Una de las informaciones que más han circulado en Internet cuestionando la autoría del régimen sirio en el ataque con armas químicas del 21 de agosto ha quedado desacreditada. En una web informativa llamada MintPress News, con sede en Minneapolis, apareció un artículo, fechado el 29 de agosto, con testimonios anónimos de rebeldes sirios que admitían que las explosiones procedían de errores en la manipulación de armas químicas suministradas por los saudíes. La figura saudí clave era el príncipe Bandar, responsable del Consejo de Seguridad Nacional saudí y embajador de su país en EEUU durante décadas.
Cuatro días antes, había aparecido este artículo del WSJ que detallaba el intenso protagonismo de Bandar en las maniobras saudíes para apoyar a los rebeldes.
En su momento, no me pareció muy fiable porque si bien la hipótesis de una explosión por error de esas cargas químicas no era en sí misma absurda, sí resultaba difícil de creer que se hubiera producido de forma simultánea en varios puntos.
Desde el primer momento se dijo que hubo varias explosiones en diferentes lugares separados por unos pocos kilómetros en los suburbios de Damasco. El informe de la ONU así lo establece, aunque no da un número confirmado de objetivos tan alto como el descrito por el Gobierno norteamericano.
Pongamos que las armas estuvieran escondidas en un búnker o depósitos subterráneos en los que también hubiera civiles sirios escondidos. ¿Esos depósitos estaban comunicados entre sí a lo largo de varios kilómetros? Como digo, difícil de creer.
Tampoco ayudaba mucho que al final del artículo se dijera que «algunas informaciones de este artículo no han podido ser verificadas de forma independiente».
El artículo estaba firmado por dos personas: Dale Galvak, periodista con varios años de experiencia de trabajo en Oriente Medio, y una persona no conocida con el nombre de Yahya Ababneh, un periodista jordano. A Galvak se la identificó como periodista de la agencia AP, y de hecho varios teletipos de la agencia llevan su nombre. No era una corresponsal de plantilla de agencia, pero sí una colaboradora habitual de AP.
Galvak negó este viernes ser la coautora de la información. Dijo que ni había escrito el artículo ni había hecho sobre el terreno ninguna labor como reportera de la historia. «No viajé a Siria ni hablé con los rebeldes ni hice trabajo de reportero sobre los hechos contados en el artículo». Además, acusó a MintPress de usar su nombre sin su consentimiento y de no haberlo retirado cuando así se le pidió. La web le había dicho que no podían hacerlo porque eso mermaría la credibilidad del medio y de la historia.
Antiwar.com había publicado originalmente el artículo (entre otras cosas porque el alto tráfico había tumbado en varias ocasiones la web de MintPress). Al conocer la versión de Galvak, retiró la información de su web y pidió disculpas. Había dado crédito a la historia sobre todo por las credenciales periodísticas de Galvak y su relación con AP.
Posteriormente, Galvak admitió que había ayudado a Yahya Ababneh a escribir el artículo (Ababneh escribe habitualmente en árabe), pero nada más. Desde el principio, dejó claro que sólo debía aparecer con la firma de Ababneh.
Aquí está la versión de MintPress. Su directora afirma que Galvak les informó de que Ababneh había estado en Siria, hablado con rebeldes y confirmado la historia, que ella había escrito el artículo y que después había recibido presiones para negar su autoría.
¿Estuvo Ababneh en Siria? No lo sabemos. En la firma del artículo, se decía que había realizado trabajos periodísticos en Jordania, Líbano, Arabia Saudí y Libia, y que ha colaborado con varios medios árabes. Pero las búsquedas de Internet no ofrecían ninguna prueba de esos artículos.
Resulta que han encontrado páginas en Linkedin y Facebook de una persona con otro nombre, Yan Barakat, con fotos que hacen pensar que se trata de la misma persona. MintPress nunca dijo que Ababneh fuera un seudónimo (y curiosamente hay un artículo firmado por ese nombre y publicado por The Jerusalem Post).
Cuando una información se aleja de lo que están contando la mayoría de los medios de comunicación sobre un tema, se tiene la tentación de considerarla automáticamente una teoría de la conspiración. Lo primero que hay que hacer es valorar la entidad de la información que da, y las dudas, en su caso, que suscita. Es decir, lo mismo que se puede hacer con cualquier artículo publicado por cualquier medio.
Si las circunstancias de su elaboración o autoría son tan confusas como en este caso todas las alarmas se encienden. No daríamos mucha credibilidad a un artículo publicado por un medio de comunicación tradicional si contara con este historial tan sospechoso.





