El Real Instituto Elcano se ha aprestado a hacer de altavoz de la Marca España. A la hora de la verdad, no hay institución pública que no esté dispuesta a empeñar su prestigio en favor de los intereses del Gobierno. Ellos le llaman intereses del país, pero ya sabemos que son dos conceptos que se tienden a confundir.
El caso es que el instituto realiza un estudio sobre la imagen de España en los medios de comunicaciones internacionales y su conclusión es bastante pintoresca. La noticia ha aparecido hoy por ejemplo con el titular «La prensa anglosajona castiga la imagen económica de España, según el Real Instituto Elcano», aunque la palabra «castiga» procede del teletipo de Efe, no del estudio.
El autor dice que la imagen que da la prensa anglosajona es negativa. Perdón, se refiere a «los MASP (Medios Anglosajones y Protestantes)». ¿Protestantes? No veo que en este contexto tenga sentido esa referencia. ¿Cuáles son las razones de esa cobertura?
Se ha proyectado bajo una luz crítica una relación económica circular que se ha desarrollado entre los bancos españoles y el Estado español. El comienzo de este fenómeno lo encontramos en el boom inmobiliario, el cual se concibe por la prensa internacional bajo una óptica de mala gestión económica, tanto por el Estado como por el sistema bancario.
Parece bastante razonable. La idea de «relación circular» tiene que ver con el aumento del porcentaje de deuda española en manos de bancos nacionales, que se ha producido al descenso. Otro motivo de esa visión crítica:
La segunda idea que más ha estado presente en el discurso de los medios extranjeros consiste en una representación de España y sus políticos unida a una importante falta de transparencia en el plano político y económico.
Da la impresión de que aciertan de pleno. La tercera razón:
El rescate de la UE se ha mostrado principalmente bajo una óptica de riesgo sujeta a los valores que otorga el mercado a esta intervención.
Se refiere al rescate de la banca, no al de toda la economía. Es cierto que la situación de la prima de riesgo se ha calmado en el último mes, pero la incertidumbre permanece, a menos que uno se crea la versión oficial habitual que dice que todos los problemas se han solucionado gracias a la última cumbre europea.
Al otro lado, el estudio destaca la visión más positiva, o menos negativa, de la prensa francesa y china. Los medios franceses analizados son Le Monde y AFP. Personalmente, no me cabe duda de que me fío más de la prensa anglosajona (un concepto algo difuso porque abarca a demasiados medios) que de Le Monde. Lo de los medios chinos es ya glorioso. Y citar una frase de Hu Jintao para respaldar el argumento, muy revelador de lo que el autor del estudio piensa que es representativo de la opinión pública internacional.
Es mejor consultar sólo prensa de dictaduras. Si quieres esconder la realidad, te llevas menos sustos. En otras palabras, donde esté el China Daily que se quite The New York Times. Y todo esto por cortesía de un estudio ‘científico’ pagado con fondos públicos.
De entre todos los resúmenes del año, el de JibJab es el mejor. Como es habitual, la mayoría de los personajes son de EEUU, pero esta vez tenemos una participación española a la mejor altura humorística de las demás escenas.
Gregorio Morán aporta algunas razones por las que la gente ya no confía en los medios de comunicación y en los periodistas:
«El dilema es sencillo aunque no fácil de resolver. O seguimos como museos de papel, publicitados por los que están interesados en que la realidad no aparezca ni por asomo, o retomamos el oficio y descubrimos a los lectores que cada día nos piden lo que ellos no alcanzan a saber. Cuando los graciosos australianos provocan un espasmo mediático porque suplantaron a la reina de Inglaterra, el idiotizado oyente se siente feliz por el engaño, pero al enterarse de que una pobre enfermera telefonista se ha suicidado porque la humillación y las presiones la han llevado al colapso, esa misma gente corrompida por las malas prácticas y la ausencia de cualquier cultura periodística, analfabetos tratando de no aburrirse en casa, entonces se escandalizan y exigen un castigo. Siempre hubo basura y calidad, este es un principio social que ya practicaron los romanos y con éxito. La cuestión clave es que cuando desaparece gente como Xavier Batalla uno no puede evitar referirse a lo más evidente: somos supervivientes de un mundo que construyó una cultura periodística imprescindible en nuestra formación como sociedad. Luego llegaron los Berlusconi autóctonos e intuyeron que se podían forrar sobre dos vigas que resultaron frágiles: la subvención y la estupidez de la gente».
Georg Pieper es un psicólogo alemán que sabe de traumas. Considerado un experto en el tratamiento del estrés postraumático, acude cuando se produce una catástrofe en Alemania para atender a los supervivientes. Viajó también a Noruega tras la matanza protagonizada por Anders Breivik. En octubre, visitó Grecia para dar conferencias a especialistas locales y lo que vio le dejó profundamente impactado. Ciertas palabras terminan perdiendo su significado por repetidas: crisis, pesimismo, recesión. Para Pieper, lo que está ocurriendo allí es algo más. Tiene todos los rasgos de un trauma colectivo.
Una sociedad puede sumirse en una profunda depresión, no sólo en términos económicos. Corre el riesgo de perder la capacidad de sobreponerse a las dificultades, de rebelarse contra las injusticias, de ser capaz de admitir los errores cometidos y obrar en consecuencia. A partir de ahí, cualquier cosa puede ocurrir.
No hay que dejarse llevar por la desesperación, pero negar la realidad sólo puede servir para sufrir una recaída posterior aún más dolorosa. La campaña promovida por la empresa Campofrío –con el eslogan #elcurriculumdetodos– es un ejemplo de manual de ese voluntarismo que tanto gusta a la gente. Somos un gran país y todo se solucionará más pronto que tarde. Si los de fuera cuentan que nos hemos quedado en los andrajos es sólo porque son unos envidiosos.
Gran ridículo el de los periodistas acreditados en la Casa Blanca. Obama ha presentado en rueda de prensa los pasos que quiere dar para analizar y tomar medidas sobre el uso de armas en EEUU. ¿La respuesta de los periodistas? Preguntar una y otra vez sobre el ‘abismo fiscal’ y las posibilidades de un acuerdo con los republicanos sobre reducción del déficit. Un tema muy importante, sin duda, pero que no era lo que esperaba la gente que estaba viendo el acto por televisión o internet.
La primera pregunta ha sido de un reportero de la agencia de AP que ha dicho que quería sacar «el otro tema que está absorbiendo a esta ciudad en estos momentos». ¿Esta ciudad? ¿Cree que los habitantes de Washington (en el puesto 21º entre las ciudades más violentas en EEUU con 17,5 asesinatos por 100.000 habitantes) no están interesados ahora por lo que hay que hacer tras la matanza de Connecticut? ¿O se refiere a Washington como la burbuja en la que viven periodistas y políticos aislados del mundo exterior?
Han pasado 15 minutos desde el inicio de la conferencia de prensa para que alguien se dignara a sacar el tema de las armas y el crimen.
Cuando los periodistas dejan patente lo alejados que están de la realidad de su país, ¿qué respuesta creen que recibirán de sus lectores y espectadores?
No falla. Los tabloides de Nueva York son los más salvajes a la hora de afrontar un problema. Sus portadas son tan sutiles como el pisotón de un elefante. Habitualmente, es el New York Post el que grita ¡Fuego! en mitad del cine. Esta vez le ha tocado al Daily News.
Algunos indicios, aún no concluyentes, revelan que algo ha cambiado en EEUU. Por ejemplo, algunas encuestas. Los votantes piensan que hay que tomar medidas después de la matanza de Connecticut. Ya no creen que sólo haya que buscar la razón de esa desgracia en la mente perturbada de una persona, como ocurrió en otras ocasiones después de otras matanzas.
El discurso de Obama fue otro punto de interés. El político cauteloso hasta la exasperación dio un paso adelante, bien es cierto que sólo en el plano emocional. La gente se preguntó: ¿hasta dónde está preparado para llegar?
Tras hacer lo posible por no dar ni un dato nuevo ni concretar nada en una rueda de prensa, el portavoz de la Casa Blanca dijo el lunes que Obama está a favor de volver a instaurar la prohibición de la venta de fusiles de asalto, que estuvo en vigor en la época de Bill Clinton.
Incluso así, no es decir mucho. Puede estar a favor, pero otra cosa muy diferente es que se decida a presionar al Congreso para que dé un paso concreto en esa línea. Desgastarse en el intento sin tener la seguridad de que la iniciativa vaya a ser aprobada. Liderazgo, le llaman. Arriesgarse a perder en aras de una causa que merece ese riesgo. Es decir, justo lo que no hizo el presidente en su primer mandato.
Ahora parece que es diferente. Parece. Habla de medidas «significativas». También los medios, aleccionados por la Casa Blanca, informan que la idea no consiste en limitarse a la venta de armas, sino en presentar un paquete completo de iniciativas que considere otros aspectos, como el tema de la salud mental y cualquier otra cosa que sirva para descartar la idea de que todo esto tiene que ver sólo con las armas.
Otro detalle algo más que revelador. Después de mantenerse en silencio durante varios días, la NRA ha difundido un breve comunicado. Además de mostrar su dolor por las muertes de Newtown, dice estar dispuesta a «ofrecer aportaciones significativas» para que algo así nunca vuelva a suceder. Anuncia que el viernes ofrecerá una rueda de prensa para dar a conocer su opinión.
¿Qué entenderá todo el mundo por «significativas», y en especial la NRA?. La respuesta, en los próximos días.
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En el mundo real, siguen pasando cosas increíbles. Un niño de 11 años fue a su clase en un suburbio de Salt Lake City con un arma. Lo normal en estos casos; los libros, unos bolis, el almuerzo y una pistola del calibre 22. Supuestamente para protegerse por si pasaba algo parecido a lo de Connecticut. ¿Cómo se enteraron los profesores? Muy sencillo. ¿Qué puedes esperar de un niño?
Some witnesses have said they saw the boy brandish the gun on the playground and point it at another child’s head. Other reports said the boy verbally threatened another student with the gun.
It will come as no surprise to those with a passing interest in American politics that Republicans are more likely to own guns than Democrats. But the differences have become much starker in recent years, with gun ownership having become a powerful predictor of political behavior.
La primera serie de votaciones del referéndum constitucional en Egipto ha arrojado una clara victoria del sí con un porcentaje del 56,5%. El resultado final podría ser mayor porque en el sábado se votó en El Cairo, donde venció el no, y otras grandes ciudades, mientras que quedan por participar ciudades más pequeñas y zonas rurales, lugares donde los islamistas son más fuertes.
Da la impresión de que la cifra final será muy inferior al 70% de los votos que reunieron en las elecciones legislativas los Hermanos Musulmanes y los salafistas, que pedían el sí.
La oposición no acepta los resultados, denuncia un fraude incluso superior al habitual en los años de Mubarak y ha convocado nuevas protestas para este martes. Como no hay noticias de que policías uniformados hayan bloqueado el acceso a colegios electorales donde era previsible una derrota del Gobierno, como sí se hacía cuando Mubarak, era presidente, hay que imaginar que la denuncia de la oposición es un tanto histérica, lo que no descarta que haya indicios serios de fraude.
En cualquier caso, la aprobación de la Constitución debería haber sido un momento de celebración, el último momento en que fuerzas mayoritarias y minoritarias pudieran construir un texto único antes de separarse para siempre y enfrentarse en el juego políticos diario.
El fracaso de Morsi es notable. La redacción de la nueva Constitución puso a prueba la capacidad de diálogo de los Hermanos Musulmanes y su voluntad de llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas. El resultado ha sido un rotundo fracaso. La gente tiene motivos para sentirse engañada, porque no era eso lo que los islamistas prometían en 2011. Los Hermanos nunca entendieron que una Constitución necesita mucho más del 51% de los votos para asegurarse su legitimidad durante mucho tiempo.
En especial si la participación sólo llega al 31%.
Al otro lado del escenario, el balance tampoco es muy positivo. Por un momento parecía que la incompetencia de la oposición egipcia podía estar a la altura de lo visto años atrás en Venezuela: un boicot de las votaciones no dice mucho del carácter democrático de unos partidos y desde luego sólo puede contribuir a entregar todo el poder al adversario. Al final no se produjo una petición total de boicot y lo que ocurrió fue que no hubo una sólida campaña organizada por el no.
El elitismo de algunos de sus líderes más destacados debería hacerles reflexionar. Algunas de las reacciones de personalidades muy ligadas a la oposición han sido lamentables. La peor, la del escritor Ala Al Aswany, el autor de la extraordinaria ‘El edificio Yacobián’, que dijo que había que prohibir el voto a los analfabetos, porque son demasiado ignorantes para opinar sobre una Constitución que no pueden leer.
Mal futuro tiene la democracia egipcia si estos son los liberales. Cómo deben de ser los reaccionarios.
No es que Tahrir no sea Egipto (obvio). Ni siquiera El Cairo es Egipto. En la capital, la Constitución fue rechazada, no así en las zonas rurales. La triste realidad es que en esas zonas aspectos fundamentales en el funcionamiento de una democracia tiene una importancia mínima en la vida de la gente.
Lo único que ocupa el tiempo de la gente es luchar por salir de la más absoluta pobreza. El mensaje conservador de los islamistas tiene en principio más posibilidades de éxito por el predominio de la religión. Pero eso no quiere decir que los Hermanos tengan asegurado el monopolio del poder gracias a esos votos.
Muchos de sus dirigentes son empresarios que prosperaron en los últimos años del régimen de Mubarak. Cuando no estaban en el Gobierno, bastaba con la red de asistencia humanitaria financiada por los Hermanos para asentar su arraigo. Ahora que tienen el poder en sus manos, es muy posible que la gente les exija justicia, y no sólo caridad.
31 senadores opuestos al control de armas no han querido participar en el programa ‘Meet the Press’ de la NBC. No es que estuvieran invitados todos. Les iban llamando y todos rechazaban intervenir. Pero eso no quiere decir que estemos aún sin opiniones políticas representativas de ese campo. El congresista republicano por Texas Louie Gohmert ya sabe cuál es la solución con la que impedir que se repitan matanzas como la de Connecticut: más armas.
En concreto, más armas en poder de los profesores y directores de los colegios: «Ojalá ella hubiera tenido un M4 bajo llave en su despacho», ha dicho refiriéndose a la directora de la escuela Sandy Hook, «para que cuando oyera los tiros, hubiera salido y acabado con él volándole la cabeza antes de que pudiera matar a esos preciosos chicos».
El M4 es el fusil de asalto que el Ejército adoptó para reemplazar al M16.
El congresista Gohmert espera que nos creamos que la directora Dawn Hochsprung, de 47 años y con una amplia experiencia como profesora, se habría transformado en Bruce Willis y podría haber eliminado al asesino que iba armado con dos pistolas y un fusil. Bang. La cabeza del criminal salta por los aires como en las películas. Problema solucionado. Hasta la vista, baby.
Lo que ocurrió en realidad es que Hochsprung intentó salvar a los alumnos atacados y murió tiroteada. La reacción natural de una maestra no fue suficiente en un caso de crimen múltiple.
Todo es muy sencillo en la mente de un congresista texano. Entregamos armas a los profesores de 98.000 colegios públicos y 33.000 privados, les damos adiestramiento militar para que puedan empuñar un M4 (una simple pistola no tendría mucho poder disuasorio) y que se líen a tiros con los psicópatas. Si cae algún niño en la refriega, lo consideraremos un daño colateral.
La prioridad no es intentar evitar que se repita otra masacre, sino impedir que los norteamericanos pierdan su derecho sacrosanto. No me refiero al derecho a llevar armas, sino a comprar armas de guerra para usarlas como instrumento de diversión. Los autores de la Segunda Enmienda nunca pensaron que los norteamericanos iban a encontrar tan divertido disparar a cosas, mientras que unos pocos iban a sentir una tendencia irresistible a disparar a sus compatriotas.
Niños de Newtown participan en la vigilia en recuerdo de las víctimas de la matanza de la escuela de Sandy Hook. Aquí, imágenes de los 26 fallecidos.
Un adulto ayuda a un niño a disparar con un subfusil automático en uno de los miles de ‘gun shows’ que se celebran en EEUU. Fotogalería de Pete Muller publicada por Wired. Vía BagNews.
El siempre tocacojones provocador Charlie Brooker desveló en uno de sus programas cómo los medios de comunicación sobreactúan a todos los niveles cuando informan de matanzas en EEUU y otros países, como la ocurrida en Connecticut. Las imágenes que aparecen en su vídeo proceden de televisiones británicas.
El plato fuerte está al final cuando incluye la opinión de un psiquiatra, entrevistado en BBC. En pocas palabras: los medios hacen lo contrario de lo que deberían hacer. Algunas de esas recomendaciones no son realistas (no convertir el número de víctimas en el titular de la historia); otras, por el contrario, parecen muy razonables: no presentar al asesino como un «antihéroe», es decir, elegir cualquier elemento diferencial (vestir de negro, ser aficionado a los videojuegos, odiar a los animales…) como si fuera un dato fundamental que ayuda a entender su conducta.
Por extraño que parezca, al hacer esto se presenta al autor del crimen como un modelo para ciertas personas. Cabe la posibilidad, afortunadamente no muy alta, de que algunas personas se sienten representadas por ese sujeto, por sus motivaciones, su estilo de vida o su odio hacia la sociedad.
Otros aspectos de la denuncia de Brooker son evidentes. Pongamos que no informar absolutamente nada sobre la identidad del asesino y sus posibles motivos sea un requisito exagerado o incluso contraproducente. ¿Pero es necesario emplear cualquier imagen de esa persona por anodina que sea aunque no aporte ninguna información sobre su historia personal como el hecho, en el caso del autor de la matanza de Alemania, de que era aficionado al ping pong?
En descargo de los medios, hay que recordar que es en el caso de estas noticias cuando lectores y espectadores acuden a ellos con más necesidad de respuestas. Si la función de los medios es contar y explicar la realidad, la gente esperar encontrar en ellos algún sentido a un hecho inexplicable por horrible. Ahora más que nunca. Y de todas las preguntas, la que con más insistencia se nos presenta es por qué. ¿Cómo puede haber pasado algo así?
Lo dramático es que en muchas ocasiones esa pregunta no tiene respuesta. Si hay algún tipo de motivación política, es más fácil encontrar una pista y deducir que todo se reduce al odio a los judíos/musulmanes/cristianos o a los seguidores de una ideología. Sin este recurso, podemos ser testigos de una constante especulación sin base. Y no es una novedad ni una sorpresa, pese a lo que dice este periodista, que en las primeras horas buena parte de la información que se suministra resulte ser falsa.
Los medios de comunicación venden mercancía. Los periodistas que elaboran esas informaciones no están pensando en la cuenta de resultados de la empresa, pero tienen la presión de saber que tienen que hacer el máximo esfuerzo posible porque se trata de una «gran» noticia. Las mentes bienpensantes lo achacan todo al morbo, a esa costumbre de frenar el coche para ver qué ha pasado en un accidente al otro lado de la carretera. Pero si los medios no hacen una amplia cobertura de hechos dramáticos que concitan el interés de la gente, ¿para qué sirven? ¿Para dar resultados de fútbol y declaraciones de políticos?
Alguien rescató ayer esta crítica de Roger Ebert sobre la película ‘Elephant’, de Gus Van Sant, que trata sobre la matanza de Columbine pero con un punto de vista que podríamos denominar de amoral (no inmoral). Van Sant no elabora una hipótesis sobre los hechos, no intenta juzgar ni encontrar una explicación lógica y se limita a exponer fríamente lo que ocurrió.
Para el caso que nos ocupa, lo importante es que Ebert cuenta que al día siguiente de Columbine un periodista de la NBC le entrevistó para saber si creía que las películas violentas tenían una influencia relevante en la conducta de los asesinos. En la caza del culpable, alguien había señalado a la película ‘Diario de un rebelde’, en la que en una alucinación el personaje de Leonardo Di Caprio entra disparando en un aula y mata a seis alumnos.
Ebert dijo que no creía que fuera así. Poca gente vio la película y no había pruebas de que la conocieran los asesinos. Pero sí tenía otra hipótesis:
«Hechos como estos, dije, si están influidos por algo es por programas informativos como el suyo. Cuando un chico desequilibrado entra en una escuela y comienza a disparar, se convierte en un gran suceso periodístico. Los canales de noticias abandonan su programación habitual y hacen una cobertura permanente. A la historia le asignan un logo y música. A estos dos chicos [de Columbine] les adjudicaron el apodo de «la mafia de la gabardina» [por su indumentaria]. El mensaje estaba claro para los chicos con problemas de todo el país: si disparo a alguien en mi escuela, me convertiré en famoso. La televisión sólo hablará de mí. Los expertos intentarán descifrar en qué estaba pensando. Mis compañeros y profesores sabrán que no conviene meterse conmigo. Desapareceré en una llamarada de gloria».
Viene a ser lo mismo que denunció Oliver Stone en ‘Asesinos natos’.
La NBC no emitió ningún fragmento de la entrevista con Ebert. Qué sorpresa.
Al final, Ebert comete el mismo error que reprocha a los medios, que en su búsqueda de una razón creen haber hallado la auténtica causa del horror o terminan disparando a todo lo que se mueve, excepto a sí mismos. Los medios y su cobertura también son una víctima propiciatoria, y la denuncia de su comportamiento, un agradable placebo. Si los periodistas actuaran de otra manera, no se producirían estos sangrientos hechos. No habría efecto ‘copycat’. Nadie intentaría emular al último psicópata.
Ojalá fuera así. No necesitas medios de comunicación para llegar a este punto. Ocurría lo mismo antes de que existiera Internet o Twitter. Hubo matanzas terribles en EEUU mucho antes de que la televisión condicionara la vida de muchas personas. Las hay ahora en países como Afganistán o Pakistán, donde una familia puede aceptar que se corte la nariz a una chica o se le desfigure la cara con ácido por un supuesto ataque al ‘honor’ familiar, sin que esa gente reciba órdenes de un movimiento político o secta, o se vea influida por un medio de comunicación.
Los medios están atrapados por esa necesidad de descubrir una respuesta al por qué. Cuando no es posible encontrarla, los errores se suceden. Hay momentos en que casi es mejor reflexionar que hablar, pero eso es imposible para un periodista. La gente espera que cuentes algo, y a veces lo único que se puede ofrecer es ruido.