Marzo 16, 2008

La tortura en la 'guerra contra el terrorismo'

"Taxi to the Dark Side", Oscar al mejor documental, demuestra por qué la tortura se ha convertido en un elemento esencial en la "guerra contra el terrorismo".

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Marzo 11, 2008

Un año más en Afganistán

En la campaña electoral española, no se ha hablado nada de la guerra de Afganistán y es lógico porque, a fin de cuentas, allí sólo hay centenares de soldados españoles y sólo está teniendo lugar una feroz guerra contra una insurgencia dispuesta a todo y todo esto se produce bajo un Gobierno que sólo controla una tercera parte del país (según admiten los servicios de inteligencia norteamericanos), y sus zonas rurales están llenas de amapolas que producen sólo el 90% del opio del mundo.

Lo normal.

Tan normal como el aumento de la violencia en el país, según datos de la ONU. Una vez más, el último año fue el peor desde el 2001:

The United Nations has delivered a grim assessment of the conflict in Afghanistan, reporting that violence increased sharply last year and resulted in the deaths of more than 8,000 people, at least 1,500 of them civilians.

In a report to the security council, the UN secretary general, Ban Ki-moon, said the number of violent incidents rose from an average of 425 a month in 2006 to 566 each month last year.

The number of suicide attacks rose to 160 in 2007 from 123 in 2006 — with 68 attempts thwarted in 2007 compared with 17 in 2006, he said.

Nada de lo que debamos alarmarnos.

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Febrero 28, 2008

Hacer la guerra con Prozac

Crónicas de la guerra de Afganistán en el dominical del NYT. Tanto por el estado mental de los soldados como por las muertes de civiles el relato parece sacado de la película "Platoon":

One full-moon night I was sitting outside a sandbag-reinforced hut with Kearney when a young sergeant stepped out hauling the garbage. He looked around at the illuminated mountains, the dust, the rocks, the garbage bin. The monkeys were screeching. “I hate this country!” he shouted. Then he smiled and walked back into the hut. “He’s on medication,” Kearney said quietly to me.

Then another soldier walked by and shouted, “Hey, I’m with you, sir!” and Kearney said to me, “Prozac. Serious P.T.S.D. from last tour.” Another one popped out of the HQ cursing and muttering. “Medicated,” Kearney said. “Last tour, if you didn’t give him information, he’d burn down your house. He killed so many people. He’s checked out.”

As I went to get some hot chocolate in the dining tent, the peaceful night was shattered by mortars, rockets and machine-gun fire banging and bursting around us. It was a coordinated attack on all the fire bases. It didn’t take long to understand why so many soldiers were taking antidepressants. The soldiers were on a 15-month tour that included just 18 days off.

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Febrero 08, 2008

"Taxi to the Dark Side"

"Taxi to the Dark Side", de Alex Gibney, candidato al Oscar al mejor documental.

Una historia sobre la decisión de EEUU de recurrir a la tortura para hacer frente a sus enemigos desafiando su historia y su Constitución.

Un taxista afgano fue detenido en diciembre de 2002 bajo la acusación de ser un terrorista relacionado con un ataque con cohetes. Lo señaló un confidente a sueldo de las tropas norteamericanas. El joven fue conducido a la base de Bagram donde fue torturado tan violentamente que murió a los cinco días. Después se supo que el hombre que le delató era en realidad el terrorista que estaban buscando.

Un informe oficial alegó que el taxista había muerto "por causas naturales".

Tiene su lógica. Morir torturado es lo más natural en los rincones oscuros de la "guerra contra el terrorismo".

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Enero 23, 2008

Condenado a muerte en Afganistán

Menos mal que los talibanes ya no gobiernan Afganistán. Efe:

Las principales asociaciones de prensa de Afganistán arroparon hoy a un joven periodista condenado a muerte por difundir un texto que cuestiona el trato que el islam da a la mujer y que los jueces afganos consideraron "insolente" y blasfemo.

Syed Parvez Kambakhsh, un joven estudiante universitario y periodista del diario "Janan-e-Naw" (Nuevo Mundo), fue condenado este martes a muerte por un tribunal de la ciudad norteña de Mazar-e-Sharif, en la provincia de Balkh.

Parvez, de 23 años, fue detenido el 27 de octubre y acusado de poseer literatura y propiciar debates "anti-islámicos" con sus compañeros de clase.

"La corte (de tres jueces) decidió sentenciarlo a muerte. Ahora Parvez podrá acudir a un tribunal de apelación, pero permanecerá en prisión durante el proceso", explicó hoy el presidente del tribunal de Balkh, Fazel Hadi Wahab.

La condena contra Parvez ha desatado una ola de solidaridad entre las asociaciones de periodistas afganas e internacionales, que han denunciado que el proceso tuvo lugar a puerta cerrada y sin asistencia de un abogado defensor.

"Condenamos esta decisión y pediremos al presidente (afgano), Hamid Karzai, que intervenga", anunció en un comunicado el presidente de la Asociación de Periodistas Independientes de Afganistán (AIJA), Rahimullah Samander.

Samander denunció que, horas antes de la sentencia, uno de los jueces amenazó con arrestar a los periodistas y partidarios de Parvez si protestaban en su favor.

Ese juez, Hafizullah Khaliqyar, había celebrado una rueda de prensa en la que aseguró que el condenado había "confesado el delito" y que por lo tanto "debía ser castigado".

Los periodistas, sin embargo, no han tardado en reaccionar: a las protestas de la AIJA se unió hoy la Federación Internacional de Periodistas (IFJ), que condenó la sentencia y pidió su retirada inmediata por estimar que contradice los principios de un proceso "democrático, justo y abierto".

"Los tribunales de Afganistán están obligados por la Constitución del país a proteger la libertad de pensamiento y expresión. La decisión de condenar a Parvez tan duramente impide la consecución de una genuina democracia en el país", criticó en un comunicado la directora de la IFJ en Asia, Jacqueline Park.

La detención del joven periodista se produjo después de que este discutiera con varios compañeros de clase un artículo firmado por él -más tarde se supo que en realidad lo descargó de una página web- que denunciaba la situación de la mujer en el mundo islámico.

Al conocer el contenido del artículo, en el que se comentaban versículos del Corán referentes a la mujer, varios compañeros de clase avisaron a los encargados de seguridad de la Universidad, que informaron a su vez a los mulás.

"Vi a mi hermano dejar el tribunal. Sentía mucha ansiedad. Toda la familia la sentía", declaró tras el juicio el hermano también periodista de Parvez, Ibrahim, citado en un comunicado de Reporteros Sin Fronteras.

Ibrahim, que trabaja para el Institute of War and Peace Reporting, ha escrito artículos críticos con las autoridades y los "señores de la guerra" de la provincia de Balkh, una crítica que para el presidente de la AIJA es la verdadera razón del castigo infligido a su hermano.

De hecho, el instituto denunció que Ibrahim había recibido amenazas anónimas de muerte y presiones de las autoridades.

Según la AIJA, el tribunal se basó para la sentencia contra Parvez en un principio de discrecionalidad judicial presente en la Constitución, aunque no tuvo en cuenta el derecho "inviolable" a la libertad de expresión que también recoge la Carta Magna afgana.

"Estamos profundamente conmocionados por este juicio, llevado a cabo a toda prisa y sin preocupación alguna por la ley o la libertad de expresión", denunció Reporteros Sin Fronteras (RSF).

El periodista "no hizo nada que justifique su detención o esta sentencia. Pedimos al presidente Karzai que intervenga antes de que sea demasiado tarde", dijo la organización en un comunicado.

La semana pasada, RSF ya alertó sobre la situación de Parvez y el ex periodista Ghows Zalmay, detenido desde noviembre por una traducción del Corán al dari que los mulás consideraron anti-islámica. Algunos diputados acusaron a Zalmay de ser "peor que Salman Rushdie".

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Enero 02, 2008

Doble fraude en Pakistán

Musharraf ha ordenado retrasar las elecciones hasta el 18 de febrero. Supuestamente porque los disturbios posteriores al asesinato de Bhutto destruyeron casi toda la infraestructura electoral en la provincia de Sindh. La falta de credibilidad del Gobierno paquistaní ha hecho que todo el mundo entienda la decisión como un intento de impedir la derrota del partido gubernamental.

Como gesto hacia Washington y Londres, Musharraf ha permitido que Scotland Yard colabore en la investigación del atentado que acabó con Bhutto. Poco van a encontrar en la escena del crimen. Tampoco dispondrán de mucha ayuda del Ministerio de Interior, que hizo pública la absurda teoría de que Benazir había muerto al golpearse con la palanca del techo tras la explosión. Las imágenes, aunque borrosas, del atentado derrumbaron la versión oficial en cuestión de horas, de la que las autoridades ya se han retractado.

Con independencia de la fecha de los comicios, pocos creen que las elecciones vayan a ser limpias. De hecho, un periódico paquistaní ya 'publicó' el resultado el pasado 11 de diciembre. La táctica consiste en crear colegios electorales 'fantasmas', donde evidentemente se pueden acumular los votos necesarios para alterar el resultado.

Es seguro que EEUU tendrá que aceptar el guión trazado por Musharraf. Su única apuesta viable es continuar en manos de un dictador, cuya única prioridad es mantener al Ejército y a los servicios de inteligencia al frente del país. Para ello, utilizará la carta de Al Qaeda cuantas veces como sea necesario. Primero, negó a Bhutto la protección imprescindible para impedir un atentado previsible. Ahora ha retrasado las elecciones con el fin de negar al PPP el voto emotivo causado por la muerte de su líder.

Hay que dar tiempo a la reconstrucción de los colegios 'fantasmas'.
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Ahmed Rashid:

Evidence is emerging that Musharraf fooled both the Americans and Bhutto about the power-sharing deal. Until the last moment Washington wanted to believe that Musharraf was amenable to sharing power with Bhutto if she became prime minister after winning the January elections – even though it was clear by November that Musharraf had no intentions of doing so.

Instead Musharraf, the army and the intelligence services planned to rig the elections to reelect the same alliance of pro-army politicians who sustained him in power since the last rigged elections in 2002. After imposing emergency rule on November 3, Musharraf packed the Supreme Court and the Election Commission with his own nominees, stifled the press and put 10,000 civil-society activists in jail. No state institution was willing to hear complaints from any political party about rigging

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Diciembre 29, 2007

Detengan a los sospechosos habituales

El ministro paquistaní del Interior ha tardado 24 horas en acusar a Al Qaeda del asesinato de Benazir Bhutto. Y además ha explicado una extraña teoría por la cual la causa de la muerte de la ex primera ministra fue un golpe en la cabeza con la palanca que acciona el techo del coche. Los malos de siempre y la mala suerte. Nada de lo que haya que culpar al Gobierno de Musharraf.

Es un intento desesperado de ocultar la responsabilidad de las autoridades en la negligente protección de la mujer que estaba destinada, previo paso por las urnas, a dirigir el futuro Gobierno del país. Es también un mensaje a EEUU, apelando a la amenaza común, para que no abandone a Musharraf, precisamente ahora que el crédito internacional del ex general está bajo mínimos.

El vídeo conocido en las últimas horas demuestra que alguien sacó una pistola e hizo al menos un disparo a escasos metros del coche. Sólo eso ya da una idea clara de la negligencia de los servicios de seguridad. Parece difícil impedir que alguien active una carga explosiva adosada a su cuerpo apretando un simple botón. Lo de la pistola es un asunto diferente. Para eso se preparan los guardaespaldas de cualquier político relevante.

Sobre la pista de Al Qaeda, la opinión más relevante es la de la propia Benazir Bhutto, que raramente se había referido a la organización terrorista de Osama bin Laden en sus denuncias sobre el peligro que afrontaba a su vuelta a Pakistán. Muy al contrario, siempre denunció que en las entrañas del Estado paquistaní existía una conspiración en su contra formada por elementos del Ejército, los servicios de inteligencia y los grupos integristas paquistaníes.

Es lo que explica William Arkin, escandalizado porque en EEUU los expertos habituales se hayan apresurado a señalar a Al Qaeda:

The shorthand being bandied about in the news that al-Qaeda is responsible for the assassination of Benazir Bhutto is so sloppy, so lacking in nuance or understanding of the dynamics of Pakistan, and so self-centered in its reference to America's enemy as to be almost laughable. (...)

That said, al-Qaeda -- at least the movement led by and associated with Osama bin Laden -- is in terms of power and importance at the bottom of a long list of anti-democratic factions in Pakistan, including malcontents in the active and retired military, renegade intelligence and secret service elements, radical Islamic political parties, extremist Sunni movements, indigenous terrorist organizations and Afghan and Pakistani "Taliban" movements.

To say that "al-Qaeda" is responsible for Bhutto's assassination -- suggesting Osama bin Laden and an external force -- is to ignore all those political and religious factions inside the country that had the motives and resources to kill the former prime minister. Some of those factions in the government, the military or the intelligence services were likely privy to Bhutto's movements, and they could have actively schemed, if not played a direct role, in getting the suicide attacker to the right place at the right time.

En otras palabras, no utilizadas por Arkin, el establishment norteamericano cierra filas con Musharraf.

EEUU y varios Gobiernos europeos han anunciado que resulta fundamental celebrar elecciones en Pakistán en las fechas previstas. La típica retórica de 'enviar un mensaje a los terroristas', como si se fueran a rendir ante tal demostración de 'firmeza'.

Sharif ya ha dicho que su partido boicoteará las elecciones. Evidentemente, campaña ya no va a hacer, porque si se expone tanto como lo hizo Benazir, sabe que acabará muerto. La gran duda es descubrir lo que hará el partido de Bhutto, en el que se ha abierto un inmenso vacío con la muerte de su líder, o mejor dicho, de su principal propietaria.
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Newsdesigner recoge las principales portadas de la prensa internacional y norteamericana dedicadas al asesinato de Bhutto.
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Parecidos razonables. Cuántas similitudes con el asesinato del ex primer ministro libanés Rafiq Hariri. Pero esta vez EEUU no exigirá una investigación por el Consejo de Seguridad de la ONU. A pesar de que todo el mundo supone que los asesinos de Bhutto nunca serán descubiertos.
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El país más peligroso del mundo

Newsweek ya dijo en octubre que Pakistán era el país más peligroso del mundo. Una licencia periodística que se ha visto confirmada por los hechos.

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Diciembre 28, 2007

Portadas maquilladas

elperiodico benazir.jpg

Elegir la foto de primera página de un acontecimiento que va a estar al día siguiente en las portadas de todos los periódicos no es tan sencillo como parece. Tiene que ser una buena foto, obvio, pero también una que sirva para contar toda la historia, incluso sin tomar en consideración el titular. Y por último, está el detalle de intentar ser original. Todos aspiran a cumplir los dos primeros requisitos sin terminar eligiendo la misma imagen que los demás.

Por eso, hay gente que se pasa de original. Esta foto es buena, pero escasamente sirve para representar una noticia tan terrible como el asesinato de Benazir Bhutto. Y junto al titular "Benazir Bhutto, antes de morir", la decisión resulta muy desafortunada. ¿Estaba repintándose antes de que le pegaran dos tiros? Evidentemente, no.

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Benazir Bhutto (1953-2007)

benazir_zardari.jpg

Pocos líderes políticos han suscitado tantas esperanzas en el Tercer Mundo como Benazir Bhutto. Al mismo tiempo, no hay tantos que hayan causado tantas decepciones. Porque esta mujer, tan valiente como oportunista, ha propiciado un número casi infinito de paradojas a lo largo de su trayectoria.

Perfil de Benazir Bhutto que aparece hoy en Público.
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Una recopilación de análisis y comentarios en The Informed Reader.
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Fotos de los disturbios en Pakistán posteriores al atentado en este Flickr. Más fotos de Benazir.

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Los planes de EEUU han quedado enterrados

Las esperanzas de los seguidores del Partido del Pueblo de Pakistán no son las únicas que han quedado enterradas en Rawalpindi. Los planes de EEUU han corrido el mismo destino. Occidente aspiraba a una cohabitación entre el presidente Musharraf y una futura primera ministra Bhutto para que ambos hicieran frente a la amenaza de los grupos yihadistas cercanos a Al Qaeda y los talibanes.

Washington había dado por amortizado a Musharraf y, aunque no planteaba su salida del poder, sí le había exigido que dejara la jefatura del Ejército y permitiera unas elecciones lo más limpias posibles.

Benazir Bhutto era la candidata de Washington, y así se la veía en Pakistán. Al mismo tiempo, su partido es el único movimiento de masas que ha resistido el paso del tiempo. A pesar de todos sus fracasos en sus dos pasos por el poder en los años noventa, Benazir Bhutto era la única garantía de un Gobierno civil con amplio apoyo popular.

Tanto EEUU como el Reino Unido no esconden su gran preocupación por la situación de Pakistán. En los últimos seis años, EEUU se ha gastado 5.000 millones de dólares en financiar la lucha paquistaní contra los yihadistas para terminar descubriendo que parte de esa ayuda se ha gastado en comprar y mantener sistemas de armamento destinados a defender el país frente a una hipotética amenaza de la India.

Tamaño fraude ha sido recibido en Washington con gestos de impotencia. Se sabe que por incómodo y poco fiable que sea Pakistán como aliado, los riesgos son demasiado altos como para romper la baraja.

Ser un país musulmán de 160 millones de habitantes con armas nucleares en su interior lo convierte en básico para la política exterior de Occidente. Ser además decisivo en la guerra de Afganistán y probable refugio de Osama bin Laden, aún más.

Ya sin Bhutto, EEUU deberá elegir ahora sus próximos pasos. No le quedará más remedio que aceptar el mantenimiento de Musharraf en el poder, y ya no como figura decorativa. El general que acaba de colgar el uniforme tiene la oportunidad de demostrar a Occidente que vuelve a ser insustituible.

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Diciembre 27, 2007

Benazir Bhutto, asesinada

No es extraño que en un país tan inestable como Pakistán todo depende de un hilo. Ese hilo se ha roto hoy con el asesinato de Benazir Bhutto. En sólo unos minutos todos los planes para el futuro del país han volado por los aires. La presumible cohabitación que iban a formar Bhutto desde el Gobierno y Musharraf desde la Presidencia del país ha desaparecido, y las alternativas parecen peores.

Los planes de EEUU están entre la lista de bajas. Durante meses, Washington había presionado a Musharraf para que permitiera el regreso al país de Bhutto y, en segundo lugar, que no impidiera la previsible victoria de su partido en las elecciones. Bhutto representaba eso que llaman en estos casos la alternativa moderada.

No se puede negar la valentía de Bhutto al afrontar una campaña electoral en la que sabía que había una diana en la cabeza. No se escondió y ha pagado por ello. Pero también resulta insólita la incapacidad de las fuerzas de seguridad en proteger a la ex primera ministra. Ni siquiera en Rawalpindi, la ciudad donde se encuentra la sede del Ejército, y por eso mismo el lugar con mayor concentración policial del país.

Una vez más, no queda claro en qué bando están la Policía y los servicios de inteligencia de Pakistán.
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En Guerra Eterna:
--Un monstruo llamado Talibanistán. 11 noviembre.
--Pactar con el diablo. 21 octubre.
--Un regreso triunfal teñido de sangre. 21 octubre.

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Diciembre 16, 2007

Ráfagas - 16 diciembre

--Jason Burke teme que deberán pasar muchos años antes de que se conozca el desenlace de la guerra de Afganistán. La OTAN no está ganando, pero los talibanes tampoco. No hay posibilidades de victoria a corto plazo. Tampoco es realista pensar en una retirada, porque el Gobierno de Karzai se desmoronaría. El problema de partida es la falta de fondos para la reconstrucción del país y el abandono negligente de los últimos años cuando todos los ojos (y los dólares) estaban puestos en Irak.

In late 2003 I interviewed starving peasants in a ward of Kandahar hospital. That there was still famine two years after Afghanistan had been invaded by the world's richest superpower was not just a disgrace, but plain dumb. When I spoke to inhabitants of the village outside Kandahar where the Taliban had been founded a decade previously, they told me how they were planting opium to survive, how they did not want the religious hardliners back but wanted security, justice and protection from rapacious government officials and warlords, and how they would like a well.

--Los soldados que han estado en Irak y Afganistán se traen a casa una 'superbacteria' resistente a los antibióticos.

--Los británicos entregan hoy a las fuerzas de seguridad iraquíes el control de la provincia de Basora. No los van a echar de menos:

More than 85% of the residents of Basra believe British troops have had a negative effect on the Iraqi province since 2003, an opinion poll suggests
. --EEUU pagó 32 millones de dólares a una empresa de Florida por una base para el Ejército iraquí que nunca llegó a construirse.

--Así protegen la libertad de expresión los parlamentarios kurdos:

Under the measure, journalists can be prosecuted in counterterrorism courts, which could bring the death penalty, and newspapers can be shut down for up to six months and face fines up to $8,200.

--Defina ironía. Dos bancos israelíes, acusados en Nueva York de servir de intermediarios en transferencias de fondos en favor de Hamás.

--El testimonio de un hombre torturado por la CIA en una de sus prisiones secretas.

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Noviembre 20, 2007

El truco de las tribus

Si funciona la primera vez, prueba una segunda. El Ejército norteamericano estudia repetir en Pakistán la estrategia que ha dado buenos resultados en Irak: armar y entrenar a las tribus paquistaníes para que sean ellas quienes se enfrenten a Al Qaeda. Si ha funcionado en Irak, ¿por qué no en Pakistán? ¿No son todos musulmanes? ¿No tienen tribus?

Las virtudes de la subcontratación no son ilimitadas. En primer lugar, hay que apuntar que las tribus suníes de Anbar iniciaron su ofensiva contra Al Qaeda y después les llegó la ayuda norteamericana, y no al revés. Eso no ha ocurrido aún en Pakistán.

Además, aunque se hable de la ofensiva de los talibanes y de Al Qaeda contra el Gobierno paquistaní en la zona fronteriza con Afganistán, el término 'talibanes' hay que tomarlo en sentido amplio. Muchos de esos grupos son en realidad paquistaníes, no afganos, aunque comparten las ideas de sus correligionarios del otro lado de la frontera.

La duda es si los pastunes paquistaníes van a aceptar la colaboración de una potencia extranjera aliada con el Gobierno de Musharraf, por el que no tienen una excesiva estima, para deshacerse de la influencia talibán después de haber estado varios años prestando refugio a los pastunes afganos. Siglos de solidaridad pastún tienen que pesar mucho.

Quizá sea sólo una idea de las muchas que están siendo estudiadas, aunque por alguna razón ha llegado a la primera página del NYT.

Pero donde faltan las ideas viables, sobra el dinero. Lo que parece más avanzado es un programa de financiación y entrenamiento del Cuerpo Fronterizo, un cuerpo paramilitar de 85.000 miembros que es la única presencia policial permanente que tiene el Estado paquistaní en la zona desde hace décadas. Los estrategas del Ejército habrán pensado que, como dinero no les falta --el presupuesto es de 350 millones de dólares a lo largo de varios años--, ésa es la mejor forma de utilizarlo.

Alguien se podría preguntar qué ha hecho este cuerpo policial en los últimos meses de continuas ofensivas de las milicias yihadistas contra el Ejército paquistaní. A menos que todo el mundo se haya olvidado de mencionarlo, la respuesta es nada. Entre otras cosas, porque sus integrantes proceden de las mismas tribus que hasta ahora se han negado a aceptar la autoridad del Gobierno paquistaní.

Pero de esto poco aparece en el artículo del NYT. Si acaso, un comentario escéptico en el final del artículo puesto en boca de una fuente anónima. Ya se sabe que los periodistas norteamericanos raramente dicen algo de su propia cosecha, no sea que les digan que no son imparciales. Si no encuentran alguien que diga lo que tienen en mente, pues nada, otra vez será.

One person who had been brief on the proposal cautioned that whether a significant number of tribal leaders would join an American-backed effort carried out by Pakistani forces was “the $64,000 question.”

Es decir, como decimos por aquí, la pregunta del millón. Un poco aventurado apostar 350 millones por esa pregunta.

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Noviembre 11, 2007

Un monstruo llamado Talibanistán

La peor pesadilla de Estados Unidos se ha cumplido. Un país que cuenta con un arsenal nuclear está dirigido por un dictador cuya única prioridad es mantenerse en el poder. Está dispuesto a encarcelar a cualquiera que ose cuestionar su poder y alberga intenciones hostiles sobre su vecino. El Ejército es un gigante con pies de barro y corre el riesgo de desmoronarse ante una insurgencia yihadista similar a la de los talibanes. Es probable que en algún lugar de ese país se encuentre escondido Osama Bin Laden y lo que quede de la plana mayor de Al Qaeda.

Ese país no es Irak ni Irán. Se llama Pakistán y nunca como hasta ahora había preocupado tanto a los Gobiernos occidentales. La declaración del estado de emergencia –una ley marcial encubierta– esconde una realidad mucho más preocupante. Lo peor no es lo que ha ocurrido sino lo que está por ocurrir.

Para estar a tono con los mensajes habituales en Washington a cuenta de la “guerra contra el terrorismo”, el general Musharraf ha dicho a sus compatriotas y a sus aliados que el autogolpe era imprescindible para hacer frente a los violentos grupos yihadistas que desafían la estabilidad del país. Sin embargo, los que se han llevado hasta ahora los palos y han acabado en celdas han sido los abogados de chaqueta y corbata que defienden la Constitución.

Más al norte, en las zonas fronterizas con Afganistán, la ley marcial no ha tenido ninguna repercusión. Y no es que el Ejército no esté necesitado de ayuda. Allí, por primera vez en su historia, los militares parecen estar en el bando perdedor.

Los medios de comunicación especializados de la India ya están diciendo en voz alta lo mismo que los políticos occidentales dejan escapar en unas pocas frases y de forma confidencial.

El Ejército paquistaní está cerca del colapso. 92.000 soldados enviados a las zonas tribales se muestran impotentes ante un enemigo al que superan en número y armamento. Centenares de soldados han desertado, algo inaudito en una institución que se precia de ser la única que está en condiciones de sostener al país. Otros se han rendido ante fuerzas inferiores. La vergüenza es tan grande que Musharraf ha llegado a decir que los soldados liberados tras un intercambio de rehenes con la insurgencia serán procesados por alta traición.

Todo ello ha ocurrido en la Provincia de la Frontera del Noroeste. Con este poco inspirado nombre se conoce desde hace un siglo a la región fronteriza de Pakistán con Afganistán. En 1901 el virrey británico, Lord Curzon, se desplazó a Peshawar con la intención de poner fin a un error histórico. La protección del imperio en la India había obligado a emprender dos guerras afganas, con su inevitable cuota de heroicas derrotas. Los acuerdos con el rey de Afganistán habían permitido asegurar ese frente y trazar una línea divisoria, y los británicos no ganaban nada inmiscuyéndose en los asuntos de las tribus pastunes de la frontera.

La formación de la provincia tenía como principal objetivo permitir a esos bárbaros –porque así los veían los británicos– que siguieran ocupándose de sus propios asuntos.

Cuando Pakistán obtuvo su independencia en 1947 hubo que hacer algunos ajustes, pero en lo básico las condiciones de no intervención aceptadas por Curzon continuaron en vigor. El Estado paquistaní mantenía una presencia formal, pero la autoridad en muchos asuntos jurídicos y económicos residía en los códigos tribales. Todo eso empezó a cambiar en el 2002 cuando las tropas paquistaníes, con o sin asesores norteamericanos, empezaron a hacerse ver en la zona.

La lucha contra Al Qaeda y la progresiva talibanización de la zona han terminado por tragarse la autoridad del Ejército paquistaní. Su eficacia no ha ido a la zaga. En los últimos años, EEUU ha entregado 10.000 millones de dólares a Pakistán y, según cálculos independientes, el 60% de ese dinero ha ido directamente a las arcas del Ejército. La última y fracasada campaña contra la insurgencia ha sido costeada por el contribuyente norteamericano. Quién iba a decir a EEUU que estaba financiando a un tullido.

Los yihadistas han impuesto su control sobre el valle del Swat, una zona turística que cuenta con la única estación de esquí del país. En el colmo de la ofensa, han arriado la bandera de Pakistán e izado la de su movimiento. A lomos de un caballo negro, literalmente, su líder, Mullah Fazlullah, impone una visión teocrática que enorgullecería a los talibanes.

El Estado ha pedido su credibilidad en la provincia hasta niveles difíciles de creer. Algunas tropas han llegado a recibir la escolta de talibanes afganos que les protegían de los ataques de los grupos yihadistas locales.

Antes se podía decir que Afganistán estaba contaminando a toda Asia central. Ahora es más correcto decir que el virus es Pakistán.

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Noviembre 07, 2007

"Sin el uniforme, el general Musharraf no sería nadie"

Una entrevista con Christophe Jaffrelot, experto francés en India y Pakistán:

¿Es posible un golpe de Estado contra Musharraf?

Es complicado. El Ejército nunca se ha dividido en toda la historia del país, saben que es su mejor forma para sobrevivir. Tiene un funcionamiento piramidal y siempre lo ha respetado. Después de cada golpe de estado siempre ha sido el jefe del Ejército quien ha asumido el poder.

¿Cambiaría si el general cediese el uniforme, como pide la oposición?

Totalmente, él no sería nadie sin el uniforme. Pero ahora mismo se podrían rebelar algunos soldados pero no los oficiales, le deben demasiado a Musharraf. Tienen empresas que son las más grandes del país. Controlan toda la industria de la construcción, han expropiado tierras a millones de campesinos. Cuando el general Zia ul-Haq estaba en el poder instauró una cuota del 10%. Eso es poquísimo para los generales de Musharraf.

En el último mes ha habido casi 200 deserciones y muchas bajas militares. ¿Están las tropas desmoralizadas?

Las deserciones son una novedad, pero son muy sintomáticas de la dureza de la lucha en las Áreas Tribales Federalmente Administradas (noroeste de Pakistán). El Ejército ha sufrido muchas bajas, muchos soldados han muerto, otros han sido secuestrados, hay mucha presión sobre ellos. Las deserciones no son por simpatía hacia los islamistas sino porque la lucha es muy dura, porque tienen que atacar a civiles en una región muy hostil, es una decisión difícil, con implicaciones morales.

¿Por qué ha aumentado la insurgencia islamista?

Las áreas tribales son tierra de nadie. Los americanos han querido que se barriese la zona pero nunca nadie había entrado ahí antes, ni los británicos. Musharraf hizo un pacto con los jefes tribales pero tampoco ellos han reprimido a los islamistas. El sentimiento anti-Musharraf y anti-Bush ha aumentado mucho. Mientras tanto, los talibanes están volviendo y se están instalando en el cinturón pastún.

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Noviembre 06, 2007

El próximo golpe de Estado será contra Musharraf

Por segunda vez en su carrera militar, Pervez Musharraf ha llevado a cabo un golpe de Estado con la intención de sobrevivir. En 1999, el entonces primer ministro, Nawaf Sharif, pretendía destituirle y se negaba a permitir que su avión aterrizara. La doble amenaza fue rápidamente conjurada cuando el depósito de combustible del aparato estaba a punto de quedar sin una sola gota.

Ahora, la situación del general no es menos desesperada, aunque tenga los pies bien plantados en el suelo. Enfrentado a muerte con los grupos integristas, ha perdido también el apoyo de las clases medias, bien representadas por esos abogados trajeados a los que la Policía ha molido a palos. Musharraf está más solo que nunca. Hasta EEUU y el Reino Unido ya no pueden mantener la charada que identifica a Musharraf como la única esperanza de Occidente en Pakistán.

Sin aliados relevantes, el presidente ha empeñado el prestigio del Ejército en su audaz paso. La cobertura civil con que ha rodeado a su Administración se ha ido disolviendo. Ya sólo queda un régimen militar que se ha tragado a casi todos sus aliados.

Como dice el periodista paquistaní Ahmed Rashid, Musharraf se terminará convirtiendo en una carga insorportable para el propio Ejército. No olvidemos que allí los militares –como desgraciadamente recuerdan en América Latina– creen ser la columna vertebral del país.

En ese momento, los uniformados tendrán que elegir entre su reputación y la del comandante en jefe, y no hay que ser un genio para saber cuál será su elección.

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Octubre 26, 2007

Combatir en el fin del mundo

Norteamericanos y británicos no han tenido mucha suerte en la última reunión del mando militar de la OTAN. Han pedido más tropas para Afganistán al resto de países y sólo han recibido amables negativas. Deberían prestar atención a los comentarios del mayor británico John Godfrey:

"In an age when a modern army depends so heavily on technology to win its battles, the Taliban could (and have) re-taught us many of the basic principles of soldiering. But they are also not beyond using human shields.

"Any local who has been suspected of having spoken with the soldiers is likely to be immediately interrogated and some may be executed. It is little wonder that the local population can be very wary. We have also been amazed to discover from the elders that many isolated villages believe that we are Soviet troops still occupying the country".

Quizá el problema se mida en euros, no en soldados. La mayor frustración de Godfrey es no tener el dinero suficiente para llevar a cabo su misión. En Irak tenía un montón a su disposición. En Afganistán sus hombres sólo podían regalar "dulces y chocolate" a los niños.

Y no se ganan guerras repartiendo dulces.

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Octubre 21, 2007

Pactar con el diablo

El ministro de Interior de Pakistán estaba absolutamente encantado cuando recibió las noticias procedentes de Kandahar. Corría el año 1994 y casi nadie había oído hablar de los talibanes. El general retirado Naseerula Babar tenía más información que la que se disponía en Washington o en Kabul. Sabía que un grupo de antiguos muyahidines de la guerra contra la URSS habían conseguido en sólo dos semanas hacerse con el control de la segunda ciudad de Afganistán. Muchos se preguntaban de dónde habían salido estos milicianos que tomaban el nombre de los estudiantes de las escuelas religiosas.

El ministro Babar estaba al tanto de todo. Los nuevos amos de Kandahar, que dos años después lo serían de todo el país, estaban en condiciones de cumplir las promesas hechas al Gobierno paquistaní presidido por una mujer llamada Benazir Bhutto. Por eso, Babar alardeaba en privado ante los periodistas de la repentina irrupción de "nuestros muchachos".

13 años después, la semilla plantada entonces ha estallado a pocos metros del camión que transportaba a Bhutto por las calles de Karachi en su vuelta triunfal a Pakistán. La ex primera ministra cree saber quién está detrás de la explosión que mató a 136 personas. La lista de sospechosos no es corta. La integran Al Qaeda, los talibanes, los grupos extremistas paquistaníes o los propios servicios de inteligencia (ISI).

En los años noventa, Bhutto, el Ejército y el ISI formaban los tres vértices del triángulo del poder en Pakistán. Ninguno se fiaba del otro, pero todos coincidían en algo. El Estado necesitaba extender su influencia en un Afganistán dominado por milicias y con un Gobierno en el que Islamabad no confiaba. Estaba en juego un gasoducto, el comercio con Asia Central y la integridad de Pakistán. La gran recompensa era el proyecto de gasoducto que podía llevar a Pakistán y la India el gas del yacimiento de Dauletabad, en el sur de Turkmenistán. Tenía que atravesar el sur y el este de Afganistán, agujereado por una pléyade de señores de la guerra que tenían la costumbre de instalar decenas de aduanas en las carreteras. Sin una autoridad central, la idea era una quimera.

Toda esa zona había formado parte de la mítica Ruta de la Seda, aunque ahora ya no era otra cosa que la mayor autopista de contrabando del mundo. La mafia del transporte de la ciudad paquistaní de Quetta estaba harta de que sus miles de camiones fueran extorsionados por los señores de la guerra. Bhutto y Babar tenían la solución. Enviaron un cebo, un convoy de camiones con 80 conductores, todos ellos ex militares, y un coronel del ISI. Cuando los vehículos fueron detenidos en Kandahar, los talibanes –que ya habían tomado la localidad fronteriza de Spin Boldak gracias al dinero de los transportistas paquistaníes– entraron en acción.

Tanto Babar como la mafia de Quetta tenían lo que querían. Los camiones pagaban una única tasa de 150 dólares para viajar desde Peshawar, en Pakistán, hasta Kabul. El Gobierno de Bhutto contaba con un aliado prometedor. Entregó a los talibanes armas, munición y combustible, y hasta permitió que soldados paquistaníes combatieran al otro lado de la frontera. Su objetivo: instalar en Kabul un Gobierno fuerte dominado por pastunes.

Pakistán siempre ha mirado con preocupación hacia su vecino del oeste. La Línea Durand, impuesta en 1893 a lo largo de 2.640 kilómetros por los británicos para separar el reino afgano de la India, se convirtió después en la frontera entre Pakistán y Afganistán. El pueblo pastún quedó cortado por la mitad. Cualquier proceso de disgregación de Afganistán, como el que asomaba en aquellos años de caos responsabilidad de muyahidines reciclados en la delincuencia común, proyecta malos augurios sobre Islamabad. Los pastunes de los dos lados podrían encontrar un punto en común que pusiera en peligro la integridad de Pakistán.

El historiador francés Olivier Roy no se equivocaba cuando apuntó que "Pakistán podría pagar muy caro su éxito en Afganistán". Así ha sido. Pensaron que podían controlar y moderar a los talibanes, y lo que ocurrió fue lo contrario. Los seguidores del mulá Omar conocían muy bien la sociedad paquistaní. En sus años del exilio, habían tendido puentes con los sectores más radicales del país vecino, reclutado adeptos en sus madrasas y finalmente talibanizado Pakistán.

Bhutto dice que puede ser la mejor aliada de Occidente en la guerra contra Al Qaeda. Es cierto que el régimen autoritario de Musharraf ha tenido éxito en su alianza con EEUU y ha fracasado por completo en su propio país. El partido de Bhutto es el único movimiento de masas en Pakistán que puede hacer frente a la marea yihadista que, de forma inconsciente, ella y su general Babar alentaron en 1994.

Confiemos en que esta vez Bhutto haya aprendido la lección.

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Octubre 18, 2007

Un regreso triunfal teñido de sangre

La vuelta a casa de Benazir Bhutto ha terminado convertida en una carnicería. Una doble explosión, probablemente un atentado suicida, muy cerca del vehículo que la transportaba entre una multitud ha matado a decenas de personas. A esta hora, fuentes hospitalarias citadas por las agencias dan la cifra de 78 muertos. Los heridos superan con mucho el centenar.

Parece que Bhutto resultó ilesa y fue evacuada con rapidez. No ha habido ninguna imagen de la ex primera ministra desde el momento del atentado, con lo que aún no es posible confirmarlo. Tras bajar del avión que le había traído de Dubai, Bhutto subió a un típico camión paquistaní --de esos que van exageradamente recargados en su decoración-- sobre el que se había instalado una cabina con cristales blindados.

En varios momentos del trayecto triunfal, Bhutto había desoído los consejos de la Policía y abandonado la protección de la cabina para estar más cerca de sus seguidores.

Había recibido varias amenazas de muerte de grupos yihadistas que la Policía paquistaní relacionaba con Al Qaeda o con los talibanes. Pakistán no carece de decenas de grupos armados empeñados en talibanizar el país a sangre y fuego.

Los radicales de Pakistán odian a Bhutto porque suponen que cumplirá sus promesas de mantener una buena relación con Occidente si llega al poder. De hecho, la ex primera ministra, y líder vitalicia del único partido del país que es un auténtico movimiento de masas, no hacía más que explicar que la suya era una alternativa más segura a largo plazo que Musharraf para afrontar la guerra contra Al Qaeda.

Hay algo de ironía en todo esto. Fue durante la anterior estancia en el poder de Bhutto cuando los talibanes tomaron el poder en Afganistán y no lo hubieran conseguido, al menos con tanta rapidez, sin la ayuda de las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia paquistaníes.

En la red de apoyo a los talibanes, jugó un papel fundamental el ministro de Interior del Gobierno de Bhutto, el general Naseerullah Babar. La estrategia tenía dos razones, una económica y otra política. La primera tenía que ver con los poderosos sindicatos y empresas del transporte de Pakistán. Sus camiones eran constantemente extorsionados por los señores de la guerra afganos que imponían aduanas en cada una de las carreteras del sur del país. Los talibanes se comprometieron a imponer orden y hacer posible el comercio entre los dos países.

Además, estaba la carta pastún. Pakistán siempre ha mirado con preocupación hacia su vecino. Las fronteras trazadas por los británicos dejaron a los pastunes separados por la línea divisoria entre Pakistán y Afganistán. Cualquier proceso de disgregación de Afganistán, como el que asomaba en aquellos años de caos responsabilidad de muyahidines reciclados en la delincuencia común, proyecta malos augurios sobre Pakistán. Los pastunes de los dos lados podrían encontrar un punto en común que pusiera en peligro la integridad de Pakistán. Un Gobierno afgano fuerte dirigido por pastunes --y eso es lo que Bhutto y sus generales vieron en los talibanes-- resultaba muy atractivo en Islamabad.
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Han aparecido dos fotos de Benazir Bhutto sacadas en los momentos inmediatamente posteriores a las explosiones. Confirman que no resultó herida.

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Octubre 08, 2007

Una misión cuestionada

Encuesta en La Vanguardia:

La opinión pública española se muestra claramente partidaria de una retirada de las tropas españolas de Afganistán. Nada menos que el 56% de los ciudadanos está a favor del retorno de los soldados, mientras que sólo el 37% quiere que los militares españoles permanezcan en aquel país hasta cumplir su misión. Los votantes de Izquierda Unida, PSOE y PNV son los más partidarios de la retirada. Concretamente, un 58% de los electores socialistas y más del 60% de quienes respaldaron en el 2004 a IU-ICV y PNV apuestan por la retirada de las tropas.

Un resultado previsible. Si a la gente no se le da una idea clara de por qué hay que mantener allí a las tropas, excepto de forma esporádica, es lógico que no le encuentre ningún sentido.
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Afganistán, una verdad incómoda para el gobierno. Guerras Posmodernas.

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Octubre 07, 2007

Ganar tiempo

El general José Enrique de Ayala explora en un interesante artículo en El País las opciones que el Gobierno de Afganistán y sus aliados occidentales tienen ante sí: "retirarse; mantenerse como hasta ahora, asistiendo a un deterioro progresivo de la situación sin perspectivas ciertas de lograr una real estabilización del país; o explorar las vías para buscar una solución más realista".

No obstante, la acción militar por sí misma no va a resolver el problema. Se puede contener a los talibanes durante cierto tiempo y minimizar los daños que causan, pero una victoria sobre ellos --en el sentido clásico de la palabra-- es impensable a largo plazo, al menos mientras no se impermeabilice la frontera con Pakistán, algo prácticamente imposible si no se cuenta con una implicación absoluta de este país y muy difícil aun contando con ella. Por cada 100 combatientes que pierdan, habrá detrás otros 1.000 salidos de las madrazas (escuelas coránicas) paquistaníes dispuestos a sustituirlos. Y a medida que las acciones sean más violentas por ambas partes, y se produzcan más bajas civiles, menor apoyo tendrán Karzai y la presencia de fuerzas multinacionales entre la población.

El general cree que la retirada tendría consecuencias catastróficas y que EEUU y la OTAN sólo pueden ganar tiempo. ¿Tiempo para qué? Su apuesta consiste en promover un gran acuerdo político entre todas las fuerzas afganas, incluidos los talibanes. Negociar "desde una posición de fuerza" suena bien. Está por ver que el actual Gobierno de Karzai esté en condiciones de asumir el rol de promover un pacto como el descrito.

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Atrapados en Afganistán

Los máximos dirigentes de la Unión Soviética escuchan preocupados las palabras del jefe del KGB, Yuri Andropov. Es el 17 de marzo de 1979 y el Politburó tiene sobre la mesa un asunto en el que todas las opciones son malas. Uno de sus aliados, el Gobierno de Afganistán se tambalea. En la ciudad de Herat, los muyahidines de Ismaíl Khan han eliminado a una decena de asesores soviéticos y a sus esposas e hijos. La respuesta de Moscú es espeluznante. La aviación arrasa la ciudad. Los muertos se cuentan por miles.

Andropov, la persona que mejor información tiene sobre el estado del país y de sus satélites, es rotundo: “Está completamente claro que Afganistán no está preparada en este momento para resolver todos los problemas a través del socialismo. La economía está atrasada, predomina la religión islámica y casi toda la población rural es analfabeta. Conocemos las lecciones de Lenin sobre las situaciones revolucionarias. Con independencia de lo que sea que esté ocurriendo en Afganistán, está claro que no estamos ante ese tipo de situación”.

La revolución puede esperar, pero el imperio ruso tiene otras prioridades. Nueve meses después, la URSS invade Afganistán.

Casi 30 años después, hay tantas cosas que han cambiado que las comparaciones pueden resultar ridículas. Pero hay otras realidades que llaman la atención. Afganistán continúa sin estar preparada para el destino que se espera de ella. El Gobierno en Kabul no está en condiciones de imponer su autoridad sobre todo el país. Existe una insurgencia capaz de las mayores atrocidades, pero que despierta el apoyo de los que pertenecen a su misma comunidad étnica. Y hay una gran potencia extranjera que no es capaz de escribir el capítulo final de una guerra que, con distintos protagonistas, se ha prolongado durante décadas.

La guerra de Afganistán acaba de entrar en su sexto año. Pocos pensaron que duraría tanto tiempo. Este año está siendo el más sangriento desde el comienzo de las hostilidades. Ya lo fue el 2006 y el 2007 está siendo peor. Según un informe de la oficina en Kabul de la ONU, ha habido una media de 525 “incidentes de seguridad” mensuales (atentados, asesinatos, secuestros…) en el primer semestre. La media de todo el 2006 fue de 425. Han muerto 188 militares extranjeros. En todo el 2006, murieron 191.

Los talibanes han cambiado de estrategia. Ya no intentan grandes ofensivas que sólo conducen a la aniquilación de sus hombres. La guerra de Irak les ha dado ejemplos muy valiosos. Atacan a los militares y policías afganos con coches bomba y atentados indiscriminados. Cuando las tropas extranjeras estrechan el cerco en una provincia, se retiran y ejercen su presión sobre otra. Es un juego del gato y del ratón que se puede prolongar durante años.

Como dicen los manuales, cualquier fuerza insurgente gana cuando no pierde. Y el Ejército pierde cuando no gana. Ya lo decía el director de la CIA, William Casey, en los años ochenta cuando observaba entusiasmado las cifras de bajas del Ejército soviético en Afganistán: “Se necesitan muchas menos personas y armas para poner un Gobierno a la defensiva que para protegerlo”.

El propio alto mando militar de la OTAN y su secretario general admiten que no hay una solución militar. La alternativa es la reconstrucción y el desarrollo, dignos objetivos difíciles de alcanzar en un país en guerra, que es además el mayor productor de opio del mundo.

Mientras todo esto ocurre, en España Afganistán es sólo una pieza más en el juego político. El Gobierno se niega a utilizar la palabra “guerra” para describir una situación típicamente bélica y sólo habla de “terrorismo”, como si eso fuera un alivio. El único objetivo del PP es precisamente que los socialistas empleen el término maldito con la intención de que quede así absuelta la alianza de Aznar con los neocon. Olvidan que el origen de la guerra de Irak fue un cúmulo de mentiras y propaganda. La guerra de Afganistán comenzó con el asesinato de 3.000 personas en Nueva York y Washington. Nuestros aprendices del imperio ni siquiera son capaces de apreciar la diferencia.

La opinión pública se merece que Gobierno y oposición tracen una estrategia –consensuada si es posible– sobre la misión de las tropas españolas en Afganistán. No podemos volver a los tiempos en que ministros como Trillo y Bono hicieron lo posible para ocultar los riesgos reales que nuestros soldados afrontaban en Irak y Afganistán.

Cuando José Antonio Alonso asumió la cartera de Defensa, de inmediato se notó un cambio en el mensaje. Se acabaron las referencias a las “zonas hortofrutícolas” o a “misiones humanitarias”. Hubo un intento por presentar la realidad tal y como es, sin esconder que el conflicto dista mucho de estar solucionado.

Eso ya no es suficiente. El Gobierno está obligado a explicar a la opinión pública por qué es necesario que las tropas continúen allí. No es imposible. Sólo tiene que recordar los trenes de Atocha, porque el 11-M no habría ocurrido si Osama bin Laden no hubiera tenido la oportunidad de lanzar desde Afganistán un mensaje que aún se oye en medio mundo. Al Qaeda dista mucho de estar derrotada.

Los que mandan deben también explicar cuál es la estrategia de victoria. La OTAN aún no la tiene. Cada año que pasa el número de víctimas aumenta, incluidas las de civiles aniquilados por los bombardeos norteamericanos, y también crece la influencia de la droga en la economía afgana.

Si no estamos dispuestos a poner más soldados, si no destinamos a ese país el dinero que necesita para su reconstrucción –lo que no estamos haciendo–, si no conseguimos impedir que los aviones de la OTAN dejen de ser una amenaza para la población civil, entonces habrá que pensar en la retirada de las tropas. Porque a partir de ese momento, nuestros soldados no serán ya parte de la solución, sino del problema. La misma situación en la que han terminado atrapadas las tropas de EEUU en Irak.

[Mi artículo de los domingos en Público.]

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Septiembre 24, 2007

Dos legionarios muertos en una larga guerra

Siete meses después de la muerte de la soldado Idoia Rodríguez Buján, el contingente español en Afganistán ha vuelto a sufrir nuevas bajas. Dos legionarios --Germán Pérez Burgos, de Badajoz, y Stanley Mera Vera, de Guayaquil, Ecuador-- han fallecido al explotar una mina al paso de su vehículo. La investigación preliminar del Ministerio de Defensa revela que se ha encontrado un cable de 70 metros que llegaba hasta el lugar del ataque desde una casa cercana. Sin embargo, la falta de rastros recientes hace pensar que se podrían tratar de un artefacto colocado hace tiempo que estalló al contacto con una rueda del blindado. En cualquier caso, sería una trampa explosiva colocada con la intención de atacar a un vehículo militar de las fuerzas de la OTAN.

También ha muerto el intérprete afgano Roohulah Mosavi y otros tres militares han resultado heridos de gravedad.

El ministro de Defensa ha dicho que el blindado BMR contaba con todas las medidas de seguridad necesarias, incluido el inhibidor de frecuencias. La desgracia de hoy demuestra hasta qué punto era estúpida la polémica que se armó en junio tras el ataque contra tropas españolas en el Líbano. La idea de que se puede enviar a los soldados a una guerra y garantizarles una seguridad absoluta es ridícula.

En este mes de septiembre, han muerto en Afganistán soldados españoles, franceses, norteamericanos, británicos y holandeses. En el 2007, han muerto 4.500 personas, según el recuento de Associated Press, que incluye a 3.100 insurgentes y 600 civiles.

Desde hace una semana, 2.000 soldados británicos, con el apoyo de tropas de otras nacionalidades, llevan a cabo una operación a gran escala contra los talibanes en la provincia de Helmand. Le llaman la operación Palk Wahel y la presentan como otro momento decisivo en la guerra. Ha habido tantos de ellos en los últimos años que The Independent le llama "Operation Groundhog Day" (por el día de la marmota).

La guerra será larga. Cada vez que las tropas occidentales han conseguido expulsar a los talibanes de algunas de las provincias más peligrosas del país y han entregado el control de la zona a las fuerzas de seguridad afganas, el resultado ha sido poco alentador. En algunos casos, los insurgentes han vuelto a hacerse con el control de la situación.

En unas semanas llegará el invierno que dejará impracticable caminos y pistas forestales. Hasta hacer la guerra es difícil con ese tiempo. Después del anterior invierno, se dijo que los talibanes realizarían una ofensiva en primavera que pondría las cosas difíciles a las tropas de la OTAN. Al final, los ataques fueron menores de lo esperado, quizá porque los talibanes --conscientes de su inferioridad en potencia de fuego-- han rehuido el contacto directo con el enemigo. Prefieren apostar por atentados y emboscadas con trampas explosivas.

Eso no les acercará a la victoria, pero les servirá para prolongar durante años este conflicto.

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Agosto 12, 2007

El fracaso de Afganistán

Reconstruir un país golpeado por más de veinte años de guerras que acaba de dejar atrás un régimen feudal y que carece de un Gobierno y fuerzas de seguridad que merezcan esos nombres no es algo que se pueda hacer con un puñado de soldados y sin los fondos necesarios.

When it came to reconstruction, big goals were announced, big projects identified. Yet in the year Mr. Bush promised a “Marshall Plan” for Afghanistan, the country received less assistance per capita than did postconflict Bosnia and Kosovo, or even desperately poor Haiti, according to a RAND Corporation study. Washington has spent an average of $3.4 billion a year reconstructing Afghanistan, less than half of what it has spent in Iraq, according to the Congressional Research Service.

The White House contends that the troop level in Afghanistan was increased when needed and that it now stands at 23,500. But a senior American commander said that even as the military force grew last year, he was surprised to discover that “I could count on the fingers of one or two hands the number of U.S. government agricultural experts” in Afghanistan, where 80 percent of the economy is agricultural. A $300 million project authorized by Congress for small businesses was never financed.

How the ‘Good War’ in Afghanistan Went Bad. NYT.

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Agosto 10, 2007

El peligro de apostar por la guerra en Afganistán

Matar moscas a cañonazos nunca ha sido un buen consejo de estrategia militar. Ni siquiera cuando las moscas son realmente peligrosas. Mucho menos cuando entre los escombros se encuentran los restos de las personas que supuestamente tienes la misión de proteger.

Es lo que está ocurriendo en Afganistán. A diferencia de lo que sucede en Irak, no se puede decir que los talibanes gocen de un apoyo popular significativo en la mayor parte del país. Sin embargo, la falta de puntería --por decirlo de forma amable-- de las fuerzas de la OTAN está poniendo en peligro todo el objetivo de la misión. Con razón hay militares que son tan pesimistas.

Las fuerzas occidentales tienen dos prioridades que en principio no deberían ser contradictorias, pero que en la práctica lo están siendo: la reconstrucción de Afganistán y la lucha militar contra los talibanes. Es una batalla en la que no hay posibilidad de elegir. No habrá éxito de ningún tipo si sólo se obtienen buenos resultados en uno de los dos frentes. O se vence en los dos o se pierde.

Para apreciar el riesgo de apostar todas las cartas por la guerra, sólo hay que ver lo que ha dicho al NYT un alto mando militar británico en la provincia afgana de Helmand:

A senior British commander in southern Afghanistan said in recent weeks that he had asked that American Special Forces leave his area of operations because the high level of civilian casualties they had caused was making it difficult to win over local people.

Other British officers here in Helmand Province, speaking on condition of anonymity, criticized American Special Forces for causing most of the civilian deaths and injuries in their area. They also expressed concerns that the Americans’ extensive use of air power was turning the people against the foreign presence as British forces were trying to solidify recent gains against the Taliban.

Los miembros de las Fuerzas Especiales operan en pequeñas unidades --por tanto vulnerables a un ataque enemigo-- y responden a cualquier amenaza pidiendo apoyo aéreo. Cuando creen tener localizados a un grupo de talibanes, solicitan un ataque de aviones o helicópteros, envían las coordenadas y esperan a ver el resultado de la operación.

A lo largo del último año, la escena se ha repetido con una desesperante frecuencia: los portavoces militares anuncian que decenas de combatientes talibanes han sido eliminados. Uno o dos días después, nos llegan las imágenes de entierros de civiles muertos en el ataque. La policía afgana y las autoridades locales denuncian que la mayor parte de las víctimas son campesinos inocentes. El presidente Karzai se queja de que las fuerzas extranjeras no son lo bastante 'eficaces' a la hora de elegir los blancos. Enfrentados a la realidad de que su primera versión era falsa, los portavoces militares acusan a los "terroristas" de ser los responsables de esas muertes, a pesar de que fueron ellos quienes dispararon. La segunda explicación sirve para salir del paso ante las preguntas de los periodistas extranjeros. Es poco probable que pueda consolar a aquellos que han tenido que enterrar a sus familiares.

Evidentemente, el éxito de la misión dependerá de la opinión de estos últimos, no de los periodistas.

El propio secretario general de la OTAN ha reconocido en numerosas ocasiones que el alto número de víctimas civiles en las operaciones militares perjudica a las fuerzas norteamericanas y europeas en su empeño por ganarse la confianza del pueblo afgano. Periódicamente, se dice que la OTAN está revisando sus tácticas y el uso de bombas de gran potencia. Al mismo tiempo, se alardea de que los explosivos están guiados por mecanismos de precisión, con lo que hay que llegar a la conclusión de que los militares no fallan al apuntar. Lo que ocurre es que disparan hacia donde no deberían hacerlo.

Los británicos dicen estar muy satisfechos de sus progresos en la provincia de Helmand, un foco de resistencia talibán y el gran centro de cultivo de opio en Afganistán. De las declaraciones de una diputada por Helmand, se deduce que hay más propaganda que realidad en esta valoración.

"Helmand is one of the restive provinces of Afghanistan. People live in fear of terror and abduction in the capital of that province. The majority of districts are in the hands of the insurgents. There is not 100 per cent rule of law in the four districts under government control. (...)

Unfortunately the Afghan and foreign troops have so far had no coordination in their activities. The lack of coordination and accurate intelligence has caused civilian casualties in air raids in that province. This has created a gap between the people and the government. The lack of attention to people's demands, branding the people as Al-Qa'idah and Taleban members, and the unjust detention of innocent people are other factors behind the gap between the people and the government".

Los casos de civiles muertos en estos bombardeos no son ya una excepción. Revelan que la eliminación de civiles no es --como nunca lo ha sido en las guerras-- una consecuencia que convierta en imposible una operación militar. Ya sólo se trata de hacer unos cálculos. A partir de cierto número de bajas 'no deseadas', el ataque puede ser anulado. Por debajo de esa cifra, no hay problema.

Excepto para los que mueren. Y sus familiares --no los gobernantes cuya permanencia en el poder depende del apoyo que reciben de EEUU-- serán los que decidan si quieren seguir contando con fuerzas militares extranjeras en su país.

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Julio 20, 2007

El Post quiere más guerra

Nos quejamos de Bush, Rumsfeld, Wolfowitz, los neocon y del tipo que le sirve el café a Kissinger por la mañana, pero algunos medios de comunicación progresistas de EEUU no se quedan a la zaga. También creen que la mejor forma de afrontar una amenaza inminente consiste en desatar los perros de la guerra, preferiblemente si apuntan a todo lo que se mueve. Luego llegan los civiles eliminados porque estaban demasiado cerca de los terroristas, las operaciones militares que terminan creando más enemigos que los que destruyen, el intento desesperado por ganarse los corazones y las mentes (sin arrancarlos) y al final el helicóptero que despega de la azotea de la embajada. Es entonces cuando esos mismos medios se preguntan perplejos y heridos: ¿por qué nos odian?

Viene esto a cuenta del editorial de ayer de The Washington Post, un impecable representante de la prensa progresista de la costa este de EEUU. Tras conocerse el contenido del último informe de los servicios de inteligencia sobre la amenaza creciente de Al Qaeda, el Post responde como si nada de lo ocurrido en Irak en los últimos cuatro años hubiera existido.

El informe sostiene que Al Qaeda ha podido reorganizarse gracias al apoyo que recibe en las comunidades pastunes de Pakistán y a la incapacidad del Gobierno de Musharraf por acabar con esos reductos radicales e imponer la autoridad del Estado en las zonas fronterizas con Afganistán.

El Post dice que Bush se equivoca al confiar en que el presidente paquistaní pueda resolver por sí solo la situación. Por tanto, se han acabado la paciencia y las buenas maneras. Ante la mera posibilidad de que Al Qaeda pueda crear allí un santuario similar al que disfrutó en Afganistán antes del 2001, sólo queda desenfundar el revólver:

Yet that won't address the imminent threat of a revived al-Qaeda organization able to strike the United States from a secure base. If Pakistani forces cannot -- or will not -- eliminate the sanctuary, President Bush must order targeted strikes or covert actions by American forces, as he has done several times in recent years. Such actions run the risk of further destabilizing Pakistan. Yet those risks must be weighed against the consequences of another large-scale attack on U.S. soil. "Direct intervention against the sanctuary in Afghanistan apparently must have seemed... disproportionate to the threat," the Sept. 11 commission noted. The United States must not repeat that tragic misjudgment.

Un neocon bajo los efectos de hongos alucinógenos no hubiera llegado tan lejos. El Gobierno paquistaní no ha ejercido un control real sobre esas zonas fronterizas desde la independencia del país en 1947. Es decir, nunca. Los militares norteamericanos han realizado algunas incursiones aéreas contra objetivos de Al Qaeda en esa zona, pero su conocimiento sobre ese territorio es aún menor que el que tiene el Gobierno paquistaní, es decir, ronda el cero absoluto.

Las tropas de EEUU se mueven por Afganistán a discreción sin ninguna limitación impuesta por el Gobierno afgano. Eso no ha impedido que los talibanes también hayan levantado la cabeza en el último año. Sin embargo, el editorialista del Post considera que sus militares tienen virtudes sobrenaturales y van a conseguir en Pakistán a través de operaciones de las Fuerzas Especiales lo que en Afganistán les ha resultado imposible.

El artículo llega a niveles insólitos cuando coloca en la balanza la "desestabilización" de Pakistán y sugiere que eso no es tan importante comparado con el riesgo de que EEUU sufra otro atentado en su territorio. A fin de cuentas, 'sólo' es un país musulmán de 170 millones de habitantes. Su Gobierno seguro que agradece que resolvamos nosotros el problema y es improbable que intente defender la soberanía sobre su territorio. Si lo hace, será porque está aliado con los terroristas. Los ciudadanos de bien de Pakistán recibirán los bombardeos como agua de mayo.

Mientras tanto, la factura de la guerra continuará aumentando: 550.000 millones de dólares a 1 de octubre de este año. Políticos y medios de comunicación seguirán haciendo ver a sus compatriotas que no hay nada que su Ejército pueda hacer. Y donde no lleguen con sus armas, llegarán con la soberbia y la ignorancia de la que hace gala el editorial del Post.

¿Por qué nos odian? Tú calla y sigue disparando

--¿Por qué nos odian?
--Tú calla y sigue disparando.

Una buena foto de Chris Hondros con soldados norteamericanos en un puesto de vigilancia situado en un antiguo búnker de Sadam en Bagdad. Iraqslogger cuenta con una galería de fotos tomadas en ese lugar. No es mala como metáfora de la presencia militar norteamericana en Irak y Afganistán. Un país destruido y unos soldados rodeados por enemigos dispuestos a sacarles los ojos. Fort Apache en Bagdad.

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Julio 19, 2007

Talibanes paquistaníes

Ahmed Rashid, sobre el peligro de que los integristas puedan infiltrarse en el Ejército de Pakistán:

Generally, extremists aren't strongly represented in the higher command. But lower down in the ranks there is a lot of sympathy for Islamic causes. Many in the army have been brought up with the philosophy of jihad and the idea that defending Islam can at times trump defending the nation. The real issue is a political one: During the Cold War, the army depended on extremists to project its support for Kashmiri insurgents and the Taliban. These extremist groups were used as cannon fodder in those wars. Today the military even allows Pakistanis in large numbers to go and fight at the side of the Taliban. Of course, the blow back effect of this is what we are seeing in the tribal areas on the Pakistani side of the border. Today, there is a new phenomenon called the Pakistani Taliban, which has become a major threat to the state.

En Guerra Eterna:
--Sangre en la Mezquita Roja. 11 julio.
--La solución está en Pakistán. 30 mayo.

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Julio 11, 2007

Sangre en la Mezquita Roja

El sitio de la Mezquita Roja de Islamabad ha concluido con un baño de sangre, al menos un centenar de muertos. Lo mejor que se puede decir de esta crisis es que los fallecidos podrían haber sido muchos más. El desenlace era casi inevitable. El Gobierno de Musharraf no podían seguir alimentando la idea de que es excesivamente permisivo con los grupos integristas. Los más irreductibles de los sitiados no iban a conceder al general la alternativa de una rendición.

Los habitantes de la burocrática capital del país no derramarán muchas lágrimas por los integrantes de un grupo que conservaba un auténtico arsenal de armas en el interior de lo que era formalmente una escuela religiosa. En otras zonas del país, el enfrentamiento contribuirá a debilitar la posición de Musharraf. Eso tampoco es una novedad. Muchos de los que protesten contra la actuación del Ejército ya quieren ver muerto al presidente desde hace tiempo.

Hay que recordar que en la mayor parte de Pakistán la tradición religiosa está muy alejada de la corriente de la escuela deobandi, en la que se inspiraba tanto la comunidad de la Mezquita Roja como en su tiempo los talibanes afganos.

Para conocer las razones de que este grupo obtuviera tantas facilidades de Gobiernos anteriores, resulta muy interesante leer este artículo de Manan Ahmed. Allí queda claro que el crecimiento de las visiones del Islam más retrógradas en Pakistán tiene más que ver con la política que con la religión.

Como tantas otras cosas en Pakistán, todo comienza con la política de islamización promovida por el general Zia, dictador en los años setenta y ochenta. Zia hizo posible la ayuda económica de EEUU y Arabia Saudí a la resistencia afgana contra los soviéticos. Promovió a los líderes más radicales e ignoró a los que se mostraban reticentes al control por Pakistán.

Esa política continuó en Gobiernos posteriores también dentro de las fronteras del país. Los grupos yihadistas recibieron apoyo y fueron utilizados por el Ejército y los servicios de inteligencia como los perfectos suministradores de carne de cañón, destinada a apoyar a los talibanes en Afganistán o a atacar a los indios en Cachemira.

Las relaciones del actual poder con todos estos movimientos radicales quedaron seriamente dañadas después del 11-S. Sin embargo, Musharraf no ha cortado los puentes con todos ellos. Su problema es que carece de legitimidad democrática y que sus credenciales religiosas no son las mismas desde que ostenta la condición de aliado fundamental de EEUU en la guerra contra Al Qaeda. A fin de cuentas, la única fuente de su poder reside en el Ejército, la institución más poderosa de Pakistán a lo largo de toda su traumática historia.

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Julio 10, 2007

Kafka en Afganistán

Fue encarcelado y torturado por los miembros de Al Qaeda. Querían que confesara haber planeado el asesinato de Osama Bin Laden y lo hizo. Cualquier cosa antes de continuar encajando golpes. Pasó cerca de cinco años en las prisiones de Afganistán. La llegada de los norteamericanos y el fin de la tiranía talibán tenían que haber sido un regalo caído del cielo para Saddiq Turkistani.

No exactamente. Fue enviado a Guantánamo. Sospechoso de pertenecer a Al Qaeda.

The U.S. military has never given an accounting of former Taliban prisoners at Guantanamo. But an investigation by The Associated Press has identified at least nine men who were imprisoned, beaten and tortured by the Taliban on charges they were foes, spies or assassins, only to be accused by the United States of being enemy combatants.

“I've run out of descriptive terms for what happened to them. It's Kafkaesque. It's Alice in Wonderland,” said Clive Stafford Smith, legal director of Reprieve, a London-based human rights group representing 39 Guantanamo detainees. “It's frankly more than bizarre. It's horrifying.”

Como era de temer, el de Turkistani no es el único caso de estas características.

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Julio 04, 2007

La Mezquita Roja de Islamabad

Un canal australiano emitió en mayo un reportaje [continúa aquí] sobre la Mezquita Roja de Islamabad, escenario en los últimos días de un violento enfrentamiento entre sus estudiantes y la Policía. 16 personas han muerto y unas 150 han resultado heridas en los tiroteos.

La mezquita, situada a menos de dos kilómetros del Parlamento en una ciudad que no se caracteriza por la fuerza de los sectores radicales, es un baluarte integrista y su mensaje pretende talibanizar Pakistán a través de la imposición de una versión intransigente de la sharia (ley islámica).

El Gobierno ha conseguido que unos 700 estudiantes se rindan y abandonen el edificio. La Policía ha detenido al líder del movimiento, que había intentando huir del lugar disfrazado de mujer, esto es, con el cuerpo cubierto por el niqab. Miles de sus seguidores siguen atrincherados en la mezquita.

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Mayo 30, 2007

La solución está en Pakistán

Ahmed Rashid, periodista paquistaní y uno de los mayores expertos en los talibanes, advierte en una entrevista que los países europeos que creen que tendrán éxito en Afganistán sin derrotar militarmente a los talibanes viven en una ilusión. Los líderes talibanes no están dispuestos a negociar y cuentan con el apoyo de varias milicias de inspiración radical. La apuesta por la reconstrucción del país no fructificará mientras no se acabe con esta amenaza.

El secretario general de la OTAN dijo hace unas semanas que no hay solución militar a los problemas de Afganistán. Cierto, pero parece que tampoco funcionará una alternativa que pase por confiar en que los talibanes desaparezcan por sí solos. Según Rashid, los insurgentes se ven favorecidos por varios factores. En primer lugar, los talibanes ofrecen protección a los agricultores que cultivan opio y les hacen ver que las tropas occidentales destruirán esta fuente de ingresos garantizada.

Hay algo más grave: el santuario que los talibanes disfrutan en Pakistán.

For a guerrilla army with thousands of fighters it is absolutely impossible to be able to arm and clothe, feed, pay and supply that number of forces without a safe sanctuary. After 9/11 the [Pakistani] military really adopted a dual-track strategy. They went after al-Qaeda, the Arab component. What the army did not do, though, was to run down the Taliban and the Pakistani extremist groups fighting with the Taliban. And of course they were indirectly helped in this strategy by the Americans because the Americans were only interested in catching al-Qaida and not the Taliban. And this is not a rogue policy carried out by some former agents or some extremists within the military. It's a state policy.

En su libro "Los talibán", Rashid detallaba cómo la ayuda de los servicios de inteligencia paquistaníes fue el elemento clave que permitió la fulgurante ascensión al poder de los talibanes. De creer sus declaraciones actuales, hay que llegar a la conclusión de que esa colaboración sigue existiendo, tanto por los Gobiernos regionales fronterizos, en manos de grupos integristas, como por los espías del todopoderoso ISI. Los servicios de inteligencia, dice Rashid, siempre han utilizado a los radicales, en Cachemira y Afganistán, como punta de lanza de sus designios contra la presencia india en la zona. Su Gobierno lo sabe y no hace nada por impedirlo.

Una victoria sobre los talibanes pasa de forma indefectible por una presión continuada y efectiva sobre el Gobierno de Musharraf. A corto plazo, eso es mucho más relevante que la propia reconstrucción o incluso que las operaciones militares contra los seguidores del mulá Omar.

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Mayo 10, 2007

Lo siento y aquí tiene 2.000 dólares

La mala puntería no está reñida con la educación.

“I stand before you today, deeply, deeply ashamed and terribly sorry that Americans have killed and wounded innocent Afghan people,” Colonel Nicholson said, recounting to reporters the words he had used in the meetings. In a videoconference to reporters at the Pentagon, he added, “We made official apologies on the part of the U.S. government” and paid $2,000 for each death.

Espero que la burocracia no ponga demasiados impedimentos al coronel Nicholson para que pueda sacar más dinero de la partida de los fondos funerarios. Según el gobernador de la provincia de Helmand, 21 civiles murieron el martes en un ataque aéreo norteamericano.

No pasa nada. Son sólo 42.000 dólares. En la guerra "contra el terrorismo" eso es sólo calderilla.

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Mayo 04, 2007

Las paradojas de Afganistán