Hasta la propaganda es sospechosa en Egipto

Max Rodenbeck destaca una anécdota en The Economist que, sin ser dramática, lo dice todo sobre lo que está ocurriendo en Egipto.

«Se han gastado grandes cantidades de dinero procedente de la ayuda del Golfo Pérsico para solucionar el problema de imagen (del régimen egipcio). Una de las compañías de relaciones públicas contratadas recientemente envió a un equipo con cámaras a Egipto para tomar unas agradables imágenes que simbolizaran el orden y el progreso. A las pocas horas de llegar a El Cairo, fueron detenidos en la calle por la policía».

Los que no se ocupan del honrado negociado de la propaganda se arriesgan a algo más que a una detención durante unas horas. Cuatro periodistas de Al Jazeera, incluido el jefe de la corresponsalía continúan detenidos desde el 29 de diciembre. El fiscal les acusa de dañar la seguridad nacional de Egipto, publicar noticias falsas para alterar el orden y posesión de imágenes falsas para perjudicar a la reputación del país y su estabilidad financiera.

 

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Egipto cierra el círculo en el camino hacia un Gobierno militar

En unos pocos días, el régimen egipcio ha cerrado las pocas incógnitas que había sobre el futuro del país. No es que hubiera muchas. El proceso iniciado por el golpe de Estado sólo podía concluir con el control absoluto del poder por parte del Ejército. Sólo quedaba la duda, en realidad muy pequeña, sobre la identidad del jefe de Estado. ¿Preferiría el general Sisi continuar al frente de las Fuerzas Armadas y dejar la presidencia a algún civil, quizá un juez, que se ocupara de la engorrosa tarea de coordinar a los ministros?

Podía ocurrir algo así, pero lo más probable es que toda esa exaltación del papel central de los militares en la salvación del país y el culto a la personalidad centrado en la figura de Sisi tuviera el final lógico. Como en los viejos tiempos de las dictaduras latinoamericanas, el jefe del Ejército asumiría el «sacrificio» de convertirse en líder máximo siempre, desde luego, que el pueblo se lo pida.

El último capítulo, menos importante, era la aprobación de la Constitución en referéndum. Al estar ilegalizada la principal fuerza de oposición, los Hermanos Musulmanes, no se podía esperar una contestación significativa en la calle. Pero ni siquiera en eso han querido correr riesgos. No había ninguna razón para disimular. Los pocos que se han atrevido a hacer campaña por el no han recibido el mensaje correspondiente en forma de amenazas y detenciones. Por eso, el partido que fundó el excandidato presidencial Abdul Futú, decidió el lunes que no tenía sentido continuar con la ficción de un referéndum cuando sus militantes eran detenidos por hacer campaña en la calle por el ‘no’.

No hay interventores de la oposición, por el pequeño detalle de que sobre el terreno ya no existe la oposición, que puedan denunciar intentos de fraude.

Como por arte de magia, ciertas ideas que en su momento preocupaban con razón a muchos egipcios ahora dejan de tener importancia. La más obvia, la mezcla de religión y política en beneficio de algunos partidos, en especial los islamistas. Las tornas han cambiado. El gran mufti ha decretado que boicotear el referéndum es un pecado que no podía cometer un buen musulmán. El patriarca de los cristianos coptos ha pedido a sus feligreses que voten a favor de la Constitución. La religión es un recurso más para legitimar al régimen. La Constitución que se vota continúan considerando a la sharia como fuente inspiradora de la legislación. Pero esta vez los coptos no están preocupados.

En la imagen de arriba, se ve la portada de un periódico que tampoco tiene que disimular. La foto para el general Sisi y otros uniformados. El titular dice que «el Estado se movilizar» para la aprobación del referéndum, con el doble sentido de la cita electoral como un cruce al otro lado, un desembarco, en una velada referencia a la guerra de 1973 cuando las tropas egipcias iniciaron las hostilidades entrando en el Sinaí.

Muchos egipcios han votado sinceramente y sin presiones a favor de esta Constitución y confían en que el general Sisi asuma todo el poder. Relacionan el año de Gobierno islamista y la crisis de los últimos meses con la inestabilidad, la violencia y la pobreza. Podemos considerarlos unos ingenuos o hacer cábalas sobre su escasa cultura democrática, lo que no es muy extraño dado que han sufrido décadas de gobiernos controlados de una manera u otra por los militares, además de un último año de convulsiones e incertidumbres. Sencillamente, no creen tener muchas opciones más.

El Ejército egipcio tiene planes a largo plazo para Gaza que pasan por hacer todo lo posible para acabar con el Gobierno de Hamás, según Reuters. No creo que se trate de un plan secreto para favorecer a EEUU o Israel. Cuando estás decidido a asumir todo el poder, eso incluye también tus fronteras o lo que pasa al otro lado.

«Gaza es la siguiente», dice un alto mando de las fuerzas de seguridad. «No podemos liberarnos del terrorismo de los Hermanos en Egipto sin acabar con él en Gaza, donde está al otro lado de nuestra frontera». ¿Cuándo? No de inmediato, dicen. Será algo que se producirá a lo largo de años, una progresiva desestabilización.

No podrán hacer nada sin aliados en Gaza y Hamás se ocupará de que les resulte muy difícil. Mubarak ya colaboró con el intentó fracasado de Fatah de hacerse con todo el poder por la fuerza, que sólo sirvió para que Hamás expulsara de Gaza a sus rivales.

Corrección: Inicialmente, escribí por error que la jornada electoral no se prolongaría hoy. Falso. Lo que no se hará será habilitar el jueves para votar, que era una opción con la que contaban las autoridades.

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Ariel Sharon y su singular idea de paz

En el perfil de Ariel Sharon que publiquéel sábado en eldiario.es, destaqué el enigma con el que se cerró la carrera política del exprimer ministro. Nadie puede decir con total seguridad qué habría pasado si un derrame no le hubiera dejado incapacitado. Pero la retirada unilateral de Gaza y las declaraciones que hizo en los últimos meses han llevado a muchas necrológicas a asegurar que estaba decidido a poner fin a décadas de guerra para iniciar el camino de la paz, por complicada y difícil que fuera.

Resulta llamativo, porque Sharon pocas veces utilizó la palabra paz, a pesar de lo que piensan sus aduladores. La que sí pronunció ese año en numerosas ocasiones fue la palabra separación. Esa era su prioridad. Y lo que dijo a sus asesores en privado es que él iba a dictar las condiciones de la separación. No estaba pensando en una negociación con la Autoridad Palestina, como tampoco había negociado nada con ocasión de la retirada de Gaza.

Como cuento en el artículo, un mes antes del ataque que lo dejó en estado de coma, explicó a Rafi Eitan que su plan era crear una «separación mosaico», que dejaría intactos a la mayor parte de los asentamientos y conectaría los pueblos y ciudades palestinos aislados con un complejo sistema de túneles y puentes. «Arik (Sharon) dijo: dividamos Judea y Samaria (el nombre judío de origen bíblico para Cisjordania) y cojamos un tercera parte para nosotros, dejando dos tercios a los árabes. Con este plan, el Valle del Jordán y el desierto de Judea (al este de Jerusalén) seguirían siendo nuestros», explicó años después Eitan.

–Un ejemplo del blanqueo de la imagen de Sharon: el ministro sueco de Exteriores, Carl Bildt. Lo define como gran líder de Israel, brillante jefe militar y sabio estadista que comprendió la necesidad de la paz. Casi nada. Y en el titular de la portada del NYT han utilizado la palabra paz. Eso casi le hubiera molestado a Sharon, cuya figura queda completamente definida por todas las guerras en las que ha intervenido el Estado de Israel. Su idea era destruir a sus enemigos, no alcanzar la paz con ellos.

The Enigma of Ariel Sharon. 2006. 2006. Jonathan Freedland. The New York Review of Books:

«Sharon vio lo que los rebeldes del Likud no pudieron ver: abandonando la idea del Gran Israel, podían ganar el Gran Israel para siempre. En esto, era un auténtico mapainik, en vez de un revisionista, el heredero de Ben Gurion en vez de Vladimir Jabotinsky. No convirtió en un fetiche la Tierra de Israel definida por la Biblia, sino que intentó simplemente aumentar las fronteras del Estado tanto como pudiera. Ben Gurion había conseguido la legitimidad internacional de su expansión de las fronteras de Israel desde el plan de partición de la ONU de 1947 hasta las líneas del armisticio de 1949. Ahora Sharon completaría el trabajo, al menos por una generación o dos, al expandir las líneas de 1949 hasta las nuevas que estaba forjando en 2005. Esto se haría de forma unilateral y por completo en función de las condiciones impuestas por Israel».

Ariel Sharon’s Corrosive Legacy. Raja Shehadeh. The New Yorker.

Israel’s indomitable protector, Ariel Sharon emblemized military audacity, evolving politics. The Times of Israel.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Cómo se hizo ‘En busca del arca perdida’. Y un videojuego para perseguir a ese pirata de tumbas que es Indiana Jones.

Charlie Chaplin y el fin del cine mudo.
Meryl Streep contra Walt Disney.
Frases de películas que se suelen citar mal.
–El homenaje de Los Simpson a Hayao Miyazaki.
–Los títulos de Breaking Bad al estilo de The Wire.
–Insectos comen a insectos.
–La loca carrera en pos de un espejismo.
–Top Gear: qué ocurre si te saltas un paso a nivel.
–Abita, una chica de Fukushima.
–La ventaja de leer ‘Mein Kampf’ en ebook es que nadie sabe que lo has comprado.
–El minibrazo de Di Caprio y otros desastres de Photoshop.
Goran Tomasevic, fotógrafo del año.
–Los jugadores de fútbol americano son más inteligente de lo que creemos.
–Si no vacunas a tus hijos, van a sufrir.

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El punto de vista lúcido de Robert Gates

Robert Gates publica un libro de memorias con abundante información sobre cómo la Administración de Obama afrontó la guerra de Afganistán durante la época en que él era secretario de Defensa.

Mientras un periodista de leyenda como Bob Woodward, que desde hace tiempo da muestras de estar profesionalmente senil, señal de que ya sólo habla con la gente como él, afirma que el libro está lleno de información demoledora sobre Obama, otros fragmentos revelan una idea diferente. Y sobre todo, confirman que el punto de vista de Gates, que antes había sido director de la CIA, es mucho más lúcido de lo que nos solemos encontrar en las declaraciones públicas de los dirigentes norteamericanos.

Dicen que en la Casa Blanca su apodo era Yoda. Algo hay de eso.

Los extractos están sacados de este artículo del WSJ:

«Pero en las últimas décadas, los presidentes se han enfrentado a problemas difíciles en el exterior y con demasiada frecuencia han sido demasiado rápidos a la hora de recurrir a las armas. Nuestra política exterior y de seguridad se ha militarizado en exceso, el uso de la fuerza ha sido una herramienta muy fácil para los presidentes. (…)

Esto es particularmente relevante cuando la tecnología ha cambiado la realidad de la guerra. Alguien aprieta un botón en Nevada y segundos más tarde un camión salta por los aires en Mosul. Una bomba destruye una casa a la derecha y deja intacta otra a la izquierda. Para demasiada gente –incluidos ‘expertos’ en defensa, congresistas, altos cargos del Ejecutivo y simples ciudadanos–, la guerra se ha convertido en una especie de videojuego o película de acción: sin sangre, sin dolor, sin olor. Pero mis años en el Pentágono han hecho que sea muy escéptico con los análisis de sistemas, modelos informáticos, teorías de juegos o doctrinas que no te dicen que la guerra es trágica, ineficaz e incierta. (…)

El presidente Bush siempre detestaba esa idea, pero nuestros problemas posteriores en Afganistán, especialmente el regreso de los talibanes en la época en que asumí el cargo, fueron originados en mi opinión por la invasión de Irak. Tanto los recursos como la atención de las autoridades se alejaron de Afganistán. Los objetivos de EEUU en Afganistán –crear un Ejército y una policía afganas competentes y del tamaño adecuado y un Gobierno central menos corrupto– eran ambiciosos hasta niveles absurdos e ingenuos desde el punto de vista histórico comparados con el escaso nivel de recursos comprometidos en la misión, al menos hasta 2009. (…)

Obama simplemente quería acabar con la guerra ‘mala’ de Irak y reducir el papel de EEUU en la guerra ‘buena’ de Afganistán. Su problema básico con Afganistán es que su apuesta política y filosófica sobre minimizar el papel en Afganistán se contradecía con su discurso público proguerra (en Afganistán), especialmente durante la campaña electoral de 2008, las casi unánimes recomendaciones de sus consejeros políticos y militares en el Departamento de Estado y de Defensa, y la realidad sobre el terreno. (…)

Pero si algo aprendí de Irak es que el progreso dependía de dar seguridad a la mayoría de la población. Por eso, no acepté la estrategia favorita del vicepresidente Biden de reducir nuestra presencia en Afganistán y limitarla a ataques contra objetivos terroristas: los ataques ‘Whack-A-Mole’ contra los líderes talibanes no eran una estrategia a largo plazo. De ahí que siga creyendo que el incremento de tropas aprobado por Obama a finales de 2009 fue la decisión correcta. (…)

En cuanto a su estilo, Bush y Obama eran más parecidos de lo que yo esperaba. Ambos se sentían más cómodos junto al grupito de asesores más cercanos y amigos (como la mayoría de los presidentes) y en general ignoraban la vida social de Washington. Creo que ambos detestaban al Congreso y les molestaba tener que tratar con él, lo que incluye a los miembros de su propio partido. Ambos tenían la peor situación posible en sus relaciones con el Congreso: no eran queridos ni temidos. Ni se molestaron mucho en establecer relaciones cercanas con otros líderes mundiales. (…)

Casi siempre yo estaba indignado con los intereses personales de todos los congresistas, excepto unos pocos. Cualquier instalación o contrato militar en su circunscripción o Estado era sacrosanto, aunque fuera un gasto superfluo o un derroche. Me quedaba constantemente perplejo o furioso con la hipocresía de aquellos que acusaban al Departamento de Defensa de malgastar el dinero o ser ineficaz, pero al mismo tiempo luchaban como fieras para impedir cualquier reducción de gasto de defensa en su Estado o distrito.»

Un momento especial en la época de Bush (Gates sustituyó a Rumsfeld al frente del Pentágono y continuó en el puesto en el primer mandato de Obama) fue cuando Gates vio preocupado cómo Israel y Arabia Saudí presionaban a Washington para que lanzara un ataque sobre Irán. La influencia de israelíes y saudíes en la Casa Blanca adquiría niveles alarmantes, para el secretario de Defensa. Gates tuvo que llamar a Bush y decirle que «no debemos dejar que nuestros intereses vitales en Oriente Medio, el Golfo Pérsico y el suroeste de Asia sean rehenes de las decisiones de otra nación, aunque sea un aliado muy cercano».

En resumidas cuentas, es poco probable que Gates sea investido doctor honoris causa por una universidad israelí.

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La venganza y la cobardía del Gobierno en el fin de ETA

El ministro de Interior calificó de «repugnante y deleznable» el acto en Durango de los presos de ETA liberados gracias a la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Pensábamos que era una manifestación de una opinión personal, y no el prólogo del uso de los recursos de la Administración del Estado para favorecer sus intereses políticos particulares. La detención de ocho personas en Bilbao parecer ser un regalo de Reyes a la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) con el fin de congraciarse con un grupo de presión, en estado de máxima tensión desde la sentencia que puso fin a la aplicación retroactiva de la doctrina Parot, que pretende que aceptemos que la justicia debe dar cobertura legal a la venganza.

Continúa en Zona Crítica.

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Una conversación en el aeropuerto Ben Gurion

Una mujer sufrió un cacheo completo en el aeropuerto israelí de Ben Gurion. Quedó casi desnuda mientras la agente de seguridad le tocaba brazos, piernas y cadera, según Amira Hass en Haaretz. También le pasó los dedos por dentro del sujetador y el pelo. «Perdone por las molestias», le dijo. La conversación continuó así:

–No lo llame así, es una humillación.

–Siento que lo vea así.

–No es como lo vea yo. Es lo que está haciendo. Están humillando a la gente.

–Bueno, ahora ya sabe cómo nos trataban en Alemania.

–¿En serio? ¿Y entonces eso en qué le convierte a usted?

Otro caso: «The bra is a security threat».

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Simon Hoggart, cronista parlamentario

Ha muerto Simon Hoggart, cronista parlamentario de The Guardian durante los últimos 20 años. Pertenece a una estirpe casi desaparecida en la prensa española pero que en el Reino Unido continúan cuidando, quizá porque sea una de esas pequeñas cosas que en teoría justifican la compra de un periódico: el análisis de la actualidad parlamentaria entendida no como un lugar en el que se debaten ideas, sino como un gran escenario teatral. Ese tipo de cosas que no se pueden hacer viendo la televisión o leyendo otros periódicos. Hay que estar allí y todos los días. Y tener un Parlamento como el británico.

Los cronistas como Hoggart, además de escribir bien, desarrollan un sentido bastante cínico sobre los grandes líderes de la política, y son por tanto el contrapunto perfecto para toda esa grandilocuencia impostada propia de ministros y diputados, lo que ahora llamamos neolengua. Por decirlo con otras palabras: no hacen prisioneros.

La verdad es que cuando estaba en Londres me gustaba más el estilo de la cronista de The Times, Ann Treneman, una artista a la hora de burlarse de los políticos del Gobierno de David Cameron. El humor de Hoggart era menos brutal. Incluso demostraba algo de compasión con sus víctimas.

Aquí hay un fragmento de uno de sus libros, dedicado a los primeros ministros que conoció, todos desde Harold Macmillan. De Thatcher recuerda su escaso sentido del humor, lo que no impedía que provocara situaciones bastante cómicas a su alrededor:

If Gladstone addressed Queen Victoria as if she were a public meeting, Thatcher tended to speak to people as if they were members of her cabinet. I ran into a BBC reporter in the early days of her regime. He had just filmed an interview with her. She had learned from him that his next assignment was to cover an Opec [OPEP] meeting. «If you want to help the British economy,» she told him sternly, «persuade them not to put up the price of oil.»

The reporter looked fazed by this instruction, though not his cockney cameraman, who said cheerily, «Orright, darlin’, I’ll do my best!»

Sobre Tony Blair, recuerda cuando le entrevistó en 1992, años antes de que llegara a Downing Street. Fue una entrevista algo extraña, porque en realidad era Blair quien hacía la mayor parte de las preguntas. ¿Era una forma de halagar al periodista para que creyera que de verdad estaba interesado en sus respuestas o una forma de no responder a las preguntas?

Perhaps it was simply a way of avoiding the question, a means of not committing himself to anything that might prove embarrassing later. Possibly a bit of both. But later I saw an interview with Sir Christopher Meyer, who used to be our ambassador in Washington. He was asked why Blair, who had got on so well with Bill Clinton, got on equally well with George W Bush, and he replied that Blair was rather like a radio searching for a signal, then suddenly locking on to it. Once he identified the signal Bush was sending out, he knew exactly what to say.

Muchas de sus crónicas están agrupadas en el libro  ‘Send Up the Clowns’. El título ya lo dice todo. Aquí se pueden leer algunas de ellas.

Su última crónica parlamentaria: George Osborne blown off course.

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La decadencia del rey y de su prestigio

Ni la propaganda ni los buenos oficios de los cirujanos pueden obrar milagros. Cuando los responsables de la Casa Real sólo pueden ofrecer como argumento de recuperación el hecho de que el rey podrá reanudar a lo largo de 2014 su «agenda internacional» de viajes es que no hay mucho más margen para actuar dentro de nuestras fronteras. El prestigio de la monarquía continúa cayendo. Lo peor para los monárquicos es que la única alternativa pasaría por un hecho tan dramático y por tanto improbable como la abdicación. Podemos esperar por tanto muchos años de decadencia.

Continúa en Zona Crítica.

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Los errores de Maliki dan una oportunidad a Al Qaeda en Irak

Las imágenes son del miércoles. Vehículos policiales y del Gobierno en llamas en la ciudad iraquí de Faluya. Después, vinieron informaciones no confirmadas según las cuales Estado Islámico de Irak y Siria (también llamado de Irak y Levante, organización cuya rama iraquí juró lealtad a Al Qaeda años atrás) había tomado el control de Faluya, la segunda ciudad de la provincia de Anbar con unos 325.000 habitantes. Faluya fue el centro de innumerables enfrentamientos entre el Ejército norteamericanos y la insurgencia suní a partir de 2004. Nunca antes los yihadistas habían gozado de tal poder en la que llaman la «ciudad de las 200 mezquitas».

Si bien la situación no parece estar del todo clara, otras informaciones lo confirman, y la razón parece ser la salida de las fuerzas de seguridad iraquíes de la ciudad. Según la cronología que ofrece Juan Cole, todo comenzó con una estúpida decisión del Gobierno de Maliki, que reprimió una manifestación pacífica en Ramadi, la mayor ciudad de Anbar, provocando la respuesta violenta de las tribus suníes mientras descuidaba la vigilancia de Faluya. Los policías que quedaron en la ciudad fueron expulsados por los yihadistas. Además, el Gobierno había ordenado detener a un diputado suní y el líder de un grupo tribal para llevarlo esposado a la capital, lo que sólo contribuyó a aumentar la furia de los suníes contra las autoridades.

La situación es aún más absurda, desde el punto de vista del Gobierno de Bagdad, porque el 22 de diciembre había lanzado una operación en la zona fronteriza con Siria en la provincia de Anbar contra Estado Islámico de Irak y Siria. En poco más de una semana, había conseguido enfurecer tanto a los yihadistas como a las tribus suníes que podrían ser su mejor aliado en la lucha contra los grupos más radicales.

Es una consecuencia inevitable de la política de mano dura de Maliki contra los suníes, basada en la idea –equivocada según lo visto en los últimos días– de que las tribus de Anbar nunca se volverán a aliar con Al Qaeda, como ocurrió durante la ocupación militar norteamericana. Muchas de esas tribus terminaron aliándose con Washington y formando la milicia llamada Los Hijos de Irak, financiada por EEUU, que se ocupó hace años de neutralizar a los yihadistas.

Maliki ha tenido que tragarse su soberbia y en los últimos días ha llegado a un acuerdo con algunas tribus, básicamente aquellas que formaron Los Hijos de Irak, para que ayuden al Ejército a derrotar a Al Qaeda. Tal y como se hacen estos tratos, es de suponer que habrá mucho dinero de por medio. Por otro lado, esas tribus que ya ayudaron al Ejército de EEUU y que ahora están enfrentadas al Gobierno tampoco tienen muchos motivos para creer que les irá mucho mejor con los yihadistas.

Dicen que han conseguido expulsar de Ramadi y otras poblaciones a los milicianos de Estado Islámico, pero no lo han conseguido en Faluya. «En este momento, no hay presencia del Estado iraquí en Faluya. La Policía y el Ejército han abandonado la ciudad, y Al Qaeda ha arriado y quemado todas las banderas iraquíes, y ha izado su bandera en todos los edificios», dijo el viernes al Post un periodista de Faluya.

Lo ocurrido en Anbar demuestra que la guerra de Siria tiene capacidad sobrada para contagiar la violencia más allá de sus fronteras, pero la violencia en Irak cuenta con muchas razones propias para continuar existiendo. Los errores de Maliki y la rivalidad entre chiíes y suníes dan munición de sobra para que el capítulo de la guerra de Irak no termine de cerrarse.

13.30

Líderes tribales de la provincia de Anbar afirman a varios medios que sus fuerzas y la de la policía han conseguido recuperar el control de Faluya. No parece que sea cierto desde el momento en que otros altos cargos de las fuerzas de seguridad han contado el domingo a AFP que están preparando una gran ofensiva para expulsar a los yihadistas. El general iraquí que dirige el mando militar de Anbar afirma que necesitarán «dos o tres días» para completar la misión.

Lo que sí ocurrió el sábado fue el bombardeo de las zonas de Faluya que están en poder de los insurgentes y en el que murieron «30 terroristas», según la versión oficial. Los hospitales de Faluya confirmaron al menos la llegada de ocho cadáveres y decenas de heridos. El Ejército ha subcontratado a las milicias tribales suníes la mayor parte de los ataques sobre el terreno, mientras ellos se dedican a bombardear la ciudad con fuego de mortero.

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