Rohani ha dejado huella en Nueva York. El presidente iraní ha continuado con la tendencia que se intuyó en la campaña electoral y en sus primeros pasos una vez que asumió el cargo. El suyo es un mensaje completamente diferente al de Ahmadineyad. Además, como miembro de la élite política desde hace décadas, sus ideas se expresan de forma que no choquen con las del líder espiritual, el ayatolá Jamenei.
Tanta cautela no ha impedido que Rohani haya condenado el Holocausto en una entrevista en CNN. Es cierto que sin pronunciar la palabra Holocausto, pero siendo muy claro en el terreno de los principios. Hay cierta polémica sobre la traducción al inglés de sus palabras. Esta parece ser una versión correcta:
«He dicho antes que no soy un historiador y en relación a las dimensiones de acontecimientos históricos tienen que ser los historiadores los que los expliquen y discutan.
Pero en general puedo decir que cualquier crimen contra la humanidad cometido en la historia, como los crímenes cometidos por los nazis, sea contra judíos o no judíos, debe ser totalmente condenado desde nuestro punto de vista. Al igual que cuando hoy se cometen crímenes contra cualquier nación, religión, grupo étnico o creencia, condenamos ese crimen o genocidio.
Por consiguiente, lo que hicieron los nazis fue condenable. Las dimensiones de eso, a las que usted se refirió, son responsabilidad de historiadores e investigadores para que queden claras. Yo no soy un historiador.
Sin embargo, esto debe quedar claro. Si se comete un crimen, ese crimen no debe utilizarse para permitir que una nación o grupo justifiquen esos crímenes o la opresión de otros. Por ello, si los nazis cometieron un crimen, y con independencia de lo que fue, lo condenamos porque el genocidio o el asesinato masivo debe ser condenado.
En nuestra opinión, no importa si la persona muerta es judía, cristiana o musulmana. En nuestra opinión, no hay diferencias. Matar a un inocente es algo rechazable y condenable. Pero esto no puede justificar la expulsión de un pueblo de su tierra durante 60 años y que se diga que los nazis cometieron crímenes. Ese crimen también debe ser condenado, y ocupar la tierra de otros también debe ser condenado».
Hay una cierta reiteración, producto de intentar hacer dos cosas al mismo tiempo: rechazar el genocidio y hacerlo de forma que no parezca que repite el discurso de los dirigentes israelíes o occidentales. Probablemente, lo mismo se puede decir de su negativa a dar una cifra de víctimas del Holocausto con el subterfugio de dejar el asunto en manos de historiadores.
Rohani da un paso significativo pero con la mirada puesta en Teherán, donde es el presidente pero no el político con más poder del país.
En cualquier caso, es un gesto opuesto a la actitud deplorable de Ahmadineyad de negar la realidad histórica, que incluso llevó a la organización en Teherán de un congreso con la intención de cuestionar el Holocausto. Fue una oportunidad propagandista excelente para el Gobierno israelí que Netanyahu no desaprovechó en todos los foros internacionales a los que asistió.
C0n respecto al programa nuclear, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU Rohani insistió en que la intención iraní es pacífica. «Las armas nucleares y otras armas de destrucción masiva no tienen lugar en la doctrina de defensa y seguridad de Irán, y contradicen nuestras convicciones básicas religiosas y éticas».
La declaración es rotunda y nada ambigua. No es nueva, porque Jamenei ya ha dicho en más de una ocasión que considera las armas nucleares «un pecado», definición a la que hay que dar importancia tratándose de un líder religioso. Es desde luego un compromiso mucho más firme que la política oficial de ambigüedad calculada del Gobierno israelí sobre su arsenal nuclear.
Décadas de rivalidad histórica entre EEUU e Irán no se van a solventar con declaraciones, por claras que parezcan. Ambos necesitan llegar a acuerdos concretos que les obliguen: deberían consistir en permitir el programa de enriquecimiento nuclear iraní con las salvedades y controles que garanticen su aplicación civil. De ello se supone que se empezará a hablar en la reunión del jueves de los jefes de las diplomacias de ambos países.