
Kim Jong Un ya ha alcanzado el mismo umbral de celebridad de su padre: colocar a su país y la región ante la posibilidad de un conflicto nuclear. Es lo que se deduce de los titulares de estos días, que no conviene tomarse a broma. Todo lo que tiene que ver con Corea del Norte tiene un aire de extraño anacronismo, muy influido por la escasa información que llega del país. Pero si aceptamos que las comunicaciones del Gobierno de Pyongyang tienen una intención propagandística, no podemos dar por hecho que se basan en hechos contrastados sobre la capacidad militar de sus Fuerzas Armadas. Eso incluye las fotos.
La imagen de un mapa de EEUU con la hipotética trayectoria de los misiles norcoreanos eleva la amenaza hasta niveles no tan desconocidos. La capacidad de Corea del Norte de presumir de sus logros armamentísticos está muy alejada de la realidad. El consenso general es que sus misiles no pueden alcanzar territorio norteamericano, incluidos Alaska y Hawaii. Y en eso el Photoshop no resulta muy útil.
La consolidación del poder de Kim Jong Un exige que la población le vea rodeado del alto mando militar tomando decisiones dramáticas sobre maniobras, despliegues de tropas y respuestas firmes a los avisos de sus enemigos. Siempre que hay un cambio de gobierno en Seúl, el Gobierno del norte se ocupa de hacerse notar para que nadie al sur olvide que una economía atrasada y un lenguaje político congelado en un tiempo anterior no impiden que exista un gran despliegue militar dispuesto a entrar en acción.
Desestimar esas amenazas tampoco es una actitud inteligente. La realidad militar de las dos Coreas continúa como desde el inicio de su conflicto determinada por factores geográficos. No es necesario recurrir a las armas nucleares para temer una catástrofe humanitaria. Gracias a la artillería de toda la vida, siempre se ha dicho que Pyongyang podría arrasar Seúl en unas pocas horas, ya que la capital surcoreana está a sólo unos 50 kilómetros de la frontera. Eso también es una exageración, aunque nadie puede negar que la destrucción sería terrible.
En Foreign Policy, explican por qué Corea del Norte es peligrosa y por qué la influencia de China sobre su Gobierno es limitada. También cuentan que Kim Jong Un no está loco. En general, esa visión de los dictadores como perturbados incontrolables no ayuda mucho a entenderlos. No mantienes cohesionado y en funcionamiento un régimen político impenetrable durante años o décadas si estás loco. Y la prioridad de cualquier Gobierno, y eso también se puede decir de las dictaduras, es continuar existiendo.
Pero obviamente cometer un error estratégico está al alcance de cualquier dirigente y sencillamente desconocemos hasta qué punto otras fuerzas del régimen sirven de contrapeso a los deseos del nuevo Querido Líder.
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En cuanto a la propaganda, pocos pueden superar los alardes fantásticos habituales en Pyongyang. Las amenazas norcoreanas siempre tienen un estilo tan exagerado que provoca la risa. En especial, si la traducción oficial al español de sus mensajes resulta un tanto… chocante.
En el guion operacional de las «fuerzas aliadas Sur de Corea-EE.UU.» esta incluido el astuto plan operacional para atentar la maxima dignidad de la RPDC valiendose de los medios y maneras de ataque de homicidio de las tropas yanquis y el ejercito titere surcoreano. Insatisfechos con ese designio, los bribones de la capa militar surcoreana fanfarronean desarrollar de manera «ofensiva» la operacion para danar la suprema dignidad de nuestro pais.
Tal tejemaneje es el malsano y peligroso acto provocativo para dar sablazo a la vida del pueblo coreano y derrumbar su invencible unidad monolitica.
Está claro que en inglés da más miedo.
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13.30
Esta madrugada, el Gobierno norcoreano ha emitido un comunicado que ha dado para unos cuantos titulares alarmistas. La declaración de «estado de guerra» no cambia demasiado porque ambos país nunca han firmado un tratado de paz que pusiera fin a la guerra, excepto el armisticio del 27 de julio de 1953. Una frase («the long-standing situation of the Korean peninsula being neither at peace nor at war is finally over») plantea una situación nueva, pero no se ha producido ningún hecho sobre el terreno, por ejemplo en la zona desmilitarizada que separa ambos países, que permita pensar que Corea del Norte no se siente ya obligada por los términos del armisticio de 1953.
Tampoco hay informaciones sobre desplazamientos de tropas ni se ha interrumpido la actividad normal en la zona industrial de Kaesong que se encuentra en el lado norte de la frontera.
Por tanto, la reacción de cachondeo en Austin, Texas, parece lógica.