Un poco de humor sobre Egipto

Entre tanto dolor y odio en Egipto, al menos que haya sitio para una nota de humor. Esta es una de las variaciones que los egipcios han creado tras una imagen subida a Internet por partidarios de los Hermanos Musulmanes.

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Dos portadas de Egipto

¿Culto a la personalidad en Egipto? En absoluto. En este periódico egipcio, no les valía una sola foto del jefe del Ejército para sostener que todos los egipcios están a muerte con el general Al Sisi. Tenían que hacer un homenaje, probablemente involuntario, a la película ‘Being John Malkovich’.

Esa portada no es nada comparado con lo que se está viendo en las televisiones egipcias.

A veces excesivas, pero las portadas de la prensa británica suelen ser buenas para reflejar en una página el impacto dramático de una noticia.

Its Name Is Fascism. The supporters of Egypt’s military aren’t liberals. Leon Wieseltier.
Egypt: we may despise the Muslim Brotherhood, but a coup is a coup. Nick Cohen.
Furious Egyptians vent anger against western ‘conspiracies’. Ian Black.
Comunicado del Gobierno egipcio contra la cobertura realizada por los medios de comunicación extranjeros.
An account of the Ramses violence. Sarah Carr.
Egypt on the brink of a new dark age, as the generals close in for the kill. Patrick Cockburn.
The Aftermath of 72 Tumultuous Hours in Cairo. Bassem Sabry.

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La contrarrevolución

Adam Shatz hace un análisis especialmente lúcido de la situación de Egipto a partir de los errores de los grupos que protagonizaron la rebelión contra Mubarak y de la capacidad del Ejército para imponer su ideología, que no era otra que la vuelta al régimen anterior:

«Ante cada revés sufrido tras el derrocamiento de Mubarak, las fuerzas revolucionarias de Egipto han respondido con un mantra tranquilizador: «la revolución es un proceso». Pero también la contrarrevolución, que parece haberse impuesto en un futuro previsible. Ha ganado no sólo porque el Ejército y los feloul (los restos del antiguo régimen) tenían fuerzas superiores a su disposición, sino porque contaban con unos objetivos claros, algo de lo que los revolucionarios sin líderes carecían.

La revolución ha sido un «proceso» en el sentido de un acontecimiento de los años 60, una conjunción de fuerzas diferentes, a veces enfrentadas, que compartían el escenario hasta irse cada una por su lado tras el derrocamiento de Mubarak. Mientras se acusaban mutuamente de traicionar la revolución, tanto los liberales como los islamistas intentaron en diferentes momentos llegar a acuerdos con el Ejército, como si este fuera una fuerza neutral, como si el pueblo y el Ejército fueran realmente «una sola mano», como la gente había coreado en la plaza Tahrir. Ninguno de ellos tenía la crueldad, o la tendencia a derramar la sangre, de Jomeini, que comenzó a decapitar al Ejército del sha tan pronto como llegó al poder.

Mientras el antiguo régimen recuperaba su poder, los revolucionarios egipcios confundieron su creencia en la revolución con la existencia misma de una revolución. En el momento en que Abdel Fatttah al-Sisi se hizo con el poder el 3 de julio, la revolución sólo existía en su imaginación.»

Esa negación de la realidad ha sido evidente entre las fuerzas liberales e izquierdistas que defienden su apoyo al Ejército como una especie de alianza táctica con la que salvaguardar los auténticos objetivos democráticos de la revolución puestos en peligro por el autoritarismo de los Hermanos Musulmanes.

En la línea de lo que apunta Shatz, lo mismo se podría decir de Morsi, que creyó haber encontrado una relación institucional sólida con el Ejército después de haber destituido al mariscal Tantatui y a la cúpula militar formada por miembros de la generación de Mubarak. Al Sisi era un militar más ‘moderno’, de una mentalidad más acorde con los nuevos tiempos y además de fuertes convicciones religiosas. Gran error. No un error nuevo. Morsi no es el primer líder político (recordemos Chile en 1973) que cree tener controlado al jefe del Ejército, que incluso confía plenamente en él, hasta que descubre que ese general tan encantador le echa del poder.

El Ejército ha endurecido su discurso nacionalista para reforzar su legitimidad y ganar la batalla de la opinión pública en buena parte del país. Con el apoyo de las fuerzas liberales y de izquierda y de los medios de comunicación, pinta a los islamistas como una fuerza extranjera capaz de llegar al mismo tiempo a acuerdos con actores tan contrapuestos como EEUU y Hamás.

Sería un error pensar que la posición del Ejército es desesperada. Juega sus cartas hábilmente y, como escribe Shatz, ese lenguaje chovinista y xenófobo tiene fuertes raíces en la sociedad egipcia. En un país tan pobre siempre hay intelectuales –el escritor Al Aswani, por ejemplo– que creen que las masas están repletas de personas incultas a las que no se puede entregar los destinos del país. Y una fuerza como el Ejército que prometerá el regreso a la maltrecha estabilidad económica anterior a la revolución, esta vez con el apoyo de Arabia Saudí y las monarquías conservadoras del Golfo, excepto Qatar, encontrará apoyos en las clases populares.

Incluso si una parte de los islamistas recurre a la violencia, eso no será un problema para el general Al Sisi, antes al contrario. Será una excusa perfecta para proceder a la ilegalización de los Hermanos Musulmanes.

Paranoia, xenofobia y miedo al futuro. La materia prima perfecta para una contrarrevolución.

Foto: imagen del general Al Sisi en un grafiti. Flickr de Thierry Ehrmann CC.

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Egipto: el comienzo de algo mucho peor

El Ejército dispersa a tiros una manifestación islamista en Ismailía.

Entre las pocas ventajas de un golpe de Estado (si se puede utilizar la palabra ‘ventajas’), está la imposición inmediata de la seguridad en la calle. En Egipto está ocurriendo todo lo contrario y la mayoría de los periodistas en El Cairo comenta que eso no es nada sorprendente.

Hoy ha sido el día en que se han confirmado las peores expectativas, incluidas algunos testimonios de gente en los últimos meses que contaba que muchas personas estaban guardando armas en su casa por lo que pudiera pasar. Egipto no es Yemen ni Irak. No había antes, al menos en las ciudades, tantos civiles que tuvieran una pistola o un kalashnikov.

En la primera jornada de protestas islamistas por la matanza del miércoles, se han visto personas armadas con fusiles entre los manifestantes islamistas, que el Gobierno se ha apresurado a difundir (en su cuenta de Twitter hay más ejemplos). Y también patrullas de «vigilantes», a falta de otra palabra, que se comportan con total impunidad cerca de las fuerzas de seguridad. Pueden ser policías de paisanos o delincuentes pagados por la policía, como ya se vio en muchas ocasiones en El Cairo desde el comienzo de la rebelión contra Mubarak.

Según Reuters, el número de muertos hoy supera los 50 (o 90, según otros recuentos). Los incidentes más graves en la capital se han producido en la plaza Ramsés, hacia donde se dirigían varias columnas de manifestantes convocados por los Hermanos Musulmanes. A primera hora de la tarde, han comenzado los tiroteos que han continuado durante horas. Se ha dicho que al principio eran grupos de vecinos del barrio los que estaban disparando contra los islamistas, pero podrían ser esos «vigilantes» de los que hablaba. Pero es difícil llegar a ninguna conclusión. Las crónicas a esta hora no se ponen de acuerdo sobre quién comenzó a abrir fuego. A primera hora de la noche, cuando ya está en vigor el toque de queda, miles de personas continúan en las inmediaciones de la plaza.

Los Hermanos Musulmanes han publicado un comunicado en su página web en inglés llamando a la movilización. Sobre el uso de la violencia, dice:

«Nuestra revolución es pacífica y continuaremos llevando a la gente a las calles sin recurrir a la violencia y sin vandalismo. La violencia no es nuestro estilo. El vandalismo sólo sirve para distorsionar la imagen de nuestra revuelta pacífica y para dar excusas a los líderes del golpe para que continúen gobernando».

Quizá sea una declaración que tenga tanto valor como la felicitación del Gobierno a las fuerzas de seguridad por actuar ayer con la «contención» apropiada. Seguidores de los Hermanos han quemado decenas de iglesias y centros cristianos en varios puntos del país, aunque la organización como tal no ha convocado ningún acto de protesta contra los coptos.

En el Egipto actual, casi todos creen que tienen que tomar partido. El patriarca de la Iglesia copta dio su bendición al golpe y acompañó al jefe del Ejército en la primera comparecencia oficial posterior al derrocamiento de Morsi. Ahora los débiles pagan el precio de esta decisión y del odio generado por lo ocurrido desde el día 14.

Un día más, se han producido ataques a iglesias, otra vez contra edificios que no contaban con ninguna protección policial. Como mínimo, esto último es llamativo.

Los Hermanos han convocado movilizaciones diarias a partir de hoy hasta que el Gobierno dimita. Aparentemente, están dispuestos a llegar hasta el final. El Ejército sabía que esto podía ocurrir. Antes tenía dos concentraciones permanentes en El Cairo, ahora tiene enfrentamientos violentos con centenares de muertos por todo el país.

La maquinaria propagandística puesta en marcha tiene todo el aspecto de ser un intento por eliminar políticamente a los Hermanos para siempre.

La televisión pública ha informado hoy que se ha detenido a cuatro personas de «países árabes» relacionados con Al Qaeda cuando pretendían asaltar una comisaría. En otro caso, se ha informado de la detención de una persona con un rifle que tenía «balas israelíes». Se trata de presentar a la oposición como una fuerza terrorista controlada desde el extranjero para destruir Egipto. Desde fuera, esta propaganda nos puede resultar ridícula o hasta cómica, pero en épocas dramáticas la gente es capaz de creer cualquier cosa. Todo empieza cuando eliges tu bando.

Comunicado de Amnistía Internacional: Egypt’s disastrous bloodshed requires urgent impartial investigation.

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No hay prisa para sacar conclusiones de una foto

Una foto circuló ayer y fue puesta como ejemplo de una sociedad dividida en Egipto o incluso de la falta de sensibilidad de mucha gente a la que no parecía importarle que se estaba produciendo una matanza. Algunos pensaban que la foto se sacó ayer o que era de El Cairo, lo que es un poco difícil porque allí no hay playas.

La persona que la subió a Twitter dijo que no conocía al autor, y que la foto era del día anterior y se había tomado en Mersa Matruh, al norte del país. El humo procede del campamento donde se congregaban los islamistas y que había sido eliminado por la policía. Es muy posible que las personas que estaban en la playa no supieran lo que estaba ocurriendo en otra parte de la ciudad.

Pero aparte de esos detalles importantes, creo que nos encontramos ante el caso de otra foto en la que el espectador pone mucho de su parte a la hora de interpretarla. Recuerdo el caso de una foto de Beirut que fue premiada en el World Press Photo de 2006. Unas chicas de muy buen aspecto comprueban desde un descapotable los daños sufridos por los ataques de la aviación israelí. Una especie de turismo morboso, según algunos.

La realidad era muy diferente. Como escribí después:

Una de las chicas que aparece en esa foto tiene nombre y una historia que contar. Se llama Bissan Maroun. No es una niña rica que hizo ese día un poco de ‘turismo de guerra’ con sus amigas. Su familia había escapado de un barrio que tenía todos los números para ser bombardeado por los aviones israelíes y se había alojado en un hotel alejado de la zona más peligrosa. Ese día, ella, su hermano y dos empleadas del hotel regresaron al barrio para comprobar si quedaba algo de la casa.

De ahí que a veces se pueda decir que las fotos pueden engañarnos.

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Obama, los militares egipcios y unos tanques Abrams por estrenar

«El pueblo egipcio se merece algo mejor», ha dicho esta tarde Barack Obama en una declaración centrada en la matanza ocurrida ayer. ¿Se merece una respuesta más decidida de EEUU y Europa en la condena de los hechos? Es probable, pero ese es un paso que el presidente de EEUU no está dispuesto a dar de momento.

En el terreno de las palabras, Obama no ha sido ambiguo: «EEUU condena con toda firmeza los pasos dados por el Gobierno interino de Egipto y las fuerzas de seguridad. Deploramos la violencia contra civiles. Apoyamos los derechos humanos que son esenciales para la dignidad humana, incluido el derecho a manifestarse pacíficamente. Nos oponemos a la declaración de ley marcial».

A la hora de pasar a la acción, esa firmeza ha quedado muy diluida. El presidente ha anunciado la cancelación de las maniobras militares conjuntas previstas para septiembre, algo que se consideraba inevitable. No se ha atrevido a decir nada sobre la ayuda militar que EEUU concede cada año al Ejército egipcio desde los años 40, una media de 1.300 millones anuales desde 1987.

Se da la paradoja de que Washington no podía llamar golpe al golpe de Estado incruento (porque la legislación norteamericana obligaría automáticamente a suspender esa ayuda) y ahora ante un baño de sangre no se espera ninguna reacción contundente. Tras el golpe, John Kerry pasó de la ambigüedad en primer lugar a una declaración ridícula con la que exonerar a los militares egipcios. Ahora, el presidente critica la represión contra la oposición en duros términos, pero eso no le fuerza a tomar ninguna decisión concreta.

Sería una ilusión pretender que una respuesta más agresiva de EEUU pueda forzar al Ejército egipcio a acabar con la represión. En los últimos meses, los medios de comunicación, siguiendo instrucciones del Gobierno, ya se han ocupado de lanzar una campaña contra EEUU por su alianza imaginaria contra los Hermanos Musulmanes o por presionar a los militares para que no eliminaran por la fuerza con las concentraciones islamistas. El secretario de Defensa –y no era el único–estaba en contacto permanente con el general Al Sisi con la intención de que no prendiera la mecha del enfrentamiento violento, algo que va contra los intereses norteamericanos en este momento. No sirvió de nada. Los militares egipcios están más interesados en preservar su poder que en su imagen exterior.

El factor israelí siempre entra en juego en estos casos. Israel ha pedido a los gobiernos norteamericanos y europeos que no condenen el golpe egipcio. No le interesa un Egipto democrático, sino un Egipto con un Ejército fuerte que haga lo que está haciendo ahora: lanzar una ofensiva contra los grupos fundamentalistas del Sinaí.

Pero además esa ayuda militar es muy rentable para EEUU y Egipto por otras razones. Parte de ella se desvía –eso sin contar comisiones que vayan directamente a los bolsillos de los generales egipcios– a otras inversiones del Ejército.

Lo curioso es que una parte muy importante de ese dinero nunca sale de EEUU, como explica este artículo de NPR. Va a una cuenta de la Reserva Federal de Nueva York, y luego a un fondo del Tesoro que luego paga a las empresas de defensa que fabrican los tanques y aviones que compra Egipto.

Es material militar que en buena parte Egipto no necesita. Desde finales de los 80, EEUU ha enviado unos mil tanques M1A1 Abrams, de los que 200 nunca se han utilizado. «No hay ningún escenario posible por el que necesiten esos tanques, a menos que haya una invasión extraterrestre», dijo de forma expresiva Shana Marshall, de la Universidad de Brandeis a NPR.

Algo parecido se puede decir de los 221 cazas F-16 vendidos desde 1980. Egipto no necesita tantos. Es probable que no cuente con tripulaciones entrenadas para tantos aparatos.

Aún más curioso es saber que EEUU también ha comprado muchos más tanques Abrams de los que necesita. El resto está en un desierto californiano cogiendo polvo. La industria militar y los congresistas de los estados donde se fabrican este material necesitan los contratos, los puestos de trabajo y los votos.

Como es habitual en la industria de defensa, los contratos se prolongan durante varios años desde el momento en que se firma hasta que se entrega el producto. Otro detalle llamativo es que Egipto firma contratos por cantidades muy superiores a las que recibe anualmente de Washington. Se da por hecho que esa ayuda continuará, como así ocurre. Al igual que Israel, Egipto cuenta con una línea de crédito permanente que utiliza en su beneficio y en el del complejo militar-industrial norteamericano.

¿Algo más que saber? Los militares no tienen que preocuparse este año si deciden que tienen que seguir matando gente en Egipto. La ayuda de 2013 está garantizada gracias a la firma de John Kerry en mayo.

Es una simbiosis perfecta.

Emad Shahin, profesor de ciencias políticas de la Universidad Americana de El Cairo, tiene las palabras perfectas para definir esa relación: «Es el comienzo de la represión sistemática de los Hermanos Musulmanes, otros islamistas y otros opositores al golpe militar. Al final, Occidente apoyará al bando ganador».

La última cifra de muertos facilitada por el Ministerio de Sanidad es de 525 (y 3.500 heridos), de los que 202 murieron en Rabaa. El número real de víctimas es mucho mayor. Un reportero de Reuters ha contado 228 cadáveres en una mezquita del norte de El Cairo, que probablemente el Ministerio aún no ha contabilizado. En los dos asaltos anteriores a las zonas de concentración de los islamistas, el Ministerio también tardó dos o tres días en hacer el recuento definitivo.

Partidarios de los Hermanos han prendido fuego a la sede del gobierno provincial de Giza. El Gobierno ha respondido con el anuncio de que los policías tienen permiso para utilizar fuego real en la protección de sedes gubernamentales. Es lo que hicieron ayer, por otro lado.

No es la primera vez, pero Mona Eltahawy vuelve a demostrar que no se entera de nada. Denuncia que ni el Ejército ni la Policía protegieron las iglesias y centros cristianos que podían, como así ocurrió, sufrir las represalias de los islamistas. No me cabe duda de que los militares tenían que saber que estos ataques se iban a producir, quizá no en las dimensiones ocurridas. Dejar desprotegidos esos edificios hizo posibles algunas de esas agresiones (otras hubieran sido imposibles de evitar), y ahora los cristianos coptos saben que están obligados a permanecer al lado de los militares hasta el final.

Según este recuento, 56 edificios cristianos fueron atacados, entre iglesias, escuelas, bibliotecas y monasterios.

Sobre el blindado que cayó ayer de un puente: en esta foto y las siguientes se aprecia que el vehículo iba marcha atrás cuando cayó para alejarse de los manifestantes que le apedreaban. En otra foto, se ve a uno de los ocupantes, probablemente muerto.

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Los militares egipcios eligen la vía de la represión

23.15

Esta noche el Ministerio de Sanidad ha dado la última cifra de muertos en todo el país: 235. Incluye en esa cifra los 43 policías muertos, según el recuento del Ministerio de Interior.

Otros recuentos, que también suman las bajas entre las fuerzas de seguridad, elevan el número de muertos a 278.

El primer ministro, Hazem El Beblawi, ha pronunciado un discurso televisado con un mensaje previsible: elogios a la policía, acusaciones a los Hermanos Musulmanes de promover la violencia. El Gobierno se vio «forzado a intervenir» para mantener el orden.

La versión oficial cuenta con algunos notorios agujeros. El ministro de Interior ha dado una rueda de prensa antes. Ha dicho que los individuos armados vistos en las azoteas de los edificios cercanos en la zona de Rabaa al-Adawiya eran en realidad islamistas. Parece mentira que en ese despliegue masivo la policía no se molestara en ocupar las posiciones más altas. Los numerosos cadáveres de islamistas con orificios de bala en el pecho y cabeza son una prueba evidente de que los agresores tenían órdenes de disparar a matar. Según la versión oficial, habría que imaginar que los islamistas se dispararon entre ellos.

La dimisión de ElBaradei ha sido la única deserción relevante que han sufrido las fuerzas gubernamentales. Se ha rumoreado que dos viceprimeros ministros, Hossam Eissa y Ziad Bahaa El-Din, podrían dimitir, pero eso a esta hora eso no ha ocurrido. Las fuerzas políticas que formaron el Frente de Salvación Nacional que apoyó el golpe –entre ellos el movimiento juvenil Tamarrod– han emitido un comunicado con el que se han puesto junto al Ejército y la Policía.

La principal fuerza de izquierdas, que dirige el que fue candidato presidencial Hamdeen Sabbahi, también se ha puesto del lado de la represión. Ha denunciado que los Hermanos han provocado esta situación al «elegir un escenario de confrontación con el Estado».

La confrontación civil es total. El Ejército no va a renunciar a corto plazo a una posición de fuerza en la que cuenta con el apoyo expreso de todas las fuerzas políticas que no son islamistas. Aparentemente, todos esos grupos opinan que acabar con los Hermanos es un precio que están gustosos a pagar aunque tengan que aceptar un Gobierno controlado por los militares. La idea de que sobre esto se pueda construir una transición democrática es absurda. En cualquier caso, al Ejército no le preocupa lo más mínimo la opinión pública internacional o los gobiernos extranjeros.

La mayor parte de la atención está centrada en El Cairo, pero la violencia se ha extendido por todo el país. Se ha informado de hasta 16 iglesias cristianas coptas incendiadas por islamistas, algo que no había ocurrido desde hace siglos. Entre los templos quemados, está el de Minya, construido en el siglo IV.

18.45

Partidarios de los Hermanos Musulmanes han lanzado por un puente un blindado de la policía en El Cairo. Por la mañana, he leído que varios agentes estaban dentro, pero no lo he visto confirmado. Si fuera así, no creo que hayan sobrevivido a la caída, que se puede ver a partir del segundo 40.

[Actualización jueves: en esta foto y las siguientes se aprecia que el vehículo iba marcha atrás para alejarse de los manifestantes que le apedreaban cuando cayó. En otra foto, se ve a uno de los ocupantes, probablemente muerto. Aquí un vídeo más desde un edificio cercano.]

Aquí está otro vídeo tomado desde el puente que ha aparecido identificado en Twitter como el mismo vehículo que luego ha caído al vacío. Pero no es el mismo. Esta furgoneta se va directamente contra la valla sin que quede claro por qué el conductor no gira. Quizá se haya visto cegado por el humo o estuviera herido.

Hay otras imágenes aún más terribles, como la de estas personas asesinadas, identificadas como agentes de policía de la comisaría de Kirdasa, en la provincia de Giza, que fue asaltada.

Otra de las imágenes impresionantes del día de hoy. La foto es de AFP. Una mujer se pone ante un buldozzer porque en su camino se encuentra tumbado en el suelo un manifestante herido.

Un testimonio gráfico de lo ocurrido esta mañana en El Cairo en el Flickr de Mosa’ab Elshamy.

18.00

Mohamed ElBaradei ha anunciado su dimisión como vicepresidente, según varios medios. Su gran función era ser el rostro civilizado del nuevo Gobierno en la supuesta transición hacia la normalización del país con nuevas elecciones. Ya anteriores ataques masivos de la policía con alto número de víctimas le habían dejado en una posición incómoda. Como no defendió en público la represión, algunos medios progubernamentales comenzaron a tildarlo de traidor o a sugerir que estaba preparando la vuelta al poder de los islamistas. Eso era difícil de creer, pero la propaganda en Egipto ha bajado mucho en calidad en los últimos dos meses.

ElBaradei no ha querido responsabilizarse de una actuación gubernamental que desde esta tarde incluye el estado de emergencia en al menos 14 provincias, y que puede extenderse a todo el país en los próximos días.

Volvemos, ya sin disimular, a los tiempos de Mubarak. El estado de emergencia estuvo en vigor antes entre 1967 y 2012. Concede amplios poderes a la Policía y al Ejército para detener a personas sin tener que presentarlas de inmediato ante un juez. Restringe el derecho de manifestación y reunión y permite la censura de los medios de comunicación.

El golpe que no era golpe ya ha cubierto todas las etapas que le faltaban.

La Casa Blanca ha condenado «el uso de la violencia contra los manifestantes». Hace sólo unos días, John Kerry afirmó que el golpe, al que no consideraba como tal, permitiría la vuelta a la democracia. Un buen ejemplo de la pasividad de Washington en esta crisis, que ha dejado hacer al Ejército egipcio por la necesidad de salvaguardar la ayuda militar a El Cairo y, con ella, la relación entre Egipto e Israel. No ayudaba mucho que los grupos políticos que apoyan al Ejército acusen a EEUU de estar colaborando con los Hermanos. Pero, como decía, la propaganda egipcia puede dejar en estos momentos con la boca abierta a los observadores extranjeros.


Tras varias semanas de espera, al final el Ejército egipcio ha puesto fin a las concentraciones de los partidarios de los Hermanos Musulmanes. Y ha sido a tiro limpio, como en dos incidentes anteriores, que ahora parecen que fueron sendos avisos para lo que se tenía preparado si los islamistas no renunciaban a las protestas.

El Gobierno ha elogiado a las fuerzas del Ministerio de Interior por su «contención». A esa hora ya circulaban fotos de la morgue improvisada en el hospital de campaña en Rabaa al-Adawiya. El corresponsal de The Independent había contado entonces 42 cadáveres. En esa zona un grupo muy numeroso de manifestantes continuaban sitiados y el sonido de los disparos era constante. Muchos de los cuerpos presentaban evidentes heridas de bala, algunos de ellos en la cabeza. En otras fotos se podía comprobar la presencia de francotiradores en los edificios cercanos a la zona.

A primera hora de la tarde, un periodista de AFP había contado ya 124 cadáveres.

Entre los muertos confirmados, hay dos periodistas, una redactora de un periódico de Emiratos (Habiba Ahmed Abd Elaziz, de 26 años) y un cámara británico de Sky News (Mick Deane, de 56).

Los seguidores de los Hermanos han respondido con represalias contra la comunidad cristiana copta en otras zonas del país. Varias iglesias han sido incendiadas. También ha habido ataques de los islamistas a comisarías y edificios gubernamentales fuera de El Cairo, por ejemplo en Alejandría y Suez, o en Asuán y Fayum, en el Alto Egipto (sur del país). Los muertos se cuentan por decenas en las provincias, pero aún no hay una cifra fiable.

Hoy mismo han jurado sus cargos 25 nuevos gobernadores. Para hacerse una idea sobre quién gobierna en realidad el país, conviene saber que entre ellos hay 15 exgenerales del Ejército y dos de la Policía.

Hace unos minutos la televisión gubernamental ha anunciado que se ha instaurado el estado de emergencia durante un mes desde esta misma tarde. No sabemos hasta qué punto existía la posibilidad de un acuerdo político básico entre el Ejército y los Hermanos, ni si se ha intentado explorar esta vía de forma sincera por ambas partes. Lo que está claro es que los militares han elegido la vía de la represión. El debate interno dentro del Gobierno sobre cómo hacer frente al desafío de los islamistas tras el derrocamiento de Morsi se ha zanjado en favor de los ministerios de Defensa e Interior, que son a fin de cuentas quienes controlan ahora el país.

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Lo que dicen y lo que hacen los políticos israelíes

«El Gobierno hará cualquier cosa con tal de sabotear las conversaciones de paz con los palestinos», dijo Haaretz en un editorial del 11 de agosto tras la decisión de aprobar la construcción de un millar de viviendas en asentamientos de Cisjordania y Jerusalén Oriental. En menos de dos semanas, el anuncio de la reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos ha cobrado el cariz de costumbre. No importa lo ambiciosos que sean los objetivos (un acuerdo en nueve meses, nada menos), el punto de partida está viciado en origen. No sirve de nada decir que estás a favor de la paz, si no planteas, aunque sea de forma genérica, qué precio estás dispuesto a pagar para conseguirla.

Si hay que creer los resultados del último sondeo hecho en Israel, ese precio es tan bajo que impedirá cualquier éxito, como ha ocurrido en ocasiones anteriores.

De entrada, hay que recordar que en los titulares en la prensa del país se destacaron los porcentajes atribuidos a ciudadanos israelíes judíos, lo que es bastante habitual en Israel. Para sacar conclusiones, se prescinde del 20% de la población (1.617.000 árabes viven en Israel), porque lo que interesa es conocer lo que opinan los judíos, en especial en este asunto. Los palestinos con ciudadanía israelí (o árabes israelíes, como se les suele denominar) no son un factor político que haya que considerar.

Muchas encuestas han dado en años anteriores porcentajes favorables a la idea de dos estados, y por tanto a la formación de un Estado palestino. Pero ese apoyo general se diluye cuando se plantea al encuestado hasta dónde quiere llegar en el precio. En el caso de este sondeo, el 63% se opone al regreso a las fronteras de 1967. El rechazo se mantiene, en un 58% si un hipotético acuerdo permite mantener los asentamientos de Ma’aleh Adumim (39.000 habitantes), Ariel (18.000) y Gush Etzion (una zona de 22 localidades al sur de Jerusalén con 70.000).

Es una constante en muchos sondeos el apoyo al concepto de los dos estados, pero con condiciones que harían casi imposible un pacto. Los políticos israelíes juegan sobre seguro.

Desde el anuncio promovido por John Kerry, se han producido los movimientos de fichas de costumbre, incluida la liberación de algunos presos. Eso ha dado lugar a algunos comentarios incómodos. Israel valora más la situación de los asentamientos que la pena que deben cumplir presos condenados por delitos de sangre. Sobre el primer punto, no sólo no se pueden hacer concesiones previas a la negociación (fácilmente reversibles si no tiene éxito), sino que se redobla la apuesta.

Las actas de las negociaciones anteriores publicadas por Al Jazeera en 2011 dejaron bastante clara la situación de gran debilidad de los interlocutores palestinos, además de la escasa ayuda que recibieron de los mediadores norteamericanos.

Años atrás, en 1992, Shamir tenía muy claro qué es lo que debía hacer para prolongar las negociaciones por tiempo indefinido y continuar mientras tanto la expansión de los asentamientos.

En 2010, Netanyahu explicó en una conversación privada que sabía cómo hacer la interpretación adecuada de los Acuerdos de Oslo para que una vuelta a las fronteras de 1967 fuera imposible.

Acaba de salir el libro ‘La cárcel identitaria. Fundamentalismo y nacionalismo en Israel y los países árabes’, de Eugenio García Gascón, publicado por Libros del K.O.

Eugenio, corresponsal en Jerusalén desde hace muchos años, suele explicar que con los dirigentes israelíes hay que prestar atención a lo que hacen, y no tanto a lo que dicen en público, una idea que por otro lado sirve para casi todos los políticos.

El libro es fundamentalmente un recorrido por los acontecimientos de 2008, cuando se produjo el amago de las negociaciones de Annapolis. Aunque algunos lo vendieron como un paso histórico, era necesario estar atentos a su arranque real para comprobar si había posibilidades reales de éxito. No hubo que esperar demasiado.

En esos días, Eugenio me decía (él era el corresponsal de Público en Jerusalén y yo, el redactor jefe de internacional) que no esperaba nada de ese gran acontecimiento y que no apreciaba sobre el terreno ningún cambio relevante. Los discursos eran estupendos. La realidad, la de siempre.

Aun así, yo le insistí en que debíamos hacer una cobertura amplia porque a veces sí importa lo que dicen los políticos. En el caso de EEUU, había una diferencia de consideración entre las palabras de George Bush y la política oficial de anteriores presidentes de EEUU sobre el derecho de los palestinos a su propio Estado.

No puedo decir que tuviera muchas esperanzas, pero al menos, si hubiera que decidir un ganador, se puede decir que Eugenio tenía más razón que yo en ese momento.

Por eso, no conviene dar tanta importancia a las declaraciones que han hecho posible este nuevo intento negociador. Sí a los hechos que se vayan produciendo y a un determinado contexto que parte de declaraciones como las de Shamir y Netanyahu, y que permite a algún periodista israelí cantar victoria y afirmar que se ha puesto fin a la pausa temporal en la construcción en Jerusalén de los últimos meses. ¿La paz? Son mucho más importantes las necesidades de vivienda de la ciudad, incluida en la zona ocupada desde 1967.

De entrada, estas negociaciones que aún no han comenzado ya han servido de coartada perfecta para proseguir con la expansión de los asentamientos. No puede haber mejor comienzo para Netanyahu.

El libro de Eugenio es algo más que un relato político de lo ocurrido en 2008. Al igual que en su anterior libro, ‘Israel en la encrucijada’, incluye una interesante reflexión sobre el papel de la religión en ambas sociedades y de cómo esa identidad religiosa y étnica se convierte en una cárcel que aprisiona el debate político y condiciona por completo el futuro de israelíes y palestinos. En El Asombrario, le entrevistaron tras la salida del libro.

Sin pretender dármelas de mediador, en 2009 escribí sobre cuáles eran los principios que podían hacer posible un acuerdo en las negociaciones: ¿Qué es lo que se puede hacer?

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

ETERNA from Behind The Epic on Vimeo.

Superhéroes, héroes y otros personajes con habilidades especiales.

–Será por reparto en la última película de Ridley Scott.
–Cine de periodistas.
–Hollywood se come el cerebro del director de la brillante ‘Distrito 9’.
–El retrato en la fotografía.
–La última comida de un tiburón Mako.
–Las imágenes de un campo de prisioneros en la Segunda Guerra Mundial.
–El dilema del prisionero, comprobado.
–Los niños y la guerra en Afganistán.
Los cruasanes son colonialistas en Alepo.
–Por qué tanta gente dispara al aire como forma de celebración. Y hay algo que no falla. Siempre que le comentas a alguien que está disparando esa vieja idea de que todo lo que sube termina por bajar… se ríe.

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Richard Dawkins y la intolerancia

Richard Dawkins, santo patrón de los ateos británicos y de algunos países más, la ha emprendido últimamente contra el Islam. Se ve que, como el chiste que se hace con los humoristas, le han dicho eso de ‘con Mahoma no te atreves’.

Por aclarar el marcador, hay que recordar que está en 10-32, así que la declaración de Dawkins es un hecho. Como muchos ya le han recordado, la comparación con el Trinity College se podría hacer con muchos colectivos, algunos realmente numerosos. ¿Los españoles? ¿Los chinos? ¿Los negros? ¿Y la intención de esa comparación es? ¿Los derrotados por el Trinity College son inferiores en algún sentido con independencia de cualquier consideración histórica, económica o social?

Dawkins dice que es una forma de responder a todos esos comentarios de musulmanes que alardean de su número o de la ciencia que promovieron en el pasado. Sin duda, el siglo XX fue horrible para el mundo musulmán en Oriente Medio, y esa es la época en que se han concedido la mayoría de los premios Nobel. Ejemplos de intolerancia en los países árabes se pueden encontrar sin demasiado esfuerzo. Sólo hay que leer las noticias que ocurren en Arabia Saudí. ¿Es representativo de lo que opinan mil millones de musulmanes? ¿Qué tienen que ver los musulmanes de India, Indonesia y Filipinas con los de Oriente Medio, que son probablemente aquellos en quienes está pensando Dawkins?

Muchos que han aplaudido los ataques de Dawkins a la intolerancia religiosa han reconocido estar avergonzados hoy con su comentario en Twitter. No es en realidad el primero en esta línea. Ya atacó hace unos meses al periodista Mehdi Hasan, de la revista The New Statesman, sólo por ser musulmán. Quedó la duda de si de verdad pensaba que una revista no podía contratar a una persona por ser creyente, aunque ahí rectificó tan rápido y de forma tan confusa que pareció tratarse de un exabrupto repentino.

Tras tantos años de defender la ciencia sobre la religión, Dawkins ha olvidado que también se exigen criterios científicos para hacer observaciones sobre millones de personas. La intolerancia en la defensa de la tolerancia termina siendo un concepto difícil de tragar.

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