Por qué Trump tiene motivos para estar preocupado por el procesamiento de Michael Flynn

Michael Flynn se ha convertido en el primer alto cargo de la Administración de Donald Trump que pasará por el banquillo de los acusados. El exconsejero de Seguridad Nacional ha confesado ante un tribunal que mintió al FBI sobre sus contactos con el embajador ruso en Washington. La confesión forma parte del acuerdo al que ha llegado con la acusación, que incluye su procesamiento por ese delito y la promesa de continuar colaborando con la justicia.

Este último punto es el que más debe preocupar a Trump. Aún no sabe qué ha contado Flynn a Robert Mueller, el exdirector del FBI que dirige la investigación de la presunta interferencia de Rusia en la última campaña electoral. Y qué contará cuando le pregunten sobre futuras revelaciones. Si Flynn comienza a sufrir pérdidas de memoria, la acusación puede revocar el acuerdo ahora alcanzado y acusarle de más delitos con el consiguiente aumento en la petición de pena de cárcel.

Ese general del que usted me habla

A diferencia del caso de Paul Manafort, que fue director de la campaña de Trump y que también está procesado, Flynn es un peso pesado del que el presidente no puede distanciarse. El exgeneral y exdirector de la DIA fue su principal asesor de política exterior en la campaña, tuvo un papel similar en el periodo de transición tras la victoria electoral, y luego fue nombrado consejero de Seguridad Nacional.

Durante ese tiempo, Flynn fue casi de la familia. Su lealtad a Trump era completa. Ese es el factor que más valora el presidente en las relaciones con sus subordinados. Por eso, no le importó darle un puesto clave en la Casa Blanca a pesar de que desde enero sabía que el FBI le investigaba por sus relaciones con un empresario turco muy cercano al Gobierno de Erdogan.

Tenía tanta confianza en él que pidió en febrero en una muy conocida conversación al entonces director del FBI, James Comey, que pusiera fin a la investigación de Flynn. Esas palabras bordeaban la obstrucción a la justicia, aunque siempre se pueden interpretar como la expresión de un deseo. Comey no le hizo caso y terminó siendo destituido en una decisión prácticamente sin precedentes.

Después de la dimisión de Flynn, Trump dijo en privado que había sido un error forzar su salida de la Casa Blanca. Sigue leyendo

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Facebook es el mejor refugio para la extrema derecha

Donald Trump ha hecho famoso en medio mundo al grupo británico de extrema derecha Britain First con tres retuits. Esas dos palabras ya circularon en los medios porque fueron pronunciadas a gritos por el asesino de la diputada laborista Jo Cox en junio de 2016. Pero el grupo como tal sólo tiene un millar de miembros y su líder obtuvo el 1,2% de los votos en las elecciones para la alcaldía de Londres.

Políticamente, son irrelevantes por sí mismos. Al igual que en otros países europeos, si acaso su poder procede de la capacidad para contaminar el debate político con ideas xenófobas. De todas formas, en Reino Unido ese papel lo ha cubierto en los últimos años con mucha más eficacia el UKIP, como se pudo apreciar en la campaña del referéndum del Brexit.

Donde la presencia de Britain First es mucho mayor es en Internet y las redes sociales, como explicaba este reportaje de BBC en 2014.

El líder del grupo, Paul Golding, presume de su capacidad para extender el mensaje a través de Facebook. Ahí puede llegar por ejemplo a medio millón de personas y si intentara hacer lo mismo en estas calles repartiendo folletos, comenta en la entrevista, «necesitaría varios meses».

Las redes, sobre todo, Facebook, son algo más que un altavoz para estos grupos. Casi se han convertido en su única razón de ser. La diferencia entre los votos que consiguen en las urnas o las personas que responden a sus convocatorias en la calle, y los retuits y me gustas que reciben en redes es inmensa. A fin de cuentas, no hay que sentirse seguidor de extrema derecha para apoyar en Internet muchas de sus reivindicaciones y denuncias. De hecho, mucha gente presume de lo segundo negando por completo lo primero. Por eso, por mucho que Golding alardee de el alcance de su mensaje en Internet, eso no le llevará muy lejos.

Pero el problema no es ese, al menos en Reino Unido y otros países entre los que podríamos incluir a España (aunque no a casi toda Europa del Este). Lo que importa no es tanto el bonus digital que reciben estos grupos, sino el que consiguen sus ideas.

En 2014, año del reportaje de BBC, Britain First contaba con medio millón de seguidores en Facebook. Ahora, en parte por el impacto de los retuits de Trump fuera del Reino Unido, tiene 1,9 millones de me gustas en Facebook y 1,7 millones de seguidores. Quizá por eso han puesto una foto de Trump como cabecera de la página. Como señal de agradecimiento.

En la Cámara de los Comunes, diputados de todos los grupos se han unido para descalificar a Trump por su labor propagandística en favor de la extrema derecha. Dos diputados conservadores han dicho que sería una buena idea recomendar al presidente de EEUU o a Twitter que borren su cuenta. «Muchos de nosotros compartimos esa idea», respondió la ministra de Interior.


Que sean tan pocos en Britain First no quiere decir que no sean un peligro en la calle. Un equipo de Channel 4 les acompañó en 2014.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

‘Birdman’, un solo plano y unos cuantos cortes ocultos de forma genial.

Miniaturas gigantescas en el rodaje de ‘Blade Runner 2049’.
–De ‘Sharkanado’ a Tarantino.
–Las mejores persecuciones de coches en la década de los 2000.
El grito de Tom Cruise en «The Mummy», reciclado.
Freddie Mercury, la mejor voz del rock.
–Una historia de adicción a la Coca-Cola.
–El diseño de las páginas de ‘Maus’, de Art Spiegelman.
La primera foto de un ser humano en 1838.
–Un paseo por las tripas del MoMA.
Los que duermen en los aparcamientos de Walmart.
–Por qué no hay tiroteos con armas en Japón.
–Sí, hay gente que cree que la Tierra es plana.
–A 750 metros de profundidad, no es buena idea molestar a los tiburones mientras comen.

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El atentado del Sinaí desvela la incapacidad del Gobierno egipcio

Pocas horas después del atentado del Sinaí, el presidente egipcio Abdulfatá al Sisi​ prometió responder con «una fuerza brutal» contra los responsables de una matanza en la que fueron asesinadas 235 personas. «El Ejército y la Policía vengarán nuestros mártires y devolverán por la fuerza la seguridad y la estabilidad dentro de muy poco tiempo».

Si hay que contrastar las palabras de Sisi con la realidad de los últimos cuatro años, los egipcios no deben de tener muchas esperanzas en que se cumpla esa promesa. La insurgencia aparecida en la península del Sinaí –en un territorio desértico que no ofrece muchas posibilidades de esconderse– no ha sufrido hasta ahora daños relevantes desde que el Estado fue consciente del peligro que entrañaba.

Esa incapacidad quedó de manifiesto hace sólo un mes cuando una operación policial contra los yihadistas acabó en un sangriento fiasco. Un convoy de ocho vehículos sufrió una emboscada en una zona desértica y poco habitada a unos 125 kilómetros al oeste de El Cairo. Se dirigían a realizar un ataque contra un grupo insurgente sin saber que probablemente esa información recibida era una trampa. 59 policías y jefes de unidades antiterroristas perecieron en el ataque, entre ellos dos generales de la Policía, un coronel y diez tenientes coroneles (posteriormente, las autoridades redujeron la cifra a 16 muertos). La gran presencia de mandos hace pensar que creían que iban a conseguir un gran éxito en la lucha contra el grupo Wilayat Sina, vinculado al ISIS. El ataque se produjo a menos de 20 kilómetros de una carretera principal que parte de El Cairo hacia el sur del país.

Las emboscadas en Sinaí también han arrojado un balance letal para las fuerzas de seguridad. En 2015, unos 50 policías y militares murieron en varios ataques coordinados en esa península.

Con la excepción del atentado que destruyó en vuelo un avión ruso de pasajeros con 224 personas en su interior en 2015, los ataques yihadistas habían estado dirigidos hasta ahora contra las fuerzas de seguridad y la minoría cristiana de los coptos. El ataque contra una mezquita cercana a la localidad de El Arish (100.000 habitantes) es el primero dirigido contra la población civil musulmana en el que se ha producido un alto número de víctimas. Estaba diseñado para eso. Los atacantes, que pudieron ser cerca de 40, detonaron una o varias bombas y luego dispararon con fusiles sobre los asistentes al rezo del viernes que intentaban escapar. La falta de vigilancia les permitió continuar en la zona y terminar disparando contra las ambulancias que llegaban para atender a los heridos.

Se trataba de una mezquita levantada por una orden sufí, lo que no quiere decir que todos los fieles pertenecieran a esa tendencia del islam suní especialmente odiada por los yihadistas. Otra hipótesis para entender la elección del objetivo es que muchos de los asistentes habituales a esa mezquita forman parte de una tribu beduina que ha colaborado con las fuerzas de seguridad en la lucha contra Wilayat Sina (que antes de unirse al ISIS se llamaba Ansar Beit al Maqdis).

Económicamente, el Estado se juega muchísimo en esa guerra. El Sinaí es una fuente de ingresos turísticos fundamental, más en la zona sur que en el norte, escenario de todos estos ataques. Pero todo caso de violencia contaminará a cualquier otro punto del país.

Egipto se ha convertido en el ejemplo de una dictadura incapaz de garantizar la seguridad a pesar de contar con todos los recursos del Estado en favor de las fuerzas policiales y militares desde el golpe de 2013 y de permitir el uso indiscriminado de la tortura en los interrogatorios. Básicamente, los uniformados operan con total impunidad sin que eso les sirva de mucho.

14.00

Un comunicado de la Fiscalía eleva la cifra de muertos hasta 305, según AFP. Entre ellos, 27 niños. Los atacantes fueron entre 25 y 30, vestidos con ropa de camuflaje y con una bandera negra con la inscripción de la profesión de fe islámica, similar o idéntica a las que utiliza el ISIS.

Dos años después de la matanza de Rabá. Guerra Eterna, agosto 2015.

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Una entrevista en directo deja en evidencia el penoso estado de Saad Hariri

Fue el momento más bizarro de la entrevista al primer ministro libanés, Saad Hariri. En el primer encuentro con un periodista desde que llegó a Arabia Saudí en la noche del 3 de noviembre, y de donde no ha podido salir aún, tanto el aspecto como el mensaje trasmitido por Hairi no fueron muy alentadores, pero nada pudo superar el instante en que alguien entró en la habitación donde se celebraba la entrevista emitida en directo.

Primero, en el final de una respuesta Hariri miró dos veces hacia el lugar donde estaba el intruso. En el contraplano de la periodista se le podía ver, pero el rostro quedaba fuera del encuadre. En las manos llevaba un papel con el que quizá estaba mostrando un mensaje al entrevistado.

En ese momento, Hariri estaba respondiendo a la pregunta sobre cuándo iba a volver a su país.

Cuando la cámara volvió a él, y mientras la periodista hacía otra pregunta, Hariri no quitó la vista de la persona con el papel en la mano. Son seis segundos que se hacen muy largos. Hariri mira fijamente a ese lado. Es difícil saber si lo hace con miedo o desprecio, o ambas cosas. Fue el momento en que el primer ministro pareció realmente un rehén que debe tener mucho cuidado con lo que dice, confirmando así las sospechas más extendidas sobre su situación.

Después de una pausa en la entrevista, Hariri, al que debieron de contar que se había visto todo, informó que se trataba de uno de sus ayudantes que le informaba con ese papel sobre noticias ocurridas en Líbano. No dijo qué noticias.

La entrevista se emitió en directo a través del canal de televisión propiedad del partido de Hariri (Movimiento del Futuro). La presentadora es conocida en Líbano por sus posiciones prosaudíes, aunque hay que decir que hizo todas las preguntas obligadas para una cita así. En varias ocasiones, hizo referencia a acontecimientos producidos en esos momentos en la tarde del domingo, por ejemplo, el terremoto de Irán e Irak, para que estuviera claro que se trataba de una entrevista hecha en directo, y no grabada.

Hariri no tenía muy buen aspecto. Estaba pálido y con aspecto cansado y ojeras muy marcadas en la cara. La voz, no muy firme. En algún instante, se le quebró por la emoción. Se bebió todo el vaso de agua que tenía delante, pidió más y la periodista le pasó el suyo.

Prometió que regresará pronto a su país, en cuestión de días. Reconoció que la dimisión que anunció el día 4 en un mensaje grabado carece de valor constitucional, porque debe presentarla ante el presidente. Reiteró que Hizbolá debe abandonar su participación en conflictos fuera de las fronteras libanesas, aunque lo hizo con un tono menos agresivo que en su mensaje anterior. Llegó a sugerir que estaba dispuesto a no dimitir si Hizbolá llegaba a ese compromiso. Insistió especialmente en la guerra de Yemen, que es el conflicto que más preocupa ahora mismo a la monarquía saudí.

Hariri no es el único al que los saudíes están apretando. Según la televisión israelí Canal 10, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, también viajó a Arabia Saudí hace unos días. Las órdenes fueron muy claras: aceptar el acuerdo de paz con Israel que supuestamente está preparando la Administración de Trump (o dimitir si estaba en contra), la prohibición de que Fatah colabore con Hizbolá en Líbano, y varios avisos sobre el reciente acuerdo de Fatah y Hamás que permitiría, si fructifica, poner fin al estado de guerra entre ambos movimientos. El número dos de Hamás estuvo recientemente en Teherán, lo que no le coloca en la lista de favoritos de Riad.

Por si vale de algo, en los últimos días medios de comunicación palestinos han advertido de que el Gobierno de Abás no permitirá la interferencia iraní en sus asuntos.

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El misterioso caso del primer ministro libanés secuestrado en Arabia Saudí

Saad Hariri nunca ha sido un político de mucho carácter. Es posible que nunca habría llegado a entrar en política si su padre, Rafiq Hariri, no hubiera sido asesinado en 2005 en un atentado en Beirut, cuya autoría nunca ha quedado demostrada, pero que se sospecha que fue concebido en Damasco. Asumió el control de las empresas de la familia y el liderazgo del bloque político suní en Líbano.

Ha sido primer ministro en dos ocasiones y en teoría sigue siéndolo, o al menos lo era hasta que el viernes 3 de noviembre recibió una llamada de Riad para que viajara rápidamente y se reuniera con el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán.

Desde ese día, Hariri no ha regresado a su país. El sábado 4, fue convocado a las ocho de la mañana, estuvo esperando varias horas y finalmente se reunió con el príncipe MbS, como se conoce a Bin Salmán. A las dos de la tarde grabó un mensaje para una televisión saudí, leído no con mucha soltura, en el que anunciaba su dimisión, afirmaba que temía sufrir un atentado y acusaba al Gobierno iraní y al movimiento chií libanés de Hizbolá de causar «el caos» en la región.

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Checkpoint 300

A primera hora de la mañana, los palestinos soportan lo indecible para intentar cruzar el Checkpoint 300 que bloquea la carretera entre Jerusalén Este y Belén. Para muchos de ellos, esta experiencia se repite seis días a la semana. En todas las semanas.

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Cómo se entrevista a un neonazi

Gary Younge, periodista de The Guardian, da una breve clase sobre cómo se entrevista a un dirigente de un grupo neonazi, el muy conocido en EEUU Richard Spencer. Junto a otros grupos ultraderechistas, neonazis o «nacionalistas blancos» (cada uno puede elegir la etiqueta que mejor le parezca, pero lo cierto es que todos son racistas), el de Spencer fue uno de los que se sintieron identificados y fortalecidos por la campaña de Donald Trump, y aún más por su victoria. Fue entonces cuando se acuñó el término «alt-right», un eufemismo que bien podría sustituirse por neonazis que visten traje y llevan el pelo corto, pero no necesariamente la cabeza rapada.

El encuentro se produjo en julio y forma parte de un reportaje que se emite esta semana en Channel 4.

Si la entrevista no parece exactamente una entrevista de pregunta y respuesta es porque Younge no pretendía que fuera así y porque Spencer se dedicó a provocarle con algunas de sus ideas habituales, como la de que los africanos que fueron secuestrados en sus países y trasladados encadenados en la bodega de barcos para convertirse en mano de obra esclava salieron beneficiados por el cambio de aires.

En un artículo, Younge explica por qué decidió a hacer la entrevista. «Dar publicidad» a un racista (de alguna manera todas las entrevistas permiten eso) no es una decisión fácil, pero es mucho más peligroso en estos momentos ignorar la influencia creciente de sus ideas en EEUU.

Como se ve en el vídeo, Younge corta la conversación y pone fin al encuentro. Le dice que «no sabe de lo que habla». Lo considera una ignorante, no alguien que pueda ofrecer un análisis coherente sobre la situación social y política de lo que se suele llamar «la América blanca».

A la vieja y un tanto gastada pregunta de ‘¿entrevistarías a Adolf Hitler?’ (o a Osama bin Laden o cualquier personaje público de ideas abominables), la respuesta periodística debería ser: desde luego, pero no con la intención de limitarse a recoger sus respuestas, sino de contrastarlas con los hechos, la realidad, en suma, y dejar claro que ese mensaje (racista) no es más que una forma de negar los derechos de todos los demás seres humanos para someterlos a su voluntad. Eso sí es periodismo.

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Israel confirma que seguirá vendiendo armamento a Myanmar a pesar de la represión contra los rohingya

Israel ya tiene una respuesta a las acusaciones recibidas en el último año por su venta de material militar al régimen de Myanmar, denunciado por la violación de los derechos humanos de su población rohingya de confesión musulmana: «Ambos bandos en el conflicto han cometido crímenes de guerra».

Es lo que dijo el número dos del consulado israelí en Nueva York a un grupo de seis rabinos norteamericanos que le transmitieron su preocupación por la relación con un Gobierno embarcado en una política de limpieza étnica que ha provocado el éxodo de más de 500.000 personas.

El cónsul Amir Sagie llegó aún más lejos y afirmó que la crisis actual, condenada por la ONU, EEUU y la UE, «comenzó después de que los musulmanes atacaran objetivos del Gobierno en Myanmar». Dijo también a los rabinos que la política oficial israelí es no inmiscuirse en los asuntos internos de Myanmar.

La relación entre ambos países no se limita a la compra de algunos de los productos disponibles en la extensa oferta de la industria militar israelí. El general Min Aung Hlaing –jefe de las Fuerzas Armadas birmanas y acusado de ser el arquitecto de la campaña contra los rohingya– visitó Israel en septiembre de 2015, donde se reunió con el presidente, Reuven Rivlin, el jefe de las Fuerzas Armadas y responsables de varias empresas de defensa, además de visitar una base naval. Ambos gobiernos firmaron un acuerdo marco para ampliar sus relaciones en materia militar, de seguridad y de inteligencia. El jefe del departamento israelí de exportaciones de productos militares viajó a Myanmar en 2016 para cerrar acuerdos de venta de armas.

Según Haaretz, los contratos suponen decenas de millones de dólares, pero la cifra exacta es secreta. Una denuncia ante el Tribunal Supremo que pretendía obligar al Ministerio de Defensa informar sobre el alcance de los contratos fue rechazada por los jueces. El Gobierno impuso su criterio de que se debía mantener el secreto por razones de seguridad nacional.

La visita del general birmano no fue comunicada a los medios de comunicación israelíes. El propio militar la hizo pública poco después colgando fotos de sus reuniones con los israelíes (en la de arriba, el general aparece con el presidente de Israel). Myanmar anunció que había comprado varias patrulleras Super Dvora Mark III.

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EEUU y la UE mantienen el embargo de la venta de armas a Myanmar. En septiembre del año pasado, la embajadora de EEUU en la ONU, Nikki Haley, reclamó que todos los países pongan fin a sus ventas de armamento a ese país a causa de la represión contra los rohingya.

El abogado y activista de derechos humanos Eitay Mack, que reclamó sin éxito ante el Supremo que se dé publicidad a estas ventas ha dicho que «no se puede luchar contra el antisemitismo sin luchar también contra el racismo dentro y fuera del país y sin poner fin al apoyo israelí a los regímenes racistas de todo el mundo».

En una entrevista reciente con un medio birmano, el embajador israelí dijo que su país está preocupado por la situación de Rakhine, escenario de las violaciones de derechos humanos contra los musulmanes, y daba algunos consejos sobre la imagen de Myanmar: «Cuando la historia en los medios de comunicación internacionales aparece en los términos actuales, eso no ayuda a crear más mercados. Es algo que debería captar la atención del Gobierno para poder demostrar que, aunque haya problemas, Myanmar es todavía Myanmar. En otras palabras, no dejar que el conflicto defina lo que es Myanmar».

Las amplias críticas internacionales recibidas por la limpieza étnica descubierta en Rakhine son precisamente lo que define la imagen de Myanmar, incluidos los llamamientos contra la venta de armamento a su Gobierno, una petición que Israel ha dejado claro que no acepta.

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La gran purga de Arabia Saudí

El proceso de concentración de poder en Arabia Saudí en manos del príncipe heredero Mohamed bin Salmán no terminó con su llegada al primer puesto de la línea de sucesión. Este fin de semana, se han producido hechos que cuentan pocos precedentes en la historia del país en las últimas décadas, y ninguno de ellos tiene tanto calado.

El hombre más rico del país –el príncipe Alwaleed bin Talal–, el jefe de la Guardia Nacional, el ministro de Economía, varios miembros de la familia real y decenas de exministros y empresarios han sido detenidos bajo la acusación de corrupción. La única consideración hacia estos integrantes de la élite política del país es que los más importantes han sido encerrados en un hotel de cinco estrellas. Los clientes fueron desalojados antes y ahora aparece en su web todo reservado para los próximos 25 días.

Es probable que, como es costumbre en el país, después pasen a arresto domiciliario en sus lujosas mansiones, pero la gravedad de las acusaciones y los primeros mensajes de la propaganda oficial no permiten asegurarlo ahora.

«Las leyes se aplicarán con firmeza a todos aquellos con acceso a fondos públicos, y que no lo protegieron, lo malversaron o abusaron de su poder o influencia», dijo un comunicado del rey Salmán leído en la televisión pública.

Las detenciones no han sido ordenadas por un tribunal ni ejecutadas por la policía. Han sido responsabilidad de un nuevo organismo contra la corrupción establecido hace tan sólo unos días. Sus competencias son similares a las de una fiscalía, con capacidad para requerir a instituciones financieras información sobre empresas e individuos y el derecho a ordenar medidas preventivas (es decir, detenciones) antes de trasladar los casos a los tribunales. Obviamente, responde sólo ante MbS.

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Bin Talal con su esposa en Londres en la inauguración del nuevo hotel Savoy.

Bin Talal es la pieza más conocida de esta purga interna. Forbes estima que su fortuna personal y activos superan los 17.000 millones de dólares. Cuenta con un importante paquete de acciones en News Corp, Citigroup y Twitter, entre otras muchas empresas occidentales. El fondo de inversiones que es en su mayor parte propiedad suya cuenta con unos activos de 12.000 millones de dólares.

En cierto modo, es una rara avis en la familia real saudí y sus ideas son mucho menos reaccionarias que lo habitual en ese colectivo. Nunca ha tenido una actividad política reseñable en su país. Hay dos hechos sobre él que no se deben olvidar en estos momentos. Manifestó en público su poco aprecio por Donald Trump y se sospecha que su padre, Talal bin Abdulaziz al Saud, de 82 años, se opuso al fulgurante acceso al poder del príncipe heredero y futuro rey. El dato que se esgrime para justificarlo es que votó en contra de la destitución del anterior príncipe heredero. No es un dato confirmado, porque los hechos que ocurrieron en esos días aún están rodeados de cierto misterio.

En Arabia Saudí, cualquiera que cuestione la inteligencia de la intervención saudí en la guerra de Yemen acabará a buen seguro detenido. No hay información confirmada de que Bin Talal se haya manifestado en público en ese sentido. Su padre sí lo hizo muy pronto, en 2015, al tacharla de fracaso. Denunció que los aviones saudíes estaban siendo pilotados por extranjeros, «mercenarios» les llamó. Quizá por eso el hijo anunció que regalaría cien Bentleys a los pilotos saudíes que participaran en los bomabardeos. Una forma de hacerse perdonar el error de su padre.

En el plano institucional, la medida más grave es la destitución y detención del príncipe Miteb bin Abdullah, jefe de la Guardia Nacional, uno de los tres principales organismos de seguridad del país. Miteb es hijo del anterior monarca, lo que le colocaba en una posición muy prominente en la estructura jerárquica de la familia real saudí. Es tentador calificarlo de rival potencial de MbS, pero no hay indicios conocidos de que estuviera conspirando para sustituirle.

En su origen, la Guardia Nacional fue una milicia tribal que terminó evolucionando hasta pasar a ser una fuerza de seguridad moderna. Lo que no cambió fue su misión: servir de contrapeso al Ejército y Policía para proteger a la familia real de cualquier amenaza interior. Era y es el seguro que impediría el triunfo de un golpe militar. Eso ahora no parece un peligro inminente, pero en los años 60 y 70, una época turbulenta en la que se produjeron numerosos golpes de Estado en el mundo árabe, su función era esencial en la protección de la monarquía. Cuenta actualmente con más de 100.000 miembros y no depende del Ministerio de Defensa. Ahora estará bajo el dominio de MbS.

Otros detenidos relevantes, según medios de la región, son Turki bin Abdullah, exgobernador de la provincia de Riad y también hijo del anterior rey; Bakr bin Laden, presidente del Grupo Bin Laden, una de las mayores corporaciones del país en construcción e infraestructuras; Saud al Dawish, exconsejero delegado de Saudi Telekom Company; y Waleed Ibrahim, presidente del grupo de comunicación MBC.

La purga de este fin de semana no se puede disociar del estado de salud del rey Salmán. El pronóstico más extendido es que a finales de este año o principios del siguiente el monarca abdicará y cederá el trono a su hijo, de sólo 32 años. Para entonces, MbS habrá puesto bajo su control todos los poderes del Estado. En una monarquía absoluta como la saudí, eso no es una sorpresa, pero conviene recordar que los pasos dados por el príncipe heredero, con el presumible apoyo de su padre, suponen el fin del reparto de poder que la monarquía saudí ha establecido durante décadas.

Los asuntos principales de la familia real saudí –y por tanto, del Gobierno– eran dirimidos por consenso entre los hijos principales del fundador del Estado, cuyos hijos mayores o más preparados iban ocupando la estructura política del país. Ningún monarca imponía su voluntad sin tener muy en cuenta las posiciones de sus hermanos. Era en cierto modo un gobierno de coalición que aseguraba que cada rama de la familia real obtuviera la posición política y los beneficios económicos acordes con su rango.

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Mohamed bin Salmán a su llegada a la Casa Blanca en 2016.

MbS ha acabado con toda esa estructura de poder –difícil de sostener en un Estado moderno– para hacerse con el control absoluto. Si habitualmente se lee mucho la palabra temerario en los perfiles que se escriben sobre él es porque ha sido implacable en sus decisiones a la hora de colocar a gente su confianza en los puestos clave, eliminar a sus enemigos reales o ficticios y embarcar al país en una política militar expansionista dirigida a enfrentarse con Irán.

Hay que situar en ese contexto la dimisión del primer ministro libanés, Saad Hariri, que estaba al frente de un numeroso Gobierno de coalición en el que estaba incluido Hizbolá. Hariri anunció el sábado su retirada en Arabia Saudí, un gesto insólito, ya que no es habitual que un jefe de Gobierno presente su dimisión en el extranjero. Los saudíes no estaban muy contentos con que el Gabinete incluyera miembros de Hizbolá, fiel aliado de Irán y participante activo en la guerra siria en apoyo del Gobierno de Asad.

La acusación de corrupción sobre los detenidos, de la que aún no se conocen muchos detalles, es difícil de comprender desde fuera a causa de la íntima relación entre la fortuna de la familia real y los activos del Estado. Cada miembro de la familia –con unos 20.000 miembros, está claro que es algo más que una familia convencional– recibe recursos económicos en atención a su rango, y además privilegios para desarrollar todo tipo de negocios rentables que en otros países están en manos del Estado o de corporaciones sin relación directa con el poder. La distinción entre fortuna personal y derechos adquiridos por voluntad del monarca nunca está muy clara. La legislación tampoco ayuda mucho, porque los negocios e inversiones no se llevan a cabo en función de lo que marca la ley sino de la proximidad con los miembros más poderosos de la familia real.

En cuanto a ostentación de riqueza, el príncipe heredero compró en 2015 por 500 millones de euros un yate de 134 metros de eslora, propiedad de un millonario ruso, que vio en una visita a la costa del sur de Francia. Envió alguien a comprarlo y la venta se hizo en unas pocas horas, según confirmó una fuente cercana al millonario, que lo dejó libre al día siguiente.

En países con poca seguridad jurídica, no es complicado que un negocio aparentemente legítimo pase a ser considerado una violación de  la ley si el titular ha caído en desgracia o es visto como una posible amenaza para el Gobierno.

MbS está embarcado en un ambicioso programa de reformas económicas para que el país no dependa en absoluto de los ingresos del petróleo y pueda recibir inversiones extranjeras. Las cifras son impresionantes, pero a día de hoy no se han traducido en iniciativas económicas reales. El paso más novedoso es la salida a Bolsa de una parte del capital social de Aramco, la empresa pública del petróleo y gas. Se dijo que iba a ser la mayor oferta pública de acciones de la historia. Ahora es posible que se limite a una adjudicación directa a un grupo de grandes inversores, incluidos fondos soberanos. La decisión no está tomada.

El mensaje oficial es que la lucha contra la corrupción es necesaria para atraer capital extranjero. Está por ver si los candidatos a poner millones de dólares aceptarán arriesgar su dinero en un país en el que los interlocutores económicos habituales pueden acabar en prisión.

Este domingo, la Casa Blanca difundió un comunicado con un breve resumen de la conversación telefónica que mantuvieron el sábado Trump y el rey saudí. No hay referencias en el texto a la purga, y sí a los intercambios comerciales entre ambos países, en especial el armamento: «El presidente aseguró al rey que apoyará la compra del material militar apropiado que servirá para la seguridad saudí y que ayudará a crear empleos en EEUU».

Puede ser una coincidencia y también es posible que el monarca informara a Trump de las inminentes detenciones. La difusión del comunicado sirve como luz verde de EEUU a los últimos acontecimientos en Arabia Saudí y de la estrecha relación entre ambos estados. Jared Kushner, yerno de Trump y consejero de la Casa Blanca, visitó Arabia Saudí sin anuncio previo a los medios a finales de octubre. La Casa Blanca no quiso informar sobre la identidad de las personas con las que se reunió. Es muy probable que se viera con el príncipe heredero. Fue su tercera visita al país este año.

La apuesta de Washington por MbS continúa siendo tan firme como antes.

11.00

Una noticia más arroja una sombra de sospecha más terrible sobre los sucesos de estos días. El príncipe Mansur bin Muqrin, de 44 años, falleció el domingo en un accidente de helicóptero ocurrido en el sur del país, cerca de la frontera con Yemen. Visitaba junto a otros altos cargos una serie de obras de infraestructura en la provincia de Asin, de la que era vicegobernador.

No ocupaba puestos políticos muy importantes, pero sí formaba parte de una de las ramas principales de la familia real. Su padre fue príncipe heredero, pero sólo desde enero a abril de 2015.

Las razones del accidente no están aún claras. Ocurrió un día después del lanzamiento de un misil por rebeles huzíes desde Yemen que impactó sin causar víctimas cerca del aeropuerto de Riad. El hecho podría estar conectado con la guerra de Yemen o haberse debido a un percance técnico. Inevitablemente, los rumores que siempre acompañan a las noticias saudíes lo relacionan con un asesinato, con la versión de que Muqrin intentaba huir del país y el aparato fue derribado.

Foto superior: el rey Salmán en su visita reciente a Moscú.

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