frase que se ha convertido en un cliché. Pero aunque sea un lugar común, no deja de ser verdad. También es cierto que hay pueblos que son prisioneros de su historia y parecen condenados a repetir los errores del pasado. Lo que es indudable es que la memoria histórica es el elemento fundamental con el que se construye una identidad cultural y política. Ignorarlo, como se hace habitualmente en España, sólo sirve para perpetuar los conflictos. La apelación a mirar hacia adelante es sólo un truco de los políticos con el que intentar huir de su responsabilidad.

José María Faraldo escribe sobre las dos legitimidades históricas que afectan al conflicto de Ucrania: «El problema surge de la percepción distinta que los ciudadanos ucranios tienen de los acontecimientos de la II Guerra Mundial y de la posguerra». Una parte de la población recuerda la resistencia contra el invasor alemán como una gran guerra de liberación en la que además lo que hoy es Ucrania sufrió la parte más dura del terror nazi.

Por el contrario, lo que recuerdan muy bien los otros ucranianos, es que «Moscovia —identificada con la Rusia de los zares, la URSS de Stalin y la Federación Rusa de Putin— invadió Ucrania y la sometió a un régimen colonial de explotación y sometimiento. Ucrania —repartida desde antiguo entre varios imperios— fue sometida por Stalin a un holocausto de hambre —el llamado Holomodor—, donde murieron varios millones de ucranios y a una colectivización forzosa de la agricultura que causó varios millones más, entre muertos y deportados».

La Ucrania que detesta a Moscú considera que el sometimiento de su tierra a la voluntad primero de los zares y luego de la URSS supuso una tragedia colectiva de dimensiones incalculables. «Pero no asume —o sólo en muy pequeña medida—, el hecho de que los “patriotas” ucranios que prevalecieron (en la lucha contra la URSS) fueron la fracción más nacionalista, un movimiento fascista culpable de crímenes horrendos, que asesinó a decenas de miles de polacos y de ucranios que no se sometían a sus dictados. Y de judíos. La participación del fascismo ucranio en el Holocausto es innegable, su consideración del judío como enemigo en todos los aspectos, no muy distinta de la de los nazis».

Si los nacionalistas ucranianos no tuvieron un papel más relevante en el Holocausto, fue porque, para los nazis, los ucranianos no eran más que otro pueblo eslavo del que había que desconfiar y, como parte de la URSS, arrasar.

Faraldo lamenta que los sucesivos gobiernos de Kiev no hayan sido capaces de construir un consenso que supere esas diferencias. En ese sentido, es demasiado optimista, a menos que se refiera a un consenso mínimo que permita asegurar la convivencia. Si esos políticos hubieran llevado a cabo una gestión política mínimamente decente, lo que no es el caso, esas discrepancias históricas habrían seguido estado presentes, aunque no habrían servido para atizar el enfrentamiento.

Pero, como demuestra el caso de España o también el de EEUU, es una ilusión la idea de que se pueden hacer desaparecer las heridas del pasado originadas en guerras civiles que ocurrieron en décadas o incluso siglos atrás. Sólo se puede convivir con ellas. Más tarde o más temprano, volverán a salir a la luz. De lo que se trata es de intentar que no sean la materia prima básica de un nuevo conflicto violento.

Foto: un chico contempla a su familia asesinada por los nazis en Zboriv, Ucrania, 5 de julio de 1941. Un oficial alemán lo mató de un tiro momentos después.

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La farsa de las elecciones egipcias

Las elecciones presidenciales egipcias no dejan mucho margen para la sorpresa. Son poco más que un espectáculo para que salga elegido el general Sisi. Sí es cierto que hay un candidato más, el progresista Hamdeen Sabahi, que ya se presentó a las anteriores elecciones presidenciales.

Como en cualquier régimen autoritario, en especial si ha salido de un golpe de Estado, las nuevas autoridades corren el peligro de confundir la realidad que han creado con sus acciones con la ‘otra’ realidad, lo que de verdad ocurre sobre el terreno.

Según una encuesta de Pew, no es cierta la idea, alentada por la propaganda oficial, de que toda la sociedad egipcia, atormentada por el caos del periodo de gobierno islamista, está detrás del exjefe del Ejército. Un 54% apoya a Sisi y un 43% tiene una opinión desfavorable sobre él. Y eso que aún no ha tomado posesión de un cargo que a buen seguro le va a desgastar desde el primer día.

La opinión sobre los partidos políticos, incluidos los Hermanos Musulmanes, y las instituciones ha sufrido un descenso considerable.

Los islamistas encajan una clara pérdida de adhesiones, pero aún mantienen el apoyo de un 38% de los encuestados. Como fuerza política, no han desaparecido, aunque les esperan muchos años de clandestinidad.

El sondeo revela una sociedad desencantada sobre la política. Su pesimismo y cinismo han vuelto a los niveles anteriores al derrocamiento de Mubarak. Unas elecciones que son un mero trámite no harán mucho para recuperar su fe en la democracia.

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La entrevista de Paxman a Berlusconi

Jeremy Paxman viajó a Italia para entrevistar a Silvio Berlusconi en su villa privada. Con los antecedentes del presentador de Newsnight, de la BBC, uno podía esperar un gran dueño, pero al final la cosa no fue para tanto. Sí se permitió preguntarle directamente: «¿Es verdad que llamó a Merkel infollable bola de grasa?» (traducción aproximada de «unfuckable fat ass»). La respuesta: «No, en 20 años en política nunca he insultado a nadie». Ya sabemos que eso es mentira.

Paxman (o el productor de la pieza) se permite una pequeña broma: intercalar un plano suyo arqueando una ceja cuando Berlusconi responde a una pregunta sobre su penosa reputación fuera de Italia por sus problemas con la justicia (bunga bunga incluido) y dice que todo es una persecución.

Berlusconi dice que «Italia ya no es una democracia», porque los últimos tres primeros ministros no sido elegidos directamente por los votantes –esto último es cierto–, y comenta que Beppe Grillo «tiene muchas cosas en común» con Robespierre, Stalin y Pol Pot. Se nota que está furioso con Grillo porque le ha quitado una buena parte de sus votantes.

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Cómo frenar a los xenófobos en el Reino Unido

Owen Jones escribió hace unos días desde la izquierda a los votantes de UKIP (los euroescépticos). Este es el fragmento que destaca en Twitter:

«No voy a desperdiciar tu tiempo ni a darte lecciones elogiando los beneficios de la inmigración. En cambio, quiero preguntarte esto. ¿Quién ha causado a nuestro país la mayoría de sus problemas? ¿Los banqueros que nos hundieron en el desastre económico, los políticos que se embolsaron los gastos y que tuvieron el descaro de darnos lecciones sobre el fraude en los subsidios, los ricos que evaden impuestos y que dejaron a Hacienda sin 25.000 millones de libras al año, los empresarios que pagan sueldos de miseria, los caseros que estafan con el precio del alquiler; o las enfermeras indias y los polacos que recogen la fruta en el campo?».

spectatorSegún The Guardian, las encuestas internas de conservadores y laboristas revelan que la mayor agresividad de los mensajes de estos partidos en los últimos días, denunciando el carácter xenófobo e incluso racista de las ideas de UKIP, puede tener efectos contraproducentes entre aquellos dispuestos a votarles.

Hace que esas personas piensen que atacan a su líder, Nigel Farage, porque es el auténtico candidato que hace frente al establishment en su más amplio sentido, no sólo el Gobierno, sino la clase política en general, representada en el bipartidismo y los medios de comunicación.

Incluso The Sun dedicó un editorial crítico contra UKIP hace unos días, aunque en realidad han sido decenas de portadas de ese periódico y del Daily Mail las que han alimentado un nacionalismo intransigente que cree firmemente hechos tan falsos como esa invasión de trabajadores rumanos y búlgaros que nunca llegó a producirse.

Farage se ha mantenido a distancia del Frente Nacional de Le Pen por su antisemitismo, pero no hará ascos a formar un frente común con otros euroescépticos y ultraderechistas para intentar bloquear el trabajo legislativo del Parlamento Europeo.

The Sun publica el jueves, el día en que votan los británicos, un sondeo de YouGov que pone a euroescépticos y laboristas en situación de empate técnico (27% y 26%). Los tories están en el 22%, los verdes en el 10% y los liberales demócratas en el 9%.

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La ofensiva de los oligarcas ucranianos

El desenlace de la crisis ucraniana dista aún de estar claro, pero hay una cosa que parece fuera de toda duda. Los oligarcas de ambos lados han decidido tomar la iniciativa. Sé que el concepto ‘ambos lados’ es discutible en este caso. Su prioridad no es ideológica. La violencia, el conflicto civil, el riesgo de partición del país… todas esas cosas son malas para los negocios. Tanto los que apoyan al actual Gobierno de Kiev como los que financiaban al partido de Yanukóvich tienen mucho que perder si la situación no se tranquiliza. Dinero, básicamente.

La semana pasada, miles de mineros y trabajadores de las empresas siderúrgicas de Mariupol tomaron el control de la ciudad y acabaron con los controles situados por los grupos prorrusos que desafiaban al Gobierno central. No fue la única localidad en la que comenzaron a desplegarse. Casi todos ellos trabajaban en las empresas propiedad del hombre más rico del país, Rinat Akhmetov, amigo personal de Yanukóvich en el pasado y generoso donante de fondos al Partido de las Regiones.

No fue una iniciativa desorganizada y espontánea. Distintas fábricas se repartieron el control de la ciudad. No hay que creer en conspiraciones para saber que habían recibido órdenes. Alguien les había dicho que los puestos de trabajo peligraban si continuaba la rebelión contra Kiev.

Esta imagen es del martes. Ha ocurrido en Yenakievo, localidad natal de Yanukóvich, donde las fábricas de Akhmetov han realizado un paro en favor del fin del conflicto.

La corporación de Akhmetov ha anunciado que continuará pagando sus impuestos al Gobierno central. Esa es una ayuda que no se puede subestimar.

«La inmensa mayoría de los mineros está contra los separatistas. Saben que de esa manera perderán sus empleos», dijo Mikhailo Volynets, que preside la principal confederación de sindicatos. Volynets firmó el 19 de mayo, junto a los líderes de otros cinco sindicatos, un comunicado en el que reclamaba a los trabajadores del este de Ucrania que unieran sus fuerzas contra los «separatistas», que habían bloqueado el transporte ferroviario de productos industriales. Eso era supuestamente lo último que estaban dispuestos a tolerar porque podía obligar al cierre de fábricas.

En marzo conté cómo casi todo lo que ha ocurrido en Ucrania desde los años 90 ha tenido que ver con la conexión entre oligarcas y políticos: la entrada de Timoshenko en política, los primeros escándalos de corrupción que acabaron con un primer ministro huyendo del país, el cisma entre Yuschenko y Timoshenko (los dos vencedores de la ‘Revolución Naranja’), el control por los empresarios de una buena parte del partido de Yanukóvich…

Lo que está ocurriendo ahora no es una novedad. La población del oeste aspira a que el país se vuelque hacia la UE, la del este teme por sus puestos de trabajo y tiene una fuerte relación histórica con Rusia, los ultranacionalistas tienen ahora una influencia en el Gobierno central de la que nunca han gozado, un grupo reducido de ultraderechistas impone su violencia ante el absentismo de las fuerzas de seguridad, la Iglesia ortodoxa está dividida entre su lealtad al patriarcado de Moscú o el de Kiev.

Todo eso es cierto, pero los políticos del país han demostrado a lo largo de gobiernos de distinto signo su dependencia absoluta de los grandes multimillonarios que, aunque sus fortunas surgen en su mayoría del desarrollo industrial del Este de Ucrania, no tienen más patria que el dinero, además de una cierta confianza en que el país siga manteniéndose unido (eso es bueno para el negocio).

En Kiev, varios sondeos para las elecciones del domingo, si llegan a celebrarse, dan como claro favorito al empresario Petro Poroshenko, al que llaman el ‘rey del chocolate’. Forbes le asignó una fortuna de 1.000 millones de dólares en 2012, no sólo por los dulces, claro.

Además de sus negocios, Poroshenko cuenta con experiencia política anterior. Fue ministro de Exteriores con Yushchenko y ministro de Economía con Yanukóvich. Tiene intereses empresariales en Rusia. Algunos medios han informado que ha estado en contacto con el Gobierno ruso para explicarle sus planes. De ahí que se deduzca que esa es la razón de los mensajes de Putin de las últimas dos semanas. Justo antes de la consulta por la autodeterminación que se celebró en varias ciudades del Este, el presidente ruso dejó claro que el caso de Crimea no era un precedente para el resto de Ucrania. Los grupos que pedían la autodeterminación o incluso la anexión a Rusia se sintieron abandonados.

Poroshenko está considerado prooccidental y es partidario de la adhesión en el futuro a la UE, pero también ha dicho hace unos días que se opone a la celebración de un referéndum sobre la unión a la OTAN. Quizá sea sólo inteligente y sepa que cualquier discusión sobre la OTAN sólo sirve para enfurecer a Moscú y no aporta nada en estos momentos a la estabilización del país.

Por definición, los oligarcas ucranianos quieren tener buenas relaciones con Rusia en la medida de lo posible, pero también necesitan mantenerla a distancia. Ya saben que allí los multimillonarios deben prestar sumisión a los intereses políticos del Kremlin, y los que no lo hacen tienen serios problemas con la justicia.

En Ucrania siempre ha sido muy diferente.

16.00

Una cosa es que los dueños de las empresas toquen a rebato y otra, que todos y cada uno de sus trabajadores les sigan. Según el FT, la asistencia a las concentraciones por la unidad de Ucrania convocadas por  Akhmetov no ha sido espectacular. El Gobierno de Kiev cometería un grave error si pensara que cuenta con el apoyo de la mayoría de los habitantes de la zona este del país. Más bien, ocurre al contrario.

Foto: Trabajadores de una planta siderúrgica de Mariupol propiedad de Akhmetov en una concentración por el fin del conflicto el 20 de mayo.

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Una imagen del poder

Pocas veces una imagen refleja tan bien la relación entre el poder y los ciudadanos en muchos países en los que existe una alta conflictividad social. En otras palabras, no sólo te pegan, sino que además se ensañan. Y luego ellos son las víctimas.

En la foto, que ya se vio aquí, se ve a Yusuf Yerkel, uno de los principales asesores de Erdogan, pateando a un manifestante durante la polémica visita del primer ministro turco a la localidad más cercana a la mina donde murieron 300 trabajadores. En las protestas posteriores a la llegada de Erdogan, varias personas golpearon algunos de los coches de la comitiva oficial. La persona en el suelo es uno de esos manifestantes.

Imaginemos que hubiera ocurrido al revés. Que un manifestante hubiera golpeado a un político indefenso en el suelo.

Yerkel confirmó horas después que él era la persona fotografiada. ¿Pidió disculpas a la persona a la que estaba golpeando mientras la sujetaban dos policías en un gesto no demasiado valiente? «Estoy profundamente entristecido por el incidente que ocurrió en Soma el 14 de mayo. Lo siento por haber sido incapaz de mantener la calma a pesar de todas las provocaciones, insultos y ataques que soporté ese día», dijo.

La excusa clásica entre políticos. Los agresores se convierten de improviso en víctimas en el momento en que la gente espera escuchar alguna disculpa. Ellos están rodeados. Ellos son los inocentes y los incomprendidos. Hemos visto algo de eso estos días con toda la polémica por los insultos y ataques en Twitter.

Alega que la persona agredida le había golpeado unos minutos antes. No ha aparecido en ningún medio una imagen de esa presunta agresión.

La gente protestaba ese día por el hecho mismo del accidente, la terrible matanza, la falta de medidas de seguridad en la mina, y la ausencia de información y explicaciones cuando aún había decenas de desaparecidos (algunos temían que incluso más). ¿Pero qué es eso frente a las «provocaciones» que recibió la comitiva de Erdogan?

Hay veces en que la realidad supera de largo los sarcasmos con intención más perversa. ¿Cabe la posibilidad de que Yusuf Yerkel ofreciera otro ejemplo de esa relación asimétrica entre gobernantes y ciudadanos? Cómo no. Yerkel acudió ese mismo día y obtuvo una baja médica de una semana por una lesión en la rodilla derecha. Así se quitó de en medio durante unos días hasta que amaine la tormenta. Una forma muy frecuente de asumir las responsabilidades.

Hay muchos países en que los ciudadanos descontentos se sienten como esos manifestantes turcos. Les engañan, les golpean y luego les dicen que ellos son los culpables.

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Un anuncio algo salvaje para animar a votar

Animar a los jóvenes a que voten en las elecciones europeas con violencia gratuita y algo de porno sexista no parece una buena idea. El anuncio, lanzado por el Parlamento danés, ha sido retirado. Es salvaje y divertido, de una forma perversa, pero sólo por absurdo, no por los valores que defiende.

En las elecciones europeas de 2009, votó el 50% de las personas de más de 55 años. Sólo lo hizo el 29% de los que tienen entre 18 y 24 años. Los jóvenes se quejan con razón de que los partidos políticos no responden a sus necesidades. Las cifras del paro juvenil en esta crisis lo certifican. Pero la participación en las urnas y los resultados electorales continúan siendo la mejor forma de captar la atención de los políticos. Por eso, los gobiernos tienen mucho cuidado con no enfurecer a los pensionistas. Los viejos votan. Los jóvenes siempre encuentran alguna razón de peso para no hacerlo.

Moraleja: si no votas, no existes para los políticos.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

‘Akira’ en carne y hueso.

HR Giger: «Tengo miedo de mis visiones».
Efectos especiales desde 1878.
–Lo que no sabías de ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’.
–La mejor forma de acabar con Godzilla es con la ley de la gravedad.
George RR Martin en el programa de Conan (inevitables spoilers).
–Matthew Weiner sobre ‘Mad Men’.
‘Juego de tronos’ + NBA (los Spurs como White Walkers, claro).
–‘Star Wars’ al estilo de Tarantino.
–Una manada de elefantes cruza un río y ahí es donde comienza el problema.
–El final de los gigantes del océano.
–Un relato corto: Beyoncé y su hermana.
–Una historia de la guerra.
–Una imagen de Roosevelt andando.
–Una broma en Twitter que tardó cinco años en llegar.
Un sprint desde dentro.

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