¿Dónde está Rajoy?

35 días después de la victoria electoral, Mariano Rajoy aún no ha comparecido ante los medios de comunicación. Ni para valorar el resultado de las urnas, más allá de la declaración sin preguntas en la noche del 20-N. Ni para explicar la formación de su primer Gobierno. Ni para dar las razones del aumento de impuestos, que vulnera las promesas hechas en la campaña electoral y en el debate de investidura. Ni para hablar del recorte del gasto público una vez se supo la desviación del objetivo de déficit (que por otro lado el PP conocía desde antes).

Soraya Sáenz de Santamaría ha dicho hoy que el presidente comparecerá en el Congreso tras la cumbre europea del 30 de enero. Será un mes y una semana después de la toma de posesión. Se habrán celebrado ya cinco consejos de ministros. Sobre ruedas de prensa o entrevistas, nada se sabe.

Esta opacidad contradice no ya la práctica habitual en España, sino casi en cualquier democracia europea. Contamos con que los políticos españoles tengan una cierta dificultad para expresarse en público (¿también ellos sufren las carencias del sistema educativo?), pero no que se encierren en un búnker y se nieguen a explicar a la opinión pública sus decisiones. Transparencia, lo llaman.

Las limitaciones de la vicepresidenta del Gobierno como portavoz han quedado hoy en evidencia tras la en general buena actuación del primer día, al menos buena comparada con la de Montoro. Tener un pico de oro no te convierte en un buen portavoz, como le ocurría en ocasiones a Rubalcaba. Las respuestas largas y repletas de tecnicismos y jerga de abogado del Estado no son sinónimo de claridad y precisión. Los eufemismos (como referirse a la «economía procesal» para justificar que Rajoy no hable en público hasta más adelante) sólo contribuyen a minar la credibilidad del portavoz, y con ella la del Gobierno.

Un error cardinal en política: no dejar que sean tus adversarios los que te definan. Ya puestos, y si se puede evitar, tampoco los medios de comunicación. Rajoy da en estas condiciones una baza muy buena al PSOE. ¿Cuándo va a dar la cara el presidente del Gobierno?

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La imagen, vía Sandra Yagüe.

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18.15

Veo ahora que la imagen corresponde a una campaña de las Juventudes Socialistas de Andalucía.

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Adiós a la princesa loca del Tea Party

La intensa relación que Michele Bachmann mantiene con Dios no le ha sido muy rentable. Hoy ha anunciado que se retira de las primarias republicanas después de recibir el 5% de los votos en los caucus de Iowa. Quería ser la princesa del Tea Party, dado que la reina Sarah Palin no se había presentado, pero al final ni eso. Fue Rick Santorum el que se llevó esos votos.

El otro damnificado del día, Rick Perry, se resiste a abandonar. A través de Twitter, ha anunciado que se dirige a Carolina del Sur para seguir haciendo campaña.

La retirada de Bachmann deja a la carrera sin un elemento humorístico  de mucho peso, como demuestra esta selección de algunas de sus mejores frases. Gracias, ManuDS.

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Perry gastó 364 dólares por voto recibido en Iowa. Romney 49. Santorum 0,73.

Publicada el por Iñigo Sáenz de Ugarte | Deja un comentario

Tras Iowa, sólo un Gingrich enloquecido puede parar a Romney

Rick Santorum culminó la remontada. El último candidato en unirse al concurso ‘cualquiera-menos-Romney’ aprovechó su sentido de la oportunidad y el hecho de que hasta hace menos de una semana estaba fuera del radar de los medios de comunicación para alcanzar al favorito, aunque sin sobrepasarlo literalmente por un puñado de votos.

Los resultados oficiales dieron a Romney 30.015 votos, ocho más que a Santorum. Los condados tienen dos semanas para enviar sus datos definitivos, con lo que es posible que cambien. En cualquier caso, se trata en la práctica de un empate. El sondeo más importante, el del diario Des Moines Register el 1 de enero, concedía a Romney nueve puntos de ventaja sobre Santorum. El ex senador de Pennsylvania recortaba diferencias en cada día hasta que al final se quedó a las puertas de la victoria.

En porcentajes, Romney y Santorum estuvieron en el 24,6%. Por detrás, Ron Paul, 21%, Newt Gingrich, 13%, Rick Perry, 10%, y Michele Bachmann, 5%.

Los resultados no son muy diferentes a los de 2008. Romney ha sacado prácticamente el mismo resultado, aunque le ha salido por la mitad del dinero invertido. La diferencia es que entonces Huckabee recogió la mayor parte del voto más conservador con un 34%, y ahora ese pedazo de la tarta ha estado muy repartido. Si sumamos los porcentajes de Santorum, Perry y Bachmann, sale un 39%. No es que sea un cálculo exacto. Al menos, indica que la abundancia de candidatos muy similares ha terminado por favorecer a Romney.

Los resultados son buenos para Romney en la medida de que los sondeos le dan una muy amplia ventaja en las primarias de New Hampshire, que se celebran el próximo martes. Para la prensa de allí, ganar las dos primeras citas es decisivo. Aun así, no sería raro que cambien de discurso si Romney tropieza en las dos primarias siguientes: Carolina del Sur y Florida (21 y 31 de enero). Según la campaña se acerque al sur, aumentarán las dificultades para el ex gobernador de Massachusetts.

Sin embargo, la potencia de un candidato se mide también por la de sus rivales. Los adversarios más peligrosos para Romney eran Gingrich y Perry. El segundo es ya historia y el primero no tiene dinero suficiente para llevar la batalla hasta el final. Por otro lado, es sabido que Gingrich es el peor enemigo de sí mismo.

En las elecciones norteamericanas, la mejor forma de recaudar dinero es ganar primarias. Los dólares tienden a acercarse al que va por delante o al que obtiene un triunfo más o menos inesperado. En el verano de 2008, John McCain estaba arruinado. Comenzó las primarias con un presupuesto muy reducido y su victoria en New Hampshire le dio el impulso necesario para ser competitivo en la compra de publicidad en televisión.

Ahí es donde la campaña de Romney ha destrozado a Gingrich con la inestimable ayuda de su pasado. En un solo mes, Gingrich ha sido aniquilado por una lluvia de anuncios negativos, la mayoría de ellos pagados por un PAC proRomney. Estos grupos no asociados directamente a la campaña electoral del candidato son el método habitual en EEUU para atacar a un rival sin dejar las huellas dactilares en el arma homicida.

Gingrich está cabreado, como se pudo apreciar en una entrevista en la CBS anterior al caucus de Iowa.

“You’re calling Mitt Romney a liar?” she repeated.

“Well, you seem shocked by it,” replied Gingrich.

“Why are you saying he is a liar?” O’Donnell followed up.

“Because this is a man whose staff created the PAC, his millionaire friends fund the PAC, he pretends he has nothing to do with the PAC – it’s baloney. He’s not telling the American people the truth.”

Un Gingrich loco de atar sería un inconveniente serio para Romney. Por eso, este quiere acabar con las primarias cuanto antes, que termine enero con las primarias de Florida y que no haya dudas sobre su victoria. Si Gingrich aguanta tanto como lo hizo Clinton ante Obama (cosa poco probable si no consigue dinero), Romney llegará desangrado al gran duelo ante el presidente.

¿Hay más problemas para los republicanos? Unas 122.000 personas participaron en los caucus. La cifra está un poco por encima de las expectativas y es parecida a la de 2008, pero se queda muy lejos de los cerca de 240.000 votantes que hubo en los caucus demócratas de Iowa en 2008. El nutrido plantel de candidatos no entusiasma tanto a los republicanos como lo hizo el enfrentamiento entre Obama y Clinton hace cuatro años.

¿Qué decir sobre Santorum, un candidato que dice que los estados deberían tener derecho a ilegalizar la planificación familiar y las relaciones sexuales entre gays sin interferencias del Tribunal Supremo? Supongo que EEUU aún no está preparado para elegir presidente a un talibán. Hay que darles más tiempo.

Foto: Flickr de Cage Skidmore.

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Elecciones egipcias: islamistas, militares y bikinis

La tercera ronda de las elecciones egipcias, que se inicia hoy, permitirá conocer no sólo el desenlace del proceso electoral sino también el inicio del siguiente capítulo de la traumática e inestable transición a la democracia. Las dos rondas anteriores ofrecieron dos titulares, uno previsible y otro de consecuencias preocupantes.

El primero fue la victoria de las candidaturas apoyadas por los Hermanos Musulmanes. Los islamistas obtuvieron cerca de la mitad de los escaños y confirmaron que serán la fuerza dominante en la nueva Cámara. La carencia de un líder y de un programa claro sobre cómo serán las relaciones con el otro gran centro de poder (el Ejército) convierten en una tarea difícil saber cuál será su política en el Gobierno. Los Hermanos siempre han sido más un movimiento que un partido, y será a partir de ahora cuando tengan que definirse con políticas concretas.

Lo que no se esperaba es la irrupción con tanta fuerza de la segunda fuerza política. Los salafistas (ultraconservadores) han dado una sorpresa porque no se creía posible que una formación que sólo en los últimos meses ha salido de la clandestinidad pudiera superar el 20% de los votos. Aquí hay muchos datos que se nos escapan desde fuera de Egipto. De hecho, algunos de los grupos de jóvenes que protagonizaron la rebelión contra Mubarak tampoco se explican cómo este sector tan reaccionario ha tenido tanto éxito. Quizá en las zonas rurales, donde la revuelta no tuvo tanta fuerza como en los núcleos urbanos, el prestigio personal de los candidatos haya sido más relevante que los programas políticos. En cualquier caso, el que millones de votos hayan caído en el saco de un partido que no descarta el modelo saudí condiciona por completo el proceso que seguirá a las elecciones. Si los salafistas son la mayor oposición a un Gobierno islamista, eso aumenta el riesgo de que los Hermanos Musulmanes decidan que no pueden descuidar su flanco derecho y se olviden de la moderación en el mensaje de la que han hecho gala muchos de sus candidatos.

Desde hace mucho tiempo, los Hermanos han dicho que su misión es islamizar la sociedad y que eso es un objetivo a largo plazo que va más allá de aprobar una ley concreta. Eso hace pensar que no encontrarán especialmente atractivo poner en marcha una batería de leyes que aceleren ese proceso y obliguen a la gente a comportarse de determinada manera. Eso es lo que ocurre en Irán, donde el Gobierno aprueba normas que obligan a los ciudadanos a cambiar de conducta en algunas esferas de la vida pública. Por debajo de esa ‘oficialidad’ islámica, discurre una sociedad con sus propias ideas y forma de vida, lo que acentúa la hipocresía: hay una vida pública y otra privada muy diferente que tiene lugar dentro de casa.

Por utilizar un ejemplo menos serio: mucha gente que ha vivido en Teherán suele decir que allí se celebran, en privado, las mejores fiestas que uno pueda encontrar en Oriente Medio. Bebidas incluidas, claro.

Los islamistas egipcios creen que su función debe ser otra, pero este tipo de promesas necesitan un asterisco de duda hasta que el partido en cuestión llegue al poder. La tentación de resolver los problemas sociales profundos con un decreto ley es muy grande en todos los países.

Los Hermanos no forman un partido completamente homogéneo y, como escribe Shadi Hamid, quizá ni siquiera ellos sepan cuáles serán sus próximos pasos. Cree que, aunque nunca han sido grandes admiradores de los islamistas de Erdogan, son conscientes de que el progreso económico es la mejor forma de que sus deseos ideológicos se cumplan en el futuro. Un Gobierno eficaz en política económica, como el turco, hace más fácil que los votantes acepten su mensaje.

Eso no impide, por la propia diversidad del movimiento, que haya candidatos islamistas que estén a favor de limitar el turismo por razones morales, es decir, prohibir el alcohol o el bikini en las playas. Los salafistas no se detienen ahí y hasta quieren imponer playas segregadas por sexos.

Cuando la religión se impone sobre el sentido común, cualquier situación es posible. La realidad es que Egipto no puede vivir sin los ingresos del turismo. Contra lo que pueda parecer, la mayoría de los turistas no van allí a ver las pirámides, o al menos eso dicen en el Ministerio de Turismo. En la última década, se ha desarrollado una importante infraestructura turística en el mar Rojo, y allí acuden miles de turistas. De Europa Occidental, llegan muchos aficionados al buceo, pero son muchos más los que vienen de Rusia a la búsqueda de una playa. Y puedo asegurar que en términos de superficie de tela con un bikini hecho en España se pueden hacer no menos de dos para las clientes rusas. El islamismo es muy poco compatible con las costumbres indumentarias de las jóvenes de Rusia.

Los dirigentes de los Hermanos Musulmanes tienen que decidir qué les interesa más a corto plazo: la moral o las divisas. Planteada en esos términos, la incógnita sería casi ofensiva para ellos. Pero con lo segundo, viene el progreso económico en un país desesperadamente pobre y, algo mucho más importante, el apoyo en las urnas y en la calle de los que les han llevado al poder.

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La dieta Kim Jong-un

Los designios de la propaganda son a veces difíciles de escrutar en las dictaduras. Me pregunto qué estaría pensando el responsable de la agencia oficial de prensa norcoreana cuando distribuyó esta foto de Kim Jong-un en su visita a la sede de una división del Ejército.

En un país que sufrió una terrible hambruna en los años 90 a causa del colapso del sistema de distribución de alimentos y en el que todavía un número imposible de conocer de personas sufre de malnutrición, da que pensar ver al nuevo líder supremo ante una mesa bien nutrida de viandas.

Por no hablar de la cara que pone el joven Kim, hipnotizado por la visión de todo lo que se va a zampar. Su evidente sobrepeso no parece ser un problema acuciante.

Una imagen más para el blog Kim Jong-un looking at things, digno heredero del dedicado a su padre.

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Un libro interesante: «The Struggle for Egypt: From Nasser to Tahrir Square», de Steven Cook.

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La historia de 2011, según Twitter

Una historia de 2011 a través de los mensajes en Twitter, por Jeremiah Warren.

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Rajoy no acepta órdenes

Cospedal, 18 de noviembre de 2011:

«Rajoy no se va a resignar a que España esté en la segunda velocidad de Europa. Él va a cumplir con los compromisos, pero no está dispuesto a recibir órdenes de Europa ni de nadie».

De Guindos, hoy.

Según ha argumentado, el Ejecutivo no podía permitirse anunciar una desviación de dos puntos del déficit hasta el 8% sin adoptar una subida de los impuestos, pese a que el presidente, Mariano Rajoy, la había rechazado durante la campaña. «Si no, nos la hubieran impuesto otros», ha argumentado en referencia a las condiciones que hubiera impuesto Bruselas para reducir el déficit.

De los creadores de «Yo no voy a subir los impuestos, no».

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Iowa y el juego de expectativas

Y el ganador del juego de las expectativas en los caucus de Iowa es… Rick Santorum. No importa cuál sea el resultado definitivo (la victoria se la juegan Romney, Paul y Santorum), el ex senador de Pennsylvania es el que, viniendo desde atrás, parece estar recogiendo muchos de los apoyos de un electorado conservador algo confuso al tener tantos candidatos para elegir. Por eso, casi todos han desfilado en el primero o segundo puesto de las preferencias, con la diferencia de que es Santorum quien ha dado el salto en el momento de la verdad.

La última encuesta conocida hoy da un empate técnico en cabeza: Ron Paul 20%, Mitt Romney 19%, Rick Santorum 18%, Newt Gingrich 14%. Un día antes, salió la más prestigiosa, que publica el diario Des Moines Register, y ahí los números eran mejores para Romney (24%). Paul tenía un 22% y Santorum un 15%. Pero en este sondeo ya eran los partidarios de Santorum los que más ganas tenían de presentarse en los caucus, en un 76%. La fidelidad de los posibles votantes de Romney y Paul era menor, 56% y 54%.

A diferencia de las primarias, en los caucus los votantes no acuden durante el día a depositar su preferencia en una urna. A última hora de la tarde o ya de noche, y sufriendo temperaturas muy bajas, se presentan en un edificio donde escuchan algunos breves discursos, y luego se reúnen en una esquina de la sala en función del candidato al que apoyan. El factor decisivo es el entusiasmo que provoca el candidato y sus ideas, y no es raro que alguien entre en el local con una idea vaga en la cabeza y luego la cambie porque un vecino le ha convencido de que otro candidato es mucho mejor. A fin de cuentas, las diferencias ideológicas entre ellos no son extraordinarias.

Esa forma tan casera de entender la política contrasta con el juego más sofisticado (risas) de la prensa, que, con un plantel de aspirantes tan amplio, pasa de no tener ni idea sobre quién va a ganar a tener claro al día siguiente por qué ha ganado cierto candidato y por qué sus grandes rivales no han llegado al porcentaje que se esperaba de ellos. Ese juego de expectativas es el que adjudica las etiquetas de ganadores y derrotados.

Por ejemplo, Romney puede salir reforzado de Iowa con un porcentaje muy similar a los caucus de 2008, y confirmar las previsiones de victoria que tiene en New Hampshire, donde votan el 10 de enero. Pero podría ocurrir que con sólo uno o dos puntos menos termine segundo o incluso tercero, y que la prensa, después de creer que Romney estaba en condiciones de ganar en Iowa, decida que es el que más se ha debilitado en los últimos días de campaña.

Todo eso en un Estado muy pequeño (3,1 millones de habitantes, un 91% de población de raza blanca, frente al 72% de media nacional), donde quizá sólo un 4% participe en los caucus.

Los medios de comunicación no han tomado muy en serio a Santorum, de entrada porque cuando perdió su escaño en Pennsylvania fue derrotado con tanta claridad que lo dieron por muerto políticamente para siempre. Y el otro factor relevante era que siempre ha tenido mucho menos dinero que otros candidatos de ideología similar.

Luego, estaba ese pequeño problema de la búsqueda de su nombre en Google. Eso olía muy mal.

Su credo ultraconservador imbuido de constantes referencias a la religión funciona perfectamente en un lugar como Iowa. Otros candidatos que beben de esas fuentes (Bachmann, Perry y Cain) se han ido automutilando con sus errores. Al final, Gingrich era el que parecía absorber esos apoyos pero la feroz campaña negativa lanzada contra él (aquí uno de los últimos anuncios), en especial por la gente de Romney, ayudada por su inconsistencia y singular historia personal (infidelidades y dos divorcios,) ha ido destruyéndole en beneficio de Santorum.

Santorum marca todas las casillas importantes para el votante más conservador. Contrario al aborto y al matrimonio gay. Partidario de la enseñanza del creacionismo. Dispuesto a bombardear Irán si no renuncia a su programa nuclear.

Católico y padre de siete hijos, siempre coloca a su familia en la propaganda de sus candidaturas. En 2002 viajó a Roma para intervenir en los actos del centenario del nacimiento del fundador de Opus Dei. Sobre los casos de pedofilia en colegios católicos, escribió en 2002 que no era una casualidad que se produjeran en Boston al ser un centro de pensamiento progresista. Para Santorum, la culpa es siempre de los rojos ateos.

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