Obama en Camp David con dirigentes de los países que forman el Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudí, Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos). Otra cita fundamental para extender los principios de democracia y libertad en Oriente Medio.
Un periodista de Channel 4 intentó hacer unas preguntas al príncipe Carlos sobre el contenido de sus emails a miembros del Gobierno de Tony Blair. A la asesora de la Casa Real no le fue suficiente con el típico bloqueo en movimiento, también agarró el micro hasta quedarse con la capucha.
Aunque han sido necesarios diez años de litigios judiciales, el contenido de las cartas no parece tan escandaloso como creían algunos medios. Es cierto que Charles Windsor llegó al límite con su correspondencia con algunos ministros sobre temas de su interés (medio ambiente, arquitectura…), pero es difícil considerarlo una forma de presión excesiva.
El Gobierno intentó que no se conociera el contenido de los emails porque podría comprometer su posición neutral futura como monarca. Lo que no era del todo falso. Al final, en los titulares, con independencia del éxito de sus gestiones que no está confirmado, no iba a quedar muy bien.
Son los líderes que asistieron al 70º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en Moscú. La foto le pilla al presidente egipcio Sisi a la izquierda en tercera fila. Eso es algo que no se puede permitir.
Para la portada de Al-Ahram (el periódico propiedad del Estado y el de mayor difusión en Egipto), hay una solución muy sencilla. Se recorta un Sisi de otra foto y se coloca en primera fila. Y si hay que tapar a Putin, no es problema.
[Nota: Como ocurre a veces, la imagen era tan buena que era falsa, una broma que ha circulado en Egipto para denunciar la adulación constante a Sisi en los medios egipcios y recordar la vieja costumbre de Al-Ahram de recurrir al photoshop con Mubarak. Pero esta vez no era cierta. Lamento el error.]
Qué se puede esperar de un país en el que las autoridades del Ministerio de Educación en el distrito de Giza no sólo tienen un índice de libros prohibidos, sino que se procede a prenderles fuego en un acto público, previa convocatoria a los periodistas porque están muy orgullosos de la iniciativa. Y qué mejor sitio que el patio de un colegio.
El rey y el Gobierno español recibieron hace unos días encantados a Sisi en Madrid porque no hay nada como quemar libros para luchar contra «el extremismo, la exclusión y el odio».
Boris Nemtsov no logró cumplir su propósito de completar un informe sobre la implicación rusa en la guerra de Ucrania. Fue asesinado en Moscú el 27 de febrero. De hecho, ni siquiera comenzó a escribirlo. Sus amigos y partidarios lo han finalizado con las anotaciones y el material que él recogió. Dicen que no hay muchas revelaciones nuevas, pero sí la recopilación de la información conocida por la oposición rusa a través de lo que han aportado familiares de soldados y organizaciones de derechos civiles. Se titula ‘Putin. Guerra’.
Los autores del informe dicen que han confirmado la muerte de 150 soldados rusos en agosto en la región este de Ucrania y otros 70 en la batalla de Debaltsevo en febrero, donde las fuerzas de Kiev fueron derrotadas. En el primer caso, los familiares de los fallecidos recibieron una indemnización de dos millones de rublos, unos 35.000 euros. Se vieron obligados a firmar una cláusula de confidencialidad.
Un exviceministro de Hacienda, Sergei Aleksashenko, ha hecho una estimación del precio económico de la guerra. El coste total es equivalente a 49.000 millones de euros, pero casi en su totalidad, corresponde a la integración de Crimea en Rusia. El gasto en la guerra del Este de Ucrania incluye 367 millones de euros en una fuerza de 6.000 voluntarios rusos, 436 millones en pagar a las milicias ucranianas del Este, y 121 millones en material y suministros. Además, se ha gastado 1.400 millones de euros en ayudar a los refugiados de las regiones ucranianas de Donetsk y Lugansk.
Todos los soldados que aceptaban combatir en Ucrania tenían que firmar la baja del Ejército para así poder alistarse como «voluntarios».
Sólo se han impreso 2.000 copias del informe para la presentación. Para una distribución más amplia, necesitan que una imprenta se ocupe del trabajo, y de momento nadie se ha mostrado dispuesto a hacerlo.
Reuters ha hablado con varios soldados rusos que abandonaron el Ejército. Dos de ellos se habían negado a ir a luchar a Ucrania.
«En Rusia, todos los hombres de entre 18 y 27 años tienen que pasar 12 meses en el Ejército. Por ley, esos reclutas no pueden ser enviados al extranjero. Pero según activistas de derechos humanos, los militares les prometen incentivos económicos para firmar contratos que les convierten en soldados profesionales. Los oficiales presionan luego a los soldados para que vayan a Ucrania», dice Reuters.
Uno de esos activistas ha hablado con 30 soldados que estuvieron combatiendo en Ucrania. Los sueldos de los soldados profesionales han subido desde 2010. Ahora cobran entre 20.000 y 40.000 rublos al mes, en función del rango. El sueldo medio en Rusia es de unos 30.000 rublos (532 euros).
Seymour Hersh es uno de los más grandes periodistas de investigación norteamericanos. Es prácticamente una leyenda que sigue trabajando con 78 años. También tiene su genio y un convencimiento contrastado con hechos a lo largo de décadas: el Gobierno siempre miente u oculta la verdad (o ambas cosas) en asuntos de seguridad nacional. Está en su naturaleza.
Hersh se mueve en un mundo en el que las fuentes no suelen aceptar ser identificadas ni para decir buenos días, incluso cuando han pasado años desde que abandonaron las Fuerzas Armadas o los servicios de inteligencia. La credibilidad de un reportero siempre se pone a prueba en este tipo de artículos. La abundancia de fuentes anónimas hace que el lector tenga que fiarse de la confianza que le genera tanto el autor como el medio en que se publica su trabajo. Algunas dosis de escepticismo sobre las revelaciones más impactantes son siempre recomendables.
Sus dos últimos reportajes largos no han aparecido en The New Yorker, sino en London Review of Books. En el anterior, afirmaba que los grupos insurgentes sirios estaban en condiciones de realizar ataques con sarín, mientras EEUU acusaba al Gobierno sirio de ser el responsable de un ataque con armas químicas en el verano de 2013. El artículo pasó bastante desapercibido y fue refutado en algunos medios. Luego se supo que The New Yorker no había querido publicarlo y que The Washington Post tampoco quiso hacerlo. Poco tiempo después, Hersh publicó otro artículo para acusar directamente al Gobierno turco de estar detrás de ese ataque con el fin de hacer aparecer a Asad como responsable.
El último reportaje es sin duda aún más espectacular. Hersh cuenta que es completamente falsa la versión oficial sobre la operación en la que se eliminó a Osama bin Laden. Afirma que el líder de Al Qaeda era un prisionero de ISI (los servicios de inteligencia paquistaníes) en Abbottabad, Pakistán desde 2006, con el visto bueno de Arabia Saudí. Tanto el jefe del ISI como el del Ejército paquistaní estaban implicados en la operación y facilitaron el apoyo necesario para que los SEAL asesinaran a Bin Laden. Washington supo de su presencia en Pakistán gracias a la información facilitada por un ex alto cargo de ISI, que ahora reside protegido en EEUU.
Todas estas revelaciones provienen de una sola fuente anónima. Hersh sostiene que otras fuentes, también anónimas y un ex jefe del espionaje paquistaní en los años 90, han corroborado algunos elementos de ese relato.
Lo que han convertido en sólidos y casi irrefutables muchos de los antiguos trabajos de Hersh (My Lai, Abú Ghraib, las guerras secretas de la CIA en Oriente Medio y Asia Central…) no es sólo la información obtenida de fuentes que cuestionaban la historia oficial que nos habían ofrecido, las declaraciones de gente que sí se identificaba y documentos oficiales que confirmaban algunas de esas revelaciones. Toda la estructura de esos reportajes era sólida en la medida de que quedaban claros los por qué. Y eso es lo que falta en esta historia sobre Bin Laden o sencillamente aparecen descritos en términos imposibles de creer.
EEUU tenía aparentemente la connivencia de los dos hombres más poderosos de Pakistán, un aliado con el que las relaciones han sido tormentosas desde 2001. Norteamericanos y paquistaníes tenían intereses y prioridades diferentes en relación a la guerra de Afganistán. Los altos cargos de ISI no estaban dispuestos a entregar a EEUU a los dirigentes talibanes, incluido el mulá Omar, que se refugiaron en Pakistán, y muchos de los insurgentes afganos contaban con la protección del ISI.
Sin embargo, ahora los generales Kayani y Shuja aceptaron colaborar en lo que a todos los efectos suponía una doble humillación para sus fuerzas. En primer lugar, quedaba de manifiesto que Bin Laden había estado escondido durante años en una casa situada a escasa distancia de una gran academia militar y en una ciudad habitada en buena parte por altos mandos del Ejército. En segundo lugar, la operación de los SEAL suponía una violación de la soberanía paquistaní y reducía el prestigio interior de dos fuerzas (los militares y los espías) que se precian de ser las dos únicas instituciones que funcionan en el país, a diferencia de los ineptos gobiernos civiles.
Y todo eso a cambio de unas vagas referencias, nada concretadas, a un permiso norteamericano a Pakistán para que operara sin restricciones en Afganistán, algo que ISI ha hecho con bastante impunidad desde los años 90.
Pakistán no ha tenido nunca problemas en entregar a EEUU a dirigentes de Al Qaeda (un caso muy distinto es el de los talibanes afganos). Y no sólo peces pequeños, sino presas de alto nivel. Ramzi bin al-Shibh fue detenido en Karachi en septiembre de 2002. El más importante, Khalid Sheikh Mohammed, considerado el principal arquitecto del 11S, lo fue en Rawalpindi, otra ciudad con una intensa presencia militar, en marzo de 2003. En ambos casos, la operación fue llevada a cabo por agentes de ISI, con la asistencia de agentes de la CIA.
Uno se pregunta si a EEUU le interesaba capturar vivo a Bin Laden. No habría sido un problema. Si los paquistaníes lo tenían detenido, siempre podían haber entregado un cadáver, del que luego no quedaría ni rastro después de hacer las comprobaciones oportunas.
Como siempre que alguien traza una conspiración, hay que preguntarse cuántas personas estaban al tanto de ella. Si el número aumenta demasiado, o incluye gente de bajo nivel como soldados de los que no hay garantías completas de que vayan a guardar el secreto durante años o décadas, es cuando conviene empezar a dudar. Si los expertos que confirmaron la veracidad de algunos de los documentos encontrados en la casa de Abbottabad, que según Hersh sólo eran falsificaciones, también estaban implicados en el sostenimiento de la farsa, incluimos también a gente de la que los servicios de inteligencia no se suele fiar.
Algunos expertos afirman que Al Zauahiri confirmó que algunos de esos documentos eran reales, lo que ya lleva la conspiración demasiado lejos. No puede ser que el número dos de Al Qaeda estuviera metido también en el asunto.
No todo lo que se dijo sobre el asesinato de Bin Laden era cierto, y algunas cosas se desmintieron en cuestión de días. Seguro que hay muchos más secretos que aún no conocemos. El Gobierno de EEUU no tuvo empacho para justificar la invasión de Irak en crear sus propias teorías de la conspiración, como la historia de los inexistentes contactos en Praga de Mohamed Atta, uno de los autores del 11S, con agentes del espionaje iraquí.
Para cuestionar todo eso no vale con crear una teoría de la conspiración alternativa, por inaudita que parezca. No es que las autoridades norteamericanas no sean capaces de crear algo así. Es que debes tener algo más que una fuente anónima para sostener tu propia versión. También Judith Miller se inventó muchas historias sobre las armas de destrucción masiva iraquíes con ayuda de fuentes anónimas.
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Algunos artículos que critican duramente a Hersh por el reportaje sobre la muerte de Bin Laden en Vox, New York y Quartz. Peter Bergen, que escribió un libro sobre la operación, refuta a Hersh.
Los apasionados por los números nos recuerdan que el SNP obtuvo menos votos en cifras absolutas que el ‘sí’ a la independencia en el referéndum. El impacto político de que los nacionalistas sacaran 56 de los 59 escaños en disputa en el Norte va más allá del número de diputados.
No es sólo por el sistema mayoritario. El SNP se llevó la mayoría absoluta en las elecciones escocesas en 2011 con un sistema electoral distinto (mezcla de mayoritario y proporcional), concebido en su momento –cuando Blair puso en marcha la devolución de poderes a Escocia– precisamente para impedir que un partido obtuviera la mitad más uno de los escaños.
Los antiguos votantes laboristas que apostaron por la separación en la consulta continuaron confiando en el SNP, esta vez en las generales. Las razones serán muchas, pero el desenlace es inconfundible: los escoceses ven a los laboristas como el Partido de Londres (lo mismo que a los tories desde hace mucho más tiempo). No cambias esa percepción eligiendo a un líder diferente.
Si sólo nos fijamos en la economía, el resultado escocés puede sorprender. Desde la celebración del referéndum, el precio del petróleo se ha hundido, y esa industria sería básica en la prosperidad de una Escocia independiente. Será que esto tiene que ver más con la identidad que con la renta.
Por mucho que la primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon, haya dicho que la victoria histórica del SNP «no es un mandato por la independencia» o por un nuevo referéndum, hay un factor que está fuera de su control: el futuro referéndum sobre la UE en todo el país. Si los británicos deciden divorciarse de Bruselas, los escoceses no se se resignarán a ese destino.
Ni aceptarán un nuevo tiempo político en el que el nacionalismo inglés sea un factor determinante en Londres, lo bastante relevante como para que se puedan ganar elecciones nacionales con él.
Ya sabemos que dentro de la UE el concepto de soberanía ha quedado muy disminuido. Pero es muy probable que los escoceses prefieran depender de las instituciones europeas que de las británicas. Al menos, en el primer caso, lo harían como Estado independiente.
Por eso, un periodista escocés proUnión como Alex Massie está tan preocupado. La separación es cuestión de tiempo si los términos del matrimonio no son radicalmente alterados. Ingleses y escoceses pueden vivir separados dentro del mismo Estado o en estados diferentes, vecinos y aliados. Vistas así las cosas, la independencia ya no parece un salto hacia lo desconocido, sino un simple cálculo de beneficios. Y ahí el discurso de la identidad tiene todas las de ganar.
Sacado de una serie de emails de altos cargos y funcionarios de la Administración rusa que han sido filtrados recientemente:
«Berlusconi preguntó a Putin si leía las noticias antes de irse a dormir. La respuesta fue que no. Leer las noticias es una de las razones de que Berlusconi se vaya a dormir tan tarde, ya que los titulares y el contenido de los principales artículos de los medios (italianos) no se conocen hasta la 1.30 de la madrugada. Putin dijo que no sólo no lee las noticias antes de dormir, sino que intenta ignorarlas por completo para que sus opiniones y decisiones futuras no dependan de las opiniones de los periodistas y los directores. El líder de un Estado, en opinión de Putin, debería tomar las decisiones por sí solo, sin orientarse o prestar atención a los medios».
Con los resultados finales, Nick Sutton detalla el número de votos que ha necesitado cada partido para obtener un escaño (GRN es Green, Los Verdes). Se trata de una media y por tanto no cuenta toda la historia. Y tiene un punto falso. UKIP no gastó 3,8 millones de votos en conseguir un escaño. Fueron exactamente 19.642 votos los que convirtieron a Douglas Carswell en diputado por el distrito de Clacton.
No hay sistema electoral inocente y puro que no tenga un precio que pagar. En teoría, el más «democrático» podría ser el sistema proporcional con un pequeño umbral para entrar en el Parlamento. Pero eso vulneraría el segundo principio por el que debería regirse un sistema: permitir la elección de un Gobierno estable con capacidad para aplicar el programa que ha prometido a los ciudadanos.
Si un sistema tiene como consecuencia un reparto en el que ningún partido puede llevar a la práctica sus ideas, es difícil considerar democrática esa forma de asignar escaños.
Con respecto al Reino Unido, lo que vemos son las consecuencias habituales del sistema mayoritario, ese que algunos consideran la pieza clave para regenerar la democracia, consiguiendo una relación directa del diputado con su circunscripción. No sale gratis.
Pero al final todo el mundo se fija en el sistema de reparto, y pocos en el tamaño del distrito electoral. En España ocurre con frecuencia. El hecho de que la circunscripción sea la provincia tiene consecuencias. Sería distinto si fuera la nación. En ese caso, ya podemos suponer lo que pasaría con las provincias más pequeñas y lo que los representantes políticos se acordarían de ellas.
En el Reino Unido, las circunscripciones no se delimitan como en EEUU, donde pueden llegar a tener formas inverosímiles para supuestamente lograr un equilibrio de su composición social y étnica, y en la práctica para beneficiar los intereses políticos de los partidos que controlan el legislativo del Estado.
Los liberal demócratas consiguieron en 2011 que se celebrara un referéndum en el que se ofrecía la posibilidad de introducir proporcionalidad en el reparto de diputados. Votó el 42% del censo y el resultado fue claro. El 67,9% apostó por no hacer ningún cambio.
Cada escaño británico representa a una media de unos 65.000 votantes. Se producen ajustes una vez cada diez años con los datos del último censo. A diferencia del gerrymandering, se intentan respetar las fronteras naturales: los condados o los distritos municipales.
«First past the post» significa que sólo hay premio para el primero. Por eso, UKIP ha ‘desperdiciado’ tantos votos. Ha quedado segundo en más de 90 circunscripciones (sobre un total de 650), con resultados especialmente buenos en muchas zonas del centro y norte de Inglaterra por detrás de los laboristas. Eso le puede permitir ampliar su implantación en otras regiones del país en el futuro o puede al final no significar nada.
UKIP, por ser un partido más extremista que conservadores y laboristas, sufre los efectos del voto táctico, como el Frente Nacional en Francia en la segunda vuelta de las elecciones. ¿Es eso injusto? No, si proviene de una decisión libre de los electores. Votar en alguna ocasión a un partido que no es el tuyo para que no gane otra formación más odiada es en el fondo una decisión inteligente, o como mínimo racional.
La tabla de arriba no cuenta toda la historia. Esta sirve para complementarla.
And how many votes per seat contested? GRN 2,020 LD 3,829 PC 4,542 UKIP 6,220 DUP 11,516 LAB 14,814 CON 17,492 SNP 24,651
Es el número medio de votos por cada circunscripción en la que se presentaron los partidos. Refleja la implantación real de esos partidos. Los nacionalistas escocesas del SNP obtuvieron 56 escaños con un porcentaje nacional del 4,7% de los votos. Lógicamente, sólo se presentaron en Escocia. Estas cifras ayudan a entender mucho mejor el resultado electoral.
Los periodistas británicos decidieron en su mayoría que había sido una campaña electoral aburrida y plana. Los sondeos pronosticaban un empate técnico entre conservadores y laboristas, y terminaron acercando sus pronósticos respectivos en un ejemplo de ‘efecto rebaño’. Ed Miliband aspiraba a empatar en escaños con David Cameron y conseguir el apoyo de los nacionalistas escoceses para llegar al poder. Cameron daba muestras de un cierto nerviosismo apelando con pasión al peligro que supondría un Gobierno «controlado» por el SNP. Parecía jugar a la defensiva.
Todos estaban/estábamos equivocados. Ha sido un cataclismo, una pesadilla brutal para laboristas y liberal demócratas. Ha sido una noche gloriosa para tories y nacionalistas escoceses.
El SNP arrolló a sus rivales en el Norte (y eso es en lo único en que acertaron los sondeos previos). Fue una masacre laborista. Glasgow, baluarte de la izquierda durante décadas, se hizo nacionalista. Los laboristas conservaron un escaño en Edimburgo Sur pero coleccionaron derrotas por todos los sitios, y por inmensas diferencias.
Douglas Alexander, exministro y jefe de campaña de los laboristas, perdió su escaño ante una estudiante universitaria de 20 años. Mhairi Black, que tiene la intención de acabar sus estudios, será la parlamentaria más joven en Westminster desde 1667. El año anterior, el barón de Torrington, había alcanzado el estatus de parlamentario a la tierna edad de 13 años gracias a su título nobiliario, lo que es un precedente ya muy poco habitual en política.
El líder laborista en Escocia, Jim Murphy, decisivo en la campaña del no a la independencia en el referéndum, también perdió su escaño.
La primera ministra, Nicola Sturgeon, fue inteligente al decir que la victoria «no es un mandato por la independencia» ni para reclamar un nuevo referéndum. No sé si en Londres le creerán.
Los laboristas fueron barridos en el Norte y fracasaron en casi todos sus objetivos del Sur. En Inglaterra, los tories incluso mantuvieron escaños que creían que perderían ante el partido de Miliband y además derrotaron a los pesos pesados de los LibDem en varias circunscripciones clave.
Esos 316 escaños que les daba la ‘exit poll’ con que se inició la noche electoral de repente parecían una cifra que podía superarse. Y se superó hasta cruzar el umbral de la mayoría absoluta: 331 escaños (por 232 para los laboristas, 56 para el SNP, 8 para los LibDem, 8 para los unionistas del DUP, y 15 para otros).
Al león escocés se le ha unido el león inglés, dicen algunos. Parece indudable que la estrategia tory de alentar el miedo a los escoceses ha surtido efecto. Sumada a la debilidad del liderazgo de Miliband, les ha entregado una victoria muy superior a sus expectativas, incluidas las de sus votantes.
¿Pero qué queda entonces de la Unión? Cameron deberá reflexionar sobre el asunto y, con cinco años por delante, ofrecer un nuevo pacto constitucional al SNP. Quizá la única manera de mantener unido al país consista en que ingleses y escoceses desarrollen su vida económica por separado.
Nunca subestimes el poder de una campaña basada en el miedo. Esa es una lección que será analizada con cuidado en España.
Los LibDem fueron también aniquilados por todo el país. Todos sus pesos pesados, también los que habían sido ministros en el Gobierno de Cameron, cayeron al suelo. Vince Cable, su mente económica más brillante y aliado reticente de los tories al principio, fuera. Simon Hughes, 32 años en el Parlamento, fuera. Ed Vailey, ministro de Energía, fuera. Y muchos más.
En el colmo de la ironía, Nick Clegg sobrevivió en su distrito a «una noche cruel que ha sido un castigo». Como responsable de la debacle y firme partidario del pacto con Cameron, sólo le queda la opción decente de dimitir como líder del partido (nota: como así hizo, muy poco más tarde).
Lo mismo le pasa a Ed Miliband. Lastrado por su escaso carisma, por detrás de Cameron en la valoración personal de líderes, ha fracasado y es probable que no tenga una segunda oportunidad (nota: y no la tuvo porque también dimitió).
Un sudor frío recorrerá el rostro de los dirigentes del partido. Si han sido aniquilados en Escocia, donde pueden perder 40 escaños, ¿cómo podrán volver al poder? Si no consiguieron recuperar posiciones en Inglaterra ante un Gobierno que ha impuesto duros recortes de gasto público, ¿cómo podrán hacerlo si la situación económica sigue mejorando?
Ha sido una repetición de 1992, cuando los tories parecían encaminarse a una derrota segura y salieron con la inesperada victoria de John Major. Precisamente, el problema para Cameron es ese: sí, lo malo es que es igual que en 1992. Entonces, el debate sobre Europa desangró al partido. Los euroescépticos martirizaron sin piedad a Major.
Ahora no es exactamente igual. Todos los tories son ya euroescépticos, pero algunos siempre tienen más prisa. Cameron prometió un referéndum sobre la permanencia en la UE y ahora tiene que cumplir. Si lo pierde, y bajo ningún concepto hay que dar por hecho que el resultado será la salida, buena parte del partido no se lo perdonará. Y si Londres huye de la UE, quizá los escoceses decidan que ya no quieren quedarse solos con los ingleses en la isla.
Ser líder de un partido británico es una actividad de alto riesgo.
ACTUALIZADO a las 17.00 con los resultados definitivos y las referencias a las dimisiones de Miliband y Clegg.
4.20
La primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon, afirma que la histórica victoria del SNP «no es un mandato por la independencia o por otro referéndum», sino para contar con una «voz más fuerte de Escocia en el Parlamento y por políticas progresistas».
3.25
Otra derrota humillante para los laboristas en Escocia con nombre ilustre incluido. Douglas Alexander, exministro, ha perdido su escaño ante la candidata del SNP. Alexander, muy cercano a Miliband, era además el jefe de campaña de los laboristas y tenía la cartera de Exteriores en el ‘gabinete en la sombra’.
Y ha perdido la batalla ante Mhairi Black, una estudiante de 20 años de la Universidad de Glasgow. He leído antes que será la parlamentaria más joven desde 1667. El año anterior, el barón de Torrington, gracias a su título nobiliario, había alcanzado el estatus de parlamentario a la tierna edad de 13 años. Su prometedora carrera política acabó un año después.
3.10 De repente, todos dicen que el ‘exit poll’ ya no parece tan extraño. Hemos pasado al punto contrario. Hasta podría quedarse corto y no hay que descartar que los conservadores alcancen la mayoría absoluta o la rocen con los dedos. Sólo se han adjudicado 23 escaños sobre un total de 650. Parece que es suficiente. Dos o tres resultados en zonas diferentes arrojan un panorama muy negro para los laboristas. En el distrito de Nuneaton, necesitaban un ‘swing’ de 2,3 puntos frente a los tories. Es decir, subir 1,15 puntos en porcentaje y que sus rivales bajaran la misma cantidad. No sólo no ha ocurrido eso, sino que los conservadores han aumentado la diferencia. El candidato conservador ha obtenido 20.827 votos. El laborista, 15.945. Otro dato. En Battersea, distrito del Gran Londres, los laboristas aspiraban a arrebatar ese escaño a los tories. Estos últimos les han sacado unos 8.000 votos de diferencia. Y como aperitivo de lo que ocurrirá en Escocia, el SNP ha conseguido quitarle el primer escaño a los laboristas por una diferencia gigantesca. En el distrito de Kilmarnock, el SNP ha sacado 30.000 votos justos, y el laborista, 16.362. En porcentaje, el SNP ha subido sus votos un 30%. Su rival ha perdido el 22%. Si los laboristas pensaban que el ‘exit poll’ era sólo un susto que pasaría a lo largo de la noche, es posible que hayan abandonado ya sus esperanzas. 2.00 Un pronóstico relevante que viene de las filas tories y que hace pensar que su victoria no será tan rotunda. Paul Goodman, exdiputado conservador y ahora director de la web Conservative Home, ha contado que una fuente del partido de alto nivel le ha dicho que la cifra de 316 escaños que les da la ‘exit poll’ está un poco fuera de su alcance. Como mucho, está en la parte alta de la horquilla que manejan. Cree que es más probable que la cifra final esté cerca de los 303 escaños. Por otro lado, esa misma fuente cree que los liberal demócratas tendrán más que los 10 escaños que les han adjudicado. Desde luego los tories esperan que si van perdiendo escaños a lo largo de la noche con respecto a la ‘exit poll’, vayan cayendo en manos de sus socios de los últimos cinco años. Los comentarios que se escuchan a estas horas indican que varios ministros y viceministros LibDem van a sufrir mucho para conservar sus escaños e incluso podrían perderlos. Pero sobre eso no hay datos definitivos de escrutinio aún. 1.20 Perder unas elecciones ya es bastante duro. Pero si encima te pasan la cuenta, la cosa es más humillante. Cada candidato que se presenta a las elecciones debe entregar un depósito de 500 libras (unos 685 euros). Eso se hace para alejar a aspirantes frikis y sin ninguna posibilidad (aunque algunos se cuelan). Si sacas luego menos del 5% de los votos en tu circunscripción, no te devuelven ese dinero. Eso es lo que les ha pasado a los tres candidatos liberal demócratas derrotados en tres distritos de Sunderland. Ninguno ha llegado al 5%. No serán los únicos en su partido. En 2010 ningún candidato del partido de Nick Clegg cayó tan bajo. Clegg no estará entre ellos. Que vaya a mantener su escaño es otra cosa. No hay resultados aún en su distrito de Sheffield, pero la BBC ha pronosticado que es posible que lo conserve con cerca del 38% de los votos (frente al 52% de 2010). Es demasiado pronto para saber si eso ocurrirá. Inevitablemente alguien ya ha montado una cuenta en Twitter para hacer el recuento del dinero que van a perder. Algunos han calculado que las pérdidas totales pueden ascender a unas 26.000 libras. Eso serían 52 candidatos que habrán hecho oficialmente el ridículo. Algunos pierden las 500 libras, pero, como se ve en la foto de abajo, no sólo no se lo toman mal, sino que matan el tiempo en la proclamación de los resultados haciéndose varios selfies. Dinero bien invertido, pensarán.
0.50 Tres escaños decididos en Sunderland (norte de Inglaterra) que los laboristas han mantenido con una gran mayoría. UKIP, segundo en todos ellos. Con tan pocos datos, qué mejor cosa que especular. Imaginemos que los liberal demócratas sufren un cataclismo similar al descrito por el ‘exito poll’. Nick Clegg tendría que dimitir, quizá no, y habría un nuevo líder. El partido puede decidir pasar a la oposición antes que hacer de minúsculo apéndice del segundo Gobierno de Cameron. Los tories se quedarían con una mayoría absoluta ajustadísima con el apoyo de los unionistas del Ulster, con sus ocho o nueve escaños. Se pueden quedar justo con la mitad de los 650 escaños de la Cámara. Pero incluso si los LibDem continuaran con ellos, sería una mayoría de una decena de escaños. No sería extraño que Cameron estuviera rezando ahora para que los LibDem de Nick Clegg obtengan más escaños, siempre que no se los quiten a los tories. Y aquí hay que remontarse a un periodo aciago para los tories, el Gobierno de John Major que, con una mayoría algo mayor de una veintena de escaños, sufrió el acoso inclemente de los euroescépticos más radicales, alentados por el fracaso del ‘miércoles negro’ (la salida de la libra del sistema monetario europeo). Esos rebeldes fueron una pesadilla para Major. El primer ministro llamó «cabrones» (bastards) a los más significados de ellos. Y al final esa división contribuyó al hundimiento de las elecciones de 1997. La diferencia es que actualmente todos los diputados tories son euroescépticos y que Cameron no tendrá más remedio que cumplir su promesa de convocar un referéndum para la salida de la UE. Pero si flaquea en el empeño, demos por seguro que el ala derecha le torturará como lo hizo con Major. 23.50 Hay otra encuesta pero no es lo mismo. YouGov ha dado otros resultados con 284 escaños para los tories, 263 para los laboristas, 48 para el SNP y 31 para los LibDem. La diferencia salta a la vista. Pero ese sondeo no es una exit poll, sino una encuesta online con 6.000 votantes que YouGov ha analizado sin encontrar grandes diferencias con los resultados que daban sus sondeos en días anteriores. No es por tanto lo que se llama una exit poll (encuesta a pie de urna), que es lo que han dado las televisiones. Esa ha contado con la opinión de 22.000 votantes. Se ha hecho en 141 lugares diferentes en 133 circunscripciones. Por cierto, no aparecía en la información inicial, pero los verdes habrían obtenido dos escaños. Y ya tenemos las primeras portadas. En el Mirror están a punto de pegarse un tiro.
23.15 El sondeo ofrecido por las tres cadenas (BBC, ITV y Sky News) ha ofrecido un veredicto tan demoledor como sorprendente. Nada de incertidumbre ni preludio de complicadas negociaciones. –Conservadores: 316 escaños. –Laboristas: 239. –SNP (nacionalistas escoceses): 58. –Liberal demócratas: 10. –UKIP (euroescépticos): 2. Si esa previsión se confirma en el escrutinio, será una rotunda victoria de David Cameron, que continuará como primer ministro cinco años más. Ninguno de los sondeos realizados durante la campaña preveían este final. Ofrecían un empate técnico entre los dos grandes partidos. Y ahora vemos una diferencia de 77 escaños en favor de los tories. La mayoría absoluta está en 326 escaños. Hay que comentar que en este sondeo no aparecen los unionistas de DUP en el Ulster, pero sí obtendrán varios escaños. Sólo con ese apoyo Cameron estará ya a las puertas de la mayoría absoluta (o con ella porque los que obtenga el Sinn Féin no comparecerán en la Cámara de los Comunes, como es tradicional). Con estos números, es el fin de la carrera política de Ed Miliband y de Nick Clegg. Y en Escocia el SNP obtiene 58 de los 59 escaños en liza. La propia líder del partido, Nicola Sturgeon, ha dicho que es «improbable» que lleguen tan lejos. Por eso, no conviene apresurarse con el análisis. En el plano demoscópico, sólo hay clara una cosa. Alguien la ha cagado a lo grande: las empresas que hicieron las encuestas durante la campaña o los que han hecho el ofrecido en esta noche electoral. 22.22 Jeremy Paxman tiene ideas muy estrictas sobre lo importante que es votar: «Si no votas, eres un idiota». No lo tengo yo tan claro. El voto es más un derecho que un deber. Ahora bien, si no votas, luego no te quejes.
22.15 En realidad este es el calendario de la noche electoral para los británicos. Dimbleby es un veteranísimo presentador de BBC habitual de los programas de esta noche.
22.10 A las 23.00 hora española, se conocerán los resultados del sondeo conjunto de tres cadenas de televisión: BBC, ITN y Sky News. En 2010, su nivel de acierto fue altísimo. Acertó con los 307 escaños de los tories, dio a los laboristas tres menos de los que obtuvo (255-258) y concedió dos más a los liberal demócratas (59-57). El precedente más negativo es el de 1992. Anunciaron un Parlamento sin mayoría absoluta que al final sí consiguieron los tories. 21.20 ¿Puede haber un resultado inesperado? ¿Algo que no contemplaran los sondeos? ¿Habrán subestimado las encuestas a los conservadores como ha ocurrido en unas cuantas elecciones anteriores? Claro que puede pasar eso. En 1992, en las primeras elecciones tras el tiro de gracia que los tories pegaron a Thatcher, John Major parecía ir directo a una clara derrota frente a Neil Kinnock. Al final, ganaron los conservadores. En esta anécdota, al día siguiente de esa victoria, un tipo muy atrevido le dice a Norman Lamont, ministro de Hacienda, en el Ministerio: «No te esperaba ver hoy aquí». Lamont responde: «Yo tampoco».
19.55 Nigel Farage, siempre dando la nota. En el día de las elecciones, se va a hacerse la foto a un memorial por los soldados caídos en guerras. Un intento bastante chapucero de apelar al orgullo nacional para rascar votos.
Farage plunders the memory of the war dead in a last desperate bid to win votes. The last refuge of a scoundrel #ukippic.twitter.com/LiHeuzXEnM
19.45
Genial caso de neutralidad. Un colegio electoral montado en un centro escolar donde había un mural pintado por los alumnos para describir las elecciones y que han tenido que tapar. Bueno, esto es un poco exagerar.
18.45
En estos tiempos los análisis prestan una atención inmensa a las personalidades en política, los líderes, y restan valor a esas viejas y oxidadas maquinarias que son los partidos. No siempre tiene que ser así.
Cameron puede estar ante sus últimos días como primer ministro si no consigue una ventaja de 10-20 escaños sobre los laboristas. Y aun así, la aritmética parlamentaria no juega en su favor. Sus rivales contarán probablemente con más aliados potenciales.
Pero en prestigio personal ahora y en toda la legislatura ha estado muy por delante de Ed Miliband. En el último sondeo de ICM en campaña para The Guardian, se repite esa tendencia. Los que creen que el líder tory ha hecho un buen trabajo son el 51%, lo de que le una diferencia neta a su favor de 14 puntos. La cifra de Miliband es -20. Y eso que el laborista ha estado peor en los últimos cinco años.
Son los grandes asuntos políticos los que han concedido ventaja a los laboristas por sus ideas y su trayectoria como partido. Los votantes están más preocupados por la sanidad pública que por el déficit, y también más por los recortes que por un posible aumento de impuestos. En el primer caso, son temas que en principio favorecen a los laboristas, y en el segundo a los conservadores.
Pedro Sánchez tomará nota del resultado británico si Miliband se convierte en primer ministro. Se puede ganar unas elecciones con un índice de popularidad mediocre o como mucho correcto.
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El escrutinio electoral es una de esas cosas en las que el Reino Unido conserva su tradición de autonomía local. Thatcher y Blair se ocuparon de atar en corto a los consejos locales, que hasta entonces habían gozado de amplias competencias en asuntos tan importantes como educación y vivienda.
Lo cierto es que el centralismo tiene algunas ventajas en relación a las elecciones. El escrutinio es mucho más rápido en España, donde es controlado por el Ministerio de Interior. En el Reino Unido, cada consejo local va a su ritmo, algunos le dedican muy pocos medios económicos (tampoco tienen presupuesto para más) y no es raro que el resultado definitivo tenga que esperar en muchos casos hasta bien entrada la mañana del día siguiente.
Pero también se conserva el valor de la relación directa de los diputados con su circunscripción desde el mismo momento que son elegidos. Los resultados se anuncian en un acto público con todos los candidatos presentes, incluidos a veces algunos de aspecto digamos poco convencional. Y ahí también están los grandes dirigentes nacionales de los partidos, también el primer ministro, escuchando el veredicto de las urnas.
Con el bipartidismo duro de antes, eso no tenía mayor importancia. No había que esperar tanto para saber el nombre del ganador. Con un resultado mucho más incierto como es el caso de hoy, se impone una espera mucho más larga.