Un niño de Alepo entre otros muchos

the_national.750Otra foto de un niño sirio en las portadas e informativos de televisión de medio mundo. En Europa y en Oriente Medio. Otra vez decidimos que que esa imagen simboliza el dolor del pueblo sirio. Otra vez nos preguntamos cuánto tiempo estará ahí hasta que la olvidemos.

Sólo hay algo que hay que descartar. La imagen del niño Omran no está en todos los sitios porque sea difícil encontrar imágenes de la guerra siria o de la batalla de Alepo. Sí, es difícil, como también lo es verificar su origen. Pero hay disponibles muchas de esas fotografías, algunas insoportables, que aparecen todos los días, y algunas de ellas podrían ser utilizadas si se decidiera que es una prioridad contar lo que están sufriendo los civiles sirios.

El periodismo gestiona mal las noticias que repiten día tras día la misma historia. Entre otras cosas, tiende a ignorarlas pasado el tiempo porque su audiencia reacciona con desinterés a nada que se prolonguen durante meses, por no hablar de años. Sólo hay que ver lo que ha sucedido con la crisis de los refugiados en Europa. Suscitó el máximo interés en el verano de 2015. Ahora son muy pocos los que siguen leyendo esas historias. Estamos en un momento en que si encuentras uno de esos artículos es por pura insistencia de las personas que deciden publicarlos y por el trabajo de los periodistas que están sobre el terreno. Pocas veces, la audiencia responde.

Muchos de esos medios que han llevado a Omran a sus portadas continúan haciendo un seguimiento constante de la guerra siria. Otros sólo cuando una imagen les conmueve. Lo que sí es ridículo es despertar y reaccionar con la hipérbole ante una fotografía como la del niño de Alepo. No es «la imagen más cruel» de la guerra, como se escribió en una portada del viernes. A fin de cuentas, Omran sobrevivió con heridas leves. «No es un caso excepcional». Seguir de cerca las imágenes que salen de Alepo obliga a ser testigo de una sucesión de cadáveres de niños y otros que salen de los escombros de sus casas con heridas horribles que les marcarán para siempre.

Hablamos de niños y adultos que viven en ambos lados de la ciudad, porque los insurgentes disparan con morteros y piezas de artillería sobre la población del otro sector para responder a los bombardeos de la Fuerza Aérea siria o rusa con el mismo desprecio por la vida de los civiles. Pero son los que viven en el sector controlado por los insurgentes los que pagan el precio más alto por la superioridad aérea de las fuerzas del Gobierno.

Alepo es el máximo botín de la guerra. Ambos bandos creen que si la pierden, no podrán ganar. El Gobierno prefirió destruir gran parte de ella antes que permitir que sus enemigos la controlaran. Los insurgentes supieron que no podían ganar allí, pero se atrincheraron en una empresa imposible que convertía a los habitantes de esa zona en los rehenes de un esfuerzo inútil. Tanto para las fuerzas combatientes en Siria como para los gobiernos extranjeros que les apoyan, la prioridad ha sido siempre la victoria, no el fin de la guerra.

Quién sabe lo que pensará dentro de unos años Omran si sobrevive a esta guerra. No debería sorprendernos si nos hace responsables a todos.

Un reportaje de Channel 4 con imágenes tomadas hace unos días en Alepo.

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Las cárceles de Asad

Daniel Wickham ha resumido el informe de Amnistía Internacional sobre las torturas en las prisiones de Asad en una serie de tuits. Estos son algunos de ellos.

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EEUU sostiene la campaña bélica saudí en Yemen

Hospital Abs Yemen tras ataque 15agosto

El coste de la guerra de Yemen ha superado los 14.000 millones de dólares, según un informe encargado por varias instituciones internacionales al que ha tenido acceso Reuters. Los daños directos creados por los combares son valorados en 7.000 millones y el impacto económico en 7.300 millones. El informe está fechado en mayo y fue suscrito por el Banco Mundial, la ONU, el Banco de Desarrollo Islámico y la UE. Se trata de una exclusiva de Reuters, por lo que hay que deducir que esas intervenciones decidieron no hacer público el contenido del informe hace unos meses.

Ese conflicto bélico es una guerra civil y al mismo tiempo una intervención militar realizada por Arabia Saudí y sus aliados en el Golfo Pérsico. Los saudíes han llevado a cabo una campaña de bombardeos constante, con una leve pausa en los últimos meses, contra las milicias chiíes huzíes que controlan la capital y también la infraestructura civil del país. A una escala inferior, los saudíes han utilizado fuerzas de tierra, en especial unidades blindadas.

EEUU colabora con Riad de dos formas. Desde el primer día, facilitando información de inteligencia sobre los objetivos que pueden atacar y los daños infligidos. Después, suministrando el equipamiento militar que los saudíes necesitan reemplazar.

En la primera semana de agosto, se ha producido otra de esas ventas masivas de armamento con la que Arabia Saudí puede seguir destruyendo Yemen. El Pentágono y el Departamento de Estado han autorizado la venta de 153 tanques Abrams por un valor de 1.200 millones de dólares. La notificación precisa que se trata de 133 tanques y además otras 20 unidades que se utilizarán para reemplazar otros tanques «dañados en combate».

Es la única referencia indirecta que podemos interpretar como relacionada con la guerra, porque en el comunicado no se hace mención a Yemen. El comunicado sí dice: «La venta propuesta de este equipamiento y apoyo no alterará el equilibrio militar básico en la región». Es una frase que es difícil de creer si la relacionamos con el conflicto bélico de Yemen. Aparece para impedir que algún congresista se oponga a la venta. El Congreso tiene 30 días para oponerse a la transacción, lo que probablemente no hará. El montante completo de la venta llega a 1.500 millones.

Esa cantidad de 20 tanques extra confirma que los saudíes han sufrido pérdidas relevantes en Yemen frente a las milicias huzíes. Era algo que se podría comprobar en imágenes grabadas por los combatientes chiíes, que cuentan con misiles antitanque facilitados por Irán o conseguidos en los arsenales del Ejército de Yemen. Vehículos, blindados o tanques han sufrido esos ataques.

En agosto, Riad ha reanudado los ataques aéreos tras el colapso de las negociaciones promovidas por la ONU, y una vez más varios de sus objetivos tienen un carácter civil. Aviones saudíes o de sus aliados mataron a 19 personas el sábado, con varios niños entre las víctimas. Hubo un ataque la casa del director de un colegio de la localidad de Birken en el norte. Cuando sus familiares corrieron hacia los escombros para sacar a las víctimas –murieron su esposa y cuatro de sus hijos–, otros aviones o los mismos volvieron para bombardearlos. Otras cuatro personas murieron.

El lunes, otro ataque tuvo como objetivo un hospital apoyado por Médicos sin Fronteras en la provincia norteña de Hajjah. En ese momento, «el hospital estaba repleto de pacientes recuperándose de intervenciones quirúrgicas, mujeres en la maternidad, recién nacidos y niños en el área de pediatría», cuenta MSF. 15 personas murieron y 24 quedaron heridas. «Con el cierre de este hospital que servía a toda la región, la comunidad se ha visto ahora privada de servicios médicos esenciales justo en el momento en el que el acceso a estos es una cuestión vital», dijo Juan Prieto, coordinador general de MSF en Yemen.

Ambos casos, atacar a las personas que buscan supervivientes tras un ataque aéreo y bombardear un centro sanitario, pueden ser considerados e investigados como crímenes de guerra.

Carreteras, almacenes, fábricas, depósitos de agua, hospitales, colegios, estaciones eléctricas y puentes han sido destruidas por la aviación saudí. Ha sido un asalto sobre toda la infraestructura civil de un país que ya era considerado el más pobre de Oriente Medio y uno de los más pobres del mundo. EEUU ha suministrado a Arabia Saudí la munición necesaria cuando esta se iba acabando, como ocurrió en noviembre de 2015 con una venta por valor de 1.290 millones. Ahora ha hecho lo mismo con los tanques y otro tipo de material de guerra. Los aviones con que se realizan los ataques fueron vendidos por EEUU y otros países europeos. Entre el material adquirido a empresas norteamericanas están 1.300 bombas de racimo (por un precio de 641 millones de dólares). Arabia Saudí no firmó la convención internacional que prohíbe su uso.

El apoyo de la Administración de Obama a los saudíes en esta campaña militar nunca ha estado en duda. Algunas declaraciones de portavoces del Departamento de Estado, preocupados por el daño a zonas civiles, sólo han servido como gesto propagandístico, porque la ayuda militar es constante y busca precisamente que a Riad no le falte de nada, aunque la utilidad estratégica de muchos de estos ataques sea dudosa.

«Todo es un objetivo», dijo Tariq Riebl, voluntario de una ONG que pasó varios meses en Yemen el año pasado, al periodista Andrew Cockburn. «En Saada, había burros muertos en la cuneta de todas las carreteras, porque los saudíes estaban atacando a los carros tirados por burros. En Hajjah, destruyeron un depósito de agua de uno de los pueblos, uno que está sobre una colina solitaria. No había nada allí. Cuando atacas un carro con burros o un depósito de agua, ¿cuál es la intención racional? ¿Ese carro con burros transportaba un misil Scud? ¿Cuál es la lógica desde una perspectiva militar?

Es probable que los saudíes pretendan simplemente castigar a la población civil yemení por no haber derrotado a las milicias huzíes, por no haber impedido que tomaran la capital? Es una especie de castigo colectivo que sólo puede causar sufrimiento, porque en una guerra civil raramente la población civil puede imponer su voluntad a los combatientes.

Casi 6.500 personas han muerto en esta guerra. MSF dice que sólo sus centros han tratado a 37.000 heridos. Amnistía Internacional y Human Rights Watch han estudiado 69 ataques en los que murieron 913 civiles.

La embajadora de EEUU en la ONU, Samantha Power, tuiteó este mensaje y foto el miércoles. Obviamente, olvida de forma oportuna que los misiles con los que se destruyó ese puente fueron vendidos por su país. Power tuvo la oportunidad de hacer algo cuando un informe de la ONU sobre el impacto de las guerras en los niños incluyó a los saudíes como responsables de la violaciones de los derechos de los niños por su participación en la guerra. Riad presionó a Ban Ki-moon y le amenazó con cortar las aportaciones económicas saudíes al presupuesto de las agencias de la ONU y sus misiones de emergencia.

Arabia Saudí desapareció de la lista. Power no hizo nada.

Foto: Hospital de MSF atacado por fuerzas saudíes el 15 de agosto. Foto: MSF.

Las raíces históricas y actuales de la guerra de Yemen. Patricia Almarcegui.

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Un país secuestrado por un mentiroso

rajoy mentiroso

Nadie como Rajoy para secuestrar la esperanza. Incluso en este tiempo de escepticismo y desdén hacia los políticos, él es capaz de rebajar el listón de la decencia hasta niveles insospechados. Tiene secuestrado a su partido gracias al hecho de que es un remedo moderno de una monarquía feudal. Los dirigentes se reúnen para escucharle y romperse las manos aplaudiendo sus divagaciones y pronósticos errados. No importa cuántas veces la realidad haya demostrado que no se enteraba de nada. Ahí están todos para ovacionarle en una estampa más propia del siglo XX y de ciertos regímenes que no se basaban precisamente en el sufragio universal y la división de poderes.

Lo malo es que a causa de los endemoniados resultados de las dos últimas elecciones –y aún tendremos tertulianos que tengan claro lo que han dicho los españoles con su veredicto en las urnas–, los rehenes no son sólo los votantes del PP, sino todos los españoles. Han pasado casi dos meses después de los últimos comicios y aún no se ha avanzado casi nada en la formación del Gobierno.

Ciudadanos cedió y se mostró dispuesto a apoyar la investidura de Rajoy, poniendo de entrada un precio alto, pero eso no es raro en el comienzo de las negociaciones. Ni por esas.

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El fantasma de la vieja Europa

alambre de espino contra refugiados en la frontera de Hungría

En el verano de 2015, Europa revivió una época cuyas imágenes recordamos en blanco y negro. Fue en Hungría donde se hizo más evidente. Los refugiados que huían de una guerra y que por lo demás no pretendían quedarse en ese país fueron rodeados por centenares de policías, subidos por la fuerza a trenes y conducidos bajo engaño a campos de internamiento. En el incidente más detestable, pintaron números en el brazo de los extranjeros para tenerlos identificados.

El gran rabino de Hungría no podía creer lo que estaba viendo: “Fue horrible ver esas imágenes de policías poniendo números en los brazos de esa gente. Me recordó a Auschwitz. Y luego subían a las personas a un tren, vigiladas por guardias armados para llevarlos a un campo donde los encerraron. Desde luego que eso evoca los recuerdos del Holocausto”, dijo Robert Frolich.

El rabino no pretendía hacernos creer que esos refugiados iban a ser asesinados ni que sus vigilantes eran nazis. Sí tenía claro que las tácticas empleadas no eran muy diferentes de las habituales en las dictaduras, sobre todo del régimen cuya destrucción permitió mucho tiempo después a Europa iniciar un proceso para que nada de lo que ocurrió entonces pudiera repetirse.

La memoria histórica, el recuerdo del horror de la primera mitad del siglo XX, ha sido un elemento fundamental en el reconocimiento de todo lo que ha hecho posible la Unión Europea, y también ha servido para justificar premios como el Nobel de la Paz. Siempre que la UE parece al borde del precipicio, un símil casi tópico en la última década, se ha aludido a ese pasado, ahora ya supuestamente imposible.

La UE ha enterrado a ese monstruo en una esquina del jardín, pero no ha dejado de mirar hacia ese lugar, como si temiera que pudiera revivir algún día.

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El bikini como reserva cultural de Occidente

brasil voleyplaya

Ha servido una foto de una deportista de un país musulmán en los Juegos de Río para desenterrar prejuicios e ideas francamente confusas sobre el célebre concepto de «choque de las civilizaciones». Todo eso sólo por un partido de voleyplaya. Qué no harán con las guerras y los conflictos políticos. Una jugadora egipcia compitió con el cuerpo cubierto por completo, piernas, brazos y cabeza incluidos. Una auténtica afrenta para los programadores de televisión que sitúan sus partidos en ‘prime time’ por la gran tradición de este deporte en muchos países.

Enfrente, una jugadora alemana con el uniforme de rigor, un bikini de dimensiones reducidas. Lo curioso es que muchos lo interpretaron como una muestra del retraso del mundo musulmán o de la discriminación –muy real– que sufren las mujeres en esos países. La paradoja viene porque esa imagen bien podría haber aparecido con otra interpretación en la propaganda de ISIS, Al Qaeda o de otro grupo yihadista, precisamente para utilizarla como carnaza propagandística, para hacer creer a los europeos musulmanes que en la sociedad en la que viven las mujeres son sólo son unas prostitutas a menos que vistan exactamente como ellos dicen que deben vestir.

Ellos ven a las mujeres como un objeto sexual y/o de procreación. Nunca como ciudadanas con los mismos derechos. No es necesario enseñarles un bikini. Unos pantalones son suficientes para provocar su furia.

La respuesta más apropiada a esa imagen bien podría ser la que dejó en la web de BBC una mujer alemana, Lissa Pelzer, de Stuttgart: «Creo que muestra hasta qué punto se considera el cuerpo de una atleta como una posesión pública. Debe verse, o debe no verse, de la forma que decidan los organismos deportivos, los países y las culturas en vez de que sean ellas quienes lo hagan».

Lo de los organismos deportivos no es una exageración. Hasta 2012 las jugadoras de voleyplaya, no así los jugadores, estaban obligadas a llevar bikini en los partidos, y la parte inferior no podía tener una altura de más de siete centímetros en la cadera. También podían llevar un traje de baño completo. La condición de deportistas quedaba subordinadas a tener un aspecto sexy por el bien de las audiencias televisivas. Era una imposición que nunca suscitó protestas por parte de los medios que publicaron sorprendidos la foto de las deportistas egipcias.

A partir de 2012, la normativa se hizo menos restrictiva, entre otras cosas para permitir la participación de países de culturas diferentes. A fin de cuentas, los Juegos Olímpicos deben ser también una forma de fomentar la participación de la mujer en el deporte, que se enfrenta a todo tipo de obstáculos en muchos países, y en otros vive ignorada por los medios de comunicación y los patrocinadores.

El equipo egipcio aprovechó esa oportunidad, pero no de forma uniforme. Doaa Elghobashy iba toda cubierta, incluida la cabeza (suele llevar hiyab en su vida diaria). Su compañera, Nada Muawad, llevaba descubierto el pelo.

Cuando unos días más tarde, bajaron las temperaturas y llovió sobre Río, el equipo brasileño tuvo que jugar con pantalón y manga largas. Ese día, nadie definió esa ropa como un símbolo religioso.

Este fin de semana, se ha sabido que el alcalde de Cannes prohibió que las mujeres musulmanas entren en las playas de la ciudad vestidas con lo que llaman el burkini, que no es otra cosa que un vestido ligero que tapa todo, menos el rostro. Con la incoherencia propia de las justificaciones xenófobas o racistas, sostiene que esa vestimenta no respeta «las buenas costumbres y la laicidad» ni «las reglas de higiene y de seguridad». En este caso, habrá que entender por «laicidad» la cultura oficial del Estado que, según este alcalde del partido de Sarkozy, dice a las mujeres cómo deben de ir vestidas en los lugares públicos. No es algo muy distinto a lo que ocurría en la España de los años 50 en un régimen en el que no había «laicidad» por ninguna parte.

Para unir la ignorancia a la intolerancia, el alcalde David Lisnard dijo en una entrevista que «el burkini es el uniforme del islamismo extremista, no de la religión musulmana». Ahora los gobernantes supuestamente laicos también dan lecciones sobre otras religiones.

El hiyab (el pañuelo que cubre la cabeza) es un símbolo religioso y también cultural. Puede significar cosas diferentes para personas distintas. Es incluso un mecanismo de autoprotección en países como Egipto donde el acoso sexual en la calle en un problema endémico. En países occidentales, puede ser un gesto de rebeldía en una sociedad en la que los musulmanes son una minoría. En algunas sociedades musulmanas, también procede a veces de la presión familiar y de la mayor parte de la sociedad que aspira a que las mujeres observen códigos de conducta similares a los de sus madres y abuelas.

En definitiva, como decía Lissa Pelzer, toda esa presión social, las prohibiciones en Francia y las miradas confusas sobre la vestimenta de jugadoras de voleyplaya nos devuelven a épocas que no olvidamos y a países actuales: lugares y momentos donde los hombres decían y dicen a las mujeres cómo deben ir vestidas. Ese es el choque cultural que importa.

 

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Trump no decepciona al campeón de las teorías de la conspiración

Decía hace unos días que Trump se estaba hundiendo más y más. Como un avión que entra en barrena y en el que la flecha del altímetro da vueltas a gran velocidad y los números indican el descenso en barrena. La caída continúa y no hay día sin una declaración que deja a casi todo el mundo con la boca abierta (como veremos, incluidos varios de sus partidarios).

La revista Time lo ha definido muy bien con una portada minimalista pero que lo dice todo en el ejemplar que ha salido este jueves. Minimalista, porque sólo tiene una palabra que ni siquiera es Trump. Derritiéndose.

meltdown

Está claro a qué película nos recuerda esta portada.

raiders

El artículo incluye una frase muy reveladora de un asesor de Clinton:

«En el cuartel general de Clinton en Brooklyn, los asesores que aún curan sus heridas de las peleas con Bernie Sanders no se creen la suerte que tienen. Como en todas las campañas, los que se ocupan de la investigación observan cada acto público (del otro candidato), leen cada entrevista y guardan cada tuit. «En otras campañas, estaríamos recogiendo las migajas», dice un asesor de Clinton. «Ahora, estamos inundados. Él (Trump) puede montar un incendio en el desayuno, matar a una monja a la hora de comer y torturar con el waterboarding a una mascota a primera hora de la tarde. Y aún no habríamos llegado al prime time».

Uno se imagina a la gente que trabaja en esa campaña felicitándose con aplausos y ‘high five’ cada vez que su rival abre la boca. Y a muchos republicanos, en especial la gente que ha llevado antes campañas, leyendo en sus móviles la ocurrencia más reciente y conteniendo las ganas de lanzarlo contra la pared.

Al artículo le falta lo último. Porque, como dice la frase citada en Time, por muchas cosas que hayan pasado durante el día, aún queda el prime time para que Trump lance más bombas. La última fue a última hora del miércoles cuando dijo en un mitin que Obama (en realidad dijo «Barack Hussein Obama»; no había ninguna necesidad de ser sutil) era «el fundador de ISIS» y Clinton, la «cofundadora».

Una vez más, en vez de fijarse en los ataques de los demócratas hay que prestar atención a la forma en que los republicanos intentan defenderle ante unos medios de comunicación que ya se cortan muy poco. Entre otras cosas, porque Trump no se lo pone fácil después del exabrupto. Lean este diálogo del candidato en el programa de radio de Hugh Hewitt, en el que este intenta dar a la acusación un aire simbólico hasta que Trump le corrige. No intentaba hablar en términos generales de la responsabilidad de Obama y Clinton en los años que permitieron a ISIS hacerse fuerte en Irak y Siria. Ellos son los fundadores de ISIS, y no hay más que hablar.

Hewitt es un gran partidario de Trump. Hace lo posible para defenderlo contra sus propias palabras, pero no hay manera.

Después, en otro acto público Trump se reafirmó en la acusación y le añadió un chiste: ISIS debería dar a Clinton el premio de MVP, el jugador más valioso del grupo yihadista. Porque nada como incluir algún contenido humorístico al hablar del terror que sufren varios países de Oriente Medio a causa de ISIS.

Y luego un congresista de Texas, partidario de Trump, se presenta en un programa de CNN, utiliza la misma carta de intentar poner las palabras del candidato en un contexto más favorable, hasta que le recuerdan que no hay metáfora que valga y le repiten sus últimas palabras. El hombre duda y queda en evidencia finalmente cuando le preguntan cuál es el plan de Trump para derrotar a ISIS. Un par de segundos de silencio embarazoso y responde: «Bueno, mire, yo, yo… en relación a la batalla de ISIS, el Congreso tiene que dar los próximos pasos, y eso sería dar la autorización para el uso de la fuerza militar». Y sigue hablando de lo que puede hacer el Congreso. Los presentadores, misericordiosos, deciden dar por finalizada la entrevista.

Lo que mejor define la campaña de Trump no es, sin embargo, las críticas que recibe en los medios, los ataques demócratas o las excusas que sueltan los republicanos. Es lo que ha dicho en su programa Alex Jones, el predicador de todas las teorías de la conspiración en EEUU: «Y os digo que es fantástico hablar sobre ciertos cosas aquí en directo y luego escuchar a Trump repetirlas palabra por palabra dos días más tarde. Es increíble. Y demuestra lo centrado que está este tipo y que por eso están todos tan asustados con él».

Hay que reconocerlo. En este caso, Alex Jones tiene toda la razón del mundo. Sobre todo, por lo segundo, aunque el susto se pasa al leer las encuestas.

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La crisis de la prensa, según John Oliver

John Oliver dedica sus 20 minutos demoledores de costumbre a la crisis de la prensa en EEUU, a la pérdida de calidad de los grandes periódicos y a su reconversión en plataformas de contenidos digitales donde quien sale perdiendo a veces es el tipo de periodismo que vimos reflejado en la película ‘Spotlight’, y nunca las cosas que interesan a la gente, pero que son entretenimiento (los gatitos ahora, los deportes ahora y antes).

Tiene razón en casi todo lo que dice. Nadie como Oliver para detectar las gilipolleces con las que se intenta justificar lo injustificable, sobre todo desde gobiernos y empresas.

Hay algunos hechos que no están contados y que no se pueden obviar. Esos periódicos locales a los que se refiere son los periódicos de las grandes ciudades norteamericanas, de lugares como Chicago, Los Angeles, Detroit o Miami. Hay que recordar que hasta que salió USA Today en 1982 en EEUU no había prensa nacional como la conocemos nosotros.

Esos medios locales funcionaban en su mayoría en régimen de monopolio. Muchos no tenían un competidor de su misma estatura (y si existía era un periódico de características muy diferentes), y por tanto monopolizaban el mercado publicitario. Ganaban cantidades inmensas de dinero, lo que les permitió convertirse en lo que eran.

En realidad, su crisis empezó mucho antes de Internet. Casi todos eran propiedad de empresas familiares que años después terminaron siendo vendidos a grandes corporaciones o entraron en Bolsa para que sus dueños se embolsarán aún más dinero. Como bien ha explicado unas cuantas veces David Simon, la solución para sostener beneficios progresivamente irreales fue recortar gastos en la redacción. Evidentemente, con Internet y las nuevas tecnologías, esas empresas han visto cómo se ha acelerado esa pérdida de ingresos publicitarios. Su reacción sólo ha servido para agudizar la crisis.

Sólo hay que hacer la prueba –en EEUU, España o cualquier sitio– y ver la página web de un medio informativo. Si empiezas a ver muchas cajas con noticias de temas ligeros y curiosos, ya sabes dónde están las prioridades.

A la Asociación de Periódicos de América (NAA), es decir, la patronal, no le ha hecho mucha gracia. Su presidente ha hecho un poco el ridículo con la protesta, porque no te puedes quejar de que Oliver no haga propuestas constructivas. Es un maldito comediante, no un consultor. Con razón ha dicho el director del Washington Post que la NAA no se entera.

Oliver sí recuerda algo obvio en lo que es una propuesta dirigida a los ciudadanos: si la gente no paga por el periodismo, por el que merezca la pena, tendrá garantizado el suministro de gatos adorables y otras formas de entretenimiento, no así el de noticias. Up to you, people.

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La guerra de Siria se alimenta gracias a la intervención exterior

alepo

En los últimos meses, el Gobierno sirio había conseguido una posición de ventaja sobre los insurgentes que ocupan una parte de la ciudad de Alepo, en el norte del país. La conexión de sus enemigos con la frontera turca, y por tanto, con la llegada de suministros y armas, estaba en peligro. Se dijo que Damasco podía llegar a controlar toda la ciudad, lo que supondría un factor decisivo en la guerra civil siria. El último contraataque de los insurgentes ha cambiado la situación sobre el terreno muy poco tiempo después de que el Frente Al Nusra anunciara que abandona su vinculación a Al Qaeda y cambia su nombre.

Un artículo en el FT da algunas pistas, no del todo claras como es habitual en esta guerra, cuya información escritas fuera del país se basan a veces en fuentes anónimas. La principal, los insurgentes han recibido una considerable ayuda exterior recientemente. Sin ella, esta ofensiva habría sido imposible.

«Pero la ofensiva contra las tropas del presidente Basar Al-Asad puede haber tenido más ayuda extranjera de la que parece. Activistas y rebeldes dicen que las fuerzas de la oposición han recibido nuevas armas, dinero y otros suministros antes y durante los combates. «En la frontera conté ayer decenas de camiones con armas», dice un activista sirio, que suele pasar entre Siria y la vecina Turquía. «Está ocurriendo todos los días, durante semanas. Pasan armas, artillería, no hablamos sólo de algunas armas y munición».

La sospecha, bastante probable en este caso, es que la ayuda procede de Arabia Saudí y Qatar, colaboración que suele contar con el obvio permiso de Turquía, por cuya frontera tiene que pasar, y de EEUU. Tras el golpe de Estado, la atención del Gobierno turco está centrada en los asuntos internos, pero eso no quiere decir que haya abandonado su política de propiciar el derrocamiento de Asad.

En esta ofensiva está participando la nueva Al Nusra, ahora llamada Fatah al-Sham. Los yihadistas son el grupo dominante en la coalición responsable de romper el cerco sobre una parte de Alepo y de permitir que lleguen suministros a las zonas urbanas.

Su ideología es la misma que antes. No ha habido una ruptura con Al Qaeda por discrepancias de fondo. De hecho, al Zauahiri había pedido a Al Nusra que llegara a acuerdos con otros grupos insurgente sirios, no necesariamente yihadistas, y ese pacto no era posible sin poner fin a su juramento de lealtad hacia Al Qaeda.

Con independencia de lo que ocurra en Alepo –ya hay informaciones que indican que las fuerzas del Gobierno, ayudadas por las milicias libanesas de Hizbolá, han recuperado parte del terreno perdido–, la duda es si ahora EEUU dará por certificado el ‘blanqueo’ de Al Nusra, lo que conduciría a reconocer su papel predominante en cualquier coalición de fuerzas contrarias al Gobierno de Asad.

El intento de Washington por encontrar una fuerza que estuviera tan lejos de Asad como de los yihadistas de ISIS o Al Nusra ha cosechado estos años un claro fracaso. Tomemos el ejemplo de un artículo de hace unos días en el NYT, que recuerda la situación inmediatamente anterior a la intervención directa de las fuerzas rusas que salvaron a Damasco del riesgo de un colapso. Se dice que antes de eso «los grupos rebeldes apoyados por la CIA habían ganado territorio en las provincias de Idlib, Hama y Latakia» en el norte de Siria. Y el artículo comenta que había un problema para Washigton, que «estos grupos habían combatido en ocasiones junto a soldados del Frente Al Nusra».

Más allá de que nunca he visto un artículo en la prensa norteamericana que llame «soldados» a miembros de Al Qaeda, no es cierto lo que dice. La ofensiva del norte que obtuvo esos éxitos en Idlib y amenazaba seriamente al Gobierno en la provincia de Latakia fue ejecutada por una coalición llamada «Ejército de la Conquista», cuyo principal integrante era entonces Al Nusra. Es algo ampliamente conocido y no sé cómo a estas alturas se puede omitir.

El artículo cita una frase del líder de uno de esos grupos entonces aliados con Al Nusra que comenta que en esa época recibían cargamentos de misiles antitanque tan pronto como gastaban los envíos anteriores. Esa ayuda constante continuó en los meses posteriores a la intervención rusa, aunque no fue suficiente para impedir que se frenara el avance de los enemigos de Asad hacia el sur.

Tanto antes como ahora nos encontramos ante un escenario en el que ninguno de los contendientes de la guerra siria podrían avanzar posiciones sin ayuda exterior. El Gobierno, sin la Fuerza Aérea rusa y las milicias de Hizbolá. Los insurgentes, sin las armas y municiones que reciben de Arabia Saudí, Qatar, Turquía y EEUU. Es la garantía perfecta para que la guerra continúe durante años. Cuando uno de los bandos esté cerca de sufrir una derrota decisiva, tendrá el apoyo exterior que le permitirá compensar esa desventaja.

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La cruzada sexista contra Hillary Clinton tiene su origen en los 90

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En las elecciones, se vota a favor de alguien –un partido o un candidato– y también en contra de alguien. La segunda intención puede llegar a ser tan poderosa como la primera. Pero habitualmente el primer factor es el primero que considera un votante. Hasta que llegan las elecciones norteamericanas y resulta necesario cambiar los cálculos.

Con diversas variaciones, estos datos aparecen en varias encuestas. El rechazo a Hillary Clinton y Donald Trump es mucho más amplio que lo habitual en EEUU. Casi la mitad de los votantes de cada candidato está pensando más en lo que odia del rival a la hora de decidir su voto, al menos según esos datos que proceden de un sondeo de Fox News. Es una carrera por ver quién es el menos malo.

No nos debería extrañar mucho en el caso de Trump dada su trayectoria del último año, ¿pero qué ocurre con Clinton?

Las razones ideológicas son perfectamente legítimas. Por ejemplo, el votante demócrata que apoyó a Bernie Sanders en las primarias no puede sentirse muy entusiasmado con la exsecretaria de Estado. En cuestiones de política exterior y económica, las diferencias políticas son profundas. Clinton es vista como una representante perfecta del establishment del Partido Demócrata, que ha decepcionado en muchas ocasiones a esos votantes.

Sin embargo, el electorado norteamericano no está tan a la izquierda como para que ese sea el único factor decisivo. El rechazo a Clinton entre los votantes registrados como republicanos e independientes cuenta en todos esos sondeos, y no son el tipo de gente que apoyaría a Sanders, su defensa de clase trabajadora, o su rechazo de los tratados de libre comercio y del poder de Wall Street. Tiene que haber algo más y para eso hay que remontarse a los años 90. Este vídeo da algunas pistas.

Es una recopilación de preguntas de periodistas a Clinton desde la época en que su marido era presidente. Bill Clinton acabó su segundo mandato con un alto apoyo en las encuestas, pero su presidencia tuvo su buena dosis de escándalos, comenzando con Whitewater y acabando con Monica Lewinsky y el proceso de ‘impeachment’ en el Congreso. Por alguna razón, la obsesión, en parte justificada, por Bill se trasladó a Hillary, que en los medios derechistas apareció descrita como una persona despiadada y sin escrúpulos. De ahí esas preguntas, algunas delirantes, como la que la compara con Lady Macbeth, siempre, claro está, con el subterfugio de decir que se dice, se comenta…

Como primera dama, Hillary no podía ostentar ningún cargo político. Lo primero que llamó la atención, y escandalizó a los más conservadores, es que no iba ser la típica esposa del presidente dedicada a obras caritativas y promover causas justas. Tuvo un papel importante dentro de la Casa Blanca en la fracasada reforma sanitaria. Esa participación fue utilizada por los republicanos y muchos medios de comunicación para acabar con ese proyecto. Que una mujer con formación universitaria y fuertes convicciones políticas pudiera intervenir en esas decisiones, por ser la esposa del presidente, se definió poco menos que como un ultraje a las instituciones. Hillary Clinton era el flanco vulnerable de la Casa Blanca en esa discusión y por eso los conservadores se emplearon a fondo contra ella.

Clinton desarrolló entonces una aversión intensa hacia los periodistas que llega hasta nuestros días. No ha dado una rueda de prensa desde hace 260 días, aunque ha concedido innumerables entrevistas. Siempre se dice que Bill es alguien que necesita que le quieran, al que le importa mucho lo que opinen de él. A Hillary le trae sin cuidado. Eso siempre tiene un precio en política.

El acoso alcanzó niveles paranoicos con la propagación de teorías de la conspiración. La más conocida tiene que ver con el suicidio de Vince Foster, consejero de la Casa Blanca y amigo de los Clinton, que se pegó un tiro después de años de luchar contra la depresión. Evidentemente, en la mayor parte de las veces era Hillary más que Bill la responsable del asesinato de Foster, bien para ocultar el escándalo de Whitewater o para ocultar una relación íntima con la esposa del presidente. Desde entonces, las conspiraciones sobre Hillary han continuado.

Más recientemente (las relaciones de la Fundación Clinton con corporaciones y gobiernos autoritarios, el uso de un servidor privado de email en su casa cuando era secretaria de Estado o el ataque al consulado de EEUU en Bengasi, Libia), se han originado en polémicas políticas reales, aunque infladas hasta la exageración por los republicanos en el caso de Bengasi, y han tenido más que ver con su condición de favorita para la candidatura demócrata a las elecciones de 2016.

Pero desde hace más de 20 años las críticas a Hillary Clinton tienen que ver tanto con sus ideas como con la imagen que inventaron de ella los conservadores en los 90: una mujer que no tenía derecho a participar en política.

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