Las guerras en las que muere gente no se libran en Twitter

Si me pongo a pensar, es posible que se me ocurran titulares más estúpidos que este: «Así es la primera guerra real que se libra en Twitter». Pero tendría que esforzarme. ¿Desde cuándo las guerras que se libran en Twitter acaban con bebés muertos?

(otras fotos mucho más desagradables)

La actividad más intensa de los militares israelíes en Twitter ha provocado algunos titulares francamente ridículos. Hace tiempo que el Ejército emplea redes sociales para su propaganda (¿qué Ejército no utiliza todos los recursos propagandísticos a su alcance en tiempo de guerra?). No creo que por ejemplo el hecho de que tenga cuenta en Flickr quiera simbolizar su apuesta por las licencias Creative Commons.

Algo más serios son los titulares que anuncian que las alarmas han sonado en la ciudad de Tel Aviv por primera vez desde la guerra del Golfo de 1991. En realidad, el cohete ha caído en el mar. El lanzamiento es eso que se llama un salto cualitativo, pero el peligro para los israelíes se encuentra más en las ciudades más cercanas a Gaza. Esta mañana tres personas han muerto en Kiryat Malachi por un impacto directo en un edificio de viviendas.

Del número de cohetes interceptados en las cercanías de Bersheva, a unos 45 kilómetros de Gaza, se deduce que las milicias palestinas intentan causar bajas en esta población del sur de cerca de 200.000 habitantes. Un mismo cohete que llegue hasta Bersheva podría en teoría, circunstancias meteorológicas aparte, acercarse a Tel Aviv, unos 20 kilómetros más, pero al precio de reducir su carga explosiva y por tanto hacerlo menos letal.

Según el Ejército israelí, 274 cohetes han impactado en territorio israelí desde el inicio de la ofensiva. Además de los fallecidos de hoy (de 49, 24 y 26 años), hay unos 45 heridos. Fuentes palestinas afirman que el número de muertos en Gaza es de 15 con un centenar de heridos.

¿El origen del nombre de la operación?  Éxodo 13:21.

Un activista pacifista israelí que ha mediado en contactos entre Israel y Hamás, incluida la negociación sobre el soldado Shalit, afirma que Yafari, el líder militar de Hamás eliminado, estaba a punto de firmar un acuerdo permanente de alto el fuego.

La historia de la foto que The Washington Post llevó a portada.

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Ataque sobre Gaza: comienza la campaña electoral israelí

Aluf Benn, director de Haaretz, ve la ofensiva israelí sobre Gaza como la continuación de una tendencia muy presente en la política israelí. Si se acerca la fecha de elecciones, los militares tienen trabajo extra. 1955, 1961, 1981, 1996, 2009. No siempre garantiza la victoria en las urnas, pero es un remedio muy útil. Los partidos de la oposición muestran su apoyo al Gobierno. El primer ministro y el ministro de Defensa acaparan la atención de los medios. La nación vuelve a estar en peligro. Sólo el Gobierno salvará al país de la amenaza terrorista.

En realidad, y como cuenta Benn, el líder del brazo militar de Hamás había sido «subcontratado» en los últimos cinco años por Israel para mantener la paz en la frontera con Gaza. Varios grupos yihadistas, en principio menos poderosos que Hamás, habían sido controlados por las buenas o por las malas para impedir que siguieran atacando Israel con cohetes. Excepto algunas épocas de violencia repentina, la situación parecía controlada. Como es habitual allí, hasta cierto punto.

Pero ciertas cuestiones de política interna tienen en estos momentos la prioridad:

A war against Hamas will wipe out the electoral aspirations of the ditherer, Ehud Olmert, whose disciples expected him to announce his candidacy this evening, and it will kick off the agenda the «social and economic issue» that serves the Labor Party headed by MK Shelly Yacimovich.

A la eliminación de Ahmed Yabari, ha seguido la represalia de Hamás, que esta vez no podía ni quería controlar a sus fuerzas. Han disparado 60 cohetes sobre territorio israelí. A esta hora no hay información de que se hayan producido heridos. En el lado palestino, hay diez muertos y 30 heridos, según el Gobierno de Gaza. Entre los fallecidos, un bebé de 10 meses, hijo del corresponsal del servicio árabe de BBC en Gaza.

En el anterior asalto aéreo a Gaza murieron 1.400 palestinos, cifra que incluye a centenares de civiles.

La versión oficial del Gobierno israelí es que no se trata de un ataque aislado, sino del comienzo de una operación que durará bastante tiempo. Los reservistas se han incorporado a sus unidades para una ofensiva por tierra si el Gobierno decidiera que es necesaria. La operación tiene nombre («Pilar de la defensa») y la intención, según Ehud Barak, de causar un fuerte impacto en la capacidad de Hamás de lanzar ataques.

Hace tres semanas, el corresponsal de BBC en Gaza contaba que todo parecía haber comenzado con el lanzamiento de algunos cohetes, que no causaron daños, por parte de un grupo salafista no controlado por Hamás que había roto la tregua oficiosa que se mantenía desde hace mucho tiempo. Israel respondió con ataques aéreos y en uno de ellos eliminó a un miembro del brazo armado de Hamás. Comenzó una cadena de ataques y represalias que había quedado más o menos controlada con la mediación del Gobierno egipcio, aunque el final de estos estallidos de violencia nunca está garantizado.

Hasta el miércoles cuando Israel procedió a eliminar la ficha más importante. O bien Yabari había relajado sus medidas de seguridad o el Gobierno de Netanyahu tomó nota de la cercanía de la jornada electoral.

8.45

Tres personas han muerto esta mañana en la localidad israelí de Kiryat Malachi por el impacto directo de un cohete en una vivienda.

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La huelga de consumo es sólo un placebo

Decía ayer en Twitter que «los que piden una huelga de consumo están contribuyendo (se supone que sin saberlo) al fracaso de la huelga». No me refería específicamente a la decisión de no comprar en una tienda que esté abierta durante la jornada de hoy. Una cosa es respetar su decisión de no unirse al paro y otra muy diferente premiarle haciendo gasto en el establecimiento. Lo que quería decir es que se establece un umbral tan alto para el éxito de una convocatoria como esta que casi se le condena al fracaso.

Todo esto viene en parte del éxito de una huelga general, la de 1988, que fue irrepetible porque entonces se dieron circunstancias políticas y sociales que es improbable que vuelvan a ocurrir. La famosa ‘huelga de los semáforos’ respondía –además de las razones concretas de los sindicatos– a la decisión de mucha gente de dar la espalda a un Gobierno que casi controlaba todos los resortes políticos. Y el seguimiento generalizado no impidió que un año después el PSOE repitiera mayoría absoluta. Fue un inmenso fogonazo que se apagó con la misma rapidez.

La situación es muy diferente ahora por la terrible crisis económica, las aún peores expectativas para el próximo año y, por encima de todo, porque esta huelga es sólo la continuación en una cadena de movilizaciones que comenzó incluso antes de las últimas elecciones. Es una batalla de muy diversos frentes en la que los sindicatos no son los únicos –ni con frecuencia los principales– protagonistas.

Por malas que sean las condiciones económicas, ninguna huelga general puede paralizar ya un país, aunque sí la mayor parte de su aparato productivo. Sólo puede tener éxito si forma parte de una movilización general. Hay dos sitios donde la participación en cualquier huelga es fundamental: el centro de trabajo y la calle. Resulta ridículo por ingenuo pensar que se puede hacer en el hogar pasando frío sin encender la calefacción o aislado sin poner en marcha el ordenador. Tampoco servirán gestos vacíos, por irrelevantes, como no intervenir en Twitter o no actualizar un blog.

Una huelga no es un Yom Kippur laboral, donde te quedas en casa sin utilizar ningún aparato eléctrico para dejar patente tu actitud personal. Como si intentaras colocarte en la misma situación de una persona de siglos anteriores. Ningún sistema político cambiará a causa de actitudes individuales. Por eso, y por dar un ejemplo, es tan ridículo pedir a la gente que no cargue los móviles o que no los use mucho precisamente en un día en que la gente tiene que estar conectada por miles de razones.

El consumo de electricidad es un indicador más con el que medir el impacto de una huelga (Nate Silver lo habría aprobado), pero no el más importante. Si para conseguir que la cita sea un éxito hay que cargar móviles, utilizarlos, coger el coche o autobús, en definitiva consumir electricidad y recursos, hay que hacerlo.

Hace unos días, hubo una huelga general en Grecia de 48 horas. En la manifestación del primer día en el centro de Atenas hubo una asistencia mucho menor de la esperada. Al día siguiente, los sindicatos suspendieron la huelga en el transporte público durante un par de horas por la tarde para permitir que la gente pudiera acudir. Es un ejemplo de cómo la idea de no consumir nada, de llevar el paro hasta sus últimas consecuencias puede terminar siendo contraproducente.

Desde el principio del 15M, se dijo desde los dos grandes partidos que no había motivos para salir a la calle, que había que confiar en las instituciones, que la vieja política no necesitaba ningún cambio estructural. En diferentes ámbitos y con distintos protagonistas, se ha cuestionado esa verdad oficial hasta convertirla en una receta para el desastre.

Ni aunque la huelga pusiera los contadores eléctricos a cero serviría para nada si se limita a repetir la convocatoria de 1988. No es una batalla que se ganará en estas 24 horas ni se puede triunfar en ella con un desarme unilateral. Consumid lo que queráis si eso sirve para que se escuche vuestra voz y la de otros.

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David Petraeus, la segunda mujer, la tercera mujer, el otro general, el agente exhibicionista del FBI y el periodista del Washington Post que no se enteró de nada

David Petraeus, el general más idolatrado del Ejército norteamericano tiene una aventura con Paula Broadwell, una experta en temas de inteligencia que, sin ninguna experiencia profesional en el arte de contar libros, ha escrito una biografía, hagiografía de Petraeus. El FBI se ha enterado por una denuncia de otra mujer que alega que la amante del director de la CIA le ha amenazado en varios emails con sacarle los ojos si continúa acercándose al objeto de sus deseos, aunque quizá la denunciante no sepa quién es en realidad la agresora. El FBI descubre que Petraeus y la mujer (no es la suya, así que llamémosle la segunda mujer) utilizan una cuenta de Gmail, lo que hace saltar las alarmas sobre un posible riesgo para la seguridad. Curiosamente, el general utiliza el mismo truco descubierto en grupos terroristas. Se dice que no envía los mensajes, sino que los guarda como borrador y da acceso a Broadwell a la cuenta para que los lea. Aunque Petraeus no cuente secretos de Estado en esos mensajes, un servicio de espionaje extranjero podría enterarse con facilidad de detalles confidenciales (en qué país está el director de la CIA, adónde viaja y sus gustos en la cama). Pero, por grave que sea esa posibilidad el FBI no se lo cuenta (aún) a la CIA ni a la Casa Blanca. A fin de cuentas, ¿a quién puede importarle que el jefe de la CIA comparta confidencias con otra persona? ¿Qué va a hacer esa mujer? ¿Contarlas? La tercera mujer, Jill Kelley, amiga del matrimonio Petraeus, había explicado esas posibles amenazas a un agente del FBI de tendencias un punto exhibicionistas, que comunica los hechos a sus jefes. El tipo no es precisamente un as de la investigación ni tiene experiencia en ciberdelitos, y pronto sus superiores le retiran del caso. Empieza a sospechar y cree que lo han dejado a un lado no porque sea un asno, sino porque nada trasciende a la opinión pública y por tanto cree que intentan proteger a Obama de una ‘october surprise’ (las teorías de la conspiración pronto empezaron a volar con la idea de que todo este embrollo, que se originó meses antes del ataque al consulado de Bengasi, tiene como objetivo encubrir los errores de la Casa Blanca en relación al ataque al consulado de Bengasi). Así que lo cuenta todo a uno de los congresistas republicanos. A estas alturas los congresistas del Comité de Inteligencia, que sí deberían estar informados, siguen sin enterarse de nada. Las sospechas de la segunda mujer sobre la tercera mujer, que provocaron los emails con amenazas, no parecen fruto de la paranoia. La tercera tiene la tendencia de acercarse (¿hasta qué punto?) a hombres importantes quizá por el pequeño detalle de que ella y su marido están arruinados, se han declarado en bancarrota y deben cuatro millones de dólares en préstamos impagados y deudas de tarjetas de crédito. La tercera mujer tiene un gran corazón. Está muy metida en actividades benéficas en círculos militares de la ciudad de Tampa, en Florida, sede del Comando Central de las FFAA norteamericanas, donde estuvo destinado Petraeus. Incluso le han adjudicado de forma extraoficial el rango de embajadora honoraria, de lo que ella es muy consciente, por lo que decide que no hay ningún problema en que se dirijan a ella como señora embajadora. Es cosa de familia. Su hermana, gemela, que una vez salió con el ex gobernador de Florida Charlie Crist, tiene sus propios problemas con el dinero: también se declaró en bancarrota con deudas de 3,6 millones. Volvemos a la tercera mujer (adiós a la gemela) y a los emails. De repente, se sabe que ha estado en frecuente contacto epistolar con el general John Allen, jefe de las fuerzas de la OTAN en Afganistán y más que probable futuro jefe militar de la OTAN en Bruselas. Los medios afirman que han intercambiado entre 20.000 y 30.000 emails. El chiste que comienza a circular es obvio: ¿y cómo le daba tiempo a Allen a dirigir una guerra? Allen niega que tenga una aventura con la tercera mujer y dice que nunca ha estado en la misma habitación con ella. Ahora parece que sólo fueron unos pocos centenares de emails a lo largo de dos años. Ah, olvidaba que Broadwell no escribió sola el libro. Tuvo la ayuda del jefe de local de The Washington Post, Vernon Loeb, que obviamente no se enteró de nada. Ahora cuenta que su mujer dice que es «el hombre más ingenuo de EEUU». Como si fuera el único en toda esta historia.

Y luego dicen que los talibanes son un enemigo peligroso.

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En Materia: Policías afganos gays en ‘La guerra de las galaxias’. Un estudio universitario analiza todas las memorias publicadas por militares británicos destinados en Afganistán.

Publicada el por Iñigo Sáenz de Ugarte | Deja un comentario

El culto a la personalidad de Petraeus

La periodista de la CNN no se cortó mucho al conocer la noticia de la dimisión de Petraeus como director de la CIA. Rupert Murdoch vio la apuesta y subió hasta donde no se puede llegar. El mejor general desde Patton, o quizá desde antes.

Hay gente que ya no respeta ni la Segunda Guerra Mundial.

Glenn Greenwald hace un repaso de algunas de las hagiografías dedicadas al ex general. Lo preocupante es lo que revelan sobre el debate público sobre cuestiones militares y de seguridad en la sociedad norteamericana:

First, military worship is the central religion of America’s political and media culture. The military is by far the most respected and beloved institution among the US population – a dangerous fact in any democracy – and, even assuming they wanted to (which they don’t), our brave denizens of establishment journalism are petrified of running afoul of that kind of popular sentiment.

Nadie se sorprendería si esta falta de sentido crítico se diera, como se da, en círculos conservadores o en la comunidad de expertos que de una manera u otra vive de contratos y relaciones con el complejo militar-industrial. Lo verdaderamente lamentable es que los medios de comunicación participen con entusiasmo de este culto a la personalidad.

Como ya dije, comparado con otros jefes militares que pasaron por Irak y Afganistán, Petraeus es el MVP de las Fuerzas Armadas. Eso no quiere decir que periodísticamente sea admisible que –al realizar la necrológica (política) de una figura pública– los medios olviden los aspectos negativos, los conflictos o cualquier intento de al menos utilizar los tonos grises, y no sólo los blancos radiantes, en su análisis.

Podemos consolarnos con el mea culpa algo tardío de un periodista experto en temas militares y de trayectoria sólida, Spencer Ackerman, que es lo bastante honesto como para reconocer que él fue uno de los reporteros que cayeron rendidos ante el encanto de Petraeus. Si bien dice que nunca escribió nada en lo que no creyera, de su artículo queda la sensación de que muchos periodistas prefirieron hacer de cheerleaders antes que llevar a cabo su trabajo. Y cuando tienes las dos manos ocupadas con los pompones, resulta complicado sostener la libreta y el bolígrafo.

Bueno, siempre nos queda el New York Post.

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El fin de Petraeus

Un adulterio ha acabado con la carrera de David Petraeus, hasta ahora director de la CIA y antes el militar más admirado por la mayoría de los políticos y medios de comunicación norteamericanos. Los hechos se desencadenaron por una investigación del FBI, iniciada por la sospecha de que otra persona estaba usando una cuenta personal de Gmail del ex general.

Existe la tentación de pensar que un simple error moral le ha obligado a dimitir. En realidad, Petraeus no podía continuar al frente de la CIA a menos que se aceptara que en la organización hay dos tipos de normas, una para todo su personal y otra especial para su director. Los servicios de inteligencia suelen responder con dureza a estas situaciones porque dejan a agentes o analistas expuestos a un chantaje. Y lo habitual es que se inicie una investigación que comienza con la suspensión de empleo y la revocación de todos los permisos de seguridad (lo que se llama «security clearance») que permiten a cada miembro de la CIA el acceso a determinado nivel de documentos secretos o confidenciales.

Obviamente, un director de la CIA no puede realizar su trabajo si pierde temporalmente ese privilegio. Y si la investigación se hubiera completado en secreto y sin filtraciones (algo difícil de evitar), y al final Petraeus hubiera continuado en el puesto, se trataría de un evidente caso de doble rasero.

Fascinados siempre por la personalidad de los generales en tiempos de guerra, los medios de comunicación canonizaron a Petraeus como el mejor representante de una nueva generación de generales que tuvieron que dejar a un lado los manuales militares de la guerra fría para poner en práctica en Irak y Afganistán nuevas estrategias de guerra contra un movimiento insurgente.

El veredicto general es que Petraeus tuvo éxito en Irak, aunque hay que recordar que los mandos militares anteriores pusieron el listón realmente bajo. Si Napoleón tenía razón cuando decía que prefería a los generales con suerte, hay que aceptar que Petraeus tuvo bastante. Su habilidad consistió en aprovechar el cisma que se abrió entre las tribus suníes de la provincia de Anbar y los grupos yihadistas. Muchos de los antiguos insurgentes pasaron a estar en nómina del Ejército norteamericano.

El balance obviaba convenientemente el hecho de que los militares estadounidenses actuaron en la práctica de testigos pasivos de la feroz campaña de limpieza étnica que tuvo lugar en la provincia de Bagdad. La campaña de asesinatos de los escuadrones de la muerte chiíes –muchos de ellos organizados desde el Ministerio de Interior iraquí, provocaron el éxodo forzado de miles de suníes.

En Afganistán, la hagiografía se topó con la realidad. Allí, Petraeus se limitó a la actitud más extendida entre los generales: pedir más hombres y más tiempo. No es extraño que sus relaciones con la Casa Blanca se enfriaran bastante.

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La respuesta ante los desahucios

En diciembre de 1997, una mujer de Granada fue asesinada por su marido. Se llamaba Ana Orantes. Era una más de las muchas mujeres que habían sufrido en silencio, en su caso hasta que obtuvo el divorcio. Unos días antes de que su ya exmarido la quemara viva, apareció en un programa de Canal Sur:

Se pasaba toda la tarde bebiendo y jugando a las cartas, que siempre le ha gustado mucho. Cuando llegaba a casa siempre encontraba un motivo de discusión. Si estaba la comida fría, porque estaba fría; si estaba caliente, porque estaba caliente. La cuestión era pegarme. A veces me sentaba en una silla y me daba con un palo, hasta que yo tenía que darle la razón, porque no podía más.

El crimen despertó a la sociedad, pero en primer lugar despertó a los medios de comunicación. Ya no se trataba de muertes aisladas que colocar en la sección de sucesos, sino de hechos representativos de un mal social que durante demasiado tiempo se había ocultado como una desgracia con la que había que convivir. Y tras los medios de comunicación aparecieron los políticos, los gobiernos y las leyes. Las nuevas leyes.

Hoy una mujer, de 53 años, se ha suicidado en Barakaldo cuando estaba a punto de ser expulsada de su vivienda, en la que vivía desde hace 16 años. Ha habido otros muchos desahucios antes y también suicidios pero en este caso la atención de los medios de comunicación, y no sólo de ellos, se ha centrado con rapidez en la tragedia, quizá porque Amaia es la mujer de un exconcejal del PSOE y su familia es conocida en Barakaldo.

No hay forma ya de esconder estos hechos ni por el tabú social del suicidio ni por las cautelas con que los medios de comunicación tratan, o dejan de tratar, estas noticias. No hay posibilidades de esconderse tras la aplicación de la ley cuando esta se convierte en una forma de ajusticiar a los que han perdido casi todo. No hay manera de pedir a la gente sacrificios si estos comportan aceptar como algo normal que una familia pierda su patrimonio y su dignidad hasta el punto de que perder la vida sólo sea un paso más en el hundimiento.

Ya no se puede callar ni mirar a otro lado ni pensar que se trata de una desgracia inevitable, como se hizo durante tanto tiempo con la violencia machista.

Los políticos pueden considerar que el paro es una cifra ante la que sólo hay que reaccionar con frases hechas y lugares comunes o, como hace la vicepresidenta del Gobierno, bajando el tono de voz cuando le preguntan por el desempleo. Si hay muertos de por medio, todo ese teatro pierde su efectividad.

Durante dos años un grupo de gente se ha movilizado contra los desahucios despertando sólo en contadas ocasiones la atención de los medios de comunicación y nunca la de los políticos. Esas protestas, los intentos de impedir la actuación de las comisiones judiciales y la policía, son un ejemplo claro de desobediencia civil que en situaciones de emergencia es una respuesta legítima.

Pues bien, ya estamos en una situación de emergencia. Los políticos dicen estar buscando soluciones para reducir los efectos de este drama social. Llegan tarde y llegan mal, porque hablan de aminorar el impacto de estas medidas, de establecer categorías entre los desahuciados, de buscar algunas excepciones a las que dar un tratamiento diferente.

Todo es legal en los desahucios. Es legal cuando los bancos proceden al embargo por impago. Es legal cuando los jueces dictan la orden de desahucio. Es legal cuando la policía protege a los representantes del banco y del juzgado al aplicar esa orden.

Todo es legal pero es terriblemente injusto cuando el Gobierno utiliza miles de millones de euros para salvar a los bancos de sí mismos, cuando se olvidan las leyes de la economía de mercado para rescatar a empresas privadas de la ruina a la que les han llevado las decisiones equivocadas de sus responsables con la complicidad evidente de los responsables políticos en el caso de las antiguas cajas de ahorros.

Para los bancos (y quizá mañana las empresas concesionarias de autopistas), las leyes se adaptan para impedir su defunción. Para los que no tienen ni dónde caerse muertos sólo queda la aplicación de la ley por injusta que sea.

Dicen que los bancos (por lo visto en España no los grandes, sino todos) son sistémicos. Su supervivencia es fundamental para el sistema. Aparentemente, las personas no. De ellas, se puede prescindir.

Es inmoral y cualquier ley que permita algo así debe ser reformada y si no lo es o si los cambios son cosméticos, debe ser combatida. Por todos los medios necesarios.

13.30

Leo ahora que Amaia Egaña había sido también concejal socialista en Eibar.

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Ráfagas (con barras y estrellas): Obama 2012

Las lágrimas de Obama (desde 3.30).

–¿Cómo reaccionan algunos conservadores ante la derrota? Con los mismos delirios sobre la lucha final contra el mal socialista-ateo-europeo-islamista en el que viven atrapados: «We are in a war». Siguen inmersos en la burbuja.

–Romney creía que iba a ganar. Un dato interesante para el futuro, según el artículo. Las encuestas daban ventaja al republicano en varios estados entre los votantes independientes. Eso era un indicio de peso. Pero aparentemente hay muchos independientes que antes se identificaban como republicanos, con lo que esa ventaja no era tan significativa.

–La campaña de Romney tenía su propia máquina del juicio final para ganar. Le llamaban Proyecto Orca. No funcionó. Ya van dos elecciones seguidas en la que potencia organizativa y tecnológica de la campaña demócrata ha ridiculizado a la de su rival.

–Por alguna razón que los republicanos no entienden, a las mujeres no les gusta que se hable de violaciones como si fueran cosas que pasan.

–No hay ni que decir que el gran vencedor en el negociado de las encuestas es el ubernerd Nate Silver. En realidad, ya antes de las elecciones Ezra Klein, de The Washington Post, dejó claro que toda la campaña contra Silver era absurda. Se le criticaba no porque anunciara que Obama iba a ganar, cosa que Silver nunca dijo, sino porque daba un alto porcentaje de probabilidades a la victoria de Obama en función de todos los sondeos publicados hasta ese momento.

El problema es que las encuestas son una munición muy valiosa tanto para los partidos como para los medios de comunicación. Es munición selectiva. Se retuercen las cifras, o mejor se escoge las más apropiadas, para que digan lo que tú quieres que digan. En el caso de los partidos, el mensaje típico: vamos a ganar. En el caso de los medios, para justificar un determinado titular (ahora gana Obama, luego se recupera Romney, están empatados, etc.) y mantener abiertas las expectativas y captar la atención de lectores o espectadores.

Medios como Politico.com viven de ese modelo de negocio, y de ahí que se mostrara tan despectivo con el trabajo de Silver. Nosotros te contamos qué está pasando ahora mismo porque somos los mejores leyendo las hojas de té o las entrañas de las aves. Luego llega el friki de los números (y encima usa gafas) y te revienta el negocio.

En la lucha del tertuliano contra el algoritmo, es bueno que el primero salga perdiendo.

–Si a los republicanos ya les caía mal Nate Silver, pueden seguir clavando chinchetas en su foto. La aritmética del colegio electoral juega en su contra en el futuro, ha dicho tras las elecciones.

–¿Qué empresa de encuestas ha sufrido un revolcón? Gallup. No incluyo a Rasmussen porque sólo sirve para que los republicanos se vayan contentos a la cama.

Jon Stewart siempre se lo pasa en grande en estos casos.

–El voto de origen cubano en Florida está reservado a los republicanos, ¿vale? Ya no tanto. Obama obtuvo el 48%, la mejor cifra alcanzada nunca por un demócrata en esa parte del electorado.

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Un desenlace inesperado en Fox News

Tremendo episodio en mitad de la retransmisión televisiva de la noche electoral en Fox News. Poco antes de las 5.15 de la madrugada (hora española), los expertos de la cadena deciden que Barack Obama ha ganado las elecciones en Ohio. Es el fin de la incógnita y, aunque al final los votos de Ohio no serán fundamentales para que el presidente consiga la reelección, confirman que Obama es el vencedor.

Y en ese momento Karl Rove –tertuliano habitual de la cadena y años atrás arquitecto de las victorias de George Bush– afirma en directo que se trata de una decisión precipitada. Lo que al principio es un momento embarazoso para los presentadores de Fox News, cuya retransmisión tiene desde hace bastantes horas, un inequívoco aire fúnebre porque ven que la victoria de Romney no es posible, se convierte en un increíble ‘tour de force’ cuando Megyn Kelly encabeza una expedición por los pasillos del edificio seguida por las cámaras para llegar hasta la sala donde se encuentran los expertos que han tomado la decisión.

La agencia AP y las principales cadenas de TV forman un consorcio que se ocupa de obtener la información necesaria para anunciar las victorias de los candidatos en cada Estado. La recogida y tratamiento de la información se hace de forma conjunta, pero cada cadena se reserva el derecho de hacer su pronóstico, que casi nunca suele fallar, y para ello tiene su propio equipo de expertos que analizan los datos de escrutinio que van recibiendo.

Tras el fiasco de Florida en el año 2000, todas las televisiones son muy cautelosas sobre ese paso. Como se ha visto este año, incluso en estados en los que la victoria de Obama o Romney se podía dar por descontada esperaron un tiempo antes de tomar la decisión definitiva.

Pues bien, Kelly se dirige al habitáculo de los expertos y estos confirman que están seguros de su veredicto. Lo están porque saben que los datos que faltan por llegar proceden en su mayoría de condados en los que se puede esperar un buen caudal de votos para Obama, en función de sus características demográficas y sociológicas y de los resultados de anteriores elecciones.

Por tanto, Rove termina quedando como un idiota iletrado –a pesar de que el tipo sabe lo suyo de aritmética electoral norteamericana– gracias a la mismísima Fox News. Un bonito ejemplo del cataclismo esquizofrénico con que los republicanos concluyeron la jornada electoral del martes.

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