
En la noche del miércoles, las caras de los congresistas republicanos hacían pensar en un desenlace de la crisis del ‘shutdown’ muy desfavorable para sus intenciones. Lo que no se sabía es que iba a ocurrir tan pronto.
John Boehner tuvo que cancelar la votación prevista para el martes. No disponía de votos suficientes en su propio partido para sacar adelante en la Cámara de Representantes lo que básicamente era una forma de mantener el pulso. Su plan no iba a ser aceptado por la Casa Blanca y tenía diferencias importantes con lo que podía aprobar el Senado. Pero no se trataba de encontrar una salida, sino de aparentar que los congresistas se estaban moviendo para buscar una solución, y así sería más fácil vender a los medios la idea de un choque entre dos visiones contrapuestas y respetables.
Boehner dijo a los congresistas que prefería «lanzar una granada que coger en el aire una granada». La bomba le estalló en la cara cuando vio que su propio partido le dejaba tirado. ¿Graves discrepancias ideológicas? Quizá pero también instinto de supervivencia de políticos atemorizados por el Tea Party. «La gente está pensando en las primarias, en serio», dijo el consejero de un congresista a National Review.
El fracaso de Boehner dejó el campo libre a los adultos, los senadores demócratas y republicanos. A esta hora ya han anunciado el acuerdo que debería poner fin a la crisis. El límite de deuda aumentará hasta el 7 de febrero. La financiación del Gobierno queda asegurada hasta el 15 de enero mientras ambos partidos continúan negociando sobre temas presupuestarios.
Los demócratas hacen concesiones menores que no ponen en cuestión la integridad de la reforma sanitaria. En ese sentido, es una clara derrota de los congresistas del Tea Party, que pretendían aprovechar esta crisis para minar el desarrollo del ‘Obamacare’. Toda esta catástrofe en ciernes y el cierre parcial de la Administración federal durante 16 días para al final conseguir… nada. «Este acuerdo es una broma comparado con lo que se podría haber sacado si hubiéramos tenido una estrategia más razonable», ha dicho el senador republicano Lindsey Graham. Este es uno de los que necesitan argumentos con los que sacudirse de encima a los radicales de su partido que le acusaran de traidor.
Los senadores se pusieron en marcha tras saber a primera hora que Boehner permitiría la votación en la Cámara de Representantes del acuerdo ya perfilado, pero no cerrado, en el Senado. Lo hacía a pesar de que sabía que no tendría una mayoría de votos republicanos en el Consejo. Sólo podría salir adelante con los votos demócratas en vulneración de la llamada regla Hastert, que no es más que una regla informal desde mediados de los 90 para mantener la cohesión del grupo parlamentario.
Al final, Boehner tuvo que admitir su derrota y obrar con algo de sentido común. Una regla no escrita y la coacción de los 40 o 50 congresistas republicanos más radicales no podían ser más importantes que la estabilidad financiera y económica del país.
El acuerdo se debe votar en el Senado, donde no lo tendrá difícil, y en la Cámara de Representantes, donde se supone que también se aprobará con los votos demócratas y de algunas decenas de republicanos. Por mucha urgencia que haya en el asunto, los plazos de funcionamiento de ambas cámaras podrían hacer que no diera tiempo para que se aprobara antes del jueves. Sin embargo, aunque se llegue a ese día sin un acuerdo certificado por ambas Cámaras, eso no tendría consecuencias económicas graves.
La reputación financiera del país más poderoso del planeta es otro asunto muy diferente. En especial, porque nadie puede estar seguro de que no estemos en las mismas en febrero. Como toda insurgencia, el Tea Party vive sólo para continuar la pelea contra el sistema político de su país. Live to fight another day, y todo eso.
22.15
Las primeras reacciones de los grupos más conservadores dejan claro quién es el derrotado. El Club for Growth, poderoso lobby antiimpuestos, dice que «no hay cambios significativos en ObamaCare» ni tampoco recortes de gasto relevantes. FreedomWorks afirma que es «una completa rendición con regalos incluidos para los demócratas». Hay infinidad de grupos del Tea Party con lo que es difícil encontrar una posición común pero esta reacción será compartida por muchos de ellos. Acusan a los líderes republicanos de venderse y no plantar cara a la Casa Blanca con la intención de acabar con la reforma sanitaria. Está claro que no buscaban un acuerdo ni conseguir un fuerte recorte de gasto público, sino eliminar eso que llaman Obamacare. Es decir, una rendición de Obama, y al final los que se han rendido han sido sus congresistas. En democracia, ocurre con frecuencia en los legislativos. Si no tienes los votos para aprobar o rechazar algo, tendrás que esperar a las próximas elecciones.
Jueves
El cierre parcial del Gobierno ya es historia. El Senado votó a favor del acuerdo por 81 votos a 18. Más de la mitad de los senadores republicanos votaron sí. El marcador en la Cámara de Representantes fue 285-144. Entre los votos afirmativos, 87 republicanos.