¿Cuáles son los próximos pasos que tiene en mente Vladímir Putin después del referéndum de Crimea y la muy probable anexión de la región a la República Rusa? ¿Se quedará satisfecho con el botín conseguido gracias a la crisis ucraniana? ¿De verdad pretende aprovechar la inestabilidad en la zona oriental de Ucrania para provocar la partición del país y, por tanto, una guerra?
Hay dos reacciones a los sucesos de Crimea y la respuesta de Occidente que se han producido en Rusia en los últimos días. Cada una de ellas tiene que ver con dos circunscripciones distintas, por así decirlo, que apoyan por razones diferentes a Putin.
En primer lugar, están las grandes empresas y los oligarcas. Empresas rusas han sacado miles de millones de sus cuentas en el extranjero, según el FT, por miedo a que futuras sanciones puedan llegar hasta la congelación de sus fondos en el exterior, según el FT. Entre las empresas citadas en el artículo están dos bancos, Sberbank y VTB, y Lukoil (energía).
A pesar de la timidez de las sanciones aprobadas el lunes, estas empresas no habían querido esperar ni correr riesgos. No hay aún indicios de que EEUU y Europa vayan a desatar una guerra económica contra Rusia. Una contienda de este tipo dejaría bajas en ambos lados. En la cumbre de Bruselas, los ministros europeos han discutido sobre las formas de reducir a largo plazo la dependencia energética de Rusia. Hay que hacer un énfasis especial en las palabras ‘a largo plazo’.
Hace tiempo que las multinacionales rusas se han integrado en los circuitos económicos y financieros internacionales. Saldrían muy perjudicadas de cualquier aislamiento de la economía de su país.
En cierto sentido, las actuales empresas representan la recuperación económica de Rusia desde la hecatombe de Yeltsin, sustentada en buena parte por el gas y el petróleo, y la industria financiera creada a su alrededor. Han prestado un servicio muy importante a Putin y su proyecto político, que siempre se han basado en la idea de propiciar el progreso y la estabilidad económicas como uno de los principales factores de legitimidad del poder del presidente y de su círculo de asesores.
En cualquier caso, es Putin quien da las órdenes, no los oligarcas.
Hay otro sector menos presentable a ojos de Occidente, pero no menos influyente, el formado por aquellos convencidos de que Putin es el único dirigente que puede devolver a Rusia su estatus de gran potencia que se fue diluyendo durante años por la crisis económica. Una figura que puede simbolizar esta tendencia es el presentador de TV Dmitri Kiseliov, muy conocido por sus ideas nacionalistas y sus diatribas contra Occidente (conspiraciones homosexuales incluidas).
El domingo, apareció en pantalla comentando los últimos acontecimientos de Crimea. Recordó que Rusia «es el único país del mundo que aún pueden convertir a EEUU en polvo radiactivo». Y en el muro una imagen de una explosión nuclear, por si era necesario aclarar dudas.
Menos mal que se suele decir que es exagerado llamar a la crisis actual una segunda guerra fría.
No es posible descartar a Kiseliov como el típico iluminado que puedes encontrar en la televisión de cualquier país. El Kremlin lo puso en diciembre al frente de la empresa pública de la que dependen la agencia RIA Novosti y la radio Voz de Rusia que emite al exterior. Es un periodista de la confianza del poder.
Si Kiseliov es un fanático, al menos es un tipo de locura que nos resulta familiar. También lo eran los analistas de Fox News que anunciaban que los soldados serían recibidos como liberadores en Irak y que EEUU impondría la pax americana en Oriente Medio. Pero por ridículos o patéticos que nos parezcan, ambos representan a gente real, la que aspira a que su país (ergo, imperio) recupere o mantenga las glorias del pasado/presente. Es una parte del electorado al que Putin no puede renunciar.
Los grandes gestos de desafío a Occidente siempre van a ser bien recibidos en Rusia, quizá no tanto por la élite económica. Es significativo que antes de la intervención militar en Ucrania, no parecía haber un interés especial de la opinión pública rusa por los acontecimientos del país vecino. Un 63% de los rusos no mostraba una preferencia especial por el Gobierno de Yanukóvich o por la oposición, según un sondeo de Levada.
Pero en el momento en que las tropas rusas entraron en Crimea y el Gobierno ruso adoptó una posición más activa, el efecto fue inmediato. La popularidad de Putin alcanzó su punto más alto desde mediados de 2012. Rusia vuelve a ser grande, pensarán sus ciudadanos. Los imperios sólo son respetados cuando son temidos.
[Esta última frase define las críticas recibidas por Obama en EEUU por no haber respondido con más firmeza a Putin. Tiene que haber consecuencias duras a la intervención en Crimea. De lo contrario, Washington no dará ya tanto miedo y otros se animarán a plantarle cara en otros conflictos.]
Otros análisis indican que este impulso sólo se entiende con el dominio casi absoluto de los medios de comunicación por el Kremlin. Los Gobiernos tienden a creerse su propia propaganda, aún más si las voces públicas más relevantes de la oposición son minoritarias.
Sólo si la respuesta de EEUU y Europa provocara daños económicos profundos en la economía rusa (algo improbable hoy día), la intervención en los asuntos ucranianos tendría un coste político para Putin. Y siempre le quedaría la opción de profundizar aún más la carta nacionalista, tan útil para los gobiernos que se sienten amenazados desde el exterior.
El Gobierno ruso podría afirmar, como dice la frase bien conocida, que el hecho de que yo sea un paranoico no significa que no me estén persiguiendo. El ex embajador norteamericano en Moscú, Jack Matlock, escribe que EEUU ha tratado siempre a Rusia «como si fuera el gran perdedor» de la Guerra Fría. EEUU aún aspira a mantener su hegemonía sobre ciertas zonas del mundo (está muy interesado en que siga siendo así en el Pacífico y Oriente Medio, con mejores resultados en el primer caso que en el segundo), mientras que considera que la influencia rusa en Europa del Este es una amenaza que hay que conjurar a nada que se presente la oportunidad propicia, como ha ocurrido ahora en Ucrania.
En muchos análisis, se destaca que la mentalidad de Putin resulta anacrónica porque nos recuerda los tiempos de la soberanía limitada de los miembros europeos del Pacto de Varsovia y la imposición de la voluntad rusa por los medios que fueran necesarios. Puede ser cierto, pero no lo es menos que negar a Moscú su capacidad de influir en Ucrania va contra siglos de relaciones políticas, económicas y culturales. A menos, claro, que la mentalidad predominante en EEUU sea también bastante anacrónica, y cuando observan a Putin sólo ven al viejo oso soviético que quiere dominar el mundo.
Es muy difícil domesticar a un imperio.
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22.30
Las sanciones de EEUU y la UE han tenido respuesta sólo unas horas después. Putin ha firmado el decreto por el que Rusia reconoce a Crimea como «Estado independiente y soberano». El martes, el presidente ruso da un discurso ante el Parlamento, con lo que tendremos la oportunidad de conocer más sus intenciones. Obviamente, cualquier referencia a su derecho a proteger a la población rusa o rusohablante del este de Ucrania, como las que ha hecho en sus conversaciones telefónicas con Obama, será recibida con gran preocupación.
Ya se especula con la posibilidad de que Moscú esté preparando sus propias sanciones en una réplica exacta de las aprobadas por Washington y Bruselas. Lo que quiere decir que la lista de las personas que no tendrán visado para entrar en Rusia incluirá a senadores norteamericanos y altos cargos de la Administración de Obama.
Entre las reacciones rusas más originales a las sanciones está la de Vladislav Surkov, uno de los afectados, considerado uno de los consejeros más influyentes de Putin hasta el punto de que medios occidentales le adjudicaron el apodo de ‘cardenal gris’ del Kremlin. Surkov es un tipo singular. Se dice que tiene en su despacho, además del inevitable retrato de Putin, fotos del Che Guevara y de Tupac Shakur. No sé si es cierto, pero su respuesta a las sanciones lo hace muy probable: «Las únicas cosas que me interesan de EEUU son Tupac Shakur, Allen Ginsberg y Jackson Pollock. No necesito un visado para apreciar sus obras. No pierdo nada».




